El año 1971 publiqué un libro titulado “¿Hacia dónde va el clero?” (edit. PPC). El último capítulo trataba el tema del celibato. Un estudio histórico, que fue redactado por el gran historiador de la Iglesia, que es el profesor Manuel Sotomayor. Voy a resumir lo más importante que Sotomayor decía entonces. Y añadiré algunos datos, que pueden ayudar para hacerse una idea de lo que más conviene a la Iglesia, en este momento, cuando el reciente informe del Washington Post ha reavivado la preocupación por este asunto. Jesús no dijo ni palabra sobre la ley del celibato. Leer más (José Mª Castillo)
Pazkoaldiko 6. igandea – C (Joan 14,23-29)
JESUSEN AZKEN DESIOAK
Ikasleei agur egiten ari da Jesus. Triste eta koldarturik ikusten ditu. Guztiek dakite azken uneak bizitzen ari direla beren Maisuarekin. Zer gertatuko da Maisua joatean? Norengana jo ahal izango dute? Zein izango dute babesle? Bihotz eman nahi die Jesusek, bere azken desioak azalduz.
Ez dadila gal nire Mezua. Horra Jesusen lehen desioa. Ez dadila ahaztu Jainkoaz eman dien Berri Ona. Bere jarraitzaileek gorde dezatela bizi-bizi Aitaren gizabidezko egitasmoaren oroitzapena: hainbat aldiz aipatu dien «Jainkoaren erreinu» hori. Maite badute, hona lehenik egin behar dutena: «maite nauenak gordeko du ni hitza… maite ez nauenak ez du gordeko».
Hogei menderen buruan, zer egin dugu Jesusen Ebanjelioaz? Leial gordetzen al dugu ala hura manipulatzen ari gara geure probetxurako? Onartzen al dugu bihotzean ala hartaz ahazten ari gara? Jator aurkezten al dugu ala geure irakaspenen pean ezkutatzen dugu?
Aitak Babesle bat bidaliko duzue nire izenean. Jesusen bigarren desioa da. Jesusek ez ditu umezurtz utzi nahi. Ez dute sumatuko bera falta denik. Aitak Espiritu Santua bidaliko die, beragandik urruntzeko arrisku guztitik babestuko dituena. Jesusengan beragan sumatua dute Espiritu hori, nola eragin dion pobreengana; Espiritu horrek berak eragingo die berei ere norabide berean.
Espirituak «irakatsiko die» berak irakatsi eta erakutsi dien guztia hobeto ulertzen. Bere Berri Ona gero eta sakonago hartzen lagunduko die. Hark «gogoraraziko die» entzun izan diotena. Hark heziko ditu Jesusen bizieran.
Hogei menderen buruan, zer espiritu da nagusi kristauen artean? Jesusen Espirituari uzten al diogu gida gaitzan? Gai al gara Jesusen Berri Ona eguneratzeko? Adi al gaude sufritzen dutenen aurrean? Norantz eragiten digu gaur egun Jesusen Espirituaren arnasa berritzaileak?
Neure bakea demaizuet. Jesusen hirugarren desioa da. Beragan ikusi duten bake bera bizi dezaten nahi du Jesusek, Aitarekin duen elkartasun barne-barnekoaren fruitu den bakea. Bere bakea eman die erregalu. Ez da munduak eman dezakeena bezalakoa. Beste bat da. Bihotzean jaioko zaie, baldin eta Jesusen Espirituari harrera egiten badiote.
Horixe da kutsatu behar duten bakea noranahi iristen diren guztietan. Horixe da zabalduko dutena Jainkoaren erreinua hots egitean, mundu sanoago eta zuzenago bati bidea urratzean. Ez dute galdu behar sekula bake hori. Jesusek errepikatzen du: «Ez dadila jar dar-dar zuen bihotza, ez dadila koldartu».
Hogei menderen buruan, zergatik zurruntzen gaitu beldurrak etorkizunaren aurrean? Zer dela-eta horrenbeste errezelo gizarte modernoaren aurrean? Jende asko da Jesusen gose. Frantzisko aita santua Jainkoaren erregalua da. Egoera osoak gonbidatzen gaitu Jesusekiko eta haren Ebanjelioarekiko leialagoa den Eliza baterantz.
