No te fijas en apariencias – Comentario Fidel Aizpurúa

Fe Adulta

Mt 22, 15-21

15 Se retiraron entonces los fariseos a elaborar un plan para cazar a Jesús con una pregunta.

16 Le enviaron a sus discípulos con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

– Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. 17 Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar tributo al César o no?

18 Calando Jesús su mala intención, les dijo:

– ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Enseñadme la moneda del tributo.

Ellos le ofrecieron un denario 20 y él les preguntó:

– ¿De quién son esta efigie y esta leyenda?

21 Le respondieron:

– Del César.

Entonces les replicó:

– Pues lo que es del César devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.

Cuando leemos un texto evangélico nos conviene, a veces, dejar de lado la lectura que hemos hecho siempre y apoyarnos en otro punto desde el que el pasaje pueda sernos elocuente.

Los fariseos y herodianos del texto hacen una valoración lisonjera de Jesús que nosotros encontramos exacta y que dice de él tres cosas: eres sincero, enseñas el camino de la verdad, NO TE FIJAS EN APARIENCIAS. Tomemos esto último. Jesús sabe mirar al valor de la persona, lo que es ante Dios y ante sí mismo, y no cae en la trampa de las apariencias que engañan. Es otra manera de valorar a personas y cosas.

Es algo que todavía sigue vigente. Una persona de apariencia elegante nos parece respetable, aunque quizá sea un truhán. Otra de apariencia modesta nos parece prescindible, aunque sea cabal. Valoramos por lo de fuera sin asomarnos a lo de dentro. Ya lo decía la carta de Santiago (2,1-4): entra a la comunidad uno con sortijas de oro y traje flamante y le decís: “Siéntate cómodo”. Entra un pobretón con traje mugriento y le decís: “Siéntate en el suelo”. ¿Podemos funcionar así?

¿Qué pautas nos da en el evangelio para no caer en la tela de araña de las apariencias?

Mirar las obras: “por sus obras los conoceréis” (Mt 7,20). ¿Son obras para quedar bien, para la galería, o son obras de socorro y de acompañamiento?

Mira las palabras: “que tu sí sea sí y tu no sea no” (Mt 5,37). El mucho hablar puede embaucar a la persona, pero no la construye.

Mira las intenciones: “busca primero el reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33). Si se pretende el propio beneficio y no el brillo de la justicia, desconfía.

El evangelio tendría que haber llevado a desembarazarnos de las apariencias, pero aún no lo ha conseguido. Quizá nos ayuden los pensadores de hoy que nos dicen: «Ninguna generación ha estado tan obsesionada por lo visual como la nuestra. Nos rendimos ante lo visible y apenas podemos librarnos del poder de las imágenes, tanto de las fascinantes como de las terribles. La sociedad que se ha ido generando en torno a la televisión está acostumbrada a no creer salvo lo que ve y a creerse todo lo que ve. Asignamos a la visibilidad un valor central, al que se asocian otros como la sinceridad, la autenticidad, la inmediatez o la transparencia» (D. innerarity).

En la reciente visita del papa León a Barcelona se inauguró con toda pompa la torre de Jesús en la Sagrada Familia de 173 m. de alta lo que la hace la iglesia más alta del mundo. ¿Qué supone eso para la fe cristiana? ¿Qué tiene que ver esa apariencia de grandiosidad con la propuesta del reino? Creemos que poco. No nos dejemos atrapar por las apariencias. Demos cancha al evangelio que habla de vivir la fe en el valor de lo secreto, lejos de toda apariencia.

Urteko 29. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 22,15-21)

Grupos de Jesús

JAINKOARENAK GARA SOILIK – SOLO PERTENECEMOS A DIOS

«Eman Zesarri Zesarrena eta Jainkoari Jainkoarena». Jesusen hitz hauek askotan erabili izan dira muga argi bat ezartzeko politiko denaren eta erlijioso denaren artean, eta defenditzeko horrela Estatuaren erabateko autonomia, fedearen izenean egindako edozein interpelazioren aurrean.

Interpretazio honen arabera, bi egiteko hauek jarri bide zizkion Jesusek gizakiari: batetik, betebehar zibil-politikoak; bestetik, interpelazio erlijiosoa. Gizakiak bi arazo desberdini erantzun beharko balie bezala: arazo soziopolitikoei botere politikoren aurrean eta arazo erlijiosoei Jainkoaren aurrean.

