ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.14,1,7-14)


DOMINGO XXII. T.O. –C-SEPTIEMBRE 1

*EL QUE SE ENALTECE SERÁ HUMILLADO
*Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO.
* Las palabra y actitudes de Jesús en este Evangelio son una crítica a nuestro mundo, donde todavía existen “los primeros puestos” y “el último puesto”. Dios ha invitado a la humanidad entera a la fiesta de la vida. Pero el modo de actuar que tenemos deja a millones de personas al margen. Jesús nos sigue invitando a no creernos superiores a los demás, porque esto nos lleva al peligro de la autosuficiencia y desprecio hacia los otr@s. Jesús sigue presente en medio de la vida y en el esfuerzo de las comunidades por ir haciendo real, aquí y ahora, su Reino de vida y fraternidad.
* Tod@s somos invitad@s al “banquete del Reino”, especialmente los más pobres o necesitad@s, con los que El, se sentaba a la mesa. Pero Jesús con esta parábola habla a toda la Iglesia para que no entre en la dinámica del poder y nos habla a cada cristian@ para que no caigamos en querer ser l@s primeros, l@s poderos@s. Y tengamos siempre en cuenta a l@s más pobres en todos los aspectos.
* Vivir siguiendo a Jesús es una tarea realmente costosa, que puede llevar a la cruz y dificultades por anunciar el Evangelio, pero que al mismo tiempo llena a las personas de ánimo, de alegría, de esperanza. Quien mejor acogió el plan de Dios, fue Jesús, el humilde de corazón y se hizo el servidor de tod@s. Y nos dice:”Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Ahora la “sencillez” y la “humildad” parecen estar en retroceso. Una pena.
Pero conviene aclarar que hacerse el humilde no es ser humilde. La humildad es “virtud que consiste en el conocimiento de nuestras limitaciones y en actuar de acuerdo con ese conocimiento y reconocer con sencillez nuestros valores dando gracias” y poniéndolos al servicio de l@s demás. La humildad es andar en la verdad.
* ORACIÓN
* Jesús de Nazaret, te damos gracias porque has elegido el lugar de los pobres, así, tenemos sitio tod@s. Con esto nos has enseñado el camino de la felicidad, aunque nos cueste creerlo. Y nos has dicho en que consiste la grandeza y la dignidad de cada ser humano y nos repites:
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Y sabed que:
“Los últimos serán los primeros”
Todo requiere de nosotros un “nacimiento nuevo” que es sin duda es una “CONVERSIÓN” desde lo más profundo de nuestro interior, en verdad.
Jesús de Nazaret fortalece nuestros corazones y muévenos a servirte en aquellos que lo necesiten, pero que sea un servicio en sencillez y naturalidad, dando con generosidad y sin esperar agradecimiento. AMÉN
*ZURIÑE

21º DOMINGO T.O., «SI «ALGUIEN» QUIERE PASAR, LA PUERTA SE CIERRA»

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

25 de Agosto de 2013

Lc 13, 22-30

El texto nos recuerda una vez más, que Jesús va de camino hacia Jerusalén, que será su meta. Sigue Lucas con la acumulación de dichos sin mucha conexión entre sí, pero todos tienen como objetivo ir instruyendo a los discípulos sobre el seguimiento de Jesús.

Jesús no responde a la pregunta, porque está mal planteada. La salvación no es una línea que hay que cruzar, es un proceso de descentración del yo, que hay que tratar de llevar lo más lejos posible. Trataremos de adivinar por qué no responde a la pregunta y lo que quiere decirnos.

No es fácil concretar en qué consiste esa salvación de la que se habla en los evangelios. Ya entonces, pero sobre todo hoy, tenemos infinidad de ofertas de salvación. El concepto hace referencia en primer lugar a la liberación de un peligro o de una situación desesperada. El médico está todos los días curando en el hospital, pero se dice que ha salvado a uno, cuando estando en peligro de muerte ha evitado ese final. Aplicar este concepto a la vida espiritual puede despistarnos. El mayor peligro para una trayectoria espiritual es dejar de progresar, no que se encuentren obstáculos en el camino. La salvación no sería librarme de algo sino desplegar un máximo de plenitud humana durante toda la existencia.

¿Serán muchos los que se salvan? Podíamos hacernos infinidad de preguntas sobre la salvación. De hecho ha habido discusiones teológicas interminables sobre el tema.

¿Para cuándo la salvación? ¿Salvación aquí o en el más allá? ¿Salvación material o salvación espiritual?

¿Quién nos salva? ¿Nos salva Dios? ¿Nos salva Jesús? ¿Nos salvamos nosotros? ¿Salvan las obras o la fe? ¿Salva la religión? ¿Salvan los sacramentos? ¿Salva la oración, la limosna o el ayuno? ¿Nos salva la Escritura?

¿Cómo es esa salvación? ¿Salvación material o salvación espiritual? ¿Salvación individual o comunitaria? ¿Es la misma para todos? ¿Se puede conocer antes de alcanzarla? ¿Podemos saber si estamos salvados?

Tengo casi terminado un libro que trata de responder a todas estas preguntas. Pero resulta que es inútil toda respuesta, porque las preguntas están mal planteadas. Todas dan por supuesto que hay un yo que debe ser salvado. Cuando me di cuenta de que la salvación no es alcanzar la seguridad para un ser individual, sino que consiste en superar toda idea de individualidad, perdí todo interés por terminar el libro y mucho más por publicarlo.

En realidad todos se salvan de alguna manera, porque todo ser humano despliega algo de esa humanidad por muy mínimo que sea ese progreso. Y nadie alcanza la plenitud de salvación porque por muchos que sean los logros de una vida humana, siempre podría haber avanzado un poco más en el despliegue de su humanidad. Todos estamos, a la vez, salvados y necesitados de salvación. Esta idea nos desconcierta, porque lo único que nos tranquiliza de verdad es la seguridad de alcanzarla o de estar ya salvados.

Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Esta frase nos puede iluminar sobre el tema que estamos tratando. Pero la hemos entendido mal y nos ha metido por un callejón sin salida. El esfuerzo no debe ir encaminado a potenciar un yo para asegurar su permanencia incluso en el más allá.

No tiene mucho sentido que esperemos una salvación para cuando dejemos de ser auténticos seres humanos, es decir, para después de morir.

