20º Domingo T.O., «JESÚS ES DE TODOS», José A. Pagola

Mt 15, 21-28

Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada    que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.

La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.

La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.

Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.

Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.

Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida.

Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

20º DOMINGO T.O. «DEJAR CAER LAS ETIQUETAS» Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mt 15, 21-28

Los estudiosos judíos que se han acercado a la figura de Jesús (Joseph Klausner, Schalom Ben Chorim, Pinchas Lapide, Geza Vermes, David Flusser, Jacob Neusner, Mario Javier Saban…) insisten, con razón, en el carácter judío del Maestro de Nazaret. Denuncian la des-judaización a que lo sometió la teología cristiana y se rebelan contra la pretensión de esa misma teología cuando afirma una supuesta superioridad ética del cristianismo con respecto al judaísmo. A quien le interese toda esta cuestión, le recomiendo la lectura del libro de M.J. SABAN, El judaísmo de Jesús. Las enseñanzas éticas de la Torá y de la tradición israelita de Yeshua de Nazaret, edición del autor, Buenos Aires 2008. (www.mariosaban.com).

Y algunos de ellos se apoyan en este texto para mostrar la reacción de Jesús como la propia de un rabino judío de la época. Su mensaje se dirigía únicamente al pueblo de Israel, por lo que ignora la súplica de la mujer cananea. Más aún, ante la insistencia, Jesús se dirige a ella con el despectivo término (“perros”) que usaban los judíos para referirse a los gentiles.

Nos encontramos, por tanto, ante un rabí judío, fiel a la tradición de su pueblo, aunque en tantos otros puntos ofreciera una interpretación novedosa de aquella misma tradición, en la línea del rabino Hillel, el Anciano.

¿En qué consiste la novedad de la situación que se refleja en este relato? Parece claro que en la flexibilidad de Jesús, que no duda en modificar su perspectiva en cuanto, gracias a la actitud de la mujer cananea, se abre a un horizonte mayor.

No parece exagerado decir que Jesús vivió aquí una experiencia de “conversión”. De pronto, se dejó “salir” de un esquema preestablecido, sancionado por la tradición de su pueblo, abriéndose a la novedad desconcertante que rompía las barreras nacionales y religiosas.

Gracias a esa nueva perspectiva, cayó la etiqueta con la que un judío miraba a los gentiles (“perros”) y fue posible una relación sencillamente humana, más allá de barreras o fronteras artificialmente construidas.

En realidad, “pensar” equivale a poner etiquetas. Por eso, creemos que, pensando, nos acercamos a la verdad, pero bien pudiera ocurrir justamente lo contrario. Porque, en el hecho mismo de pensar, lo que hacemos es sobreimponer nombres y formas a cualquier realidad, acontecimiento o persona que aparece ante nosotros. Por eso mismo, más que “ver”, lo “interpretamos” desde nuestros juicios previos.

Cuando eso ocurre –y es lo más habitual mientras estamos en la mente-, no solo no vemos con limpieza, sino que desfiguramos y falseamos la realidad. Es decir, con frecuencia, el pensamiento nos aleja de la verdad. Hasta el punto de que tomamos como “verdad” lo que no es sino una convención social, sostenida por nuestros esquemas mentales.

Ese es el funcionamiento típico del ego. Dado que el ego no es otra cosa que nuestra identificación con la mente, solo sabe moverse a partir de las etiquetas que esta le muestra. Con un añadido: coloreará todas ellas con un “me gusta” o “no me gusta”, y hará de este juicio su única ley.

El ego es rígido, porque se ve obligado a una búsqueda afanosa y ansiosa de seguridad. Por ello, rechazará cualquier “novedad”, y exigirá que la realidad se acomode invariablemente a sus propios criterios.

Hace falta mucho valor y mucha humildad para asumir un cambio como el que, en este relato, percibimos en Jesús. Sin embargo, no es menos cierto que no es posible el crecimiento humano si no ponemos en cuestión nuestras supuestas “verdades” –que no suelen ser otra cosa que rutina aceptada-, y nos abrimos a la Realidad sin etiquetas que la disfrazan.

«La verdad ­–decía Krishnamurti- está en la observación de lo que es. Verse a uno mismo tal como es, es el principio y final de toda búsqueda”. La Verdad no está en la mente, sino que es una con la Realidad. Y, para verla, necesitamos serla, lo cual requiere aprender a silenciar la mente, para tomar distancia de sus esquemas y etiquetas.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 1,39-56)

  • FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA. Agosto 15 -2014

Hoy celebramos que María, por Jesús, vive ya la plenitud del Amor que no puede morir nunca.