Jesusen asmoa, ordea, ez da hori. Beraren hitzen indarra azken zatian dago. Maltzurki galdetu diote zergen problemaz, eta Jesusek amen batean askatu du problema. Zesarrena den moneta badarabilte, horrek berekin daramatzan ondorioak jasan beharko dituzte. Baina Jesusek ideia berri bat tartekatu du, arerioen galderan ageri ez zena.

Horrelakorik espero ez zutela, Jainkoa tartekatu du planteamenduan. Monetaren irudia Zesarri dagokio, baina gizakiak ez du ahaztu behar bere baitan Jainkoaren irudia daramala; beraz, gizakia Jainkoarena bakarrik dela. Hori baieztatzen zuen biblia-tradizioak. Hori kontuan izanik, atzeman dezakegu Jesusen pentsamendua. «Eman Zesarri berea duena; baina ez ahaztu zeuek Jainkoarenak zaretela».

Jesusentzat, Zesar eta Jainkoa ez dira maila bereko bi agintari, gizakiaren mendetasuna bien artean banatu beharko balute bezala. Edozein Zesarren gain dago Jainkoa, ezin eskatu du Zesarrek inoiz ere Jainkoarena dena.

Estatuen boterea hazten ari den eta hiritarrei gizarte batean, zeinetan kasik guztia bideratua eta kontrolatua baitago, beren askatasuna defenditzea gero eta zailago egiten ari zaien aldi hauetan, fededunok ez genuke utzi behar geure kontzientzia eta geure askatasuna inongo boterek lapurtu diezazkigun.

Ondradu bete beharreko ditugu geure betebehar hiritarrak, baina ez diogu utzi behar inongo botereri, modelatu eta bideratu gaitzan, Jainkoaren erreinuaren oinarrizko eskakizunei dagozkienetan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

29 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,15-21)

por Coordinador – Mario González Jurado

SOLO PERTENECEMOS A DIOS

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Estas palabras de Jesús han sido utilizadas con frecuencia para establecer una frontera clara entre lo político y lo religioso, y defender así la autonomía absoluta del Estado ante cualquier interpelación hecha desde la fe.

Según esta interpretación, Jesús habría colocado al hombre, por una parte, ante unas obligaciones de carácter cívico-político y, por otra, ante una interpelación religiosa. Como si el hombre tuviera que responder de los asuntos sociopolíticos ante el poder político y de los asuntos religiosos ante Dios.

La intención de Jesús no es esa. El acento de sus palabras está en la parte final. Le han preguntado insidiosamente por el problema de los tributos y Jesús resuelve prontamente el problema. Si manejan moneda que pertenece al César, habrán de someterse a las consecuencias que ello implica. Pero Jesús introduce una idea nueva que no aparecía en la pregunta de los adversarios.

De forma inesperada introduce a Dios en el planteamiento. La imagen de la moneda pertenece al César, pero los hombres no han de olvidar que llevan en sí mismos la imagen de Dios y, por lo tanto, solo le pertenecen a él. Así lo afirmaba la tradición bíblica. Es entonces cuando podemos captar el pensamiento de Jesús. «Dad al César lo que le pertenece a él, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis a Dios».

Para Jesús, el César y Dios no son dos autoridades de rango semejante que se han de repartir la sumisión de los hombres. Dios está por encima de cualquier César, y este no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.

En unos tiempos en que crece el poder del Estado y a los ciudadanos les resulta cada vez más difícil defender su libertad en medio de una sociedad, donde casi todo está dirigido y controlado, los creyentes no hemos de dejarnos robar nuestra conciencia y nuestra libertad por ningún poder.

Hemos de cumplir con honradez nuestros deberes ciudadanos, pero no hemos de dejarnos modelar ni dirigir por ningún poder que nos enfrente con las exigencias fundamentales del reino de Dios.

José Antonio Pagola

DOMINGO 29 (A) – Fray Marcos

(Mt 22, 15-21)

No hay un Dios-César ni un César-Dio. La oposición está en cada uno y debemos

Los jefes comprendieron que las parábolas ‘obreros de última hora’, ‘hermanos mandados a la viña’ y banquete de boda se referían a ellos. Contraatacan con tres preguntas que intentan tenderle una trampa: ‘el tributo al César’, ‘la resurrección de los muertos’ y ‘cual es el primer mandamiento’, que leeremos el próximo domingo.

