DOMINGO 1º CUARESMA (A)-Fray Marcos

(Mt 4,1-11)

Se trata de buscar lo mejor para mí, aunque me cueste. ¿Descúbrelo!

La cuaresma no es un tiempo de examen para sentirnos pecadores y pedir a Dios que nos saque de ahí. Pasada la alegría de sentíamos perdonados, seguía la angustia de volver a fallar.  Debemos dar paso a una toma de conciencia de nuestras posibilidades de absoluto.

La cuaresma en un tiempo para analizar nuestra vida y descubrir los pasos que nos alejan de la meta. No te pares a analizar la piedra en la que has tropezado, pon más atención al caminar para evitar el tropiezo. Tampoco se trata de hacer penitencia para que Dios te perdone. Tomar conciencia de que alcanzar la meta es cosa tuya y supone esfuerzo.

Más importante que mirar hacia tras angustiándome por los pasos mal dados, es descubrir el rumbo adecuado y caminar en esa dirección. Pero resulta que no puedo saber dónde está la meta, porque nunca estuve allí. Aquí viene en nuestra ayuda la experiencia de otros seres humanos que sí han llegado a ella y pueden indicarnos el camino.

El relato de las tentaciones de Jesús nos advierte de la necesidad de superar lo fácil para no ser engañados por el placer inmediato. No se trata de ningún diablo externo, sino de una tendencia que permitió a la vida enriquecerse durante casi cuatro mil años.

La primera tentación pretende convertir a Jesús en oprimido y le ofrece liberarse a cambio de pan. La segunda le ofrece honor y gloria a cambio de servidumbre. La tercera es una oferta de poder absoluto sobre todo. Tanto oprimir como dejarse oprimir son opciones satánicas. La opresión es el único pecado que nos impide ser humanos.

A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral que encontramos en muchas culturas. Esto no quiere decir que sea mentira. El mito es un intento de explicar lo inexplicable. El relato del pecado original intenta explicar el problema del mal, partiendo de las categorías de aquel tiempo.

Tampoco el relato de las tentaciones es histórico. Se trata de un relato mítico igual que el de Adán y Eva. Jesús se retiró muchas veces al desierto para descubrir su auténtico ser. El relato resume las pruebas que tuvo que superar Jesús en su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea conforme a su situación personal.

Nos cuentan con pelos y señales lo que pasó después de los cuarenta días de ayuno, pero no nos dicen nada de lo que hizo Jesús durante ese tiempo. Jesús no fue al desierto a ser tentado por el diablo sino a meditar profundamente sobre sí mismo.

A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el fracaso absoluto. A todos se nos dan infinitas posibilidades de plenitud, pero alcanzarlas supone poner toda la carne en el asador para lograrlo.

No se trata de una elección entre el bien y el mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de discernir lo bueno y lo malo, yendo más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien real y el aparente (mal). Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para evitarlo.

No necesitamos ningún diablo que nos tiente. La tentación es inherente al ser humano. Al surgir la inteligencia tiene capacidad de conocer dos metas y no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, la posibilidad de equivocarse está siempre ahí. Y suele suceder que adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo.

Si el problema no está en la voluntad, no lo resolveremos con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Nos han insistido en la fuerza de voluntad para superar la tentación, pero esa estrategia es ineficaz.

Garizumako 1. igandea – A – José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Mateo 4,1-11)

JESUSI LEIAL TENTAZIOEN ARTEAN- FIELES A JESÚS EN MEDIO DE LAS TENTACIONES

Lehen belaunaldiko kristauak oso garaiz hasi ziren Jesusen «tentazioez» arduratzen. Ez zituzten ahaztu nahi Jainkoari leial izaten jarraitzeko garaitu behar izan zituen gatazka eta borroka-motak. Asko laguntzen zien ardura horrek beren eginbehar bakarretik ez irteten: Jesusen urratsei jarraituz mundu gizatiarrago bat eraikitzen.

Gaurko kontakizuna txundigarria da. «Basamortuan» Jainkoaren ahotsa entzun daiteke, baina Jainkoagandik urruntzen gaituzten indar ilunen tiradizoa ere senti daiteke. «Deabruak» Jainkoaren Hitza erabiliz zirikatzen du Jesus eta Israel herrian otoizten dituzten salmoetan sostengatuz: erlijioaren barnean bertan ere ezkuta daiteke Jainkoagandik urruntzeko tentazioa.

Lehen tentazioan, gogor egin dio deabruak harriak ogi bihurtzeko Jainkoaz baliatzeari. Pertsonak behar duen lehenengo gauza jatea da, baina «gizakia ez da bizi ogiz bakarrik». Gizakiaren guraria ez da asetzen bere gorputza elikatuz bakarrik. Askoz ere gauza gehiago behar du.

Hain justu, ogirik ez dutenak miseriatik, gosetik eta heriotzatik libratzeko, aseak direnen mundu gizatasun gabe honetan zuzentasunaren eta maitasunaren gosea sorrarazi behar dugu.

Bigarren tentazioan, tenpluaren goienetik Jainkoaren segurtasuna probatzeko eskatu dio deabruak. Lasai bizi ahalko da, Jainkoaren eskuak sostengu dituela, eta estropezurik eta inolako arriskurik gabe ibili ahalko dela. Jesusek erantzun dio: «Ez ezazu tentatu Jauna, zeure Jainkoa».

Deabruarena da erlijioa segurtasuna ematen duten sineskizunen eta jardueren sistema bezala antolatzea. Ez da eraikitzen mundu gizatiarrago bat nor bere erlijioan babestuz jokatzen denean. Beharrezkoa izaten da, batzuetan, konpromiso arriskutsuak hartzea, Jesusek bezala konfiantza Jainkoagan ipiniz.

Azken pasadizoa zirraragarria da. Jesus mendi garai batean dago mundura begira. Bere oinetan «erreinu guztiak» aurkezten zaizkio, beren gatazkekin, gerrekin eta zuzengabekeriekin. Haietan ezarri nahi du berak bakearen eta Jainkoaren zuzentasunaren erreinua. Deabruak, aitzitik, boterea eta aintza eskaintzen dizkio bera adoratzen badu.

Bat-batekoa da Jesusen erreakzioa: «Jauna, zeure Jainkoa, adoratuko duzu». Mundua ezin gizatiartu da boterearen indarrez. Ezin ezarri da botererik besteren gain, deabrua zerbitzatu gabe. Jesusi boterea eta aintza bilatuz jarraitu nahi diotenak deabruaren aurrean bizi dira belauniko. Ez dute adoratzen egiazko Jainkoa.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

FIELES A JESÚS EN MEDIO DE LAS TENTACIONES

Los cristianos de la primera generación se interesaron muy pronto por las «tentaciones» de Jesús. No querían olvidar el tipo de conflictos y luchas que tuvo que superar para mantenerse fiel a Dios. Les ayudaba a no desviarse de su única tarea: construir un mundo más humano siguiendo los pasos de Jesús.

El relato es sobrecogedor. En el «desierto» se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El «diablo» tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel: hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciarnos de Dios.

En la primera tentación, Jesús se resiste a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en pan. Lo primero que necesita una persona es comer, pero «no solo de pan vive el hombre». El anhelo del ser humano no se apaga solo alimentando su cuerpo. Necesita mucho más.

Precisamente, para liberar de la miseria, del hambre y de la muerte a quienes no tienen pan, hemos de despertar el hambre de justicia y de amor en el mundo deshumanizado de los satisfechos.

En la segunda tentación, el diablo le sugiere, desde lo alto del templo, buscar en Dios seguridad. Podrá vivir tranquilo, «sostenido por sus manos», y caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo. Jesús reacciona: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Es diabólico organizar la religión como un sistema de creencias y prácticas que dan seguridad. No se construye un mundo más humano refugiándose cada uno en su propia religión. Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús.