Y Ella es imagen de la Iglesia, es la primera creyente que ha llegado al término hacia el cual todos queremos caminar. Por eso es un modelo para nosotros. Ella ha vivido de la fe, como nosotros. Ella también se ha encontrado con un Dios que le creaba interrogantes.

Ella tuvo que decidir el dar la respuesta a dios que la ponía en camino, en acción.

La fiesta de hoy es un canto a la esperanza, un canto a la vida a pesar de la muerte. Esta realidad por la que todos tenemos que pasar, por la que ha pasado Jesús y María. Pero la fe en Jesucristo, muerto y resucitado, nos abre las puertas de la esperanza.

Tenemos que tener como modelo a María. Como Ella, nos tenemos que poner en “camino” para ir a ayudar a los que nos necesitan. Ella llevaba a Jesús en sus entrañas y no se quedó en casa, sino que, empujada por el fruto que se iba tejiendo en su seno, subió a ayudar a su prima. No guardemos a Jesús para nosotros solos. Ella nos impulsa a llevarlo a todas partes, especialmente donde más se necesita.

Como María, alegrémonos de un Dios que muestra su fuerza y su poder en los sencillos y los humildes; demos gracias a este dios que transforma nuestros esquemas para que seamos humanos de verdad; Nos tenemos que fiar de Dios, de verdad, ya que el, es siempre fiel a su promesa de amor y vida. Y  que sepamos ponernos al lado de los humildes y de los pobres, trabajando juntos los que todavía no hemos perdido, a pesar de todo, las ganas y la ilusión de luchar por un mundo más humano; que seamos testigos de una vida que merece la pena vivir. María, también lo tuvo difícil  y se puso en camino…

Acojamos esta vida para que, en el vivir a veces gris y monótono de cada día, sepamos sembrar semillas de Esperanza y contagiemos la alegría de vivir, para luego llegar a la vida en PLENITUD CON CRISTO, nuestro Salvador. Contemos con la fuerza de El y de María y…juntos,
seguimos el camino.

ORACIÓN
Hoy, en el evangelio, vemos a María iniciar un camino de servicio:
“María se puso en camino y se fue aprisa a la montaña”

Los frutos del amor servicial de María se hicieron evidentes:

“¡Dichosa tú que has creído!”

“Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”.

Cristo nuestro: Ayúdanos a “ponernos en camino”.

Ilumina nuestra inteligencia, para ver las necesidades.

Danos coraje para ponernos en marcha: que tu Madre, la ya plenamente realizada, nos acompañe.
Que su ejemplo de amor gratuito estimule nuestra creatividad para saber ver y hacer.

María Madre de la alegría, danos la confianza de que Jesús vive y va con nosotros.

Quítanos el miedo y haznos trabajar por la Paz y la justicia, de manera que todos en este mundo, podamos vivir alegres y felices.

Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, nuestro Maestro, amigo y compañero de Camino, Verdad y Vida. AMÉN   – ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.14.22-33)

DOMINGO XIX. T.O. –A– AGOSTO 10 -2014

“MÁNDAME IR HACÍA TI”. ME HUNDO: ¡SÁVAME!

El pasaje evangélico de hoy tiene como tres partes: 1º travesía del lago en barca para ir a la otra orilla, solos. Jesús se queda despidiendo a la gente, luego sube solo al monte para orar. Y la borrasca del mar de Galilea… 2ª El tema central que es “el encuentro de Jesús con sus discípulos al amanecer”. Y un diálogo con Pedro. La 3ª, Cese de la tempestad y los discípulos postrados ante Jesús, le reconocen como Hijo de Dios.

  • Jesús se despide  de la gente. Ordena a sus discípulos que suban a la barca y vayan a la otra orilla. El, no entra en la barca sino que se retira de ellos y sube al monte para orar. (Monte, lugar de encuentro y revelación de Dios. Vemos en los evangelios muchas veces que Jesús sube al monte…)

Mientras tanto, la barca, es zarandeada por las olas. Hacia la madrugada Jesús va al encuentro de los suyos andando sobre las aguas. Los discípulos llevan varias horas remando, en la oscuridad de la noche, con el viento contrario y sin la cercanía de Jesús. Vislumbran la silueta humana caminando sobre el agua. El susto que se llevan les hace gritar. Pero Jesús les tranquiliza:
“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Y bien pronto lo comprobó Pedro, con su fogoso ímpetu le pide a Jesús llegar hasta Él caminando sobre el agua. Lo hizo, pero un golpe de viento lo hizo tambalearse y vio que se hundía y el que se creía el más valiente, sintió miedo y gritó “Señor. Sálvame” y Jesús le dijo “Por qué has dudado”.