José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain
6 Pascua – C (Jn 14,23-29)
ÚLTIMOS DESEOS
DE JESÚS
Jesús se está despidiendo de sus últimos discípulos. Los ve tristes y acobardados. Todos saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo descubriéndoles sus últimos deseos.
Que no se pierda mi mensaje. Es el primer deseo de Jesús. Que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese «reino de Dios» del que les ha hablado tanto. Si lo aman, estos es lo primero que han de cuidar. «El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabras… el que no me ama no las guardará».
Después de veinte siglos, ¿qué hemos hecho del Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo estamos manipulando desde nuestros propios intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo presentamos con autenticidad o lo ocultamos con nuestras doctrinas?
El Padre os enviará en mi nombre un Defensor. Es el segundo deseo de Jesús. No quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá del riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección.
El Espíritu les «enseñará» a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les «recordará» lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.
Después de veinte siglos, ¿Qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena Noticia? ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?
Os doy mi paz. Es el tercer deseo de Jesús. Quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre. Les regala su paz. No es como la que les puede ofrecer el mundo. Es diferente. Nacerá en su corazón si acogen el Espíritu de Jesús.
Esa es la paz que han de contagiar siempre que lleguen a un lugar. Lo primero que difundirán al anunciar el reino de Dios para abrir caminos a un mundo más sano y justo. Nunca han de perder esa paz. Jesús insiste «No os inquietéis ni tengáis miedo».
Después de veinte siglos, ¿Por qué nos paraliza el miedo al futuro? ¿Por qué tanto recelo ante la sociedad moderna? Hay mucha gente que tiene hambre de Jesús. El papa Francisco es un regalo de Dios. Todo nos está invitando a caminar hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio.
José Antonio Pagola
DOMINGO 6º DE PASCUA (C) Fray Marcos.
(He 15,1-2.22-29) Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más
(Ap 21,10-23) Templo no vi ninguno, es su templo el Señor y el Cordero.
(Jn 14,23-29) Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre; él es más que yo.
.-Dios no es mi huésped, sino la esencia de mi ser. Esa presencia no está condicionada a nada. Es el punto de partida de todo.
Seguimos en el discurso de despedida. El tema del domingo pasado era el amor manifestado en la entrega a los demás. Terminábamos diciendo que ese amor era la consecuencia de una experiencia interior, relación con lo más profundo de mi mismo que es Dios. Hoy nos habla el evangelio de lo que significa esa vivencia intima. La Realidad que soy, es mi verdadero ser. El verdadero Dios no es un ser separado que está en alguna parte de la estratosfera sino el fundamento de mi ser y de cada uno de los seres del universo.
Este discurso de despedida, que Juan pone en boca de Jesús, nos habla de cómo entendía y practicaba aquella comunidad el seguimiento de Jesús. No se trataba de seguir a un líder que desde fuera les marcaba el camino, sino de descubrir la experiencia más profunda de Jesús, y repetirla en cada uno de los cristianos.
En estos siete versículos podemos descubrir las dificultades que encontraron para expresar la experiencia interior. Por cada afirmación que hemos leído hoy, encontramos en el evangelio otra que dice exactamente lo contrario. Es la prueba de que las expresiones sobre Dios no se pueden entender al pie de la letra. Necesitan interpretación porque los conceptos no son adecuados para expresar las realidades trascendentes. En este orden puede ser verdad una afirmación y la contraria. El dedo y la flecha pueden apuntar los dos a la luna.
En Jn 15,9 dice: Como el Padre me ha amado así os he amado yo, permaneced en mi amor. Aquí dice: “si alguno me ama le amará mi Padre…” ¿Quién ama primero?
Jesús había dicho que iba a prepararles sitio en el hogar del Padre, para después llevarles con él (14.2). Ahora dice que el Padre y él mismo vendrán al interior de cada uno.
Les había advertido: “como me persiguieron a mí, os perseguirán a vosotros (Jn 16,2). Ahora nos dice: “la paz os dejo, mi paz os doy”.
Nos había dicho: yo y el Padre somos uno (10,30). Quien me ve a mí ve a mi Padre (14,9). Hora nos dice: El Padre es más que yo.
No os dejaré huérfanos, volveré para estar con vosotros (14,18). Y ahora nos dice que el Padre mandará el Espíritu en su lugar. Digerir estas aparentes contradicciones es una de las claves para entender la experiencia pascual.