La salvación no puede consistir en la liberación de todo aquello que percibo como carencia, es decir, que alguien me saque de las limitaciones que no acepto porque no me he enterado de que soy criatura y por lo tanto limitada. Esas limitaciones no son fallos del creador sino parte esencial de mi ser.

La salvación tiene que consistir en alcanzar una plenitud sin pretender dejar de ser criatura y limitada. Como esto exige una renuncia a ser perfectos, nunca nos podemos conformar con una salvación que no nos saque de nuestras imperfecciones.

Ni el sufrimiento ni la enfermedad ni la misma muerte pueden restar un ápice a mi condición de ser humano. Mi plenitud la tengo que conseguir con esas limitaciones, no cuando me las quiten.

Lo que se puede añadir o quitar pertenece siempre al orden de las cualidades, no es lo esencial. Pensar que la creación le salió mal a Dios y ahora solo Él puede corregirla y hacer un ser humano perfecto es una aberración que nos ha hecho mucho daño. La salvación no puede consistir en cambiar mi condición de ser humano por otro modo de existencia.

Nuestra religión nos ha metido por este callejón sin salida. No ha convencido de que, con la ayuda de dios, puedo llegar a ser un superhombre. Nada más lejos del mensaje de Jesús. «las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera». Lo que se nos pide es que despleguemos nuestra humanidad a tope, no siendo más que los demás sino precisamente siendo menos.

Para tomar conciencia de dónde tenemos que poner el esfuerzo es imprescindible entender bien el aserto. Debemos desechar la idea de un umbral que debemos superar. No debemos hacer hincapié en la puerta sino en el que debe atravesarla.

No es que la puerta sea estrecha, es que se cierra automáticamente en cuanto alguien pretende atravesarla. Solo cuando tomemos conciencia de que somos nadie, se abrirá de par en par. Mientras no captes bien esta idea, estarás dando palos de ciego en orden a tu verdadera salvación.

No estamos aquí para salvar nuestro yo, sino para desprendernos de él hasta que no quede ni rastro de lo que creíamos ser. Cuando mi falso ser se esfume, quedará de mí lo que soy de verdad y entonces estaré ya al otro lado de la puerta sin darme cuenta.

Cuando pretendo estar seguro de mi salvación o cuando pretendo que los demás vean mi perfección, en realidad estoy alejándome de mi verdadero ser y enzarzándome en mi propio ego.

En realidad, no estamos aquí para salvarnos sino para perdernos en beneficio de todos.

El domingo pasado decía Jesús: «He venido a traer fuego a la tierra, ¿qué más puedo pedir si ya está ardiendo? Todo lo creado tiene que transformarse en luz, y la única manera de conseguirlo es ardiendo. El fuego destruye todo lo que no tiene valor, pero de esa manera purifica lo que vale de veras. Este es el proceso: consumir todo lo que hay en mí de ego y potenciar lo que hay de verdadero ser.

Somos como la vela que está hecha para iluminar consumiéndose; mientras esté apagada y mantenga su identidad de vela será un trasto inútil. En el momento que le prendo fuego y empieza a consumirse se va convirtiendo en luz y da sentido a su existencia. Cuando nos pasamos la vida adornando y engalanando nuestra vela; cuando incluso le pedimos a Dios que, ya que es tan bonita, la guarde junto a Él para toda la eternidad, estamos renunciando al verdadero sentido de una vida humana, que es arder, consumirse para iluminar a los demás.

No sé quienes sois. Toda la parafernalia religiosa que hemos desarrollado durante dos mil años no servirá de nada si no me ha llevado a desprenderme del ego.

El yo más peligroso para alcanzar una verdadera salvación es el yo religioso. Me asusta la seguridad que tienen algunos cristianos de toda la vida en su conducta irreprochable. Como los fariseos, han cumplido todas las normas de la religión. Han cumplido todo lo mandado, pero no han sido capaces de descubrir que en ese mismo instante, deben considerarse «siervos inútiles».

Esta advertencia es mucho más seria de lo que parece. Pero no tenemos que esperar a un más allá para descubrir si hemos acertado o hemos fallado. El grado de salvación que hayamos conseguido se manifiesta en cada instante de nuestra vida por la calidad de nuestras relaciones con los demás.

No se trata de prácticas ni de creencias sino de humanidad manifestada con todos los hombres. Lo que creas hacer directamente por Dios no tiene ninguna importancia. Lo que haces cada día por los demás es lo que determina tu grado de plenitud humana, que es la verdadera salvación.

Meditación-contemplación

He venido a prender fuego a la tierra.

El fuego que Jesús trae, me tiene que consumir a mí.

Mi falso yo, sustentado en lo material,

tiene que consumirse para que surja el verdadero ser.

…………………

Todo lo que trabajemos para potenciar la individualidad,

será ir en dirección contraria a la verdadera meta.

Mientras más adornos y capisayos le coloque,

más lejos estaré de mi verdadera salvación

……………………..

Para que surja el oro de mi verdadera naturaleza,

tiene que arder la escoria de mi ego.

La luz que ya existe en el fondo de mi ser,

solo se manifestará cuando arda mi materialidad.

……………………..

Fray Marcos

 

21º DOMINGO T.O., «CONFIANZA, SÍ. FRIVOLIDAD, NO»

Escrito por  José Antonio Pagola

25 de agosto de 2013

Lc 13, 22-30

La sociedad moderna va imponiendo cada vez con más fuerza un estilo de vida marcado por el pragmatismo de lo inmediato. Apenas interesan las grandes cuestiones de la existencia. Ya no tenemos certezas firmes ni convicciones profundas. Poco a poco, nos vamos convirtiendo en seres triviales, cargados de tópicos, sin consistencia interior ni ideales que alienten nuestro vivir diario, más allá del bienestar y la seguridad del momento.

Es muy significativo observar la actitud generalizada de no pocos cristianos ante la cuestión de la «salvación eterna» que tanto preocupaba solo hace pocos años: bastantes la han borrado sin más de su conciencia; algunos, no se sabe bien por qué, se sienten con derecho a un «final feliz»; otros no quieren recordar experiencias religiosas que les han hecho mucho daño.

