Urteko 27. igandea – A – JOSÉ A. PAGOLA

por Coordinador – Mario González Jurado

PROFETEN AHOTSA ITOTZEKO ARRISKUA- EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

Erromatar gudarosteak 70. urtean Jerusalem suntsitu eta judu herria nazio gisa desagertu zenean, kristauek irakurketa izugarria egin zuten gertaera tragiko honetaz. Israelek, Jainkoak hain maite zuen herriak, ez zuen jakin haren deiei erantzuten. Beraien buruzagi erlijiosoek Jainkoak bidalitako profetak hil egin dituzte; azkenean, Jainkoaren Semea bera gurutziltzatu dute. Orain, Jainkoak bertan behera utzi ditu eta bide eman dio Jerusalem suntsitzeari: kristau Elizak ordezkatuko du Israel.

Honela irakurtzen zuten lehen kristauek «mahasti-langile hiltzaileen» parabola, Jesusek Israelgo apaiz nagusiei zuzendua. «Jaunaren mahastia» zaintzeko kargua duten nekazariak erailtzen ari dira, bata bestearen ondoren, jabeak fruitua jasotzera bidali dizkien morroiak. Azkenean, jabearen semea bera erail dute, oinordekoa garbitu eta mahastiaz jabetzeko asmoz. Jabeak ez du langile horiek erail eta mahastia beste nekazari leialago batzuei eman beste erremediorik.

Parabola hau ez zuten jaso ebanjelariek Eliza, Israel berria, judu herriaren, Erromak garaitua eta mundu osoan barna barreiatua izan zenaren, aurrez aurre jarri harro-harro elikatzeko. Beste bat zuten kezka: gerta al dakioke kristau Elizari antzinako Israeli gertatu zitzaion gauza bera? Huts egin al ditzake Jainkoaren igurikimenak, itxaropenak? Eta Elizak ematen ez baditu Jainkoak espero dituen fruituak, zer bide hartuko ditu Jainkoak bere salbazio-egitasmoa aurrera eramateko?

Arriskua beti bat bera da. Israel seguru sentitu ohi zen: Liburu Sakratuak berekin zituen, tenplua ere bai, zorrotz ospatzen zuten kultua, Legea predikatzen zuten; erakundeak zaintzen zituzten. Ez zuten ikusten beste ezeren beharrik. Aski zuten dena ordenan gordetzea. Erlijio bati gerta dakiokeen arriskurik handiena da: profeten ahotsa ito dadila eta apaizek, «jaunaren mahastiaren» jabe direla uste izanik, beren jabetza balute bezala kudeatzea.

Geurea ere dugun arriskua da. Uste izatea Elizaren leialtasuna bermaturik dagoela Itun Berriko izate hutsagatik. Geure burua seguru sentitzea Kristo geure jabetza omen dugulako. Halaz guztiz, Jainkoa ez da inoren jabetza. Bere mahastia berea bakarrik du. Eta Elizak ematen ez badu Jainkoak espero duen fruitua, beste salbazio-bide batzuk urratzen joango da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

27 Tiempo T.O.  – A (Mateo 21,33-43)

por Coordinador – Mario González Jurado

EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.

Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.

Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?

El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.

Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

José Antonio Pagola

27º domingo de tiempo ordinario

Isaías 5,1-7

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo responsorial: 79

La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto, / expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. / Extendió sus sarmientos hasta el mar, / y sus brotes hasta el Gran Río. R.

¿Por qué has derribado su cerca / para que la saqueen los viandantes, / la pisoteen los jabalíes / y se la coman las alimañas? R.

Dios de los ejércitos, vuélvete: / mira desde el cielo, fíjate, / ven a visitar tu viña, / la cepa que tu diestra plantó, / y que tú hiciste vigorosa. R.

No nos alejaremos de ti: / danos vida, para que invoquemos tu nombre. / Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, / que brille tu rostro y nos salve. R.

Filipenses 4,6-9

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Mateo 21,33-43

Arrendará la viña a otros labradores

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Algunos seguimos aferrados a unas celebraciones más aptas para las generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra religiosa» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y nuestra problemática actual… La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día…

Miremos a los profetas, que pueden orientarnos en este sentido. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder, y simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura.

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje.

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.

Para Jesús, el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos «de buena voluntad», o sea, todas las personas que tengan como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. Porque, como dice esa maravillosa canción litúrgica (el salmo 71 musicado por Miguel Manzano), el Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia, Amor». Por eso es por lo que no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género, o de cualquier otro tipo accidental: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo propuso esto, sino que lo realizó con su práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó profundos y agudos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos, esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, a los enfermos (impuros) y a las pecadoras… era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que, fuera de Israel y de su particular religión, no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos, y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf Lc 15,32).

Las denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11,26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el ‘Hijo del hombre’, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 99 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «La viña del Señor». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/99-la-vina-del-senor/.

DOMINGO 26 (A) – Fray Marcos

(Mt 21,28-32)

Las palabras las lleva el viento. El hombre debe rectificar para alcanzar la meta.

No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: El hijo que dice sí y va a trabajar a la viña; y el hijo que dice no, y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre.

Jesús distingue dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas y los que los jefes religiosos consideran pecadores. Recordemos que ser hijo significaba hacer siempre la voluntad del padre. El que dejaba de hacer la voluntad del padre, dejaba de ser hijo. ¿Quién hizo la voluntad del padre? quiere decir: ¿Quién es verdadero Hijo?

Los fariseos no tenían nada de qué arrepentirse, eran perfectos, porque decían “sí” a todos los mandamientos. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley no les importaba y el ser humano, menos.

