Dolores Aleixandre
Enviado a la página web de Redes Cristianas
Cuando empezó el Concilio yo llevaba una cofia almidonada de campesina borgoñona del s. XVIII que sobresalía por los lados y sólo me permitía mirar de frente. Al acabar el Concilio, la habíamos cambiado por otra que se ajustaba a la cabeza y hacía ya posible una mirada panorámica: todo un símbolo de la ampliación de visión y ensanchamiento de horizontes que se vivía a nivel eclesial.
Lo mejor del Concilio creo que fue permitirnos vivir la experiencia de que lo que parecía inmutable, mutaba, lo atado se desataba y lo petrificado se derretía. Y eso grabó en nuestras conciencias la convicción de que lo esencial del Evangelio es muy poco y casi todo lo demás es cuestionable, reversible y adaptable. Leer más
Somos y nos sentimos un espacio cristiano, vivo y comunitario, en el que compartimos la fe en Jesús de Nazaret y donde se refuerzan con entusiasmo nuestras esperanzas y compromisos por otra sociedad más justa y otra Iglesia más evangélica. Hemos sentido presentes a los pueblos y gentes que sufren a diario el ataque directo del modelo capitalista de vivir y de regir. Ante la cruel realidad de las víctimas de la sinrazón del lucro insaciable de unas minorías, seguimos creyendo en la razón y justicia de los derechos de los últimos. Primero no es el negocio y la riqueza de unos pocos. Primero son los pobres, siempre. Y todo lo que ayude a que dejen de serlo, será lo mejor para todos, siempre.
El fenómeno migratorio provoca controversias enconadas en los países receptores de la Unión Europea. Los gobiernos responden con políticas cada vez más restrictivas y en ocasiones con prácticas que vulneran derechos fundamentales y disposiciones legales de la propia U.E.
Las declaraciones del portavoz de la banca española (y antiguo subgobernador del Banco de España, por cierto) con motivo de las normas recién aprobadas por el gobierno sobre desahucios muestran que los banqueros españoles están perdiendo ya los niveles mínimos de responsabilidad, decencia y vergüenza.
Maribel, he estado pensado en tu comentario sobre el testimonio de la fe entre la gente de nuestro entorno, y la clásica reserva de que “no se necesita la fe y, además, todos hacemos lo mismo”. Tampoco yo estoy en condiciones de despachar el tema en un “pis-pas”, ni quería bloquear la reunión de trabajo pastoral entrando a fondo en esa pregunta. Personalmente, creo que no es fácil dar cuenta de una respuesta alternativa, – nos falta experiencia para que brote a tope y obras para que resulte evidente a los ojos ajenos -, ni es fácil que nuestro interlocutor lo entienda. Escribo a vuelapluma. 