* El simbolismo que nos narra Mateo: La barca representa a la Iglesia, que atraviesa no pocas dificultades en su navegar por la historia. Porque tiene a Jesús, estamos llamados a superar los miedos y a mantener firme la confianza en su persona. La barca eclesial no va a zozobrar nunca, porque contamos con la asistencia del mismo Dios manifestado en el poder salvador de Cristo.

*    El miedo atemoriza y bloquea a muchos cristianos. Nos cuesta compaginar dos imágenes de la Iglesia: La casa edificada sobre roca, que refleja seguridad y la barca, que se mueve, pero no atracada en el puerto, sino navegando y no siempre por mares tranquilos sino encrespados como los actuales. ¿Podemos olvidar que en la barca está siempre Jesús? Aunque esto no nos dispensa de vigilar en la noche y trabajar cuidando la barca, cuando ruge la tormenta. Pedro, se apoyó en su valentía y se hundía… Lección básica para nosotros: sólo quien se apoya en Cristo, puede resistir a todos los vendavales que arrecian en nuestro caminar diario.

Que sepamos seguir a Jesús de Nazaret, no porque nos “hundimos” en nuestra pequeñez, sino porque nos apoyamos en el poder de su Espíritu. El nos dice:
“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”

ORACIÓN

“SEÑOR, MÁNDAME IR HACIA TI”

Jesús de Nazaret, cada uno de nosotros y toda la Iglesia necesitamos hacer nuestra esta súplica, con humildad y confianza.

Ayúdanos a ir a Ti, para que no nos hundamos, porque  con solas nuestras fuerzas, no somos capaces de alcanzarte ni tampoco estar a la altura de lo que exige nuestra fe.

Tu cercanía y tu presencia, Jesús de Nazaret dio a tus discípulos  fuerza y coraje para seguir la travesía. A pesar de las circunstancias adversas.

“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”

Y hoy nos lo dices a la Iglesia, a toda la comunidad y a cada uno.

Con tu presencia, con tu fuerza, agárranos fuerte de la mano.

“SEÑOR, SÁLVANOS”

Ayúdanos a que sepamos empujar la barca y montar en ella con nuestra ayuda a todos los que necesitan de Ti, porque sufren la tempestad del hambre, el paro, la soledad, la guerra…
Jesús de la Oración: Ayúdanos a buscar tiempo y lugar “solitario” para el encuentro con el Padre, contigo y vuestro Espíritu. Para entender e impulsar nuestra vida y así, ofrecerla como tú, al servicio de tu Reino

“SEÑOR, MÁNDANOS IR HACIA TI”

AMÉN   –   ZURIÑE

19. IGANDEAN ZEHAR: «Krisiaren erdian – En medio de la crisis» José A. Pagola

KRISIAREN ERDIAN:

José A. Pagola
Mt 14, 22-33

Ez da zail ikustea Jesusen ikasleen ontzia, olatuek astindua eta kontrako haize bortitzak erasotzen dion hori, gaur egungo Elizaren irudia dela; kontrako mota guztietako indarrek kanpotik mehatxatua eta barnean beldurraren eta fede eskasaren tentazioa jasaten ari den gaurko Elizaren irudia, alegia. Nola irakur genezake ebanjelioko kontakizun hau, Eliza hondoa jotzen ari dela ematen duen krisialdi honetan?

Ebanjelariaren arabera, «Jesus ontzira hurbildu da ur gainean ibiliz». Ikasleak ez dira gai izan zein den antzemateko, ekaitzaren erdian eta gau ilunean. «Mamu bat» dela iruditu zaie. Izuturik dauzka ikarak. Egiazko gauza bakarra ekaitz ikaragarri hura da.

Hauxe da gure lehenengo arazoa. Elizaren krisialdia bizitzen ari gara, batak besteari adorerik eza, ikara eta fede-falta kutsatuz. Ez gara gai ikusteko, hain juxtu krisialdi gogor hau dela medio ari zaigula Jesus hurbiltzen. Inoiz baino bakarrago eta babesgabeago sentitzen gara.

Jesusek hiru hitz esan dizkie: «Aupa. Neu naiz. Ez izan beldur». Jesus bakarrik mintzo daiteke horrela. Baina ikasleen belarriek olatuen burrunba eta haizearen indarra bakarrik entzuten ahal dituzte. Hauxe da gure okerra ere. Ez badugu entzuten Jesusen gonbita, beragan baldintzarik gabeko konfiantza jartzekoa, zeinengana jo genezake?

