*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.18.15-20)

  • DOMINGO XXIII. T.O. –A– SEPTIEMBRE  7 de 2014

*    Es difícil entender el evangelio y vivir la vida cristiana sin hacer referencia a la comunidad.

Las tres lecturas de la liturgia del día de hoy hablan de ella, sea con el amor al prójimo, con la necesidad de sabernos cuidar unos a otros llegando a la preocupación del hermano que se desvía en la vida, que peca. Y diciéndonos el mismo Jesús de Nazaret:
“SI DOS O TRES SE REUNEN EN MI NOMBRE, YO ESTOY EN MEDIO DE ELLOS”.

  • Jesús, lo primero que hizo fue, formar grupo, hacer comunidad.
  • La fe no es sólo una experiencia que se vive individualmente, ni un proceso interior  sólo personal.  El verdadero creyente alimenta su fe en la comunidad, compartiendo con hombres y mujeres la misma esperanza en el Dios de Jesucristo.

Hoy, Jesús y s. Pablo, nos insisten en la corrección fraterna. Somos humanos, por eso en las familias, en los grupos, en las comunidades de reflexión, existen fricciones… La comunidad cristiana no es un grupo de perfectos, de santos, aunque los haya. Admite a pecadores y nadie debería  escandalizarse por ello. (Mc. 14,27-31; Mt.26,31-35;Lc.22,31´34; Jn.13,36-38). Y otros nos lo iluminan)

“Somos un pueblo que camina” casi siempre a paso lento, a veces tropezando y hasta cayendo, en ocasiones dando marcha atrás. Pero como comunidad queriendo mantener el Espíritu del Evangelio, el seguimiento de Jesús de Nazaret.  Todos cometemos fallos. Todos tenemos momentos malos y necesitamos poder empezar de nuevo, tener una nueva oportunidad. Jesús nos invita, sobre todo, a actuar con paciencia, acercándonos de manera personal y amistosa a quién está actuando de manera equivocada.  ¡Cuánto bien nos puede hacer a todos esa observación oportuna, ese apoyo sincero en el momento que nos hemos desorientado! Toda persona es capaz de salir de su cerrazón, de su pecado y volver a la razón y a la bondad. Pero necesitamos alguien que nos ame de verdad que nos invite a interrogarnos y nos contagie un deseo de verdad y generosidad.

  • Jesús ha venido a traer un nuevo tipo de relaciones, y nos llama a cada uno, a cada comunidad para ponerlas en práctica y extenderlas por todas partes: Relaciones de libertad, amabilidad, comprensión, desbloqueos, pero con amor. Relaciones de esperanza, de escucha, de perdón y a la vez si es necesario exigencia mutua. Cada uno podemos continuar esta lista contemplando  el vivir y actuar de Jesús de Nazaret.
  • La insistencia de Jesús en la ayuda al hermano que peca (y…¡todos pecamos!) y el amor al prójimo, nos dice que no debemos poner límite a la capacidad de amar, de perdonar, de ayudarnos.
    En la Eucaristía, centro de la vida cristiana, celebración de la comunidad, unidos confesamos  al comenzar nuestro pecado: “de pensamiento, palabra, obra y omisión” Todos, necesitamos CONVERSIÓN.
  • ORACIÓN

Jesús de Nazaret, haznos descubrir el valor de la comunidad, como lo vivieron tus discípulos, sabiendo que Tú nos acompañas…
Ayúdanos a descubrir y vivir que “donde hay dos o más reunidos en tu nombre”
Tú está en medio de ellos.
Aviva en nosotros, en la sociedad y en la Iglesia, los derechos humanos, ante el sufrimiento de los más débiles. A no desentendernos de los otros.

Reconocemos que, sin tu ayuda, no podemos superar  nuestra pequeñez.
Tú, a todos perdonas, porque eres amigo de la vida.

Te damos gracias, porque tú lo viviste así y en ti encontramos la motivación para aprender a amar y perdonar, para sentir como propias las alegrías y las dificultades de los demás.

Que el saber que estás en medio de nosotros, nos haga vivir mirando, pensando y haciendo el bien a todos, en especial, al que más lo necesite o se haya alejado de Ti.

Que vivamos el sentido de comunidad Eclesial, con fuerza y entrega, lo mismo  en las pequeñas comunidades que luego nos unimos en la Eucaristía para darte gracias, y renovar nuestra entrega.
Para todo esto, necesitamos la fuerza del Espíritu mediante la reflexión de la Palabra, la oración, el compromiso  y todo como decimos celebrándolo con alegría, unidos en la Eucaristía. AMÉN.  ZURIÑE

 

 

 

«SOLO EN UNA RELACIÓN HUMANA SE HACE PRESENTE DIOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 18, 15-20

Del capítulo 16 hemos pasado al 18. Mateo comienza una serie de discursos sobre la comunidad. Es la primera vez que se emplea el término “hermano” para designar a los miembros de la comunidad. Hay que notar que este texto está a continuación de la parábola de la oveja perdida, que termina con la frase: “Así vuestro Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”. El tema de hoy no es el perdón. Los textos lo dan por supuesto y van mucho más allá al tratar de ganar al hermano que ha fallado.

Lo que nos relata el evangelio de hoy, es seguramente reflejo de una costumbre de la comunidad de Mateo. Se trata de prácticas que ya se llevaban a cabo en la sinagoga. En este evangelio es muy relevante la preocupación por la vida interna de la comunidad (Iglesia). El evangelio nos advierte que no se parte de una comunidad de perfectos, sino de una comunidad de hermanos,que reconocen sus limitaciones y necesitan el apoyo de los demás para superar sus fallos. Los conflictos pueden surgir en cualquier momento, pero lo importante es estar preparados para superarlos.

Encontramos dificultades en el mismo texto. En muchos códices dice: “Si tu hermano peca contra ti” o “te ofende”.  La última parte falta en algunos importantes, como el Sinaiticus y el Baticanus. En cuanto a las traducciones, la opinión esta dividida casi al cincuenta por ciento. Incorporan el “contra mí”: La Vulgata,  la de P. Bover, Nacar-Colunga y la de J. Mateos-J. L. Schökel. Lo eliminan del texto, la Biblia de Jerusalén, la de La casa de la Biblia, La litúrgica. La Nueva Biblia Americana lo pone entre paréntesis, que es la mejor solución, porque no hay razones definitivas ni para ponerlo ni para quitarlo.

