2º Domingo de Pascua- Koinonía

Hechos de los apóstoles 2,42-47

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Salmo responsorial: 117

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: / eterna es su misericordia. / Diga la casa de Aarón: / eterna es su misericordia. / Digan los fieles del Señor: / eterna es su misericordia. R.

Empujaban y empujaban para derribarme, / pero el Señor me ayudó; / el Señor es mi fuerza y mi energía, / él es mi salvación. / Escuchad: hay cantos de victoria / en las tiendas de los justos. R.

La piedra que desecharon los arquitectos / es ahora la piedra angular. / Es el Señor quien lo ha hecho, / ha sido un milagro patente. / Éste es el día en que actuó el Señor: /sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

1Pedro 1,3-9

Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

Juan 20,19-31

A los ocho días, llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Si la resurrección de Jesús no tuviera efecto alguno en la vida del discípulo, es decir, si la Resurrección no tuviera como sentido final la re-creación del ser humano y por tanto la re-creación de un nuevo orden, entonces eso de la Resurrección de Jesús no habría pasado de ser un asunto particular entre el Padre y su Hijo. Pero, como la resurrección de Jesús es la base y fundamento de una comunidad y el horizonte hacia el cual tiende toda la creación, por eso, tanto el evangelio de hoy como la primera lectura de Hechos, tratan de iluminarnos sobre cuál es ese horizonte y cuáles, por tanto, son los efectos inmediatos, reales y concretos de la Resurrección.

Las fallas, los tropiezos y las caídas en el proceso de construcción de una comunidad igualitaria y justa no hay que verlos como la demostración de que no se puede lograr esa construcción; esos aspectos negativos se pueden percibir como el signo de que ciertamente no es fácil, pero en todo caso no es imposible, máxime si hay plena conciencia de que ése es el proyecto de Dios y que por ese proyecto Jesús hasta derramó su sangre y entregó su vida. Pero, también por ese proyecto, el Padre lo resucitó, para que quienes confesamos ser seguidores suyos veamos si nos comprometemos o no con ese “su” proyecto que él quiere compartir con nosotros y que ciertamente él respalda y acompaña en todo momento. Ese es el principal sentido de la Resurrección y eso es lo que los discípulos no entienden de manera inmediata.

Justamente el evangelio de hoy nos da la pista para entender que el descubrimiento de los efectos y alcances de la resurrección de Jesús no se comprenden rápidamente, de un momento a otro. Aunque los dos discípulos han comprobado que Jesús “no está” en la tumba y una vez que María Magdalena les anuncia que Jesús está vivo y que ha hablado con él (cf. Jn 20, 1-18), los discípulos siguen encerrados. Dos veces en el pasaje de hoy escuchamos estas dos expresiones, “los discípulos estaban con las puertas bien cerradas” (v. 19) y “ocho días después los discípulos continuaban reunidos en su casa” (v. 26), lo cual es signo de que esto es un proceso de maduración de la fe. No nos dice el evangelista que los discípulos “no creyeran” en el Resucitado; con excepción de Tomás, todos lo habían visto y creían en él; pero una cosa es creer y otra abrirse a las implicaciones que tiene la fe, y ese es el proceso que le toma a la comunidad de discípulos un buen tiempo, tiempo por demás en el que Jesús, con toda paciencia y comprensión, está ahí cercano, acompañando, animando y ayudando a madurar la fe de cada discípulo.

Tal vez a nosotros, como creyentes de este tiempo, nos hace falta madurar aún mucho más el aspecto de la fe; tal vez nuestros conceptos tradicionales aprendidos sobre Jesús y su evangelio no nos permiten ver con claridad cuál es el horizonte de esa fe cristiana que confesamos tan folclóricamente y que, por tanto, no impacta a nadie. Valdría la pena hacer el ejercicio de desaprender; vaciar completamente nuestro ser, nuestro corazón, hacer lo de Tomás, viendo el caso de Tomás desde la óptica más positiva, claro está; es decir, si no lo juzgamos de entrada como “el incrédulo”, sino como el que quiere creer y poner en práctica su fe, pero que desde su vacío interior necesita ser llenado por la presencia de su Señor. Éste es el camino que estamos llamados nosotros hoy a recorrer.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 128 de la serie «Un tal Jesús» (https://radialistas.net/128-lo-que-hemos-visto-y-oido/) de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Lo que hemos visto y oído».

Piztuera igandea – A – José A. Pagola

(Joan 20,1-9)

ESPERANTZAREN MISTERIOA – MISTERIO DE ESPERANZA

Berpiztuagan sinestea, uko egitea da onartzeari gure bizitza egundoko bi hutsuneren arteko parentesi labur bat bakarrik dela. Jainkoak berpiztu duen Jesus sostengutzat hartuz, sumatzen dugu, desiratzen dugu eta sinesten dugu Jainkoa bere betera bideratzen ari dela Gizadiaren bihotzak eta kreazio osoak duen biziaren, zuzentasunaren eta bakearen irrika.

Berpiztuagan sinestea, kontra egitea da geure indar guztiz, gizon-emakume eta haur-multzo kontaezineko hori, bizitza honetan soilik miseria, umilazioa eta sufrimendua ezagutu duen hori, betiko ahaztua geldituko delakoari.

Berpiztuagan sinestea, konfiantza jartzea da bizi batean, zeinetan ez baita izango jada ez pobretasunik, ez oinazerik, zeinetan ez baita izango inor triste, ez baitu inork izango zertan negar egin. Azkenean ikusi ahal izango ditugu beren egiazko aberrira iristen patera koxkorretan datozenak.

Berpiztuagan sinestea, esperantzaz hurbiltzea da hainbat eta hainbat osasunik gabeko, gaixo kroniko, ezindu fisiko eta psikiko, depresioak jotako, bizitzeaz eta borroka egiteaz nekatua den jendeagana. Egun batean ezagutuko dute zer den bakean eta osasun betean bizitzea. Entzungo dituzte Aitaren hitz hauek: «Sar zaitez betiko zeure Jaunaren gozamenean».

Berpiztuagan sinestea, ez etsitzea da: uste izatea da, Jainkoa ez dela izango betiko «ezkutuko Jainkoa»; uste izatea da, ez dugula izango ezin gozatua haren begiratua, haren txera, haren besarkada. Jainkoa betiko aintzatsu haragiturik aurkituko dugu Jesusengan.

Berpiztuagan sinestea, konfiantza izatea da, ezen mundua gizatasun handiagoko eta zoriontsuago bihurtzeko gure ahaleginak ez duela huts egingo. Egun zoriontsu batean, azkenak zirenak lehenengo izango dira eta prostituituek aurrea hartuko digute Erreinuan.

Berpiztuagan sinestea, jakitea da, ezen hemen erdizka gelditu den guztiak, ezin izana izan duenak, geure trakeskeriaz edo bekatuaz hondatu izan dugunak: horrek guztiak lortuko duela Jainkoagan bere betearen betea. Ez da galduko maitasunez bizi izan dugun ezer edo maitasunez alde batera utzi izan dugun ezer.