Pedrok barne bulkada bat sentitu du, Jesusen deiak sostengatzen diona, eta ontzitik jauzi egin eta «Jesusengana abiatu da hur gainean oinez». Hori bera ikasi beharko genuke gaur egun krisialdi honetan, Jesusengana abiatzeko: sostengutzat hartuz, ez boterea, ez ospea, ez iraganeko segurantza, baizik Jesusekin topo egiteko gogoa, gaur egungo ilunaldian eta segurantza-faltan.

Ez da erraza. Geu ere senti gintezke koloka eta hondoratzen, Pedro bezala. Baina hark bezala, esperimenta dezakegu Jesusek eskua luzatzen eta onik ateratzen gaituela, esanez: «Fede eskaseko jendea, nolatan duda hori?»

Zergatik dugu hartarainoko duda? Nolatan ez dugu ikasten, kasik, ezer berririk krisialdi honetatik? Nolatan jarraitzen dugu sasi-segurantzen bila, geure elkarteen baitan «irauteko»? Aldiz, fede berritu batekin Jesusengana abiatzen ikasi beharko genuke, geure egun hauetako gizarte sekularizatuaren barnean berean bada ere.

Krisialdi hau ez da kristau-fedearen azkena. Beharrezkoa dugun garbikuntza da, mendetan barna Jesusengandik urrundu gaituzten mundutar interesetatik, triunfalismo engainagarrietatik eta egiazko bidea desitxuratzetik geure burua askatzeko. Jesus jardunean ari da krisialdi honetan. Eliza ebanjelikoago baterantz gidatu nahi gaitu. Biziberritu dezagun Jesusenganako konfiantza. Ez gaitezen beldur izan.

EN MEDIO DE LA CRISIS:

No es difícil ver en la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, la figura de la Iglesia actual, amenazada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas y tentada desde dentro por el miedo y la poca fe. ¿Cómo leer este relato evangélico desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar?
Según el evangelista, “Jesús se acerca a la barca caminando sobre el agua”. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un “fantasma”. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.

Este es nuestro primer problema. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver que Jesús se nos está acercando precisamente desde esta fuerte crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.
Jesús les dice tres palabras: “Ánimo. Soy yo. No temáis”. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos?

Pedro siente un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, salta de la barca y “se dirige hacia Jesús andando sobre las aguas”. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.

No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?”.
¿Por qué dudamos tanto? ¿Por qué no estamos aprendiendo apenas nada nuevo de la crisis? ¿Por qué seguimos buscando falsas seguridades para “sobrevivir” dentro de nuestras comunidades, sin aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días?

Esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es la purificación que necesitamos para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. No tengamos miedo.

 

DOMINGO 19 T.O., «EL DIOS DE PODER ES EL ÍDOLO HECHO A NUESTRA MEDIDA»

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mt 14, 22-33

Como el domingo pasado vemos una parábola en acción. No es fácil imaginar lo que en realidad pudo pasar, si es que hubo un episodio real, que diera pie a este relato. En este relato, lo que pasó tiene poca importancia; todo él está lleno de símbolos que nos quieren llevar más allá de una información de sucesos puntuales.

Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exegetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real.

También hoy es la primera lectura la que nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una magistral lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les enseña que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.

Además de Mateo, lo narran Marcos y Juan. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mateo y Marcos dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo.

En Marcos y Mateo, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego, deja entrever cierta imposición. En Juan, la iniciativa es de los discípulos y se deja entender que lo hacen despechados porque Jesús no acepta ser proclamarlo rey.

En el AT, el monte es el lugar de la divinidad. Jesús, después de un día ajetreado, se eleva al ámbito de lo divino. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue en esa cercanía a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para la tentación, Jesús se pone a orar. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así, la idea simplista que tenemos, de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica  contemplación.

Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo, el mar. Creen que van a encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar la gloria humana. En realidad encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte.

Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice expresamente que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, se están diciendo dos cosas: que domina sobre las fuerzas del mal y que es Dios.

En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de la resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.

La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles, son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Juan, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente saciada.

Pero Jesús no les abandona a ellos y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía, sin embargo, les hace descubrir el verdadero Jesús.

El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda.

La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Juan lo utiliza con mucha frecuencia.

El episodio de Pedro, merece una mención especial. Es muy probable que sea una tradición, seguramente legendaria, exclusiva de esa comunidad. Aunque así sea, tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; haz que yo partícipe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ven.

Estamos hablando de la aspiración más profunda de todo ser humano consciente. En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que aún no han comprendido las exigencias del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación.

Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.

El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera y a través de los sentidos. No podemos verlo ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarlo. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya; es un ídolo. Si lo buscas fuera de ti, estás persiguiendo un fantasma.

También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús no está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo.

La gran tentación ha sido siempre que se manifestara de forma portentosa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.

Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a la búsqueda del verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma: mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran, en cambio,  muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.