Para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos fallan y los malos son los buenos. Los primeros eran lo estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían ni podían cumplirla. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban hacerse más humanos, porque se sabían pecadores.

No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Los hechos son lo importante, las palabras sirven de poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría. El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación radical y admite la posibilidad de rectificación, después de recapacitar.

La pretensión de ser perfectos no tiene sentido, porque somos limitados e imperfectos. Ni siquiera podemos saber de ante mano, lo que es bueno o malo. Necesitamos la experiencia para poder dilucidar lo que me edifica o lo que me deteriora como ser humano. Rectificar no es solo cosa de sabios, sino de todo hombre que quiere llegar.

Los recaudadores y las prostitutas os lleven la delantera en el Reino. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los fariseos y escribas. Pero es también la mejor noticia que nos podían dar. El organigrama religioso-social de su tiempo era represivo e injusto. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios, que quiere el bien de todos los hombres.

Nuestra actitud religiosa es incoherente. Llevamos muchos siglos haciendo una religión de ritos, externos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante” para darse cuenta de que no tiene nada que ver con las exigencias del evangelio. doctrinas y preceptos. Desde el bautismo decimos “sí voy”, pero nos quedamos en donde estamos.

Solo la experiencia me dice qué es lo que me deteriora y qué es lo que me enriquece como ser humano. Cuando damos por absoluta una norma nos negamos a progresar. El gran peligro es creer que Dios mismo nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se siguen cometiendo verdaderas barbaridades en contra del ser humano.

También hoy podemos ir más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, pero pueden ser fruto de una programación desconectada de nuestro verdadero ser. Los fariseos cumplían todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón.

No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo “no” cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo “sí” con una pasmosa ligereza. Aceptar nuestras limitaciones es el primer paso para poder superarlas.

Urteko 26. igandea – José A. Pagola

Grupos de Jesús

JESUSENTZAT, AZKENAK LEHENENGO DIRA – PARA JESÚS, LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

Jesusek gizarte banatu bat ezagutu zuen: banaketa-hesiz zatitua eta bereizketa korapilatsuk zeharkatua. Talde desberdinak ageri dira bertan: tenplura joan daitezkeen juduak eta kultua eskaintzera joan ezin diren paganoak; pertsona «garbiak» zeinekin tratatu baitaiteke eta pertsona «likitsak», bazterrera utzi beharrekoak; «lagun hurko» direnak, maitatu beharrekoak, eta lagun hurko ez direnak, bertan behera utz daitezkeenak; gizaki «jainkozaleak», lege betetzaileak eta «jende madarikatua», agindutakoa ez ezagutzen ez betetzen dutenak; pertsona «sanoak», Jainkoak bedeinkatuak, eta «gaixo» madarikatuak, tenplura ezin sartu direnak; pertsona «zuzenak» eta gizon-emakume «bekatariak».

Jesusen jarduera gizarte horretan hain harrigarria iruditzen zaigu, gaur ere gogor gertatzen baitzaigu onartzea. Ez du hartzen fariseu-taldeen jarrera, harreman oro ekiditen baitute likitsekin eta bekatariekin. Ez du jarraitzen Qumranekoen jarrera elitista, non zerrenda zehatzak egiten baitituzte elkartetik baztertuak direnekin.

Jesus, hain justu, diskriminatuenak direnengana hurbildu da. Publikanoekin otorduak egiteko esertzera. Oinak besarkatzen uzten dio emakume bekatari bati. Bere eskuz ukitzen ditu lepradunak. «Galdua dena» salbatzen saiatzen da. Jendeak «bekatarien adiskide» deitzen dio. Temati eta kitzikatzaile dihardu errepikatzen «azkenak lehenengo izango direla» esaten, eta publikanoak eta prostituituak lege-maisuen eta apaizen aurretik doazela Jainkoaren erreinuko bidean.

Nori iruditu dakioke gaur egun Jainkoaren aurrean lehenak izan daitezkeela alkoholikoak, arloteak, eskaleak eta gizarteak bazter utzia duen jende guztia? Nor ausartzen da pentsatzera ezen prostituituek, heroinomanoek edo hiesdunek aurrea hartzen ahal dietela biziera errugabeko elizgizon ez gutxiri?

Halaz guztiz, nahiz eta jadanik inork ez dizuen esango, zuek, jende ez desiragarri zaretenok eta anatematizatuok, jakin behar duzue Jesu Kristogan agertu zaigun Jainkoak zinez jarraitzen duela zuen adiskide izaten. Zuek kristau askok baino hobeto «ulertu» eta onartu dezakezue Jainkoaren barkazioa, ezertaz damutu beharrik sentitzen ez duten kristau askok baino hobeto.

Guk ezikusia egiten dizuegunean, hurbildu egiten zaizue Jainkoa. Guk umilarazten zaituztegunean, Jainkoak defenditu egiten zaituzte. Guk mespretxatzen zaituztegunean, hark onartu egiten zaituzte. Zuen gauaren une ilunenean, ez zaudete bakarrik. Zuen umilazioaren unerik sakonenean ez zaudete bertan behera utzirik. Ez dago lekurik zuentzat gure gizartean, ez gure bihotzean. Horregatik, hain justu, daukazue leku pribilegiatu bat Jainkoaren bihotzean.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

26 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,28-32)

PARA JESÚS, LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

Jesús conoció una sociedad dividida por barreras de separación y atravesada por complejas discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas «puras» con las que se puede tratar y personas «impuras» a las que hay que evitar; «prójimos» a los que se debe amar y «no prójimos» a los que se puede abandonar; hombres «piadosos» observantes de la ley y «gentes malditas» que ni conocen ni cumplen lo prescrito; personas «sanas» bendecidas por Dios y «enfermos» malditos que no tienen acceso al templo; personas «justas» y hombres y mujeres «pecadores».

