*ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.26, 14-27)

  • DOMINGO DE RAMOS -A -(ABRIL 13 de 2014)

Celebrar la Semana Santa es una oportunidad para entrar en la vivencia de los sentimientos y actitudes de Jesús en la última etapa de su vida.
En esta fiesta, se juntan, los cánticos de júbilo, la alegría y el gozo, la vida, con la pena, el dolor,
La tortura, la muerte.
Tenemos que reflexionar en este día, que no celebramos la muerte como final, sino la vida. Esa VIDA que nos da Cristo que muere crucificado pero vive.
Jesús, se sabe en las manos del Padre que le ama, pase lo que pase. Por eso, siguiendo la voluntad de ese padre “organiza” su entrada triunfal en Jerusalén, montado en un borriquillo y aclamado como Rey.
Es la primera ocasión de su vida en que acepta ser aclamado como rey, como Mesías. Ya no importa que se lo digan unos a otros ya no está la prohibición de “no se lo digáis a nadie”. Es más, el mismo acepta que lo aclamen como mesías, pero no por el poder y la gloria humana, sino en la humildad y sencillez de quien entra triunfante sobre un borriqillo. Jesús no camina tras el éxito ni busca el aplauso de los hombres. Jesús busca en todo hacer la voluntad del Padre. Y sabe lo que estas alabanzas entrañan, a El no le engaña nada, ni nadie.
Nuestro mundo necesita experimentar el amor de Dios y creer en El. La vivencia y el compromiso que implican la celebración del Misterio pascual de Jesús nos llaman a ser testigos gozosos, auténticos y creíbles de Jesús, el crucificado el resucitado. En la cruz Él nos ha comunicado que ha muerto por amor a nosotros.
Vivamos la Semana Santa haciendo nuestro el paso de la muerte a la vida, comunicando nosotros a todos el Amor apasionado de dios Padre a todos los seres humanos de nuestro tiempo, y de todos los tiempos.
El, nos dijo: “Nadie tiene Amor más grande que el que da la vida por sus amigos” El, Jesús dio toda su Vida, por nosotr@s.

* ORACIÓN
* Jesús de Nazaret, Misericordioso. Comenzamos hoy la Semana Santa junto a Ti.
Hoy en tu Entrada Triunfal en Jerusalén, y también durante toda esta Semana Santa, queremos acompañarte, contemplarte y aprender a aceptar la Cruz como tú lo haces, seguir tus pasos cargando con nuestras cruces y buscando en Ti la alegría que nos da la certeza de confiar y esperar en tu Resurrección.
Tú, Señor, Dios nuestro, nos invitas hoy a subir contigo a Jerusalén, siguiendo tus huellas.
Hoy nos invitas a ser cristianos coherentes en medio de nuestra sociedad y en la vida cotidiana, capaces de caminar con valentía junto a ti, y llenando el mundo, nuestra realidad cercana, nuestro día a día, de ilusión y esperanza.
¡Tú, Dios nuestro, eres nuestra salvación!
Te pedimos que nos ayudes a no dejar el camino de tu seguimiento a pesar de las dificultades, limitaciones y sufrimientos.
Ayúdanos también a estar siempre cercanos al que sufre o tiene alguna necesidad.
Ten misericordia de nosotros, Jesús de Nazaret, y enséñanos a merecer tu Amor que nos das cada día y especialmente en la entrega durante esta Semana Santa. AMÉN.

ZURIÑE


 

LA CRUZ Y EL SILENCIO DE JESÚS, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 27, 11-54

Son varios los elementos llamativos de este relato de la pasión que hace Mateo:

• El interés por «culpabilizar» a las autoridades judías –y, paralelamente, «desculpabilizar» a las romanas- de la muerte de Jesús. Parece hallarse una doble intención de fondo: expresar el enfrentamiento con el judaísmo, ya frontal en los años 80, y no «molestar» a los romanos, bajo cuyo imperio se iban extendiendo las comunidades. A ello habría que unir, probablemente, la intencionalidad de dejar clara la inocencia de Jesús.

• La incoherencia del poder que, a pesar de tener clara la inocencia del reo, decide igualmente su condena.

• Las torturas padecidas por el condenado, que nos traen ante nuestra mirada a tantos hombres y mujeres torturados de tantas maneras a lo largo de toda nuestra historia humana.

• Las burlas de la autoridad religiosa, que recuerdan, por otro lado, las tentaciones que acompañaron la vida de Jesús.

• Las palabras que pone en boca de Jesús moribundo («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»), que no habrían sido pronunciadas por él mismo, sino que recogerían el sentir del primer evangelista (Marcos), y que están tomadas del Salmo 22.

• Los signos apocalípticos que utiliza el autor para subrayar la trascendencia de esa muerte, vista desde su propia fe…

Sin embargo, en esta ocasión, lo que más ha «tocado» mi corazón ha sido el silencio de Jesús. Si exceptuamos aquellas con las que se inicia el Salmo 22, y que parecen ser una atribución del autor, de los labios de Jesús no sale una sola palabra. Incluso, en el interrogatorio a que lo somete Pilato, y ante la extrañeza de este, Jesús calla.

Existen, ciertamente, diferentes tipos de silencio: el impuesto, el mutismo elegido, el que expresa indiferencia, o cobardía, o incluso desprecio y descalificación del otro… No parece que el silencio de Jesús encaje en ninguna de estas categorías.

Personalmente, alcanzo a ver tres niveles en ese silencio: por un lado, es expresión de dignidad, propia de quien ha sido y es fiel a sí mismo; por otro, de confianza, característica de quien se sabe sostenido y fundamentado, más allá de las circunstancias cambiantes; y, finalmente, en una dimensión todavía más profunda, de sabiduría, es decir, de conexión con su identidad más honda.