La última escena es impresionante. Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan «todos los reinos», con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere él introducir el reino de la paz y la justicia de Dios. El diablo, por el contrario, le ofrece poder y gloria si lo adora.

La reacción de Jesús es inmediata: «Al Señor, tu Dios, adorarás». El mundo no se humaniza con la fuerza del poder. No es posible imponer el poder sobre los demás sin servir al diablo. Quienes siguen a Jesús buscando poder y gloria viven «arrodillados» ante el diablo. No adoran al verdadero Dios.

José Antonio Pagola

Domingo 1º de Cuaresma – KOINONÍA

Génesis 2,7-9; 3,1-7

Creación y pecado de los primeros padres

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?» La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.»» La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal.»

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó el fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo responsorial: 50

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa, / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa, / tengo siempre presente mi pecado: / contra ti, contra ti solo pequé, / cometí la maldad que aborreces. R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, / afiánzame con espíritu generoso. / Señor, me abrirás los labios, / y mi boca proclamará tu alabanza. R.

Romanos 5,12-19

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por que todos pecaron.

[Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.]

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convertieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Mateo 4,1-11

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»»

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»» Jesús le dijo: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios.»»

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras.» Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.»»

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. En esta línea es muy fácil encontrar comentarios en la red. Por eso mismo quisiéramos nosotros hacer esta vez una aportación diferente, en sentido más bien crítico. Obviamente, este aspecto no será apropiado en cualquier caso para convertirlo sin más en una homilía, pero creemos que tampoco sería bueno que una homilía olvide estos elementos. En todo caso, cada agente de pastoral sabrá lo que su comunidad necesita, y sabrá encontrarlo en otros puntos de servicio bíblico-litúrgico de la red.

En la primera lectura de este domingo se implican dos importantes temas bíblicos: el de la creación del ser humano y el del pecado original. Son verdaderamente significativos, muy importantes, y hoy en día, también muy problemáticos.

Es importante hacer recordar a los oyentes que estos textos concretos, y todos los que forman el grupo de los once primeros capítulos del Génesis, que se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación», han sido entendidos desde siempre de un modo literal. Todas las generaciones que nos precedieron en la fe los entendieron así. Seguramente que nuestros padres -y ciertamente nuestros abuelos- nunca pensaron otra cosa, y muchos cristianos mayores todavía lo piensan hoy día. Desde tiempo inmemorial, estos textos han fungido para muchísimas generaciones, como una fuente capital de su comprensión del mundo y de la historia. Las “coordenadas generales” que estos mitos trazan (Dios arriba, naturaleza abajo, un acto divino de creación que pone en marcha el cosmos, una creación del ser humano distinta a la creación de todos los demás seres, Dios que prohíbe comer el fruto del árbol, la desobediencia del ser humano que se convierte en el «pecado original» que transformará la suerte de toda la humanidad posterior –¡y del cosmos!–, el protagonismo principal de la mujer en este pecado, el enfado de Dios, su consecuente ruptura de relaciones con la Humanidad por haber comido ésta el fruto prohibido…), han sido para toda esa humanidad judeocristiana de los tres mil últimos años, el “paradigma” desde el que han entendido tanto el mundo, como a Dios, como a sí mismos y sus deberes frente a Dios… es decir,  partir de ahí es como han entendido toda la realidad. Estamos ante unos mitos religiosos ante los que hay que descubrirse y descalzarse, como quien se adentra en tierra sagrada; se trata sin duda probablemente de los textos antiguos que han marcado una porción más grande de humanidad –el Occidente llamado cristiano, y a través suyo, todos los pueblos y culturas que Occidente ha invadido y colonizado.

Hace apenas cien años, en 1906, la Pontificia Comisión Bíblica –respaldada obviamente por la Inquisición romana, la actual Congregación para la Doctrina de la Fe–, reafirmaba solemnemente, y bajo pena de excomunión a los cristianos que no lo aceptaran, que el contenido de los once primeros capítulos del Génesis es histórico, no mitológico.

Es importante recordar a los oyentes que hoy no creemos que estos relatos haya que entenderlos así, literalmente. Es decir: que hoy sabemos que la Biblia no puede decirnos cómo fue el origen del cosmos, ni el origen del ser humano. Que de los textos bíblicos no podemos deducir informaciones sobre geología, física, química, biología evolutiva… que nos informen sobre todos esos campos. La Biblia no es un libro de ciencia, ni los que la escribieron tenían conocimientos científicos. Los mensajes que podamos captar en la Biblia están en otro ámbito, el ámbito religioso. Y que por tanto los cristianos aceptamos hoy lo que la ciencia dice, incluidas las informaciones contrarias a tantas afirmaciones y supuestos acríticos incluidos en esos relatos bíblicos.

Es importante también hacer caer en la cuenta de que esta nueva manera de entender los textos bíblicos no fue fruto de un descubrimiento fácil e ingenuo, sino una intuición laboriosamente trabajada por los biblistas y teólogos, que durante varios siglos han tenido que enfrentarse a la oposición y a la condena de las autoridades de sus respectivas Iglesias. Todavía hace muy pocos años, en tiempo de Benedicto XVI, el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, doctor en teología bíblica por la universidad de Salamanca, fue públicamente adversado y perseguido por la Secretaría de Estado del Vaticano por no sostener de la historicidad de Adán y Eva y su pretendido pecado original (véase su propio testimonio en Youtube [http://www.youtube.com/watch?v=2Ys3kcwjbSY&list=PL84001F9AB27C6E32]. Con estupor fuimos testigos de que el Secretario de Estado arremetía contra un biblista que decía simplemente lo que ya estaba aceptado por la Iglesia, lo que todos los biblistas estaban diciendo. Afortunadamente en agosto de 2016, queriendo hacer el menor ruido posible, el Vaticano dio a entender públicamente que Ariel estaba en lo correcto y que le retiraba la sanción impuesta.

Todo cristiano medianamente culto puede tener su opinión sobre el origen del mundo, igual que puede tener sus opiniones en medicina, en astronomía o en psicología, libremente, sin coacción, y sin que haya ninguna opinión «oficial» de la Iglesia en esos campos que pudiera ser «obligatoria». Los relatos bíblicos están en otro plano, un plano religioso-simbólico, que no afecta al campo autónomo de la ciencia.

Esto es al menos lo que solemos decir hoy día, después del Vaticano II, pero sería más correcto reconocer que aquellos relatos no fueron concebidos, como decimos, meramente en un plano simbólico; para nuestros ancestros religiosos-y-culturales, esos relatos eran históricos, y con esa historia inventada, sin ningún fundamento científico, trataron de encontrar respuestas a problemas profundos (el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro futuro…). Es ahora, sólo ahora, cuando nosotros, al ver que sus creencias expresadas en esos mitos estaban profundamente equivocadas –como hoy sabemos por la ciencia– sostenemos que esos mitos sólo podemos interpretarlos de un modo puramente simbólico. Nuestros antepasados –hasta nosotros mismos hace 50 años entre los católicos– los hemos considerado obligadamente históricos, literales, contados directamente por la misma boca reveladora de Dios. Aunque nos dé pena decirlo, la Biblia ha mantenido a una inmensa parte de la humanidad en una visión histórica equivocada de los orígenes de la humanidad.

Hay que dar claramente al público cristiano la buena noticia de que hoy no sostenemos que el símbolo judeo-cristiano del llamado pecado original tenga fundamento histórico. No hay por qué sostenerlo. Más bien resulta prácticamente imposible que lo tenga, por cuanto lo más probable es que no hubo un solo filum biológico evolutivo de surgimiento de nuestra especie, y el poligenismo es hoy la opinión más común de la ciencia. La proclamación que la Iglesia católica hizo del monogenismo en el siglo pasado se debió al espejismo (que todavía sufría) de pensar que el significado del símbolo del pecado original dependía efectivamente de un pecado histórico real que habría cometido una primera pareja de la que descenderíamos absolutamente todos los hombres y mujeres.