En caso de aceptar “contra ti”, se trataría de ofrecer perdón por parte del ofendido; en contra de toda lógica que nos dice que el que debe pedir perdón es el que ofende. Pero tiene el peligro de entenderlo como un conflicto puramente personal en el que, solo en última instancia, intervendría la comunidad como sancionadora. La continuación al texto que hemos leído hoy, parece apostar por la opción de “contra mí”, porque Pedro pregunta: “¿cuántas veces tengo que perdonar?” Incluso J. Mateo traduce: “Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo, ¿Cuántas veces le tengo que perdonar? Muy coherente.

La otra versión: “Si tu hermano peca”, Tiene el peligro de que lo  entendamos como una falta abstracta, sin referencia ni a un individuo ni a la comunidad. Esto nos haría perder la perspectiva histórica. La práctica penitencial de los primeros siglos se fue desarrollando en torno a los pecados contra la comunidad, no se tenía en cuenta, ni se juzgaba la actitud personal con relación a Dios, sino el daño que se hacía a la comunidad. La respuesta de la comunidad no juzgaría la situación personal del que ha fallado sino su relación con la comunidad, que tiene que velar por el bien de todos sus miembros.

“Atar y desatar”. Es una imagen del AT muy utilizada ya por los rabinos de la época; aquí se refiere a la capacidad de aceptar a uno en la comunidad o de excluirlo de ella. Así lo entendieron también las primeras comunidades, cuyos miembros eran judíos. El concepto de pecado, como ofensa a Dios que necesita también el perdón de Dios, tal como lo entendemos hoy, aún tardaría siglos en surgir. No podemos entender el texto como un poder conferido por Dios para perdonar las ofensas contra Él.

“Todo lo que atéis en la tierra…” Hace dos domingos, el mismo Mateo decía exactamente lo mismo, referido a Pedro. ¿Cuál de los dos textos estará en la verdad? Solo hay una solución: Pedro actúa como cabeza de la comunidad. En el evangelio de Mateo no se encuentra un solo dato que haga pensar en una autoridad que toma decisiones. Teniendo en cuenta el contexto, podemos concluir, que son las personas individuales las que tienen que acatar el parecer de la comunidad y no al revés, como se nos quiere hacer ver.

“Donde dos estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Dios está identificado con cada una de sus criaturas, pero solo se manifiesta (está en medio) cuando hay por lo menos dos. La relación humana es el único marco para que Dios se haga patente. Hoy sabemos que también las relaciones con los animales e incluso con la naturaleza tienen que ser verdaderamente humanas. Se trata de estar identificados con la actitud de Jesús, es decir, buscando únicamente el bien del hombre, de todos los seres humanos, también de los que no pertenecen al grupo.

Es imposible cumplir hoy ese encargo de la corrección fraterna porque está pensado para una comunidad, y lo que hoy falta es precisamente esa comunidad. No obstante, lo importante no es la norma concreta, que responde a una práctica de la comunidad de Mateo, sino el espíritu que la ha inspirado y debe inspirarnos a nosotros la manera de superar los enfrentamientos a la hora de hacer comunidad.

La comunidad es la última instancia de nuestras relaciones con Dios y con los demás. Insiste en que hay que agotar todos los cauces para hacer salir al otro de su error, pero una vez agotados todos los cauces, la solución no es la eliminación del otro, sino la de apartarlo, con el fin de que no siga haciendo daño a la comunidad. La solución final manifiesta la incapacidad de la comunidad para convencer al otro de su error. Si la comunidad tiene que apartarlo es que no tiene capacidad de integrarlo.

El sentido de la comunidad es la ayuda mutua. La Iglesia debe ser sacramento (signo) de salvación para todos. Hoy día no tenemos conciencia de esa responsabilidad. Pasamos olímpicamente de los demás. Seguimos enfrascados en nuestro egoísmo incluso dentro del ámbito de lo religioso. El fallo más letal de nuestro tiempo es la indiferencia. Martín Descalzo la llamó “la perfección del egoísmo”. Otra definición que me ha gustado es esta: “es un homicidio virtual”. Seguramente es hoy el pecado más extendido en nuestras comunidades.

Cualquier persona que vaya, sin saberlo, por un camino equivocado, agradecería que alguien le indicara su error y le mostrara el verdade­ro camino. Si una persona que camina por la carretera hacia Andalucía, te dice que se dirige a Santander, le harías ver que está equivocado.  Si al hacer hoy la corrección fraterna, damos por supuesto que el otro tiene mala voluntad, (concepto moderno de pecado) será imposible que te acepte la rectifi­ca­ción. Desde esa perspectiva estás dando por supuesto que tú eres bueno y el otro malo.

La corrección fraterna no es tarea fácil, porque el ser humano tiende a manifestar su superioridad. En este caso puede suceder por partida doble. El que corrige puede humillar al corregido queriendo hacer ver su superioridad moral. Aquí tenemos que recordar las palabras de Jesús: ¿Cómo pretendes sacar la mota del ojo del tu hermano teniendo una viga en el tuyo? El corregido puede rechazar la corrección por falta de humildad. Por ambas partes se necesita un grado de madurez humana no fácil de alcanzar.

Partiendo de que todo pecado es un error, lo que falla en realidad es la capacidad de los cristianos para convencer al otro de su equivocación, y que siguiendo por ese camino se está apartando de la meta que él mismo pretende conseguir. Una buena corrección tiene que dejar claro que buscamos el bien del corregido. No solo se aleja él de la plenitud humana sino que impide o dificulta a los demás caminar hacia esa meta. Apartado de los demás, ningún hombre conseguiría el más mínimo grado de humanidad.

Meditación-contemplación

“El que ama tiene cumplido el resto de la Ley”.

La preocupación por los demás es una quimera,

si no partimos de un verdadero amor.

No se responsabiliza uno de los demás por programación.

……………………

La máxima manifestación de desamor, es la indiferencia.

Camuflarla bajo el manto del respeto o la tolerancia, es cobardía.

Si no me comprometo con el bien espiritual del otro,

es que su presente y su futuro me importan un comino.