Tanto la dignidad como la confianza no son difíciles de comprender, sobre todo, teniendo en cuenta que habían sido signos distintivos de la práctica y del mensaje del maestro de Nazaret.

Pero, ¿qué significa que ese silencio sea expresión de sabiduría? Los sabios y los místicos tienen algo que decirnos al respecto: para ellos, el silencio no es mutismo, sino condición necesaria para percibir en profundidad, es decir, para acceder a aquella verdad a la que el razonamiento no puede acceder. De hecho, todos ellos han hablado del vacío, de la oscuridad, del no-saber, del no-pensamiento…, como requisito previo al conocimiento más profundo.

No solo eso. El silencio, así entendido, no es únicamente ausencia de ruido, ausencia de pensamiento y ausencia de ego, aunque incluya todo ello. Es, básica y fundamentalmente, un estado de consciencia, Aquello que somos en profundidad, Eso que constituye nuestra verdadera identidad.

En este sentido, lo opuesto a «silencio» es identificación con la mente, y con la identidad que ella piensa: el ego. Desde aquí, vivimos necesariamente reaccionando a lo que ocurre, a lo que nos dicen o nos hacen, desde la perspectiva y los mecanismos propios del ego.

«Silencio» es otro nombre de nuestra identidad verdadera, aquella que no puede ser pensada, porque no es objetivable. Nos evoca la «Nada», de Juan de la Cruz o de Miguel de Molinos, el Vacío del zen, o el sunyata del budismo.

Molinos se refería a ello con estas palabras: «Éntrate en la verdad de tu nada y de nada te inquietarás… Oh, ¡qué tesoro descubrirás si haces de la nada tu morada!… Si estás encerrado en la nada, adonde no llegan los golpes de las adversidades, nada te dará pena, nada te inquietará. Por aquí has de llegar al señorío de ti mismo, porque solo en la nada reina el perfecto y verdadero dominio».

Al conectar con nuestra verdadera identidad, tomamos distancia de la mente y de todos sus movimientos (mentales y emocionales), y se nos regala acceder a esa «Espaciosidad» sin fronteras que somos –pura consciencia de ser- y que muy bien se puede designar como «Silencio».

Silencio es la morada del sabio: desde él se vive, o mejor dicho, permite que la Vida viva, se exprese y fluya a través de su persona. Por eso, no hay reacciones, sino sencillamente respuestas.

En todo el proceso judicial que habría de acabar en la tortura y el ajusticiamiento, Jesús vive en conexión con su verdadera identidad, en el Silencio, donde se siente a salvo y desde donde puede vivir incluso la mayor injusticia con ojos de confianza y de perdón hacia sus verdugos.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

Jaunaren Nekaldiko Erramu-Igandea – Domingo de Ramos, José A. Pagola

EZ ZION EZERK ATZERA EGINARAZI

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mat 26,14-27,66

ECLESALIA, 09/04/14.- Joan Bataiatzailea hiltzea ez zen izan ezusteko bat. Judu-herrian oso hedatua zen ideia baten arabera, profetaren zoria ulertezina izatea da, ukatua izatea eta, kasu askotan, heriotza galdua izatea. Segur aski, oso garaiz barruntatu zuen Jesusek beretzat indarkeriazko azken bat.

Jesus ez zen izan suizida bat, ez zen ibili martiritzaren bila. Ez zuen sekula sufrimendua opa izan, ez beretzat, ez beste inorentzat. Bizitza osoan saiatu zen haren kontra, bai gaixotasunean, bai zuzengabekerian, bai bazterkerian edo etsipenean. «Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna bilatzea» izan zuen bere asmo guztia: zeruko Aitak gogoko duen mundu duinago eta zoriontsuagoa baten bilatzeari emanik bizi izan zen.

Pertsekuzioa eta martiritza onartzen baditu, bere seme-alabak sufritzen ikusi nahi ez dituen Jainkoaren asmori leial izateagatik izan da. Horregatik, ez doa heriotzaren bila, baina atzera ere ez du egin. Ez du ihes egin mehatxuen aurrean, ez du aldatu edo leundu bere mezua ere.

Aise ihes egiten ahal zion Jesusek eraila izateari. Aski izango zuen isiltzea eta ez azpimarratzea tenpluan edo erromatar prefektuaren jauregian haserrea eragin zezakeen ezer. Baina ez. Bere bideari jarraitu zion. Nahiago izan zuen heriotza bere kontzientziari saldukeria egitea baino, Jainkoaren, bere Aitaren, asmori desleial izatea baino.

Segurtasun-faltaren, gatazkaren eta salaketen giroan bizitzen ikasi zuen. Eguna joan eguna etorri, bere gogoa bere egitekoari estuago lotuz joan zen, eta bere mezua argi eta garbi hots egiten. Mezu hura zabaltzera ausartu zen, ez Galileako herrixka baztertuetan bakarrik, baita tenpluaren ingurune arriskutsuan ere. Ez zion ezerk atzera eginarazi.

Jainkoari leial zelako hil zuten, harengan ezarria baitzuen beti bere konfiantza. Guztiei onarpena eskaintzen jarraitu zuen, baita bekatariei eta desiraezin zirenei ere. Berari uko egitera iristen badira, «baztertu» bat bezala hilko da, baina bizitza osoan zer izan den baietsiko du heriotza horrek: inor zapuzten ez duen eta bere barkazioa inori ukatzen ez dion Jainkoagan izan duen erabateko konfiantza du.