Resulta especialmente importante aclarar que hoy día resulta del todo inverosímil -teológicamente hablando- todo el conjunto simbólico de la tentación y el pecado original: pensar que toda la humanidad esté en una situación de postración espiritual (que sea una massa damnata, toda una «muchedumbre condenada», como repetía san Agustín) a raíz de un supuesto primer pecado de una inexistente primera pareja, y pensar que debido a ello Dios habría roto sus relaciones con la Humanidad, y que esa ruptura no podría ser superada sino nada menos que con la sangre de la muerte en cruz del Hijo de Dios, tal y como ha sido presentado por una tradición del cristianismo, resulta hoy absolutamente inaceptable. Deben por tanto sentirse aliviados todas las personas que se sienten incómodas ante las acostumbradas explicaciones homiléticas al respecto, tan parecidas a las catequesis infantiles que recibimos cuando fuimos niños, y como nosotros, todas las generaciones cristianas durante más de milenio y medio.

Otras comentarios críticos también muy importantes se podrían hacer entre los temas implicados en esos dos grandes relatos bíblicos que han sido juntados en la primera lectura de este domingo (por ejemplo sobre la «transcendencia» de Dios, que ahí se presenta como obvia, sobre la imagen misma de “theos”, la visión negativa de la realidad que conlleva la creencia en un primer «pecado primordial», la terrible inferiorización y culpabilización de la mujer causada por ese texto, y la injusticia que seguimos cometiendo contra la mujer cuando seguimos leyendo esos textos dándolos por ciertos, sin el menor atisbo de crítica o de aclaración de su falta absoluta de fundamento histórico). Ya hemos dicho que no pretendemos que esta lista de advertencias críticas sea el contenido de una homilía, sino simplemente el trasfondo crítico a tener en cuenta a la hora de hablar de las “tentaciones” y del “pecado”, para lo que sin duda se encontrará mucho material en los numerosos portales de servicio bíblico de la red.

Es importante que digamos claramente y que insistamos en que se puede ser cristiano y ser «persona de hoy» en las propias opiniones científicas. Y que hay otras formas serias de hablar de la realidad del mal y del pecado, que la de tomar como referencia principal unos mitos religiosos elaborados hace dos milenios y medio que contradicen las evidencias actuales de la ciencia.

Ya que, históricamente, tantas veces hemos insistido en el pecado original y en sus horribles consecuencias para toda la humanidad, sería bueno compensar esa actitud refiriéndonos a lo que hoy intuye la teología de frontera: que, más bien, lo original no fue un pecado, sino una bendición… Puede ayudar el libro de FOX, Mathew, “Original Blessing”, Bear & Company 1983; traducido como: La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI, Obelisco, Barcelona 2002, 410 pp, fácilmente localizable en la red.

Con el relato de las tentaciones de Jesús ocurre algo parecido: no es la crónica o el reportaje periodístico de algo que le pasó a Jesús, sino una composición simbólica que quiere darnos un mensaje teológico. Es claro que no conocemos ningún fundamento histórico para ese relato; muy probablemente, nadie lo tuvo, ni siquiera quienes lo redactaron. El texto es, obviamente, una composición literaria con intenciones teológicas. Las tres tentaciones que se dice que sufre Jesús corresponden a tres grandes dimensiones de la respuesta de fe del pueblo de Israel (de ahí el paralelismo que establece con el Primer [o Antiguo] Testamento) y de todo ser humano (de ahí que pueda ser un modelo para nuestra vida). ¿Cuáles son esas grandes dimensiones? ¿Estamos de acuerdo con esa teología? Veinte siglos más tarde, ¿lo expresaríamos nosotros igualmente o con alguna variante añadida? En todo caso, se puede hablar de que como ser humano Jesús no pudo dejar de experimentar dificultades para encaminar su vida, como todos nosotros, y que creemos que su comportamiento fue modélico para nosotros. Nuestras tentaciones hoy son otras, y a nosotros sí que Satanás no nos lleva de aquí para allá para probarnos, pero también tenemos necesidad de chequear cuáles son nuestros puntos débiles.

El evangelio de hoy (la escena de las tentaciones de Jesús) es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Bajo el sol del desierto». El guión, el audio y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/9-bajo-el-sol-del-desierto/

TODO EL QUE SE DEJE LLEVAR DE LA CÓLERA SERÁ PROCESADO- Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

La Palabra de los evangelios resulta, a veces, algo intricada. Pero, en otras ocasiones, como ocurre en este domingo, tiene un mensaje claro.

Jesús era un judío piadoso que amaba la Ley pero que la llevaba hasta las últimas consecuencias. Por eso viene a decir en el pasaje de este domingo algo que nos parece exagerado: hablar mal del hermano es tan grave como matarlo: TODO EL QUE SE DEJE LLEVAR POR LA CÓLERA CONTRA SU HERMANO SERÁ PROCESADO. Para Jesús, la maledicencia es planta del mismo jardín que el asesinato y entra bajo el mismo mandamiento: “no matarás”.

Sabemos distinguir la gravedad entre una cosa y otra. Pero lo cierto es que, como decimos popularmente, hay palabras que matan. Ambas realidades tienen efectos similares. Con las palabras se puede destruir a una persona, se le puede anular, se le puede crucificar. Se difunde su debilidad, su fallo y ese sambenito le acompañará siempre. A veces se inventa un bulo sobre ella que las redes se encargan de difundir y, aunque de demuestre luego que fue un error, el daño está hecho.  Por eso hay que tener un cuidado riguroso sobre nuestra manera de hablar.

¿Cómo alejar de nuestra vida cristiana la maledicencia que destruye la relación humana?

  • No hables nunca sin respeto: si se pierde el respeto al hablar, se pierde el respeto en la vida. Cuestiona, discierne, critica incluso, pero siempre con respeto.
  • No hables con crueldad: sobre todo de aquellos que están más indefensos, que son más frágiles, que no tienen a nadie que les defienda.
  • No hables con mentira: si sabes que algo es mentira no lo propagues. No inventemos bulos acerca de los demás. Es algo gravísimo que hace un enorme daño personal y social.

Tiene san Francisco un dicho acertado: “Dichoso aquel que tanto ama y respeta a su hermano cuando está lejos de él como cuando está con él, y no dice de él a sus espaldas lo que no se atrevería a decir delante de él”. La maledicencia es consecuencia y reflejo del mal pensar. Ya está bien de reír las gracias a quien habla mal del hermano ausente. Esto no habría de ser tolerable entre cristianos. Y, por cierto, la acusación de maledicencia, para que sea perdonada, ha de hacerse no tanto ante un sacerdote, sino ante aquel del que se maldijo a sus espaldas. Si no, estamos en una ficción.

Se nos tendría que notar que somos cristianos por nuestra manera de hablar con respeto y fraternidad en este tiempo de tanta violencia verbal. Si hablamos como todos, ¿para qué nos sirve el evangelio?

Fidel Aizpurúa Donazar

DOMINGO 6º (A) – Fray Marcos

(Mt 5,17-37)

Si la Ley puede perfeccionarse, no es perfecta. Si no es perfecta, no es de Dios.

Cómo armonizar la predicación y la praxis de Jesús con la Ley de Dios, que para los judíos era sagrada y definitiva. Ir más allá de lo establecido es el problema radical que se plantea en todos los órdenes de la vida. Damos valor absoluto a lo ya conocido pero nuestro conocimiento será necesariamente limitado, debemos ir siempre más allá.