Merece atención el texto del segundo Isaías que hemos leído. Es muy interesante, porque es la primera vez que la Biblia habla de un único Dios. Estamos a mediados del s. VI a. c., y hasta ese momento, Israel tenía su Dios, pero no ponía en cuestión que otros pueblos tuvieran sus propios dioses. Esto no lo hemos tenido nunca claro.

Jesús contesta a lo que no le habían preguntado. No se mete en política, pero apunta a una actitud vital que supere la disyuntiva. Una nefasta interpretación dio argumentos para apoyar el maniqueísmo. Seguimos entendiendo la frase como una oposición entre lo religioso y lo profano; hoy entre Iglesia y Estado. Se trata de una falta de perspectiva.

Cuando se instauró la monarquía al rey se le consideró como un representante de Dios (hijo de Dios), sin ningún poder al margen del conferido por su divinidad. En la pregunta, los fariseos no piensan en una confrontación entre el poder religioso y el poder civil, sino entre su Dios y el César divinizado. La moneda es clave para entender la respuesta.

        TI(berius)CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS:  PONTIF(ex)  MAXIM(us)

Tiberio César, glorioso hijo del divino Augusto sumo pontífice

Se cuestiona si un judío tiene que aceptar la soberanía del César o seguir teniendo a Dios como único soberano. Con su respuesta, Jesús no está proponiendo una separación del mundo civil y el religioso. En tiempo de Jesús tal cosa era impensable. No hay base alguna para convertir la religión en una especulación de sacristía sin influencia en la vida.

Fariseos y herodianos, enemigos irreconciliables, se une contra Jesús. Los fariseos eran contrarios a la ocupación. Los herodianos eran partidarios del poder de Roma. La pregunta era una trampa. Si decía que no, se ponía en contra de Roma. Si decían sí, los fariseos podían acusarlo de antijudaísmo, porque se ponía en contra del sentir del pueblo.

El verbo que emplea Jesús, «apodídômi», no significa dar sino, devolver. Los fariseos emplean (dídomi), sí significa “dar”. Una pista para comprender la respuesta. Estaban contra el César, pero utilizaban su moneda. Un judío debía renunciar a utilizar el dinero de Roma. Les hace ver que ya han contestado, pues aceptan la soberanía de Roma.

Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha arrebatado, el hombre. La moneda que representa al César, tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios, el hombre como valor supremo es la clave de su mensaje.

Jesús dice que el César no es Dios, pero no hemos dudado en convertir a Dios en un César (he leído una homilía. No es fácil asimilar que tampoco Dios es un César.

DOMINGO 29 T.O. – KOINONÍA

Isaías 45,1.4-6

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Salmo responsorial: 95

Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / cantad al Señor, toda la tierra. / Contad a los pueblos su gloria, / sus maravillas a todas las naciones. R.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, / más temible que todos los dioses. / Pues los dioses de los gentiles son apariencia, / mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, / aclamad la gloria y el poder del Señor, / aclamad la gloria del nombre del Señor, / entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, / tiemble en su presencia la tierra toda; / decid a los pueblos: «El Señor es rey, / él gobierna a los pueblos rectamente.» R.

1Tesalonicenses 1,1-5b

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordemos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados en Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Mateo 22,15-21

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En la primera lectura nos encontramos ante un texto que se encuentra ubicado en lo que se llama el «Segundo Isaías» o «libro de la consolación» de pueblo de Israel. Este dato, aparentemente simple, nos permite entrar al texto desde una clave de interpretación especial. Isaías, el profeta del juicio y el castigo, siempre tiene al final una palabra de ánimo, de esperanza, de consolación, sobre todo en estos tiempos en los que las propuestas alternativas son buscadas por el sistema globalizante para eliminarlas.

