SED FELICES – INMA EIBE

FE ADULTA

Mt 5,1-12

En los evangelios se nos describe el Reinado de Dios de muchas maneras. Casi siempre a través de parábolas sencillas, que eran ?y siguen siendo? comprensibles y cercanas. Todos entendemos qué es una semilla de mostaza que crece, un poco de levadura que hace que fermente una masa, un tesoro escondido en un campo o una perla preciosa que es descubierta de repente… Todo nos habla de algo pequeño, que pasa desapercibido en primera instancia, pero que está presente y que alberga en sí promesa de alegría, crecimiento y vida.

El Sermón de la Montaña es otro modo de describir este Reinado de Dios. Tanto Mateo como Lucas nos ofrecen una versión de este discurso, acercándonos lo que aprendieron de Jesús y trasmitiéndolo cada uno desde su contexto y con sus matices teológicos. Mateo (cuyo evangelio es el que hoy leemos) describe a Jesús proclamando estas palabras desde una montaña, lo que nos transporta a otro monte, el Sinaí, y a otro discurso, el de Moisés cuando presenta al pueblo de Israel las tablas de la Ley. De este modo, el evangelista nos muestra a Jesús como el nuevo Moisés, aquel que presenta y actualiza la voluntad de Dios, el deseo que Dios tiene para la humanidad, para sus hijas e hijos, y aquel que libera del yugo de toda esclavitud.

De boca de Jesús escuchamos continuamente “bienaventurados”, que es la traducción más habitual de ????????, un término que también podemos traducirlo por “felices”, “dichosos”, “afortunados”… Así Jesús desea que la gente que le escucha se sienta alegre y feliz ante circunstancias que, a priori, a nosotros nos resulta imposible reconocerlas como “afortunadas”. ¿Cómo ser feliz cuando se está llorando, se vive en pobreza o se es perseguido? ¿Cómo ser feliz al optar por la mansedumbre, la misericordia, la paz… por tener un corazón limpio, sin odio ni maldad cuando alrededor solo se experimenta violencia, abuso, injusticia…? ¡Qué locura es esta que pronuncia el Maestro!

Sin embargo, quienes le escuchaban en ese momento, que le habían buscado para ser curados o liberados por Él, experimentaban un gran gozo al oír esas palabras, porque sentían que estaban dirigidas a ellos. Con este modo de hablar, Jesús les repetía que ellos son los preferidos de Dios y que son amados por Él. Era a ellos a quienes llamaba “bienaventurados” y se sentían bendecidos y acogidos por Jesús, formando parte de su grupo. En sus oídos resonaría este mensaje como esperanza: ¡el Reino de Dios está irrumpiendo y vosotros sois parte de él!

No es que Jesús quiera que consideremos el sufrimiento, la pobreza o la persecución como realidades positivas. No es que tengamos que buscar de algún modo el sufrimiento o el dolor. Estos son males opuestos al querer de Dios y Jesús no los desea para nadie, pero alienta a enfrentarse a ellos como Él mismo lo hizo: con amor, con mansedumbre, paz y bondad. Son esas actitudes y no sus contrarias las que posibilitan el crecimiento del Reino de Dios, como la pequeña semilla de mostaza o la levadura en la masa.

Por eso este evangelio es para todos. Quizás nosotros no somos pobres o no estamos perseguidos, pero podemos escoger a lado de quiénes nos posicionamos y con qué actitudes vivimos. En estos momentos en los que parece que la violencia y la opresión alzan su voz a nivel mundial, que los poderes políticos y económicos muestran la cara más voraz de la avaricia, ¿cuál es nuestra postura?, ¿cuáles son nuestras opciones? Solo si compartimos verdaderamente la causa de quienes sufren, de quienes hoy lloran o son perseguidos, si experimentamos con fuerza hambre y sed de justicia, si optamos por la paz y la bondad en lo pequeño y concreto del día a día, estas palabras que hoy escuchamos nos llenarán de profunda alegría. Solo entonces podremos oír “sed felices” y, a pesar del dolor o el sufrimiento que experimentemos, nuestro corazón se llenará de un gozo y una paz que nada ni nadie nos podrá quitar.

DOMINGO 4º T.O. – Fray Marcos

(Mt 5,1-12)

A pesar de llorar, puedes ser feliz si no haces llorar a otros. No más allá sino aquí.

Después de sesenta años explicando las bienaventuranzas me he dado cuenta de que no tienen explicación posible. No van dirigidas a la racionalidad sino al ser, al corazón. ¿Te atreverías a decirle a uno que pasa hambre, ¡Enhorabuena! Que suerte tienes, da gracias a Dios por lo que te está pasando. Sería un sarcasmo cruel e inaceptable.

Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido aguanta, porque algún día se cambiarán las tornas y tú serás como el que ahora te oprime. La formulación arcaica, impide descubrir su sentido. Quieren decir que la verdadera humanidad no consiste en buscar el placer, sino en desplegarla al máximo.

Sobre las bienaventuranzas se han dicho las cosas más dispares. Para Gandhi eran la quintaesencia del evangelio. Para Nietzsche son una maldición ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística. El otro pretende comprenderlas desde la razón.

Mateo las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, un nuevo Moisés que promulga la “nueva Ley”.

No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Bastaría con una para romper los esquemas mentales de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas.

La inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que las tres primeras de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mateo las espiritualiza, no solo porque dice pobre de espíritu, y hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón, que nos saca de la materialidad.

Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico a costa de la pobreza de los demás. Es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores.

Si el ser pobre es motivo de dicha, por qué Jesús se empeñó en liberarlos de sus miserias. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas.

Por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. En ningún caso puede bendecirse la pobreza. Cualquier clase de pobreza causada por el hombre debe ser combatida como una lacra y la causada por los desastres naturales debe ser compartida y en lo posible paliada.

Las bienaventuranzas nos dicen que otro mundo es posible. No es justo que yo esté pensando en consumir más, mientras hay personas que mueren por no tener un puñado de arroz que comer. Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, no ponas el objetivo en consumir. Comprende que mientras menos necesites más rico eres.

Ni el pobre ni el rico se puede considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría uno sin el otro. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Si todos fuésemos igualmente pobres o igualmente ricos no había problema alguno.

Urteko 4. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 5,1-12a)

ENTZUN HURBILETIK ZORIONTASUNAK – ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS

Jesus mendira igo eta eseri da zoriontasunak aldarrikatzeko; jendetza dago inguru hartan, baina «ikasleak bakarrik hurbildu zaizkio» mezua hobeto entzuteko. Zer entzuten dugu gaur egun Jesusen ikasleok beragana hurbiltzen bagara?

Zoriontsuak «espirituz pobre» direnak, ezer gutxirekin bizitzen dakitenak, beti Jainkoaz fidatuz. Zoriontsua arimaz pobre den Eliza, arazo gutxiago izango baititu, arretatsuago erreparatuko baitie premian direnei eta askatasun handiagoz biziko baitu ebanjelioa. Halakoarena da Jainkoaren erreinua.

Zoriontsuak «jasankorrak», bihotz onbera eta errukitsu bizi direnak. Zoriontsua otzantasunaz betea den Eliza. Opari bat izango da indarkeriaz lepo den mundu honentzat. Halakoak jasoko du ondaretzat promes egindako lurra.

Zoriontsuak «negar dagitenak», zuzengabeki jasaten dituztelako sufrimendua eta bazterketa. Halakoekin kreatu ahalko da mundu hobeago eta duinago bat. Zoriontsua Jesusi leial izateagatik sufritzen duen Eliza. Egun batean kontsolatuko du Jainkoak.

Zoriontsuak «zuzentasunaren gose eta egarri direnak»; galdu ez dituztenak zuzenago izateko gogoa eta mundu duinago bat egiteko antsia. Zoriontsua Jainkoaren erreinua eta beronen zuzentasuna irrikatsu bilatzen dituen Eliza. Beragan arnastuko da giza espirituaren hatsik onena. Egun batean aserik agertuko da beraren guraria.

Zoriontsuak errukiak eraginda jokatzen duten, lan egiten eta bizi diren «errukitsuak». Halakoak dira lurrean zeruko Aitaren antzekoago direnak. Zoriontsua Jainkoak harrizko bihotza erauzi eta haragizko bihotza ezartzen dion Eliza. Beronek lortuko du errukia.

Zoriontsuak «bakearen bila ari direnak» pazientziaz eta fedez, guztien ona bilatuz. Zoriontsua munduan bakea eta ez liskarra, adiskidetasuna eta ez konfrontazioa ereiten duen Eliza. Bera izango da Jainkoaren seme edo alaba.

Zoriontsuak, «zuzentasunagatik pertsegituak izanik», otzan-otzan erantzuten dietenak zuzengabekeriari eta irainei. Halakoek laguntzen digute gaizkiari ongiaz irabazten. Zoriontsua Jesusi jarraitzeagatik pertsegitua den Eliza. Berarena da Jainkoaren erreinua.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,1-12a)

ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS

Cuando Jesús sube a la montaña y se sienta para anunciar las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel entorno, pero solo «los discípulos se acercan» a él para escuchar mejor su mensaje. ¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a él?

Dichosos «los pobres de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas, estará más atenta a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De ella es el reino de Dios.

Dichosos «los sufridos», los que viven con corazón benévolo y clemente. Dichosa una Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de violencia. Ella heredará la tierra prometida.

Dichosos «los que lloran», porque padecen injustamente sufrimientos y marginación. Con ellos se puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre por ser fiel a Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosos «los que tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que busca con pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano. Un día su anhelo será saciado.

Dichosos «los misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión. Son los que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne. Ella alcanzará misericordia.

Dichosos «los que trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos. Dichosa la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no enfrentamiento. Ella será «hija de Dios».

Dichosos los que, «perseguidos a causa de la justicia», responden con mansedumbre a las injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el reino de Dios.

José Antonio Pagola

4º Domingo T.O – Koinonía

Sofonías 2,3;3,12-13

Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde

Buscad al Señor los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor. «Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

Salmo responsorial: 145

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, / él hace justicia a los oprimidos, / él da pan a los hambrientos. / El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos, / el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

1Corintios 1,26-31

Dios ha escogido lo débil del mundo

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así -como dice la Escritura- «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Mateo 5,1-12a

Dichosos los pobres en el espíritu

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

COMENTARIO BÍBLICO:

El “Sermón de la Montaña” es uno de los sermones más famosos y recordados de Jesús. Aquí nos detenemos en su introducción, más conocida como “Las Bienaventuranzas”, pues el sermón es mucho más largo, va hasta 7,29 donde concluye diciendo que la gente quedó asombrada de su doctrina “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.

