PAZKOALDIKO VI. IGANDEA, JESUSEN AZKEN DESIOAK-ULTIMOS DESEOS DE JESUS

JESUSEN AZKEN DESIOAK

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ikasleei agur egiten ari da Jesus. Triste eta koldarturik ikusten ditu. Guztiek dakite azken uneak bizitzen ari direla beren Maisuarekin. Zer gertatuko da Maisua joatean? Norengana jo ahal izango dute? Zein izango dute babesle? Bihotz eman nahi die Jesusek, bere azken desioak azalduz.

Ez dadila gal nire Mezua. Horra Jesusen lehen desioa. Ez dadila ahaztu Jainkoaz eman dien Berri Ona. Bere jarraitzaileek gorde dezatela bizi-bizi Aitaren gizabidezko egitasmoaren oroitzapena: hainbat aldiz aipatu dien «Jainkoaren erreinu» hori. Maite badute, hona lehenik egin behar dutena: «maite nauenak gordeko du ni hitza… maite ez nauenak ez du gordeko».

Hogei menderen buruan, zer egin dugu Jesusen Ebanjelioaz? Leial gordetzen al dugu ala hura manipulatzen ari gara geure probetxurako? Onartzen al dugu bihotzean ala hartaz ahazten ari gara? Jator aurkezten al dugu ala geure irakaspenen pean ezkutatzen dugu?

Aitak Babesle bat bidaliko duzue nire izenean. Jesusek ez ditu umezurtz utzi nahi. Ez dute sumatuko bera falta denik. Aitak Espiritu Santua bidaliko die, beragandik urruntzeko arrisku guztitik babestuko dituena. Jesusengan beragan sumatua dute Espiritu hori, nola eragin dion pobreengana; Espiritu horrek berak eragingo die berei ere norabide berean.

Espirituak «irakatsiko die» berak irakatsi eta erakutsi dien guztia hobeto ulertzen. Bere Berri Ona gero eta sakonago hartzen lagunduko die. Hark «gogoraraziko die» entzun izan diotena. Hark heziko ditu Jesusen bizieran.

Hogei menderen buruan, zer espiritu da nagusi kristauen artean? Jesusen Espirituari uzten al diogu gida gaitzan? Gai al gara Jesusen Berri Ona eguneratzeko? Adi al gaude sufritzen dutenen aurrean? Norantz eragiten digu gaur egun Jesusen Espirituaren arnasa berritzaileak?

Neure bakea demaizuet. Beragan ikusi duten bake bera bizi dezaten nahi du Jesusek, Aitarekin duen elkartasun barne-barnekoaren fruitu den bakea. Bere bakea eman die erregalu. Ez da munduak eman dezakeena bezalakoa. Beste bat da. Bihotzean jaioko zaie, baldin eta Jesusen Espirituari harrera egiten badiote.

Horixe da kutsatu behar duten bakea noranahi iristen diren guztietan. Horixe da zabalduko dutena Jainkoaren erreinua hots egitean, mundu sanoago eta zuzenago bati bidea urratzean. Ez dute galdu behar sekula bake hori. Jesusek errepikatzen du: «Ez dadila jar dar-dar zuen bihotza, ez dadila koldartu».

Hogei menderen buruan, zergatik zurruntzen gaitu beldurrak etorkizunaren aurrean? Zer dela-eta horrenbeste errezelo gizarte modernoaren aurrean? Jende asko da Jesusen gose. Frantzisko aita santua Jainkoaren erregalua da. Egoera osoak gonbidatzen gaitu Jesusekiko eta haren Ebanjelioarekiko leialagoa den Eliza baterantz. Ezin gelditu gara besoak tolestaturik.

6 Pascua (C)
Juan 14,23-29

ÚLTIMOS DESEOS DE JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 01/04/13.- Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y acobardados. Todos saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo descubriéndoles sus últimos deseos.

Que no se pierda mi Mensaje. Es el primer deseo de Jesús. Que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese “reino de Dios” del que les ha hablado tanto. Si le aman, esto es lo primero que han de cuidar: “el que me ama, guardará mi palabra…el que no me ama, no la guardará.

Después de veinte siglos, ¿qué hemos hecho del Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo estamos manipulando desde nuestros propios intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo presentamos con autenticidad o lo ocultamos con nuestras doctrinas?

El Padre os enviará en mi nombre un Defensor. Jesús no quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá de riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección

El Espíritu les “enseñará” a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les “recordará” lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.

Después de veinte siglos, ¿qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena Noticia? ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?

Os doy mi paz. Jesús quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre. Les regala su paz. No es como la que les puede ofrecer el mundo. Es diferente. Nacerá en su corazón si acogen el Espíritu de Jesús.

Esa es la paz que han de contagiar siempre que lleguen a un lugar. Lo primero que difundirán al anunciar el reino de Dios para abrir caminos a un mundo más sano y justo. Nunca han de perder esa paz. Jesús insiste: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”.

Después de veinte siglos, ¿por qué nos paraliza el miedo al futuro? ¿Por qué tanto recelo ante la sociedad moderna? Hay mucha gente que tiene hambre de Jesús. El Papa Francisco es un regalo de Dios. Todo nos está invitando a caminar hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio. No podemos quedarnos pasivos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

V DOMINGO DE PASCUA, 28 ABRIL 2013, Jn 13, 31-35

VIDA, AMOR, UNIDAD FORMAN UNA SOLA REALIDAD

Escrito por Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 13, 31-35

El evangelio de hoy también está sacado de un discurso de Jesús en el evangelio de Juan; el último y más largo, después del lavatorio de los pies. Es un discurso que abarca cinco capítulos, y es una verdadera catequesis a la comunidad, que trata de resumir las más originales enseñanzas de Jesús.

Como ya he repetido muchas veces, no se trata de un discurso de Jesús, sino de una cristología elaborada por aquella comunidad a través de muchos años de experiencia y convivencia cristianas. En el momento de la cena, los discípulos no hubieran entendido nada de todo lo que el discurso dice.

El mandamiento del amor sigue siendo tan nuevo que está aún sin estrenar. Y no se trata sólo de algo muy importante; se trata de lo esencial. Sin amor, no hay cristiano. Nietzsche llegó a decir: «solo hubo un cristiano, y ese murió en la cruz»; precisamente porque nadie ha sido capaz de amar como él amó. Como decíamos el domingo pasado, solo el que hace suya la Vida de Dios, será capaz de desplegarla en sus relaciones con los demás. La manifestación de esa Vida, es el amor efectivo a todos los seres humanos.

La pregunta que me tengo que hacer hoy es ésta: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita.

La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros.

Hemos insistido demasiado en lo accidental: el cumplimiento de normas, en la creencia en unas verdades y en la celebración de unos ritos, y apenas en lo esencial que es el amor.

Seguimos cometiendo el error de presentar el amor como un precepto. Así enfocado, no puede funcionar. Amar es un acto de la voluntad, cuyo único objeto es el bien conocido. Esto es muy importante, porque si no descubro la razón de bien, la voluntad no puede ser movida desde dentro. Si me limito a cumplir un mandamiento, no tengo necesidad de descubrir la razón de bien en lo mandado, sino solo obedecer al que lo mandó.

Aquí está el error. El que una cosa esté mandada, no me tiene que llevar a mí a cumplirla, sino a descubrir por qué está mandada; me tiene que llevar a ver en ella, la razón de bien. Si no doy este paso, será para mí una programación sin consecuencias en mi vida real.

Ahora es glorificado el Hijo de hombre y Dios es Glorificado en él. Jesús ha lavado los pies a los discípulos. Judas acaba de salir del cenáculo y la muerte de Jesús está decidida. ¿Dónde está la gloria? Allí donde se manifiesta el amor. Ese amor manifestado, es a la vez, la gloria de Dios y la gloria del hombre Jesús.