Según el relato de Lucas, un desconocido hace a Jesús una pregunta frecuente en aquella sociedad religiosa: «¿Serán pocos los que se salven?» Jesús no responde directamente a su pregunta. No le interesa especular sobre ese tipo de cuestiones estériles, tan queridas por algunos maestros de la época. Va directamente a lo esencial y decisivo: ¿cómo hemos de actuar para no quedar excluidos de la salvación que Dios ofrece a todos?

«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha». Estas son sus primeras palabras. Dios nos abre a todos la puerta de la vida eterna, pero hemos de esforzarnos y trabajar para entrar por ella. Esta es la actitud sana. Confianza en Dios, sí; frivolidad, despreocupación y falsas seguridades, no.

Jesús insiste, sobre todo, en no engañarnos con falsas seguridades. No basta pertenecer al pueblo de Israel; no es suficiente haber conocido personalmente a Jesús por los caminos de Galilea. Lo decisivo es entrar desde ahora en el reino Dios y su justicia. De hecho, los que quedan fuera del banquete final son, literalmente, «los que practican la injusticia».

Jesús invita a la confianza y la responsabilidad. En el banquete final del reino de Dios no se sentarán solo los patriarcas y profetas de Israel. Estarán también paganos venidos de todos los rincones del mundo. Estar dentro o estar fuera depende de cómo responde cada uno a la salvación que Dios ofrece a todos.

Jesús termina con un proverbio que resume su mensaje. En relación al reino de Dios, «hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos». Su advertencia es clara. Algunos que se sienten seguros de ser admitidos pueden quedar fuera. Otros que parecen excluidos de antemano pueden quedar dentro.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.13,22-30)

•DOMINGO XXI -T.O-C- AGOSTO 25
* CREER EM LA VIDA ETERNA.
* Señor ¿Serán pocos los que se salven?.” Jesús les dijo (y nos dice)
“Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”.
* Está claro que l@s cristian@s hemos hecho una elección y la hemos hecho respecto a Alguien. Hemos elegido CREER, en el Dios de Jesús, por eso nos debe interesar saber como se llega hasta El, cómo se consigue al final de la vida, encontrarse con ese Padre que se nos presenta como entrañable y misericordioso al final de nuestro camino, esa vida nueva y nueva tierra.
* Es bueno recordar que el Evangelio de Cristo es un mensaje que exige decisión y entrega. El evangelio es una palabra que viene a nosotr@s y exige el control de nuestra vida. Por eso debemos preguntarnos ¿Me he entregado a esta forma de vida?:
* Jesús nos habla de entrar por
“La puerta estrecha” y podría añadir “como yo lo he hecho”. Porque parece ser que el camino para ir a esa vida eterna por la que hemos optado, empieza aquí y ahora y es el que hizo Jesús, que tuvo mucho de puerta estrecha: No tuvo poder, que es lo que requiere un líder, ni éxito arrollador, ni aplauso de los poderosos de su tiempo, sino todo lo contrario. El podía hablar de “puerta estrecha” y que lo que parece imposible, (Y la puerta estrecha tiene dificultades) no lo es si se camina de la mano de ese Dios por el que se ha optado. Eso hizo Jesús, siempre la voluntad del Padre.
* La puerta para el Reino de los cielos. ¿De qué puerta habla Jesús en el evangelio? Puede ser la puerta de la habitación de un enfermo, cuando lo visito, persona que siente soledad y la escucho, la puerta de saber pedir perdón, la puerta de admirar y agradecer la creación y por supuesto la puerta de los “últimos”, los pobres de hoy, los excluidos de cualquier forma y Dios anda entre ellos y Jesús estaría hoy también con ell@s. Por eso nos dice el evangelio: “Hay últimos que serán primeros”. Y para todo esto, quizá necesitamos la “puerta estrecha” de la CONVERSION.
* Y ¿qué fuerzas necesito para entrar por estas puertas? Quizá necesito la fuerza de la “escucha” en mi interior para ver la puerta y no pasar de largo. La oración. La fuerza del valor para pedir perdón, la fuerza de la comprensión etc. Son puertas cotidianas. Y detrás de esas puertas descubro a Dios. Son las puertas del Reino, cuando me esfuerzo por atravesarlas.
* Nos podemos preguntar: ¿Cuáles son las puertas estrechas que pasó de largo? ¿Por cuáles tengo que pasar? Y una vez encontrada la “puerta” hay que proseguir. Tenemos que recuperar hoy la voz de la palabra interior y personalizar para responder a la invitación de Jesús exigente, pero salvadora
* ORACIÓN
* Jesús de Nazaret, el camino está claro, pero siento que a veces me falta fuerza para realmente querer recorrer esa senda que lleva a tu Reino, cruzar esa puerta estrecha que implica negarme a pasar por la puerta ancha y grande del egoísmo, comodidad, consumismo, en una palabra, falta de entrega a tu llamamiento… Dame la luz para comprender que sólo hay ese camino por lo que debo convertirme en un instrumento dócil y confiado en tu Voluntad que no es otra que la Voluntad de Dios Padre, que tu viviste.
«¿Queremos de verdad seguir a Jesús de Nazaret construyendo el Reino de Dios? Una pista muy sencilla: abrir la puerta de nuestro interior, dejando entrar el “aire refrescante del evangelio” que nos recuerda y enseña la “puerta y camino estrecho”
que Jesús siguió y vivió y así se hizo presente tu Reino en el mundo; este Reino que también nos has confiado y que debemos contribuir a que crezca.
Y Jesús nos dice:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”,
Nadie va al Padre, sino por mí. AMÉN
*ZURIÑE

20. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «Surik gabe ezin / Sin fuego no es posible»

2013ko abuztuaren 18a
Lukas 12, 49-53

José Antonio Pagola

Estilo garbiro profetikoan, ezohiko hitz hauez laburbildu du Jesusek bere bizitza osoa: «Munduan sua piztera etorri naiz, eta ai balego jada sutan!» Zertaz mintzo da Jesus? Haren hizketaren izaera enigmatiko horrek erantzuna norabide desberdinetan bilatzera eraman ditu exegetak. Nolanahi ere, Jesusen misteriora suharkiago eta grinatsuago hurbiltzera gonbidatzen gaitu «suaren» irudi horrek.