Jainkoaren eta haren erreinuaren bila jarraituko du, bat eginez pobreenak eta mespretxatuenak direnekin. Egun batean gurutzean, esklaboei dagokien tormentuan, hiltzen badute, pobre eta mespretxatu bat bezala hilko da; baina betiko zigilatuko du bere heriotzaz Jainkoagan duen konfiantza, hark salbazioa opa baitie gizon-emakume guztiei esklabotza guztitik.

Jesusengan, haren jarraitzaileok errealitatearen azken Misterioa aurkitu dugu, gizakiari dion maitasunean eta erabateko eskaintzan haragitua den Misterioa. Gurutziltzatua izan den horren maitasunean Jainkoa bera ageri zaigu, sufritzen ari diren guztiekin bat eginik, zuzengabekeria guztien kontra oihuka eta aldi guztietako borreroei barkatzen. Jainko honengan sinetsi daiteke edo ez, baina ezin egin zaio isekarik. Honengan dugu kristauok geure konfiantza. Ezerk ez dio atzera eragingo bere seme-alabak salbatzeko eginahalean.

Domingo de Ramos (A) Mateo 26,14-27,66

NADA LO PUDO DETENER

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 09/04/14.- La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.

Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”: ese mundo más digno y dichoso para todos, que busca su Padre.

Si acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje.

Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.

Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.

Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un “excluido” pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.

Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que lo esclaviza.

Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de la realidad, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño de salvar a sus hijos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

SOMOS NECESIDAD Y PLENITUD, por Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Fe Adulta

Jn 11, 1-45

La belleza y sabiduría del relato consiste en conjugar, en la misma persona de Jesús, una doble afirmación: «Se echó a llorar» y «Yo soy la resurrección y la vida».

Esa es, justamente, nuestra paradoja: somos seres sensibles, a quienes nos afecta lo que sucede y, simultáneamente, somos Vida que se halla siempre a salvo.

Nos percibimos como pura necesidad y carencia –y, por tanto, vulnerables- pero, al mismo tiempo, somos plenitud a la que nada le falta.

Nuestro «doble rostro» no es sino expresión de las «dos caras» de lo Real: lo invisible y lo manifiesto, «lo implicado y lo explicado» (por utilizar los términos del físico David Bohm), el vacío y la forma…

Ambos aspectos son ciertos, si bien no en el mismo nivel. Por eso, en cierto modo, podría decirse que lo absoluto se manifiesta en lo (como) relativo.

La tradición cristiana ha personalizado este doble rostro de lo Real en la persona de Jesús, al afirmar simultáneamente su divinidad y su humanidad. La lectura adecuada de tal afirmación no habla de una suma o yuxtaposición de dos realidades separadas (Dios y hombre), sino del misterio de la Unidad, visto desde dos perspectivas diferentes. Por eso, la formulación menos inadecuada pudiera ser esta: lo humano es divino, y lo divino es humano. (Y probablemente fuera por aquí la intuición de Leonardo Boff cuando, al hablar de Jesús, afirmó que «alguien tan humano solo podía serlo Dios»).

Cuando se han entendido aquellas dos dimensiones en clave de yuxtaposición –una al lado de la otra-, se ha dado entrada a una serie interminable de pseudo-problemas que no conducen a ninguna parte.

Del mismo modo, cuando aquella afirmación se ciñó exclusivamente a Jesús, tuvo como resultado que se hiciera de él un «ídolo» separado y alejado de todos nosotros.

En realidad, lo que se afirma de Jesús se está diciendo también de todos nosotros. Y esto no es «rebajar» su figura –como leería una creencia mítica, o como temería un cristiano convencional-, sino justamente percibirla en toda su hondura y plenitud.

Parece claro que cualquier comparación nace de la mente y caracteriza el funcionamiento del ego, que vive precisamente del juicio y la comparación. Eso explica que, mientras se permanece en la mente y en el ego –como si esta fuera nuestra verdadera identidad-, la comparación sea inevitable, enfatizando, por encima de todo, las diferencias entre los egos.

Al silenciar y trascender la mente, se abre la perspectiva no-dual que, sin negar las diferencias manifiestas, sabe ver la unidad de fondo que las abraza, y que constituye realmente su identidad última.

Como Jesús, somos, a la vez, necesidad –por eso lloramos- y somos Vida. Y esto es lo que en la tradición cristiana se ha expresado con el término «resurrección».

La resurrección –como la reencarnación, en otras culturas y latitudes- es un «mapa», que apunta a la verdad de que somos Vida, que nada puede aniquilar.

Por eso, cuando Marta expresa la fe convencional judía –»sé que resucitará en la resurrección del último día»-, Jesús puntualiza: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre».

La muerte –aunque nos haga llorar e incluso produzca gran temor a nuestra sensibilidad, porque somos seres sintientes- es únicamente una «forma» más que adopta la Vida, no muy diferente de aquella otra que es el nacimiento. En este y en aquella, La Vida solo cambia de forma. Y esa misma Vida, como bien sabía Jesús, es nuestra verdadera identidad; no la identidad de nuestro yo individual (o ego), sino del Yo Soy universal que, más allá de las diferencias, somos.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 11,1-45)

  • DOMINGO 5º CUARESMA-A- Abril 6 de 2014

* En los dos domingos anteriores hemos reflexionado en Jesús como Agua viva y Luz del mundo. Hoy como la Resurrección y la Vida.
La aldea de Betania estaba a poca distancia de Jerusalén, unos 3 Km. Allí vivían: Marta, María y Lázaro. Eran muy amigos de Jesús. Por eso cuando Jesús iba a Jerusalén (se encontraba con los fariseos y jefes religiosos), al atardecer, prefería volver a Betania, al hogar de sus amigos, pues su rica hospitalidad le envolvía en una atmósfera de cariño y apoyo. (Nuestro Jesús “humano”).