¿Por qué puede causar asombro esta enseñanza de Jesús? Veamos de cerca las Bienaventuranzas e intentemos una respuesta.

  1. “…de ellos es el reino de los cielos”

El reino de Dios (“de los cielos” es el ya conocido circunloquio para evitar “pronunciar el nombre de Dios en vano”) es de los pobres en espíritu y de los perseguidos por causa de la justicia. Quienes no ponen su fe, su confianza y su esperanza en los bienes materiales pero que a la vez son perseguidos porque luchan por la justicia. Ambas condiciones indispensables para que Dios reine. La primera condición es renunciar a la riqueza y a la ambición de riqueza. Esta condición es la puerta de entrada al reino de Dios, pues elimina la raíz de la injusticia, de la acumulación, del éxito individual, de la insolidaridad y del dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza. La segunda condición favorece la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos capaces de hacerles más sencillos y más felices, pero a la vez, suficiente motivo de persecución por parte de quienes se sienten amenazados por tal transformación.

  1. “…poseerán en herencia la tierra, serán consolados, serán saciados”

Tres promesas de Dios para pasar de una situación negativa a otra positiva: de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo, de la injusticia a la justicia. El reino de Dios abre un horizonte de vida y de esperanza para la humanidad pobre y oprimida. Enciende una luz en medio de la oscuridad. Insiste en la posibilidad de una vida digna y agradable a ser alcanzada por quienes no disfrutan hoy de ella. Vale la pena, en medio de las adversidades, atreverse a soñar en “otro mundo posible”. Salir de la opresión es posible. Salir del sometimiento es posible. Alcanzar la justicia anhelada es posible. Abrir este horizonte de posibilidades, constituye una buena nueva cuando precisamente todo horizonte para la justicia ha sido cerrado. Ver una alternativa de vida digna para todas y para todos, abre caminos de superación y de lucha.

  1. “…los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz”

Son las actitudes y los objetivos los que mueven el trabajo para hacer realidad una nueva humanidad. Son los rasgos propios de la comunidad de seguidoras y seguidores de Jesús. Sólo que estas actitudes y rasgos vienen como consecuencia de haber renunciado a la riqueza y a la ambición de riqueza, y de poner toda a la vida en el trabajo por la justicia. Al mismo tiempo son los rasgos de la humanidad nueva que tanto anhelamos y que ya podemos ver en las personas y las comunidades que se esfuerzan por ser misericordiosas, por tener limpios los corazones y por buscar incansablemente la paz. Este es el principal programa de vida de la comunidad de los discípulos: contribuir con la creación de un mundo justo, solidario y feliz. Quienes viven la misericordia, experimentan la misericordia de Dios. Quienes alcanzan la limpieza del corazón ya tienen a Dios en sus vidas. Quienes trabajan por la paz experimentan a Dios como Madre y como Padre. Esta manera de ser, de sentir y de actuar es condición necesaria para testimoniar.

  1. “…de la misma manera persiguieron a los profetas”

La comunidad cristiana que asume el estilo de vida que propone las bienaventuranzas choca con la sociedad, que vive otro estilo de vida. La comunidad discipular a la que se refiere las bienaventuranzas se convierte en molestia y amenaza para la sociedad. Su testimonio de vida, sus actividades, su espiritualidad mina los cimientos en donde la sociedad injusta se edifica. No son de extrañar entonces las injurias, las persecuciones, las calumnias que buscan debilitar, confundir y destruir a la comunidad fiel. En medio de las hostilidades la comunidad está llamada a resistir, a vencer la angustia y la desesperanza. La alegría y el regocijo en Dios será la fuente del coraje, de la resistencia y de la esperanza. Es el testimonio de los profetas presente en las comunidades que viven intensamente el discipulado.

“…bienaventuradas, bienaventurados”¿A qué “bienaventuranzas” se oponen estas bienaventuranzas? ¿Por qué esta insistencia de Jesús en afirmar las bienaventuranzas? Frente a la bienaventuranza (o más bien el “éxito”) que promete la sociedad injusta e insolidaria, Jesús proclama ocho veces en dónde se encuentra y cuáles son las bienaventuranzas del reino de Dios. La verdadera felicidad se encuentra en una sociedad justa, misericordiosa, pacífica. La sociedad injusta ofrece felicidad en el egoísmo, el éxito personal, la acumulación. El reino de Dios ofrece felicidad en el amor, en la sinceridad, en la sencillez. La sociedad injusta a costa de la infelicidad de la mayoría, crea la felicidad de la minoría. La propuesta de Jesús en el sermón de la montaña es la de eliminar toda opresión y toda injusticia procurando la felicidad y la vida en abundancia para todas y para todos.

 La misma lógica propuesta por Mateo, es la que recuerda Pablo a la comunidad de Corinto, donde la fuerza de Dios se concreta en personas que no son fuertes ni sabias en la consideración de la opinión común pero que saben concretar la presencia de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, para que el “que está orgulloso, esté orgulloso en el Señor”.

El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, pero puede utilizarse el episodio 28, «Dios está de nuestra parte». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/28-dios-esta-de-nuestra-parte/ Puede ser escuchado aquí en esa misma página.