En el griego profano, «doxa» significaba simplemente opinión, fama. El «kabod» hebreo que traducen por doxa los LXX tenía un significado muy distinto. Por una parte, era la trascendencia y la santidad (majestad) de Dios que el hombre debe reconocer. Por otro, la manifestación de ese ser de Dios en acciones portentosas. Juan mantiene el sentido de «gloria» de Dios, que también atribuye al Hijo. Jesús en todas sus obras, manifiesta la «doxa» de Dios.

Lo original de Juan es que esa gloria no se manifiesta solo en los actos espectaculares de poder, sino en los que expresan sin ambigüedades el Amor-Dios. La gloria de Dios es el Amor manifestado.

No se trata pues, de fama y honor. Tampoco se trata de conceder majestad, esplendor o poder. La gloria de la que habla Juan no es una concesión externa; está en la misma esencia de la persona. Morir por los demás es la mayor gloria, porque es la mayor manifestación posible de amor.

La gloria de Jesús no es consecuencia de su muerte, es la misma muerte por amor. Ni Dios ni Jesús después de morir, pueden recibir otra clase de gloria. La única gloria que podemos dar a Dios es amar como Él ama.

Les llama «Hijitos» (teknia) diminutivo de (tekna). En castellano, el cariño se expresa mejor con el posesivo «hijitos míos». Esta expresión está justificada porque se trata de un momento íntimo y emocionante. Les anuncia su próxima muerte, por eso lo que sigue tiene carácter de testamento.

Lo que Jesús pide a los suyos es un amor incondicional y a todos sin excepción. Todas las normas, todas las leyes tienen que orientarse a ese fin.

Un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; igual que yo os he amado. El «igual que yo» no es solo comparativo, sino originante. Quiere decir que debéis amaros porque yo os he amado, y tanto como yo os he amado.

El Amor-Dios no se puede descubrir, pero se manifiesta en las obras. Se trata de la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda así establecida la diferencia entre las dos alianzas. La antigua estaba basada en una relación jurídica de toma y daca con Dios. En la nueva alianza lo único que importa es la actitud de servicio a los demás. No se trata de una ley, sino de una respuesta personal a lo que Dios es en nosotros. «Un amor que responde a su amor» (Jn 1,16).

Jesús no propone como primer mandamiento el amar a Dios, ni el amor a él mismo. No dice: Amadme como yo os he amado. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni Él necesita nada de nosotros, ni nosotros le podemos dar nada (ni siquiera gloria).

Dios es puro don, amor total. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa. El amor a los demás por Dios y no por ellos mismos, es una trampa que manifiesta nuestro egoísmo. El amar para que Dios me lo pague, no es más que una programación calculada. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios, sino con relación a la persona.

Jesús se presenta como «el hijo de Hombre» (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades humanas. Amar es la única manera de ser plenamente hombre. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, y después dice que vamos a cumplirlo todos. Jesús comienza por vivir el amor y después dice: ¡imitadme! El que le dé su adhesión quedará capacitado para ser hijo, para actuar como el Padre, para amar como Dios ama.

En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que os tenéis amor entre vosotros. El amor que pide Jesús no es una teoría, ni una doctrina. Tiene que manifestarse en la vida, en todos y cada uno de los aspectos de la existencia. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ni ritos, ni normas morales. El único distintivo debe ser el amor manifestado en todas y cada una de nuestras acciones. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación.

Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos, sino una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo y hermano.

«Que os améis unos a otros», se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Algunas formulaciones del NT, pueden dar pie a esta interpretación. No: desde cada comunidad cristiana, el amor tiene que llegar a todos. No se trata de amar a los que son amables (dignos de ser amados), sino de estar al servicio de todos como si fueran yo mismo. Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero.

No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor de Dios. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora.

Después de todo lo comentado en esta pascua, podemos hacer un resumen. La Vida, que se manifestó en Jesús, es el mismo Dios-Vida que se le había entregado absolutamente. Ese Dios-Vida, que también se da a cada uno de nosotros, nos lleva a la unidad con Él, con Jesús y con todos los hombres. Esa identificación absoluta, que se puede vivir, pero que no se puede ver, se manifiesta en la entrega y la preocupación por los demás, es decir, en el amor. El amor evangélico, no es más que la manifestación de la unidad vivida.

Meditación-contemplación

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo.»

El amor es la única respuesta posible al Amor, que es Dios.

Como ser humano, Jesús experimentó ese AMOR.

Toda su vida es consecuencia (manifestación) de esta vivencia personal.

…………………….

También para nosotros es ese el único camino.

Sin esa experiencia de que Dios es AMOR en mí,

el mensaje evangélico se quedará fuera de mi propio ser

y aceptado solo intelectualmente y como programación.

…………………….

El amor que me pide Jesús, no es algo que pueda tener su origen en mí.

Yo sólo puedo ser espejo que refleje lo que Dios es.

No se me exige simpatía o amistad hacia todos.

No se trata de un amor humano, sino del «ágape» divino.

……………………….

Fray Marcos

ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn.13.31-34;35)

•DOMINGO V DE PASCUA –C- ABRIL 28 de 013)

* EL EVANGELIO DE Juan, hoy, se integra muy bien en el misterio Pascual; Jesús resucitado deja como testamento y camino de resurrección el mandamiento del AMOR.
Eso quiere decir , que las personas , por la fe en Jesús Resucitado, quedamos implicadas en una obra de amor al estilo de Jesús.
Lo primero que es preciso constatar es que el contenido de ese mandamiento es más de tipo social que de tipo religioso. Amarse los unos a los otros no es sino tratar de poner en pie un nuevo tipo de relación. El Evangelio destaca la base de lo humano que son las relaciones entre las personas. El Evangelio es más social que lo que entendemos por religioso. Al fin y al cabo, el mensaje de Jesús es para el más acá no para más allá. Como creyentes tenemos que emplear en el día a día si queremos amar como Jesús : “También vosotr@s amaos unos a otros como Yo os he amado”. Es el verdadero distintivo que tenemos como creyentes:
“En esto conoceréis que sois discípulos míos”
* Desde niñ@s aprendimos que “la señal del cristiano es la santa cruz”,. Sí es verdad que Jesús Crucificado es signo de Amor hasta la muerte. Pero en el Evangelio se nos dice que la señal del cristiano. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos” es “Que os améis unos a otros” . Está claro que nos resulta más fácil los signos externos y nos cuesta más convertirnos de corazón a Cristo. Está claro que para los seguidores de Jesucristo debería ser el compromiso por los valores Evangélicos.
* Despertar la alegría en rostros apagados. Abrir brazos de amistad a quien se encuentra en la soledad o desolad@. Solidarizarse con los pobres, marginados, compartir, escuchar , acompañar, perdonar, dejarse amar, testimoniar esta palabra tan gastada “amor”. Vino Jesús y, con su venida, nos trajo una manera diferente de vivir. El, con sus enseñanzas y sobre todo con su vida, nos dejó un estilo nuevo para caminar, para dar sentido nuevo a la vida, para vivir con ilusión.
* Seguro que si hay el verdadero amor en nuestras vidas, la alegría, la ilusión, la felicidad… nos llenarán por dentro y por fuera de nosotr@s.