Berpiztuagan sinestea, espero izatea da, ezen ordu pozgarriak eta esperientzia garratzak, pertsonengan eta gauzetan utzi izan ditugun «aztarnak», eraiki edo gozatu izan duguna: guztiak antzaldatuko direla. Jada ez dugu izango bukatzen den adiskidetasunik, amaitzen den jairik, tristura dakarren agur egin beharrik. Jainkoa izango da dena denetan.

Berpiztuagan sinestea, uste izatea da, ezen egun batean entzungo ditugula Apokalipsi liburuak Jainkoaren ahoan jarri dituen ezin sinetsizko hitz hauek: «Neu naiz gauza guztien hasiera eta azkena. Egarri denari, neuk emango diot doan biziaren uraren iturritik». Jada ez da izango, ez heriotzarik ez lanturik, ez garrasirik ez nekerik; iraganeko gauza izango da hori guztia.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pascua de Resurrección – A (Juan 20,1-9)

MISTERIO DE ESPERANZA

Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús, resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la humanidad y en la creación entera.

Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas contra el hecho de que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo ha conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, quede olvidada para siempre.

Creer en el Resucitado es confiar en una vida en la que ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria. Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: «Entra para siempre en el gozo de tu Señor».

Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un «Dios oculto» del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.

Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el reino.

Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.

Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las «huellas» que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido con amor, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.

Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en labios de Dios: «Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida». Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas, porque todo eso habrá pasado.

José Antonio Pagola

PASCUA (A) – Fray Marcos

(Jn 20,1-9)

No hay argumentos para la resurrección. Solo descubrir esa Vida en nosotros.

Estamos ante el misterio más profundo de nuestra religión, imposible de desvelar a través de conceptos. Es una osadía intentar explicarlo, sabiendo de antemano que la tarea es imposible. Lo más que puedo hacer es ayudaros a evitar errores.

Los relatos de apariciones de los evangelios pueden ser una trampa en la que, con gran facilidad caemos. No hablar de hechos reales, porque nada de lo que acontece puede llevar al sobrenatural. Lo que puedo ver no puede llevarme a lo trascendente.

Hoy la exégesis explica como debemos entender esos relatos. Nunca intentan decirnos que lo que vieron fue lo que cambió su visión de Jesús, al contrario, todos los textos nos quieren llevar a la vivencia interna que es donde descubrirás la Realidad.

Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir. Y él fue consciente de ello. Él era el agua viva, dice a la Samaritana, Él había nacido del Espíritu, como pidió a Nicodemo; él vive por el Padre; él es la resurrección y la Vida. Ya en ese momento cuando habla con sus interlocutores, está en posesión de la verdadera Vida.

Salgamos de la trampa de entender la resurrección como la reanimación de un cadáver. Un instante después de la muerte, el cuerpo no es más que estiércol. La muerte devuelve al cuerpo al universo de la materia de una manera irreversible.

Jesús resucitó antes de morir, porque hizo suya la misma Vida de Dios mientras vivía esta vida biológica. Debo descubrir que estoy llamado a esa misma Vida. No tengo que esperar nada. Todo lo que necesito está dentro de mí y no me faltará nunca. Ni creencias ni ritos ni conducta moral pueden suplir esta actitud vital que se me exige.

A la Samaritana: el agua que yo le daré se convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida eterna. A Nicodemo: Hay que nacer de nuevo; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. También: El Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me asimile, vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Jesús no habla del más allá, sino en presente.

La liturgia de Pascua no está diciendo que, en cada uno de nosotros, hay zonas muertas que tenemos que resucitar. Debemos preocuparnos por la vida biológica, pero no olvidemos la verdadera Vida. Tenemos que estar muriendo todos los días y al mismo tiempo pasando de la muerte a la Vida. Si al celebrar la resurrección de Jesús no experimentamos una nueva Vida, es que nuestra celebración ha sido folclore.

La experiencia pascual de sus inmediatos seguidores consistió en darse cuenta de esta Vida de Jesús, descubriéndola en ellos mismos. Es inútil tratar de descubrir a Jesús resucitado y viviendo, si antes no descubrimos en nosotros esa misma Vida.

Esa toma de conciencia no puede llegar a través de explicaciones o argumentos teológicos. La razón no puede tener arte ni parte en este proceso. Para lo que nos puede servir la inteligencia es para superar los errores que nos impiden descubrirla.

En la medida que haga mía esa Vida, estoy garantizando mi resurrección. Por olvidar una cosa tan ovia, la religión nos ha metido en un enredo. Nadie me tiene que dar nada porque lo tengo todo. Descubrirlo y vivirlo es cosa mía. Si me dejo llevar por la corriente, nada conseguiré y el hedonismo me arrastrará en sus olas.

No te preocupes de lo que va a ser de ti cuando te mueras. Lo importante es vivir aquí y ahora esa VIDA. Todo lo que no sea trabajar en esa dirección será perder el tiempo. Solo permanecerá lo que en esta vida despliegue desde mi ser profundo.

                                           Para profundizar

Cómo puede resucitar el que está vivo.

Jesús no estuvo muerto ni un instante.

Cambiemos el concepto de esa VIDA

Y cambiará la idea de la Pascua.

No hay sombra en un objeto si no le da la luz.

Podemos vivir en la sombra sin descubrir la luz.

Podemos vivir en la luz, sabiendo que la sobra está a la vuelta.

No podemos separar la muerte de la Vida,

Pero podemos olvidarnos de una de ellas.

No hay que pasar la muerte para vivir la Vida

Como nos han contado tantas veces.

La Vida es ya mi ámbito, aunque no la descubra.

La pascua no es un tiempo, es un estado,

En el que todos permanecemos siempre.

Muerte y resurrección caminan de la mano

Y nunca pueden separarse del todo.

Jesús había resucitado antes de muerto,

Pero no lo pudieron sospechar sus seguidores.

La experiencia pascual obró el milagro

Y fue una bendición para nosotros.

Gracias a ellos sabemos que está vivo

Y que esa misma Vida está en nosotros.

Si solo nos fijamos en él, seguimos muertos.

La Pascua atañe a cada uno en lo más hondo.

No hay nada que esperar cuando lo tienes todo.

Busca dentro de ti lo que celebras

Y todo cambiará radicalmente

VIO LA LOSA QUITADA – Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

Más allá de su heterogeneidad, los relatos evangélicos de resurrección son decisivos para alimentar nuestra fe en Jesús resucitado.

En Jn 20,1 se da, probablemente, el testimonio más antiguo del hecho resurreccional. Ahí se dice que Mª Magdalena VIO LA LOSA QUITADA. Sin enzarzarnos en valoraciones historicistas, la metáfora de la losa quitada habla de vida, libertad, horizonte. La resurrección ha quitado las enormes losas de la vida (las piedras que cerraban las tumbas judías eran muy pesadas, tanto en los sepulcros horizontales como en los verticales).