El ser humano ha buscado siempre al Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor mío si cumplo determinadas condiciones.

Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.

 

Meditación-contemplación

Mándame ir hacia ti… Ven.
El ansia de lo divino es una constante en el ser humano.
Es un anhelo positivo que está puesto ahí por Él.
La trampa es querer conseguirlo por un camino equivocado.
……………………

Lo divino forma parte de mí.
Es la parte sustancial y primigenia de mi ser.
Cuando descubro y vivo esa presencia,
despliego todas las posibilidades de ser que ya hay en mí.
…………………

El secreto está en la absoluta confianza en Él.
Si pretendo buscarle como un bien más de consumo,
solo me encontraré con seguridades ficticias.
Solo lanzándome sin “paracaídas” conseguiré aterrizar en Él
……………

 

Fray Marcos

 

*ORAR CON EL EVANGELIO:(Mt.14,13-21)

  • DOMINGO XVIII. T.O-A- AGOSTO 3 de 2014

*          “DADLES VOSOTROS DE COMER”.

Jesús  intenta realizar “El gran milagro”: multiplicar los corazones compasivos; las  personas responsables, solidarias, seguidores de la “vivencia de La Encarnación”.

Jesús quiere, antes que los panes, multiplicar los corazones compasivos; después vendrá lo demás… Jesús no se limita a hablar, se hace cargo de toda la persona…
*          El pasaje de la multiplicación de los panes y los peces, aparece en los evangelios seis veces. Esto indica la importancia de este texto.

Se hace de noche, la gente ha estado un buen rato  con Jesús, que ha curado a los enfermos, y ya es buena hora para que el gentío vuelva a casa y los discípulos y Jesús se retiren y descansen. Así se lo hacen ver a Jesús los propios discípulos. Ya está bien mañana más… pero se olvidan que Jesús VE más allá de lo que ellos ven. Y que Jesús a ese gentío les ha mirado con misericordia, con ternura, con mucho amor… Jesús está a gusto entre la gente sencilla, entre los pobres, curándolos, escuchándolos. Y Jesús les propone a sus discípulos que se impliquen, como El lo está haciendo y les dice: No hace falta que se vayan,  “DADLES VOSOTROS DE COMER” Ellos le replicaron: “Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.” Les dijo ”Traédmelos”. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, , tomando los cinco panes y los peces, alzó la mirada al cielo (confianza total en el Padre), pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para repartir a la gente. Nos cuentan que sobraron 12 canastas (Pueden significar que Dios da el pan en el mundo  para todos.). es muy fácil, despedir a la gente, para que cada cual se lo consiga. Pero Jesús no quiere eso, Él pide  a sus seguidores (también somos nosotros) que sean ellos mismos quienes se ofrezcan a ser agentes de solidaridad entre el pueblo ofreciendo lo que son y lo mucho o poco que tengan.

Jesús lo deja muy claro, el problema no es la carencia de recursos sino la falta de solidaridad y justicia. Cuando en el mundo el hambre y la necesidad está envolviendo a multitudes de personas, los cristianos tenemos que volver nuestra mirada y nuestra oración a este Evangelio para aprender de Jesús de Nazaret que la solidaridad, la compasión, la misericordia, el compartir han de ser los valores que hagamos presentes todos los días  en este mundo en que vivimos.

*          Una 2ª reflexión, nos lo recuerda Isaías en la 1ª lectura: Venid… comed sin pagar. Escuchadme. Esto es para nosotros la Eucaristía. El Señor nos reúne en asamblea, en comunidad, fraternidad que Dios quiere reunir en su Reino, para que su Palabra y su Cuerpo sean verdadero alimento para nuestras vidas… en esta asamblea también compartimos lo que cada uno tenemos, hacemos la ofrenda y también lo que somos,  con nuestras limitaciones pero también con nuestros talentos.

*          Jesús como hemos visto, implica a sus discípulos, y nos implica también a nosotros  en la tarea del COMPARTIR, nos anima a la GRATUIDAD y a sentirnos la gran ASAMBLEA, su REINO llamados a vivir la fraternidad desde lo poco o lo mucho que tengamos cada uno, pero puesto siempre al servicio del bien común, del bien de todos.

*                                                         ORACIÓN

*          Escuchamos a Jesús que nos dice: “sentaros sobre la hierba”… Lo hacemos… Aquel gentío no sabía para que, pero no dudó… (Quizá alguno se fue… Nosotros nos quedamos).