*ORACIÓN DESDE EL AMOR QUE ES VIDA
* Jesús de Nazaret la Palabra que tú nos dejaste como testamento, “AMAOS”, está en crisis también. Parece que a fuerza de usarla en anuncios, canciones, discursos, ha perdido su sentido.
Te pedimos, que nos la imprimas en la frente como un sello, que nos haga pensar en ella..
A la vez, te damos gracias por haber puesto en nuestro corazón el sentimiento más humano, más alegre y más sincero que existe: el amor. Gracias por ese Amor que tú nos regalas y que si lo vivimos, somos semejantes a Ti.
Que sepamos amar como tú, siguiendo tu ejemplo, Jesús de Nazaret que nace del servicio y de la entrega desinteresada a l@s demás. Optando por l@s más débiles, los que sufren y están al margen de la vida.
apasionad@s por la justicia y la paz, ofreciendo lo mejor de cada un@ para lograr una vida digna para tod@s.
abiert@s a l@s demás y a sus necesidades, compartiendo los dones recibidos, viviendo la alegría del dar. AMÉN
ZURIÑE

*ORAR CON EL EVANGELIO:Jn.10,27-30)

•DOMINGO 4º PASCUA. –C- (ABRIL 21 DE 2013)

• EL BUEN PASTOR CUIDA SUS OVEJAS.
* EL AMOR DE DIOS, ES UN AMOR DE PADRE, COMPÓRTEMONOS COMO HIJOS

• Escuchar la Palabra de Jesús es signo de que pertenecemos a su Reino. Si somos de El, no hay fuerza humana capaz de separarnos. Que sepamos llenarnos de alegría. El Padre nos ama, nosotr@s debemos responder a este amor.
* Y Jesús dijo: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen”
Jesús nos muestra como ha de ser el pastor, sí, humilde y bueno, pero ha de ser también inteligente y valiente, capaz de dirigir y defender a las ovejas. El pastor está dotado de toda la fuerza que le viene de Dios.
Jesús se nos presenta como modelo de pastor.
No quiere el pastor divisiones y guerras en su rebaño. Quiere que se multipliquen los encuentros, los entendimientos, los acercamientos. Quiere el diálogo, el perdón.
Es especialista en silbos y palabras. “Mis ovejas escuchan mi voz”. Su voz es suave y poderosa. Su palabra es consoladora. También su silencio llena. Habla con la mirada y los gestos. Sus palabras (si se escuchan) siempre llegan al corazón. Manos delicadas al curar heridas. Fuertes al romper ataduras o defender a l@s débiles.
El buen pastor está siempre dispuesto a ponerse en camino, sean fáciles o peligrosos. Sus pasos hacen camino. No tiene pereza a la hora de defender o buscar a una oveja por muy díscola que sea y sobre todo si está en peligro.
* Much@s han pasado por la vida dando ese mismo amor y siguen pasando, misioner@s, sacerdotes, cristianos y cristianas comprometidos que con su testimonio y su vida han sembrado el amor. Pastores de la Iglesia que la conducen hacia Dios… Hoy necesita la Iglesia, la sociedad de cristian@s que sepan continuar la labor iniciada de cuidar las ovejas y llevar el rebaño… Nosotr@s podemos aportar nuestro granito de arena. Una vez que nos sentimos querid@s y amad@s por Dios debemos transmitir ese Amor.

• ORACIÓN. JESÚS NOS DICE:
“YO SOY EL BUEN PASTOR”
* Sí Jesús de Nazaret. Eres buen pastor, porque conoces, y porque defiendes, porque curas,, y acaricias, porque perdonas, porque aguantas, porque sufres, porque arriesgas la vida, porque te haces comida, porque salvas.
* Eres Jesús de Nazaret, un gran Pastor, tu rebaño es innumerable, los que te siguen y te aman. Pero quieres ser el Pastor universal, todos en tu corazón; desde lo alto pastoreas y esperas.
Eres pastor humilde. Los rebaños poderosos no son tus preferidos. Prefieres las ovejas más débiles e indefensas, las heridas y maltratadas, muchedumbres anónimas.
Pero Tú conoces sus nombres, el de cada niño vendido o mutilado, el del inocente condenado, el de cada hambriento. Sabes los días que no comen los pobres, las noches que no duermen los enfermos, las horas sin libertad del prisionero.
*A ti, Jesús de Nazaret, buen pastor, te entusiasman las ovejas limpias, las que escuchan y guardan tu palabra, las que son alegres y amistosas, humildes y serviciales, las que comparten lo que tienen, las que son perseguidas por tu nombre.
* Jesús de Nazaret nuestro buen pastor queremos imitarte, ser pastores, pero nos falta tu estilo, tus gestos, tus modales.
Danos, Jesús de Nazaret una buena catequesis pastoral sobre el cuidado de las ovejas. Pero danos, sobre todo, tu caridad pastoral. Y con tu silbido, llama, sigue llamando, porque tú, BUEN PASTOR, sabes, que hace falta gente entregada, jóvenes y mayores, tod@s aportando nuestro “granito de arena”. AMÉN.

• SEGUIMOS ORANDO
•JESÚS DE NAZARET, SABEMOS QUE SIGUES
LLAMANDO.
• Una vez más el evangelio, tu Palabra, nos habla.
Aquí estamos, Señor. Queremos oír tus llamadas de Buen Pastor y saber responder. Nos ponemos en tus manos como el barro en las manos del alfarero.
Haz de nosotros testigos de la fe, para iluminar a los que andan perdidos. .Queremos seguir tus llamadas para llenar de esperanza e ilusión a los que la han perdido.
Queremos responder a tus llamadas para ser con nuestras vidas testigos de solidaridad..
En tu nombre, trabajaremos para conseguir más justicia en nuestro mundo, más paz entre los pueblos, más alegría en la vida, más ilusión en la Iglesia, gozo y esperanza en la misión que nos encomiendas a cada uno con tu llamada.
Y en tu nombre Jesús de Nazaret Buen Pastor, ayudaremos y llamaremos a otros, para seguir tu camino,
porque la mies es mucha y los trabajadores, pocos.
que sepamos seguirte a Ti, Buen Pastor. AMÉN
ZURIÑE

IV DOMINGO DE PASCUA, 21 de Abril de 2013, Jn. 10, 27-30

Escrito por José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Jn 10, 27-30

En estos domingos el evangelio está tomado de Juan. Terminados los textos correspondientes a la resurrección, en los domingos 4, 5 y 6 se hace una selección de textos que expresan el contenido de nuestra fe en Jesús. El pasaje de hoy muestra la imagen de Jesús-Pastor, que cuida de sus ovejas. Es la misión que ha recibido del Padre.

El texto culmina en una nueva profesión de fe en Jesús, tan característica de la cristología de Juan («Yo y el Padre somos Uno»).

Esta unidad de Jesús con el Padre puede llevarnos a disquisiciones de tipo metafísico, pero no está pensada desde esa óptica. Los versos siguientes lo aclaran bien. Los judíos quieren apedrearle acusándole de que «siendo hombre te haces Dios». Pero Jesús rechaza la acusación. Cita la Escritura (salmo 82,6) para mostrar que a los enviados por Dios se les llama dioses y argumenta que esto es más válido aún con él, que es «el que el Padre consagró y envió al mundo».

Juan usa varias veces la fórmula: «Yo estoy en mi Padre y el Padre está en mí». Para nosotros, la expresión más comprensible de esta teología sería otra frase del mismo cuarto evangelio en que Jesús, respondiendo a Felipe en la última cena, le dice:

«Tanto tiempo llevo con vosotros y ¿aún no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.»

Y, aparte de las consideraciones que se puedan hacer sobre cómo entendemos la naturaleza divina de Jesús, nos muestra un mensaje fundamental de nuestra fe: conocemos a Dios en Jesús. Y en esto consiste la esencia de nuestra fe: no solamente en que admiramos a Jesús y lo aceptamos y seguimos como maestro, sino que creemos que él es el Mediador, aquel hombre en quien podemos ver y oír a Dios.