Jesusek bere barruan duen sua Jainkoarekiko grina da eta sufritzen ari direnekiko errukia. Ezin jarri izango da agerian inoiz ere haren bizitza guztia arnasten duen atzeman ezineko maitasun hori. Haren misterioa ezin hesituko da sekula, ez formula dogmatikoetan, ez jakintsuen liburuetan. Ezin idatziko du inork ere Jesusez behin betiko libururik. Jesusek erakarri eta erre egiten du, larritu eta garbitu. Ezin jarraitu ahal izango dio inork ere Jesusi bihotza itzalirik edo zaletasun epel edo aspertu batez.

Haren hitzak sutan jartzen du bihotza. Adiskidetasunez eskaintzen die bere burua zokoratuenei, esperantza pizten du prostituituengan eta konfiantza mespretxatuenak diren bekatariengan, borroka egiten du gizakiari kaltegarri zaion ororen kontra. Gerla egiten die formalismo erlijiosoei, gizatasunik gabeko zorroztasunei eta legea hertsiki interpretatzeari. Ez ezerk, ez inork kateatzen ahal du askatasuna ongia egiteko. Ezin jarraitu ahal izango diogu inoiz ere ohikeria erlijiosoan edo «zuzenaren» konbentzionalismoan biziz.

Jesusek piztu egiten ditu gatazkak, ez ditu itzaltzen. Ez da etorri sasi-patxada ekartzera, baizik tirabira, aurkaritza eta banaketa. Egia esateko, geure bihotzean berean sartzen du gatazka. Ezin babestu gara haren deiaren kontra, erritu erlijiosoen edo jarduera sozialean ezkutuaren atzean. Ez gaitu babestuko haren begiratutik inongo erlijiok. Ez gaitu askatuko haren erronkatik inongo agnostizismok. Egian bizitzera deika ari zaigu Jesus eta egoismorik gabe maitatzera.

Haren sua ez da galdu heriotzaren ur sakonetan murgildu denean. Bizi berri batera pizturik, haren Espirituak sutan jarraitzen du historia guztian barna. Lehen jarraitzaileek sutan sentitu dute beren bihotzean, hura bidelagun dutela haren hitzak entzutean,

Non senti daiteke gaur egun Jesusen su hori? Non suma genezake haren askatasun kreatzailearen indarra? Noiz da sutan gure bihotza haren Ebanjelioa onartzean? Non bizi gara era grinatsuan haren urratsei jarraituz? Gure artean kristau-fedea galtzen ari dela ematen duen arren, Jesusek mundura ekarritako suan bizirik jarraitzen du errauspean. Ezin utzi dugu guztiz itzaltzen. Bihotzean surik gabe, ezin da Jesusi jarraitu.

Sin fuego no es posible

18 de Agosto de 2013
Lucas 12, 49-53

En un estilo claramente profético, Jesús resume su vida entera con unas palabras insólitas: “Yo he venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!”. ¿De qué está hablando Jesús? El carácter enigmático de su lenguaje conduce a los exegetas a buscar la respuesta en diferentes direcciones. En cualquier caso, la imagen del “fuego” nos está invitando a acercarnos a su misterio de manera más ardiente y apasionada.

El fuego que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Jamás podrá ser desvelado ese amor insondable que anima su vida entera. Su misterio no quedará nunca encerrado en fórmulas dogmáticas ni en libros de sabios. Nadie escribirá un libro definitivo sobre él. Jesús atrae y quema, turba y purifica. Nadie podrá seguirlo con el corazón apagado o con piedad aburrida.

Su palabra hace arder los corazones. Se ofrece amistosamente a los más excluidos, despierta la esperanza en las prostitutas y la confianza en los pecadores más despreciados, lucha contra todo lo que hace daño al ser humano. Combate los formalismos religiosos, los rigorismos inhumanos y las interpretaciones estrechas de la ley. Nada ni nadie puede encadenar su libertad para hacer el bien. Nunca podremos seguirlo viviendo en la rutina religiosa o el convencionalismo de “lo correcto”.

Jesús enciende los conflictos, no los apaga. No ha venido a traer falsa tranquilidad, sino tensiones, enfrentamiento y divisiones. En realidad, introduce el conflicto en nuestro propio corazón. No es posible defenderse de su llamada tras el escudo de ritos religiosos o prácticas sociales. Ninguna religión nos protegerá de su mirada. Ningún agnosticismo nos librará de su desafío. Jesús nos está llamando a vivir en verdad y a amar sin egoísmos.

Su fuego no ha quedado apagado al sumergirse en las aguas profundas de la muerte. Resucitado a una vida nueva, su Espíritu sigue ardiendo a lo largo de la historia. Los primeros seguidores lo sienten arder en sus corazones cuando escuchan sus palabras mientras camina junto a ellos.

¿Dónde es posible sentir hoy ese fuego de Jesús? ¿Dónde podemos experimentar la fuerza de su libertad creadora? ¿Cuándo arden nuestros corazones al acoger su Evangelio? ¿Dónde se vive de manera apasionada siguiendo sus pasos? Aunque la fe cristiana parece extinguirse hoy entre nosotros, el fuego traído por Jesús al mundo sigue ardiendo bajo las cenizas. No podemos dejar que se apague. Sin fuego en el corazón no es posible seguir a Jesús.

Jose Antonio Pagola

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.12,49-53)