Estando fuera, le llegó la noticia como ruego “Jesús, tu amigo está enfermo”
Jesús, como siempre, respondió a la llamada. Pero cuando llegó a Betania, Lázaro, no sólo había muerto sino que llevaba ya cuatro días enterrado. Se hacía más urgente estar al lado de las hermanas para confortarlas. Por eso no se limitó a darles el pésame sino que se le llenaron los ojos de lágrimas. Sabía por experiencia lo que es perder a un amigo. La gente hizo este comentario: ¡Cuánto le quería!
Jesús primero tiene un diálogo con las hermanas. Luego fue hasta donde estaba enterrado Lázaro. Se puso en oración. Luego dice: Lázaro, ven fuera”. Y el que llevaba cuatro días en el sepulcro volvió a la vida.
* La resurrección de Lázaro es un anticipo de la resurrección. Y la resurrección de Jesús es garantía de la nuestra.
* Cada año la llegada de la primavera hace posible ante nuestros ojos este milagro. A pesar de las pérdidas del invierno, la vida brota de nuevo y renueva nuestra tierra. (Miremos algunos árboles estos días) nos van descubriendo el poder de Dios en su creación, que es Vida.

* Pero Jesús no sólo resucitó a Lázaro. También devolvió la vida a Marta que hundida en sus dudas estaba muerta de pena. Y a sus discípulos que le seguían con miedo en el camino a Jerusalén.
En resumen, hoy la Palabra de Dios nos viene a decir que nada ni nadie está perdido para el Señor, que es capaz de poner vida incluso en la muerte.

Muy cerca ya de la “Pascua florida”, como la primavera, para nosotros es la fiesta de LA LUZ Y DE LA VIDA.
* NOS PONEMOS EN ORACION

* Profundizamos en las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy: “QUITAD LA LOSA”, que nos puede decir remover esas cargas pesadas que hunden y os llenan de miedos y nos bloquean…
“VEN AFUERA, LAZARO” nos puede decir, cambia de vida, levántate deja el pecado y vuelve a vivir…
“DESATADLO y dejarlo andar”. Nos puede animar a dejar tantas ataduras como tenemos que nos impiden caminar bien en la libertad…

Damos gracias… Es impresionante la escena de la resurrección: Lágrimas de Jesús, se resisten a abrir el sepulcro, Oración al Padre (“Para que crean que tú me has enviado). Y la vuelta a la vida es signo del don de la vida eterna que Jesús nos trae de parte de Dios.

* SEGUIMOS ORANDO
Escuchamos de nuevo a Jesús que nos dice.
“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”
Jesús de Nazaret, aumenta en nosotros la fe en tu Resurrección, para que creamos de verdad en que tú Cristo estás vivo, impulsando la vida hacia su último destino. Intercediendo al Padre por todos nosotros.

Ayúdanos a descubrir y vivir que nuestra oración no es un monólogo, sino diálogo con Alguien
vivo que está junto a nosotros.

Que sigamos descubriendo que nos amas, nos acompañas en nuestra tarea diaria.

Ayúdanos a quitar las losas que no nos dejan verte Resucitado por la falta de entrega, pasividad.
Que sepamos quitarla “losas” para verte en los necesitados, en los enfermos e incluso en nuestros enemigos.

Ayúdanos a saber enfrentarnos a la posible dureza de nuestra tarea diaria, sabiendo que a nuestra vida le espera resurrección.
Que la fuerza de tu Amor, Jesús de Nazaret, nos haga caminar a todos en una vida renovada tal como tu Palabra y la oración al Padre hicieron levantar y caminar a Lázaro.
“El que está vivo y cree en mí no morirá para siempre”. Dice el Señor. AMEN- ZURIÑE

GARIZUMAKO 5. IGANDEA, “NEGAR EGITEN DAKIEN PROFETA BAT- UN PROFETA QUE LLORA”, J. A. PAGOLA

Joan 11, 1- 45

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 02/04/14.- Jesusek ez du sekula ezkutatu Betanian bizi diren hiru anai-arrebekiko bere txera. Segur aski, Jerusalemera igotzen den bakoitzean beren etxean hartzen dutenak dira. Behin batean abisu eman zioten Jesusi: Lazaro gure anaia, «zure adiskidea», gaixo da. Handik pixka batera, herrixka hartarako bidea hartu du Jesusek.

Iritsi denean, Lazaro hila da. Jesus ikusi duenean, Mariak, arreba gazteenak, negarrari eman dio. Ezin kontsolatu du inork. Maria bere adiskidea eta hark lagun dituen juduak negarrez ikustean, Jesusek ezin eutsi dio. Haiek bezala, berak ere «negarrari eman dio». Jendeak komentatu du: «Nola maite zuen!»

Jesus ez da negarrez ari, oso maitea duen adiskide bat hil delako bakarrik. Herioaren aurrean gizon-emakume guztiek duten ezina sentitzeak urratzen dio bihotza. Guztiok dugu geure izatearen barruenean aseezineko bizi nahia. Zer dela-eta behar dugu hil? Zer dela-eta ez da gure bizia zoriontsuagoa, luzeagoa, seguragoa, biziagoa?

Gaur egungo jendeak, beste edozein garaitakoak bezala, iltzaturik du bihotzean galdera hau: kezkagarriena eta erantzuteko zailena den hau. Zer izango da guztion eta gutako bakoitzaren azkena? Alferrik da geure burua engainatu nahi izatea. Zer egin dezakegu? Asaldatu? Lur jota gelditu?

Dudarik gabe, arazoaz ahaztea izan ohi da erreakziorik orokorrena eta existitze hutsean jarraitu nahi izatea. Alabaina, gizakia ez al da bere bizia biziro bizitzeko egina, bere bizia azti eta erantzukizunez bizitzeko egina? Era oharkabean eta erantzukizunik gabe iritsi behar ote dugu geure azkenera, inolako jarrerarik hartu gabe?