Los textos de los Hechos y del Apocalipsis (y marginalmente también el evangelio) nos presentan una constante de la primera iglesia: la persecución. Fueron primero las autoridades judías de Jerusalén (lectura de Hechos del domingo pasado). En Jerusalén morirán por su fe en Jesús Esteban y Santiago. Ahora son las de las sinagogas de Antioquía y se repetirán varias otras veces. La predicación de Pablo estará llena de ellas. Y cuando la fe en Jesús se extienda por todo el Imperio Romano, se desatarán contra los cristianos otras persecuciones aún más terribles. Pedro y Pablo morirán en Roma en la persecución de Nerón. El Apocalipsis entero está escrito para confortar a los cristianos y mantener su fe en tiempos de persecución.

Y no es de extrañar, puesto que Jesús fue el primero. Jesús fue rechazado, y es éste un mensaje importante del cuarto evangelio: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron». La gente prefería un Mesías político, los fariseos y escribas lo tuvieron por hereje y pecador, los sacerdotes vieron en él un peligro para su religión y su poder, y el poder político prefirió matar a un inocente antes que enemistarse con las autoridades judías.

Más tarde, los intelectuales, los políticos, los adoradores de otros dioses, seguirán la persecución.

Esta constante en la vida de Jesús y en la vida de la iglesia nos lleva a dos consideraciones. En primer lugar, por qué. En segundo lugar, cómo nos afecta a nosotros.

Jesús es perseguido y la iglesia es perseguida porque van contra los criterios del mundo, lo que Juan llama «el mundo», «las tinieblas», lo que Pablo llama «la carne», «el cuerpo». Ser hijo de Dios, construir el reino, son desafíos a los que centran sus intereses en el poder, la posesión y disfrute de bienes… Andar por el mundo austeramente, sin mentir, sin perjudicar, respetando a los débiles, cuidando la naturaleza, dando la cara por la justicia… molesta. Cuando lo hizo Jesús molestó tanto que lo quitaron de en medio. Ésta es una de las dimensiones existenciales del Reino: la oposición de «el pecado», por llamarlo con un nombre genéricamente aceptado. En frase de Pablo:

«Todos los que quieran vivir religiosamente, como cristianos, sufrirán persecuciones» (2 Timoteo,3,12)

La segunda cuestión es nuestra situación ante la persecución. Es impensable que vivir los criterios del evangelio en un mundo que se rige por los opuestos no cueste ningún precio. En una sociedad tan «civilizada» como la nuestra el precio no será la condena a muerte, desde luego. Pero quizá sea no medrar en la empresa, no ser bien visto por el entorno social, no ser comprendido por tu familia, por tus padres o por tus hermanos o por tus hijos… Si hacemos una apuesta valerosa por una vida austera, por un compromiso por los más pobres, por una fidelidad absoluta a que sólo se sirve a Dios si se sirve al prójimo… no podemos esperar que nos traten como a personas «normales», porque molestaremos.

Pero nos encontramos con el sorprendente fenómeno de que esto no sucede. Y la consecuencia es estremecedora: no sucede porque nuestro compromiso con el evangelio es deficiente. Una de nuestras deficiencias más llamativas es la separación que hacemos entre la fe y el compromiso. Nos han atiborrado de dogma y de cumplimientos cultuales, pero seguir a Jesús es vivir como Él.

La historia de la Iglesia sabe mucho de personas, obispos, papas, órdenes religiosas… impecablemente ortodoxas y ajenas a toda austeridad de vida, a todo compromiso con la justicia, a todo sentimiento de servicio. Ésa ha sido, no pocas veces, una Iglesia ortodoxísima, pero escasamente seguidora de Jesús; y desde luego, no perseguida. Y no hablo de la Iglesia como institución oficial, ni de las Jerarquías de la Iglesia, sino de todos nosotros la iglesia, tengamos en ella el puesto que tengamos.

Cada uno sabrá, analizando a fondo su espíritu, qué persecuciones le costaría seguir a Jesús. Habrá, desde luego, una persecución desde dentro, la rebelión de «la carne» contra «el espíritu». En un mundo como el que vivimos, tan solicitados por innumerables «valores» que no son los de Jesús, cobran mayor fuerza que nunca conceptos como «vencerse a sí mismo», «elegir la senda empinada». Y creo que nos es especialmente aplicable eso de «no podéis servir a dos señores». Cada uno deberá hacerse la pregunta: «¿qué me cuesta mi fe?». Si no me cuesta nada es que no vale nada.

Me temo también que los dos señores a los que servimos son por un lado la fe teórica, la que profesamos en el Credo de la Misa, tan teológico y tan ignorante de toda práctica, y, por otro, nuestra condescendencia con los valores normales de nuestra sociedad. Servimos al primer señor porque tranquiliza nuestra conciencia religiosa. Y servimos al segundo porque nos apetece. El maridaje de estos dos señores se completa con el descubrimiento tranquilizador de Dios Padre.

Nuestra mediocridad no importa, puesto que Dios me seguirá perdonando. Y una vez más hemos dejado a Dios Padre en pura teoría, porque Dios Padre significa que somos hijos, responsables de su obra, de su reino, y si no lo somos todo pierde su significado.

El mundo entero vive una coyuntura histórica en la que la fuerza del pecado multiplicada por la ciencia y la tecnología está poniendo ya en peligro la subsistencia de la humanidad y hasta del planeta. Cada vez más pobres y cada vez más explotados. Cada vez más corrupción en los ámbitos del poder. Cada vez más peligro de que el planeta sea inhabitable… Los que quieran seguir a Jesús tendrán que tomarse en serio la salvación de la humanidad.

También ellos disponen de la ciencia y de la tecnología y de todo lo que el ser humano posee para multiplicar la eficacia del Espíritu. Si creemos que Jesús es el Salvador, o nos convertimos en salvadores, en creadores y defensores de humanidad, o no somos de Jesús. Aunque cueste persecución. Más bien, mejor si la cuesta.

Estas consideraciones, sin embargo, no deben hacernos olvidar el marco completo del mensaje de Jesús. Nuestra incorporación al Reino, nuestro seguimiento de Jesús, no se agota ni siquiera se define preferentemente por la cruz, la persecución. La cruz, la persecución son el precio, pero sólo el precio de «El Tesoro». Lo de Jesús sigue siendo «la Gran Noticia», y el estado de ánimo del que sigue a Jesús es siempre la alegría, la paz, la gratitud. Vendemos un campo, pero porque hemos encontrado un tesoro.

Haciendo una aplicación, con todo respeto y temor, a la vida misma de Jesús, podemos pensar que de ninguna manera se puede pensar en mejor vida, más satisfactoria, más plena, más humana y divina. Su destino es el mejor, y su satisfacción interior tuvo que ser radiante. A pesar de los trabajos, a pesar de las persecuciones, a pesar de la cruz. Porque estaba en el Reino, estaba en las cosas de su Padre. Pero es siempre una satisfacción, una alegría y una paz que nacen de dentro, no se reciben de fuera. Es esto también un modelo perfecto para nosotros. Por encima de todas las satisfacciones que vienen de fuera, lo nuestro es sentirnos bien desde dentro. Mejor que buscar tesoros pequeños y perecederos, buscamos servir a los hijos de nuestro Padre. Y nos encontramos con que, a cualquier precio, en medio de cualquier persecución, no se cambia ni se enturbia la fuente profunda de nuestro bien-estar, que nace de la seguridad de poseer el tesoro, de estar donde debemos estar, en las cosas de nuestro Padre.

José Enrique Galarreta

PASKOALDIKO IV. IGANDEA, JESUSI ENTZUN ETA JARRAITU-ESCUCHAR Y SEGUIR A JESÚS

Juan 10, 27-30

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Negua zen. Jesus paseatzen zebilen Salomonen arkupean, Tenpluko zabalgune handia inguratzen zuten aire zabaleko galerietako batean. Arkupe hau, zehazki, sarritan erabiltzen zuen jendeak; izan ere, itxuraz, murru batek babesten zuen haizearen kontra.