Yahvé habla a Ciro –una persona que no pertenece al pueblo de Dios, y que «no conoce a Dios», insiste el texto– y le habla, para encomendarle una misión. Primera sorpresa, y grata: el no conocer a Dios no es una limitación para ser llamados por Dios a una misión, y la misión de Ciro va a ser la de anunciar palabras de consuelo. El monopolio de la elección de Dios por parte de sólo los miembros de un pueblo, elegido entre todos los pueblos de la humanidad, se desdibuja ante este relato. Constatamos que un «no judío» puede ser también mediador adecuado para la actuación de Dios. En buena parte, en relación con todo el conjunto del Antiguo Testamento, eso es una gran novedad.

El evangelio de Mateo es el más comentado en la historia de la iglesia y a la vez el evangelio del cual se ha hecho la interpretación más dogmática y espiritualista. Es la primera síntesis de la tradición judía y cristiana que se da después de la destrucción del templo de Jerusalén en la guerra de los años 66-74 d.C. El fragmento que hoy leemos forma parte de la presentación de una serie de controversias entre Jesús y los fariseos (y otros grupos), sobre temas como el tributo, la resurrección de los muertos, el mandamiento principal, el hijo de David… Todas estas controversias tienen como telón de fondo la confrontación de Jesús con la ley romana, en un contexto social en el que se divinizaba al Emperador…

El tema del tributo es muy sensible. Lo sufrían en su carne las comunidades cristianas entre las que se fue elaborando el texto del evangelio de Mateo, bajo el dominio del imperio romano. El pueblo de Israel, siglos antes, había soñado con ser una especie de confederación de tribus, una sociedad estructuralmente igualitaria, en la que el único Señor fuese Dios, el Dios de la liberación. Pero ahora, Israel vive las consecuencias de una monarquía que exprime al pobre para sostener su estructura. Los más pobres eran, efectivamente, los más afectados por la política fiscal, pues la tasación recaía más directamente sobre los que trabajaban la tierra, los campesinos.

Yendo un poco más allá del tributo, fijémonos en la figura del Emperador. Roma cargaba sobre sí la influencia del mundo religioso de Egipto y de Grecia. La relación de los romanos con sus dioses forma parte de la estructura ordinaria y cotidiana de la vida social: se entendía al Emperador como un dios: en ese sentido, Roma era de hecho una teocracia.

Las comunidades cristianas que habían optado por otra forma de entender la relación con Dios, con el Dios de Jesús, con el Abba, no podían entender cómo el emperador se presentaba como Dios, y se enfrentaron a la religión oficial optando por lo alternativo, que en este caso es la propuesta de vida en pequeñas comunidades de hermanos y hermanas.

En este ambiente difícil, la comunidad cristiana rebusca en la experiencia que vivió con el Maestro, y trae al escenario esta frase que ha conseguido ser aceptada como adagio popular: «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Por tanto ya en los albores de la reflexión de la comunidad está la conciencia de que el emperador no es Dios, y nunca lo será, porque Dios es amor, justicia, amor, igualdad… valores ausentes en cualquier imperio, de cualquier época.

Con el correr del tiempo, lo que es alternativo se transforma en oficial, y se hace necesario reemprender el camino de la creatividad, de la renovación, de lo alternativo.

En la actualidad no hay emperadores que se presenten como dioses, pero sí nos encontramos con ciertas estructuras religiosas monárquicas e imperiales que lejos de reflejar la vivencia de la comunión entre los hermanos, pretenden imponer la explotación de los pobres, al mejor estilo del imperio Por eso, al leer este texto desde el hoy, tenemos que decir con voz profética: «a la estructura oficial religiosa lo que es de ella» y «a Dios lo que es de Dios», o sea, «a Dios Padre y a su Reinado toda nuestra entrega y fidelidad».

El evangelio de Mateo con su fuerza eclesiológica renovadora, nos impulsa a trabajar incansablemente por una iglesia más cercana a la propuesta de Jesús, más centrada en las personas, en las relaciones entre los hermanos, y menos pendiente de la norma y estructura, que cuya atención no puede ponerse por encima de la Justicia y de la defensa de los pequeños, los predilectos de Dios.

El evangelio de hoy no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús», pero puede acudirse al portal de la serie (https://radialistas.net/serie-un-tal-jesus/) para escoger algún capítulo que se juzgue adecuado para nuestra comunidad concreta.

La serie «Otro Dios es posible» tiene un capítulo (5 minutos de entrevista radiofónica a Jesús que vuelve a la Tierra) titulado «¿Al César lo del César?», que puede ser recogido como texto y audio en: https://radialistas.net/81-al-cesar-lo-del-cesar/.