Miramos a Jesús, sentimos la experiencia dentro, de alguien que nos da su amistad, su ayuda…

Dejamos que en nuestro interior resuenen aquellas palabras: “Dadles vosotros de comer”
¿Qué tenemos nosotros para compartir?… ¿qué podemos ofrecer a los demás?…

¿Qué nos parece “la multiplicación de los corazones compartidos”?…

¿Cómo llevarlo a realidad?…

Si podemos, descansando sobre la suave hierba… compartimos nuestros sentimientos interiores…


SEGUIMOS ORANDO

Danos, Jesús de Nazaret, junto al hambre de ti, un hambre también insaciable de amor, de justicia, de libertad, para nosotros y para toda la humanidad, especialmente para aquellos a quienes el mundo actual se lo niega.. Así, nuestra hambre de ti, se hará realidad, tú que eres el Dios del Amor verdadero, de la pasión por los pobres de cualquier carencia.

Que el Pan de Jesús en cada Eucaristía y su Palabra escuchada, profundizada y hecha vida, nos ayude,  y así,  construiremos entre todos, el gran proyecto del Reino de Dios.
Y se repartirá su gracia y sobrarán canastas, después de haber llenado de la felicidad de Dios, a todos. AMÉN
ZURIÑE

28 DOMINGO T.O., «COMPARTIR EL PAN ES DAR VIDA», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mt 14, 13-21

Seis veces se narra en los evangelios este episodio. Jesús da de comer a una multitud en un despoblado. Es seguro que algo muy parecido, pasó en realidad y probablemente más de una vez. Es importante, acercarnos lo más posible a la realidad de los hechos; solo desde lo histórico, podremos desentrañar su verdadero sentido para nosotros.

Con los conocimientos exegéticos que hoy tenemos, no podemos seguir entendiendo este relato como multiplicación milagrosa de unos panes y peces. Es más, entendido como un milagro material, nos quedamos sin el verdadero mensaje del evangelio.

Podríamos decir que es una parábola en acción. También hace falta “oídos” y “ojos” bien abiertos para entenderla. El punto de inflexión del relato está en las palabras de Jesús: dadles vosotros de comer. Jesús sabía que eso era imposible. Parece ser que no entraba en los planes del grupo preocuparse de las necesidades materiales de los demás. Por otra parte, ni tenían dinero suficiente para comprar tanto pan, ni había donde comprarlo.

No podemos seguir hablando de un prodigio que Jesús lleva a cabo gracias a un poder divino. Si Dios pudo hacer un milagro para saciar el hambre de los que llevaban un día sin comer, con mucha más razón tendría que hacerlo para librar hoy de la muerte a millones de personas que están muriendo de hambre en el mundo.

Tampoco podemos utilizar este relato como un argumento para demostrar la divinidad de Jesús. El sentido de la vida de Jesús salta hecha añicos cuando suponemos que era un ser humano, pero con el comodín de la divinidad guardado en la chistera y que podía utilizar a capricho.

Lo que pasó no fue un milagro, como lo entendemos normalmente. En ninguno de los relatos se dice que los panes y los peces se multiplicaran. Realmente fue un verdadero “milagro”, que un grupo tan numeroso de personas compartiera todo lo que tenían hasta conseguir que nadie quedara con hambre.

Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo no se podía repostar por el camino, todo el que salía de casa para un tiempo, iba provisto de alimento para todo ese tiempo. Los apóstoles tenían cinco panes y dos peces; seguramente, después de haber comido ese día. Si el contacto con Jesús y el ejemplo de los apóstoles les empujó a poner cada uno lo que tenían al servicio de todos, estamos ante un ejemplo de respuesta a la generosidad que Jesús predicaba.

Es muy útil recordar la importancia que tienen en la Biblia las comidas. Con frecuencia se hace referencia a los tiempos mesiánicos con la imagen de un banquete. El mismo Jesús se dejaba invitar por las personas importantes. Él mismo organizaba comidas con los marginados; esa era una de las maneras de manifestarles su aprecio y cercanía. La más importante ceremonia de nuestro culto cristiano está estructurada como una comida. Que todo un día de seguimiento haya terminado con una comida no nos debe extrañar. Lo verdaderamente importante es que en esa comida todo el que tenía algo que aportar, colaboró, y el que no tenía nada, se sintió acogido fraternalmente.

Si tenemos “ojos” y “oídos” abiertos, en el mismo relato podemos hallar las claves para una correcta interpretación. Los discípulos se dan cuenta del problema  y actúan con toda lógica. Como tantas veces decimos o pensamos nosotros, se dijeron: es su problema, ellos tienen que solucionárselo. Jesús rompe con toda lógica y les propone una solución mucho menos sensata: “dadles vosotros de comer”. Él sabía que no tenían pan para tantas personas. Aquí empieza la necesidad de entenderlo de otra manera.