Geure zoriaren azken misterioaren aurrean ezin dugu jo dogma zientifiko edo erlijiosoetara. Halakoek ezin gida gaitzakete oraingo bizitza hau baino harago. Jatorragoa ematen du Eduardo Chillida ekultorearen jarrerak, zeini, behin batean, entzun bainion: «Heriotzaz, arrazoiak esaten dit behin betikoa dela. Arrazoiaz, arrazoiak esaten dit mugatua dela».

Beste biziaz, kristauok ez dakigu gainerako jendeak baino gehiago. Guk ere, apal-apal hurbildu beharra dugu geure heriotzaren gertaera ilun horretara. Baina erro-errotiko konfiantzaz egiten dugu hori, Jesusengan sumatzen dugun Jainkoaren Misterioaren Ontasunari begira. Ikusi ez badugu ere, maite dugun Jesus horretaz ari naiz; oraino ikusi ez badugu ere, geure konfiantza eskaintzen diogun Jesus horretaz.

Konfiantza hori ezin ulertu da kanpotik. Halakoak bakarrik bizi dezake: fede xumeaz, Jesusen hitz hauei erantzun bat eman dien hark: «Neu naiz piztuera eta bizia. Sinesten al duzu hori?» Duela gutxi, Hans Küng-ek, hogeigarren mendeko teologorik kritikoena den horrek, jada bere azkenetik hurbil, esan du, berarentzat hiltzea «Jainkoaren misterioaren errukian atseden hartzea dela».

5 Cuaresma (A) Juan 11, 1- 45

UN PROFETA QUE LLORA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 02/04/14.- Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, “tu amigo”, está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.

Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería!“.

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?

El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y “seguir tirando”. Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?

Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn.9,1-41)

  • DOMINGO 4º CUARESMA –A– Marzo 30 de 2014

* La liturgia de la Palabra gira hoy alrededor de la luz y de la capacidad de ver al mundo y a las personas como Dios las ve. No basta con ver la luz. Hay que dejarse llenar por ella y que así, vaya transformando nuestro ser y nuestro mirar el mundo, para ser atraídos por la luz y la vida que Jesús de Nazaret nos ofrece. “Para eso he venido al mundo: para que los que no ven vean”.
En el relato se descubre a Jesús como Luz del mundo”. También un recuerdo bautismal, visto la semana pasada pero hoy sobre todo el proceso de la fe.
* LA CURACIÓN DEL CIEGO.
El ciego no pide nada. No puede ver a Jesús. Al contrario, es Jesús el que “vio” al ciego y el que detiene su mirada en aquel hombre incapaz de ver a Jesús con sus propias fuerzas.
* Recordamos los gestos simbólicos (Leyendo el texto del Evangelio): “La saliva y el barro”. Jesús trabaja en sábado, luego será criticado. La “Palabra” de Jesús que invita al ciego a limpiarse .El “Lavado” que realiza obediente el ciego. (Recuerdo Bautismal).
– Comienza todo un proceso de fe: deja que Jesús trabaje en él.
-Obedece fielmente a su Palabra aunque todavía no lo conoce.
-Dice que le ha curado, aunque no sabe quien es Jesús.
Llega al encuentro personal con Jesús, le llega la Luz y proclama: “CREO, SEÑOR”

Este hombre, con su postura sincera, se convierte en evangelizador y discípulo de Cristo.

  • En cambio, los fariseos, se informan de la curación realizada por Jesús, pero se cierran a su Luz. Le discuten y se ponen en contra. ¿Tú nos vas a dar lecciones? Incluso expulsan al curado y rechazan así la Luz que él les podía aportar para caminar hacia Cristo… Terminando así en la ceguera y el pecado.
  • LOS OTROS GRUPOS. Los vecinos actúan movidos por la curiosidad. No se desarrolla el proceso hacia la fe. Los padres del ciego, actúan más bien movidos por el miedo, les preocupa que los expulsen de la sinagoga como al hijo. No se pronuncian a favor de Jesús. No llegan a encontrarse con El.
  • En el centro de todo el relato se encuentra Jesús, LUZ DEL MUNDO que ilumina a los que no ven y ciega a los que creen ver más que nadie…
  • Juan emplea el símbolo de la LUZ para presentar a Cristo. La luz en la Biblia primera criatura creada por Dios nos simboliza, la vida, el calor, la salvación, etc. En contraposición de las tinieblas que significan muerte, mal, desgracia etc.

Cristo es la LUZ DEL MUNDO capaz de conducirnos hacia la vida, la libertad, la verdad, la salvación
El es capaz de descubrir y ver las disposiciones de nuestro interior. Es LUZ para los que buscan con sinceridad y sin temor la Verdad.

  • ORACIÓN.

En el silencio, nos podríamos preguntar. ¿Qué zonas hay en mi vida, mi persona, mis actuaciones… en las que no dejo entrar la luz de la fe?…
¿Dejo trabajar a Jesús sobre mis ojos, sobre mi manera de ver la vida, los acontecimientos, las personas?
¿Mi fe es costumbre, inercia, o convicción personal, una vida?
La fe viva es siempre un proceso, como en el ciego, una búsqueda, que supone etapas y actitudes.
Para crecer en la fe es necesario orar
La fe crece, se fortalece, se arraiga en el compromiso y la acción cristiana de cada día

No se puede crecer en la fe, si el cristiano no la expresa, comunica ni la Celebra, ni la comparte.
Los Sacramentos y la Eucaristía son lugar privilegiado para acrecentar nuestra fe.