La actuación de Jesús en esta sociedad resulta tan sorprendente que todavía hoy nos resistimos a aceptarla. No adopta la postura de los grupos fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores. No sigue la actitud elitista de Qumrán, donde se redactan listas precisas de los que quedan excluidos de la comunidad.

Jesús se acerca precisamente a los más discriminados. Se sienta a comer con publicanos. Se deja besar los pies por una pecadora. Toca con su mano a los leprosos. Busca salvar «lo que está perdido». La gente lo llama «amigo de pecadores». Con insistencia provocativa va repitiendo que «los últimos serán los primeros», y que los publicanos y las prostitutas van por delante de los escribas y sacerdotes en el camino del reino de Dios.

¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos, vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de la sociedad pueden ser ante Dios los primeros? ¿Quién se atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos o los afectados por el sida pueden preceder a no pocos eclesiásticos de vida intachable?

Sin embargo, aunque ya casi nadie os lo diga, vosotros, los indeseables y anatematizados, tenéis que saber que el Dios revelado en Jesucristo sigue siendo realmente vuestro amigo. Vosotros podéis «entender» y acoger el perdón de Dios mejor que muchos cristianos que no sienten necesidad de arrepentirse de nada.

Cuando nosotros os evitamos, Dios se os acerca. Cuando nosotros os humillamos, él os defiende. Cuando os despreciamos, os acoge. En lo más oscuro de vuestra noche no estáis solos. En lo más profundo de vuestra humillación no estáis abandonados. No hay sitio para vosotros en nuestra sociedad ni en nuestro corazón. Por eso precisamente tenéis un lugar privilegiado en el corazón de Dios.

José Antonio Pagola

26º domingo del T.O. – Koinonía

Ezequiel 18,25-28

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida

Así dice el Señor: «Comentáis: «No es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»

Salmo responsorial: 24

Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, / y todo el día te estoy esperando. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / no te acuerdes de los pecados / ni de las maldades de mi juventud; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.

Filipenses 2,1-11

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús

Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todo el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

[Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.]

Mateo 21,28-32

Recapacitó y fue

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acerco al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La conversión de aquellos que el sistema religioso considera pecadores debería ser una señal profética con el poder de arrastrar a todos hacia el camino del bien. Sin embargo, esto no es lo que ocurre. Cada sistema religioso organiza sus valores en escalas jerárquicas en las que cuenta más la posición que la propia conciencia. El profeta Ezequiel y el evangelio se refieren a esta terrible realidad: los que se consideran a sí mismos salvados son incapaces de cambiar su manera de pensar para abrirse a la acción de Dios. Los más ilustres representantes de la religión (sacerdotes judíos, fariseos, escribas, etc.) incurren en el pecado de la falsa conciencia religiosa, es decir en la pretensión injustificada de considerarse salvados por sus propios méritos y no por la gracia de Dios. Pablo nos presenta una aguda reflexión sobre este problema y nos llama la atención sobre aquellos elementos de discernimiento que nos permiten evaluar nuestras prácticas cotidianas a la diáfana luz del amor misericordioso y del servicio solidario.

El profeta Ezequiel llama la atención a su pueblo, envuelto en intrigas, enajenado por las permanentes conspiraciones contra el imperio babilonio. La situación era extremadamente precaria luego de la primera deportación en el año 597 a.e.c. Los líderes del pueblo habían sido obligados a marchar a tierras extranjeras y vivían en condiciones extremadamente precarias. La situación en Jerusalén era extremadamente volátil. La falta de discernimiento, la manipulación de los sentimientos patrióticos y el oportunismo de los nuevos lideres los dejaban a la merced de una nueva y devastadora intervención de Babilonia como efectivamente ocurrió en el año 587 a.e.c. En medio de tanta tensión, caos y confusión el profeta hace un llamado a la cordura y al buen juicio. La falsa consciencia religiosa estaba inflando los planes de las autoridades del Templo y de los altos funcionarios de la corte. Se consideraban a sí mismos propietarios de la salvación y personas más allá del ‘bien y del mal’. Ezequiel los llama a la humildad y la honestidad, al servicio al pueblo y a la justicia, pues, en nombre del bien de la patria no cesaban de cometer crímenes e injusticias que contradecían el fundamento jurídico y ético de la alianza de Yahvé con su pueblo. Considerarse a si mismo justo, mientras se comenten las peores atrocidades no es sino un engaño inútil. El bien consiste en el respeto del derecho y en la práctica de la justicia.

La parábola que hoy nos propone Jesús –en el evangelio de Mateo, como todos estos domingos– denuncia igualmente la falsa conciencia religiosa. La viña es la realidad del mundo, en la que el trabajo siempre es arduo y urgente. A esa viña el Padre envía a sus dos hijos. La respuesta de los dos es ambigua. Sin embargo, sólo el compromiso del que inicialmente se había negado al trabajo nos permite descubrir quién actuó coherentemente. De este modo Jesús denuncia a aquellos dirigentes y a todo el pueblo que públicamente se compromete a servir al Señor, pero que es incapaz de obrar de acuerdo con sus palabras. Actitud que contrasta con aquellos que aunque parecen negarse al servicio, terminan dando lo mejor de sí en la transformación de la viña.