28º DOMINGO T.O. – KOINONÍA

4.2.7

Isaías 25,6-10a

El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. -Lo ha dicho el Señor-.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Salmo responsorial: 22

Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar; / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término. R.

Filipenses 4,12-14.19-20

Todo lo puedo en aquel que me conforta

Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Mateo 22,1-14

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.» Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. [Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»]

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

El Salmo interleccional y la epístola de Pablo a los cristianos de Filipos ponen de relieve el cuidado y protección de Dios. El primero recurre a las imágenes de pastor y anfitrión señalando el significado del “tú conmigo” (v. 4) en el camino y en el descanso. Por su parte la epístola señala la compañía divina en la vida del apóstol y la seguridad que ella se hará extensiva a los cristianos de la comunidad.

El pasaje del evangelio recurre a la misma imagen y comparte el horizonte universalista. En él podemos distinguir dos partes. En la primera, se presenta el Reino de Dios con ayuda de las acciones de un rey que quiere celebrar la boda de su hijo. Los símbolos de autoridad están expresamente seleccionados ya que esta sección, que tiene lugar en Jerusalén, gira en torno de la autoridad de Jesús.

Para la celebración el rey envía a sus “sirvientes”, en dos oportunidades, a notificar a los que han sido previamente invitados que el banquete está pronto. La reacción es de una violencia creciente.

Ante este fracaso, el rey ordena a los sirvientes de extender la invitación a la gente que está “al extremo de la calle” sin distinción de comportamiento ético, ya que entran al banquete “malos y buenos” (v. 10). La invitación ahora surte efecto ya que la sala se llena de invitados. Se trata de una llamada universal que supera todas las diferencias humanas y que reúne a todos en un mismo banquete.

Esta perspectiva universal, aunque ocasionada por el rechazo de los invitados, va mucho más allá de lo que puede, en el rey, motivar ese rechazo. Se trata de una voluntad salvífica sin límites que aprovecha un momento de hostilidad para manifestarse.

Los vv. 11-14 cambian bruscamente la perspectiva: viene la segunda parte. Aquí se trata de un caso particular de la participación al banquete. El ámbito universal continúa estando presente, pero se subraya la reacción de uno de los comensales.

El cambio de perspectiva toma su punto de partida en la entrada del rey en la sala del banquete. Con esa entrada se señala un acontecimiento decisivo, un juicio que se opera en cada uno de los invitados.

Haber entrado no da derecho automático a permanecer. Para participar plenamente al banquete es necesario haber aceptado el “vestido de fiesta”, el don de la fe. Uno de los presentes, aunque también llamado, no ha endosado el ropaje adecuado, no ha sido capaz del compromiso ético que acompaña a la llamada.

La mudez ante la pregunta del rey, indica la ineficacia de la llamada en tal convidado y motiva la sentencia condenatoria que el rey pronuncia en un juicio instantáneo y decisivo que lo arroja a las tinieblas exteriores, donde reinan el llanto y el rechinar de dientes (v. 13). La tristeza ante Israel por no haber aceptado la invitación puede transferirse a los miembros de la comunidad eclesial que no sean capaces de las exigencias que dimanan de la fiesta. Este destino reservado a los miembros “mudos” de la comunidad, incapaces de producir fruto coherente con su confesión de fe, pretende hacer un llamado concreto a cada uno de los integrantes comunitarios a tomar en serio la invitación que en principio han aceptado.

La advertencia se hace más urgente gracias a la mención del mayor número de los llamados que de los escogidos (v. 14) que no busca determinar número sino fundamentar la seriedad con que se debe tomar la decisión frente al Reino.

El banquete del Reino es un don gratuito de Dios, pero exige que cada persona sea capaz de aceptar la invitación que se le dirige y, llevar una vida coherente con el significado de la invitación. Sólo con esas dos actitudes es posible mantenerse en el ámbito de la gracia divina que, aunque ilimitada, jamás avasalla la libertad humana.