Laster batean, judu-talde bat bildu da Jesusen inguruan. Tirabiratsua da elkarrizketa. Galde eta galde jazarri diote juduek Jesusi. Honek bere mezua eta jarduera ez onartu izana aurpegiratzen die. Zehazki, diotse: «Zuek ez duzue sinesten, ez baitzarete nire ardietarik». Zer esan nahi du, ordea, metafora honek?

Oso argi mintzo da Jesus: «Nire ardiek entzuten dute nire ahotsa, eta ezagutzen ditut nik; haiek jarraitzen didate, eta betiko bizia ematen diet nik». Jesusek ez du inor behartzen. Soilik, dei egiten du. Hari jarraitu ala ez, gutako bakoitzaren esku dago. Soilik, entzuten eta jarraitzen badiogu izango dugu modua Jesusekin betiko bizira eramaten duten harremanak izateko.

Kristau batentzat ez da ezer funtsezkoagorik, Jesusen jarraitzaile bezala bizitzea baino. Kristauen arrisku handia da beti Jesusen jarraitzaile direla esatea, zinez izan gabe. Izatez, gure elkarteetatik urrunduz joan den jende asko, Jesusen urratsei jarraituz bizitzeko erabakia hartzen inork lagundu izan ez diona da.

Alabaina, horixe da kristau baten lehen erabakia. Dena aldarazten duen erabakia da; izan ere, Kristori atxikitzea eta Elizako kide izatea modu berri batean bizitzen hastea dakar erabaki horrek: noizbait ere, kristau-erlijioaren bidea, egia, zentzua eta zergatia aurkitzea.

Eta erabaki hori hartzeko lehen gauza Jesusen deia entzutea da. Ezin ekin dio inork ere Jesusen urratsei jarraitzeari bere intuizio propioaz edo haren ideala bizitzeko bere gogo hutsaz. Hari jarraitzen, orduan hasten gara: Kristok erakartzen eta dei egiten digula sentitzen dugunean. Horregatik, fedea ez da lehenik eta behin Jesusez zerbait sinestea, baizik hari berari sinestea, harengan beragan sinestea.

Jesusi benetan jarraitzea falta denean, norberaren bihotzean eta fededunen elkartean zaintzen eta behin eta berriz baiesten ez denean, fedeak arrisku hau izaten du: mugaturik gelditzekoa sinesgai batzuk onartzera, betebehar erlijioso batzuk praktikatze hutsera eta Elizaren diziplinari obedientzia eskaintze hutsera.

Halakoetan, gauza erraza izaten da erlijioa betetzearekin konformatzea, igande bakoitzean entzuten dugun ebanjeliotik Jesusek egiten digun deiak koloka jar gaitzan utzi gabe. Erlijio horren baitan dago Jesus, bai, baina ez gaitu arrastatzen bere urratsen ondoren. Konturatu gabe, ohikeriaz eta era errepikagarrian bizitzen ohitzen gara. Sormena, berrikuntza eta poza falta ohi zaizkigu, Jesusi nola jarraituko ahalegintzen direnek izan ohi dituztenak.

Juan 10, 27-30

ESCUCHAR Y SEGUIR A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 17/04/13.- Era invierno. Jesús andaba paseando por el pórtico de Salomón, una de las galerías al aire libre, que rodeaban la gran explanada del Templo. Este pórtico, en concreto, era un lugar muy frecuentado por la gente pues, al parecer, estaba protegido contra el viento por una muralla.

Pronto, un grupo de judíos hacen corro alrededor de Jesús. El diálogo es tenso. Los judíos lo acosan con sus preguntas. Jesús les critica porque no aceptan su mensaje ni su actuación. En concreto, les dice: «Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas». ¿Qué significa esta metáfora?

Jesús es muy claro: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna». Jesús no fuerza a nadie. Él solamente llama. La decisión de seguirle depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jesús esa relación que lleva a la vida eterna.

Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidores de Jesús. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.

Sin embargo, ésa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la religión cristiana.

Y lo primero para tomar esa decisión es escuchar su llamada. Nadie se pone en camino tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.

Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.

Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

 

III DOMINGO DE PASCUA, 14 ABRIL 2013, Jn. 21, 1-19

LA VIDA DIOS ESTABA EN JESÚS Y ESTÁ EN NOSOTROS

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 21, 1-19

No es posible explicar en qué consiste la experiencia pascual. Se trata de una experiencia interior que, o se tiene y entones no hay que explicar nada, o no se tiene y entonces no hay manera humana de explicarla. Esta simple constatación es la clave para afrontar los textos evangélicos que quieren transmitir dicha experiencia. No hay ni palabras ni conceptos para poder meter la realidad vivida, por eso los primeros cristianos acudieron a los relatos simbólicos.

El objeto de esos textos no es explicar ni convencer, sino invitar a la misma experiencia que hizo posible la absoluta seguridad de que Jesús estaba vivo. Descubriremos la fuerza arrolladora de esa Vida y podremos intuir la profundidad del cambio operado en ellos.

Las autoridades religiosas y romanas no solo pretendieron matar a Jesús, sino borrarle de la memoria de los vivos. La crucifixión llevaba implícita la absoluta degradación del condenado y la práctica imposibilidad de que esa persona pudiera ser rehabilitada de ninguna manera.

La probabilidad de que Pilato condenara a la cruz a Jesús por la mañana y por la tarde permitiera que fuera enterrado con aromas y ungüentos, en un sepulcro nuevo, es nula. Pero es lógico, que los primeros cristianos tratasen de eliminar las connotaciones aniquilantes de la muerte de Jesús. También es natural que, al contar lo sucedido a los que no conocieron los hechos, tratasen de omitir todo aquello que había sido inaceptable para ellos mismos y los sustituyeran por relatos más de acuerdo con su deseo.

En el relato que hoy leemos, nada es lo que parece. Todo es mucho más de lo que parece. Responde a un esquema teológico definido, que se repite en todas las apariciones. No pretenden decirnos lo qué pasó en un lugar y momento determinado, sino transmitirnos una experiencia de una comunidad que está deseando que otros cristianos vivan la misma realidad que ellos estaban viviendo. En aquella cultura, la manera de transmitir ideas, era a través de relatos, que podían estar tomados de la vida real o bien ser construidos para el caso.

«Se manifestó» (ephanerôsen) tiene el significado de «surgir de la oscuridad». Implica una manifestación de lo celeste en un marco terreno.

«Al amanecer», cuando se está pasando de la noche al día, los discípulos pasan de una visión terrena de Jesús a través de los sentidos, a una experiencia interna que les permite descubrir en él lo que no se puede ver ni oír ni tocar.

Seguimos el esquema, de que hablábamos el domingo pasado.

1º Situación dada.- Los discípulos están pescando, es decir, habían vuelto a su tarea habitual. Nada más contrario a una búsqueda específica de algo espiritual. Ajenos a lo que les va a pasar, y por lo tanto, ni lo esperan ni lo buscan.

Los discípulos están juntos, es decir, forman comunidad. No se hace alusión a los doce. Aparece el siete que es un número de plenitud, referido a todas las naciones paganas. Misión universal de la nueva comunidad.

La pesca es la imagen del resultado de la misión. «Aquella ‘noche’ no cogieron nada». Este dato es de vital importancia para comprender el mensaje. La noche significa la ausencia de Jesús. Sin él, la labor misionera es infructuosa y estéril. Veis cómo el relato distorsiona la realidad a favor del simbolismo. La pesca se hace siempre de noche, no de día. Sin embargo aquella a la que se refiere el relato, se consigue cuando se siguen las directrices de Jesús.

2º Jesús se hace presente.- Toma la iniciativa y, sin que ellos lo esperen, aparece. La primera luz de la mañana es señal de la presencia de Jesús. Continúa el lenguaje simbólico. Jesús es la luz que permite trabajar y dar fruto. Jesús no les acompaña; su acción en el mundo se ejerce por medio de los discípulos. Las palabras de Jesús son la clave para dar fruto. Cuando siguen sus instrucciones, encuen¬tran pesca y le descubren a él mismo.