Tuvo que ser muy difícil para un judío aceptar que la Ley no era absoluta. Jesús fue contundente en esto. Abrió una nueva manera de relacionarnos con Dios. El Dios todopoderoso que está en los cielos y ordena y manda, deja paso al Abba, amor que se identifica con cada uno de nosotros y nos invita a descubrirlo en los demás.

Toda norma metida en palabras nunca podrá ser definitiva. El hombre siempre tiene que estar diciendo lo que dijo Jesús en el evangelio: habéis oído que se dijo …, pero yo os digo, porque conocemos cada vez mejor la naturaleza del ser humano. Si Jesús hubiera creído que la Ley era de Dios, no se hubieran atrevido a darle plenitud.

No existe ninguna “Ley de Dios”, porque no es un ser que tenga una voluntad que impone desde fuera. Toda ley es producto del hombre. Dios no se comunica a través de signos externos, la voluntad de Dios es la misma naturaleza de cada criatura.

La voluntad de Dios no es nada añadido a mi propio ser, no me viene de fuera. Está siempre ahí pero no soy capaz de descubrirla. Esta es la razón por la que tenemos que echar mano de lo que nos han dicho algunos que sí fueron capaces de bajar hasta el fondo de su ser y descubrir lo que Dios es y lo que somos cada uno de nosotros.

No es que Dios haya manifes­tado a Moisés su voluntad, es que él supo aprove­char las circunstan­cias especia­les para profundi­zar en sí mismo. Lo que descubrió es voluntad de Dios, porque lo único que Él quiere es que seamos fieles a lo que ya somos.

Cumplir la Ley es algo muy distinto de lo que acostumbramos a pensar. Una ley de tráfico, se puede cumplir perfectamente solo externamente. En lo que llamamos Ley de Dios, las cosas no funcionan así. Si no descubro la razón de bien en lo que hago no significará nada para mí. Los fariseos se conformaban con cumplir la Ley literalmente.

Nos queda mucho camino por andar para superar la idea de un Dios Legislador que impone su voluntad a pesar nuestro. En la Biblia hay 613 preceptos. Nos parecen infinitos, pero el Código de Derecho Canónico tiene 1.752 cánones. Jesús nos dejó un solo mandamiento: que os améis, y además el amor nunca puede ser fruto de una ley.

Jesús no fue contra la Ley, sino más allá de ella. Quiso decirnos que toda ley es solo un apunte, se queda siempre corta. Siempre tenemos que ir más allá de la pura literalidad, hasta descubrir el espíritu más allá y superando cualquier formulación.

Jesús pasó, de un cumplimiento externo de leyes, a un descubrimiento de las exigencias de su propio ser. Esa revolución que intentó Jesús, está aún sin hacer. Todas las propuestas de Jesús en el sentido de vivir en el espíritu, han sido ignoradas. Seguimos más pendientes de lo que está mandado que de descubrir lo que somos.

Las propuestas concretas son algunos ejemplos de lo que debíamos hacer con todas las normas. Superar la trampa de un cumplimiento literal y entrar en el Espíritu. Si no somos capaces de ir más allá de la norma, nos quedaremos siempre a medio camino.

De todas formas, las leyes solo se pueden tirar por la borda cuando la persona ha llegado a un conocimiento profundo de su propio ser y descubre las más auténticas exigencias del verdadero ser. Ya no necesita apoyaturas externas para caminar hacia su meta. “Ama y haz lo que quieras” o “el que ama ha cumplido el resto de la Ley”.

Urteko 6. igandea – A – José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Mateo 5,17-37)

BARKAZIOAREN GIZARTE-GARRANTZIA – IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

Ez da erraza entzutea barkaziorako Jesusek egin digun deia. Ezta inplikazio guztiak ateratzea ere, onartzen denean gizakia gizatiarrago dela barkatzean mendekua egitean baino.

Jakina, zuzen ulertu behar da Jesusen pentsaera. Barkatzeak ez du esan nahi egindako zuzengabekeriari ezikusia eta ezezaguna egitea, ezta era pasiboan eta axolagabean onartzea ere. Aitzitik, zerbait barkatzen baduzu, suntsitzeko da, nolabait esateko, gaitzaren espirala, eta besteari laguntzea birgaitzen eta etorkizunean beste era batean jokatzen.

Barkatzearen dinamikan ahalegin bat dago beti, gaizkia ongiaz garaitzeko. Barkazioa keinu bat da, pertsonen arteko harremanak era kualitatiboan aldatzen dituena eta ondorengo bizikidetasuna beste era batean bizitzea planteatzen duena. Horregatik, barkazioak ez du izan behar eskakizun indibidual bat, baizik eta ondorio sozial bat izan beharko luke.

Gizarteak ez luke gizaki bat, edozein delarik ere, bertan behera utzi behar, ezta erruduna ere. Pertsona orok du eskubidea maitatua izateko. Ezin onartu dugu zigor-errepresioak presoari, soilik «gaitza gaitz-ordain» itzul diezaion, beraren delituan murgildurik utzita, beraren bizitza are gehiago hondatuz eta benetan birgaitu dadin eragotziz.

  1. Radbruch jurista handiak uste du ezen zigorrak, gaitza gaitz-ordain bezala harturik, galduz joan beharko lukeela gure gizartean, eta, ahal den neurrian, «estimulu bihurtu beharko lukeela gaitza ongiaz kitatzeko; hau baita era bakarra lurrean zuzentasuna eragiteko, lurra okertu gabe, aitzitik mundua hobetu egingo duelarik».

Ez dago inolako zuzenespenik inongo presori tratu iraingarri eta zuzengabekorik emateko, gaizkile komun nahiz politiko izan. Ez dugu sekula aurrera egingo gizarte gizatiarrago baterako bidean, bazter uzten ez baditugu jarrera errepresibo, gorrotozko eta mendekuzkoak.

Horregatik, errakuntza handia da jendeari errebantxara eragitea. «Herriak ez du barkatuko» delako oihua ulergarri da, zoritxarrez, baina ez da bide egokia etorkizun gizatiarrago bat eraikitzen irakasteko.

Barkazioari uko egitea, fededun bezala, inoiz ere sinatu ezin dugun oihua da; azken batean, guztioi barkatu digun hark maite duen haurridetasunari uko egitea baita.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,17-37)

BARKAZIOAREN GIZARTE-GARRANTZIA – IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

Ez da erraza entzutea barkaziorako Jesusek egin digun deia. Ezta inplikazio guztiak ateratzea ere, onartzen denean gizakia gizatiarrago dela barkatzean mendekua egitean baino.

Jakina, zuzen ulertu behar da Jesusen pentsaera. Barkatzeak ez du esan nahi egindako zuzengabekeriari ezikusia eta ezezaguna egitea, ezta era pasiboan eta axolagabean onartzea ere. Aitzitik, zerbait barkatzen baduzu, suntsitzeko da, nolabait esateko, gaitzaren espirala, eta besteari laguntzea birgaitzen eta etorkizunean beste era batean jokatzen.

Barkatzearen dinamikan ahalegin bat dago beti, gaizkia ongiaz garaitzeko. Barkazioa keinu bat da, pertsonen arteko harremanak era kualitatiboan aldatzen dituena eta ondorengo bizikidetasuna beste era batean bizitzea planteatzen duena. Horregatik, barkazioak ez du izan behar eskakizun indibidual bat, baizik eta ondorio sozial bat izan beharko luke.

Gizarteak ez luke gizaki bat, edozein delarik ere, bertan behera utzi behar, ezta erruduna ere. Pertsona orok du eskubidea maitatua izateko. Ezin onartu dugu zigor-errepresioak presoari, soilik «gaitza gaitz-ordain» itzul diezaion, beraren delituan murgildurik utzita, beraren bizitza are gehiago hondatuz eta benetan birgaitu dadin eragotziz.