Esta parábola plantea un dilema que pone al descubierto la praxis de sus oyentes y que, leída a la luz de los acontecimientos de la época de Jesús nos muestra cómo los que eran considerados pecadores por el aparato religioso eran, en realidad, los únicos atentos a la voz del profeta. La conversión no es un asunto de solemnes proclamas o de prolongados ejercicios piadosos, sino un llamado impostergable a la justicia y al discernimiento. Las palabras de Jesús herían la sensibilidad religiosa de sus contemporáneos que se consideraban auténticos seguidores de Yavé e inigualables hombres de fe, porque colocaba delante de ellos el testimonio de aquellas personas que eran consideradas una lacra social: las prostitutas y los publicanos.

Prostitutas y publicanos no sólo eran profesiones terriblemente despreciadas, sino que quienes las ejercían eran considerados personas asquerosas e inadmisibles entre la gente de bien. Jesús ridiculiza todas esas valoraciones lanzadas desde los pedestales del sistema religioso y muestra, con los hechos, que ni siquiera la presencia de un profeta tan grande como Juan Bautista es capaz de transformar las conciencias anquilosadas y estériles de aquellos que se consideran salvados únicamente por el alto cargo que ejercen en el aparato religioso.

Pablo nos muestra la misma realidad, desde el interior de la comunidad cristiana. Los creyentes, por sus mismas buenas intenciones, están más expuestos a crearse una falsa conciencia religiosa que los lleve a considerarse superiores a los demás o definitivamente salvados. El único criterio para determinar la autenticidad de las prácticas cristianas es lo que el llama ‘entrañas de misericordia’, o sea, el amor incondicional por aquellas personas excluidas y víctimas de la opresión y la miseria. Para Pablo, los cristianos no se pueden examinar únicamente a la luz de criterios piadosos, sino a la luz de la práctica de Jesús que actuó siempre en el mundo con entrañas de misericordia.

Más allá de una interpretación limitada al contexto judío del momento de Jesús, esta palabra suya puede y debe elevarse a categoría universal y a principio teórico: el de “la primacía del hacer sobre el decir, de la praxis sobre la teoría”. Un hermano dijo que sí, muy dispuesto, pero sus hechos desmintieron sus palabras: su palabra verdadera, su palabra práctica, fue un no. El otro hermano pareció estar desde el principio fuera del camino de la salvación, por sus palabras negativas e inaceptables; pero a pesar de sus palabras, él, tal vez recapacitó en su corazón, y, de hecho fue a la viña: «hizo» la voluntad del Padre. Decir/hacer, teoría/praxis, pensar/practicar…: el Evangelio está claramente decantado a un lado, sin vacilaciones, en estas disyuntivas.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 96 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Las prostitutas van delante». El audio, el guión y su comentario teológico-bíblico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/96-las-prostitutas-van-delante/.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo (5 minutos de entrevista a Jesús en su segunda venida a la Tierra) titulada «¿Las prostitutas primero?», que se puede tomar de: https://radialistas.net/52-las-prostitutas-primero/.

DOMINGO 25 (A) – Fray Marcos

(Mt 20,1-16)

Nuestra justicia debe imitar la de Dios. Hemos hecho lo contrario

Una advertencia a la comunidad. Los cristianos veteranos reclamaban privilegios, porque en un inminente final de la historia, los que se incorporaban no iban a tener la oportunidad de trabajar como lo habían hecho ellos. Advierte a los cristianos que no es mérito suyo haber accedido a la fe antes, sino un privilegio que debían agradecer.

Jesús acaba de decir al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga. A continuación, Pedro dice a Jesús: “Pues nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué tendremos?” Jesús le promete cien veces más, pero termina con esa frase enigmática: Hay primeros que serán últimos, y últimos que serán primeros. A continuación, viene el relato de hoy.

Tenemos una mezcla de alegoría y parábola que puede dificultar la comprensión. Está claro que la viña representa al pueblo elegido, y que el propietario es Dios mismo. Pero también es cierto que, en el relato, hay un punto de inflexión cuando dice: “Al llegar los primeros pensaron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario”.

Desde la justicia humana, el propietario está cometiendo una injusticia. El propietario actúa desde el amor absoluto, cosa que solo Dios puede hacer. Lo que nos dice es que una relación de ‘toma y da acá’ con Dios no tiene sentido. El trabajo en la comunidad de los seguidores de Jesús, tiene que imitar a Dios y ser totalmente desinteresado.

Con esta parábola, Jesús no pretende dar una lección de relaciones laborales. Cualquier referencia a ese campo en la homilía de hoy no tiene sentido. Jesús habla de la manera de comportarse Dios con nosotros, que está más allá de toda justicia. Desde los valores de justicia que manejamos en nuestra sociedad, será imposible entender la parábola.

Hoy todos trabajamos para lograr desigualdades, para tener más que el otro, estar por encima y así marcar diferencias. Incluso en el ámbito religioso se nos ha inculcado que tenemos que ser mejores que los demás para recibir un premio mayor. Ésta ha sido la filosofía que ha movido la espiritualidad cristiana de todos los tiempos.

La parábola trata de romper los esquemas en los que está basada la sociedad, que se mueve por el interés. Dirigida a la comunidad, la parábola pretende unas relaciones humanas que estén más allá de todo interés egoísta de individuo o de grupo. “nadie consideraba suyo propio nada de lo que tenía, sino que lo poseían todo en común”.

Los de primera hora se quejan del trato que reciben los de la última. No tienen derecho a exigir, pero les molesta que los últimos reciban lo mismo que ellos. El relato demuestra un conocimiento profundo de la psicología humana. La envidia envenena las relaciones humanas. A veces preferimos perjudicarnos con tal de que el otro no se beneficie.

Tan desconcertante es ese Dios de Jesús, que después de veinte siglos, aún no lo hemos asimilado. Seguimos pensando en un Dios que ‘paga a cada uno según sus obras’. El don total y gratuito de Dios es siempre el punto de partida, no algo a conseguir gracias a nuestro esfuerzo. Dios se da a todos siempre sin que podamos merecerlo.