Las entrevistas 25, 26 y 27 de la serie «Otro Dios es posible», de los mismos hnos. López Vigil, están relacionadas con las Bienaventuranzas y pueden servir para un debate-catequesis, en: http://emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=100

 

COMIENZO DE LA ACTIVIDAD DE JESÚS-José Luis Sicre

Domingo 3º Tiempo Ordinario. Ciclo A

En los dos domingos anteriores estuvimos junto al río Jordán, recordando el bautismo de Jesús y el testimonio que ofreció de él Juan Bautista. La liturgia da ahora un salto notable. Omite las tentaciones de Jesús (que se leerán el primer domingo de Cuaresma) y nos sitúa en un momento posterior, cuando Herodes, molesto por la predicación de Juan, decide meterlo en la cárcel. Lo que ocurre a continuación lo cuenta el evangelio de Mateo en tres pasajes breves: actividad inicial de Jesús, vocación de los cuatro primeros discípulos, y resumen de la actividad en Galilea. La liturgia permite limitarse al primero, eligiendo la forma breve del evangelio. Dada su importancia, quizá sea lo más aconsejable. Pero añadiré algo sobre los otros dos pasajes.

  1. La actividad inicial de Jesús (Mt 4,12-17)

Un comienzo desconcertante. Lo primero que hace Jesús es huir; lo segundo, actuar en la región más olvidada; lo tercero, repetir al pie de la letra la predicación de Juan Bautista. Pero todo esto encierra un misterio que Mt nos ayuda a desentrañar.

Momento de actividad

Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase a Jesús igual que nos habla a nosotros, a través de los acontecimientos. Y el gran acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Pero hay una diferencia muy sutil entre lo que cuentan Marcos y Mateo. Según Marcos, en cuanto encarcelan a Juan comienza Jesús a predicar. Según Mateo, lo primero que hace Jesús es retirarse a Nazaret. Desde un punto de vista histórico y psicológico parece una interpretación más adecuada, que abre paso también a una visión más humana de Jesús, como si se tomase un tiempo de reflexión y decisión.

Lugar de actividad

La elección del lugar de actividad es sorprendente. Jesús se dirige a una región sin importancia en la historia judía, incluso conocida con el despreciativo nombre de «Galilea de los paganos». «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comen­taba un rabino orgulloso. El evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

Dentro de Galilea no escoge Séforis, la capital, ni Tiberias, recién construida a la orilla del lago, sino Cafarnaúm, ciudad de pescadores, campesinos y comerciantes, lugar de paso, que le permite el contacto con gran variedad de gente y un fácil acceso a los pueblecitos cercanos.

Sin embargo, Mateo ve las cosas de forma distinta que el historiador moderno. La elección de Galilea le recuerda una profecía de Isaías, en la que se habla de las terribles desgracias sufridas por esa región durante la invasión asiria del siglo VIII a.C. y se le anuncia la salvación para el futuro (tema de la 1ª lectura).

Para Mateo, lo esencial es que Jesús no va a dirigirse a la gente importante, a los que pueden cambiar el mundo, sino a «los que habitan en tinieblas», «los que habitaban en tierra y sombra de muerte». La gente más despreciada y olvidada (campesinos y pescadores) será el primer auditorio de Jesús. Para ellos se convierte en una «gran luz».

El mensaje inicial

Mateo lo sintetiza en dos cuestiones: conversión e inminencia del reinado de Dios. «Convertíos, que el reinado de Dios está cerca».

La conversión abarca dos aspectos: vuelta a Dios (como el hijo pródigo vuelve a su padre) y el consiguiente cambio de forma de vida, actuando como Dios quiere.

La inminencia del reinado de Dios puede provocar bastante desconcierto, sobre todo si la relacionamos con el fin del mundo. Para comprender lo que dice Jesús hay que partir de la experiencia histórica. Desde el siglo VI a.C. el pueblo judío estuvo sometido a potencias extranjeras (Babilonia, Persia, Grecia, Egip­to, Siria). La opresión cada vez resultó más dura, y fue despertando el anhelo de que Dios reinase en el mundo para acabar con toda esa serie de arbitrariedades e injusticias que lo dominaban. Surge así la idea del reinado de Dios (o «de los cielos», para evitar pronunciar el nombre divino). Algunos grupos lo entienden de forma simbólica: Dios reina a través de las autoridades religiosas judías. Otros lo interpretan en sentido estricto, como auténtica veni­da de Dios para establecer un mundo nuevo y definitivo. Estos grupos apocalípticos estaban convencidos de que esa venida de Dios, el fin del mundo presente, era inminente.

Es comprensible el éxito que encuentra este mensaje entre los contemporáneos: a gente pobre, sencilla, opri­mida por los romanos y sus colaboradores, anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. ¿Es eso lo que piensa y promete Jesús? Mateo despejará las dudas muy pronto, en el Sermón del Monte, que leeremos los próximos domingos.

Nuestra respuesta

Este breve pasaje nos obliga a interrogarnos sobre nuestra propia vida. ¿Seria la misma si Jesús no hubiera comenzado a actuar y proclamar su mensaje? ¿Somos conscientes de que nosotros, como los habitantes de Galilea, estábamos sumergidos en la tiniebla y hemos visto una gran luz? ¿Nos dejamos interpelar por la llamada de Jesús a volver a Dios y a cambiar nuestra forma de vida?

  1. Los primeros discípulos (Mt 4,18-22)

Este breve pasaje, aparentemente tan fácil de entender, está plagado de misterios cuando se piensa en los principales protagonistas.

Empezando por Jesús, ¿quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.

Si misteriosa resulta la conducta de Jesús, también lo es la de los cuatro llamados. ¿Qué los mueve a dejarlo todo, incluso al padre, y seguir a Jesús sin conocerlo previamente? Aquí hay dos cuestiones distintas: el conocimiento previo y el seguimiento radical.