  1. Radbruch jurista handiak uste du ezen zigorrak, gaitza gaitz-ordain bezala harturik, galduz joan beharko lukeela gure gizartean, eta, ahal den neurrian, «estimulu bihurtu beharko lukeela gaitza ongiaz kitatzeko; hau baita era bakarra lurrean zuzentasuna eragiteko, lurra okertu gabe, aitzitik mundua hobetu egingo duelarik».

Ez dago inolako zuzenespenik inongo presori tratu iraingarri eta zuzengabekorik emateko, gaizkile komun nahiz politiko izan. Ez dugu sekula aurrera egingo gizarte gizatiarrago baterako bidean, bazter uzten ez baditugu jarrera errepresibo, gorrotozko eta mendekuzkoak.

Horregatik, errakuntza handia da jendeari errebantxara eragitea. «Herriak ez du barkatuko» delako oihua ulergarri da, zoritxarrez, baina ez da bide egokia etorkizun gizatiarrago bat eraikitzen irakasteko.

Barkazioari uko egitea, fededun bezala, inoiz ere sinatu ezin dugun oihua da; azken batean, guztioi barkatu digun hark maite duen haurridetasunari uko egitea baita.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,17-37)

IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.

Sin duda hay que entender bien el pensamiento de Jesús. Perdonar no significa ignorar las injusticias cometidas, ni aceptarlas de manera pasiva o indiferente. Al contrario, si uno perdona es precisamente para destruir, de alguna manera, la espiral del mal, y para ayudar al otro a rehabilitarse y actuar de manera diferente en el futuro.

En la dinámica del perdón hay un esfuerzo por superar el mal con el bien. El perdón es un gesto que cambia cualitativamente las relaciones entre las personas y busca plantearse la convivencia futura de manera nueva. Por eso el perdón no ha de ser solo una exigencia individual, sino que debería tener una traducción social.

La sociedad no debe dejar abandonado a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Toda persona tiene derecho a ser amada. No podemos aceptar que la represión penal solo «devuelva mal por mal» al encarcelado, hundiéndolo en su delito, degradando su existencia e impidiendo su verdadera rehabilitación.

El gran jurista G. Radbruch entiende que el castigo como imposición del mal por el mal ha de ir desapareciendo para convertirse, en lo posible, en «estímulo para saldar el mal con el bien, único modo en que puede ejercerse en la tierra una justicia que no empeora a esta, sino que la transforma en un mundo mejor».

No existe justificación alguna para actuar de manera vejatoria o injusta con ningún encarcelado, sea delincuente común o político. Nunca avanzaremos hacia una sociedad más humana si no abandonamos posturas de represalia, odio y venganza.

Por eso es también una equivocación incitar a la gente a la revancha. El grito de «el pueblo no perdonará» es, por desgracia, comprensible, pero no es el camino acertado para enseñarle a construir un futuro más humano.

El rechazo del perdón es un grito que, como creyentes, no podemos suscribir nunca, porque, en definitiva, es un rechazo de la fraternidad querida por Aquel que nos perdona a todos.

José Antonio Pagola

BARKAZIOAREN GIZARTE-GARRANTZIA – IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

Ez da erraza entzutea barkaziorako Jesusek egin digun deia. Ezta inplikazio guztiak ateratzea ere, onartzen denean gizakia gizatiarrago dela barkatzean mendekua egitean baino.

Jakina, zuzen ulertu behar da Jesusen pentsaera. Barkatzeak ez du esan nahi egindako zuzengabekeriari ezikusia eta ezezaguna egitea, ezta era pasiboan eta axolagabean onartzea ere. Aitzitik, zerbait barkatzen baduzu, suntsitzeko da, nolabait esateko, gaitzaren espirala, eta besteari laguntzea birgaitzen eta etorkizunean beste era batean jokatzen.

Barkatzearen dinamikan ahalegin bat dago beti, gaizkia ongiaz garaitzeko. Barkazioa keinu bat da, pertsonen arteko harremanak era kualitatiboan aldatzen dituena eta ondorengo bizikidetasuna beste era batean bizitzea planteatzen duena. Horregatik, barkazioak ez du izan behar eskakizun indibidual bat, baizik eta ondorio sozial bat izan beharko luke.

Gizarteak ez luke gizaki bat, edozein delarik ere, bertan behera utzi behar, ezta erruduna ere. Pertsona orok du eskubidea maitatua izateko. Ezin onartu dugu zigor-errepresioak presoari, soilik «gaitza gaitz-ordain» itzul diezaion, beraren delituan murgildurik utzita, beraren bizitza are gehiago hondatuz eta benetan birgaitu dadin eragotziz.

  1. Radbruch jurista handiak uste du ezen zigorrak, gaitza gaitz-ordain bezala harturik, galduz joan beharko lukeela gure gizartean, eta, ahal den neurrian, «estimulu bihurtu beharko lukeela gaitza ongiaz kitatzeko; hau baita era bakarra lurrean zuzentasuna eragiteko, lurra okertu gabe, aitzitik mundua hobetu egingo duelarik».

Ez dago inolako zuzenespenik inongo presori tratu iraingarri eta zuzengabekorik emateko, gaizkile komun nahiz politiko izan. Ez dugu sekula aurrera egingo gizarte gizatiarrago baterako bidean, bazter uzten ez baditugu jarrera errepresibo, gorrotozko eta mendekuzkoak.

Horregatik, errakuntza handia da jendeari errebantxara eragitea. «Herriak ez du barkatuko» delako oihua ulergarri da, zoritxarrez, baina ez da bide egokia etorkizun gizatiarrago bat eraikitzen irakasteko.

Barkazioari uko egitea, fededun bezala, inoiz ere sinatu ezin dugun oihua da; azken batean, guztioi barkatu digun hark maite duen haurridetasunari uko egitea baita.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,17-37)

IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.

Sin duda hay que entender bien el pensamiento de Jesús. Perdonar no significa ignorar las injusticias cometidas, ni aceptarlas de manera pasiva o indiferente. Al contrario, si uno perdona es precisamente para destruir, de alguna manera, la espiral del mal, y para ayudar al otro a rehabilitarse y actuar de manera diferente en el futuro.

En la dinámica del perdón hay un esfuerzo por superar el mal con el bien. El perdón es un gesto que cambia cualitativamente las relaciones entre las personas y busca plantearse la convivencia futura de manera nueva. Por eso el perdón no ha de ser solo una exigencia individual, sino que debería tener una traducción social.

La sociedad no debe dejar abandonado a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Toda persona tiene derecho a ser amada. No podemos aceptar que la represión penal solo «devuelva mal por mal» al encarcelado, hundiéndolo en su delito, degradando su existencia e impidiendo su verdadera rehabilitación.

El gran jurista G. Radbruch entiende que el castigo como imposición del mal por el mal ha de ir desapareciendo para convertirse, en lo posible, en «estímulo para saldar el mal con el bien, único modo en que puede ejercerse en la tierra una justicia que no empeora a esta, sino que la transforma en un mundo mejor».

No existe justificación alguna para actuar de manera vejatoria o injusta con ningún encarcelado, sea delincuente común o político. Nunca avanzaremos hacia una sociedad más humana si no abandonamos posturas de represalia, odio y venganza.

Por eso es también una equivocación incitar a la gente a la revancha. El grito de «el pueblo no perdonará» es, por desgracia, comprensible, pero no es el camino acertado para enseñarle a construir un futuro más humano.

El rechazo del perdón es un grito que, como creyentes, no podemos suscribir nunca, porque, en definitiva, es un rechazo de la fraternidad querida por Aquel que nos perdona a todos.

José Antonio Pagola

IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.