No existe retribución que valga. Dios da a todos los seres lo mismo, porque se da a sí mismo y no puede partirse. Dios nos paga antes de que trabajemos. Es una manera equivocada de hablar, decir que Dios nos concede esto o aquello. Dios está totalmente disponible para todos. Lo que tome cada uno dependerá solamente de él.

El mensaje de la parábola es evangelio, buena noticia: Dios es don para todos: amor infinito. Los que nos creemos buenos lo veremos como una injusticia; seguimos con la pretensión de aplicar a Dios nuestra manera de hacer justicia. ¡Cómo vamos a aceptar que Dios ame a los malos igual que a nosotros! Seguimos convencidos de que es injusto.

Urteko 25. igandea – A – José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Mateo 10,1-16)

KONFIANTZA JAINKOAREN ONBERATASUNEAN- CONFIAR EN LA BONDAD DE DIOS

Gero eta konbentzituago nago ezen ateo direla esaten duten gizon-emakumeetako askok, Jainkoa ukatzen dutela esaten dutenean, egiaz «idolo mental» bat ukatzen dutela, txikitan eraiki zutena. Beren barnean Jainkoaz duten ideia eta urte askotan bizi izan dutena, halako batean txiki gelditu zaie. Une batera iritsi direnean, Jainko hori izaki arraro, deseroso eta gogaikarri gertatu zaie. Eta bertan behera utzi dute.

Ez zait ezer ere kostatzen pertsona horiei ulertzea. Horietako batzuekin hitz eginez, behin baino gehiagotan etorri zaizkit burura Maximos IV.a patriarkaren hitz zentzuzko haiek, Kontziliokoan esanak: «Nik ere ez dut sinesten ateoek sinesten ez duten jainko horrengan». Benetan, zenbait jendek bere bizitzatik zokoratu duen jainkoa karikatura hutsa da, nork bere baitan faltsuki eratu izan duena. «Sasi jainko» horretatik beren arima hustu badute, ez ote da izango egunen batean egiazko Jainkoari txoko bat uzteko?

Baina, nola egin dezake topo pertsona batek gaur egun Jainkoarekin? Fededun garela esaten dugunongana hurbiltzen bada, aise aurkituko gaitu otoitz egiten, ez benetako Jainkoari, baizik eta idolo txiki bati zeinengana proiektatzen baititugu geure interesak, beldurrak eta obsesioak. Jainko bat zeinez jabetu egin nahi baikenuke eta zeinez baliatu geure probetxurako, ahaztuz benetako Jainkoak gizon-emakume guztiez duen onberatasun itzela eta ezin ulertua.

Jesusek hautsi egin ditu gure eskema guztiak «mahastiaren jaunaren» parabolan Jainkoa aurkeztu digunean: «guztiei nori bere denarioa» eman dio Jainkoak, merezi ala ez, eta kexua agertu diotenei esan diena; «Zuk inbidia ukan behar al duzu ni ona naizelako?».

Jainkoa guztientzat da ona, merezi ala ez, fededun izan edo ateo. Beraren onberatasun misteriotsua fededunen fedea baino harago eta ateoen federik eza baino harago dago.

Egin behar duguna, geure eskemak alde batera uztea da, geure barnean isiltasuna sortzea, hondoraino entzutea geure baitan taupadaka ari den bizia… eta itxarotea, fidatzea, geure izate guztia irekirik uztea. Jainkoa ez zaio ezkutatzen sekulen sekulako bihotz garbiz beraren bila dabilenari.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

25 Tiempo ordinario – A (Mateo 20,1-16)

CONFIAR EN LA BONDAD DE DIOS

Cada vez estoy mas convencido de que muchos de los que se dicen ateos son hombres y mujeres que, cuando rechazan a Dios, están rechazando en realidad un «ídolo mental» que se fabricaron cuando eran niños. La idea de Dios que llevan en su interior y con la que han vivido durante algunos años se les ha quedado pequeña. Llegado un momento, ese Dios les ha resultado un ser tan extraño, incómodo y molesto que han prescindido de él.

No me cuesta nada comprender a estas personas. Dialogando con alguna de ellas he recordado más de una vez aquellas certeras palabras del patriarca Máximos IV durante el Concilio: «Yo tampoco creo en el dios en que los ateos no creen». En realidad, el dios que algunos han suprimido de sus vidas es una caricatura que se han formado falsamente de él. Si han vaciado su alma de ese «dios falso», ¿no será para dejar sitio algún día al Dios verdadero?

Pero ¿cómo puede hoy una persona encontrarse con Dios? Si se acerca a los que nos decimos creyentes, es fácil que nos encuentre rezando, no al Dios verdadero, sino a un pequeño ídolo sobre el que proyectamos nuestros intereses, miedos y obsesiones. Un Dios del que pretendemos apropiarnos y al que intentamos utilizar para nuestro provecho, olvidando su inmensa e incomprensible bondad con todos.

Jesús rompe todos nuestros esquemas cuando nos presenta en la parábola del «señor de la viña» a ese Dios que «da a todos su denario», lo merezcan o no, y dice así a los que protestan: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?».

Dios es bueno con todos, lo merezcan o no, sean creyentes o ateos. Su bondad misteriosa está más allá de la fe de los creyentes y de la increencia de los ateos.

Lo que hemos de hacer es olvidarnos de nuestros esquemas, hacer silencio en nuestro interior, escuchar hasta el fondo la vida que palpita en nosotros… y esperar, confiar, dejar abierto nuestro ser. Dios no se oculta indefinidamente a quien lo busca con sincero corazón.