María lo ha entendido clara e inmediatamente: Jesús resucitado era el que vivía sin losa y empujaba a quien lo amaba a una vida similar, libre de cualquier servidumbre. Esto fue decisivo en la vida de los primeros cristianos. Su amor fiel a Jesús se transformaba en un dinamismo, una fuerza: se podía vivir sin losas que amargan la vida, sin opresiones que llevan a renegar de la existencia, sin temores que ensombrecen los días. Se abría un camino nuevo de vida ante la mirada atónita de quienes amaron a Jesús desde que lo conocieron.

¿Podemos tener nosotros hoy una experiencia similar de libertad, de vida y horizonte despejado? Sí, se puede vivir en el torbellino de la resurrección si se van quitando losas. ¿Cuáles? A modo de ejemplo:

  • La losa de la soledad no deseada que ennegrece los días:y que echa en falta la presencia amiga de alguien que escuche, acompañe y ayude a disipar las sombras del alma.
  • La losa de pobreza que deja su pesada huella en cuerpos y almas:losa con la que algunos viven desde niños y que les acompañará hasta el fin. No han tenido suerte porque quizá otros hemos tenido excesiva suerte, la suerte de los enriquecidos.
  • La losa de la fe rutinaria que imposibilita el enamoramiento de Jesús:losa que hace irrelevante la fe y que anula las vibraciones del amor. Losa que vuelve raquítico y mediocre nuestro modo de ser cristianos.

La Pascua es un tiempo buenísimo para escuchar y renovar nuestra llamada a la libertad, a la fiesta, al gozo. Si, como decía el recordado papa Francisco “hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” sería preciso superar esa actitud y escuchar la llamada a la libertad que nos hace cada año la Pascua. El cristiano renueva en Pascua su voto de libertad ya que una fe carente de ella es intransmisible. El edificio de libertad se construye ladrillo a ladrillo.

Y será bueno unir a la libertad la ternura. Porque la fría losa quitada habla del cálido abrazo que reconforta. Aumentemos nuestro caudal de ternura en esta Pascua. Quizá nos han enseñado las normas para respetarnos, no es poco. Pero la vida necesita un poco más de calidez. Una Pascua cálida y reconfortante como lo es la presencia del resucitado en nuestro camino cristiano. No son solo palabras. Muchos cristianos viven de esta mística e incluso muchos no cristianos, a su manera, participan de estos anhelos. ¡Feliz Pascua!

Fidel Aizpurúa Donaza

Piztuera igandea – A – José A. Pagola

(Joan 20,1-9)

GRUPOS DE JESÚS

ESPERANTZAREN MISTERIOA

Berpiztuagan sinestea, uko egitea da onartzeari gure bizitza egundoko bi hutsuneren arteko parentesi labur bat bakarrik dela. Jainkoak berpiztu duen Jesus sostengutzat hartuz, sumatzen dugu, desiratzen dugu eta sinesten dugu Jainkoa bere betera bideratzen ari dela Gizadiaren bihotzak eta kreazio osoak duen biziaren, zuzentasunaren eta bakearen irrika.

Berpiztuagan sinestea, kontra egitea da geure indar guztiz, gizon-emakume eta haur-multzo kontaezineko hori, bizitza honetan soilik miseria, umilazioa eta sufrimendua ezagutu duen hori, betiko ahaztua geldituko delakoari.

Berpiztuagan sinestea, konfiantza jartzea da bizi batean, zeinetan ez baita izango jada ez pobretasunik, ez oinazerik, zeinetan ez baita izango inor triste, ez baitu inork izango zertan negar egin. Azkenean ikusi ahal izango ditugu beren egiazko aberrira iristen patera koxkorretan datozenak.

Berpiztuagan sinestea, esperantzaz hurbiltzea da hainbat eta hainbat osasunik gabeko, gaixo kroniko, ezindu fisiko eta psikiko, depresioak jotako, bizitzeaz eta borroka egiteaz nekatua den jendeagana. Egun batean ezagutuko dute zer den bakean eta osasun betean bizitzea. Entzungo dituzte Aitaren hitz hauek: «Sar zaitez betiko zeure Jaunaren gozamenean».

Berpiztuagan sinestea, ez etsitzea da: uste izatea da, Jainkoa ez dela izango betiko «ezkutuko Jainkoa»; uste izatea da, ez dugula izango ezin gozatua haren begiratua, haren txera, haren besarkada. Jainkoa betiko aintzatsu haragiturik aurkituko dugu Jesusengan.

Berpiztuagan sinestea, konfiantza izatea da, ezen mundua gizatasun handiagoko eta zoriontsuago bihurtzeko gure ahaleginak ez duela huts egingo. Egun zoriontsu batean, azkenak zirenak lehenengo izango dira eta prostituituek aurrea hartuko digute Erreinuan.

Berpiztuagan sinestea, jakitea da, ezen hemen erdizka gelditu den guztiak, ezin izana izan duenak, geure trakeskeriaz edo bekatuaz hondatu izan dugunak: horrek guztiak lortuko duela Jainkoagan bere betearen betea. Ez da galduko maitasunez bizi izan dugun ezer edo maitasunez alde batera utzi izan dugun ezer.

Berpiztuagan sinestea, espero izatea da, ezen ordu pozgarriak eta esperientzia garratzak, pertsonengan eta gauzetan utzi izan ditugun «aztarnak», eraiki edo gozatu izan duguna: guztiak antzaldatuko direla. Jada ez dugu izango bukatzen den adiskidetasunik, amaitzen den jairik, tristura dakarren agur egin beharrik. Jainkoa izango da dena denetan.

Berpiztuagan sinestea, uste izatea da, ezen egun batean entzungo ditugula Apokalipsi liburuak Jainkoaren ahoan jarri dituen ezin sinetsizko hitz hauek: «Neu naiz gauza guztien hasiera eta azkena. Egarri denari, neuk emango diot doan biziaren uraren iturritik». Jada ez da izango, ez heriotzarik ez lanturik, ez garrasirik ez nekerik; iraganeko gauza izango da hori guztia.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pascua de Resurrección – A (Juan 20,1-9)

MISTERIO DE ESPERANZA

Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús, resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la humanidad y en la creación entera.

Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas contra el hecho de que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo ha conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, quede olvidada para siempre.

Creer en el Resucitado es confiar en una vida en la que ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria. Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: «Entra para siempre en el gozo de tu Señor».

Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un «Dios oculto» del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.

Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el reino.

Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.

Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las «huellas» que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido con amor, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.

Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en labios de Dios: «Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida». Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas, porque todo eso habrá pasado.

José Antonio Pagola

VIERNES SANTO – Fray Marcos

(Jn 18,1-19,42)

Jesús vivió por nosotros. Alcanzaremos nuestra plenitud viviendo como vivió Jesús.