A pesar de lo dicho, no podemos menos de hacernos cargo de la «objeción a la totalidad» que muchos oyentes, personas cultas y con verdadera sensibilidad de hoy, van a sentir ante este texto del evangelio y toda la cosmovisión teológica a la que echamos mano para tratar de explicarla y aplicarla. La sensación cierta, aun en muchos que no acaban de poder expresarla con nitidez, es que este tipo de metáforas globales son profundamente inadecuadas, están gastadas y sobrepasadas, y no sólo no dicen ya nada (por eso necesitan de tanta explicación), sino que resultan ininteligibles, y hasta producen rechazo. Con lo cual, como afirma la teóloga Sally McFague, son metáforas no sólo obsoletas, sino dañinas. Con toda probabilidad Jesús ya no las usaría hoy, y se pasmaría de vernos muchos domingos dando vueltas en torno a ellas, queriendo dar vida a una simbología y una doctrina que está muerta. (De McFague es recomendabilísimo volver a leer Modelos de Dios, de Sal Terrae, o su Metaphorical Theology, de Fortress Press, aún sin traducir, accesible en la red).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 83 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Los invitados al banquete». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/83-los-invitados-al-banquete/.

La piedra angular – Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

Mt 21, 33-43

Comentario Fidel Aizpurúa

El evangelio contiene, a veces, páginas ásperas que nos producen una especie de rechazo inicial. Hay que leerlo con paciencia.

Una de esas páginas es la que hemos leído hoy. Sobre las piedras angulares se asentaba el edificio. Si ellas fallaban, la casa peligraba. Por eso los canteros elegían las mejores piedras para los ángulos y desechaban las demás para morralla.

Cuando Jesús habla de que LA PIEDRA DESECHADA ES AHORA LA PIEDRA ANGULAR está hablando de una experiencia propia. Él ha sido “piedra desechada”, ha sufrido el desprecio con que los poderosos miran a quienes no son relevantes, nadie lo ha considerado significativo (ni siquiera aquellos griegos que parece que quisieron verle: Jn 12,21), terminará de mala manera en un patíbulo. Piedra desechada.

No es el de Jesús un caso único. La historia del camino humano está hecha de rechazos de todos aquellos que no cuentan, de olvidos de quienes habrían de recibir agradecimientos, de facturas de justicia que no han sido pagadas. Piedras desechadas.

¿Cómo vivir de manera que el rechazo aparezca lo menos posible en nuestras vidas, que no seamos de quienes escogen las piedras elegantes y desechan las de pobre apariencia? Hagamos estas consideraciones:

Somos de la familia de los débiles: la debilidad nos une. Quien se cree fuerte, mírese bien. La limitación está a la puerta. Hoy pareces invencible, mañana eres un derrotado.

Somos buscadores de dicha: ese deseo nos iguala y desde ahí habríamos de ayudarnos a que nadie quede excluido del gozo de vivir. La dicha del humilde es piedra angular del edificio humano.

Somos caminantes necesitados de amparo: dependemos unos de otros para llegar a la meta de una vida cumplida. No podemos andar el camino de la vida sin el abrazo y la caricia de un corazón que nos ame.

Coincide este domingo con la fiesta de san Francisco de Asís, hermano universal, para el que queremos tener un recuerdo. Él ha sufrido también en sus propias carnes el rechazo de su familia, de sus amigos, de su pueblo. Él ha comprendido que su vida rechazada era acogida por el Jesús rechazado. Y eso le ha dado fuerza para no reproducir el rechazo sino, todo lo contrario, para proponer una vida en total acogida. Escribía a sus hermanos: «Y deben gozarse cuando conviven con gente baja y despreciada, con los pobres y débiles, con los enfermos y leprosos, y con los mendigos que están a la vera del camino». Son palabras que hoy se traducirían en modos de vida de acogida e integración.

Dicen algunos que cuando la humanidad ha estado en peligro se ha salvado no por los fuertes y notables, sino por los humildes y rechazados. Que la fe nos lleve no solamente a no generar rechazo sino, sobre todo, a construir la casa común donde todos son bienvenidos y nadie es excluido.

DOMINGO 27 T.O.- (A) – Fray Marcos

(Mt 21,33-43)

Dios nunca rechaza a nadie. Nosotros rechazamos a Dios cuando rechazamos al otro

Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía, lo que había sucedido ya.

El relato es a la vez parábola y alegoría. A cada elemento del relato, corresponde un elemento espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo judío. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados son los profetas.  El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia del texto de Isaías. Pero si nos fijamos, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de uvas, dio agrazones.

