Cristianisme i Justícia
Cuando hablamos de pobreza, todavía es habitual imaginarla como el resultado de una suma de decisiones individuales. Hay personas que han estudiado y otras que no; personas que se han esforzado y otras que no lo han hecho lo suficiente; personas previsoras y personas que han tomado malas decisiones. Esta forma de explicar las cosas puede contener una parte de verdad, pero es profundamente insuficiente. Sobre todo, porque deja fuera la pregunta más importante: ¿qué oportunidades reales ha tenido cada persona?
La exhortación apostólica Dilexi te, del papa León XIV, lo formula con una claridad poco habitual: «Los pobres no están ahí por casualidad o por un destino ciego y amargo» (n. 14). Menos aún, añade, puede afirmarse que la pobreza sea, en la mayor parte de los casos, una elección. El documento denuncia una falsa visión de la meritocracia, que atribuye todo el éxito a los méritos personales y todo el fracaso a la falta de esfuerzo. Según esta visión, las desigualdades dejan de ser un problema colectivo y se convierten en un juicio moral sobre las personas que las padecen.
Estas intuiciones y preocupaciones no son ajenas —más bien al contrario, diría yo— a los trabajos de algunos de los economistas académicos más relevantes del panorama actual, y en este artículo quisiera mencionar algunos de ellos… Leer más (Ramon Xifré Oliva)