Sin duda hay que entender bien el pensamiento de Jesús. Perdonar no significa ignorar las injusticias cometidas, ni aceptarlas de manera pasiva o indiferente. Al contrario, si uno perdona es precisamente para destruir, de alguna manera, la espiral del mal, y para ayudar al otro a rehabilitarse y actuar de manera diferente en el futuro.

En la dinámica del perdón hay un esfuerzo por superar el mal con el bien. El perdón es un gesto que cambia cualitativamente las relaciones entre las personas y busca plantearse la convivencia futura de manera nueva. Por eso el perdón no ha de ser solo una exigencia individual, sino que debería tener una traducción social.

La sociedad no debe dejar abandonado a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Toda persona tiene derecho a ser amada. No podemos aceptar que la represión penal solo «devuelva mal por mal» al encarcelado, hundiéndolo en su delito, degradando su existencia e impidiendo su verdadera rehabilitación.

El gran jurista G. Radbruch entiende que el castigo como imposición del mal por el mal ha de ir desapareciendo para convertirse, en lo posible, en «estímulo para saldar el mal con el bien, único modo en que puede ejercerse en la tierra una justicia que no empeora a esta, sino que la transforma en un mundo mejor».

No existe justificación alguna para actuar de manera vejatoria o injusta con ningún encarcelado, sea delincuente común o político. Nunca avanzaremos hacia una sociedad más humana si no abandonamos posturas de represalia, odio y venganza.

Por eso es también una equivocación incitar a la gente a la revancha. El grito de «el pueblo no perdonará» es, por desgracia, comprensible, pero no es el camino acertado para enseñarle a construir un futuro más humano.

El rechazo del perdón es un grito que, como creyentes, no podemos suscribir nunca, porque, en definitiva, es un rechazo de la fraternidad querida por Aquel que nos perdona a todos.

José Antonio Pagola

Domingo 6º T.O. – A – Koinonía

Eclesiástico 15,16-21

No mandó pecar al hombre

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.

Salmo responsorial: 118

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Dichoso el que, con vida intachable, / camina en la voluntad del Señor; / dichoso el que, guardando sus preceptos, / lo busca de todo corazón. R.

Tú promulgas tus decretos / para que se observen exactamente. / Ojalá esté firme mi camino, / para cumplir tus consignas. R.

Haz bien a tu siervo: viviré / y cumpliré tus palabras; / ábreme los ojos, y contemplaré / las maravillas de tu voluntad. R.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, / y lo seguiré puntualmente; / enséñame a cumplir tu voluntad / y a guardarla de todo corazón. R.

1Corintios 2,6-10

Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria

Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Mateo 5,17-37

Se dijo a los antiguos, pero yo os digo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.] Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.]

Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.]

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir «si» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

Comentario a los textos:

Las lecturas de este domingo nos dejan ver cómo Dios actúa en medio de la humanidad, nos permiten comprender la lógica de Dios, nos revelan la manera en que Dios salva al ser humano del pecado, entendiendo el pecado como esa tendencia presente en el interior de la persona que la lleva a encerrarse en sí misma, en sus propios límites humanos, sin abrirse al amor.

La primera lectura, del libro del Eclesiástico, desarrolla el tema de la libertad que posee el ser humano para elegir lo bueno o lo malo, la vida o la muerte. Somos libres, y «condenados a ser libres» de alguna manera, como bien dijo Sartre. No podemos abdicar de nuestra responsabilidad. Ante nosotros tenemos las grandes opciones, las grandes Causas, esperando que nos decidamos. «Muerte y vida» están ante nosotros, al alcance de nuestra mano, por la vía de una opción ineludible.

Si en nuestra vida dominan el mal y la muerte, y con ellos el sinsentido y la desesperación, hemos sido advertidos: podemos hacer de nuestra vida una cosa u otra, gracias al poder de la libertad que se nos ha dado, la capacidad de elegir la muerte o la vida, y con ello, la capacidad de convertirnos en vida o en muerte. La capacidad de hacernos a nosotros mismos. Es uno de los misterios más grandes de nuestra existencia, el misterio de la libertad.

En el fragmento de la carta a los Corintios que hoy leemos, Pablo habla, de pasada, de «una sabiduría que no es de este mundo», que procede de otro mundo, que está en otro mundo, el mundo de Dios, que es un mundo «superior», situado literalmente encima del nuestro. Es el mundo superior que los filósofos y sabios del mundo cultural helenista han «imaginado» (no deja de ser una «imagen») para explicar la realidad, y que ha resultado ser una imagen genial, que parece expresar una explicación natural y obvia del mundo, que será acogida por casi todas las culturas subsiguientes (hasta la época moderna).

Y es un conocimiento escondido, inalcanzable, que nada tiene que ver con los saberes de este mundo, y que pertenece sólo a Dios y a quienes Él quiera revelarlo… Es la visión «gnóstica», de la «gnosis» o «conocimiento», un conocimiento divino que pasa a fungir como símbolo del principal bien salvífico: participar de ese conocimiento que salva es el objetivo de la vida humana, porque ese conocimiento es el que salva a la persona al hacerle tomar las decisiones adecuadas en su vida, las decisiones que le hacen caminar el camino de Dios. Es la misma tradición de «la Sabiduría», ya presente en el Primer Testamento, por influjo también helenista. Pablo se mueve en ese mismo ámbito de pensamiento y en esa misma cosmovisión griega de los dos mundos, o dos pisos, uno arriba (el de Dios y los suyos, o el de las Ideas, según Platón) y otro abajo (el de los humanos, o el de la materia corruptible según Platón).

Hoy continuamos leyendo el evangelio de Mateo, en secuencia consecutiva con los fragmentos proclamados en los domingos anteriores. Es el sermón de la Montaña, que comenzó con las Bienaventuranzas, y que continúa con la exposición de las exigencias de la Ley de Moisés (Torá), explicadas por Mateo, que está escribiendo para una comunidad de judíos que se han hecho cristianos, obviamente sin dejar de ser judíos, como ocurrió por lo demás con todos los cristianos. Tenemos pues que caer en la cuenta de que esta re-presentación de la Ley en el evangelio de Mateo está escrita para esa comunidad concreta, que difiere no poco de las nuestras. Obviamente, tiene también un valor universal, pero debe saberse la peculiaridad de esta comunidad, para no hacernos «judaizar» innecesariamente a todos los demás.

Pero, además de esa peculiaridad del evangelio de Mateo, todo el evangelio tiene otra peculiaridad significativa en este campo de lo moral, de la Ley, y es semejante a la que hacíamos notar respecto a la lectura anterior, la de Pablo sobre el conocimiento salvífico o gnosis. La moral vendría a ser también una especie de conocimiento gnóstico: sería una voluntad, divina, superior, venida de fuera, desde arriba, desde «el segundo piso», que tenemos que tratar de escuchar en esa dirección. Es una moral «heteró-noma», una «norma ajena», venida de fuera, y de arriba, a la que nos tendríamos que someter. Someterse a esa ley sería el sentido de la vida humana: ésa ha sido la sabiduría religiosa predicada permanentemente en el ámbito de la religión.

La moral, los preceptos, los mandamientos… con su constricción sobre la vida humana, y la consiguiente amenaza de pecado y de condenación, han sido uno de los frentes clásicos de fricción de la religión con el mundo moderno. Durante todo el mundo antiguo, configurado con los patrones del autoritarismo, los imperios, el feudalismo, las monarquías absolutas… el ser humano aceptaba «como lo más natural del mundo» que el «mundo de arriba» era estructuralmente como el de aquí abajo, es decir, un mundo donde está Dios sentado en su trono (como el emperador o el rey o el señor feudal aquí abajo), con su séquito de cortesanos y servidores de la «Corte celestial» (como en la Corte de cualquier rey humano), vigilando el mundo para que se cumplan las órdenes que desde allí se dictan.