……………………

Debo ir al encuentro del otro para ayudarle a ser él mismo,

sin juzgarle, sin tener en cuanta su bondad o maldad.

Si no busco con interés el bien del hermano,

mi propia plenitud humana quedará en entredicho.

………………

Fray Marcos

 

23. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «GURE ARTEAN DAGO – ENTRE NOSOTROS» José A. Pagola

GURE ARTEAN DAGO-ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Mat. 18, 15-20

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA,: Jesusen hitzak, Mateok dakartzanak, joan-etorri handikoak dira kristau-elkarteen bizitzarako; halaz guztiz, arreta txikia eskaintzen diete askotan iruzkingileek eta predikariek. Hona Jesusen promesa: «Nire izenean bi edo hiru lagun elkartuko diren lekuan, han nagoke ni haien artean».

Jesusek ez ditu buruan ospakizun jende-jendetsuak, Erromako San Pedro plazakoak bezalakoak. Bi edo hiru bakarrik badira ere, han dagoke bera haien artean. Ez da beharrezkoa han hierarkia egotea; ez da beharrezkoa jende asko egotea elkarturik.

«Elkarturik egotea» da garrantzizkoa, eta ez barreiaturik, eta ez mokoka bata bestearen aurka: ez daitezela bizi batak besteari izena nola kenduko. «Jesusen izenean» bilduak izatea da funtsezko gauza: haren deia entzutea, Jainkoaren Erreinuaz duen hark duen egitasmoarekin bat egitea. Talde txikiaren erdigunea Jesus bera izatea.

Jesusen presentzia bizi eta egiazko honek animatu, gidatu eta sostengatu behar du haren jarraitzaileen elkarte txikia. Jesusek arnastu behar ditu taldetxoaren otoitza, ospakizuna, egitasmoak eta jarduerak. Presentzia hau da kristau-elkarte bizi baten giltzarria.

Kristauok ezin bildu gara nolanahi, gaur egun, geure talde eta elkarteetan: ohituraz, hala egiten delako, eginbehar erlijioso bat betetzeko. Asko edo, agian, gutxi izango gara. Garrantzizkoa Jesusen izenean elkartzea da, hark tira egiten digulako eta mundua gizakoiago egiteko haren egitasmoari aurrera eragiteko.

Biziberritu beharra dugu Jesusen elkartea garelako ustea. Haren Ebanjelioa entzuteko elkartzen gara, haren oroitzapenari bizi-bizi eusteko, haren Espirituak guztiok kutsatu gaitzan, haren pozari eta bakeari geure artean harrera ona eskaintzeko, haren Berri Ona hots egiteko.

Kristau-fedearen etorkizuna, hein handi batean, kristauon baitan dago, geure elkarte jakinetan, ondorengo hamarraldietan, egingo dugunaren baitan. Ez da aski Frantzisko aita santuak Vatikano inguruan egin lezakeena. Ezin jarri dugu geure esperantza ondorengo urteotan ordenatuko den apaiz-taldetxoan ere. Jesu Kristo da gure esperantza bakarra.

Geure kristau-elkarteen erdigunetzat behar dugu hartu Jesus; hark bakarrik ematen ahal dio indarra gure fede ahitu eta errutinazkoari; ark bakarrik erakar ditzake gaur egungo gizon-emakumeak; hark bakarrik sor dezake fede berri bat federik eza nabari zaion gaurko mundu honetan. Elizaren erdi-erdiko guneak eraberritze premia gorrikoa da. Erreformarako dekretuak beharrezkoak dira. Baina ezer ez, Jesu Kristoren errotikotasunera itzultzea baino beharrezkoagorik.

ESTÁ ENTRE NOSOTROS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA,  Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Jesús no está pensando en celebraciones masivas como las de la Plaza de San Pedro en Roma. Aunque solo sean dos o tres, allí está él en medio de ellos. No es necesario que esté presente la jerarquía; no hace falta que sean muchos los reunidos.

Lo importante es que “estén reunidos”, no dispersos, ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan “en su nombre”: que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.

Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva.

Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.

Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.

El futuro de la fe cristiana dependerá en buena parte de lo que hagamos los cristianos en nuestras comunidades concretas las próximas décadas. No basta lo que pueda hacer el Papa Francisco en el Vaticano. No podemos tampoco poner nuestra esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra única esperanza es Jesucristo.

Somos nosotros los que hemos de centrar nuestras comunidades cristianas en la persona de Jesús como la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres de hoy. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. La renovación de las instancias centrales de la Iglesia es urgente. Los decretos de reformas, necesarios. Pero nada tan decisivo como el volver con radicalidad a Jesucristo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

PEDRO, PORTAVOZ DE SATANÁS, Y LA PARÁBOLA DEL MALETÍN Y EL JOYERO

José Luis Sicre
FE ADULTA

En el evangelio del domingo anterior, Pedro, inspirado por Dios, confiesa a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato lo podemos dividir en tres escenas.

Primera escena: Jesús y los discípulos (primer anuncio de la pasión y resurrección)

Pedro acaba de confesar a Jesús como Mesías. Él piensa en un Mesías glorioso, triunfante. Por eso, Jesús considera esencial aclarar las ideas a sus discípulos. Se dirigen a Jerusalén, pero él no será bien recibido. Al contrario, todas las personas importantes, los políticos (“ancianos”), el clero alto (“sumos sacerdotes”) y los teólogos (“escribas”) se pondrán en contra suya, le harán sufrir mucho, y lo matarán. Es difícil poner de acuerdo a estas tres clases sociales. Sin embargo, aquí coinciden en el deseo de hacer sufrir y eliminar a Jesús. Pero todo esto, que parece una simple conjura humana, Jesús lo interpreta como parte del plan de Dios. Por eso, no dice a los discípulos: «Vamos a Jerusalén, y allí una panda de canallas me va a perseguir y matar», sino «tengo que ir» a Jerusalén a cumplir la misión que Dios me encomienda, que implicará el sufrimiento y la muerte, pero que terminará en la resurrección.

Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

Segunda escena: Pedro y Jesús (vuelven las tentaciones)

Jesús termina hablando de resurrección, pero lo que llama la atención a Pedro es el «padecer mucho» y el «ser ejecutado». Según Mc 8,32, Pedro se puso entonces a reprender a Jesús, pero no se recogen las palabras que dijo. Mateo describe su reacción con más crudeza: «se lo llevó aparte y se puso a increparle: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte!» Ahora no es Dios quien habla a través de Pedro, es Pedro quien se deja llevar por su propio impulso. Está dispuesto a aceptar a Jesús como Mesías victorioso, no como Siervo de Dios. Y Jesús, que un momento antes lo ha llamado «bienaventurado», le responde con enorme dureza: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar!»

Estas palabras traen a la memoria el episodio de las tentaciones a las que Satanás sometió a Jesús después del bautismo. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Y Jesús, que no vio especial peligro en las tentaciones de Satanás, ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, como ante el demonio; no aduce tranquilamente argumentos de Escritura para rechazar al tentador, sino que está llena de violencia: «tú piensas como los hombres, no como Dios.» Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

Esta función de tentador que desempeña Pedro en el pasaje y la reacción tan enérgica de Jesús nos recuerdan que las mayores tentaciones para nuestra vida cristiana no proceden del demonio, sino de las personas que están a nuestro lado y nos quieren. Frente a una mentalidad que mitifica y exagera el peligro del demonio en nuestra vida, es interesante recordar este episodio evangélico y unas palabras de santa Teresa que van en la misma línea. Después de contar las dudas e incerti­dumbres por las que atravesó en muchos momentos de su vida, causadas a veces por confesores que le hacían ver el demonio en todas partes, resume su experiencia final: «…tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y estotros, en especial si son confe­sores, inquietan mucho, y he pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir» (Vida, cap. 25, nn.20-22).

Tercera escena: Jesús y los discípulos (parábola del maletín y el joyero)

No se conocían de nada, sólo les unió compartir dos asientos de primera clase. Ella colocó en el compartimento un elegante estuche con sus joyas. Él, un pesado maletín con su portátil y documentos de sumo interés. El pánico fue común al cabo de unas horas, cuando vieron arder uno de los motores y oyeron el aviso de prepararse para un aterrizaje de emergencia. Tras el terrible impacto contra el suelo, ella renunció a sus joyas y corrió hacia la salida. Él se retrasó intentando salvar sus documentos. El cadáver y el maletín los encontraron al día siguiente, cuando los bomberos consiguieron apagar el incendio. Extrañamente, ella recuperó intacto el estuche de sus joyas.

En tiempos de Jesús no había aviones, y él no pudo contar esta parábola. Pero le habría servido para explicar la enseñanza final de este evangelio. Para entender esta tercera parte conviene comenzar por el final, el momento en el que el Hijo del Hombre vendrá a pagar a cada uno según su conducta. En realidad, sólo hay dos conductas: seguir a Jesús (salvar la vida, renunciando al joyero) o seguirse a uno mismo (salvar el maletín a costa de la vida). Seguir a Jesús supone un gran sacrificio, incluso se puede tener la impresión de que uno pierde lo que más quiere. Seguirse a uno mismo resulta más importante, salvar la vida y el maletín. Pero el avión está ya ardiendo y no caben dilaciones. El que quiera salvar el maletín, perderá la vida. Paradójicamente, el que renuncia al joyero salva la vida y recupera las joyas.

José Luís Sicre

 

Domingo 31 de Agosto, 22º del tiempo ordinario: «Galtzen ikasi – Aprender a perder»

Esapide hori ebanjelio guztiek jaso dute eta sei aldiz errepikatu: «Norbaitek bere bizia salbatu nahi badu, galdu egingo du, baina nigatik galduko duenak aurkituko du». Jesus ez da mintzo gai erlijioso batez. Biziaren egiazko balioa zein den ari zaie planteatzen ikasleei.

Era paradoxikoan eta zirikatzailean adierazia da esapidea. Bizia orientatzeko bi era oso desberdin dira: batak salbaziora zarama, besteak hondamendira. Gogorrena eta gustagarritasun txikiena duela ematen duen bidea jarraitzera gonbidatzen gaitu Jesusek, hori baita gizakiarentzat behin betiko salbaziora iristeko bidea.

Lehenengo bidea biziari atxikitzean datza, nor beretzat bakarrik biziz: nork bere «neu»a bizitzaren azken arrazoi eta goreneko xede eginez. Bizitzeko era honek, beti norberaren irabazia edo probetsua bilatuz, hondamendira darama gizakia.

Bigarren bidea galtzen jakitean datza, Jesus bezala biziz, Aitaren egitasmo gizatartzailearen azken xedeari irekirik: norberaren segurtasunari edo irabaziari uko egiten jakinez; bilatuz, ez norberaren ongia bakarrik, baizik eta besteena ere bai. Bihotz zabaleko bizitzeko era honek salbaziora darama gizakia.

Jainko Salbatzaileagan duen fedetik mintzo da Jesus; haren hitzak oharpen zorrotz dira gizon-emakume guztientzat. Zer etorkizun izango du zatitua eta puska-puska egina den Gizadi honek?, non botere ekonomikoek beren onura bilatzen baitute; lurraldeek, zeinek bere ongizatea; gizabanakoek, zeinek bere probetxua.

Irrazionala da gaur egun munduaren ibilbidea gidatzen duen logika. Herriak eta gizabanakoak pixkana pixkana «beti gehiago edukitzearen» esklabotzan erortzen ari gara. Gutxiegi da dena, geure burua aserik sentitu ahal izateko. Ondo bizitzeko, emankortasun handiagoa behar dugu beti, ongizate material handiagoa, botere handiagoa besteen gain.

Aseezinik irrikatzen dugu ongizatea; alabaina, ez al gara galtzen ari geure gizatasuna, beti zerbait gehiago? Gero eta «aurrerapen» handiagoa opa dugu; alabaina, zer aurrerapen da, milioika lagun miserian, goseak, elikatu gabe uztera garamatzan hau? Zenbat urtez gozatu ahal izango dugu geure ongizateaz, goseak direnei geure mugak ipiniz?

Lurralde pribilegiatuek geure ongizatearen maila «salbatzea» bakarrik gura badugu, ez badugu galdu nahi geure ahalbide ekonomikoa, ez dugu sekula joko mundu-mailako solidaritate baterantz. Baina ez gaitezen engaina. Munduak gero eta segurtasun eskasagoa izango du, eta bizigarritasun txikiagoa guztientzat, baita guretzat ere. Munduan giza bizitza salbatzeko, galtzen ikasi beharra dugu.