3º Saludo.- Una conversación que pretende acentuar la cercanía. «Muchachos» (paidion) diminutivo de «país»=niño. Es el «chiquillo de la tienda». Al darles ese nombre, está exigiéndoles una disponibilidad total.

Por parte de Jesús, la obra está terminada. Él tiene ya pan y pescado. Ellos tienen que seguir buscando y compartiendo ese alimento. Jesús sigue en la comunidad, pero sin actuar directamente en la acción que ellos tienen que realizar.

4º Lo reconocen.- La dificultad de reconocimiento se manifiesta en que sólo uno de los discípulos lo descubre. No el que mejor vista tiene, sino el que está más identificado con Jesús. Reconoce al Señor en la abundancia de peces, es decir, en el fruto de la misión. Sólo el que tiene experiencia del amor de Jesús, sabe leer las señales.

El éxito, es señal de la presencia del Señor. El fracaso delataba la ausencia del mismo. Juan Comunica su intuición a Pedro. Así se centra la atención en éste para introducir lo siguiente.

Pedro no había percibido la presencia, pero al oír al otro discípulo comprendió enseguida. El cambio de actitud de Pedro, reflejado de un modo simbólico en la palabra «se ató». La misma que utilizó el evangelista Juan para designar la actitud de servicio cuando Jesús se ató el delantal en el relato de la última cena.

Se tira al agua después de haberse ceñido el símbolo del servicio, dispuesto a la entrega. Sólo Pedro se tira al agua, porque sólo él necesita cambiar de actitud. Jesús no responde al gesto de Pedro; responderá un poco más tarde.

No ven primero a Jesús, sino fuego y la comida, expresión de su amor a ellos. Son los mismos alimentos que dio Jesús antes de hablar del pan de vida. Allí el pan lo identificó con su carne, dada para que el mundo viva. Es lo que ahora les ofrece. El alimento que les da él se distingue del que ellos logran por su indicación. Hay dos alimentos: uno es don gratuito, otro se consigue con el esfuerzo personal. El primero lo aporta Jesús. El segundo lo deben poner ellos. No tiene sentido comer con Jesús si no se aporta nada.

El don de sí mismo queda patente por la invitación a comer. Su presencia en el don, es tan perceptible que no deja lugar a duda. Es claro el paralelismo con la escena de la multiplicación de los panes. Es el mismo alimento, pan y pescado y las mismas acciones de Jesús. Jesús es ahora el centro de la comunidad, donde irradia la fuerza de vida y amor. Esa presencia hace capaces a los suyos de entregarse como él. Al decirnos que es la tercera vez que se aparece, significa que es la definitiva. No tiene sentido esperar nuevas apariciones..

5º La misión.- Hoy se personaliza la misión en otro personaje, Pedro. Sólo él lo había negado. Había reconocido a Jesús como Señor, pero no lo aceptaba como servidor a imitar. Con su pregunta, Jesús trata de enfrentar a Pedro con su actitud. Sólo una entrega a los demás como la de Jesús, podrá manifestar su amor.

La respuesta es afirmativa, pero evita toda comparación. Jesús usa el verbo «agapaô» = amor-amor. Pedro contesta con «phileô» =querer, amistad. Pedro empieza a comprender. Jesús no es el Señor, sino el amigo.

Apacentar, ‘procurar pasto’ es comunicar Vida. Jesús le pide la muestra de ese amor. Solo puede hacerse en unión con Jesús. Pedro le había negado porque no estaba dispuesto a arriesgar su vida. Debe renunciar a toda idea de Mesías que no coincida con lo que Jesús es.

«Corderos» y «ovejas» indican a los pequeños y a los grandes. Para la misión Jesús es modelo de pastor, que se entrega por su rebaño. Para la comunidad, es el único pastor.

Al preguntarle por tercera vez, pone en relación este episodio con las tres negaciones de Pedro. Espera de Pedro una rectificación definitiva y total. Ahora es Jesús el que usa el verbo «phileô» me quieres, que había utilizado Pedro. Le hace fijarse en ello y le pregunta si está seguro de lo que ha afirmado.

Ser amigo significa renunciar al ideal de Mesías que él se había forjado. Jesús no pretende ser servido, sino que, como él, sirva a los demás. Pedro comprende que la pregunta resume su historia de oposición al designio de Jesús.

Meditación-contemplación

Jesús se manifestó de esta manera.

No hay nada espectacular en esa presencia.

Solo el discípulo más cercano a Jesús, lo reconoce.

Esta es la clave de todo el relato.

…………………

Si vivo la presencia de Jesús dentro de mí,

lo descubriré en los acontecimientos más sencillos de la vida.

Si no lo he descubierto en mí,

lo buscaré en personas o hechos espectaculares.

……………………..

Si pongo amor en las cosas que hago,

estaré haciendo presente al Dios manifestado en Jesús.

La clave no está en la realidad, sino en mi actitud ante esa realidad.

Descubrir esa presencia, es la tarea de todo cristiano.

…………………….

Fray Marcos

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn.21,1-19)

• DOMINGO 3º – C – ABRIL 14 de 2013
* El tiempo Pascual es tiempo propicio para el agradecimiento, la alabanza y la adoración.
Otro tema fuerte es la proclamación de la fe. En el Evangelio de hoy lo proclama el discípulo amado: “ES EL SEÑOR”. La fe se traduce en diversas expresiones y modos de vivirla. Movidos por la fe y con la fuerza del Espíritu, los apóstoles dan un testimonio valiente. Por la fe, Pedro se echa al agua para ir al encuentro de Jesús, mientras que los demás, también movidos por la fe, llevan la barca a la orilla…
La muerte y resurrección de Jesús es la gran señal del Amor y esto les ha hecho fuertes. Y la fe les ha hecho seguidores fieles y testigos gozosos de Jesús. Y ¿a nosotr@s?
* El evangelio de hoy nos habla de Jesús junto al lago de Tiberiades, al amanecer. Se dio a conocer por la Palabra y la pesca. Jesús es buen pescador, y entiende el secreto del mar y de las olas.
* Estos signos de Jesús, tienen varios niveles de lectura, para nuestra reflexión y oración.
* La pesca está apuntando al trabajo evangelizador. Un trabajo que ha de contar con la presencia de Jesús. Porque sin mi, “nada”.
* La abundancia de peces está significando a la Iglesia, llamada a crecer en todos los pueblos, llamada a salvar a tod@s, llamada a unir a tod@s las razas y culturas.
* A través de estos encuentros con Jesús se empieza a constituir la Iglesia. Del misterio Pascual nace la Iglesia. La quiere. Sencilla, cercana, dialogante, celebrativa, orante. Comprometida con los pobres.
* Jesús prepara el almuerzo: unas brasas y pescado, naturalmente no podía faltar el pan.
* Jesús invita: Vamos a almorzar. Jesús quiere saciar nuestras hambres.
* Jesús se acerca:
* Jesús toma el pan y se lo da… Todos estos gestos nos anuncian la Eucaristía
* En estos encuentros Pascuales hay Eucaristía y hay Iglesia. Está Cristo Resucitado y personas resucitadas, hay Palabra y hay Pan partido, hay fe y hay amor, hay comunión y hay entrega. Esto es la iglesia, la comunidad reunida, eso es la Eucaristía. Que la reflexión nos lleve a la Oración y ésta a la vida para dar vida.
Hoy también el Señor nos hace la misma pregunta que a Pedro: ¿Me amas?…

