Navidad mística: Concebir a Dios, nacer de Dios (con Juan de la Cruz)

Blog de Xabier Pikaza
Religión Digital

Navidad es la celebración del Dios que nace como hombre (de los hombres). Cada uno somos así «belén», somos Nacimiento de Dios, quizá algo borroso (como la catedral de Salamanca en el espejo ondulado del río, que disloca un poco su figura sin desfigurarla).

Eso significa que los hombres «concebimos» a Dios y que Dios nace en nosotros (no simplemente porque le concebimos, como si fuera invento nuestro, que lo es), sino porque él es Dios , y nos da el poder de concebirle (es decir, de inventarle, es decir, de encontrarle, de invenio), en el sentido más profundo del término, inventándonos así y descubriéndonos a nosotros mismos.

Éste es un misterio de amor, que sólo en amor puede formularse, como sabe San Juan de la Cruz cuando dice: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima” (CB 8, 3).

Estas palabras constituyen la mejor definición de la Navidad, que es nacer y vivir en el amado: Dios en los hombres, los hombres en Dios, unos hombres en otros. El amante nace y habita en aquel a quien ama. Así nace Dios y así vive en nosotros.

Así vivimos nosotros en Dios: le concebimos, viviendo unos en otros, conforme a la palabra audaz y hermosa de San Juan de la Cruz, que ahora comentamos, siguiendo el texto de un libro dedicado al tema: Amor de Hombre, Dios enamorado . Animarse a nacer, nacer de nuevo, dar y recibir la vida, para compartirla: eso es Navidad

1. La Navidad es esta fiesta del Dios enamorado.

Vivir es quererse, comunicándose el aliento. Por eso, vivir en Navidad es un milagro: ¿Cómo mantenernos y seguir (animando nuestro cuerpo), si sabemos que nuestra realidad más honda se halla fuera de nosotros? ¿Cómo vivirá en sí la amante si tiene su vida en el Amado? (CB 8):

Mas ¿cómo perseveras,
¡oh vida! no viviendo donde vives,
y haciendo por que mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Cómo perseveras…? La vida es un milagro, lo más frágil, lo más fuerte: (1) El amor es frágil, siempre inmerecido, transitorio, temeroso de la muerte, que al fin siempre llega. (2) El amor es duradero, poderoso, vencedor sobre la muerte, fuente de resurrección , como irá mostrando el resto del poema. Para situarlo mejor empezaremos retomando las tres palabras centrales de este canto:

2. Los versos del canto

1.Vida: “Mas ¿cómo perseveras, oh vida, no viviendo donde vives…?”. Estos versos definen al amante, hombre o mujer (como hacían los poemas de amor del renacimiento), presentándole como alguien que habita fuera de sí mismo, de manera que su misma existencia (su perseverancia) es un milagro.

Por eso, la amante se admira y pregunta: No sabe cómo puede vivir dislocada, fuera de su sitio. Todo amante es vagabundo, un pobre que no tiene donde reclinar su cabeza, pues sólo vive en el Amado, como SJC ha supuesto en Noche 8 y como afirma, en otra perspectiva, Mt 8, 20.

2. Muerte: “Y haciendo porque mueras las flechas que recibes…”. Un antiguo mito griego representa al Amor como un niño o joven ciego (con ojos vendados) que empuña el arco y dispara sus flechas, de un modo que parece descuidado, pero siempre certero. Así pudo verlo SJC en la escalera principal de su Universidad de Salamanca.

Las flechas del amor evocan la guerra más honda en que los hombres y mujeres se buscan, se hieren y se curan, perdiendo y ganando su vida. La amante sabe que la flecha de amor tendría que haberle matado y, sin embargo, ella vive.

3. Concepción: “De lo que del Amado en ti concibes”. Las flechas provienen de un amado que está dentro y penetran en el mismo corazón de la amante (como supone el signo de la transverberación de Santa. Teresa: estatua de Bernini, en Roma). Esas flechas provienen de fuera, viniendo de dentro: de la misma idea interna de la amante que concibe y engendra en sí al Amado. El conocimiento de amor se define y presenta, según eso, como fecundidad y concepción amorosa: mente y corazón de quien ama son todo el universo.

3. Navidad, concebir a Dios

La Biblia identifica conocimiento personal y encuentro enamorado: así dice que Adán “conoció” a su mujer y que ella dio a luz un hijo (Gen 4, 1). En esa línea se sitúa nuestra amante, diciendo que las flechas del Amor arquero le han fecundado, de forma que alumbra con dolor, aunque de un modo insuficiente: concibe de la idea del Amado (dentro) más que del Amado en sí (fuera). Pero ¿qué es dentro y es fuera? ¿Dónde vive ella en verdad? En ese contexto ha formulado San Juan de la Cruz su más honda verdad antropológica:

El alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima,
porque en el cuerpo ella no tiene su vida,
antes ella la da (vida) al cuerpo,
y ella vive por amor en lo que ama.
Pero, demás de esta vida de amor,
por el cual vive en Dios el alma que le ama,
tiene el alma su vida radical y naturalmente
– como también todas las cosas criadas –
en Dios, según aquello de San Pablo, que dice:
en él vivimos, y nos movemos y somos…
Y como el alma ve que tiene su vida natural en Dios
por el ser que en Él tiene,
y también su vida espiritual por el amor con que le ama,
quéjase y lastímase que puede tanto
una vida tan frágil en cuerpo mortal, que la impida
vivir una vida tan fuerte, verdadera y sabrosa
como vive en Dios por naturaleza y amor.
(Cf. Hech 17, 28. Coment 8, 3).