Insisto, una cosa es el lenguaje y otra la realidad que queremos manifestar con él. Dios no tiene que venir de ninguna parte para estar en lo hondo de nuestro ser. Está ahí desde antes de existir nosotros. No existe «alguna parte» donde Dios pueda estar, fuera de mí y del resto de la creación. Dios es lo que hace posible mi existencia. Soy yo el que estoy fundamentado en Él desde el primer instante de ser. El descubrirlo en mí, el tomar conciencia de esa presencia, es como si viniera. Esta verdad es la fuente de toda religiosidad.
El hecho de que no llegue a mí desde fuera ni a través de los sentidos, hace imposible toda mediación. Todo intermediario, sea persona o institución, me alejan de Él más que me acerca. En el AT, la presencia de Dios se localizaba en la tienda del encuentro o el templo. La “total presencia” debía ser una característica de los tiempos mesiánicos. Desde Jesús, el lugar de la presencia de Dios es el hombre. Dentro de ti lo tienes que experimentar; pero también descubrirlo dentro de cada uno de los demás. La presencia es interna, pero se manifiesta.
El Espíritu es el garante de esa presencia dinámica: “os irá enseñando todo”. Por cinco veces, en este discurso de despedida, hacer Jesús referencia al Espíritu. No se trata de la tercera persona de la Trinidad, sino de la divinidad como fuerza (ruaj). “Santo” significa separado; pero no separado de Dios, sino separado de las actitudes del mundo. Si esa Fuerza de Dios no nos separa del mundo (opresión), no podremos comprender el amor.
«Os conviene que yo me vaya, porque si no, el Espíritu no vendrá a vosotros.» Ni el mismo Jesús con sus palabras y acciones fue capaz de llevar a los apóstoles hasta la experiencia de Dios, que les ayudaría a descubrir al mismo Jesús. Mientras estaba con ellos, estaban apegados a su físico, a sus palabras, a sus manifestaciones humanas. Todo muy bonito, pero que les impedía descubrir la verdadera identidad de Jesús. Al no ver a Dios en Jesús, tampoco descubrieron la realidad de Dios dentro de ellos. Cuando desapareció, se vieron obligados a buscar dentro de ellos, y allí encontraron lo que no podían descubrir fuera.
El Espíritu no añadirá nada nuevo. Solo aclarará lo que Jesús ya enseñó. Las enseñanzas de Jesús y las del Espíritu son las mismas, solo hay una diferencia. Con Jesús, la Verdad viene a ellos de fuera. El Espíritu las suscita dentro de cada uno como vivencia irrefutable. Esto explica tantas conclusiones equivocadas de los discípulos durante la vida de Jesús. Las palabras (aunque sean las de Jesús) y los razonamientos no pueden llevar a la comprensión. El Espíritu los llevará a experimentar dentro de ellos la misma realidad que Jesús quería explicar. Entonces no necesitarán argumentos, sino que lo verán claramente.
“Paz” era el saludo ordinario entre los semitas. No solo al despedirse, sino al encontrarse. Ya el “shalom” judío era mucho más rico que nuestro concepto de paz, pero es que el evangelio de Jn hace hincapié en un “plus” de significado sobre el ya rico significado judío. La paz de la que habla Jesús tiene su origen en el interior de cada uno. Es la armonía total, no solo dentro de cada persona, sino con los demás y con la creación entera. Sería el fruto primero de unas relaciones auténticas en todas direcciones. Sería la consecuencia del amor que es Dios en nosotros, descubierto y vivido. La paz no se puede buscar directamente. Es fruto del amor.
Deben alegrarse de que se vaya, porque ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es ninguna tragedia. Será la manifestación suprema de amor, será la verdadera victoria sobre el mundo y la muerte. El Padre es mayor que él porque es el origen. Todo lo que posee Jesús procede de Él. No habla la 2ª persona de la Trinidad; sería una herejía. Para el evangelista, Jesús es un ser humano a pesar de su preexistencia: “Tomó la condición de esclavo, pasó por uno de tantos…” Dios se manifiesta en lo humano, pero Dios no es lo que se ve en Jesús.