José Antonio Pagola

DOMINGO 25 T.O. – Koinonía

Isaías 55,6-9

Mis planes no son vuestros planes

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

Salmo responsorial: 144

Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré / y alabaré tu nombre por siempre jamás. / Grande es el Señor, merece toda alabanza, / es incalculable su grandeza. R.

El Señor es clemente y misericordioso, / lento a la cólera y rico en piedad; / el Señor es bueno con todos, / es cariñoso con todas sus criaturas. R.

El Señor es justo en todos sus caminos, / es bondadoso en todas sus acciones; / cerca está el Señor de los que lo invocan, / de los que lo invocan sinceramente. R.

Filipenses 1,20c-24.27a

Para mí la vida es Cristo

Hermanos: Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Mateo 20,1-16

¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno?

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia por que yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La gracia y la misericordia de Dios se contrapone a la mentalidad religiosa judía de los tiempos de Jesús. Frente a la teología del mérito del sistema religioso se opone la teología de la gracia predicada por Jesús. Desde esta perspectiva, la salvación no se alcanza solamente por méritos propios, sino por la misericordia de Dios, que nos la concede a pesar de que no la merezcamos.

El texto del segundo Isaías centra su actividad profética en el tema de la consolación del pueblo desterrado. Pero el destierro fue por la desobediencia del pueblo y de sus dirigentes que se apartaron de Dios y quebrantaron la alianza. Sin embargo, Dios no abandona a su pueblo. Si el pueblo es infiel a la alianza, Dios permanece siempre fiel. Los caminos del Señor son muy distintos de los caminos humanos. El profeta insiste en la invitación a buscar al Señor. Hace un llamado a la conversión y al arrepentimiento porque Dios es Clemente y misericordioso y siempre está dispuesto al perdón. Los planes de Dios no son tan limitados y mezquinos como los nuestros.

Pablo, en la carta a los Filipenses, se plantea una disyuntiva: o morir para estar con Cristo o quedarse en medio de ellos para ayudarles en sus dificultades. Pablo, prisionero por Cristo, presiente que sus días ya están llegando a su fin. Perseguido, calumniado, encarcelado, azotado y despreciado de muchos ha vivido en su propia persona la pasión de su Señor. Consecuente con su predicación, si se ha esforzado por vivir el evangelio de Jesús, entonces es normal que corra la misma suerte que su maestro. Pero también tiene la plena convicción de participar de la gloria de la resurrección. Tanto su vida como su muerte está en función de Cristo. Si está vivo es para seguir anunciando el evangelio, si muere es para entrar en la plena comunión de los justificados por El. Así las cosas, Pablo siente que su misión ha llegado a su fin. Como Jesús, puede decir todo está cumplido. Pero a Pablo le queda la gran preocupación de la fragilidad de las comunidades, cuya fe está fuertemente amenazada por el ambiente cultural y religioso de las colonias del Imperio.

En la parábola de los trabajadores descontentos con la paga se refleja el modo de actuar de Dios contrario a nuestra mentalidad utilitarista. El contexto de la parábola del evangelio de Mateo debió ser la controversia de Jesús con las autoridades judías por su continua relación con personas de dudosa reputación, como publicados, pecadores, enfermos, paganos, y «niños y mujeres». Precisamente, aquellos que estaban considerados impuros y, por tanto, excluidos del círculo de santidad. Pero en el contexto de la comunidad mateana se percibe el conflicto producido entre los judeocristianos y paganos cristianos que confluyen en la misma comunidad. Era inaceptable que los recién conversos tuvieran el mismo trato de los que han pertenecido desde tiempos antiguos al pueblo elegido. Es claro que el encuentro entre judaísmo y cristianismo en el seno de una misma comunidad resultó bastante complicado. Así lo manifiestan otros escritos del nuevo testamento como la carta a los gálatas.

La parábola, narrada por Jesús, parte de un hecho real. El propietario representa a los terratenientes que a base de aranceles habían quitado las tierras a los campesinos. Así mismo, los desocupados eran los que lo habían perdido todo y se alquilaban por cualquier cosa para poder vivir. Por supuesto que había quienes siempre eran clientes fijos del propietario, es decir, aquellos a quienes siempre se les contrataba, y estaban los que iban apareciendo a última hora. La clave de la parábola no está en la actitud equitativa del patrón, pues el podría pagar como quisiera. Lo que llamó la atención a los oyentes es que haya preferido a los que no eran sus trabajadores (los de la última hora) sobre los que si lo eran (los de la primera hora). Situación incomprensible desde todo punto de vista.

El sistema religioso del tiempo de Jesús y de las primeras comunidades centraba la práctica religiosa en el mérito y la paga. La salvación se había convertido en un mercado de compra y venta. Jesús cuestiona a fondo esta mentalidad que tanto mal le ha hecho al pueblo. La salvación es don gratuito de Dios. Y la gracia tiene que ver con el amor misericordioso. Dios no maneja nuestros esquemas contables interesados y lucrativos. Para Dios, tanto los primeros como los últimos son objeto de su inmenso amor y misericordia.

Hoy tenemos que superar todo espíritu de competencia y codicia. Tenemos que superar sobre todo el «exclusivismo» que todavía late en el subconsciente cristiano: ya no lo decimos ni lo sostenemos, pero muchos lo siguen pensando: nosotros, nuestra religión, sería la única verdadera, y por tanto la superior, la definitiva, la insuperable, aquella en la que las demás religiones (¡y culturas!) deberán confluir… Si ya muchos han abandonado aquella visión veterotestamentaria de que «las naciones y los pueblos vendrán a adorar a Dios en Sión» –porque sociológicamente ya no parece previsible ni viable que el mundo vaya un día a ser todo él cristiano–, no dejamos de tener esa conciencia de «exclusivismo» cuando nuestras autoridades y jerarquías condenan autoritariamente y sin diálogo alguno opiniones sociales, criterios éticos, que se dan en distintas sociedades, apoyados en el convencimiento de que nuestra verdad es incuestionablemente superior a la de los demás, por principio, y que tendríamos derecho a imponerla en la sociedad (aunque sea laica, aconfesional, plural) sin necesidad siquiera de dialogar y convencer a la población… Es una actitud de complejo de superioridad que no tiene ninguna justificación.

La apertura a todos, el reconocimiento sincero de que no tenemos un «gratuito e inmerecido derecho de primogenitura», que no somos «los (únicos) elegidos», que los que hemos considerado tradicionalmente «últimos» (o en todo caso, posteriores a nosotros) no lo son, que Dios es «gratuito» y sin favoritismos… son asignaturas pendientes todavía para las Iglesias cristianas…

No cabe duda de que aceptar en profundidad el mensaje evangélico de hoy de que «los primeros serán los últimos», nos exige un cambio de mentalidad a fondo. También el pluralismo religioso y el diálogo intercultural hay que elencarlos entre esos grandes desafíos generados por el descubrimiento más profundo de la «gratuidad de Dios» que la parábola del evangelio de hoy vuelve a poner ante nuestros ojos.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 61 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un denario para cada uno». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico  pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/61-un-denario-para-cada-uno.

DOMINGO 24º (A) – Fray Marcos

(Mt 18,21-35)

Perdonar es el mayor signo de amor. Será posible si descubro que me aman

Mateo sigue con la instrucción sobre como comportarse con los hermanos dentro de la comunidad. Sin perdón sería imposible la convivencia. El perdón es la más alta manifestación del amor y está en conexión directa con el amor al enemigo. Entre los seres humanos es impensable un verdadero amor que no lleve implícito el perdón.

La frase setenta veces siete no significa perdonar 490 veces. Quiere decir siempre. El perdón no es un acto, sino una actitud sostenida. Los rabinos hablan de perdonar las ofensas hasta cuatro veces. Pedro añade otras tres. Siete era un número que indicaba plenitud, pero Jesús quiere dejar muy claro que no es suficiente. Si Pedro todavía lleva cuenta de los perdones, quiere decir que en realidad no perdona.

La parábola de los dos deudores no necesita explicación. El punto de inflexión está en la desorbitada diferencia de la deuda. El señor perdona una inmensa deuda (60.000.000 denarios) y el empleado es incapaz de perdonar 100. “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo” nunca lo pudo decir Jesús. Dios es otra cosa.

El perdón del que hablamos solo puede nacer del amor. Los dos van en contra del instinto. Desde nuestro ego es imposible entender el perdón del evangelio. Desde esa conciencia, el perdón se convierte en un factor de afianzamiento del ego. Perdono al otro par dejar clara mi superioridad. De ahí la famosa frase “perdono, pero no olvido”.

Debo descubrir que no hay nada que perdonar. Hacer daño es siempre ignorancia. Desde nuestro concepto de pecado es imposible perdonar. El pecado no es fruto nunca de una mala voluntad, sino de una ignorancia. La voluntad no puede ser mala, porque no es movida por el mal. La voluntad solo puede ser atraída por el bien.

Pero la voluntad no tiene posibilidad de discernir entre el bien y el mal, depende del conocimiento que es siempre limitado. De ese modo con frecuencia creemos que es bueno para mí lo que es malo. Digo para mí, porque el pecado me daña a mí. Si tengo la sensación de que el perjudicado es el otro, nunca corregiré mis fallos.

El perdón de Dios es siempre lo primero. Si lo aceptamos nos hará capaces de perdonar a los demás. Eso sí, la única manera de estar seguros de que lo hemos descubierto y aceptado, es que perdonamos. Por eso se puede decir, aunque de manera impropia, que Dios nos perdona en la medida que nosotros perdonamos.

Es muy difícil armonizar el perdón con la justicia. Nuestra cultura cristiana tiene fallos garrafales. Se trata de un cristianismo troquelado por el racionalismo griego y encorsetado hasta la asfixia por el jurisdicismo romano. El cristianismo resultante, que es el nuestro, no se parece en nada a lo que vivió y enseñó Jesús.

Lo que decimos en el Padrenuestro, es un disparate. No es un defecto de traducción. En el AT está muy clara esta idea. La primera lectura decía: «Del vengativo se vengará el Señor». «Perdona la ofensa de tu prójimo y se te perdonarán los pecados». Mejor sería pedirá a Dios que nos perdone como solo Él sabe perdonar.

Para descubrir por qué tenemos que seguir amando al que me ha hecho daño, tenemos que descubrir los motivos del verdadero amor a los demás. Si yo amo solamente a las personas que son amables, no salgo de la dinámica del egoísmo.

El amor verdadero tiene su justificación en la persona que ama, no en la que es objeto del amor. El amor a los que son amables no es garantía ninguna de amor  cristiano. Si no perdonamos a todos y por todo, nuestro amor es cero, porque si perdonamos una ofensa y otra no, las razones de ese perdón no son genuinas.

Urteko 24. igandea – A – José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Mateo 18,21-35)

BARKAZIOAREN APOLOGIA – APOLOGÍA DEL PERDÓN

Barkazioaz idatzi izan dudan kasurik kasik guztietan eskutitzak jaso ditut; oro har, anonimoak, zeinetan akusatzen baininduten terrorismoaren biktimez ahaztu egiten naizela, ezkontideak saldukeria egin dionaren umilazioa ez dudala ulertzen, «hankak ez ditudala lurrean» eta antzekoak.