Que ya conocían a Jesús lo dan por seguro algunos aludiendo al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús entró en contacto con ellos cuando el bautismo (Jn 1,35-51). O afirmando que el verdadero orden de los acontecimientos es el que se ha conservado en el evangelio de Lucas (4,31-5,11): después de curar a un hombre con espíritu inmundo, a la suegra de Pedro, después de otras muchas curaciones y expulsiones de demonios, cuando Jesús es ya de sobras conocido, es cuando llama a los cuatro primeros discípulos y estos lo siguen.

Pero este conocimiento previo no resuelve el problema del seguimiento radical, renunciando a todo. ¿Qué les movió a ello? Marcos no lo dice en este momento. Más adelante indicará que Santiago y Juan lo hicieron, al menos en parte, por ambición política: estaban convencidos de que Jesús llegaría a reinar en Jerusalén y ellos pretendían los dos primeros puestos en su corte (Mc 10,35-37). También Simón, al confesar a Jesús como Mesías, rechazando el sufrimiento y la muerte, demuestra una preocupación política. Cosa que deja muy clara Lucas cuando habla de los discípulos de Emaús y en el último diálogo antes de la ascensión: concebían a Jesús como quien había de liberar a Israel (Lc 24,21) e instaurar su soberanía (Hch 1,6). Sin embargo, la explicación anterior, aunque sea válida, supone adelantar datos. En este momento nos quedamos sin saber qué movió a los cuatro a seguir a Jesús.

Lo que no admite duda es que lo siguieron. Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: creen en la buena noticia del Reinado de Dios, lo siguen y cambian radicalmente de vida.

Y esto debía de provocar en los primeros lectores del evangelio un profundo asombro ante el poder de atracción de Jesús y la disponibilidad absoluta de los discípulos. Algo en lo que se verían reflejados, porque también ellos y ellas habían sentido la llamada de Jesús y, a pesar de todas las dificultades y críticas, lo habían seguido.

  1. Resumen (Mt 4,23)

La frase final, tan breve, puede pasar desapercibida. Pero supone un complemento esencial a lo dicho en el punto 1. Allí, la actividad de Jesús se centra en la enseñanza. Aquí, la enseñanza va acompañada de la acción: recorre, enseña, proclama, cura. Curar enfermedades y dolencias ocupa gran parte del tiempo de Jesús. Hace dos domingos, Pedro resumía todo con las palabras: «pasó haciendo el bien». Pero hay en este resumen algo que generalmente no valoramos: Recorría toda Galilea. Supone esfuerzo, sacrificio, pasar de 38º en el lago a pueblecillos nevados en invierno.

José Luis Sicre

DE LAS SOMBRAS DE MUERTE A LA LUZ

Enrique Martínez Lozano

Domingo III del Tiempo Ordinario

25 de enero

Mt 4, 12-17

Oscuridad es sinónimo de confusión y, en último término, de “muerte”: lo experimentamos cuando nos vemos perdidos, sin referencias, apenas impulsados por rutinas o automatismos vacíos de sentido. En tal estado, nos reducimos a “ir tirando”, persiguiendo el bienestar que se halla a nuestro alcance y tratando de minorizar el malestar que se presenta.

Y, sin embargo, por más que hayamos hecho de este modo nuestro estilo de vida, por más que hayamos permanecido sordos a la voz que clama en nuestro interior o incluso nos hayamos blindado frente a ella, nadie puede negar la presencia en sí mismo de un Anhelo de luz, capaz de iluminar, ordenar y guiar el camino que conduce a la unificación y la armonía.

Tal camino -de las sombras a la luz- no es otro que el del autoconocimiento y la autoaceptación, que permite familiarizarnos con toda nuestra verdad y hacer las paces con ella. En la medida en que nos decidimos a recorrerlo, se nos hace patente que la luz habita ya en nosotros, por más que nunca hubiéramos reparado en ella. Para percibirla, necesitamos ir acallando la mente y, gracias al silencio de tantas voces que han solido ocupar todo nuestro campo de consciencia, acceder a ese lugar de paz, siempre disponible, que es también el lugar de la luz y la fuente de una vida unificada, integrada, armoniosa y desplegada hacia los demás.

Enrique Martínez Lozano

DOMINGO 3º T-O. (A) – Fray Marcos

Siempre debo estar cambiando de mente. El Reino es una tensión mantenida.

Mateo deja claro que Jesús comienza su actividad lejos del templo, de las autoridades religiosas, desligado de toda conexión con la institución. Pero también deja claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan: arrepentíos, está cerca el Reino.

Arrepentíos. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás de rumbo. Al traducirlo por arrepentirse, suponemos que la actitud anterior era pecaminosa. Y entonces solo se tiene que convertir el “pecador”.

Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad. Convertirse es rectificar el camino que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en esa dirección. Muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. El mayor peligro es estar convencido de que no tengo nada que rectificar.

Está cerca el Reino. Para ver la dificultad basta recordar algún texto evangélico: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros; mi Reino no es de este mundo. No debemos traducirlo por ‘está’, el Reino no es una realidad estática sino dinámica. La Vulgata lo traduce por “appropinquavit” que significa acercarse. El verbo “hggizw” significa estar cerca y acercarse. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía ano.