Dios se revela y se vela en la humanidad de Jesús. La presencia de Dios en él, no es demostrable. Está en el hombre sin añadir nada, Dios es siempre un Dios escondido. «Toda religión que no afirme que Dios está oculto, no es verdadera» (Pascal). El sufí lo dejó bien claro: Calle mi labio carnal, / habla en mi interior la calma / voz sonora de mi alma / que es el alma de otra alma / eterna y universa. / ¿Dónde tu rostro reposa / alma que a mi alma das vida? / Nacen sin cesar las cosas, / mil y mil veces ansiosas /de ver tu faz escondida.
En la Biblia existe una tensión entre la trascendencia y la inmanencia de Dios. El hombre no puede ver a Dios sin morir. No puede ser representado por ninguna imagen. No puede ser nombrado. Pero a la vez, se presenta como compasivo, como pastor de su pueblo, como esposo, como madre que no puede olvidarse del fruto de su vientre. En el NT, se acentúa el intento de acercar a Dios al hombre. Los conceptos de «Mesías», «Siervo», «Hijo de hombre», «Palabra», «Espíritu», «Sabiduría», incluso «Padre», son todos ejemplos de ese intento.
Meditación
Jesús descubrió la presencia absoluta de Dios.
Todo lo que vivió y enseñó, fue consecuencia de esa experiencia.
Sabía que era la clave para que el hombre alcanzase plenitud.
Sin identificación con lo divino no puede haber verdadera humanidad.
Sin descubrir el tesoro que hay dentro de ti,
nunca estarás dispuesto a prescindir de todo lo demás.
Domingo 26 de mayo de 2019 – 6º de Pascua. Koinonía
Hechos 15,1-2.22-29: Decidimos no imponerles más cargas
Salmo 66: ¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!
Apocalipsis 21,10-14.22-23: Me enseñó la Ciudad Santa
Juan 14,23-29: El Espíritu les recordará lo que les he dicho
Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29
Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29
Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables
En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsaba y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»
Salmo responsorial: 66
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R.
Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R.
Apocalipsis 21, 10-14. 22-23
Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo
El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios.
Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas.
La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.
Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.
Juan 14, 23-29
El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amárais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»
El libro de los Hechos nos presenta la controversia de los apóstoles con algunas personas del pueblo que decían que los no circuncidados no podían entrar en el Reino de Dios. Los apóstoles descartaban el planteamiento judío de la circuncisión. Ésta se realizaba a los ocho días del nacimiento al niño varón, a quien sólo así se le aseguraban todas las bendiciones prometidas por ser un miembro en potencia del pueblo elegido y por participar de la Alianza con Dios. Todo varón no circuncidado según esta tradición debía ser expulsado del pueblo, de la tierra judía, por no haber sido fiel a la promesa de Dios (cf. Gn 17,9-12). El acto ritual de la circuncisión estaba cargado -y aún lo está- de significado cultural y religioso para el pueblo judío. Estaba ligado también al peso histórico-cultural de exclusión de las mujeres, las cuales no participaban de rito alguno para iniciarse en la vida del pueblo: a ellas no se les concebía como ciudadanas.
Es bien importante este episodio dentro de la elaboración literaria que Lucas hace del nacimiento de la primitiva Iglesia. Ésta fue capaz de intuir genialmente que aquel rito de la circuncisión discriminaba inevitablemente entre judíos y paganos, además de hombres y mujeres. Los dirigentes principales de la Iglesia central (por así decir), ratificaron la intuición que los misioneros de vanguardia pusieron en marcha al evangelizar en la frontera con el mundo pagano. En aquel contexto cultural diferente, el signo de la circuncisión no sólo no era significativo, sino que implicaba una marginación de la mujer, y una imposición incomprensible para quienes s convertían desde el paganismo. Fue una lección de sentido histórico, de comprensión de la relatividad cultural, y de aceptación de los signos de los tiempos.
No deberíamos reflexionar hoy sobre este tema de un modo arcaizante («cómo hicieron ellos»), sino preguntándonos qué otros signos, elementos, dimensiones… del cristianismo están hoy necesitados de una reformulación o reconversión, en esta la nueva frontera cultural que hoy atravesamos, probablemente mucho más profunda que la que se vivía en aquel momento que los Hechos de los Apóstoles nos relatan. Muchas cosas que hasta ahora significaban, se han vaciado de valor evocativo. En muchos casos, no sólo se han vaciado, sino que se han cargado de sentido contrario. Acabamos haciendo gestos que se quedan en simples ritos sin significado vivo, o repitiendo fórmulas que dicen cosas en las que ya no creemos –o en las que ya no podemos creer–.