 

APRENDER A PERDER

Jose Antonio Pagola

El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: “Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierde por mí, la encontrará”. Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.
El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación, la otra a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.
El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio “yo” la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.

El segundo camino consiste en saber perder, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús está hablando desde su fe en un Dios Salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una Humanidad dividida y fragmentada, donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países, su propio bienestar; los individuos, su propio interés?

La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del “tener siempre más”. Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien, necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.
Buscamos insaciablemente bienestar, pero ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos “progresar” cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humano en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar, cerrando nuestras fronteras a los hambrientos?

Si los países privilegiados solo buscamos “salvar” nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo, hemos de aprender a perder.

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 16.21-27)

  • DOMINGO XXII. TO –A– AGOSTO 31 de 2014

  • Para escuchar el Evangelio de hoy, hace falta corazones fueres…
    “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo tome su cruz y me siga”…

No es fácil compaginar la vida centrada en el negarse a sí mismo  y otra, en la felicidad…

Seguir a Jesús en la vida ordinaria significa tomar en las manos lo que la vida trae necesariamente a veces de dureza; por ejemplo el trabajo con sus exigencias, problemas familiares, enfermedades, soledad, falta de trabajo, sequedad en la oración, relaciones interpersonales o comunitarias, difíciles… y se puede seguir.

Todo esto se puede vivir “arrastrándolo”, o por el contrario aprender a vivirlas día a día como camino de maduración humana, aceptando el camino de Jesús de Nazaret, que da fuerza y guía nuestros pasos, aunque nos resulte difícil comprenderlo.

Los cristianos formamos parte de esta sociedad, de su mentalidad y cultura. Por eso, debemos aportar a nuestra sociedad lo que aprendemos de Jesús. No es que a Jesús le guste el sufrimiento por el sufrimiento. Lo que no soporta es el egoísmo, la violencia, la deshumanización, el que las personas sean tratadas como esclavas, explotadas…

Lo que nos dice Jesús de Nazaret, son propuestas y reflexiones sobre la vida humana para que las pensemos. Son consejos para vivir esta vida con sentido.

Nos podemos hacer algunas preguntas: ¿Qué es lo que nos importa realmente en nuestra vida?.. ¿Qué es realmente lo que se  valora en nuestra sociedad? Podemos hacer un pequeño ejercicio personal y comunitario sobre las cosas a las que damos importancia:
* ¿Por qué cosas seríamos capaces de dar hasta la vida…?  En el desconcierto de valores que vivimos en la sociedad actual, hay personas que anteponen el dinero, su imagen, su coche… al amor, a la amistad, a la solidaridad, a la familia, a la ayuda al enfermo… Y Jesús, orienta su vida y su respuesta apostando por el reinado de Dios, en el aquí y ahora, lo demás “son circunstancias”. Para el cristiano, seguidor de Jesús de Nazaret, una persona, cualquier persona, y su vida valen más que todas las “cosas de este mundo”. No hagamos como Pedro, querer arreglar el mundo mágicamente, y Jesús le reprocha duramente.  Jesús acepta la Voluntad del Padre convencido (aunque le cueste) de que pase lo que pase el Padre nunca le abandonará. Luego Jesús de Nazaret al proponernos llevar la Cruz de cada día, nos dará siempre su fuerza y no nos abandonará.

  • ORACIÓN
  • Jesús de Nazaret, te contemplamos hoy en el evangelio,  explicando a los discípulos tus caminos para “dar sentido a la vida”, para realizarnos humanamente y de verdad.
  • Nos cuesta comprender como a Pedro, tus caminos.
    Ayúdanos  a comprender lo que es y lo que vale negarse a uno mismo. El vivir con sencillez y humildad evitando lo que nos aleja de los más pobres.
  • Ayúdanos a saber  llevar  la cruz de cada día y ayudar a otros a llevarla.
    Danos constancia y voluntad para seguirte y saber vencer el egoísmo, para saber abrirnos a los demás, con escucha, ayuda, servicio.
  • Danos suficiente alegría para ser amables. Fuerza y valor para ser humanos. Esperanza para ser felices, amigos para saber echar una mano a quien lo necesite. Suficiente fe para crecer en esperanza y amor. AMÉN. ZURIÑE

 

 

21º Domingo T. O., «CONOCER A JESÚS ES VIVIR LO QUE ÉL VIVIÓ», de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Mt 16, 13-20

Como el domingo pasado se sitúa la escena fuera del territorio palestino. Otra vez Jesús se retira con sus discípulos; ahora a la región de Cesarea de Filipo. Se van a tratar temas que desbordan la problemática estrictamente judía, y por eso Mateo coloca la escena en territorio gentil, fuera de una concepción del Mesías demasiado nacionalista, para dar a entender que estamos en una apertura a los gentiles. Ni lo que dice sobre Jesús, ni lo que dice sobre la Iglesia podía ser aceptado por un judío normal.

Dos temas nos proponen hoy las lecturas: Quién es Jesús y el poder de las llaves. Lo primero que hay que tener en cuenta es que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y por lo tanto reflejan, no lo que entendieron mientras vivieron con él sino lo que las primeras comunidades pensaban de él. También es lógico que se preocuparan por la estructura de la nueva comunidad: El texto expresa vivencias pascuales. Esto no le quita importancia sino que se la da, porque se trata de la experiencia de la primera comunidad que expresa así su fe en Jesús.

Se quiere diferenciar la opinión de la gente de la de los discípulos. Mejor sería decir que la diferencia sería entre lo que la gente y los discípulos pensaron de Jesús mientras vivía y lo que pensaron de él después de la Pascua. Es verdad que, mientras vivieron con él le mostraron una gran estima, pero no se dieron cuenta de la novedad que la figura de Jesús aporta. A los discípulos les costó Dios y ayuda dar el paso de una interpretación nacionalista del Mesías, a la del verdadero mesianismo que encarnaba la figura de Jesús. Solo después de Pascua fueron capaces de dar el paso.