Reino de los Cielos. Los demás evangelis­tas (también alguna vez Mateo) hablan de «el Reino de Dios». Decían ‘de los cielos’, para evitar el nombre ‘Dios’. En el NT, fuera de los evangelios, se habla del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es el dueño, olvidando que Jesús nunca se predicó a sí mismo.

Es imposible definir lo que es el Reino de Dios porque no es nada concreto. En el evangelio nunca se define, aunque fue el núcleo de la predicación de Jesús. Si no reina el amor no reina Dios. Jesús fue la más fiel manifestación del Reino que es Dios.

La palabra griega “basileia” se puede referir al poder que un rey tiene (reinado). Puede significar el territorio o puede significar el conjunto de los súbditos (reino). Ninguno expresa lo que Dios es. Porque no hay ningún rey, menos todopoderoso. Porque Dios nunca hace o deshace. Porque Dios no tiene súbditos a quienes gobernar.

Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso que desde su trono en el cielo gobierna el universo. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, reina la oscuridad o reina el amor, no pensamos en entes que dominan alguna parte de la realidad sino en un ámbito, en el que se desarrolla algo.

Reinado de Dios, quiere decir que el ser humano desarrolla lo que tiene de divino. Significa que ha tomado conciencia de lo divino presente en él. Es la atmósfera en que la relación humana consigo, con los demás y con las cosas se despliegan en total armonía

Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí y actuar en consecuencia. Hoy está clara esta dinámica. El Reino lo manifiesta el que cura, no en el curado. Es Jesús al curar quien hace presente a Dios, no el ciego cuando es curado.

El Reinado de Dios, significa la radical fidelidad de Dios al hombre. La realidad primera de ese Reino la constituye Dios no nosotros. No es una realidad que hace referencia al hombre, sino a Dios. Esto sí que es una “buena noticia”, la mejor que podrían darnos.

El hombre, para ser fiel a Dios no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo es descubrir lo que Dios es en él. En cuanto pone su fin fuera de Dios, el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo. Solo si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios.

Urteko 3. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 4,12-23)

KRISIALDI ERLIJIOSOAN GALDURIK – PERDIDOS EN LA CRISIS RELIGIOSA

Krisialdi erlijiosoan bizi gara. Ematen du, fedea itorik-edo ari dela gelditzen jende ez gutxiren kontzientzian, kultura modernoak eta gaur egungo gizakiaren bizierak hertsatua den jendearen baitan. Baina, aldi berean, erraza da nabaritzea berriro ari dela iratzartzen jende ez gutxirengan zentzuaren bila ibili beharra, biziera desberdin baten guraria, Jainko Adiskide baten premia.

Egia da, zabaldu egin dela gure artean eszeptizismo orokortu bat egitasmo handien eta hitz handien aurrean. Jadanik. ez dute oihartzunik «salbazioa» edo «erospena eskaintzen duten diskurtso erlijiosoek. Murriztu egin da, kasik erabat galtzeraino, esperantza bera ere: gizadiari emandako Berri Onaren zatiren batean benetan entzun ere egin daitekeen duda nagusitu da.

Aldi berean hazten ari da ez gutxirengan ustea ezen galdu egin dugula zuzeneko norabidea. Zerbait hondoratzen ari da gure hankapean. Helmugarik eta erreferentzia-punturik gabe geratzen ari gara. Konturatzen gara askatu ditzakegula «problema» batzuk, baina gero eta gaitasun txikiagoa dugula biziaren «problema» askatzeko. Ez al gaude, ordea, inoiz baino gehiago salbazioaren premian?

Halaber, «zatidura» aldiak bizi ditugu. Bizitza atomizatu egin da. Nor bere txokoan bizi da. Oso urruti gelditu da humanismo hura, egia eta orokortasunaren zentzua bilatzen zuen hura. Gaur egun ez zaio entzuten biziaz zerbait dakienari, baizik eta existentziaren puska batez asko dakien baina existentziaren zentzuaz guztiz ezjakin den adituari entzuten zaio.

Aldi berean, pertsona ez gutxi ondoezik sentitzen hasia da datuz, informazioz eta zifrez zurrunbilotsu bizi den mundu honetan. Ezin saihestu ditugu gizakiaren beti-betiko galderak. Nondik gatoz? Norantz goaz? Ez ote da modurik biziaren azken zentzua aurkitzeko?

Halaber, pragmatismo zientifikoaren aldiak dira gaurkoak. Gizaki modernoak erabaki du (ez dakigu zergatik) zientziaz egiaztatu daitekeena bakarrik existitzen dela. Ez dago beste ezer. Zientziak atxikitzen ez duena, besterik gabe, ez da existitzen. Jakina, sinplea bezain zientifikotasun eskasekoa den planteamendu honetan, Jainkoak ez du lekurik, eta ez-aurrerakoien mundu zaharkitura zokoratzen da fede erlijiosoa.

Halaz guztiz, asko ari dira jabetzen ezen planteamendu hau hanka motz gelditzen dela; ez dio, bada, errealitateari erantzuten. Bizia ez da «mekano edo jostailu handi bat»; gizakia ere ez da zientziak atzeman dezakeen mundu bateko «puska» bat. Alde guztietan sumatzen da misterioa: gizakiaren barnean, kosmosaren egundokotasunean, gizadiaren historian.