Recordar algunos datos nos ayudará a comprender el relato más ajustadamente. Junto al lago, los alimentos básicos de la gente, eran el pan y los peces. Los libros de la Ley eran cinco; y dos el resto de la Escritura: Profetas y Escritos. El número siete (5+2) es símbolo de plenitud. También el número de los que comieron (cien grupos de cincuenta) es simbólico. Los doce cestos aluden a las doce tribus. Es el pan compartido el que debe alimentar al nuevo pueblo de Dios. La mirada al cielo, el recostarse en la hierba… Ya tenemos los elementos que nos permites interpretar el relato, más allá de la letra.

El evangelio nos dice que Jesús se preocupó de las necesidades materiales de la gente. Pero también se quejó de que le entendieran mal, y terminaran creyendo que había venido para eso. El mensaje del evangelio de hoy no es que, al ver el milagro, concluyamos que Jesús es Dios; ni que podemos esperar de Dios que nos saque las castañas del fuego. El ver a Jesús como un taumaturgo, está ya muy criticado en los mismos evangelios. Seguir creyendo en el siglo XXI en milagros para solucionar los problemas, es la mejor demostración de nuestra falta de madurez religiosa.

El verdadero sentido del texto está en otra parte. La dinámica normal de la vida nos dice que el “pan” indispensable para la vida, tenemos que conseguirlo con dinero; porque alguien lo acapara y no lo deja llegar a su destino más que cumpliendo unas condiciones que el que lo acaparó impone: el “precio”. Lo que hace Jesús es librar el pan de ese acaparamiento injusto. La mirada al cielo y la bendición son el reconocimiento de que Dios es el único dueño y que a Él hay que agradecer el don. Liberado del acaparamiento, el pan, imprescindible para la vida, llega a todos sin tener que pagar un precio por él.

Jesús, nos dice el relato, primero siente compasión de la gente, y después invita a compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. Aunque en su esquema mental no encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían, lo pusieron a disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se contagia y produce el “milagro”. Cuando se deja de acaparar los bienes, llegan a todos. Cuando lo que se acapara son los bienes imprescindibles para la vida, lo que se está provocando es la muerte. Los hombres no deben actuar de manera egoísta.

Curiosamente hoy son la primera y la segunda lectura las que nos empujan hacia una interpretación espiritual del evangelio. Los interrogantes planteados en las dos primeras lecturas podrían ser un buen punto de partida para la reflexión de este domingo. La primera nos advierte que la comida material, por sí misma, ni alimenta ni da hartura. Solo cuando se escucha a Dios, cuando se imita a Dios se alimenta la verdadera vida. En la segunda lectura nos indica Pablo, dónde está lo verdaderamente importante para cualquier ser humano: el amor que Dios nos tiene y se manifestó en Jesús.

Después de un día con Jesús, el pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y peces resecos. Ese es el verdadero mensaje. Nosotros, después de años junto a Jesús, ¿qué somos capaces de compartir? No debemos hacer distinción entre el pan material y el alimento espiritual. Solo cuando compartimos el pan material, estamos alimentándonos del pan espiritual. En el relato no hay manera de separar el nivel espiritual y el material. La compasión y el compartir son la clave de toda identificación con Jesús. Es inútil insistir porque es el tema de todo el evangelio.

El  mensaje del evangelio de hoy es muy profundo. Cada vez que se comparte el pan, se comparte la vida y se hace presente a Dios que es Vida-Amor. No hay otra manera de identificarnos con Dios y de acercar a Dios a los demás. La eucaristía es memoria de esta actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total. El pan que verdaderamente alimenta, no es el pan que se come, sino el pan que se da.

 

Meditación-contemplación

¡Dadles vosotros de comer!
No deberíamos olvidar nunca estas palabras.
Es lo primero que espera Dios de cada uno de nosotros.
Es lo que esperan todos los “muertos de hambre”.
…………………

Si de nuestra relación con Dios no se desprende esta exigencia,
podemos estar seguros de que ese dios es falso.
Si no veo a Dios en el que muere de hambre,
mi dios es un ídolo que yo me he fabricado.
…………………………

La clave del mensaje de Jesús es la compasión.
Si no me aproximo al que me necesita,
me estoy alejando del Dios de Jesús.
Si he descubierto a Dios dentro de mí,
lo estaré viendo siempre en los más pobres.
………………

Fray Marcos

 

28 Tiempo ordinario, «DADLES VOSOTROS DE COMER», José A. Pagola

Mateo 14, 13-21

DADLES VOSOTROS DE COMER
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 30/07/14.- Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se esta haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”.

Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.

La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.

Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.

¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.

El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.

En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús? ¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”?