*ORACIÓN
* Jesús Resucitado, te damos gracias porque sales a nuestro encuentro como hiciste con los discípulos en la orilla del lago…
Te damos gracias, porque, como a los primeros discípulos nos invitas a compartir contigo el pan de la amistad y la misión que has recibido del Padre.
* Jesús Resucitado: Los apóstoles salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada”.
Muchas veces nosotr@s nos esforzamos en conseguir algo, pero nos sentimos “frustrad@s” cuando no lo logramos… Así les pasa a los apóstoles, al perder el tiempo.
Esta valoración humana de la realidad seguramente no coincide con el estilo cristiano de hacer las cosas. Pero nos suele pasar con frecuencia.
* También experimentamos que contigo, Jesús de Nazaret Resucitado, cambia el panorama.
“Echaron la red, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces”.
Este milagro es muy significativo, si lo aplicamos a nuestro vivir, a nuestra actividad apostólica.
Tú nos dices; “Echad la red… y encontraréis”.
Quieres que seamos nosotros los que ponemos medios, ser constantes, dar ejemplo, servir a l@s demás, dar a conocer el Evangelio, compartirlo en comunidad, en grupo… lo demás, te atañe a Ti, Jesús, sabiendo que el resultado no es el número ni lo espectacular, sino la actitud en la acción y la calidad del esfuerzo.
¿Cómo formar comunidad, para “echar la red?
Es en la Eucaristía donde Tú, Jesús,”tomas el Pan y nos lo das”, para que, “sabiendo bien que eres el Señor” permanezcamos en la tarea “de echar la red” y reconstruir la Iglesia. Danos Jesús de Nazaret Resucitado, Amor, entrega, valentía y quita nuestros miedos.
Únicamente nos pides que sepamos reconocer que Tú nos amas, y que deseemos seguirte, sin miedos, respondiendo a tu Amor y a tu llamada.
Jesús, haznos ser como Tú, PAN QUE SE PARTE Y REPARTE. AMÉN
ZURIÑE

PASKOALDIKO III. IGANDEA, EGUNSENTIAN-AL AMANECER, Jn. 21, 1-19

EGUNSENTIAN

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Joanen ebanjelioaren epilogoak, Jesus berpiztuak eta ikasleek, Galileako aintziraren ertzean, egin duten topo egite bat dakar. Kontakizun hori idatzi denean, kristauak momentu gogorrak ari dira bizitzen: probaldia eta pertsekuzioa; batzuek uko egin diote fedeari. Kontalariak irakurleen fedea biziberritu nahi du.

Hurbil da iluna eta ikasleak arrantzura irten dira. Ez daude Hamabiak. Taldea hautsi egin da haien Maisua gurutzean josi dutenean. Jesusi jarraitzeko alde batera utziak zituzten beren ontzi eta sareetara itzuli dira. Bukatu da dena. Bakarrik daude berriro.

Arrantzua erabateko porrota izan da. Kontalariak indartsu azpimarratu du: «Irten ziren, ontziratu ziren eta gau hartan ez zuten ezertxo ere harrapatu». Sareak hutsik itzuli dira. Ez ote da hau bera kristau-elkarte ez gutxiren esperientzia, beren indar eta ahalmen ebanjelizatzaileak ahuldurik ikustean?

Sarritan, gizarte axolagabearen barnean doi-doi izaten du emaitzarik gure ahaleginak. Geuk ere sareak hutsik direla egiaztatzen dugu. Aise sor daiteke adore-faltaren eta etsipenaren tentazioa. Nola eutsi geure fedeari eta biziberritu hura?

Porrotaren testuinguru honetan, kontakizunak dio «eguna argitzen ari zela, Jesus aintzira-ertzean agertu zenean». Alabaina, ikasleek ez diote antzeman ontzitik. Agian distantziagatik, agian egunsentiko lainoagatik eta, seguruena, bihotzeko tristurak ikustea galarazten dielako. Jesus hizketan ari zaie, baina «ez zekiten Jesus zela».

Ez ote hau bera jasaten ari garen krisi erlijiosoaren ondorio kaltegarrienetako bat? Nola biziraungo kezkaturik, geure ahuldadea gero eta argiago egiaztaturik, ez zaigu gauza batere erraza gertatzen Jesus berpiztuaren presentzia geure baitan hautematea, Ebanjeliotik mintzo zaigunean eta eukaristi afariaz elikatzen gaituenean.

Jesusek maite duen ikasle hura izan da lehenik antzeman diona: «Jauna da!» Ez daude bakarrik. Dena has daiteke berriro. Dena izan daiteke desberdin. Apaltasunez baina fedez, Pedrok aitortuko du bere bekatua eta agertuko dio Jesusi bere zinezko maitasuna: «Jauna, zuk badakizu maite zaitudala». Gainerako ikasleek ezin sentitu dute horixe besterik.

Geure kristau-talde eta elkarteetan Jesusen lekukoren beharra dugu. Geure porrotaren eta ahuldadearen esperientziaren erdian, beren bizieraz eta hitzez Jesusen presentzia bizia aurkitzen lagunduko diguten fededunen beharra dugu. Jesusekiko geure konfiantza hazirik irtengo gara kristauok krisialdi honetatik. Gaur ez gara gai barruntatzeko konfiantza horrek zer-nolako indarra duen, adore-falta eta etsipen horretatik irteten laguntzeko.

3 Pascua (C) Juan 21, 1-19

AL AMANECER

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 10/04/13.- En el epílogo del evangelio de Juan se recoge un relato del encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos a orillas del lago Galilea. Cuando se redacta, los cristianos están viviendo momentos difíciles de prueba y persecución: algunos reniegan de su fe. El narrador quiere reavivar la fe de sus lectores.

Se acerca la noche y los discípulos salen a pescar. No están los Doce. El grupo se ha roto al ser crucificado su Maestro. Están de nuevo con las barcas y las redes que habían dejado para seguir a Jesús. Todo ha terminado. De nuevo están solos.

La pesca resulta un fracaso completo. El narrador lo subraya con fuerza: «Salieron, se embarcaron y aquella noche no cogieron nada». Vuelven con las redes vacías. ¿No es ésta la experiencia de no pocas comunidades cristianas que ven cómo se debilitan sus fuerzas y su capacidad evangelizadora?

Con frecuencia, nuestros esfuerzos en medio de una sociedad indiferente apenas obtienen resultados. También nosotros constatamos que nuestras redes están vacías. Es fácil la tentación del desaliento y la desesperanza. ¿Cómo sostener y reavivar nuestra fe?

En este contexto de fracaso, el relato dice que «estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla». Sin embargo, los discípulos no lo reconocen desde la barca. Tal vez es la distancia, tal vez la bruma del amanecer, y, sobre todo, su corazón entristecido lo que les impide verlo. Jesús está hablando con ellos, pero «no sabían que era Jesús».

¿No es éste uno de los efectos más perniciosos de la crisis religiosa que estamos sufriendo? Preocupados por sobrevivir, constatando cada vez más nuestra debilidad, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado, que nos habla desde el Evangelio y nos alimenta en la celebración de la cena eucarística.

Es el discípulo más querido por Jesús el primero que lo reconoce:«¡Es el Señor!». No están solos. Todo puede empezar de nuevo. Todo puede ser diferente. Con humildad pero con fe, Pedro reconocerá su pecado y confesará su amor sincero a Jesús:«Señor, tú sabes que te quiero». Los demás discípulos no pueden sentir otra cosa.