Horregatik sortzen da berriro susmoa: ez ote dira hain justu zientziak ezkutatu nahi dituen «arazo horiek» biziari zentzua ematen diotenak? Ez ote da oker handia existentziaren misterioari eman beharreko erantzuna ahaztea? Ez ote da tragedia bat Jainkoa hain xalo bazter uztea? Bitartean bizirik jarraitzen dute Jesusen hitz hauek: «Bihotz-berri zaitezte, hurbil da-eta Jainkoaren erreinua».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

por Coordinador – Mario González Jurado

PERDIDOS EN LA CRISIS RELIGIOSA

Vivimos tiempos de crisis religiosa. Parece que la fe va quedando como ahogada en la conciencia de no pocas personas, reprimida por la cultura moderna y por el estilo de vida del hombre de hoy. Pero, al mismo tiempo, es fácil observar que de nuevo se despierta en no pocos la búsqueda de sentido, el anhelo de una vida diferente, la necesidad de un Dios Amigo.

Es cierto que se ha extendido entre nosotros un escepticismo generalizado ante los grandes proyectos y las grandes palabras. Ya no tienen eco los discursos religiosos que ofrecen «salvación» o «redención». Ha disminuido, hasta casi desaparecer, la esperanza misma de que pueda realmente oírse en alguna parte una Buena Noticia para la humanidad.

Al mismo tiempo crece en no pocos la sensación de que hemos perdido la dirección acertada. Algo se hunde bajo nuestros pies. Nos estamos quedando sin metas ni puntos de referencia. Nos damos cuenta de que podemos solucionar «problemas», pero que somos cada vez menos capaces de resolver «el problema» de la vida. ¿No estamos más necesitados que nunca de salvación?

Vivimos también tiempos de «fragmentación». La vida se ha atomizado. Cada uno vive en su compartimento. Queda muy lejos aquel humanismo que buscaba la verdad y el sentido de totalidad. Hoy no se escucha a quien sabe de la vida, sino al especialista que sabe mucho de una parcela, pero lo ignora todo sobre el sentido de la existencia.

Al mismo tiempo, no pocas personas comienzan a sentirse mal en este mundo vertiginoso de datos, informaciones y cifras. No podemos evitar los interrogantes eternos del ser humano. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿No hay dónde encontrar un sentido último a la vida?

Son también tiempos de pragmatismo científico. El hombre moderno ha decidido (no se sabe por qué) que solo existe lo que puede comprobar la ciencia. No hay más. Lo que a ella se le escapa, sencillamente no existe. Naturalmente, en este planteamiento tan simple como poco científico, Dios no tiene cabida, y la fe religiosa queda relegada al mundo desfasado de los no progresistas.

Sin embargo, son muchos los que van tomando conciencia de que este planteamiento se queda muy corto, pues no responde a la realidad. La vida no es un «gran mecano», ni el hombre solo «una pieza» de un mundo que pueda ser desentrañado por la ciencia. Por todas partes se presiente el misterio: en el interior del ser humano, en la inmensidad del cosmos, en la historia de la humanidad.

Por eso surge de nuevo la sospecha: ¿no serán justamente las «cuestiones» sobre las que la ciencia guarda silencio las que constituyen el sentido de la vida? ¿No será un grave error olvidar la respuesta al misterio de la existencia? ¿No es una tragedia prescindir tan ingenuamente de Dios? Mientras tanto siguen ahí las palabras de Jesús: «Convertíos, porque está cerca el reino de Dios».

José Antonio Pagola

DOMINGO 3º T.O. – KOINONÍA

Isaías 49,3.5-6

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo responsorial: 39

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; / él se inclinó y escuchó mi grito; / me puso en la boca un cántico nuevo, / un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.

Como está escrito en mi libro: / «Para hacer tu voluntad.» / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios: / Señor, tú lo sabes. R.

1Corintios 1,1-3

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

Juan 1,29-34

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

-Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

-Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

-El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

-No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

-Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

-El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

-En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.

Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 11, «Hacia la Galilea de los gentiles», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/11-hacia-la-galilea-de-los-gentiles/  También puede ser escuchado ahí. El capítulo 14 también puede servir: el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/14-los-cinco-primeros/ Y ahí mismo puede ser también escuchado.

 “EXISTÍA ANTES QUE YO” – 18 de enero- Fidel Aizpurúa

Muchos textos de los evangelios se nos hacen difíciles porque derivan de la antigua espiritualidad judía que resulta lejana a nuestra cultura. Pero con un poquito de paciencia podremos sacarles partido para alimentar nuestra vida cristiana.

En la escena del bautismo de Jesús, que seguimos leyendo, se pone en boca de Juan el Bautista esta expresión: “Tras de mí viene un hombre que está delante de mí porque EXISTÍA ANTES QUE YO”. ¿Qué quiere decir esto? ¿Se refiere a lo que la teología llama la preexistencia del Verbo, eso de que Jesús estaba en el cielo y luego descendió a la tierra? El evangelio no suele preocuparse de estas verdades dogmáticas tan posteriormente elaboradas.

Proponemos otra traducción: “Detrás de mí llega un varón que se pone delante de mí, porque ESTABA PRIMERO QUE YO“. Eso alude la ley judía del levirato por la que se establece un mecanismo de amparo para la mujer viuda y sola. Jesús ha sido el gran amparador, el que se ha llevado a casa a la esposa sola que somos nosotros en nuestra debilidad. Jesús se bautiza para ampararnos en nuestra debilidad.