SEGUIMOS ORANDO

* Jesús de Nazaret. El ciego no te pidió nada, nosotros hoy si te pedimos sabiendo que nos escuchas y sales a nuestro encuentro. Te decimos:
Danos una búsqueda humilde y sincera y un esfuerzo para que nuestra fe, este hecha no sólo desde una doctrina tradicional, sino desde una vida real vivida como seguimiento a Ti, Jesús Luz del mundo.
Danos una comprensión y ayuda para los que dudan y buscan otra forma de ver la existencia.
Danos una escucha sincera para los que nos critican, que nos puede ayudar a redescubrir aspectos olvidados de nuestra fe.
Danos valor para ser creyentes desde la sinceridad sin tener vergüenza de confesarla ante los demás.
Te damos gracias, Jesús de Nazaret, porque has pasado entre nosotros y estás presente en el mundo como LUZ librándonos de nuestras cegueras con tu vida y con el don del Espíritu
Hoy y siempre te decimos: CREO, SEÑOR, PERO AUMENTA MI FE, NUESTRA FE. AMÉN
* ZURIÑE

 

4º DOMINGO DE CUARESMA, «LO HUMANO Y LO DIVINO QUEDAN IDENTIFICADOS» de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Jn 9, 1-41

Otro texto de Jn que nos pone en contacto con Jesús que trae luz-vida. Como en el caso de la samaritana, la iniciativa la toma Jesús, pero el interesado debe responder personalmente. Se trata de indicar a los catecúmenos el camino que tienen que recorrer antes del bautismo. Todos somos ciegos hasta que hemos aceptado la luz. Si después del recorrido, confiesas a Jesús como el Señor, están en condiciones de ser bautizados.

Todo el relato es simbólico. Con él se está proponiendo un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre. Jesús acaba de decir: «Yo soy la luz del mundo». Lo repite y lo va a demostrar con hechos, dando la vista al ciego. Jesús no le consulta antes, pero no suprime su libertad, le ofrece la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse a la piscina, para llegar a ser él mismo. Los demás personajes siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres.

Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos. Jn usa dos verbos para indicar la aplicación del barro en los ojos: aquí untar-ungir, en relación con el apelativo de Jesús «Mesías». Más adelante dirá sencillamente aplicar.

Aquí está la clave de todo el relato. El ciego es ahora un «ungido», como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu. La duda de la gente sobre la identidad del ciego, refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro. Hay gran diferencia entre el hombre sin iniciativa ni libertad y el hombre libre. De ahí que el ciego utilice las mismas palabras que tantas veces, en Jn, utiliza Jesús para identificarse: «Soy yo». Esta fórmula refleja la identidad del hombre transformado por el Espíritu. Descubre la transformación que se ha operado en su persona y quiere que los demás la vean.

El ciego, que era solo carne, se dejó transformar por el Espíritu. Jn no da ninguna importancia al hecho de la curación física. Lo despacha con media línea. Lo que de verdad importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. Su vida, anodina y dependiente, está ahora llena de sentido. Pierde el miedo y comienza a ser él mismo, no solo en su interior sino ante los demás.

La piscina de Siloé estaba fuera de los muros de la ciudad. Recogía el agua de la fuente de Guijón que llegaba a ella conducida por un canal-túnel (de ahí el nombre arameo de «siloah»=emisión-envío, agua emitida- enviada). Jn aplica el nombre a Jesús, el enviado. La doble mención de untar-ungir y la de la piscina, término que era utilizado para designar la fuente bautismal, nos muestra que se está construyendo este relato a partir de los ritos de iniciación (bautismo) de la primera comunidad.

No se había mencionado que el ciego era mendigo. Estaba inmóvil, impotente, dependiendo de los demás. Este punto de partida es clave para resaltar el punto de llegada. Jesús le va a dar la movilidad y la independencia. Le hace hombre cabal. Tampoco se menciona que era sábado hasta mediada la narración. Jesús no tiene en cuente esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre. Amasar barro estaba explícitamente prohibido por la interpretación farisaica de la Ley. El amasar el barro el día séptimo, prolonga el día sexto de la creación. Jesús termina la creación del hombre.

Para los fariseos no tiene importancia que un hombre haya sido curado. No se alegran del bien del hombre. Solo les interesa la Ley y creen que a Dios tampoco le importa el hombre. Acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres son gente sometida, en tinieblas. La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista? Los padres responden a las dos primeras preguntas, pero a la tercera, la más importante, no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar cualquier complicidad con el hecho. Tiene miedo de ser expulsados de la institución.

Al fallarles la argucia empleada con los padres, intentan confundir al ciego. Quieren, por todos los medios, conseguir la lealtad del ciego aún en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene también el que ha sido curado. Ellos lo tienen claro, Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en benefició del hombre. Quieren hacerle ver que la vista de que ahora goza es contraria a la voluntad de Dios.

Al contrario que los padres, el ciego no tiene miedo. Expresa lo que piensa ante los jefes. A las teorías teológicas, opone los hechos. Puede que se haya quebrantado la Ley, pero lo que ha sucedido es tan positivo para él, que se tiene que hacer la pregunta: ¿No estará Jesús por encima del Sábado? Ha experimentado el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre y, gracias a eso, sabe también lo que es Dios. Él ahora ve, los maestros están ciegos. Descubre que en Jesús, está presente Dios. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no puede estar de parte de un pecador.

Los fariseos están tan seguros de su Ley, que no dudan en negar la misma realidad. Pero al ciego le es imposible negar lo que personalmente ha vivido. Por no negar su propia experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan. Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla que es la sinagoga. Lo mismo que Jesús tuvo que salir del templo, el ciego que ha recibido la luz, tiene que salir de la institución judía.