•DOMINGO XX. T.O-C- AGOSTO 18
* Seguimos este domingo con el viaje de Jesús a Jerusalén, acompañado de sus seguidores más íntimos. Y a medida que avanzan hacia la ciudad santa el horizonte en su diálogo se hace más sombrío, el destino en la cruz está ya muy cerca (no olvidemos que Jesús es humano). Los que caminan con El se dan cuenta de que sus enseñanzas son cada vez más exigentes.
¡Qué humano se nos muestra Jesús en los momentos límites, cuando se está jugando lo decisivo de su existencia!, siente angustia. Jesús es consciente de que la “Buena noticia del Reino”, con todo lo que conlleva de apertura gozosa a los pobres, enfermos y pecadores, es acogida por algun@s, pero sin embargo choca con la incomprensión de la mayoría, entre los que encuentra a los propios familiares.
Jesús, el profeta de Galilea, no pretendió con sus enseñanzas en ningún momento estar a bien con tod@s ni a cualquier precio; no quiso poner su vida a salvo sino entregarla por tod@s y así cumplir la voluntad del Padre. Soñaba con una familia humana habitada por el amor a la justicia fraterna. Está movido apasionadamente por el fuego del amor y la justicia. Este es el “fuego” del que habla Jesús. ¡Ojala estuviera ya ardiendo!
Su palabra es crítica con el mal del mundo o de la Iglesia y autocrítica con lo que se nos va pegando en el discurrir cotidiano del trabajo por el Reino. Su palabra es actual, es esperanzadora, libera, comunica el Espíritu de Dios que siempre alienta. ¿La profundizamos?
¿La dejamos que nos hable?..
El “fuego, la paz” de que Jesús nos habla, es muy distinta de la que nos presenta este mundo en que vivimos. La paz nosotros la entendemos o el mundo la entiende como comodidad, tranquilidad, que nadie me moleste… En cambio, la paz del discípulo es la del que se rompe en el servicio a l@s demás, y no le importa terminar rot@, preocupad@ siempre por buscar soluciones a los problemas. Ser cristian@ significa ser consciente de haber recibido el
Fuego del Espíritu y del Amor de Dios.
Es vivir en la Paz siempre inquieta y nunca adormecida es lo que Jesús propone. Para no quedarnos tranquil@s con el hambre en el mundo, la opresión del pobre, o con la corrupción del poder. Es reanimar continuamente la llama y no dejar que se apague el fuego que Jesús ha encendido en nosotr@s.

* ORACIÓN

Jesús de Nazaret, sentimos que es necesario para nuestra vida de cristian@s darte gracias y bendecirte, porque nos haces salir con tus palabras, de nuestras seguridades y ponernos en la búsqueda de todo lo importante. Tú nos dices que es necesario el esfuerzo, la entrega, la autenticidad y el servicio. Nos cuidas con mimo y cariño para que en todo momento mostremos tu Amor al mundo
“NO TEMAS PEQUEÑO REBAÑO”,
Nos decías el domingo pasado.
Quieres que seamos de los que apuntan por la verdad, por la vida, por la justicia…
Jesús de Nazaret, has pasado por nuestro mundo, siendo un testigo apasionado de Amor al Padre.
Nos lo has comunicado con tu vida, muerte y resurrección.
Te damos gracias por ello y también por tantas personas que se han dejado inflamar
por el fuego del Evangelio, y viven entusiasmad@s siguiendo tu camino de vida.
Que tu Palabra y la vida de comunidad reanime el fuego de tu Amor que has encendido en cada creyente. Que no perdamos la esperanza ni la fuerza de luchar y orar para que este mundo que Tú tanto amas viva de manera más justa y fraterna. Las personas pensemos más en l@s demás, los más pobres tengan dignidad, y tu Palabra sea Luz que guíe nuestros pasos. AMÉN.
* ZURIÑE

20º DOMINGO T.O., «LA VIDA DE JESÚS ES VIOLENCIA», 18-08-2013

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 12, 49-53

Toda esta parte de Lucas reúne muchas enseñanzas y sucesos de la vida de Jesús englobadas literariamente en el gran viaje hacia Jerusalén, convocando multitudes y sufriendo la hostilidad y el acoso de los jefes y letrados.

Los temas concretos del fragmento de hoy son tres imágenes: el fuego, el bautismo y la división.

Jesús presenta su predicación y su trabajo total como un fuego que tiene que hacer arder al mundo entero. No es ésta una imagen evangélica habitual, ni ha sido apenas utilizada. El fuego ha sido en el AT una imagen de Dios y de su acción sobre los humanos: fuego para purificar, para iluminar, para propagarse. Y el Espíritu se entregará a la Iglesia en forma de lenguas de fuego.

Lo menos que podemos decir del espíritu de Jesús es que es «ardiente». Podríamos pensar si la habitual mansedumbre con que representamos a Jesús no es una domesticación que nuestra conveniencia impone a su verdadera imagen, la que se desprende directamente de los textos evangélicos.

Jesús habla frecuentemente de su «bautismo«, no refiriéndose al Jordán, sino a la cruz. Quizá la expresión más evidente sea la respuesta a las aspiraciones «ministeriales» de los Zebedeos, a las que Jesús contrapone: «¿podéis beber el cáliz que yo de he de beber, bautizaros con el bautismo que yo he de recibir?» (Mt 20, Mc 10), es decir, ¿podéis soportar lo que yo voy a padecer?… textos que se relacionan directamente con los anuncios de la Pasión y la incomprensión de los discípulos respecto a la misma.

La consecuencia de todo lo anterior es que Jesús sabe que el resultado de su misión no será la conversión global, la adhesión de Israel, sino la división: con Él o contra Él. Y que esta división hará que los que opten por Él sean perseguidos, como Él mismo lo será.

Ante todo, debemos reflexionar sobre la imagen que tenemos acerca de la vida y figura de Jesús. Treinta años de vida oscura; de uno a tres años de vida «pública», que empiezan con un enorme impacto popular y se deslizan hacia el seguimiento de un grupo más reducido y más fiel; y un violento desenlace producido por el enfrentamiento mortal con las autoridades religiosas de Israel.

Es una vida violenta: sorpresa, impacto, enfrentamiento, muerte. La sociedad de Jesús le responde con violencia, porque se ha sentido agredida y teme por su supervivencia. La doctrina y el modo de actuar de Jesús ha sido un agresión, un fuego; la sociedad teme ser consumida por ese fuego; e intenta apagarlo, matarlo.

La acción de los enemigos de Jesús se representa también en el agua, que puede ser mortal. Se recobra el viejo significado agua = muerte (las aguas del caos primordial, el diluvio, el Nilo, el mar «Rojo»…) las aguas caerán sobre el fuego de Jesús intentando ahogar su fuego. Son las aguas mortales de la religión deformada: la Ley más que la persona: el culto más que la vida: la justicia más que la compasión. Jesús vuelve a encender el fuego de la persona, la vida, la compasión, y entonces los legistas, los sacerdotes y los fariseos no tienen más remedio que apagar ese fuego.

