REFLEXIÓN y liberación
Su primer gesto es compartir su destino. La vida humilde e itinerante de Jesús y sus discípulos, sin provisiones ni ropa de repuesto, no es austeridad. Es su manera de compartir la indefensión, la vulnerabilidad y los riesgos que sufren tantos desafortunados. Jesús vive entre los pobres, conoce su hambre y sus lágrimas.
Las diversas tradiciones evangélicas apuntan en la misma dirección: la actividad profética de Jesús se pone en marcha, motiva y dirige por la misericordia de Dios. Su pasión por Dios se traduce en compasión por la humanidad. Es la misericordia de Dios la que atrae a Jesús hacia los más desfavorecidos: las víctimas, los que sufren, los maltratados por la vida o las injusticias de los poderosos, los pecadores y los marginados, los despreciados por todos. El Dios de la ley y el orden, el Dios del culto y el sacrificio, el Dios del sábado, jamás podría haber inspirado la actividad profética de Jesús, tan sensible al sufrimiento de los inocentes y a la humillación de los excluidos… Leer más (José Antonio Pagola)