«Ruanda es la parada de los minerales que explotan las multinacionales»

DIARIO DE NOTICIAS

Los fabricantes de móviles están detrás de las redes de mafias que se apoyan en los grupos armados.En la región de los Kivus, la más castigada por la violencia, puede haber dos millones de personas desplazadas en el interior del Congo que huyen de sus zonas rurales donde se localiza la riqueza y detras de ella los grupos armados. La población de Bukavu y Goma se ha multiplicado por diez en los últimos años debido a la inestabilidad en las zonas rurales, admite Ramón Arozarena, que habla de sufrimientos humanos, malnutrición y la violación de mujeres como arma de guerra. «Incluso algunos piensan que existe por parte de los grupos armados y el M23 un deseo de que determinadas zonas se vacíen de gente para tener las manos libres para gobernarlas», reitera. Para colmo ahora, añade, se han descubierto reservas de petróleo y empresas europeas ya están haciendo prospecciones en el parque de los Virunga donde están los gorilas de alta montaña, un parque natural en la frontera con Uganda. «El petróleo que puede existir en los parques de Virunga puede convertirse en un factor de tensión y conflicto en lugar de de desarrollo», indica.

En este contrabando sin límites participan el grueso de los países desarrollados: «Da la sensación de que muchas veces son empresas subcontratadas, pequeñas firmas ligadas a otras mayores». Por ejemplo, en el tráfico del coltán hay redes que llegan hasta los mismos fabricantes de móviles, observa. El camino es Ruanda y Uganda, y de ahí salen en avión hasta otros países. Es la cadena que va de la pobreza a la riqueza: un campesino del Congo todas las noches lleva un saco de veinte kilos hasta Goma, donde hay un almácen, luego lo recoge una camioneta a Kigali… hay bancos, cuentas corrientes, almacenes… un entramado de intereses. USA vetó la comercialización de minerales contaminados por conflictos, pero existe un mercado alternativo y, a juicio de Arozarena, habría que conseguir un boicot internacional para luchar contra esas redes. De hecho, en su momento se consiguió controlar la explotación de los diamantes y existe un acuerdo internacional que se cumple por los países importadores para evitar su compra si proceden de lugares en conflicto, sin embargo «en el resto de minerales de sangre es difícil cortar esa explotación inhumana porque hay una cadena de complicidades en la que están bancos, multinacionales, empresas tecnológicas…».