Permítasenos evocar la publicación que el movimiento judío conservador de EEUU ha realizado el pasado mes de febrero (http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/02/actualidad/1456932458_958209.html) de una nueva edición del manual de oraciones, Sidur en hebreo, edición que ha puesto todas las oraciones en un lenguaje que no distingue entre hombres y mujeres, entre personas y/o parejas hetero y homosexuales. Hay que recordar que el idioma hebreo –y otros– tiene formas verbales diferentes para el hombre y la mujer. «Yo rezo», por ejemplo, no utiliza la misma palabra igual cuando lo dice un hombre o cuando lo dice una mujer. Lo cual quiere decir que cuando se reza juntos, normalmente la mujer ha tenido que quedar supeditada a rezar con expresiones masculinas. Este nuevo Sidur es un esfuerzo para acomodar símbolos religiosos tan importantes como los de un oracional, a la sensibilidad actual. Lo que en siglos y milenios anteriores parecía intocable, hoy ya no nos lo parece a muchas personas y comunidades; las más intuitivas y clarividentes están reivindicando la necesidad de dar pasos adelante, y deberíamos apoyarles.
También en otros idiomas persisten las diferencias discriminatorias de género, pero no tanto ya por las diferencias de las formas verbales y otras, cuanto por las desactualizaciones en términos culturales y epistemológicos: se trata de conjuntos completos de símbolos que ya no están culturalmente vigentes, fórmulas de fe que dicen cosas hoy realmente no creemos, creencias que ya todos sabemos que son mitos, pero que son repetidas ritualmente con toda seriedad como si de descripciones históricas se tratara, esperando que aparezcan por alguna parte los niños del cuento de Andersen que nos hagan caer en la cuenta a todos de que «el rey está desnudo». Por eso, es de profunda actualidad la lucidez de que hizo gala la Iglesia primitiva en torno a la práctica de la circuncisión.
El Apocalipsis nos presenta también una crítica a la tradición judía excluyente. Juan vio en sus revelaciones la nueva Jerusalén que bajaba del cielo y que era engalanada para su esposo, Cristo resucitado. Esta nueva Jerusalén es la Iglesia, triunfante e inmaculada, que ha sido fiel al Cordero y no se ha dejado llevar por las estructuras que muchas veces generan la muerte. Aquí yace la crítica del cristianismo al judaísmo que se dejó acaparar por el Templo, en el cual los varones, y entre éstos especialmente los cobijados por la Ley, eran los únicos que podían relacionarse con Dios; un Templo que era señal de exclusión hacia los sencillos del pueblo y los no judíos.
La Nueva Jerusalén que Juan describe en su libro no necesita templo, porque Dios mismo estará allí, manifestando su gloria y su poder en medio de los que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Ya no habrá exclusión -ni puros ni impuros-, porque Dios lo será todo en todos, sin distinción alguna.
En el evangelio de Juan, Jesús, dentro del contexto de la Ultima Cena y del gran discurso de despedida, insiste en el vínculo fundamental que debe prevalecer siempre entre los discípulos y él: el amor. Judas Tadeo ha hecho una pregunta a Jesús: “¿por qué vas a mostrarte a nosotros y no a la gente del mundo”? Obviamente, Jesús, su mensaje, su proyecto del reino, son para el mundo; pero no olvidemos que para Juan la categoría “mundo” es todo aquello que se opone al plan o querer de Dios y, por tanto, rechaza abiertamente a Jesús; luego, el sentido que da Juan a la manifestación de Jesús es una experiencia exclusiva de un reducido número de personas que deben ir adquiriendo una formación tal que lleguen a asimilar a su Maestro y su propuesta, pero con el fin de ser luz para el “mundo”; y el primer medio que garantiza la continuidad de la persona y de la obra de Jesús encarnado en una comunidad al servicio del mundo, es el amor. Amor a Jesús y a su proyecto, porque aquí se habla necesariamente de Jesús y del reino como una realidad inseparable.
Ahora bien, Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo acompañando a sus discípulos; pero también sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos. Por eso los prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad. Les promete pues, el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo y a la comunidad.