Antes de esa experiencia, Pedro nunca pudo decir a Jesús que era el Hijo de Dios. (Marcos dice escuetamente: tú eres el Mesías y Lucas: el Mesías de Dios). Los judíos ni siquiera tenían un concepto de Hijo de Dios en sentido estricto. En el AT se llamaba hijo de Dios al rey, a los ángeles, al pueblo judío, pero en sentido simbólico. Para un judío lo más que se podía decir de un ser humano es que era el Ungido, es decir, Mesías. Los griegos (y también otras culturas) sí tenían un concepto de Hijo de Dios. Ellos sí podían decir de una persona que era hijo de Dios. Gracias al contacto con la cultura griega, los cristianos pudieron llegar a decir, después de la experiencia pascual, que Jesús era Hijo de Dios.

Jesús no pudo decir a Pedro, “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”; porque a Jesús nunca le pasó por la cabeza el fundar una Iglesia. Él era judío por los cuatro costados y no podía pensar en una religión distinta. Lo que quiso hacer con su predicación, fue purificar la religión judía de todas las adheren­cias que la hacían incompatible con el verdadero Dios. Tampoco los primeros seguidores de Jesús pensaron en apartarse del judaísmo. Fue el rechazo frontal de las autoridades judías, sobre todo de los fariseos después de la destrucción del templo, lo que les obligó a emprender su propio camino.

¿Quién es Jesús? La respuesta teórica es imposible. Desde nuestra visión, la pregunta está mal formulada. Que Jesús fue un ser humano concreto, es el punto de partida para su comprensión. Si partimos de la alternativa de que pudo ser hombre o pudo ser Dios, imposibilitamos una respuesta coherente. Es los que hicieron los primeros concilios cristológicos. Si Jesús fue Dios es porque es hombre, y si es hombre cabal es porque es Dios. No hay incompatibilidad entre ambas realidades. Todo lo contrario, Dios está en lo humano y el hombre solo puede llegar a su plenitud a través de lo divino, que ya es.

La respuesta que pone Mateo en boca de Pedro parece, a primera vista, certera, aunque no supone ninguna novedad, porque todos los evangelistas lo dan por supuesto desde las primeras líneas. Está claro que el objetivo del relato es afianzar una profesión de fe pascual. Si Pedro hubiera pronunciado esa frase antes de la experiencia pascual, lo hubiera hecho pensando en un “hijo de Dios” en el sentido en que lo entendían los judíos; como persona muy cercana a Dios o que tiene un encargo especial de su parte.

No se podría definir con dogmas, quién es Jesús. No debemos dejar de hacernos la pregunta. Lo que es Jesús para nosotros, nunca lo descubriremos del todo. También hoy la pregunta fundamental que debe hacerse todo cristiano, tiene que ser: ¿quién es este hombre? Lo malo es que todo intento de responder con fórmulas cerradas no solucionará el problema. La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir quién es Cristo para mí. Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús, debemos hacer nuestras, no las respuestas que dieron sino las preguntas que se hicieron.

Dar por definitivas las respuestas de los primeros concilios nos ha sumido en la rutina. Lo que nos debe importar es descubrir la calidad human de Jesús y descubrir la manera de llegar nosotros a esa misma plenitud.

Se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús. Y tú, ¿quién dices que soy yo? ¿Qué dice tu vida de mí? Hubo un tiempo en que hemos creído que lo importante era la respuesta. Como la respuesta ya estaba dada, hemos dejado de hacernos la pregunta, y eso es lo grave. Hoy sabemos que lo importante es que sigamos haciéndonos la pregunta.

Desde el punto de vista doctrinal la historia se encarga de demostrarnos que nunca nos aclararemos del todo. O exageramos su divinidad convirtiéndole en un extraterrestre o afianzamos su humanidad y entonces se nos hace muy difícil el compaginar que sea plenamente hombre y a la vez divino. Una vez más tenemos que decir que la solución nunca la encontraremos a nivel teórico. Solo desde la vivencia interior podremos descubrir lo que significa Jesús como manifestación de Dios. Solo si nos identificamos con Jesús, haciendo nuestra su vivencia de Dios comprenderemos lo que fue Jesús.

Respecto a la segunda cuestión, tenemos que aclarar algunos puntos. En primer lugar, los textos paralelos de Marcos y de Lucas no dicen nada de la promesa de Jesús a Pedro. Es éste un dato muy interesante, que tiene que hacernos pensar. Marcos es anterior a Mateo. Lucas es posterior. Tanto la confesión de Hijo de Dios como la promesa de Jesús a Pedro, es un texto exclusivo de Mateo. Si tenemos en cuenta que Mateo y Lucas copian de Marcos, descubriremos el verdadero alcance del relato de Mateo. Lo añadido está colocado ahí con una intención determinada: revestir a Pedro de una autoridad especial frente a los demás apóstoles.

Es la primera vez que encontramos el término “Iglesia” para determinar la nueva comunidad cristiana. Utiliza la palabra que en la ‘traducción de los setenta’ del AT se emplea para designar la asamblea (ekklesian). El texto intenta afianzar a Pedro en la presidencia de esa organización, pero es exagerado deducir de él lo que después significó el papado. Hay que tener en cuenta que existe otro texto paralelo, también de Mateo, que leeremos dentro de dos domingos, que va dirigido a la comunidad: “Porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

No se entiende que en dos lugares tan próximos del mismo evangelio dé el poder de atar y desatar a Pedro y a la comunidad. Si ponemos atención, veremos que los dos textos no se contradicen, sino que se complementan. La última palabra la tiene siempre la comunidad, pero esta tiene que tener una persona que la represente.

Pedro o su sucesor, cuando hablan en nombre de la comunidad y expresando el común sentir de la comunidad, tienen la garantía de acertar en los asuntos importantes para la comunidad. No es la comunidad la que tiene que doblegarse ante lo que diga una persona, sino que es el representante de la comunidad el que tiene que saber expresar el común sentir de ésta.

Meditación-contemplación

Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Ser cristiano significa responder a esta interpelación de Jesús.

No de manera teórica y aprendida,

sino con las actitudes vitales que él me exige hoy.

……………

En el momento que deje de hacerme la pregunta,

he dejado de ser cristiano.

Si tengo ya la respuesta definitiva,

me he colocado fuera del camino.