«Fue a buscarlo». El (euron) griego no significa un encuentro fortuito, sino el fruto de una actividad con la intención de encontrar algo o a alguien. El contraste salta a la vista. Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca. No le dice, como al inválido de la piscina, que no vuelva a dejarse someter, porque ya había superado la prueba manteniéndose firme ante los fariseos. Con su pregunta va a acabar la obra de iluminación que había comenzado. La acción de Jesús había hecho descubrir al ciego una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo era Jesús, «el Hombre». Jesús quiere que tome conciencia de esta realidad.

El relato termina con la plena aceptación de Jesús. «Se postró» prosekinesen) es el mismo verbo con que se designa la adoración debida a Dios en 4,20-24. El gesto de postrarse para adorar a Jesús no es infrecuente en los sinópticos, sobre todo en Mt, pero éste es el único pasaje de Jn en que aparece. Jesús, el Hombre, es el nuevo santuario donde se verifica la presencia de Dios. El ciego, expulsado, encuentra el verdadero santuario, Jesús, donde se rinde el culto en espíritu y verdad, anunciado a la Samaritana. Este culto no se puede dar a Dios más que en el hombre, porque consiste en la práctica del amor.

Termina el relato con una proclamación solemne de Jesús: «para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean y los que creen ver se queden ciegos». Estas no son palabras de Jesús sino de los cristianos de finales del s. I. clara alusión a los fariseos que se revuelven contra Jesús: ¿También nosotros estamos ciegos? Para ellos, los conocedores y cumplidores de la Ley, que tenían por ciegos a los demás, era inconcebible que alguien pudiera tenerles por ciegos. Pero la respuesta de Jesús deja muy clara la realidad sangrante: Los que más cerca se creen de Dios, son los que menos le conocen.

Meditación-contemplación

¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

Creer en Jesús es creer en el Hombre.

Él es el modelo de hombre, el hombre acabado según el designio de Dios

Alcanzó esa plenitud dejando que el Espíritu lo invadiera.

…………………

Jesús es, a la vez, la manifestación de Dios y el modelo de hombre.

En su humanidad, se ha hecho presente lo divino.

La «carne» ha llegado a su grado máximo de transformación.

El Espíritu asumió y elevó la materia hasta transformarla en Espíritu.

……………………

Mi meta es también dejarme transformar en Espíritu.

Para ello hay que nacer de nuevo.

Tengo que morir a todo lo que en mí hay de terreno.

Y dejar que se despliegue en mí lo que hay de divino.

……………….

Fray Marcos

 

GARIZUMAKO 4. IGANDEA, “BAZTERTUENTZAT-PARA EXCLUÍDOS”, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Joan 9, 1- 41

ECLESALIA, 26/03/14. Jaiotzez da itsua. Ez berak, ez gurasoek dute inolako errurik, baina bere zoria markatua du betiko. Jainkoak zigortu duen bekataritzat hartu du jendeak. Ikasleek galdetu diote Jesusi ea zeinena den bekatua: itsuarena berarena ala haren gurasoena.

Beste era batean begiratu dio Jesusek. Ikusi duen momentutik, hura bere zoritxarreko eskale-bizitzatik ateratzea erabaki du, jende guztiak gutxiesten badu ere, bekataritzat hartuz. Jainkoaren deia sentitzen du Jesusek: hain juxtu ere, baztertua eta umiliatua den jendea defenditzeko, onartzeko eta sendatzeko deia.

Itsuak, berak ere Jesusekin lan egin eta sendatze neketsu baten ondoren, lehen aldiz ikusi du argia. Jesusekin topo egin egin izanak kanbiatu egin du haren bizitza. Noizbait ere, gozatu ahal izango du bizitza duin batez, inoren aurrean lotsatu gabe.

Oker pentsatu du, ordea. Gidari erlijiosoek beharturik sentitu dira erlijioaren garbitasuna kontrolatzera. Haiek, berek dakite zein den bekatari eta zein bekaturik gabe. Haiek, berek erabakiko dute itsu izana elkarte erlijiosoan onartzekoa den ala ez.

Alabaina, sendatua izan den eskaleak argiro aitortzen du Jesus izan dela hurbildu zaiona eta sendatu duena; baina fariseuek uko egiten diote haserre bizian: «Guk badakigu gizon hori bekataria dela». Eskaleak Jesus defenditzeari eutsi nahi dio: profeta bat da, Jainkoagandik dator. Fariseuek ezin jasan dute: «Bekatupean jaio zinen burutik oinetara, eta gure irakasle izan nahi al duzu?»

Ebanjelariak dio: «kanpora bota zutela entzun zuenean, haren bila joan zen Jesus». Labur mintzatu dira biak. Jesusek galdetu dionean ea Mesiasengan sinesten duen, kanpora bota dutenak diotso: «Eta, nor da, Jauna, harengan sinets dezadan?» Hunkiturik erantzun dio Jesusek: Ez da zugandik urrun. «Bera ikusten ari zara; mintzo zaizuna, horixe da». Eta eskaleak: «Sinesten dut, Jauna».

Horrelakoa da Jesus. Beti bidera irteten zaie erlijioak ofizialki onartzen ez dituenei. Jesusek ez ditu zapuzten bere bila dabiltzanak eta maite dutenak, elkarte eta erakunde erlijiosoek zokoratzen badituzte ere. Gure elizetan lekurik ez dutenek leku berezi-berezia dute Jesusen bihotzean.