¿Cómo vivir una fe cristiana con una mentalidad amparadora? ¿Cómo ver que si no amparamos al débil no podemos ser seguidores/as de Jesús? Tres posibles caminos:

  • Escucha:porque la soledad escuchada es menos soledad y escuchar es una forma privilegiada de amar. Que tu escucha sea atenta, “amante”, como decía el recordado papa Francisco.
  • Consuela:derrama sosiego sobre un corazón turbado, derrama paz. No se trata del falso consuelo de las palabras vacías, sino del consuelo por el que uno se pone decididamente al lado de quien sufre.
  • Hazte cargo:implícate un poco, porque amparar sin implicarse es dejar las cosas vacías. Cree con firmeza que las situaciones de quien sufre te atañen también a ti.

La prensa nos sorprende, a veces, con noticias que nos sobrecogen como la de ese anciano de Valencia que fue hallado muerto después de quince años. ¡Qué abismo de soledad! Vivir solo, morir solo, estar solo año tras año. No solo habríamos de conmovernos, sino que tendríamos que animarnos a olfatear las situaciones de soledad de los más débiles y hacer algo porque sea menos gravosa tal soledad. La lucha contra la soledad es acompañar como Jesús nos acompaña.

El papa León XIV lanzaba un grito en sus primeros días de pontificado: “Demasiadas discordias, demasiadas heridas causadas por el odio, el miedo, los prejuicios, la indiferencia con los pobres y la violencia contra la tierra. Y, sin embargo, nosotros queremos ser una levadura de fraternidad, de comunión, de amparo”. Tenemos una hermosa tarea para este año recién comenzado. Ánimo para todos.

Fidel Aizpurúa Donazar

DOMINGO 2º (A) – Fray Marcos

(Jn 1,29-34)

Jesús nos libró de toda opresión. No dejándose oprimir ni oprimiendo a nadie.

Todo lo que nos dice Juan del Bautista es sorprendente e indica una relación especial de esa comunidad con él. Seguramente había en aquella comunidad seguidores del Bautista. Juan pone en labios del Bautista la cristología de su comunidad como base y fundamento de la comprensión de Jesús que va a desplegar en su evangelio.

Juan quiere aclarar que no hay rivalidad entre Jesús y el Bautista. Para ello nos presenta un Bautista totalmente integrado al plan de salvación de Dios. Su tarea es la de  preparar el camino al Mesías. Juan no narra el bautismo en sí, va directamente al grano y nos habla del Espíritu, que es lo importante en todos los relatos del bautismo.

«El cordero de Dios». Juan propone a Jesús preexistente, portador del Espíritu e Hijo de Dios.  No se puede decir más. Está claro que se está reflejando aquí setenta años de evolución cristología en la comunidad. Es una pena que después, hayamos interpretado tan mal el intento de comunicarnos esa profunda experiencia.

Es difícil precisar lo que “cordero” significaba para aquella comunidad. Podían entenderlo en sentido apocalíptico: un cordero victorioso que aniquilará definitivamente el mal (la bestia). Este concepto encajaría con las ideas del Bautista; pero no con las de Jesús.

Podían entenderlo como el Siervo doliente. Juan interpretó la figura del Siervo, aplicada al Jesús, pero nunca con sentido expiatorio. Sería el cordero pascual, que era signo de la liberación de Egipto, pero sin connotación sacrificial. Cristo nos libera de la esclavitud.

que quita el pecado del mundo”. En el evangelio de Juan, pecado es la opresión de un hombre sobre otro. Así se entiende la actitud de Jesús con los pecadores. Cuando dice: tus pecados están perdonados, nos dice que no hay nada que perdonar. Jesús quita el pecado del mundo no muriendo sino viviendo el servicio incondicional a todos.

La palabra más usada en la Biblia para indicar “pecado” significa errar el blanco. No se trata de mala voluntad como lo entendemos hoy. En el evangelio de Juan, “pecado del mundo” tiene un significado muy preciso. Se trata de la opresión que un ser humano ejerce sobre otro. El pecado es siempre colectivo. Si hay pecado hay opresor y víctima.

El modo de “quitar” este pecado, no es una muerte expiatoria. Esta manera de entender la salvación de Jesús es consecuencia de una idea arcaica de Dios. Estamos ante la idea de un dios externo, soberano, justiciero y tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba de Jesús. El “pecado del mundo” no tiene que ser expiado, sino eliminado.

Jesús salvó al ser humano, suprimiendo de su propia vida toda opresión que impida el proyecto de creación definitiva del hombre. Jesús nos salvó, ayudando a todos los oprimidos a salir de su opresión. Un mandamiento, el amor. Un pecado la opresión.

No tenemos que oprimir a nadie de ningún modo. No tengo que dejarme oprimir. Tengo que ayudar a todos a salir de cualquier clase de opresión. Tengo que seguir suprimiendo el pecado del mundo. Si no estay dispuesto, no solo a no oprimir sino a liberar al oprimido, es que no me he enterado del mensaje.

En el mundo en que vivimos, si no explotas te explotan; si no estás por encima de los demás, los demás ten pisotearán. Esta postura obedece al puro instinto y no te lleva a la plenitud. Debo descubrir que sufrir la injusticia es más humano que cometerla.

Es el oprimir al otro, no que intenten oprimirme, lo que me destroza como ser humano. Jesús prefirió que le mataran antes de imponerse a los demás. Esta es la clave que no queremos descubrir, porque nos obligaría a cambiar nuestras actitudes para con los demás. Cuando me impongo a los demás no soy más sino menos.