En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se le podía ocurrir.

No es probable que Jesús la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesto la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios les rechazara para elegir a otro pueblo. Refleja una reflexión de la comunidad cristiana.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. El relato no solo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazadas.

Recordemos que, entre la Torá y el mensaje del Jesús, existe un peldaño, los profetas que dieron chispazos en la dirección correcta: “esto sucedió para que se cumplieses las Escrituras”. Muchas de las enseñanzas de Jesús ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular. Es la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús nunca pensó en una nueva religión ni un nuevo Dios. Jesús fue judío y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros, sobrepasa el pensamiento bíblico.

Aquellos jefes religiosos no eran malvados. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños del pueblo.

La historia no demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo, con la voluntad de Dios. No se puede separar el interés de Dios del interés del hombre. Nunca se puede machacar al ser humano en nombre de Dios.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Isaías dice: “esperó de ellos derecho y hay tenéis asesinatos; espero justicia y ahí tenéis lamentos. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros mismos. Siendo y dándose a los demás, Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

URTEKO 27. IGANDEA – A – JOSÉ A. PAGOLA

por Coordinador – Mario González Jurado

PROFETEN AHOTSA ITOTZEKO ARRISKUA- EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

Erromatar gudarosteak 70. urtean Jerusalem suntsitu eta judu herria nazio gisa desagertu zenean, kristauek irakurketa izugarria egin zuten gertaera tragiko honetaz. Israelek, Jainkoak hain maite zuen herriak, ez zuen jakin haren deiei erantzuten. Beraien buruzagi erlijiosoek Jainkoak bidalitako profetak hil egin dituzte; azkenean, Jainkoaren Semea bera gurutziltzatu dute. Orain, Jainkoak bertan behera utzi ditu eta bide eman dio Jerusalem suntsitzeari: kristau Elizak ordezkatuko du Israel.

Honela irakurtzen zuten lehen kristauek «mahasti-langile hiltzaileen» parabola, Jesusek Israelgo apaiz nagusiei zuzendua. «Jaunaren mahastia» zaintzeko kargua duten nekazariak erailtzen ari dira, bata bestearen ondoren, jabeak fruitua jasotzera bidali dizkien morroiak. Azkenean, jabearen semea bera erail dute, oinordekoa garbitu eta mahastiaz jabetzeko asmoz. Jabeak ez du langile horiek erail eta mahastia beste nekazari leialago batzuei eman beste erremediorik.

Parabola hau ez zuten jaso ebanjelariek Eliza, Israel berria, judu herriaren, Erromak garaitua eta mundu osoan barna barreiatua izan zenaren, aurrez aurre jarri harro-harro elikatzeko. Beste bat zuten kezka: gerta al dakioke kristau Elizari antzinako Israeli gertatu zitzaion gauza bera? Huts egin al ditzake Jainkoaren igurikimenak, itxaropenak? Eta Elizak ematen ez baditu Jainkoak espero dituen fruituak, zer bide hartuko ditu Jainkoak bere salbazio-egitasmoa aurrera eramateko?

Arriskua beti bat bera da. Israel seguru sentitu ohi zen: Liburu Sakratuak berekin zituen, tenplua ere bai, zorrotz ospatzen zuten kultua, Legea predikatzen zuten; erakundeak zaintzen zituzten. Ez zuten ikusten beste ezeren beharrik. Aski zuten dena ordenan gordetzea. Erlijio bati gerta dakiokeen arriskurik handiena da: profeten ahotsa ito dadila eta apaizek, «jaunaren mahastiaren» jabe direla uste izanik, beren jabetza balute bezala kudeatzea.

Geurea ere dugun arriskua da. Uste izatea Elizaren leialtasuna bermaturik dagoela Itun Berriko izate hutsagatik. Geure burua seguru sentitzea Kristo geure jabetza omen dugulako. Halaz guztiz, Jainkoa ez da inoren jabetza. Bere mahastia berea bakarrik du. Eta Elizak ematen ez badu Jainkoak espero duen fruitua, beste salbazio-bide batzuk urratzen joango da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

27 Tiempo T.O.  – A (Mateo 21,33-43)

por Coordinador – Mario González Jurado

EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.

Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.

Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?

El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.

Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

José Antonio Pagola

27º DOMINGO T.O.- KOINONÍA

Isaías 5,1-7

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo responsorial: 79

La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto, / expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. / Extendió sus sarmientos hasta el mar, / y sus brotes hasta el Gran Río. R.

¿Por qué has derribado su cerca / para que la saqueen los viandantes, / la pisoteen los jabalíes / y se la coman las alimañas? R.

Dios de los ejércitos, vuélvete: / mira desde el cielo, fíjate, / ven a visitar tu viña, / la cepa que tu diestra plantó, / y que tú hiciste vigorosa. R.

No nos alejaremos de ti: / danos vida, para que invoquemos tu nombre. / Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, / que brille tu rostro y nos salve. R.

Filipenses 4,6-9

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Mateo 21,33-43

Arrendará la viña a otros labradores

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Algunos seguimos aferrados a unas celebraciones más aptas para las generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra religiosa» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y nuestra problemática actual… La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día…

Miremos a los profetas, que pueden orientarnos en este sentido. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder, y simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura.

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje.

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.

Para Jesús, el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos «de buena voluntad», o sea, todas las personas que tengan como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. Porque, como dice esa maravillosa canción litúrgica (el salmo 71 musicado por Miguel Manzano), el Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia, Amor». Por eso es por lo que no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género, o de cualquier otro tipo accidental: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo propuso esto, sino que lo realizó con su práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó profundos y agudos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos, esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, a los enfermos (impuros) y a las pecadoras… era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que, fuera de Israel y de su particular religión, no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos, y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf Lc 15,32).

Las denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11,26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el ‘Hijo del hombre’, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 99 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «La viña del Señor». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/99-la-vina-del-senor/.

DOMINGO 26 (A) – Fray Marcos

(Mt 21,28-32)

Las palabras las lleva el viento. El hombre debe rectificar para alcanzar la meta.

No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: El hijo que dice sí y va a trabajar a la viña; y el hijo que dice no, y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre.

Jesús distingue dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas y los que los jefes religiosos consideran pecadores. Recordemos que ser hijo significaba hacer siempre la voluntad del padre. El que dejaba de hacer la voluntad del padre, dejaba de ser hijo. ¿Quién hizo la voluntad del padre? quiere decir: ¿Quién es verdadero Hijo?

Los fariseos no tenían nada de qué arrepentirse, eran perfectos, porque decían “sí” a todos los mandamientos. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley no les importaba y el ser humano, menos.

Para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos fallan y los malos son los buenos. Los primeros eran lo estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían ni podían cumplirla. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban hacerse más humanos, porque se sabían pecadores.

No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Los hechos son lo importante, las palabras sirven de poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría. El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación radical y admite la posibilidad de rectificación, después de recapacitar.

La pretensión de ser perfectos no tiene sentido, porque somos limitados e imperfectos. Ni siquiera podemos saber de ante mano, lo que es bueno o malo. Necesitamos la experiencia para poder dilucidar lo que me edifica o lo que me deteriora como ser humano. Rectificar no es solo cosa de sabios, sino de todo hombre que quiere llegar.

Los recaudadores y las prostitutas os lleven la delantera en el Reino. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los fariseos y escribas. Pero es también la mejor noticia que nos podían dar. El organigrama religioso-social de su tiempo era represivo e injusto. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios, que quiere el bien de todos los hombres.

Nuestra actitud religiosa es incoherente. Llevamos muchos siglos haciendo una religión de ritos, externos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante” para darse cuenta de que no tiene nada que ver con las exigencias del evangelio. doctrinas y preceptos. Desde el bautismo decimos “sí voy”, pero nos quedamos en donde estamos.

Solo la experiencia me dice qué es lo que me deteriora y qué es lo que me enriquece como ser humano. Cuando damos por absoluta una norma nos negamos a progresar. El gran peligro es creer que Dios mismo nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se siguen cometiendo verdaderas barbaridades en contra del ser humano.

También hoy podemos ir más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, pero pueden ser fruto de una programación desconectada de nuestro verdadero ser. Los fariseos cumplían todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón.

No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo “no” cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo “sí” con una pasmosa ligereza. Aceptar nuestras limitaciones es el primer paso para poder superarlas.