Esta imagen de Jesús, tan real e indiscutible, nos propone dos vías de reflexión de gran trascendencia. Ante todo a nivel personal. La vida interior de todo seguidor de Jesús es violencia, porque partimos de la situación existencial del pecado, de la instalación, de la conformidad con lo vulgar o lo meramente agradable. Y la llamada de la Palabra es «sal de tu tierra, sal de la cómoda esclavitud… al desierto, hacia la libertad». Es la motivación de toda la ascesis cristiana: arrancarse del cómodo y ficticio paraíso (interior y exterior).

Seguir a Jesús es siempre preferir la puerta estrecha y la senda empinada, es venderlo todo por el Tesoro, dejar las redes en la barca… Los evangelios están llenos de estas imágenes.

A nivel comunitario, la iglesia es un poderoso fermento de cambio. Una comunidad de seguidores de Jesús actúa con criterios, maneja valores, actúa de forma radicalmente opuesta a la sociedad en que se inserta: no valora el poder, la instalación, la riqueza, el dominio; no pretende preferentemente disfrutar ni imponer; no piensa ante todo en ganancias ni en prestigios sociales…

Si los criterios y valores de estas comunidades fueran mayoritarios en la sociedad occidental, toda la trama económica y política de esta sociedad quedaría destruida. Una iglesia verdaderamente seguidora de Jesús sería un peligro público, sería atacada, la sociedad reaccionaría como se reaccionó con Jesús.

Pero de hecho no es así. Los cristianos occidentales tenemos la tentación de que nuestra fe no altere demasiado nuestras costumbres. El seguimiento de Jesús puede no significar un esfuerzo para salir de sí mismo y liberarse de los pecados. El sacramento del bautismo puede no ser una adhesión personal al crucificado, ni el sacramento de la penitencia suele ser expresión de nuestra constante pelea con nuestros pecados, ni la Eucaristía es comunión con la fe de los demás y un compromiso vital con el Libertador y para la Liberación.

Es más conveniente priorizar la imagen del perdón de los pecados (no detestados), de la comunión personal con Cristo (no transformadora, estéril). El conocimiento de «Abbá» puede no impulsarnos y comprometernos a ser Hijos sino más bien simplemente a tranquilizarnos porque entendemos a Dios como Juez corrupto, bonachón, que pasará por alto nuestra mediocridad.

Si así fuera, el fuego se habría extinguido. Ni la Palabra nos quema por dentro, ni los cristianos quemamos en la sociedad. La Palabra serviría para tranquilizar nuestra mediocridad y la Iglesia se convertiría en una religión más, expresión sacra de la idiosincrasia de un pueblo y los mecanismos tradicionales de su sociedad.

De ser así, habría desaparecido la fuerza incontenible del grano de mostaza, el poder de fermento de la levadura… Se habría extinguido el fuego.

La división, el padre contra el hijo… ¿cómo no va a haber división si alguien se toma en serio el Evangelio? «Todos los que quieran vivir religiosamente, como Jesús, serán perseguidos». La elección de carrera, el status de vida elegido, los amigos, el club a que se pertenece, invertir o colaborar… ¿cómo no van a dividir a las personas estas elecciones que constituyen el tejido habitual de nuestras vidas?

Dios es Amor. La imagen del Espíritu es el fuego. El fuego quema la ofrenda. El fuego es lo que hace válido el cirio, que se consume para ser luz…

Este domingo es una magnífica invitación a un examen en profundidad de lo que significa para nuestras vidas la fe en Jesús. Ardiente o tibio, agresivo o domesticado, salir o seguir instalado, ponerse al servicio o conformarse… Contemplar cómo cambió a Jesús el fuego del Espíritu, qué peligroso lo hizo. Mirar mi vida, tan poco peligrosa para nadie. Mirar la iglesia, intentar descubrir en ella dónde quema el Espíritu…

José Enrique Galarreta

 

15 de Agosto de 2013, «MARÍA, UN SER DIVINAMENTE HUMANO». Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 1, 39-56

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión no garantiza que se haya entendido siempre correctamente. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta hacerla inútil. La mitología sobre María puede ser positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos siglos una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia. En este caso no fueron las discusiones teológicas las que provocaron la definición de una verdad de fe sino la intención de dar al pueblo una confirmación oficial de sus intuiciones sobre María. De esta manera se intenta apuntalar los privilegios, que la sociedad le estaba arrebatando.

El dogma dice: «La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial». Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir con un dogma, y otra muy distinta la formulación en que se expresa esa verdad.

Ni Jesús ni María ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubiera entendido nada de esa definición. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

Cuando el dogma habla de «en cuerpo y alma», no debemos entenderlo como lo material o biológico por una parte, y lo espiritual por otra. El hilemorfismo, mal entendido nos ha jugado un mala pasada. Los conceptos griegos de materia y forma, son ambos conceptos metafísicos. El dogma no pretende afirmar que el cuerpo biológico de María está en alguna parte, sino que todo el ser de María ha llegado a identificarse con Dios.

No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Se armó un gran revuelo en los medios de comunicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho que el cielo está allá arriba. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, porque está demasiada arraigada la idea de un cielo como lugar a donde irán los buenos.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás justos serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante eterno. La materialización del más allá, como si fuera un trasunto del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se siguen encontrando muy a gusto en él. Del más allá no podemos saber nada. Lo único que podemos descartar es que sea prolongación de la vida de aquí abajo, de la que conocemos sus condicionantes.

No sé lo que pensó Pío XII al proclamar el dogma, pero yo lo entiendo como un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total, es decir, que alcanzó su plenitud. Esa plenitud solo puede consistir en una unificación e identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su proceso de maduración terreno y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos, como puede ser: sentarla en un trono, coronarla, declararla reina, etc., sino por proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la que nos espera a todos.

En lenguaje bíblico «cielos» significa el ámbito de lo divino, por tanto María está ya en «los cielos».

Que nadie piense que vamos contra el dogma de la Asunción. Lo que pretendemos es superar una manera de entenderlo que es ininteligible hoy. Es imposible meter las realidades trascendentes en conceptos humanos. Lo vamos a seguir intentando, pero al hacerlo debemos tener en cuenta la precariedad de los resultados. Los conceptos utilizados no podemos entenderlos en sentido estricto, por eso la manera de entenderlos será siempre acomodada al universo conceptual que en ese momento utilizamos.