La forma exterior de este pasaje es poética en sentido simbólica y distingue una vida corporal, con el alma animadora (que alienta en el cuerpo), y una más alta o de Dios, donde encontramos a su vez dos planos, uno natural (ser en Dios, por inmersión de esencia) y otro espiritual (comunicarse en Dios, por comunión de amor, de gracia).

4. Navidad. Las tres vidas del hombre

Desarrollando esas intuiciones anteriores, podemos distinguir tres vidas, distintas y vinculadas:

1.Vida corporal, el regalo de la Vida. El hombre es viviente del mundo: alma “animadora” de un cuerpo emparentado con plantas y animales, en fragilidad y riesgo. Sin embargo, “el alma vive más donde ama que en el cuerpo donde anima”: está más cerca de aquellos con quienes comparte su afecto, que del cuerpo al que mueve; más vive en los amigos (sobre todo en el Amado) que en sí misma, como sabía el Cantar y como sabe nuestra amante, que es capaz de regalar su vida a los amigos (al Amado), muriendo por ellos, pues en ellos vive, en esperanza de resurrección.

2.Vida natural en Dios, inmersión divina. En este nivel, SJC comparte una teoría común del pensamiento teológico antiguo, presente incluso en muchos no cristianos (platónicos, estoicos…), que se trasluce en Hech 17, 28 («en Dios vivimos, nos movemos y somos») y en Jn 1, 4, citado por SJC («todo lo que fue hecho era Vida en Dios») . Esto significa que el hombre vive de una forma natural en Dios, pues Dios es Vida de todos los seres y, de un modo especial, de los hombres que se saben inmersos en su esencia .

3.Vida espiritual en Dios,
comunión de personas. En este nivel se despliega la vida más honda, en sentido dialogal o comunión de amor, como iremos indicando en lo que sigue. El hombre no está inmerso en lo divino por naturaleza (como en el plano anterior), sino que comparte en Dios (con Dios) la vida, en comunicación personal, de entrega, de regalo mutuo. En este nivel se sitúan las palabras centrales de SJC, que venimos comentando: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima, porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella la da al cuerpo, mientras que ella vive por amor en lo que ama”.

 

 

NAVIDAD: «DIOS ME NECESITA PARA HACERSE PRESENTE EN ESTE MUNDO» Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 1, 1-18

El misterio de la encarnación que estamos celebrando es un misterio de amor. Por eso lo celebramos con la eucaristía que es el sacramento del amor. Si Dios me ama es porque es amor. Es decir, Dios, que es amor, está en mí. Ese amor es el fundamento de mi ser, o mejor es mi verdadero ser en lo que tiene de fundamento. Todo lo que no es Amor es secundario y accidental en mí. Dios está encarnado en todas sus criaturas y esa presencia es lo que les hace consistentes y lo que les da valor trascendente. El hombre puede descubrir esa realidad y vivirla conscientemente. Esa será su plenitud.

El comienzo del evangelio de Jn es un contrapunto al que hemos leído anoche de Lc. Con él, la liturgia intenta nivelar la balanza para que no nos quedemos en la paja del pesebre y lleguemos de verdad a la sustancia del misterio de Navidad. Los dos relatos están hablando de lo mismo, pero el lenguaje es tan diverso que apenas podríamos sospechar que se refieren a la misma realidad. Ni uno ni otro hablan con propiedad, porque lo que estamos celebrando no puede encerrarse ni en imágenes ni en conceptos.

En el evangelio de Jn que acabamos de leer, dice: “En la palabra había vida y la vida era la luz de los hombres”. No me explico por qué tenemos tantas dificultades para entender esto correctamente. El texto no dice que la luz me llevará a la Vida, sino al revés, es la Vida la que me tiene que llevar a la luz, es decir, a la comprensión. No es el mayor o mejor conocimiento lo que me traerá la verdadera salvación, sino la vivencia dentro de mí. Dios que es Vida está en mí y me comunica esa misma Vida; todo lo demás es consecuencia de este hecho. Lo que salga de mí, será la manifestación de esa Vida-salvación.

La encarnación sigue siendo el tema pendiente del cristianismo. Si no lo enfocamos como es debido, lo reducimos a una creencia sin peso alguno en nuestra vida real. El prólogo de Juan dice: “kai Theos en o Logos” y en latín: “et Deus erat Verbum”. En castellano podemos traducir: “y la Palabra era Dios” o “Dios era la Palabra”. Puede parecer que es lo mismo, pero en realidad expresan algo muy distinto. En el primer caso, se explica lo que es el Verbo, por lo que es Dios. En el segundo, se explica lo que es Dios por lo que es el Verbo. Es Dios el que se identifica con el ser humano Jesús. Si se hizo hombre en Jesús, es que se hace hombre en todos los seres humanos. Por el contrario, si es Jesús el que se hace Dios, nosotros quedamos completamente al margen de lo que allí pasó.