Finalmente, Jesús entrega a sus discípulos el don de la paz: “mi paz les dejo, les doy mi paz” (v. 27); testamento espiritual que el discípulo habrá de buscar y cultivar como un proyecto que permite hacer presente en el mundo la voluntad del Padre manifestada en Jesús. Es que en la Sagrada Escritura y en el proyecto de vida cristiana la paz no se reduce a una mera ausencia de armas y de violencia; la paz involucra a todas las dimensiones de la vida humana y se convierte en un compromiso permanente para los seguidores de Jesús.
Es hora de pasar de la subalternidad de las mujeres a la igualdad; de la sumisión al empoderamiento
Mujeres diaconisas, cristianas subalternas. En los primeros siglos del cristianismo hubo mujeres sacerdotes, diaconisas y obispas que ejercieron funciones ministeriales y tareas directivas hasta que la Iglesia se jerarquizó, clericalizó, patriarcalizó y las mujeres fueron reducidas al silencio. Sin igualdad y justicia de género, la Iglesia seguirá siendo uno de los últimos bastiones del patriarcado que quedan en el mundo. En la Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales celebrada en Roma en mayo de 2016, le preguntaron al papa Francisco si había algún impedimento para incluir a las mujeres entre los diáconos permanentes, al igual que ocurrió en la iglesia primitiva, y por qué no creaba una comisión oficial para estudiar el tema. Leer más (Juan José Tamayo)
Un alto en el camino de Francisco. Pederastia eclesial, diaconado femenino y reforma de la Curia
Conviene hacer un alto en el camino para mirar lo andado durante estos primeros meses del 2019 y, levantando la vista, otear el horizonte más inmediato al que se dirige la Iglesia católica en los restantes. El cuatrimestre que acabamos de despedir ha estado marcado por el drama de la pederastia eclesial, por la Cumbre de presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en Roma (21-24 febrero) y por el discurso final del Papa. No le han faltado críticas, cierto que, con muy diferente fundamento, por haber contextualizado esta tragedia… Leer más (Jesús Martínez Gordo)
El Papa lanza un pacto global para cambiar el modelo de economía
Mediante una carta, el Papa Francisco invita a todos los economistas, emprendedores y emprendedoras del mundo a participar en el evento titulado «Economía de Francesco», que tendrá lugar en Asís entre los días 26 y 28 de marzo de 2020; un evento que – tal y como asegura en la carta – le permitirá “conocer a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, una que da vida y no mata, incluye y no excluye, humaniza y no deshumaniza, cuida la creación y no la despoja”. Leer más (Vatican News)
¡Cómo está el clero!
El clero y el superclero están mal. Rematadamente mal. Así lo confiesan los medios de comunicación social –hasta los más “piadosos”–, haciéndose eco fiel de las noticias documentadas con toda clase de argumentos y de testimonios, refrendados la mayoría de ellos por los mismos obispos, el papa y, además y sobre todo, por las víctimas. Es posible que tal situación eclesiástica no sea propia y específica de los tiempos actuales sino que en todas, o en la mayoría de las épocas y ambientes, también se registraran. Tan solo que ahora se saben “con pelos y señales”… Leer más (Antonio Aradillas)
Por una Iglesia que incluya a las mujeres
Un capítulo aparte es la realidad de las mujeres en la Iglesia. Su incorporación real en los espacios de decisión sigue siendo un desafío por resolver. Ya no se entienden las justificaciones en razón del sexo para excluirla de muchos espacios. Precisamente el pasado 8 marzo, con ocasión del Día internacional de la mujer, la Asociación de teólogas españolas le propuso a las mujeres que le dijeran algo a la Iglesia en ese día. Veamos aquí dos aportaciones, entre muchas otras, que pueden consultarse en la página https://www.asociaciondeteologas.org/) Leer más (Consuelo Vélez)
Una Iglesia que fabrica ateos necesita conversión urgente
¿Nuestro Dios es Dios? ¿Es ACTIVO, autónomo y libre? ¿O es un ser PASIVO al que manejamos con los hilos de la oración insistente para moverle a cumplir sus deberes? ¿Será un Padre volcado siempre por sus criaturas? ¿O será una «marioneta sagrada» a la que damos «bondadosas instrucciones» a través de los hilos de la oración? Os invito a prestar atención a las oraciones litúrgicas y comprobar que la gran mayoría pretenden MOVER a Dios. Le tratan como a una Gran Marioneta omnipotente que, gracias a nuestros tirones, se moverá y actuará. Ese es el mayor error de los creyentes. Leer más (Jairo del Agua)

