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El Papa convierte el muelle canario en un lugar de memoria, escucha y diálogo con las personas migrantes y quienes acompañan la acogida: “La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”
El papa León XIV caminó lentamente hacia el borde del muelle de Arguineguín. El mismo lugar donde miles de personas han tocado tierra después de sobrevivir al Atlántico y donde tantas otras nunca pudieron llegar. Allí le esperaban dos jóvenes con un ramo de flores. Dos jóvenes migrantes que conocen el significado profundo de esa orilla.
El Papa recibió las flores, permaneció unos instantes en silencio, rezó y las lanzó al mar. No hubo palabras. Tampoco hicieron falta. A su alrededor, muchas personas permanecían de pie. Algunas lloraban. León XIV rezaba mirando el océano, ese mismo mar que durante años ha sido camino de esperanza y también tumba sin nombre para miles de personas… Leer más (Abraham Canales)