En nuestros grupos y comunidades cristianas necesitamos testigos de Jesús. Creyentes que, con su vida y su palabra nos ayuden a descubrir en estos momentos la presencia viva de Jesús en medio de nuestra experiencia de fracaso y fragilidad. Los cristianos saldremos de esta crisis acrecentando nuestra confianza en Jesús. Hoy no somos capaces de sospechar su fuerza para sacarnos del desaliento y la desesperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

II DOMINGO DE PASCUA, 7 de Abril de 2013, Jn. 20, 19-31

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 20, 19-31

COMO JESÚS, PUEDO RESUCITAR ANTES DE MORIR

Lo que los textos del NT quieren expresar con la palabra resurrección, es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es mucho más profundo que la creencia en la reanimación de un cadáver. Fue la manera más convincente de trasmitir la vivencia de lo que Cristo fue para los primeros seguidores, después de la desoladora experiencia de su pasión y muerte. Lo que quieren trasmitir es la experiencia pascual de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos su misma vida. Éste es el mensaje de Pascua.

Sin esa Vida que va más allá de la vida, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido.

Como todos los años leemos este mismo evangelio y lo explicamos el año pasado, vamos a referirnos hoy al aspecto general de la experiencia pascual. Los exegetas han rastreado los primeros escritos del NT y han llegado a la conclusión de que la cristología pascual no fue ni la primera ni la única forma de expresar la experiencia que de Jesús tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron entre los primeros cristianos, antes o al mismo tiempo de hablar de resurrección.

En las primeras comunidades, se habló de Jesús como el juez escatológico que vendría al fin de los tiempos a juzgar, a salvar definitivamente. Fijándose en la predicación por parte de Jesús de la inminente venida del Reino de Dios y apoyados en el AT, pasaron por alto otros aspectos de la figura de Jesús y se fijaron en él como el Mesías que viene a salvar definitivamente a su pueblo. Predicaron a Jesús el Cristo (Ungido), como dador de salvación última sin hacer referencia explicita al hecho de la resurrección.

Otra cristología que se percibe en los textos que han llegado a nosotros de algunas comunidades primitivas, es la de Jesús como taumaturgo. Manifestaba con su poder de curar, que la fuerza de Dios estaba con él. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la comprensión de Jesús. Esta cristología es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que podría tener. En los evangelios se utiliza y se critica a la vez.

Una tercera cristología, que tampoco se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro que conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría, incluso personalizada, que Dios hace llegar a los seres humanos para que encuentren su salvación.

Con el tiempo, todas estas maneras de entender a Cristo, fueros concentrándose hasta cristalizar en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar de una manera convincente la vivencia de los seguidores de Jesús después de su muerte.

Sin embargo incluso la cristología pascual más primitiva, tampoco hace referencia explícita a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada en una primera instancia, como exaltación y glorificación del humillado injustamente, tomando como modelo una vez más el AT y aplicando a Jesús la idea del justo doliente.

La mayoría de los exegetas están de acuerdo en que ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe. Más bien fueron una forma de comunicar una vivencia que va mucho más allá de lo que pueden expresar fenómenos perceptibles por los sentidos.

Los relatos de apariciones y del sepulcro vacío, se habrían elaborado poco a poco como leyendas sagradas, muy útiles en el intento de comunicar con imágenes vivas la experiencia pascual. Esa vivencia no se logró de la noche a la mañana, sino que fue fruto de un proceso interior en el que tuvieron mucho que ver las reuniones de los discípulos. Todos los relatos hacen referencia, implícita o explícita a la comunidad reunida.

En ninguna parte del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no puede ser un fenómeno constatable empíricamente; cae fuera de nuestra historia, no puede ser objeto de nuestra percepción sensorial. Todos los intentos por demostrar la resurrección como un fenómeno verificable por los sentidos, están de antemano abocados al fracaso. Toda discusión científica sobre la resurrección es una estupidez.

Cuando decimos que no es un hecho «histórico», no queremos decir que no fuera «real». El concepto de real, es más amplio que lo sensible o histórico. Aquí el racionalismo nos juega una mala pasada.

En Jesús no pasó nada, pero en los discípulos se dio una enorme transformación que les hizo cambiar toda su manera de entender la figura de Jesús. Sería muy interesante el descubrir cómo llegaron los discípulos a ese descubrimiento, sobre todo teniendo en cuanta que en los momentos de dificultad todos le abandonaron a su suerte. Ese proceso de «iluminación» de los primeros discípulos se ha perdido. No solo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque ese mismo proceso tiene que realizarse en nosotros si queremos entrar en la dinámica de la experiencia Pascual.

Con el concepto de resurrección se quiere expresar la idea de que la muerte no fue el final. Su última meta fue la Vida no la muerte. La misma Vida de Dios, como dice Juan: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre«. Vaciándose del «ego», queda en él lo que había de Dios. No cabe mayor glorificación.

«Aquilatar» el oro, quiere decir que se le van quitando las impurezas. 12, 18, 22; hasta llegar a 24 quilates que es oro puro, no le queda nada de la mezcla, ya no se puede ir más allá. Este vaciamiento no supone la anulación de la «persona», sino su potenciación. Desde la antropología judía se puede entender muy bien. El hombre tiene que ascender desde la carne al espíritu.

Las apariciones a los doce (comunidad) son el fundamento de la credibilidad de los apóstoles y la justificación de la misión al mundo. Todas las apariciones responden al mismo patrón. Cinco elementos que conforman un esquema teológico y nos dan la clave de interpretación:

a) Una situación dada. Jesús se hace presente en la vida real. La nueva manera de estar presente Jesús no tiene nada que ver con el templo o con los ritos religiosos. Ni siquiera están orando cuando se hace presente. El movimiento cristiano no empezó su andadura como una nueva religión, sino como una forma de vida. De hecho los romanos los persiguieron por ateos. En todos los relatos de apariciones se quiere decir a los primeros cristianos que en los quehaceres de cada día se tiene que hacer presente Cristo. Si no lo encontramos en las situaciones de la vida real, no lo encontraremos en ninguna parte

b) Jesús sale al encuentro inesperadamente. Este aspecto es muy importante. Él es el que toma siempre la iniciativa. La presencia que experimentan, no es una invención ni surge de un deseo o expectativa de los discípulos. A ninguno de ellos les había pasado por la cabeza que pudiera aparecer Jesús una vez que habían sido testigos de su fracaso y de su muerte. Quiere decir que el encuentro con él no es el fruto de sus añoranzas o aspiraciones. La experiencia se les impone desde fuera desde una instancia superior.

c) Jesús les saluda. Es el rasgo que conecta lo que está sucediendo con el Jesús que vivió y comió con ellos. La presencia de Jesús se impone como figura cercana y amistosa, que manifiesta su interés por ellos y que trata de llevarles a su plenitud de vida.

d) Hay un reconocimiento, que se manifiesta en los relatos como problemático. No dan ese paso alegremente, sino con muchas vacilaciones y dudas. En el relato de hoy se pone de manifiesto esa incredulidad personalizada en una figura concreta, Tomás. No quiere decir que Tomás fuera más incrédulo que los demás, sino que se insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptar la nueva realidad.

e) Reciben una misión. Esto es muy importante porque quiere dejar bien claro que el afán de proclamar el mensaje de Jesús, que era una práctica constante en la primera comunicad, no es ocurren¬cia de los discípulos, sino encargo expreso del mismo Jesús, que ellos aceptan como la tarea más urgente que tienen que llevar a cabo.

Meditación-contemplación

«Dichosos los que crean sin haber visto».

La respuesta de Jesús a Tomás parece pertinente,

pero no tiene ninguna lógica interna,

porque Tomás ve al hombre Jesús y confiesa al Hombre-Dios.

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Yo quiero ser ese «incrédulo«, que hace la confesión sobre Jesús

más profunda, más absoluta, más rotunda y más sublime.

Lo que afirma no se deduce de lo que ve ni de lo que toca,

sino que es la expresión plástica de toda una experiencia pascual.

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Sin experiencia, puede haber creencia, nunca fe.

Más allá de todo lo que he oído y aprendido sobre Jesús,

tengo que tratar de descubrirle vivo y dándome esa misma Vida.

Se trata de la misma Vida de Dios, que él tenía en vida.

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Fray Marcos