 

«LO QUE NO ES EL REINO DE DIOS», por Enrique Martínez Lozano Mt 13, 44-52

17 DOMINGO T.O.

FE ADULTA

Jesús lo tiene claro: el «Reino de los cielos» es el tesoro por antonomasia, aquel que, al descubrirlo, llena de gozo desbordante y te capacita para desprenderte de todo lo demás.
El siguiente paso consiste en preguntarnos en qué consiste exactamente ese «Reino de los cielos».
Durante mucho tiempo, se pensó que se trataba del cielo posterior a la muerte, o de la fe que nos garantizaba la salvación, o incluso de la propia Iglesia. Sin embargo, estas lecturas nos resultan hoy insuficientes y, en último término, inadecuadas para comprender lo que Jesús quería transmitir.

El «Reino de Dios» no es el «cielo».

Uno de los motivos por el que se cayó en esa confusión se debió al hecho de que fuera el propio evangelio de Mateo –el más leído en toda la historia de la Iglesia- el que hablara de «Reino de los cielos». Sin embargo, es claro que tal denominación se debe únicamente al hecho de que, en el judaísmo, se evitaba pronunciar el nombre divino, sustituyéndolo por algún otro término equivalente: Señor, Altísimo, Gloria, Cielos… Pero parece claro que Jesús no hablaba de un reino que sería posible «post mortem», sino del «Reinado de Dios» en medio de nuestra vida, aquí y ahora.
Al identificarlo con el cielo, el proyecto de Jesús se espiritualizó y se pospuso, al tiempo que, en la práctica, fue adquiriendo un tono cada vez más doctrinal y más individualista, en una línea similar a como se entendía la «salvación del alma».
Pero a Jesús no le preocupaba el «más allá» de la muerte, sino el «más acá» de la vida de los humanos. Por eso, no habla del «tesoro» como de una realidad futura, sino como un acontecimiento presente, que solo necesita ser descubierto, acogido y vivido.
Para él, el «Reino de Dios» constituye el secreto último de lo real: por eso es fuente de gozo y, al mismo tiempo, de transformación personal en radicalidad. Se trata, en definitiva, de otro modo de ver y, en consecuencia, de otro modo de vivir.

El «Reino de Dios» no es equivalente a la fe.

A veces se ha identificado el Reino con una adhesión mental a determinadas creencias. El motivo es que, según se enseñaba, era precisamente la fe la que garantizaría nuestra salvación eterna. De ahí que se concluyera que se entraba en el Reino a través de la fe.
Sin embargo, el Reino no es objeto de fe, del mismo modo que un tesoro no es algo «creído», sino descubierto. Por eso, al reducirlo a un objeto de fe, el tesoro dejaba de ser tal, porque no se veía ni se experimentaba.

El «Reino de Dios» no es la Iglesia.

Durante siglos, en una eclesiología que no está del todo superada, se llegó a identificar, en la práctica, el Reino con la Iglesia, a veces incluso contraponiéndola con el «reino del mundo».
Esta confusión llevó a absolutizar la Iglesia –y el poder jerárquico dentro de ella- y a vivirla enfrentada al «mundo», que se consideraba pecador y adversario. Las consecuencias de tal postura se manifestaron pronto en forma de dualismo casi maniqueo, fundamentalismo, fanatismo y proselitismo.
Si tenemos en cuenta que Jesús ni siquiera fundó una iglesia, advertiremos fácilmente que tal «deslizamiento» –del Reino a la Iglesia- no solo carecía de cualquier fundamento, sino que fue origen de peligrosos malentendidos y de creencias sectarias.
El «Reino (reinado) de Dios» es una expresión que designa el proyecto de Jesús. Con él se apunta a un tipo de comunidad humana regida por la fraternidad, desde la consciencia de compartir el mismo origen y la misma fuente (Dios, «Abba»).
Y dado que «el Padre y yo somos uno», y nuestro fondo es el mismo y único fondo de todo lo real, el «Reino de Dios» es otro nombre más para referirnos a él, a ese fondo que constituye nuestra verdadera identidad.
Desde esta perspectiva –y me parece que así es como lo vivía y lo anunciaba Jesús-, no cabe ningún dualismo ni tampoco ningún exclusivismo. El Reino de Dios no esta separado de nada ni deja nada fuera, sino que es el fondo común que todos compartimos.
Y no se trata, según el propio Jesús, de creer en él, sino de verlo. Cuando «tocamos» ese fondo que nos constituye –y constituye todo lo real- hemos descubierto y palpado el tesoro, nos llenamos de alegría y «vendemos» (nos despojamos de) lo que tenemos para hacernos con él y vivirnos desde él.

 

Enrique Martínez Lozano
www.enriquemartinezlozano.com