San Ignacio de Loyola, como persona todavía del medievo en su cosmovisión, lo refleja ejemplarmente en su explicación global del sentido de la vida humana, en su meditación central, la del Principio y fundamento (con su castellano medieval): «El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados» (Ejercicios espirituales, 23).

No inventó nada nuevo ahí san Ignacio. Expresaba –antológicamente, eso sí– la visión medieval y premoderna de una cosmovisión salvífica estructurada en «dos pisos», uno superior (no sólo porque está encima, sino porque es absolutamente «superior» en su naturaleza), y otro inferior (temporal, pasajero, corruptible, peligroso…). Del piso de arriba viene todo: el Ser, el Amor, la Verdad, la Belleza… y la moral. Una moral pues absolutamente heterónoma, indiscutible, abrumadoramente inapelable, y en ese sentido fácilmente perceptible como constringente y ciegamente obligatoria, ajena a toda explicación justificativa, y en ese sentido opresiva.

En realidad, si nos fijamos, aunque esa cosmovisión cristiana parezca medieval, hunde sus raíces en el pensamiento platónico. Un poco injustamente, pero con cierta dosis de verdad, Nietzsche dijo que Platón era un modelo cristiano, y que el cristianismo venía a ser «platonismo para las masas», y Whitehead dijo que la doctrina cristiana sería «notas a pie de página en el platonismo». Sin darse mucha cuenta, el cristianismo canonizó el pensamiento de Platón, con su mundo superior de las ideas, eternas, perfectas, inmutables, como el pensamiento de Dios… y con su visión despectiva del mundo de abajo, de la tierra, de la carne: inferior, pasajero, sin consistencia ontológica, sin valor salvífico, despreciable, vitando.

El mundo moderno cambió radicalmente. El Ancien Regime, del autoritarismo, imperialismo, de la obediencia ciega, del sometimiento omnímodo y a-racional se acabó. Los imperios, reinos y monarquías se acabaron, y aparecieron las repúblicas y las democracias, y los derechos de los «ciudadanos» (que ya no súbditos). Una moral exterior, pre-establecida, superior (venida del cielo), sin justificación humana (dictada por Dios), inapelable… es sentida ahora como sofocadoramente opresora.

Con el advenimiento de la modernidad, en todos los campos, el mundo de arriba -el segundo piso que genialmente configuraron los helenistas, con Platón a la cabeza- desaparece, como que se evapora. No hace falta que sea negado, sino que la ciencia, con sus avances, cada día lo desplaza hacia atrás, replegándose en favor del descubrimiento de que todo funciona «etsi Deus non daretur», como si Dios no existiese. El cristiano «moderno» –el que no sigue viviendo con su cabeza en el mundo premoderno medieval– no puede aceptar aquella visión escindida en dos mundos, por muy espiritual que se presente, sino que pasa a vivir en un mundo nuevo, un mundo único, en la única realidad, sin dos pisos superpuestos.

Esta transformación ya es una realidad en la cultura moderna –por más que muchos cristianos y no pocas religiones sigan viviendo escindidamente entre la vida real de la calle y la vida espiritual dualista de sus representaciones religiosas–. Por eso, muchos cristianos se sienten retrotraídos al mundo de sus abuelos cuando escuchan este tipo de discursos morales «heterónomos», como si continuaran existiendo unos preceptos caídos de lo alto, revelados, y por eso mismo indiscutibles, incuestionables, a los que sólo cabría someterse acríticamente como súbditos del Rey del cielo (el cielo de un segundo piso).

El tema es profundo, y decisivo para dirimir la diferencia entre un cristianismo de hoy y otro del pasado; aquí sólo hemos querido evocarlo e invitar a estudiarlo en profundidad. Sugeriremos para ello un libro práctico y pedagógico: Roger LENAERS, Otro cristianismo es posible, Abya Yala, Quito 2008, disponible en la red (http://2006.atrio.org/?page_id=1616).

SOMOS LUZ Y SABOR – Rosario Ramos

FE ADULTA

Mt 5, 13-16

El evangelio de este domingo nos regala unas palabras que Mateo pone en boca de Jesús con un mensaje de mucha trascendencia para el discipulado. Este texto pertenece a la segunda parte de este Evangelio en el que se refleja la intención de Jesús de construir una nueva Humanidad a pesar de la ruptura provocada en los que le escuchan. Se trata de un texto intimista en el que revela la identidad y la misión de los que deciden pertenecer a su movimiento.

Es importante destacar que las palabras de Jesús dirigidas al discipulado no son una promesa sino una realidad existencial porque les dice que ya son sal y ya son luz. Utiliza estas dos metáforas para que comprendan que están equipados de sabiduría y luz para iniciar este camino. El despliegue de esta identidad sí puede encontrarse con obstáculos que lo bloqueen, pero no que lo anulen o aniquilen.

La sal sirve para dar sabor. Las palabras sabor y sabiduría tienen la misma raíz lingüística: así como está el sabor de los alimentos, también está el sabor de la vida. Lo que le da gusto o sentido a la vida, la sabiduría, es decir: aprender a vivir como personas sin mucha más explicación. El arte no sólo de hacer las cosas, sino de hacerlas con dignidad, con consciencia, con responsabilidad, con alegría profunda. La verdadera sabiduría nos ayuda a descubrir la honda raíz de la vida y cómo invertir, de la mejor marera y en su justa medida, nuestras energías vitales. Pero hay una fuerte alerta: “si la sal pierde su sabor ¿cómo seguirá salando?” Esta frase es un proverbio usado en la literatura rabínica. Se alude a una sal extraída del mar Muerto y que perdía su sabor muy pronto. Ahora pone delante una gran responsabilidad al discipulado: la inutilidad de una fe creída desde la mente y no vivida desde la hondura humana. Situarse simplemente desde una fe creída genera ideología, pero vivida como raíz existencial genera sentido para llegar a ser lo que somos en potencialidad.

“Sois la luz del mundo”, nuevamente no es una expresión de futuro sino de lo que ya es presente. Si retomamos el relato de la Creación en el Génesis, lo primero que apreciamos es que Dios crea la luz, es la primera palabra que pronuncia como potencia creadora y que posibilita la vida. Se trata de una referencia a la luz no como materia sino a la luz como “conocimiento”, la consciencia de existir y de ser, la esencia de la que está hecha la verdadera naturaleza humana. Las tinieblas, las sombras, la oscuridad es no ser y no existir. Nuestra fuente original es LUZ. El simbolismo de la luz está muy presente en las Escrituras, pero hay dos claves que sitúan la temática de la luz en un nivel muy profundo: en la primera carta de Juan que define a Dios como LUZ sin mezcla de tinieblas; y la alusión de Pablo, en no pocas ocasiones, a que somos hijos de la luz, a caminar en la luz, a desenmascarar las tinieblas, a conectar con la luz para que nuestras obras sean luz.

La vida del discipulado transcurre en un complejo discernimiento para encontrar la medida justa de sal/sabor y la medida justa de luz. Un exceso de sal convierte en intragable cualquier alimento, un exceso de luz deslumbra hasta no ver. A veces, el discipulado se ve envuelto en un ego que vierte un exceso de sabor hasta alejar a los comensales. De la misma manera, un exceso de luz deslumbra y hace permanecer en la sombra a los que va dirigida. Esto suele ocurrir cuando se vive el discipulado como una elección exclusiva de Dios y que excluye a otros que parece no haber sido llamados. Lo mismo cuando la dosis es menor y genera una falta de sabor que diluye el sentido original o la poca luz que genera un ambiente sombrío y frío. Es la tibieza de un discipulado que no se atreve a vivir con orgullo esta misión porque sus raíces se han desconectado de la fuente y se han quedado en cumplir con los mínimos que les permite seguir justificando una vida de fe.  Las palabras en sí mismas no son luz, no son los discursos los que se convierten en faros de otras vidas o de la propia vida, sino esas palabras encarnadas, vividas, haciendo coherentes a quienes las pronuncian, sí son luz.