No se trata de limitar la singularidad de Jesús, sino de descubrir que todo lo que pasó en él, no es ajeno a cada uno de nosotros. Jesús hizo presente a Dios en un momento determinado de la historia, porque fue un ser histórico; pero la historia no afecta para nada a Dios. Dios no tiene sucesos. Lo que hace en un instante está siempre haciéndolo. Dios se está encarnando siempre. Por lo tanto no se trata de celebrar un acontecimiento pasado, sino de descubrir ese acontecimiento en el momento presente y vivirlo como lo vivió Jesús.

En la eucaristía, tomamos conciencia de nuestras limitaciones, patentes en nuestra manera de actuar. Si descubrimos la actitud de Dios para con nosotros, amor que nos acepta como somos, por lo que Él es, no por lo que somos nosotros, tomaremos conciencia de su presencia en lo hondo de nuestro ser y nos identificaremos con esa parte divina de nuestro ser. Desde ahí, intentaremos que nuestra vida esté de acuerdo con ese ser descubierto. Se trata de dejar que nuestro actuar, surja espontáneamente de nuestro verdadero ser. Si no descubrimos y nos identificamos con nuestro verdadero ser, nuestra vida cristiana seguirá siendo artificial y vacía de verdadero sentido cristiano.

Meditación-contemplación

¡navidad!, ¡navidad!
¡triste navidad!
trocada en folklore
y poquito más
de mi fondo espera
ser Natividad
porque estoy encinta
de Divinidad

 

Fray Marcos

 

 

Eguberri eguna – Navidad C José A. Pagola

Eguberri eguna – C (Joan 1,1-18)

Evangelio del 25/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

(Joan 1,1-18)

EGUBERRIEN NOSTALGIA-LA NOSTALGIA DE LA NAVIDAD

Nostalgiaz beteak diren jaiak dira Eguberriak. Bakea abestu ohi da, baina ez dakigu nola eraiki. Zorionak opa izaten dizkiogu elkarri, baina gero eta zailagoa dirudi zoriontsu izatea. Opariak erregalatzen dizkiogu batak besteari, baina txera eta afektua dira behar ditugunak. Jainko haurrari abesten diogu, baina gure bihotzean itzaltzen ari da fedea. Bizitza ez da nahi izango genukeena, baina ez dakigu nola hobetu.

Ez da soilik Eguberritako sentimendu. Bizi osoa hartzen du nostalgiak. Ezerk ez ditu betetzen gure desioak. Ez da erabateko bakerik eman dezakeen aberastasunik. Ez da desio sakonenei erabat erantzuten ahal dien maitasunik. Ez da gure ametsak erabat asetzen ahal dituen arrakastarik. Ezinezkoa  da guztiek gu maitatzea.

Oso ondorio baikorrak izan ditzake nostalgiak. Bide ematen digu pentsatzeko, gaur eskura duguna eta gozatzen duguna baino harago doazela gure desioak. Gure existentziaren hodeiertza, ezagutzen dugun guztia baino handiagoa eta beteagoa den zerbaitera luzatzen laguntzen digu. Aldi berean, bizitzari ezin eman digunik ez eskatzen irakasten digu, harremanetatik ez espero izaten ezin eman digutenik. Nostalgiak ez digu bizitzen uzten soilik mundu honi kateaturik.

Gauza erraza da bizitzea, geure baitan taupadaka dugun infinituaren desioa itoz. Koraza batean hesitzen gara, ikusten eta ukitzen duguna baino haragokoa ikusteko sorgor bihurtzen garelarik. Eguberrietako jaiak, nostalgiaz bizirik, beste giro bat sortzen du: egun horietan hobeto hautematen da etxearen eta segurtasunaren premia. Bere bihotzarekin mailarik txikinean harremanetan jartzen denak, sumatzen du Jainkoaren misterioa dela bere azken zoria.

Norbait sinestedun bada, fedeak egun hauetan misterio hori bilatzera gonbidatzen du, ez lurralde arrotz eta iristezin batean, baizik haur jaioberri batengan. Gauza horretaraino da laua eta sinestezina. Jainkoagana hurbildu, haur batengan egin ohi dugun bezala behar dugu egin: era soilean eta zaratarik gabe; diskurtso handiosik gabe, bihotzari darizkion hitz xumez. Geure baitan dugun gauzarik hobena irekitzen diogunean egiten dugu topo Jainkoarekin.

Gure gizartean sortu ohi den giro arin eta azalekoa gorabehera, Eguberriak Jainkoagana hurbiltzeko aukera izan ditzakegu. Gutxienez, fede xumez eta bihotz garbiz bizi baditugu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Navidad – C (Juan 1,1-18)

Evangelio del 25/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

LA NOSTALGIA DE LA NAVIDAD

La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.

No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.

Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola

 

«DESDE LA INTEMPERIE», Magdalena Bennásar

MAGDALENA BENNÁSAR OLIVER,

ECLESALIA,  Me siento llamada por dentro a reflexionar sobre esa realidad: la intemperie. Me resisto, pienso que total la gente lee tantas cosas, escribes y nadie te dice ni que lo ha recibido apenas… como veis me resisto a “mi intemperie”. Intento disuadir la invitación, la voz interior que me vuelve a sugerir que comparta lo que de intemperie he vivido, vivo, resisto…y al fin, sucumbo. Casi pidiendo perdón porque estos días la gente va cargada, pero ya sabéis que el tiempo de Dios funciona con otros registros. Desearía estar en ellos para compartir lo que me regala.

Muchas de nosotras y nosotros tenemos intemperies pegadas a la piel y tal vez no las vemos o no sabemos cómo gestionarlas. Una de ellas, que comparto, es el duelo. El duelo te hace entrar dentro, y buscar entre los millones de recuerdos y experiencias vividos los compartidos con la persona que se ha ido. A veces consuela, otras duele tanto que cambio de canal. Leer más

«MARÍA DESCUBRE Y MANIFIESTA LA PRESENCIA DIVINA», Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 1, 39-45

Durante el Tiempo de Navidad, vamos a leer una y otra vez lo que se llama “el evangelio de la infancia”. Esos textos no podemos tomarlos como si fueran crónicas de sucesos. Son teología narrativa. Que el texto se ajuste más o menos a los hechos, que sea totalmente inventado o que tenga como fundamento mitos ancestrales,no tiene importancia ninguna. Lo importante es descubrir el mensaje que el autor ha querido transmitir. Si fueran noticias de un suceso, nos daríamos por enterados y punto. Si son teología, nos obliga a desentrañar la verdad que sigue siendo válida. Es uno de los textos más densos y más profundos de Lc.

Leemos los textos desde una perspectiva equivocada. Ni María sabía que había engendrado al “Hijo de Dios” ni Isabel llevaba en su seno al “Precursor”. Si salimos de es falsa ilusión, no tiene mucho sentido que noventa años después alguien se acuerde de una visita a una prima, mucho menos que recuerde las palabras que se dijeron. No digamos nada si imaginamos a María, arrancándose con el magníficat, recitado palabra por palabra. No, el relato nos está trasmitiendo lo que pensaban los cristianos de finales del siglo primero.

En el texto de Lc todo son símbolos. La primera palabra en griego es ‘anastasa’, que significa levantarse, surgir, y que se ha pasado por alto en la traducción oficial. Es el verbo que emplea el mismo Lc para indicar la resurrección. Significa que María resucita a una nueva vida, y sube a la “montaña”, el ámbito de lo divino. Una madre da la vida al hijo. En este caso es el Hijo el que da vida a la madre. Inmediatamente, la madre lleva al que le ha dado esa vida, a los demás, es decir da a luz al Hijo. Eckhart decía con gran atrevimiento: todos estamos preñados de Dios y la principal tarea de todo cristiano es darle a luz.

La visita de María a su prima simboliza la visita de Dios a Israel. La subida de Galilea a Judá nos está adelantando la trayectoria de la vida pública de Jesús. También el Arca de la alianza recorrió el mismo camino por orden de David. Por otra parte, María y Jesús (lo más grande) se digna visitar a lo pequeño, Isabel. El Emmanuel se manifiesta en el signo más sencillo, una visita. Todo acontece fuera del marco de la religiosidad oficial. Desde ahora, a Dios lo debemos encontrar en lo cotidiano, donde se desarrolla la vida. Jesús, ya desde el vientre de su madre, empieza su misión, llevar a otros la salvación y la alegría.

La escena nos está diciendo que la verdadera salvación siempre repercutirá en beneficio de los demás; si alguien la descubre, inmediatamente la comunicará.La salvación no puede quedar encerrada en uno mismo; si es verdadera, la llevaremos a donde quiera que vayamos, aun sin proponérnos­lo. La visita comunica alegría (el Espíritu), también a la criatura que Isabel llevaba en su vientre. Una vez más descubrimos el empeño por dejar a Juan por debajo de Jesús. Por dos veces se nos dice que saltó la criatura en su vientre.

Si leemos con atención, descubriremos que todo el relato se convierte en un gran elogio a María. Y es el mismo Espíritu el que provoca esa alabanza: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” ¿Cuántas veces hemos repetido esta alabanza? “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” “Dichosa tú que has creído”. Creer no significa la aceptación de verdades, sino confianza en un Dios, que siempre quiere lo mejor para el ser humano. A continuación, María pasa al elogio a Dios con el canto del magníficat.

Lo que intentan estos relatos de la infancia de Jesús, es presentarlo como una persona de carne y hueso, aunque extraordinaria, ya desde antes de nacer. Cuando afirmamos que esos relatos no son históricos no queremos decir que Jesús no fue una figura histórica. El NT hace siempre referencia a una historia humana concreta, a una experiencia humana única. Sin esa referencia al hombre Jesús, el evangelio carecería de todo fundamento. Ahora bien, el lenguajeque emplea cada uno de los evangelistas es muy distinto. Basta comparar los relatos de Mt y Lc con el prólogo de Juan, para darnos cuenta de la abismal diferencia.

La novedad que se manifiesta en María, no elimina ni desprecia la tradición, sino que la integra y transforma. El relato está haciendo constantes referencias al AT. En ningún orden de la vida, debemos vivir volcados hacia el pasado porque impediríamos el progreso. Pero nunca podremos construir el futuro destruyendo nuestro pasado. El árbol no crece si se cortan las raíces. Lo nuevo, si no integra y perfecciona lo antiguo nunca será auténtico.

A la vivencia de Jesús, hace referencia la carta de Pablo. Jesús no es un extraterrestre, sino un ser humano como nosotros, que supo responder a las exigencias más profundas de su ser. La clave está en esa frase: «Aquí estoy para hacer tu voluntad.» No se trata de ofrecer a Dios “dones” o “sacrificios”. Se trata de darnos a nosotros mismos. Esa actitud es propia de una persona volcada sobre lo divino que hay en ella. Pablo contrapone la encarnación al culto. Dios no acepta holocaustos ni víctimas expiatorias. Solo haciendo su voluntad, damos culto a Dios. En Jn, dice Jesús: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”.

Los primeros cristianos no llegaron a la conclusión de que Jesús era Hijo de Dios porque descubrieron la “naturaleza” de Dios y la de Cristo y vieron que coincidían, sino porque descubrieron que Jesús cumplió, en todo, la voluntad de Dios. Hacía presente a Dios en lo que era y lo que hacía. Para el pensamiento semítico, ser hijo no era principalmente haber sido engendrado si no el reflejar lo que era el padre, cumplir su voluntad, ser imagen del padre. Esa fidelidad al ser del padre era lo que convertía a alguien en verdadero hijo. Descubrir esto en Jesús, les llevó a considerarlo, sin ninguna genero de duda, Hijo de Dios.

Esa voluntad no la descubrió Jesús porque tuviera hilo directo con Dios. Como cualquier mortal, tuvo que ir descubriendo lo que Dios esperaba de él. Siempre atento, no solo a las intuiciones internas, sino también a los acontecimien­tos y situaciones de la vida, fue adquiriendo ese conocimiento de lo que Dios era para él, y de lo que él era para Dios. ‘La voluntad de Dios’ no es algo venido de fuera. Es nuestro ser en cuanto proyecto y posibilidad de alcanzar su plenitud. De ahí que, ser fiel a Dios, es ser fiel a sí mismo.

En todas las épocas, y todos los seres humanos han intentado hacer la voluntad de Dios, pero era siempre con la intención de que el “Poderoso” hiciera después la voluntad del ser humano. Era la actitud del esclavo que hace lo que su dueño le manda, porque es la única manera de sobrevivir. Es una pena que después del ejemplo que nos dio Jesús, los cristianos sigamos haciendo lo mismo de siempre, intentar comprar la voluntad de Dios a cambio de nuestro servilismo. En esa dirección van casi todas las oraciones, los sacrifi­cios, las promesas, votos, etc. que las personas “religiosas” hacemos a Dios.

Salvación y voluntad de Dios son la misma realidad. Jesús, como ser humano, tuvo que salvarse. Para nuestra manera de entender la encarnación, esta idea resulta desconcertante. Creemos que salvarse consiste en librarse de algo negativo. La salvación de Dios no consiste en quitar sino en poner plenitud. Todo ser humano comienza su andadura como un proyecto que tiene que ir desarrollándose. Jesús llevó ese proyecto al límite. Por eso es el Hijo de Hombre, hombre acabado, hombre perfecto. Por eso hace presente a Dios, por eso es Hijo.

Jesús, descubriendo las exigencias de su ser y llevándolas al desarrollo pleno, desplegó todas las posibili­dades del ser humano y nos ha marcado el camino que nosotros debemos seguir para alcanzar también la misma plenitud. Pero cada uno debe recorrer su propia senda. Nadie puede tomar el camino de otro. La meta sí es la misma, pero el punto de salida es siempre distinto para cada uno. Los demás pueden ayudarme a descubrir mi camino, pero nunca podrán recorrerlo por mí; nunca podrán hacer lo que tengo que hacer yo.

 

Meditación-contemplación

“¡¡¡Dichosa tú que has creído!!!” dice Isabel a María.
¡Dichoso tú si, de verdad, confías! Digo yo.
María lleva a Jesús a su prima Isabel.
Antes de darle a luz, ya lo manifiesta a los demás.
……………………..

Con gran atrevimiento dice el Maestro Eckhart:
“La tarea más importantedel alma, es dar a luz a Dios”.
Claro que una vez engendrado, no tiene más remedio que ver la luz.
También dice Eckart: Dios me necesita para existir.
…………………….

La semilla divina ya está dentro de ti;
Solo tienes que dejar que se desarrolle. Así de sencillo.
Si la dejas crecer en ti,
enseguida se manifestará en la superficie de tu ser.
…………………………

Fray Marcos

 

ADVIENTO: caminando y acogiendo con esperanza

UIS SANDALIO, luisandalio@yahoo.es
CANTABRIA.

ECLESALIA, Las imágenes y noticias de miles y miles de solicitantes de asilo teniendo que huir de un mundo suyo (su tierra, su casa, sus cosas…) donde no se les deja vivir en paz puede que sean capaces de confundirnos y hacernos olvidar que nosotros también tenemos que estar siempre en camino.

Que no podemos conformarnos con decir: ellos son los que andan buscando, nosotros los que desde nuestro sitio y posibilidades les que tenemos que “acoger”. No basta. Tenemos que acoger no desde nuestra “comodidad” y nuestra “seguridad” (si no tenemos “estabilidad”… ¿cómo vamos a plantearnos “acoger” y “arropar”? podríamos erróneamente pensar). Tenemos que acoger desde nuestro caminar a posibilidades nuevas que aún desconocemos, desde nuestra respuesta a esa invitación de Dios (vocación) que por ser siempre nueva nos “descoloca” y nos enfrenta a lo que no podemos sospechar.

Vale la pena recordar el relato del Nacimiento de Jesús y el tremendo simbolismo de que “no había sitio para ellos” en el mundo de los que estaban establecidos en su sitio.

Pero también es importante que no nos confundamos: “su sitio” no es entre nosotros; aunque durante un tiempo y mientras “fermenta” y se transforma la situación esto sea necesario.

Tenemos que denunciar a los que les están expulsando de “su sitio” y no me refiero a los “terroristas-yihadistas” ¡por supuesto! Estos son empresas bien organizadas y asesoradas, encargadas, habilitadas y financiadas. Me estoy refiriendo a los imperialistas que quieren hacer de la tierra entera su feudo particular (EE.UU.) y a los que con ellos aliados están (siento tener que decir “estamos”; pues España lamentablemente todavía sigue dentro de la OTAN y al servicio de la política canalla norteamericana).

Desde nuestra pequeña experiencia comunitaria de más de tres décadas acogiendo personas de todo el mundo queremos compartir este adviento de camino y esperanza. Y nos unimos a todos los que participan en esta caravana de la esperanza de la que hablaba Rumí:

“Ven, ven, quienquiera que seas ven!
Infiel, religioso o pagano, poco importa.
¡Nuestra caravana no es la de la desilusión!
¡Nuestra caravana es la de la esperanza!”

Y si de algo puede servir, os invitamos a profundizar en este adviento con un cuento que nos habla del valor de ser humanos y del valor del ser humano: El valor del anillo (un viejo y regañón derviche acoge en su incesante caminar a un joven con parálisis cerebral y enamorado. Islam/vocación/acogida/comunidad desde una espiritualidad universal).  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Abendualdiko 4. igandea – 4º Domingo de Adviento C, José A. Pagola

Abendualdiko 4. igandea – 4º Domingo de Adviento C, José A. Pagola (Lukas 1,39-45)

Evangelio del 20/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

MARIAREN EZAUGARRIAK – RASGOS DE MARIA

Mariak Elisabeti egin dion bisita dela medio, Bataiatzailea eta Jesus, jaio aurretik beretik, harremanetan ageri dira Lukasen ebanjelioan. Pasadizoa giro oso berezian dator bildua. Biak, Maria eta Elisabet, ama izango dira. Biek jaso dute deia Jainkoaren egitasmoan lankide izateko. Tartean ez da gizonezkorik. Zakarias mutu gelditu da. Jose modu harrigarrian absente da. Andre biek bete dute eszena guztia.

Maria Nazaretetik etorri da, eta hura da pertsonaia nagusia. Haren eta haren semearen jirabiran ageri da dena. Mariaren irudiari ezaugarri berezi-bereziak nabari zaizkio: ebanjelioen girotik urrun erantsi izan zaizkion geroagoko mila izenak eta tituluak baino jatorragoak.

  • Maria, «ene Jaunaren ama». Horrela aldarrikatu du Elisabetek, ozenki eta Espiritu Santuaz beterik. Hala da: Jesusen jarraitzaileentzat, Maria, beste ezer baino lehen, gure Jaunaren Ama da. Hori da haren handitasunaren abiapuntua. Lehen kristauek ez dute apartatu sekula Maria Jesusengandik. Bereizezinak dira. «Jainkoak bedeinkatua andre guztien artean»; Jesus eskaini digu Mariak, «bere sabeleko fruitu bedeinkatua».
  • Maria, fededuna. Elisabetek zorioneko deklaratu du «sinetsi duelako». Handia da Maria, ez soilki amatasun biologikoagatik, baizik, eta batez ere, Salbatzailearen Ama izateko deia fedez onartu duelako. Jainkoari entzuteko gai izan da: haren Hitza bihotzean gorde du; hausnartu du; gauzatu egin du, egin zaion deia leial betez. Ama fededuna da Maria.
  • Maria, ebanjelizatzailea. Bere Semeagan onartu duen Jainkoagandiko salbazioa gizon-emakume guztiei eskaini die Mariak. Hori du bere zeregin handia, bere zerbitzua. Kontakizunaren arabera, Maria ebanjelizatzailea da, ez soilik keinuez eta hitzez, baizik bera nora joan hara daramatzalako berekin Jesus bera eta honen Espiritua. Hau da egintza ebanjelizatzaileak duen gauzarik funtsezkoena.
  • Maria, pozaren eroalea. Mariaren agurrak bere Seme Jesusi darion poza kutsatzen du. Mariak du entzun lehenengo Jainkoaren gonbit hau: «Poztu zaitez… zeurekin duzu Jauna». Orain, premian direnentzat duen zerbitzu- eta laguntza-jarreraz, Jesusen, Kristoren, etengabe berekin duen haren Berri Ona irradatzen du. Maria da, Elizarentzat, ebanjelizazio pozgarri baten eredurik hoberena.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4 Adviento – C (Lucas 1,39-45)

Evangelio del 20/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

RASGOS DE MARÍA

La visita de María a Isabel le permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.

  • María, «la madre de mi Señor». Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Este es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».
  • María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.
  • María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no solo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.
  • María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate… el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

José Antonio Pagola

 

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc.3,10-18)

DOMINGO III de ADVIENTO- C – Diciembre 13 de 2015

  • En este tercer Domingo de Adviento, nos viene muy bien comenzar reflexionando con la  1ª lectura de (Sofonías: 3, 14-18.). Nos invita al júbilo desbordante, nos asegura el perdón, nos promete la defensa y la fuerza de Dios y, sobre todo, nos ofrece una declaración de Amor  de parte de Dios: “Te ama, se goza y se complace en ti”, le dan ganas de bailar contigo.

*    Y san Pablo en (filipenses 4, 4-7) Hoy es domingo de gozo. Pablo nos invita a dejar preocupaciones estresantes, a vivir en alegría permanente, a llenarnos de una paz indecible. Es “la alegría en el Señor, que está cerca”. Es la confianza que nos viene de la seguridad de ser escuchados y atendidos por Dios. Es la Paz que nos regala Dios.

*    Y en el Evangelio Lc. 3, 10-18. Tres veces nos repite Lucas la misma pregunta:
¿Qué tenemos que hacer?

Que le hace la gente. No le preguntan lo que hay que pensar, ni siquiera lo que hay que creer. Es ejemplar para nosotros esa pregunta que se la hacen las personas que están dispuestas a transformar sus vidas.

Hoy se escuchan llamadas al cambio  y a la conversión, a la responsabilidad y a la solidaridad, pero… ¿Nos damos por aludidos?…

¿Qué podemos hacer? Juan Bautista nos ofrece, con claridad y sencillez una respuesta que nos pone a cada uno frente a nuestra propia verdad. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos penetrar por ellas.

En estos tiempos tan duros para los pobres y marginados la llamada de Juan Bautista cobra nueva fuerza.  Es el momento del compartir,  esta es la manera de esperar al Mesías. Acoger la buena nueva de la venida del Señor requiere esa conversión y la verdadera conversión se manifiesta sobre todo en los frutos que da.

La Palabra de Dios dice que “El Señor está cerca”, tan cerca que está en medio de nosotros y nos renueva cada día con su Amor. Por eso, si sabemos agradecer todo lo que recibimos de su Amor hacia nosotros, siempre tendremos motivos para vivir en la alegría y en la Paz.

ORAMOS.  ENCENDIENDO LA 3ª VELA

Como Juan Bautista, Señor, queremos ser testigos de la luz. No permitas que apaguemos en nuestro interior el fuego del Espíritu.

Que estas tres velas encendidas sea el signo de la constancia de nuestra oración.

También nosotros como san Pablo queremos que nuestra vida sea Cristo y que sepamos extenderlo allí donde estemos. AMÉN

* * * * * *

Al Dios de la alegría, de la paz y del Amor acudimos con fe:

*Concédenos, Padre, el don de la alegría, especialmente a los que más sufren o viven en soledad y depresión.

* concédenos, Padre, el don de la paz, especialmente a los que sufren las consecuencias de la violencia o el odio o las separaciones familiares.

* concédenos, Padre, el espíritu del arrepentimiento y la conversión, especialmente a los que se creen muy instalados y seguros.

* Concédenos, Padre, la virtud de la esperanza, especialmente a los que están decaídos y desencantados.

* Concédenos, Padre, a todos la gracia de tu amor y cercanía, que en esta oración y siempre nos sintamos siempre llenos de Jesucristo y así ser testigos de tu Amor y tu alegría. AMÉN

SEGUUIMOS ORANDO

Jesús de Nazaret. Haznos una comunidad abierta, confiada y pacífica, invadida por el gozo del Espíritu Santo.

Una comunidad entusiasta, que sepa cantar a la vida, vibrar ante la belleza, estremecerse ante el misterio.

Haznos expertos en deshacer nudos y en abrir surcos y en arrojar semillas y así mantener viva la esperanza de tu Reino. AMÉN. ZURIÑE

 

«UNA BUENA NOTICIA BASTANTE CURIOSA», José Luis Sicre

Fe Adulta

Los textos del domingo pasado dejaban claro el tono alegre del Adviento. Y los de este domingo lo acentúan todavía más. “Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate de todo corazón, Jerusalén”, comienza la 1ª lectura. Su eco lo recoge el Salmo: “Gritad jubilosos, habitantes de Sión: Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”. La carta a los Filipenses mantiene la misma tónica: “Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os repito, estad siempre alegres.” Y el evangelio termina hablando de la Buena Noticia; y las buenas noticias siempre producen alegría. Pero, ¿anuncia Juan realmente una Buena Noticia?

La Lotería de Navidad, las elecciones y Juan Bautista

Quedan pocos días para la Lotería de Navidad. La buena noticia es que toque, terminar teniendo más de lo que tenemos. En cambio, Juan anima a compartir lo que tenemos, a terminar teniendo menos. «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Estamos en vísperas de elecciones. El candidato “bueno” es el que anuncia mejoras salariales, reducción de impuestos, estado de bienestar. ¿Qué candidato se atreve a exigir a los distintos colectivos más honradez y responsabilidad en el cumplimiento de sus obligaciones y a no pedir mejoras salariales? En cambio, Juan Bautista exige a los recaudadores de impuestos no exigir más de lo establecido y a los militares no extorsionar a nadie y contentarse con su paga.

Quien imagine que Juan va a perder las elecciones con ese programa, se equivoca. Al contrario, la gente se pregunta si no será el candidato ideal, el Mesías. Pero él lo niega. En esta campaña electoral, él se limita a pegar carteles, a bautizar con agua. El verdadero candidato, el Mesías, vendrá después y pondrá en práctica esa profunda reforma que anhela el pueblo: desaparición de los romanos y de los judíos perversos que los apoyan, libertad y bienestar para el pueblo oprimido. En el lenguaje duramente poético de Juan, Judá es una era, y el Mesías vendrá a separar la paja del grano, a guardar el grano y quemar la paja.

¿Es esto una buena noticia? Indudablemente. Así lo interpreta el pueblo. No importa si le exigen renuncias y compromisos, porque también le ofrecen un futuro esperanzador.

Nuestra respuesta a la Buena Noticia

Mateo y Marcos, cuando presentan a Juan Bautista exhortando a convertirse no concretan qué implica eso en la práctica. Lucas aterriza en cosas muy concretas: compartir el vestido y la comida (hoy añadiríamos, el dinero), honradez y responsabilidad en nuestras tareas como ciudadanos. Es la mejor forma de vivir el Adviento. Pero las otras lecturas nos imponen otros tres compromisos: alegría mesura y oración.

Alegría. Sofonías la justifica por el cambio de fortuna de Jerusalén: de ciudad conquistada y en manos de los enemigos, a ciudad libre, con Dios como rey. Ya que esta promesa dista mucho de la realidad actual de Israel, más vale no insistir en esta lectura. Más instructivo el punto de vista de Pablo. Escribe a una comunidad muy pobre, que va creciendo en ambiente hostil. Pero debe estar siempre alegre, confiando en la pronta vuelta del Señor.

Mesura. “Que vuestra mesura la conozca todo el mundo”, pide Pablo a los Filipenses. En el contexto navideño, cabe la tentación de interpretar la mesura como una advertencia contra el consumismo. Sin embargo, el adjetivo que usa Pablo (evpieike.j) tiene un sentido distinto. Se refiere a la bondad, amabilidad, mansedumbre en el trato humano, que debe ser semejante a la forma amable y bondadosa en que Dios nos trata.

Oración. “En toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.” En pocas palabras, Pablo traza un gran programa a los Filipenses. Una oración continua, “en toda ocasión”; una oración que es súplica pero también acción de gracias; una oración que no se avergüenza de pedir al Señor a propósito de todo lo que nos agobia o interesa.

José Luis Sicre

 

 

Abendualdiko 3. igandea – 3º Domingo de Adviento C, José A. Pagola

José A. Pagola
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ DUENAREKIN PARTEKATU – REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

Joan Bataiatzaileak basamortutik oihu egindako hitzak bihotza ukitu zion jendeari. Bihotz-berritzeko eta Jainkoari leialago izateko haren deiak askori eginarazi zion galdera: Zer egin behar dugu? Gizakiaren baitan beti harrotzen den galdera da hori, errotiko dei bat entzun eta geure erantzuna nola zehaztu ez dakigunean.

Bataiatzaileak ez die proposatu erritu erlijiosorik, ezta araurik eta manamendurik ere. Kontua ez da, berez, gauzak egitea, ezta eginbeharrak baitaratzea ere, baizik beste era batekoa izatea, beste era gizatarrago batean bizitzea, dagoeneko geure bihotzean dugun hau garatzea: bizitza zuzenagoa, duinagoa, haurride-izaerakoagoa.

Gauzarik erabakitzaileena eta zinezkoena geure bihotza Jainkoari irekitzea da, sufritzen ari direnen premiei adi-adi begiratuz. Bataiatzaileak xumetasunez eta egiaz aparta den  formula honetan bildu du erantzuna: «Soingaineko bi dituenak partekatu ditzala ezer ez duenarekin, eta jatekoa duenak gauza bera». Ezin esan era sinpleagoan eta argiagoan.

Zer esan genezake hitz hauetaz, munduan gizadiaren hirutik bat baino gehiago miserian eta biziari nola eutsiko egonik, geure armairuak mota guztietako arropaz eta geure hozkailuak janariz beteak ditugunok?

Eta zer esan genezake kristauek hain laua eta gizatarra diren hitz horien aurrean? Ez ote dugu geure bihotzeko begiak irekitzen hasi beharra; hain zuzen ere, gizatarrago izatea eragozten digun ongizateak mendean gauzkanongan sentiberatasun-falta horren eta esklabotza horren kontzientzia biziagoa eragiteko?

Kezkaturik bizi gara, eta arrazoi osoz, kristautasunaren momentu honetako puntu askotaz; aldi berean, ordea, ez gara jabetzen «erlijio burges batek atxiloturik» gauzkala. Ez du ematen kristautasunak, bizi dugun eran, indarrik duenik ongizatearen gizartea eraldatzeko. Aitzitik, azken hau da Jesusen erlijioak duen alderik onena desitxuratzen ari dena: Kristorekiko gure jarraipena kimatzen ari da hura jatorrenak eta finenak diren balio hauek erauziz: solidaritatea, pobreen defentsa, errukia, zuzentasuna.

Horregatik, askoz gehiago baloratu beharko genuke «gatibutasun» honen aurka matxinatzen den hainbat eta hainbat jenderen ahalegina; solidaritate-keinu zehatzez eta biziera lauagoa, soilagoa eta gizatarragoa landuz konprometitzen den jendearena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Adviento – C (Lucas 3,10-18)
Evangelio del 13/dic/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

La palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos «cautivos de una religión burguesa». El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es esta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este «cautiverio», comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano.

José Antonio Pagola