……………

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo”,

es la profesión de fe de los primeros cristianos.

Es el fruto de toda la experiencia pascual.

Yo también puedo ser lo que fue Jesús.

………………

Fray Marcos

 

21º DOMINGO T.O., «QUÉ DECIMOS NOSOTROS-ETA GUK ZER DIOGU» José A. Pagola

José Antonio Pagola

Mt 16, 13-20

Eta guk zer diogu

Behin batean ikasleei egin zien galdera bera digu egiten Jesusek gaur guri: «Eta zuek, ni nor naizela diozue?» Ez digu galdetzen, haren nortasun misteriotsuaz zer erantzungo bakarrik, baizik eta berarekiko gure harremanei berrikusi bat ematera eragin nahi digu. Zer erantzuten al diogu geure elkarteetatik?

Egunetik egunera hobeto ezagutzen al dugu Jesus, ala betiko «geure eskema zahar aspergarrietan hesiturik» daukagu bera? Elkarte bizi al gara, arduratzen al gara Jesus geure bizitzaren eta jardunbideen erdi-erdian jartzeaz, ala lokarturik bizi gara ohikerian eta erdipurdi eginik?

Sutsuki maite al dugu Jesus, ala pertsonaia ajeatua bihurtu da, dei egiten dioguna, baina gure bihotzean axolarik eza eta hartaz ahaztea haziz doazelarik? Gure elkarteetan hurbiltzen direnek senti ote dezakete, guretzat benetako indarra eta tiramena dituela Jesusek?

Jesusen ikasle sentitzen al gara? Ari al gara ikasten, haren biziera dela medio, gaur egungo geure gizarte honetan bizitzen, ala geure probetxurako gustagarriago den edozein gauza erakargarriren ondoren joaten gara? Bost axola al zaigu nolanahi bizitzea, ala, Jesus bezala bizitzen ikasteko, eskola bihurtu dugu geure elkartea?

Ikasten ari al gara, Jesusek begiratzen zion bezala, geure bizitza nola begiratuko? Premian eta baztertuak direnei errukiz eta erantzukizunez begiratzen al diegu geure elkarteetatik, ala geure ospakizunetan hesitzen gara, elbarrienak eta ahaztuenak, Jesusek beti hobesten zituen haiek, direnen sufrimenduari ezikusiarena eginez?

Aitaren egitasmoan, Jesusen lankide izaten jarraitzen al dugu mundua gizatarrago bihurtzeko, ala pentsatzen jarraitzen dugu ezen kristautasunak duen gauzarik inportanteena nor bere salbazioaz arduratzea dela soil-soilik? Konbentziturik al gaude ezen Jesusi jarraitzeko era, eguna joan eguna etorri, gizon-emakume guztien bizitza gizakoiago eta zoriontsuago egiten saiatzea dela?

Kristauen igandea bizi, Jesusen piztuera ospatuz bizitzen al dugu, ala asteburua inolako kristau-zentzurik gabe antolatzen jarraitzen dugu? Ikasi al dugu Jesus bihotzaren isiltasunean aurkitzen, ala sentitzen hasiak gara gure fedea itzaliz doala, geure baitan ditugun zarata eta hutsunea direla medio?

Sinesten al dugu, biziaz bete-beterik, gurekin ibili dabilen Jesus berpiztuagan? Bere jarraitzaileoi ondare utzi zigun bakeari harrera ona egiten jarraitzen al dugu geure elkarteetan? Sinesten al dugu, sekula amaituko ez den maitasunez maite gaituela Jesusek? Sinesten al dugu indar eraberritzailea duela horrek? Ba al dakigu, geure baitan daramagun esperantzaren misterioaren lekuko izaten?

¿QUÉ DECIMOS NOSOTROS?

Mt. 16, 13-20

También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?

¿Conocemos cada vez mejor a Jesús, o lo tenemos “encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos” de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades, o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?

¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? ¿Quiénes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

¿No sentimos discípulos y discípulas de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual, o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera, o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?

¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?

¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre, o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos exclusivamente de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Jesús, u organizamos nuestro fin de semana vacío de todo sentido cristiano? ¿Hemos aprendido a encontrar a Jesús en el silencio del corazón, o sentimos que nuestra fe se va apagando ahogada por el ruido y el vacío que hay dentro de nosotros?

¿Creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza renovadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.16.13-20)

*     DOMINGO XXI. T.O –A– AGOSTO 24 de 2014

*          En el  Evangelio de hoy  se encuentra  La gran pregunta de Jesús a los discípulos, dirigida también a cada uno de los creyentes y comunidades.
*                                   ¿Quién dice la gente que soy Yo? Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?…
Esta pregunta nos la hace Jesús a cada uno, personalmente. Realmente, su persona ¿significa nuestra esperanza?..

*          Nos la hace la gente que nos conoce.  ¿Nuestra vida responde a la fe que decimos profesamos?

*          Nos la pueden hacer los amigos, los hijos, los grupos de reflexión o comunidades cristianas, o en la catequesis. ¿Qué diría yo desde mi interior de Jesús?…

*          Viene Jesús de Nazaret, una vez más, y nos hace la pregunta: ¿Tú… Quién dices que soy Yo?

¿Qué pensamos y decimos de nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y entrega, de su persona y de sus Palabras?

* Tal vez, y puede ser un fallo grande, sabemos hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios: manifestar  nuestras creencias religiosas. Defender, si es necesario el sentido que tenemos de la vida, la familia y de la sociedad desde el Evangelio.

* Podíamos seguir haciéndonos las buenas preguntas que en un documento manifiesta  J, Leoz.
¿Qué decimos sobre El? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura?

No es difícil encontrar personas que digan que Jesús es un personaje formidable, histórico, pero olvidan  o no lo han sentido nunca que Jesús, como Hijo de Dios, es Salvador.
Jesús de Nazaret, no ha venido al mundo para ser anunciado en grandes carteles y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes.

Jesús, ha venido sobre todo para que veamos en El, un Camino, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el MOR, que se traduce en Misericordia, Bondad, Ternura, Perdón, escucha. etc.
*          Hoy, como Pedro entonces, nuestra Iglesia (Con limitaciones,, contradicciones, dificultades) y cada uno de nosotros, tenemos que seguir respondiendo  a la pregunta que nos hace de nuevo Jesús de Nazaret.
Y tú… ¿QUIÉN DICES QUE SOY YO?
¿Sabremos responder desde nuestro interior como Pedro?