Zeinek eramango die, gaur egun, Jesusen mezu hori talde horiei, edozein momentutan gidari erlijioso itsuengandik kondena publiko zuzengabeak entzuten dituzten horiei?, gure eukaristietan bakean ezin jaunartu duten horiei?, Jesusekiko beren fedea beren bihotzeko isiltasunean, kasik era ezkutu eta klandestinoan, bizi beharrean gertatzen diren horiei? Adiskide ezezagunok, ez ahaztu: kristauok uko egiten dizuegunean, bere harrera eskaintzen ari zaizue Jesus.

4 Cuaresma (A) Juan 9,1- 41

PARA EXCLUÍDOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 26/03/14.-  Es ciego de nacimiento. Ni él ni sus padres tienen culpa alguna, pero su destino quedará marcado para siempre. La gente lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.

Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto, solo piensa en rescatarlo de aquella vida desgraciada de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.

Después de una curación trabajosa en la que también él ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.

Se equivoca. Los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa.

El mendigo curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y lo ha curado, pero los fariseos lo rechazan irritados: “Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos no lo pueden aguantar: “Empecatado naciste de pies a cabeza y, ¿tú nos vas a dar lecciones a nosotros?”.

El evangelista dice que, “cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a encontrarse con él”. El diálogo es breve. Cuando Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: “Y, ¿quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le responde conmovido: No esta lejos de ti. “Lo estás viendo; el que te está hablando, ese es”. El mendigo le dice: “Creo, Señor”.

Así es Jesús. Él viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.

¿Quien llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos ciegos; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina? Amigos y amigas desconocidos, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn.4,5-42)

  • DOMINGO 3º CUARESMA –A23 Marzo-2014

* Después de la 2ª estancia en Judea, Jesús se pone en camino. (Ya los fariseos sospechaban de él y lo rechazaban), Tenía que pasar por Samaria. Llegó a Sicar, ciudad de Samaria. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era el mediodía. Llevaba bastantes horas caminando. Sin embargo, el cansancio de Jesús contrasta con la animación con que le encuentran sus discípulos a la vuelta de ir a por comida. Tan animado estaba que no quiso ni comer.
* Antes de la vuelta de los discípulos fue cuando llegó la mujer samaritana a buscar agua, y se encuentra en el pozo con Jesús. No sabemos si hay algún saludo pero sí que Jesús comenzó la conversación de una manera muy normal. “Dame de beber

* La samaritana al mirar a Jesús se dio cuenta de que era judío y le respondió de manera antipática y discutidora”¿Cómo tú siendo judío, (se llevaban mal judíos y samaritanos) me pides a mí, que soy samaritana?”. Jesús no le discute ni responde en el mismo tono. Le habló con mansedumbre, ese hablar era connatural en El, manso y humilde y eso desarma a la samaritana. Y una vez superada esta dificultad, Jesús le responde “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva”
Quizá la Samaritana no hizo demasiado caso pero si sabía que tenía que ir muchas veces a buscar aquella agua que se acababa siempre… El agua viva que le ofrecía dice quitaría la sed para siempre… Es entonces cuando la samaritana se da cuenta de que está ante alguien importante. Y en vez de darle agua a Jesús es ella la que pide le calme su sed diciendo: “Señor, dame de beber”. Hubiera sido hermoso que aquí terminase el asunto, pues hubiese indicado que entendía lo que Jesús estaba diciendo, pero no fue así, y añade para que no tenga sed ni tenga que venir aquí a sacarla… Piensa tanto en el agua material, que no entiende el símbolo del agua que salta hasta la vida eterna.
Ante esta falta de comprensión espiritual, jesús da un giro y le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve aquí” Ella sorprendida ante esto le contesta cortante “No tengo marido”, que es como decir déjame en paz, dame agua si quieres, pero no te metas en mis cosas. Y jesús le contesta de nuevo con mansedumbre, pero con una mirada que indicaba conocía su vida: “Bien has dicho, pues 5 has tenido y el que ahora tienes no es tu marido”…

* A partir de esto ya comienza la CONVERSIÓN. La puerta de esta mujer está abierta, Jesús puede entrar…puede limpiar y, sobre todo, puede iluminar. (El evangelio nos da más datos).
¿Eres tú el Mesías? Jesús le responde: “Yo soy, el que contigo habla”


*ORACION
(Coloco, cántaros de barro de distinto tamaño simbolizando la posible apertura de mi pozo, recibiré según ellos, más o menos cantidad del AGUA VIVA DE JESÚS)

JESÚS DE NAZARET, vivimos una sed que nunca se sacia… el agua de los pozos a los que vamos, incluso nos producen más sed. ¿Dónde encontrar el Agua viva?
Tú, Jesús de Nazaret, como siempre te adelantas al ENCUENTRO conmigo, con nosotros, eres manantial que te pones a nuestro alcance. Roca que se convierte en fuente. El pozo de AGUA VIVA que ofreces a la samaritana, que nos ofreces a nosotros…
Podré recibir tanta agua, cual sea la capacidad de mi cántaro., según mi fe en ti.

Dame de esa agua que aumente mi deseo de Dios

Dame de esa agua que convierta mi pequeño cántaro en un manantial para los demás.

Como aquella mujer, necesito otra agua; Tú Jesús de Nazaret, conoces mi historia…

Dame el agua del coraje para luchar contra las injusticias.

Dame el agua de la alegría para contagiarla al que sufre.

Dame el agua de ternura, comprensión, compañía para los solos y enfermos.

Dame el agua de la amistad y cercanía con los jóvenes y niños.

Dame el agua de ilusión y fortaleza para ser apóstol y Evangelizar.

Acércate, Señor a la historia de mi vida con tu paciencia y misericordia y: PÍDEME DE BEBER
Dame del agua que tu me das y que sepa beber y responder: Dame de tu agua.
“El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn. 4,5-42) AMÉN

ZURIÑE