La celebración ayer de la última cena, la celebración hoy de la muerte y la celebración mañana de la resurrección, son tres aspectos de una misma realidad: La plenitud de un ser humano que llegó a identificarse con Dios que es Amor. Este es el punto de partida para que cualquier ser humano pueda desarrollar su verdadera humanidad.

El recuerdo puramente litúrgico de la muerte de Jesús, sin un compromiso de hacer nuestra su Vida, será un folclore vació de contenido. Tampoco debemos caer en la sensiblería. No importan los relatos, pero en ellos podemos descubrir la cristología que en ellos descubrieron sus seguidores: Jesús es el modelo de lo humano y lo divino.

Debemos superar la idea de que “murió por nuestros pecados”. El autor de la carta a los hebreos, (que seguramente no es de Pablo) lo que intenta es hacer ver a los judíos, que ya no tenía sentido el repetir los sacrificios que habían sido la base de su culto a Dios. Este Dios no tiene nada que ver con el Dios de Jesús, que es amor incondicional.

Le mataron porque el Dios que él predicó no coincidía con la idea que los judíos tenían de YAHVE. El Dios de Jesús no es el soberano que quiere ser servido, sino Amor absoluto que se pone al servicio del hombre. Esta idea de Dios es demoledora para todos aquellos que pretenden utilizarlo como instrumento de dominio.

Ningún poder puede aceptar ese Dios, porque no es manipulable ni se puede utilizar en provecho propio. Esta idea de Dios es la que no pudieron aceptar los jefes religiosos judíos. Este Dios nunca será aceptado por los jefes religiosos de ninguna época.

Jesús como todo ser humano tenía que morir, pero resulta que no murió, sino que lo mataron. Esto último, tampoco hace de su muerte un hecho singular. La muerte de Jesús no fue un accidente, sino consecuencia de su manera de ser y de actuar. En la aceptación de las consecuen­cias de su actuación está la clave de toda la vida de Jesús.

El hecho de que le mataran, podía no tener mayor importancia, pero el hecho de que le importara más la defensa de sus convicciones, que la vida física, da la verdadera profundi­dad de su opción vital. Jesús fue mártir en el sentido más estricto de la palabra.

¿Qué tuvo que ver Dios en la muerte de Jesús? El gran interrogante que se plantea sobre esa muerte recae sobre Dios. No podemos pensar que planeó su muerte, ni que la exigió como pago de un recate por los pecados, ni que la permitió o la esperó.

Podemos decir que Dios no tuvo nada que ver en la muerte de Jesús, y podemos decir que fue precisamente Dios la causa de su muerte. Si pensamos en un Dios que actúa desde fuera, nada de lo que digamos en relación con esa muerte tiene sentido. Si pensamos que Dios era el motor de toda la vida de Jesús, Él fue la causa de su muerte.

Dios no abandonó por un momento a Jesús para después revindicarlo. Dios estuvo con Jesús en su muerte. Porque fue capaz de morir antes que fallarle, demuestra esa presencia como en ningún otro momento de su vida. En la entrega total se identificó con Dios, lo hizo presente. Ningún otro momento demostró mejor esa presencia.

Se trata de una muerte que manifiesta la verdadera Vida. No se trata de la muerte física, sino de la muerte del “ego”, que hizo posible una entrega total a los demás. No queremos aceptar este mensaje. Desde el “yo”, no podemos dar sentido de la muerte.

Nosotros tenemos que separar la vida, la muerte y la resurrección para entenderlas, pero solamente la podremos entender si descubrimos la unidad de las tres. La muerte fue consecuencia inevitable de su vida, pero en esa muerte estaba ya la gloria.

Para profundizar

 

Muerte y vida son dos caras de la misma moneda.

En el fondo, lo que importa es la moneda,

Que participa de las dos y las integra.

Nuestra limitación nos impide verlas al mismo tiempo.

Al fijarnos en una, olvidamos la otra.

Esta limitación distorsiona la Realidad,

Nos impide superar los contrarios.

En la muerte está la Vida plena.

Nada tiene que suceder para alcanzarla.

Hoy es día de gloria no de pena.

No tenemos que esperar a un tercer día

Para vivir la plenitud que celebramos.

Jesús no necesita resurrección alguna.

Su muerte ya está fundida con la Vida.

No hay antes y después en su andadura.

El vivir en el tiempo nos traiciona

E impide la experiencia de lo eterno.

Somos eternidad y somos Vida,

Aunque en un frágil cuerpo confinadas.

Lo limitado de mi ser no consigue

Borrar la huella firme de lo eterno.

La misma Vida de Jesús está ya en ti,

Descúbrela y despliega su grandeza.

No esperes a mañana, despierta hoy a la Vida.

Toda la eternidad está en tu mano,

Lo absoluto escondido en lo efímero,

Lo divino germinando en lo humano.

VIERNES SANTO – A – 2026 – Koinonía

Is 52,13-53,12: Cuarto canto del Siervo de Yavé.

El cuarto poema del siervo muestra un personaje paciente y glorificado. Se trata de la narración que se hace de la pasión, muerte y triunfo del personaje, enmarcada por una introducción y epílogo que el autor pone en boca de Dios.

El contenido es claro: un inocente que sufre, dejando de lado la doctrina de la retribución que considera el sufrimiento como consecuencia del pecado; mientras que los culpables son respetados. Más sorprendente es aún, que el humillado triunfe y que un muerto siga viviendo. El mismo texto proclama que se trata de algo inaudito.

La biografía del siervo se presenta de una manera escueta: nacimiento y crecimiento (15,2), sufrimiento y pasión (3,7) condena y muerte (8), sepultura (9) y glorificación (10-11a). Los que narran los acontecimientos participan en ellos; son transformados y dan cuenta de esta transformación.

Dios confirma el mensaje con su oráculo. Anula el juicio humano declarando inocente a su siervo. Este sufrimiento del inocente servirá para la conversión de los demás. Su vida, pasión y muerte han sido como una intercesión por los demás y el Señor lo ha escuchado. El triunfo del Siervo es la realización del plan del Señor (v. 10).

Si después de leer el texto nos preguntamos ¿quién es este personaje que sufre hasta la muerte y sigue vivo?, ¿a quién nos recuerda? Sin duda que la figura se parece a Moisés, o a Josías, quizás a Jeconías el desterrado, o al profeta Jeremías. Algunos piensan que es el mismo siervo de los cantos precedentes, otros que el profeta Isaías II, otros lo identifican con el pueblo judío o el pequeño resto. Una cosa si es evidente. Jesús, el Mesías quiso modelar su vida de acuerdo con el siervo de Is 53.