El paradigma que nos permite interpretar la realidad en un momento determinado de la historia y de la cultura, no podemos elegirlo a capricho, viene dado por una infinidad de condicionantes que no tenemos más remedio que aceptar, si no queremos quedar aislados y sin posibilidad de entendernos con los demás. Es inútil pretender seguir usando en el ámbito religioso un universo conceptual ya superado. Lo único que conseguiremos será entrar en una esquizofrenia intelectual que puede engañarnos pero no satisfacernos.

Los cristianos tenemos todo el derecho de seguir utilizando a María como medio para acercarnos a la divinidad. No tiene importancia que al hacerlo, nos alejemos de la paisana de Nazaret que fue la madre de Jesús. Lo que importa es que la María mitificada nos ayude, de verdad, a entender mejor el mensaje de Jesús.

Desde el momento en que Jesús fue entendido como Hijo de Dios, hemos caído en la trampa de divinizarlo y alejarlo de nuestra humanidad. Esa separación ha llegado a ser tan abismal y lo ha alejado tanto de nosotros que ya no podemos encontrar en él el modelo de ser humano, aunque el único título que Jesús se dio a sí mismo fue el de «Hijo de hombre». Sin esa indispensable conexión con lo humano, lo colocamos de entrada en el ámbito de lo divino y no lo podemos percibir como uno de nosotros.

El principal objetivo de todo lo que se ha dicho de María, sería precisamente superar este escollo, y descubrir en ella la figura completamente humana que nos permita acercarnos a la divinidad descubriéndola en ella. Precisamente porque no existe el peligro de confundirla con Dios, podemos ensalzarla hasta el infinito y ver en ella reflejada toda la fuerza de la divinidad. De esta manera podemos entender que esa misma divinidad está también involucrada en nuestra propia existencia.

No debemos desmantelar toda la riqueza teológica que hemos volcado sobre María durante muchos siglos. Lo que debemos hacer es traducir al lenguaje de hoy todos esos conceptos que ya no son comprensibles para nuestra manera de entender el mundo. Si esta tarea la llevamos a cabo con humildad y coherencia, podemos descubrir un filón de posibilidades de comprensión de la figura de Jesús y de la verdadera encarnación.

Es verdad que el pueblo sencillo no se equivoca nunca. Pero los que interpretamos las convicciones de ese pueblo, sí podemos equivocarnos y darles un sentido que no tuvieron en su origen. Debemos estar mucho más atentos a lo que vive la Iglesia como pueblo de Dios, que a lo que nos dicen los teólogos o los especialistas de la religiosidad. Cuando se habla de la infalibilidad, hay que tener en cuenta que es siempre la expresión de un sentir de la comunidad, no de la ocurrencia de una persona por muy Papa que sea.

Que esta fiesta nos invite a mirar a María con nuevos ojos, para que sea un acicate que nos lleve a descubrir la cercanía de lo divino a todas y cada una de las criaturas. La meta de todo ser humano es la misma que alcanzó María y que hoy celebramos. Dios está haciendo cosas grandes en cada uno de nosotros, aunque vivimos sin enterarnos de ello.

Meditación-contemplación

El Magníficat es una excelente oración,

resumen de las aspiraciones de un pueblo,

que confía plenamente en Dios

y en la salvación que había prometido a los antepasados.

……………………..

Este cántico pone en boca de María estos sentimientos

y nos invita a desarrollarlos interiormente.

Teniendo en cuenta que las obras de Dios

nunca se manifiestan en fenómenos espectaculares.

……………………..

Su mejor obra la desplegó Dios en el seno de María,

solo porque ella fue capaz de decir «Fiat».

La seguirá desplegando en cada uno de nosotros,

en la medida que sepamos estar, como ella, disponibles.

…………………

Fray Marcos

 

* LA ASUNCIÓN DE MARÍA

•FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA.
• Esta reflexión nos puede servir para conocer y gustar más el evangelio. La visita de María a Isabel se puede justificar por el parentesco entre ambas. Con esta escena Lucas nos manifiesta ya los efectos de la Encarnación y presencia de Dios y la superioridad de Jesús sobre Juan Bautista.
* El texto nos ayuda a descubrir:
* María se olvida de sí misma y acude con presteza en ayuda de su prima.
Prontitud en Ella para el servicio.
* El salto de la criatura en el vientre de Isabel expresa, la alegría mesiánica.
* Isabel habla llena del Espíritu Santo. Con ello está expresando que una persona, MARÍA, es elegida por Dios como instrumento de su plan de salvación.
* Isabel, alaba a María por su fe. (Junto con el saludo del ángel, vemos es la oración del Ave María).
* El que cree en la Encarnación de un Dios, que ha querido compartir nuestra vida y acompañarnos en nuestra pequeñez se siente llamad@ a vivir de otra forma.
* PONERSE EN CAMINO.*
No es fácil aceptar el mensaje del Evangelio de “ponerse en camino” cuando nos consideramos tan ocupad@s, que decimos no tenemos tiempo ni para nosotr@s.
No es posible creer que Dios se ha hecho hombre buscando la liberación de la humanidad, y no esforzarse por ser persona cada día y trabajar por un mundo más humano y liberado.
No es posible creer en un Dios que se desprende, abaja y nos visita y a la vez considerar que mi trabajo, mi tarea son intocables y nos encerramos en nuestro pequeño mundo.
*BENDECIR A DIOS Y A LAS PERSONAS”
Este Evangelio nos demuestra que todo cristiano debería ser pronto para la bendición, para el bien decir, no sólo a Dios sino a todas las personas y criaturas. Así, descubrimos el sentido del:
“MAGNIFICAT”
* La respuesta de María al saludo de Isabel (Magníficat), es una acción de gracias personal de María. En este canto se descubre también que Dios se apiada de los pobres y lo descubrimos en el Magníficat. (¡Qué fácil lo cantamos y rezamos!) y… ¡qué difícil llevarlo a la vida!) Pero Dios ama nuestra pequeñez.
* El Dios de María es el Dios de la vida que colma de bienes a los pobres y pequeñ@s. Por eso la tarea nuestra como creyentes está, en seguir la pedagogía de Dios como lo hizo María y trabajar por un mundo, empezando por los cercanos, donde esta proclamación del MAGNÍFICA, se haga realidad. Que brote de nuestro interior en verdad:
*PROCLAMA MI ALMA LAS GRANDEZAS DEL SEÑOR, SE ALEGRA MI ESPÍRITU EN DIOS MI SALVADOR”