Ez zait batere zail egiten ulertzea barkaziori aurre egite hau. Nolatan ez ditut, bada, sumatuko indarkeriaren, mespretxuaren edota saldukeriaren biktima izan denaren haserrea, ezintasuna eta mina? Baina, hain justu, lerro horien hondoan nabari diren erresuminak eta oldarkortasunak askoz argiago ikustarazten didate zer izango litzatekeen barkazioa bazterrera utzia lukeen munduaz.

Bada defentsa-mekanismo bat, oso ezaguna psikologoentzat. «Mimetismo misteriotsu» baten bidez, biktimak eraso egin dionaren jokabidea, nolabait, imitatzeko joera izan ohi du. Erreakzioa kasik senezkoa, berezkoa da, gizabanakoaren edo taldearen inkontzientean harrotzen dena eta belaunez belaun ere eskualdatu daitekeena.

Momenturen batean, kontrako zeinuko erreakzio bat sortzen ez bada, betikotzeko arriskua du gaitzak. Biktimak barkatu nahi ez duenean edo ezin duenean, «gaizki sendatutako zauria» geldituko zaio, kalte egingo diona, iraganari kateaturik uzten duelako. Era berean, gizarte batean itsatsitako erresuminak zailago bihurtzen du bizikidetasunerako bideak bilatzeko argitasuna, eta gatazkari irtenbide bat topatzeko ahalegin guztiak blokea ditzake.

Jakina, mendekatu nahia da erantzunik senezkoena, instintiboena, irainari buruz. Pertsonak defendatu beharra sentitzen du jasotako zauriaren kontra. Baina, Jacques Pohier aditu ezagunak ohartarazten duenez, bere zauria erasotzaileari sufrimena ezarriz sendatu nahi duena oker dabil. Sufrimenak ez du ahaltasun magikorik hartutako umilaziotik edo erosotik sendatzeko. Sor lezake unetxo bateko plazera, baina pertsonak zerbait gehiago behar du sano bizitzera itzultzeko. Duela asko esan zuen Henri Lacordairek. «Nahi al duzu zoriontsu bizi unetxo batez? Har ezazu mendekua. Nahi al duzu zoriontsu bizi beti? Barka ezazu».

Batzuetan ahaztu egin ohi da ezen barkazioaren prozesuak onik handiena iraina jaso duenari egiten diola; izan ere, askatu egiten du gaitzetik, hazarazi egiten ditu beraren duintasuna eta jatortasuna, indarra ematen dio bere bizia birkreatzeko, bidea irekitzen dio beste egitasmo batzuei ekiteko. Jesusek «hirurogeita hamar aldiz zazpitan» barkatzeko gonbita egin duenean, gure bizitzatik gaitza erauzteko biderik sanoena eta efikazena jarraitzeko gonbita egin digu. Haren hitzek are sakontasun handiagoa hartzen dute Jainkoa barkazioaren azken iturburu dela sinesten duenarentzat.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

24 Tiempo ordinario – A (Mateo 18,21-35)

por Coordinador – Mario González Jurado

APOLOGÍA DEL PERDÓN

Casi siempre que he escrito sobre el perdón he recibido cartas, por lo general anónimas, en que se me acusaba de olvidar el sufrimiento de las víctimas del terrorismo, de no entender la humillación de quien ha sido traicionado por su cónyuge, de no «tener los pies sobre el suelo» y cosas semejantes.

No me resulta difícil comprender esta resistencia al perdón. ¿Cómo no voy a intuir la rabia, impotencia y dolor de quien ha sido víctima de la violencia, el desprecio o la traición? Pero, precisamente, el resentimiento y la agresividad que se advierten tras esas líneas me hacen ver con mayor claridad qué sería de un mundo en que se suprimiera el perdón.

Hay un mecanismo de defensa bien conocido por los psicólogos. En virtud de un «mimetismo misterioso», quien ha sido víctima de una agresión tiende a su vez a imitar de alguna manera a su agresor. Se trata de una reacción casi instintiva que se desata en el inconsciente individual o colectivo y puede incluso transmitirse de generación en generación.

Si, en algún momento, no se produce una reacción de signo contrario, el mal tiende a perpetuarse. Cuando la víctima no quiere o no puede perdonar, queda en ella una «herida mal curada» que le hace daño, pues la encadena negativamente al pasado. De la misma manera, el resentimiento instalado en una sociedad hace más difícil la lucidez para buscar caminos de convivencia, y puede bloquear todo esfuerzo por encontrar solución a los conflictos.

El deseo de revancha es, sin duda, la respuesta más instintiva ante la ofensa. La persona necesita defenderse de la herida recibida, pero, como advierte el conocido experto Jacques Pohier, quien pretenda curar su herida infligiendo sufrimiento al agresor, se equivoca. El sufrimiento no posee un poder mágico para curar de la humillación o la agresión recibidas. Puede producir una breve satisfacción, pero la persona necesita algo más para volver a vivir de forma sana. Lo decía hace mucho tiempo Henri Lacordaire: «¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona».

A veces se olvida que el proceso del perdón a quien más bien hace es al ofendido, pues lo libera del mal, hace crecer su dignidad y nobleza, le da fuerzas para recrear su vida, le permite iniciar nuevos proyectos. Cuando Jesús invita a perdonar «hasta setenta veces siete», está invitando a seguir el camino más sano y eficaz para erradicar de nuestra vida el mal. Sus palabras adquieren una hondura todavía mayor para quien cree en Dios como fuente última de perdón: «Perdonad y seréis perdonados».

José Antonio Pagola