Según la cristología clásica, Cristo tenía muy clara la idea que Él debía sufrir y morir y estos eran elementos de su misión redentora. Su identificación con el Siervo de Yahveh en Mc 14,24 y sus paralelos, sacrificado por todos, es evidente. El Hijo del Hombre viene a cumplir su misión de Siervo de Yahveh. ¿Desde qué momento se reconoció Cristo como Siervo de Yahveh? Desde el Bautismo (Mc 1,11 par.; Is 42,1). En Juan también aparece mucho la idea de la identificación de Cristo con el Siervo. Entonces no es una identificación posterior que hizo la comunidad cristiana, sino que es anterior. Es posible que el autor no hubiera comprendido la significación completa y total, tal vez no pensó en Cristo, pero sí en un personaje posterior que haría la intercesión total.

El Siervo de Yahveh es una personalidad corporativa, teológicamente hablando. Es Cristo que actúa personalmente y su actuación repercute en toda la comunidad.

Salmo 30 (31): A ti Señor me acojo, no quede yo nunca defraudado.

Se trata de un salmo de súplica y una acción de gracias. En medio de la angustia, el salmista mezcla los gritos de socorro con las expresiones de confianza porque está seguro de que el Señor es su roca y su fortaleza. Esta confianza del salmista en el momento de la prueba nos invita a evocar en nosotros ese mismo sentimiento, seguros de que Dios escuchará nuestras súplicas.

Hebreos 4,14-16; 5,7-9: Dios lo proclamó sacerdote en la línea de Melquisedec.

El autor de la carta a los Hebreos presenta a Jesús como Sumo Sacerdote, no solamente como el responsable del sacrificio como lo era en el antiguo testamento, sino como el hombre lleno de misericordia, que asumió todos los sufrimientos del ser humano hasta la muerte, de tal manera que se convirtió en el modelo para todos los hombres. Su vida estuvo siempre condicionada a la voluntad del Padre, aún en el sufrimiento.

A este sumo sacerdote podemos acercarnos con libertad, sin miedo, porque en su trono abunda la gracia y por su misericordia conseguiremos el apoyo necesario.

Cristo fue llamado por Dios de la misma manera que Aarón y según el orden de Melquisedec, pero ya no para ofrecer el sacrificio y las oblaciones, porque él mismo es la víctima. Es un nuevo tipo de sacerdote que proporciona la salvación a cuantos se aproximan a él y su gran tarea es conducirlos al Padre.

Lectura de la Pasión: Jn 18,1-19,42

La narración de la pasión según san Juan nos presenta la imagen de Jesús que el evangelista ha querido forjar a través de todo su evangelio: un Jesús que es la revelación del Padre, al mismo tiempo que en él se revela la plenitud del amor. Aún pendiente de la cruz su vida y su muerte es una victoria, porque «todo se ha cumplido» como era la voluntad del Padre.

 

Las oraciones comunitarias

Las oraciones que la liturgia nos propone expresan los sentimientos que mueven a la comunidad cristiana. La universalidad de esta oración incluye aún a las personas que no pertenecen a la Iglesia y que no creen en Dios. La muerte de Jesús es una propuesta para que todos unidos participemos realmente de la nueva historia que surge de la cruz victoriosa.

Reflexión para hoy

La muerte ha sido el gran misterio que ha preocupado al ser humano a través de toda su historia. Porque aunque éste ha pretendido negar todas las verdades, sin embargo hay una que siempre le persigue y nunca ha podido rechazar: la realidad de la muerte. Ni siquiera los ateos más recalcitrantes se han atrevido a negar que ellos también han de morir.

Para el pagano la muerte era toda una tragedia; no tenían ideas claras sobre el más allá, por eso no obstante que admitían una existencia más allá de la tumba, dicha existencia estaba rodeada de oscuridad y enigmas. Además, no todos admitían una vida después de la muerte, porque ésta era un desaparecer total, el fin de todas las esperanzas, la frustración de todos los anhelos. Los mismos judíos aceptaban la resurrección, pero la posponían hasta el fin de la historia.

Para los discípulos la situación era muy desalentadora; ellos esperaban un Mesías terreno que iba a revivir las glorias del reinado de David y Salomón y he aquí que sus ilusiones se desvanecieron como la espuma. Esa sensación de desaliento está claramente expresada en uno de los discípulos de Emaús:

Nosotros esperábamos que sería él quien rescataría a Israel; mas con todo, van ya tres días desde que sucedió esto (Lc 24,21).

La muerte de Jesús había sido un acontecimiento trágico; sus enemigos habían logrado lo que querían, quitarlo de en medio. Los fariseos, porque había desenmascarado su hipocresía, los sacerdotes porque había denunciado la vaciedad de un culto formalista; los saduceos porque había refutado la negación de la resurrección; los ricos porque les había echado en cara la injusticia de sus actuaciones; los romanos porque pensaron que era un sedicioso.

Jesús murió abandonado por todos; sus discípulos huyeron, los judíos lo despreciaron; el Padre se hizo sordo a su clamor; esa tarde en la cruz colgaba el cuerpo de un ajusticiado, condenado por la justicia humana y rechazado por su pueblo. Parecía que el odio hubiera vencido sobre el amor; el poder sobre la debilidad de un hombre; las tinieblas sobre la luz; la muerte sobre la vida. Aquella tarde cuando las tinieblas cayeron sobre el monte Calvario parecía que todo había terminado y los enemigos de Jesús podían por fin descansar tranquilos.

Pero he aquí que, en lo más profundo de los acontecimientos, la realidad era distinta. Jesús no era un vencido, sino un triunfador; no lo aprisionaba la muerte, sino que se había liberado de su abrazo mortal; lo que parecía ignominia se transformó en gloria; lo que muchos pensaban que era el fin, no era sino el comienzo de una nueva etapa de la historia de la salvación. La cruz dejó de ser un instrumento de tortura, para convertirse en el trono de gloria del nuevo rey y la corona de espinas que ciñó su cabeza es ahora una diadema de honor.

Al morir Jesús dio un nuevo sentido a la muerte, a la vida, al dolor. La pregunta desesperada del hombre sobre la muerte encontró una respuesta. Pero esto no significa que podamos cruzarnos de brazos y contentarnos con enseñar que la muerte de Jesús significó un cambio en la vida de la humanidad. Ese cambio debe manifestarse en nuestra existencia porque él no aceptó su muerte con la resignación de quien se somete a un destino ineludible, sino como quien acepta una misión de Dios. Por eso su muerte condena la injusticia de los crímenes y asesinatos, pero nos pide hacer algo contra la injusticia porque no solo condena la explotación de los oprimidos, sino que nos pide mejorar su situación; la muerte de Jesús no solo es un rechazo del abandono de las muchedumbres, sino que nos exige que nos acerquemos al desvalido.

Su muerte no es solamente un recuerdo que revivimos cada año, sino un llamado a mejorar el mundo, a destruir las estructuras de pecado; a restablecer las condiciones de paz; a construir una sociedad basada en la concordia, la colaboración y la justicia.