*ORACIÓN
ENGRANDECE MI ALMA AL SEÑOR, SE ALEGRA MI ESPÍRITU EN DIOS MI SALVADOR”
María: al conocer la noticia salvadora de Dios, dejas tus cosas y te lanzas a anunciarlo con alegría.
Te venimos a pedir decisión y alegría. Decisión para anunciar el Mensaje de Dios, para proclamar ante todos sus maravillas, para decir que nos ha salvado a todos, que levantemos nuestra mirada hacia lo alto.
Alegría para que el mensaje cale dentro de nosotros, y al ver nuestro gozo se convenzan de la realidad de salvación, de que lo que Dios promete se cumple. Queremos, en una palabra, ser
Apóstoles en nuestro día a día.
María, danos la fuerza necesaria para proclamar el mensaje de nuestro Dios.
Seño Dios, nuestro salvador con María queremos alabarte y bendecirte.
Como María, nos sentimos pequeños y frágiles: ayúdanos a buscar y a encontrar en ti la fuerza y la confianza que nos haga caminar. Y saber decir como María:
“Aquí estamos, Dios nuestro, con nuestra pequeñez, queriendo hacer tu Voluntad. AMÉN
*ZURIÑE

19. IGANDEA URTEAN ZEHAR, Gutxiengo baten zoria bizi-Vivir en minoría, José A. Pagola

Gutxiengo baten zoria bizi

José Antonio Pagola
Lukas 12, 32-48

Lukasek bere ebanjelioan hitz bereziak bildu ditu, Jesusek bere jarraitzaileei zuzenduak, guztiz amultsu eta samurrak. Sarritan, oharkabeki irakurri edo entzun ohi dira. Alabaina, gure parrokietan edo kristau-elkarteetan arretaz irakurriz gero, egun-egunekoak dira harrigarriki. Horixe da Jesusengandik entzun behar duguna fedea bizitzeko oso erosoa ez da aldi honetan.

«Ene artalde koxkorra». Egundoko txeraz begiratzen dio Jesusek jarraitzaileen talde txiki bati. Gutxi dira. Gutxiengo baten bokazioa dute. Ezin pentsatu dute gauza handiosetan. Honela imajinatzen ditu Jesusek beti: «legamia» pixka bat bezala, orean nahasia; «argi» txiki bat bezala, ilunpean; «gatz» eskutada bat bezala, biziari gustua emateko.

«Kristau-inperialismoa» mendetan bizi ondoren, Jesusen ikasleok gutxiengo baten zoria bizitzen ikasi beharra dugu. Gauza okerra da Eliza boteretsu eta indartsu bat amestea. Gauza engainagarria da mundutar boterearen bila ibiltzea edo gizartea dominatu nahi izatea. Ebanjelioa ezin ezarri da indarrez. Jesusen erara bizi direnek kutsatzen dute, bizitza gizakoiago eginez.

«Ez izan beldurrik». Jesusen kezka handia da. Ez ditu ikusi nahi bere jarraitzaileak beldurrak harrapaturik edota etsipenean lur jota. Ez dute galdu behar sekula konfiantza eta bakea. Gaur egun ere artalde koxkor bat gara, baina Jesusi oso atxikirik bizi gaitezke, gidatzen eta defendatzen gaituen artzaina da hura. Geure aldi hau bakean bizitzeko modua eman diezaguke hark.

«Zuen Aitari egoki iruditu zaio zuei erreinua ematea». Beste behin gogorarazi die hori Jesusek. Ez dute sentitu behar umezurtz direnik. Aita dute Jainkoa. Hark gomendatu die bere erreinuaren egitasmoa. Erregalu handia da. Geure elkarteetan denik eta gauzarik hoberena da: bizitza gizakoiago egiteko eginkizuna, historia bere behin betiko salbaziora bideratzeko esperantza.

«Saldu zeuen ondasunak eta egin limosna». Jesusen jarraitzaileek artalde koxkor bat dira, baina ezin izan dira sekula sekta bat, bere probetxu propioan hesitua. Ezin bizi dira inoren premiari ezikusiarena eginez. Atea zabal-zabalik duten elkarte izan behar dute. Beren ondasunak partekatuko dituzte laguntza- eta solidaritate-beharrean direnekin. Limosna egingo dute, hau da, «errukia» eskainiko. Hau da termino grekoaren jatorrizko esanahia.

Kristauek alditxo bat beharko dugu oraino, gutxiengo baten zoria bizi ahal izateko, gizarte sekular eta plural baten barnean. Baina bada atzeratu gabe egin dezakegun eta egin behar dugun zerbait: geure elkarteetan bizi dugun giroa aldatu eta ebanjelikoago bihurtu. Frantzisko aita santua bidea adierazten ari zaigu bere keinuen eta bere bizieraren bidez.

Jose Antonio Pagola

Vivir en minoría

José Antonio Pagola

Lucas 12, 32-48

Lucas ha recopilado en su evangelio unas palabras, llenas de afecto y cariño, dirigidas por Jesús a sus seguidores y seguidoras. Con frecuencia, suelen pasar desapercibidas. Sin embargo, leídas hoy con atención desde nuestras parroquias y comunidades cristianas, cobran una sorprendente actualidad. Es lo que necesitamos escuchar de Jesús en estos tiempos no fáciles para la fe.

Mi pequeño rebaño”. Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría. No han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de “levadura” oculto en la masa, una pequeña “luz” en medio de la oscuridad, un puñado de “sal” para poner sabor a la vida.

Después de siglos de “imperialismo cristiano”, los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.

No tengas miedo”. Es la gran preocupación de Jesús. No quiere ver a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de perder nunca la confianza y la paz. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. El nos puede hacer vivir estos tiempos con paz.

Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”. Jesús se lo recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.

Vended vuestros bienes y dad limosna”. Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de nadie. Será comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir “misericordia”. Este es el significado original del término griego.

Los cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos hacer sin esperar a nada: transformar el clima que se vive en nuestras comunidades y hacerlo más evangélico. El Papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida.