El sermón de Montesinos

José Arregui, teólogo

El Blog de José Arregui

El miércoles, 21 de diciembre, celebramos, aunque no se nombre, el quinto centenario de la primera proclamación de los derechos humanos. Hace 500 años no existía la ONU, que se fundó con muy buena intención, para no permitir que cometieran atrocidades unos pueblos contra otros, y proclamó la Carta Universal de los Derechos Humanos, pero luego apenas se ha notado. Hace 500 años también había atrocidades, y algunas de las más horribles tenían lugar en los pueblos de América, de la mano de cristianos y en nombre de Dios.

Pero el 21 de diciembre de 1511, levantó su voz un fraile dominico, Antonio de Montesinos, recién llegado del convento de San Esteban de Salamanca. Quiero recordarlo, porque es para no olvidar, por lo que entonces pasó y por lo que sigue pasando.

Sucedió en una iglesia de la isla La Española –hoy República Dominicana y Haití–, adonde Cristóbal Colón había llegado apenas 20 años antes, pensando que llegaba a la India por el Oeste, para que la ruta del comercio fuera más breve y las ganancias más abundantes.

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Los pastores de Belén fichan por el Corte Inglés

Pepe Laguna
Eclesalia

La cadena de grandes almacenes española, El Corte Inglés nos ha vuelto a sorprender. Siguiendo la misma política de márquetin con la que hace unos años consiguió contratar en exclusividad a la Navidad y a san Valentín, ayer por la tarde incorporaba a su plantilla de pregoneros a los pastores de Belén.

La resistencia inicial de los sindicatos agropecuarios se quebró ante una oferta millonaria que, en palabras de los propios pastores, “no se podía rechazar”. Con la incorporación de los pastores, la empresa española persigue consolidar su liderazgo de ventas estacionales.

A partir de ahora, el Corte Inglés no sólo decidirá cuándo comienza la Navidad: “¡Ya es navidad en el Corte Inglés!”, sino que tendrá control absoluto sobre los eslóganes navideños. Los pastores dejarán de anunciar el advenimiento de un mundo nuevo donde los últimos serán los primeros, para centrarse en recomendar la compra compulsiva de sucedáneos de felicidad, ilusiones rebajadas y solidaridades de saldo.

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Navidad, ¿dogma o forma de vivir?

JOSE MARÍA CASTILLO
RELIGIÓN DIGITAL

LO QUE NOS CUENTAN MATEO Y LUCAS

El problema está en saber si, de unos relatos simbólicos, se pueden deducir unas verdades dogmáticas

La Navidad es una fiesta religiosa que tiene su origen en lo que de ella cuentan los evangelios de Mateo y Lucas. Pero ocurre que los relatos de los evangelios, sobre el nacimiento de Jesús y sus primeros años de vida, son tan fantásticos que a mucha gente le causan extrañeza y fundadas sospechas de si todo eso merece o no merece crédito. Hablar de apariciones de ángeles, nacimientos milagrosos, sueños celestiales, visiones, magos de países lejanos, un tirano genocida de niños inocentes, todo eso resulta sospechoso. Y más raro aún es que el niño, que fue privilegiado por el cielo con fenómenos tan extraños y sublimes, cuando se hizo adulto, no mucho tiempo después de tantas maravillas, apenas volvió a su pueblo (Nazaret), donde todo el mundo le conocía a él y a su familia, los vecinos de la aldea se quedaron asombrados viendo que el carpintero, que ellos conocían, sabía hablar en público y decía (y hacía) cosas que admiraban a la gente (Mc 6, 1-6).

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NO TENGÁIS MIEDO. OS TRAIGO UNA BUENA NOTICIA, OS HA NACIDO UN LIBERTADOR.

JOSE ENRIQUE GALARRETA
FE ADULTA

Es de noche en Belén, y los pastores son esclavos. Esclavos de la noche desapacible y de la necesidad de velar las ovejas. Esclavos de la leña húmeda y de los lobos que acechan. Esclavos del amo que paga mal y exige mucho. Esclavos de su intenso deseo de irse a casa y acostarse con su mujer. Esclavos de su ansia de ser ricos. Esclavos de sus envidias, de sus rencores, de su violencia. Es de noche en Belén.

Y hoy también es de noche. Yo me siento también como esclavo en la noche. Tanto querer vivir bien, tanto necesitar que me respeten y que me quieran, tanto luchar a codazos por sobrevivir en la competencia de cada día. Tanto soñar, tanto envidiar, tanto trabajar, tanto temer la enfermedad, la muerte, la pobreza. ¿Quién me libertará de esta noche de muerte que es a veces como siento mi vida?

Apareció en la noche de Belén la luz de una buena noticia. Dios es un niño pobre, necesitado, que nació en el amor entre gente sencilla. El ruido de la posada, el palacio del Rey, el esplendor del Templo, no han sido sitios buenos para el amor de Dios. Mejor la cuadra discreta, la intimidad del cariño, mejor la compañía de la gente sencilla que se sabe pobre. Mucho mejor.

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AL DIOS DESCONOCIDO

VICENTE MARTÍNEZ

FE ADULTA

“Hijo, cuando eres joven, el paso del tiempo te hará cambiar de opinión sobre muchos puntos y te hará pensar lo contrario de lo que piensas ahora. Aguarda, pues, hasta entonces para zanjar tan importantes cuestiones. Y la más importante, aunque para ti cuenta nada, consiste en pensar correctamente a propósito de los dioses” (Leyes, Platón).

Cuando Pablo de Tarso visitó Grecia,

“puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Atenienses, veo que sois sobremanera religiosos porque al pasar y contemplar los objetos de vuestro culto he hallado un altar en el cual está escrito: Al dios desconocido.  Pues ese que sin conocerle veneráis es el que yo os anuncio”.

Quizás aquí el ardiente predicador de Atenas no se percató de que también ese Dios por él anunciado seguiría siendo igualmente desconocido: es el Incognoscible y únicamente podemos hacernos una imagen de Él partiendo de los conceptos –anoréxicos ellos- que manejamos los humanos. Nadie más que ellos ha sido habilitado para comunicar cosa alguna a este respecto.

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UNA FELICITACIÓN MUY PARTICULAR

Texto de Pedro Miguel Ansó Esarte

No quiero que, cuando recibas esta felicitación adivines previamente su contenido: Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. No, no quiero que ésta sea una felicitación más, una felicitación al uso. Me gustaría romper, aunque sea como inútil juego literario, los típicos tópicos de la época. Me gustaría poder decirte, por ejemplo:
Felicidades si, náufrago en algún rincón perdido del proceloso mar de la vida, tuviste el coraje de mirar hacia arriba y ver una estrella y nadar sin desmayo, incluso si la estrella no existía más que como mera proyección de tu deseo. Igual da: nadaste, confiaste en ti mismo, llegaste a puerto. Y hoy te puedo escribir a ti que sabes leerme entre líneas.
Felicidades si tuviste la sabiduría de comprender de cuán poco valor son las cosas terrenales tras las que andamos y corremos; si renunciaste a la vanidad del poeta, a la pedantería del profesor, al dogmatismo del obispo, a la desvergüenza del adulador, a la prepotencia del poderoso y a la paranoia del político.
Felicidades si tu corazón no llevó a tu lengua a descalificar a los demás; si no te alegraste de la desgracia ajena, ni jaleaste las  pequeñas miserias que se adhieren a nuestros actos; si no te afanaste por sacudir trapos sucios por la ventana de tu alma.
Felicidades si tuviste tanta compasión con las debilidades de los demás como con las tuyas propias y si, además, diste muestras de grandeza espiritual al reconocer sus virtudes, sus circunstancias, sus esfuerzos. Y, sobre todo, si no utilizaste a los demás como meros medios para tus fines.

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Una política anticrisis éticamente irresponsable

por Guillermo Múgica

DIARIO DE NOTICIAS

La conocida catedrática de Ética Adela Cortina decía recientemente que al Estado de bienestar deberíamos denominarlo, más bien, Estado de justicia. Efectivamente, la universalidad de acceso a los bienes básicos que el mismo propicia no es una concesión graciosa y generosa, y menos discrecional. Es un derecho. Histórico y contextual como todos, pero derecho. Y, por parte del Estado que lo garantiza y posibilita, un deber, el cumplimiento de una responsabilidad que le concierne. No en vano no está por encima de la sociedad y de la ciudadanía, sino por debajo y a su servicio. Tampoco podría ser de otra manera en una democracia que se pretende y proclama «social». Y que sólo es realmente tal, si lo es de justicia; y que sólo siéndolo, podrá denominarse en verdad social.

Se ha afirmado a menudo que la crítica mejor, más objetiva y radical a una determinada dinámica histórica y a los impulsos políticos que la sustentan viene de la realidad misma, de los hechos, de los efectos y consecuencias que dichos impulsos y la mencionada dinámica provocan. Pues bien, a tenor de ello, muchas y muchos pensamos que el afrontamiento general de la crisis presente no sólo es injusto e inhumano y nada tiene que ver con el tipo de democracia que consagra nuestra Constitución. Es realmente criminal, por muy dura que suene la palabra y que, aquí, no quiere tener nada de metafórica. Más aún, incluso en función de los fines que supuesta, retórica y oficialmente pretende, es irracional. Así lo vienen repitiendo hasta la saciedad algunas de las mejores mentes mundiales en materia económico-social.

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¿Porque casi no se habla del debate climático de Durban?

Rómulo Pardo Silva (especial para ARGENPRESS.info)

 

Porque la Educación en el conjunto del planeta no forma hombres libres sino personas programadas para seguir señales, instrucciones, adoctrinamientos decididos por los dueños del capital.

Para saber lo que se lucha en Durban habría que realizar una búsqueda independiente y eso está fuera de lo enseñado y aprendido.

 

Las mujeres y los hombres con autonomía para pensar, criticar, proponer, actuar según los hechos de la realidad son minoría. La mayoría pasivamente hace propio el pensamiento que le entregan los empresarios a través de la escuela, la religión, la publicidad, el periodismo…

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Dios y las desgracias

José Mª Castillo, teólogo

Teología sin censura

 

Como ahora se habla tanto de la crisis, todo el mundo, a todas horas y por todas partes, quiere saber quiénes son los responsables de este desastre. Unos le echan la culpa a los políticos, otros dicen que los causantes de todo esto son los banqueros, los economistas, los ricos, etc, etc. Y a todo esto se ha venido a sumar, desde hace algunos meses, un nuevo responsable. Y ese responsable es nada menos que Dios. O eso es lo que se da a entender.

Porque hay quienes aseguran que la causa de la crisis está en el olvido de Dios. Porque, como hemos abandonado las creencias religiosas, de forma que ya es demasiada la gente que no se acuerda de Dios y de sus mandamientos, por eso nos hemos hecho más egoístas, más codiciosos, más comodones y nos hemos puesto a vivir por encima de nuestras posibilidades. Por eso, el olvido de Dios nos ha hundido en esta miseria de crisis, de la que vamos a salir solamente el día que Dios quiera, como se dice en algunas hojas parroquiales o publicaciones parecidas.

Sin entrar en más profundidades, el lenguaje y las explicaciones que acabo de reproducir tienen un inconveniente que me preocupa: todo eso puede dar pie a que haya gente – quizá mucha gente – que, a partir de semejante discurso, en vez de acercarse a Dios, lo que haga sea alejarse más de Él. Es malo asociar a Dios con las desgracias, por ejemplo con los terremotos, las sequías, las enfermedades y todo lo malo que nos puede ocurrir en la vida. Hacer a Dios responsable del sufrimiento humano es una falta de respeto a Dios. Y además es una solemne mentira.

Porque si Dios es el responsable de los males y las desgracias, ¿cómo nos atrevemos a decir que Dios es bueno y nos quiere? ¿Es que un padre, que quiere a sus hijos, les manda sufrimientos y desgracias para mostrarles así su cariño? Y que nadie me diga que Dios “no quiere” los males, sino que “los permite”, para que así nos santifiquemos mediante el aguante y la paciencia. ¡Por favor! Permitir tanto sufrimiento es la prueba más clara de que quien hace eso, tiene muy malas entrañas. La lógica más elemental nos dice que el que permite tanto mal, es que debe ser muy malo.

Lo de los males y las desgracias tiene su explicación en que el mundo es como es, con sus limitaciones y contadas posibilidades. Y a eso hay que añadir la inclinación al mal que todos los humanos tenemos en nuestros sentimientos y deseos más comunes.

Pero, en el caso de la crisis que estamos sufriendo, hay que decir algo más. Los que peor lo están pasando son las víctimas de los que manejan el gran capital mundial. De donde resulta que los más culpables de la crisis son los que más están ganando y mejor lo están pasando. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Ahora va a ser verdad que los pobres, por ser pobres, son los que más merecido tienen el castigo de Dios? Esto sí que no cuadra, por muchas vueltas que le demos al asunto.

La primera petición, que le hacemos a Dios en el Padrenuestro, es: “santificado sea tu nombre”. Sea cual sea el sentido más técnico y profundo que tenga esa petición, por lo menos viene a decir que el primer deseo de todo buen cristiano debe ser éste: “no utilicemos nunca el nombre de Dios para lo que no debe usarse”. El nombre de Dios se utiliza mal cuando se blasfema. Pero también cuando se invoca a Dios para explicar o justificar criterios o formas de conducta que impulsan a la gente a alejarse de Dios, a hacer daño a los demás o simplemente a causar sufrimiento a quien sea y como sea

No hagamos más daño a la Iglesia

José Maria Castillo

San Pablo tenía una obsesión: vivir de tal manera que su conducta no fuera para nadie motivo de alejarse del Evangelio. Era ésta una obsesión que tenía un fundamento muy serio: Pablo sabía que todo lo que aleja del Evangelio, por eso mismo aleja también de la Iglesia. Y esto era, sin duda alguna, lo que más le dolía al apóstol Pablo.

Este razonamiento, tan sencillo y tan claro, es el argumento que Pablo utilizó siempre para justificar por qué, teniendo tanto que hacer, no renunció nunca a su trabajo, el oficio duro de fabricar tiendas de campaña, con el que se ganaba la vida.

Pablo sabía que la predicación del Evangelio y la organización de las comunidades (“iglesias”) le daba derecho a vivir de esa tarea en favor de los demás. Pero Pablo repite, una y otra vez, que él renunció libremente a ese derecho “para no crear obstáculo alguno al Evangelio” (1 Cor 9, 12; 1 Tes 2, 9; 2, 6-12; 4, 10 ss; 1 Cor 4, 12; 9, 4-18; 2 Cor 11, 7-12; 12, 13-18; Hech 20, 33-35; cf. Hech 18, 1-4). Por tanto, Pablo sabía que, a veces, vivir de la religión, le crea problemas a la religión. Por eso Pablo cortó por lo sano. Y, en consecuencia, vivió de su trabajo, como todo hijo de vecino.

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