Jesús sigue muriendo en nuestros barrios marginados, en los soldados y guerrilleros que yacen en las selvas, en los secuestrados y prisioneros, en los enfermos y en los ignorantes. A nosotros nos toca hacer que se grito de desesperación que Jesús pronunció cuando dijo “Padre, por qué me has abandonado” se convierta en el grito de esperanza: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Siendo el evangelio de hoy todo el relato de la Pasión según san Lucas, pueden ser muchos los episodios de la serie «Un tal Jesús» que podrían ser escuchados. Puede elegirse en la página habitual: https://radialistas.net/serie-un-tal-jesus/.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 85, que se titula «¿Los judíos mataron a Cristo?». Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.

Erramu Igandea – A – José A. Pagola

(Mt 26,14—27,66)

JESUSI JARRAITZEAK GURUTZERA ERAMATEN DU – SEGUIR A JESÚS CONDUCE A LA CRUZ

Hain familiaturik gaude Kalbarioko gurutzearekin, non ez baitigu jadanik inolako zirrararik eragiten. Ohiturak den-dena etxekotzen baitu eta den-dena «epelagotzen». Horregatik, garrantzizkoa da gogoratzea ahaztu samarturik ditugun Gurutziltzatuaren alderdi batzuk.

Has gaitezen esanez Jesus ez dela hil heriotza naturalez. Haren heriotza ez da izan espero zen beraren bizitza biologikoaren bukaera. Jesus indarkeriaz erail dute. Ez da hil ustekabeko edo menturazko istripuz, baizik eta exekutaturik hil da, gizarte hartan indar erlijioso eta zibil handiena zutenek eragindako auzi baten ondoren.

Gizarte hartako pobreenen eta zokoratuenen alde agertu zuen jarduera aske, senidetsu eta solidarioak eragindako erreakzioaren ondorioa izan da haren heriotza.

Honek esan nahi du ebanjelioa ezin bizi dela zigorren bat jaso gabe. Ezin eraiki da Jainkoaren erreinua, senidetasunaren, askatasunaren eta zuzentasunaren erreinua den hori, inolako aldaketarik nahi ez dutenen aldetik ukoa eta pertsekuzioa eragin gabe. Ezinezkoa da babesgabeekin solidario izatea boteretsuen erreakzioa jasan gabe.

Jesusek azaldu zuen konpromisoa, gizarte zuzenagoa eta gizakoiagoa eraikitzeko, hain begi-bistakoa eta seriosa izan zen, non bere bizia bera konprometitu baitzuen. Eta, halaz guztiz, Jesus ez zen izan ez gerrillari, ez líder politiko, ez erlijioso fanatiko bat. Gizon bat izan zen, zeinengan gizon-emakumeez Jainkoak duen maitasun ezin atzemana haragi eta errealitate egin baitzen.

Horregatik, orain badakigu zein diren mehatxua jasaten duten indarrak egiazko maitasuna gizarte batean sartzen denean; eta badakigu nolako indarkeriaz erreakzionatzen duten ezabatu eta ito nahirik senidetasun zuzenagoaren eta askeagoaren bila jokatzen dutenen kontra.

Ebanjelioak beti jasango du pertsekuzioa senidetasunaren eta zuzentasunaren gainetik segurtasuna eta ordenamendua jartzen dutenen eskuz. Jainkoaren Erreinuak beti topatuko ditu oztopoak bere burua botere absolututzat (Pilato) ematen duenaren indar politiko guztien aldetik. Maitasunaren mezua beti izango da ukatua erro-errotik, Jainkoa sufritzen dutenen Aitatzat hartzen ez duen erlijio ororen aldetik (apaiz juduak).

Jesusi jarraitzeak gurutzera eramaten du beti; prest egotea eskatzen du gatazka, polemika, pertsekuzioa eta heriotza bera ere jasateko. Alabaina, Jesusen piztuerak agertzen digu bizitza gurutziltzatu batek, azkeneraino Jesusen espirituaz bizitako batek, piztuera bakarrik duela zain, esperoan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo de Ramos – A (Mateo 26,14–27,66)

SEGUIR A JESÚS CONDUCE A LA CRUZ

Estamos tan familiarizados con la cruz del Calvario que ya no nos causa impresión alguna. La costumbre lo domestica y lo «rebaja» todo. Por eso es bueno recordar algunos aspectos demasiado olvidados del Crucificado.

Empecemos por decir que Jesús no ha muerto de muerte natural. Su muerte no ha sido la extinción esperada de su vida biológica. A Jesús lo han matado violentamente. No ha muerto tampoco víctima de un accidente casual ni fortuito, sino ajusticiado, después de un proceso llevado a cabo por las fuerzas religiosas y civiles más influyentes de aquella sociedad.

Su muerte ha sido consecuencia de la reacción que provocó con su actuación libre, fraterna y solidaria con los más pobres y abandonados de aquella sociedad.

Esto quiere decir que no se puede vivir el evangelio impunemente. No se puede construir el reino de Dios, que es reino de fraternidad, libertad y justicia, sin provocar el rechazo y la persecución de aquellos a los que no interesa cambio alguno. Imposible la solidaridad con los indefensos sin sufrir la reacción de los poderosos.

Su compromiso por crear una sociedad más justa y humana fue tan concreto y serio que hasta su misma vida quedó comprometida. Y, sin embargo, Jesús no fue un guerrillero, ni un líder político, ni un fanático religioso. Fue un hombre en el que se encarnó y se hizo realidad el amor insondable de Dios a los hombres.

Por eso ahora sabemos cuáles son las fuerzas que se sienten amenazadas cuando el amor verdadero penetra en una sociedad, y cómo reaccionan violentamente tratando de suprimir y ahogar la actuación de quienes buscan una fraternidad más justa y libre.

El evangelio siempre será perseguido por quienes ponen la seguridad y el orden por encima de la fraternidad y la justicia (fariseísmo). El reino de Dios siempre se verá obstaculizado por toda fuerza política que se entienda a sí misma como poder absoluto (Pilato). El mensaje del amor será rechazado en su raíz por toda religión en la que Dios no sea Padre de los que sufren (sacerdotes judíos).

Seguir a Jesús conduce siempre a la cruz; implica estar dispuestos a sufrir el conflicto, la polémica, la persecución y hasta la muerte. Pero su resurrección nos revela que, a una vida crucificada, vivida hasta el final con el espíritu de Jesús, solo le espera resurrección.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo de Ramos – KOINONÍA

Isaías 50, 4-7

No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré avergonzado

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

Salmo responsorial: 21

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí, / hacen visajes, menean la cabeza: / «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; / que lo libre si tanto lo quiere». R.

Me acorrala una jauría de mastines, / me cerca una banda de malhechores; / me taladran las manos y los pies, / puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, / echan a suerte mi túnica. / Pero tú, Señor, no te quedes lejos; / fuerza mía ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, / en medio de la asamblea te alabaré. / Fieles del Señor, alabadlo; / linaje de Jacob, glorificadlo; / temedlo, linaje de Israel. R.