“TÚ, SEÑOR, ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS.

ORACIÓN
* Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?…

PERO YO OS DIGO.

¿Nos lo podrá decir?…  escuchemos en el silencio el sentir de nuestro interior…

A vosotros que compartís mi proyecto y lo lleváis a cabo; a vosotros que recibís mi Palabra y la ponéis en práctica; a vosotros que os reunís en mi nombre y recordáis mi presencia

Os llamo amigos.

A vosotros que sois fuertes en vuestra debilidad; a vosotros que os mantenéis firmes en la Palabra del evangelio; a vosotros que progresáis en la fe

Os llamo amigos.

¿Nos lo podrá decir? Dejemos que nuestro interior nos hable.

A vosotros, dispuestos a dar la cara, a defender mi causa, a hablar  de mí y decir quién soy yo;
A vosotros con quienes se puede contar ante las necesidades de los otros.

Os llamo amigos.

A vosotros que afrontáis la realidad  e intentáis mejorarla; a vosotros que trabajáis por un futuro mejor para todos.

Os llamo amigos.

A vosotros, que celebráis lo que creéis y compartís lo que tenéis; A vosotros en la fiesta y juntos en la dificultad; a vosotros que tratáis de vivir mis sentimientos y mi Espíritu.

Os llamo amigos.

Dejemos que resuene esta pregunta de nuevo en nuestro interior:

*Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?

Que Jesús de Nazaret, después de darle la respuesta y comunicarla a los demás nos pueda decir:.

OS LLAMO AMIGOS. AMÉN.

SEGUIMOS ORANDO. RECORDANDO EL DOLOR QUE SE VIVE EN NUESTRO MUNDO

Jesús De Nazaret. Hoy unidos en Iglesia queremos decir con nuestra Oración y nuestros compromisos:
“NO A LA GUERRA” “NO A LA DESHUMANIZACIÓN”.

Reconocemos que la guerra jamás favorece el bien de la comunidad humana, que la violencia destruye y jamás construye, sólo trae hambre, sufrimientos, muertes. Las heridas de la guerra quedan sangrando durante mucho tiempo y los conflictos dañan la situación de los pobres y producen nuevas formas de pobreza.

El espectáculo desolador de miseria y sufrimientos que estamos viviendo en estos tiempos causadas por las guerras, es un aviso para todos – personas, sociedad, mundo-

Que se comprenda, que el dinero, no debe invertirse en guerras, ni ser empleado para destruir y matar, adultos y multitud de niños indefensos, sino para defender la dignidad humana, mejorar su vida y construir una sociedad abierta y solidaria.

Que nuestro grito y compromiso, brote de lo más íntimo de nuestro ser clamando:
Jesús de Nazaret, ayúdanos a no cerrar los ojos, a no quedarnos pasivos ante tanta injusticia, para que con tu ayuda y los compromisos a nuestro alcance podamos trabajar unidos por la
PAZ, SOLIDARIDAD, HUMANIDAD PARA TODOS. AMÉN. ZURIÑE

ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.15:21-28)

  • DOMINGO 20º. T.O-A– AGOSTO 17 de 2014.
  • La Palabra de Dios si La profundizamos cada semana, va transformando nuestro interior, como la tierra misma que se va haciendo más fructífera y más rica, cuando se trabaja.

A veces pensamos que las cosas que les pasan a los demás, como no son de los nuestros, o son de fuera, o inmigrantes, que no les duelen, que no sienten lo mismo que nosotros. Esa mentalidad estaba muy arraigada en el pueblo judío. Ellos eran los “buenos” y los demás “paganos repugnantes” que no creían en nada. Sin embargo hoy escuchamos al profeta Isaías decir: “A los extranjeros que se han dado al Señor… los traeré a mi monte santo. Los alegraré en mi casa de oración”… Dios quiere una “casa” sin fronteras, pero las personas nos empeñamos en poner límites, vallas, pinchos, etc…Pero que tengamos claro que ese no es el proyecto de Dios.

Hasta el mismo S. Pablo se dio cuenta y se convirtió en “apóstol de los gentiles”, después de encontrar un rechazo de los de su religión, de su misma raza.

Jesús, con su actitud hacia la mujer cananea nos da su ejemplo.

Mateo en el evangelio recoge la manera de pensar de aquella época: la salvación es solo para el pueblo judío, para el pueblo de Dios…  “Jesús es un gran pedagogo y sabe sacar lo mejor de aquella mujer y dejarse “convencer” por su súplica y por su gran humanidad. Y acaba alabando su fe, que es capaz de todo: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. Aquí tenemos a Jesús alabando la fe de una extranjera delante de sus discípulos. Nos imaginamos las caras que ellos pondrían. Y que gran lección para nosotros, para no quedarnos con lo exterior de las personas, sino ver que hay dentro, en su corazón. Seguro que encontraremos al mismo Dios que nosotros tenemos, al que llamamos Padre y que nos hace hermanos aunque las califiquemos de esta u otra raza, religión, color…

Que Jesús de Nazaret nos enseñe a vivir esta comunión con Dios y con los demás, sin fronteras ni barreras.

ORACIÓN

Todos Necesitamos un poco de la fe de la Cananea. Danos Jesús de Nazaret  un corazón capaz de descubrir tu presencia en los otros, aunque sean diferentes.

Danos una fe sólida y verdadera que nos ayudará a vencer los obstáculos.

Una fe, confiada que nos hará esperar contra toda esperanza.

Una fe insistente, como la de la Cananea que nos ayudará a ser pacientes y no desesperar.
Enséñanos a pensar en los otros.

Danos la gracia de entender que en cada instante, mientras nosotros vivimos una vida bastante tranquila ayudados por Ti, hay millones de seres humanos, que también son hijos tuyos y hermanos nuestros, que mueren de hambre, y mueren de frío, de guerras y enfermedad, sin haberlo merecido… Que sepamos gritarte como la cananea: “Ten compasión de ellos”.

¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!

Que un día nos puedas decir:

¡QUE GRANDE ES VUESTRA FE!

AMÉN.

ZURIÑE