A través de estas palabras de Jesús somos invitados a aprender a gestionar nuestra luz y sabor / sabiduría, a vivir en conexión con nuestra verdadera identidad, a generar espacios de conocimiento de lo que es esencial para que nuestra Iglesia, nuestras comunidades, nuestro mundo, nuestra casa común, sean reflejo del movimiento profundo de la fuente de la VIDA.

¡¡¡FELIZ DOMINGO!!!

Rosario Ramos

DOMINGO 5º (A) Fray Marcos

(Mt 5,13-16)

Tienes tu luz bajo el celemín. Quita el obstáculo, quedarás iluminado e iluminarás.

Continuamos con el primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran calado para la vida humana. La tarea más importante de todo ser humano sería estar ardiendo e iluminar.

Todo el que ha alcanzado la iluminación, iluminará. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que dar luz. Si echas sal a un alimento, quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto iluminado?

Somos plenitud de luz, pero no es fácil tomar conciencia de ello. Solo lo comprenderemos en la mediad que descubramos esa luz. Está claro que no nos referimos a ninguna clase de luz material o conocimiento especial. Nos referimos más bien a un ser humano que ha despertado, es decir que ha desplegado todas sus posibilidades de ser humano.

El evangelio da por supuesto todo el proceso de despertar y considera a los discípulos ya iluminados y capaces de iluminar a los demás y eso no es lo que dicen los evangelios. Estar despierto no se puede dar por supuesto, tenemos que emprender la tarea de despertar. Sería inútil que intentáramos iluminar a los demás estes de estar ardiendo.

Ni la sal ni la luz son provechosa por sí mismas. La sal sola es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que los fotones tropiezan con un objeto material. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser ella. La lámpara o la vela produce luz, pero el aceite o la cera se consumen.

La sal actúa desde el anonimato, ni se ve ni se aprecia. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida. Si a un alimento le falta o le sobra, nos acordamos de ella. No es importante la sal, sino la comida sazonada. Era tan apreciada que se repartía en pequeñas cantidades a los trabajadores, de ahí procede la palabra “salario” y “asalariado”

Jesús dice: sois la sal, sois la luz. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal ni otra luz. Todos esperan algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. El mundo tiene que quedar sazonado e iluminado a través de los que siguen a Jesús.

Cuando se nos pide que seamos luz, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz y calor.

Debemos iluminar, no deslumbrar. Debe estar al servicio del otro, pensando en su bien no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos imponerle. Los cristianos somos más aficionados a deslumbrar que a iluminar.

En el último párrafo, hay una enseñanza esclarecedora: “Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. La única manera eficaz de trasmitir el mensaje son las obras. Evangelizar no es proponer una doctrina elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra ideología o manera de entender la realidad.

Solo las obras que nacen de una actitud auténtica pueden iluminar. Lo que hay en mi interior solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor es luz. Si nos conformamos con una programación, nadie nos hará caso.

En el centro de ti mismo hay una hoguera, no necesitas que llegue del exterior. Toda la energía está ya dentro de ti. Si no ahogas la llama iluminará a todos. Lo más profundo de ti mismo es lo eterno. Eres una sola cosa con la Esencia universal que lo atraviesa todo. No Mieres hacia fuera, solo dentro de ti encontrarás la Última Realidad que te atraviesa.

Urteko 5. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 5,13-16)

BIZIARI GUSTUA EMAN – DAR SABOR A LA VIDA

Gaur egungo eta betiko Elizaren egiteko premiatsuenetako bat fedea gizakiengana «berri on» gisa iritsaraztea da.

Sarritan hartu ohi dugu ebanjelizazioa kasik irakaspen huts bezala. Ebanjelizatzea Jesu Kristoren doktrina ematea izango litzateke, dela artean, oraindik, ezagutzen ez dutenei, dela era eskasean ezagutzen dutenei.

Orduan kezka guztia erlijio-irakaspena segurtatzea izango litzateke, eta beste ideología eta irizpide-korronte batzuen kontra argitzea. Ondo eskolatutako gizon-emakumeen bila ibiliko ginateke, kristau-mezua ondo ezagutzen eta era egokian eskualdatuko luketenen bila, alegia. Gure ardura teknika berriak eta pastoraltza-antolaketa bilatzea izango litzateke.

Jakina, garrantzizkoa da hori guztia; izan ere, ebanjelizazioak Jesu Kristoren mezua iragartzea eskatzen du. Baina ez da hori gauza bakarra, erabakigarriena ere. Ebanjelizatzeak ez du esan nahi doktrina bat hitzez iragartzea bakarrik, baizik eta jendearen bizitzan agerian ipintzea Jesu Kristok, gertaera bezala eta pertsona bezala, bizi izan duen indar gizatiartzaile, askatzaile eta salbatzailea.

Ebanjelizazioa horrela harturik, garrantzizkoena ez da erlijio-propagandarako baliabide boteretsuak eta eraginkorrak eskura izatea, baizik eta Jesusen era askatzaileaz jokatzen jakitea.

Gauza erabakigarria ez da gizon eta emakume doktrinaz ondo eskolatuak izatea, baizik eta ebanjelioa bizi duten lekukoak ukaitea. Fededunak zeinen bizitzan ebanjelioak bere baitan duen indar gizatiartzaile eta salbatzailea ikusi ahalko den, hura konbentzimenduz eta erantzukizunez onartua denean.

Kristauok askotan nahastu izan dugu ebanjelizazioa «gure kristautasuna» sozialki onartua izateko desioarekin. Jesusen hitzek, «lurraren gatz» eta «munduaren argi» izatera deitzen gaituztelarik, galdera osoa larriak egitera behartzen gaituzte.

«Berri on» al gara kristauok norbaitentzat? Gure kristau-elkarteetan bizi ohi dena, fededunen artean nabari ohi dena, «berri on» al da gaur egungo jendearentzat?

Kristauok ipintzen al dugu gaur egungo gizartean bizitzari gustu apur bat emango dion zerbait, garbituko duen zerbait, saneatuko duen zerbait, usteldura espiritualetik eta egoismo basati eta solidaritate-gabeziatik askatuko duen zerbait? Bizi al dugu ziurtasun gabeko aldi hauetan jendea argituko duen zerbait, esperantza-apur bat eta salbazio bila dabiltzanei horizonte berri bat eskainiz?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,13-16)

DAR SABOR A LA VIDA

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión. Buscamos hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y lo transmitan de manera correcta. Tratamos de mejorar nuestras técnicas y organización pastoral.

Naturalmente, todo esto es importante, pues la evangelización implica anunciar el mensaje de Jesucristo. Pero no es esto lo único ni lo más decisivo. Evangelizar no significa solo anunciar verbalmente una doctrina, sino hacer presente en la vida de las gentes la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que se encierra en el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

Entendida así la evangelización, lo más importante no es contar con medios poderosos y eficaces de propaganda religiosa, sino saber actuar con el estilo liberador de Jesús.

Lo decisivo no es tener hombres y mujeres bien formados doctrinalmente, sino poder contar con testigos vivientes del evangelio. Creyentes en cuya vida se pueda ver la fuerza humanizadora y salvadora que encierra el evangelio cuando es acogido con convicción y de manera responsable.

Los cristianos hemos confundido muchas veces la evangelización con el deseo de que se acepte socialmente «nuestro cristianismo». Las palabras de Jesús llamándonos a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» nos obligan a hacernos preguntas muy graves.

¿Somos los creyentes una «buena noticia» para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es «buena noticia» para la gente de hoy?

¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?

José Antonio Pagola