Filipenses 2, 6-11

Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo

Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se dobla -en el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

Mateo 26, 14-27, 66

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo:

  1. En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
  2. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?»
  3. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
  4. «¿Donde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
  5. Él contestó:

+ «Id a casa de Fulano y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos»».

  1. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

+ «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».

  1. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
  2. «¿Soy yo acaso, Señor?»
  3. Él respondió:

+ «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!, más le valdría no haber nacido».

  1. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
  2. «¿Soy yo acaso, Maestro?».
  3. Él respondió:

+ «Así es».

  1. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:

+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».

  1. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:

+ «Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el Reino de mi Padre»

  1. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:

+ «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño». Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea».

  1. Pedro replicó:
  2. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
  3. Jesús les dijo:

+ «Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás».

  1. Pedro le replicó:
  2. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
  3. Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:

+ «Sentaos aquí mientras voy allá a orar».

  1. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:

+ «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo».

  1. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+ «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje d mí ese cáliz. pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».

  1. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil».

  1. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

  1. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:

+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

  1. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
  2. «Al que yo bese, ése es: detenedlo».
  3. Después se acercó a Jesús y le dijo:
  4. «¡Salve, Maestro!»
  5. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+ «Amigo, ¿a qué vienes?»

  1. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:

+ «Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que dice que esto tiene que pasar».

  1. Entonces dijo Jesús a la gente:

+ «Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis».

  1. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se había reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

S.»Este ha dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días».

  1. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
  2. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
  3. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
  4. «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
  5. Jesús respondió:

+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»

  1. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
  2. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»
  3. Y ellos contestaron:
  4. «Es reo de muerte».
  5. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
  6. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
  7. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
  8. «También tú andabas con Jesús el Galileo».
  9. Él lo negó delante de todos diciendo:
  10. «No sé qué quieres decir».
  11. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
  12. «Este andaba con Jesús el Nazareno».
  13. Otra vez negó él con juramento:
  14. «No conozco a ese hombre».
  15. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: «Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento».
  16. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
  17. «No conozco a ese hombre».
  18. Y en seguida cantó el gallo. Pedro se acordó de aquella palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de palta a los sumos sacerdotes y senadores diciendo:

  1. «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente».
  2. Pero ellos dijeron:
  3. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»
  4. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
  5. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre».
  6. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».

Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

  1. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
  2. Jesús respondió:

+ «Tú lo dices».

  1. Y mientras la acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
  2. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»
  3. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
  4. «¿A quien queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman Mesías?»
  5. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
  6. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él»
  7. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
  8. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
  9. Ellos dijeron:
  10. «A Barrabás».
  11. Pilato les preguntó:
  12. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
  13. Contestaron todos:
  14. «¡Que lo crucifiquen!»
  15. Pilato insistió:
  16. «Pues ¿qué mal ha hecho?»
  17. Pero ellos gritaban más fuerte:
  18. «¡Que lo crucifiquen!»
  19. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo:
  20. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
  21. Y el pueblo contestó:
  22. «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
  23. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotado, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
  24. «¡Salve, rey de los judíos»!
  25. Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
  26. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo, probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es el Rey de los Judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:
  27. «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
  28. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:
  29. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?».
  30. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ «Elí, Elí, lamá sabaktaní»

  1. (Es decir:

+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)

  1. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
  2. «A Elías llama éste».
  3. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. los demás decían:
  4. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».
  5. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rasgaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:

  1. «Realmente éste era Hijo de Dios»
  2. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

A la mañana siguiente, pasado el día de la preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

  1. «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días resucitaré». Por eso da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: «Ha resucitado de entre los muertos». La última impostura sería peor que la primera. Pilato contestó:
  2. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».
  3. Ellos fueron, sellaron la pierda y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

 COMENTARIO A LOS TEXTOS:

De entrada, pedimos disculpas a quienes buscarán aquí un comentario bíblico-litúrgico «normal» -que esperamos podrán encontrar fácilmente en la red-. Esta vez nosotros vamos a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que -como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado- se sienten mal ante ese ámbito de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida- nos sentimos incómodos.

En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso, todo ese conjunto de conceptos e imágenes que se manejan en las homilías, pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano inmunizadas contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, los «fieles» deben recibirlo todo sin chistar, sin siquiera preguntar, y, mejor aún, sin espíritu crítico y «con mucha fe». Quienes tenemos una fe más o menos crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de acoger y celebrar la semana santa»?

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando en semana santa entran en una celebración, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se ven de pronto sumergidos en un mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas que giran en torno a la «Redención», algo que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «Redención». Lo que celebramos en semana santa -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la «Redención»… El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de esperar hasta ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la Redención, para redimir al ser humano que está en «desgracia de Dios» desde la comisión de aquel «pecado original», debido a la infinita ofensa que dicho pecado infligió a Dios.

Ese nuevo plan, de Redención, exigió la «venida de Dios al mundo», mediante su encarnación en Jesús, para así «asumir nuestra representación jurídica ante Dios y pagar» por nosotros a Dios una reparación adecuada por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «reparar» aquella ofensa y redimir así a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios y rescatándola del poder del demonio bajo el que permanecía cautiva.

Ésta la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones de la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal, muy mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a un mundo, que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida. Por este malestar, otros muchos cristianos no sólo se han marchado de la semana santa tradicional, sino que se han alejado de la Iglesia. ¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no nos obligue a transitar por esta teología en la que tantos ya no creen?

Ante todo, hay que decir -para alivio de muchos- que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (aunque lo fuera, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una genial construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la intuición de san Anselmo de Canterbury, que, desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo admirablemente: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos tanto, que perduró hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone un cierto abandono de la hipótesis de la Redención, o una interpretación de la significación de Jesús más allá de la Redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van mucho por otro camino. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por el pecado original, por los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús y por la genial «sustitución penal satisfactoria» ideada por Anselmo de Canterbury, la redención… Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, o incluso suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo ya no es creíble, sino que invita vehementemente al rechazo.

¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no sintoniza con esas creencias medievales? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por su misma Utopía… pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de las procesiones de semana santa, los cristos sangrantes flagelados y crucificados, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI… estando como estamos en el siglo XXI…

Bajo la semana santa que oficialmente se celebra, no dejan de estar, allá, lejos, bien adentro de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya hacían sus celebraciones sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy diferentemente en cada cultura, y muy creativamente, al ser heredada de un pueblo a otro, y al contagiarse de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los israelitas nómadas como fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita… Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó opacada bajo la interpretación jurídica de la redención…

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos» incesantemente renovados y recreados, y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad, responsabilidad y libertad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»… ¡y urgente, y legítima también!

No vamos a desarrollar aquí una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos ahora cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables por desear que «otra semana santa fuera posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa. No en todas partes o en cualquier contexto será posible, pero sí lo será en muchas comunidades concretas. Si no lo es en la mía, podría serlo en alguna otra comunidad más libre y creativa que tal vez no esté muy lejos de la mía… ¿por qué no preguntar, por qué no buscarla?

Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/ Por su carácter dramatizado, y por la mentalidad crítica con la que ya pudo ser escrita hace treinta y cinco años, la serie «Un tal Jesús» presenta, de un modo muy pedagógico, la visión de la vida de Jesús desde la perspectiva de la teología de la liberación.

– La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 85, titulado «¿Los judíos mataron a Cristo?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión puede recogerse de http://radialistas.net/article/85-los-judios-mataron-a-cristo/

Para el simple estudio de la continua sucesión de interpretaciones de las fiestas a lo largo de la historia de Israel, se puede recurrir a Fiesta en honor de Yavé, de Thierry MAERTENS (disponible en la biblioteca de Koinonía: servicioskoinonia.org/biblioteca).

Como bibliografía en la que recuperar lo mejor de la visión clásica de la teología respecto a la pasión y muerte de Jesús desde la perspectiva de la liberación, recomendamos el excelente libro de BOFF Pasión de Cristo, Pasión del mundo (Sal Terrae en España, Indoamerican Press en Colombia, Vozes en Brasil… disponibilizado también en varios puntos de la red). Del mismo autor, el artículo 217 en la RELaT (217.htm): Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro señor Jesucristo.

No obstante, la recuperación que la teología de la liberación (TL) hizo de esta temática se queda corta hoy. La TL releyó la visión tradicional cristiana desde la perspectiva histórica y reinocentrista y desde la opción por los pobres, sí, pero dejó simplemente a un lado lo que no supo cómo recuperar, y no sometió a crítica los supuestos profundos de la visión clásica; simplemente los ignoró. En ese sentido, la propuesta de la TL no fue integralmente nueva, sino una «propuesta nueva que en parte mantenía los mismos fundamentos»… Hoy esos fundamentos están en crisis, y ahora sólo nos puede servir una propuesta realmente nueva, es decir, desde presupuestos nuevos, por ejemplo: sin «dos pisos», sin el histórico pecado original, sin un Dios-theos ahí fuera que se pueda ofender gravemente por un supuesto pecado humano, sin un Dios antropomórfico que pueda exigir «reparación para con su dignidad ofendida», sin unos mitos entendidos como narraciones históricas literales…

En este sentido, es el obispo John Shelby SPONG quien con más claridad y valentía está proponiendo reinterpretar el cristianismo desde una superación radical de este «mito básico cristiano», como lo llama él: cfr. el capítulo «Cambiando el mito básico cristiano» de su reciente libro «Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo» [http://tiempoaxial.org/] (Editorial Abya Yala, Quito enero 2011). Véase un capítulo de ese libro, explícitamente sobre el tema de la redención, en la RELaT titulado «Jesús como rescatador y redentor: una imagen que debe desaparecer» relat/380.htm.

También: Problemas en torno a la idea de expiación/satisfacción, de Robert J. DALY, en «Selecciones de Teología» 47/188(2008)310-324 (disponible en el portal de la revista «Selecciones de Teología», [http://www.seleccionesdeteologia.net]).

Acabaremos recordando que, como es obvio, la problemática de la Redención no es del Domingo de Ramos, ni siquiera de la semana santa… sino de todo el cristianismo; afrontarla tratando de «agarrar valientemente el toro por los cuernos» no es tarea para un domingo ni para una semana, sino para todo el año… Pero el domingo de ramos es una buena ocasión para plantearlo más detenidamente. Lo dejamos en manos de ustedes, lectores individuales y comunidades lectoras…

Domingo 5º DE CUARESMA (A) – Fray Marcos

Si aún te preguntas si Lázaro resucitó físicamente, es que estás muerto.

Agua, luz, vida. Son tres grandes metáforas que intentan lanzarnos más allá de toda lógica. Si nos empeñamos en seguir entendiéndolas al pie de la letra, estamos distorsionando el texto y nos quedamos en ayunas del verdadero mensaje.

Todo es simbólico. Familia de hermanos, la nueva comunidad. Jesús integrado en el grupo por su amor a cada uno. Unos miembros de la comunidad se preocupan por la salud de otro. La falta de lógica del relato nos obliga a salir de la literalidad.

Si nos preguntamos si Lázaro resucitó físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida física, pero más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir no tiene sentido.  ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular.

Yo soy la resurrección y la Vida. Jesús no vino a prolongar la vida física, vino a comunicar la Vida de Dios. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. En realidad, es la única y verdadera Vida.

Jesús corrige la concepción de “resurrección del último día”, que Marta compartía con los fariseos. Para Juan, el último día es el día de la muerte de Jesús, en el cual, con el don del Espíritu, la creación del hombre queda completada. Es una pena que seguimos con la fe para el más allá, que Jesús declara insuficiente.

¿Dónde le habéis puesto? Indica que son ellos los que colocaron a Lázaro en el sepulcro, lugar de muerte sin esperanza. El sepulcro no es el lugar propio de los que han dado su adhesión a Jesús. Al decirles: “Quitad la losa”. Jesús pide a la comunidad que se despoje de su creencia. Los muertos no tienen por qué estar separados de los vivos. Los muertos pueden estar vivos y los vivos, muertos.

Ya huele mal. La trágica realidad de la muerte se impone. Marta sigue pensando que la muerte es el fin. Jesús quiere hacerle ver que no es el fin; pero también que sin “muerte” no se puede alcanzar la verdadera Vida. La muerte deja de ser el horizonte último de la vida cuando se asume. Nadie queda dispensado de morir.

Al quitar la losa, desaparece la frontera entre muertos y vivos. La losa no dejaba entrar ni salir. Era la señal del punto y final de la existencia. La pesada losa de piedra ocultaba la presencia de la Vida más allá de la muerte. Jesús sabe que Lázaro había aceptado la Vida antes de morir, por eso ahora sigue viviendo.

¡Lázaro, ven fuera! El sepulcro donde le habían colocado, no era el lugar donde debía estar. El creyente no está destinado al sepulcro porque sigue viviendo. Los destinatarios del grito son ellos, no Lázaro. ¡Acceded todos a la verdadera vida!

Salió el muerto con las piernas y los brazos atados. El ser humano, que no nace a la nueva Vida, permanece atado de pies y manos, imposibilitado para crecer como tal. Una vez más es imposible entender la frase literalmente. ¿Cómo pudo salir, si tenía los pies atados? Parecía un cadáver, pero estaba vivo.

Lázaro ostenta todos los atributos de la muerte, pero sale él mismo porque está vivo. La comunidad tiene que tomar conciencia de su nueva situación. Son ellos los que lo han atado y ellos son los que deben soltarlo. No devuelve a Lázaro al ámbito de la comunidad, sino que le deja en libertad. Ahora ellos, sabiendo que morir no significa dejar de vivir, podrán entregar su vida como Jesús.