Incendios en el Amazonas: la tragedia de lo que no se ve

Fernando Valladares (CESIC)

Lo que no vemos, no existe. Quizá sea un poco exagerado, pero por algo se dice «ver para creer». Ha tenido que llegar el humo a Sao Paulo y oscurecer el cielo de la ciudad a las tres de la tarde el pasado 20 de agosto para creernos que el Amazonas se está quemando más de la cuenta en esta temporada de 2019.

Pero lo más grave no se ve. Hay muchos y muy importantes efectos de estos incendios. Las consecuencias no se reducen a las llamas y los árboles calcinados que aparecen en las fotos. Nadie puede ver a simple vista un proceso ecológico, del mismo modo que nadie puede observar el río más grande del planeta sin elevarse lo suficiente.

Pero el río más grande del planeta es en realidad invisible; es el río formado por la suma de las columnas de agua que cada árbol amazónico extrae del suelo y transporta a la atmósfera. Es otro río que no se ve, pero su estado influye profundamente en la salud del planeta y en nuestro propio bienestar.

Ese río invisible se genera gracias a la transpiración de billones de árboles. Cada uno de ellos moviliza hasta una tonelada de agua diariamente. Este fenómeno da lugar a un clima regional único, evita que la región sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y norte de Argentina se conviertan en desierto y regula el clima de toda la Tierra…   Leer más

Larga vida y fecunda labor, amigo José María Castillo

José Manuel Vidal

90 años, como 90 soles, los que hoy cumple mi amigo, el teólogo José María Castillo. Un buen momento para reconocer su impagable servicio de tantos años a la reflexión teológica y al ‘santo pueblo de Dios’.

Como periodista y director de RD he conocido a decenas de teólogos españoles y extranjeros. Pero con pocos he conectado tan en profundidad como con Castillo. Tanto a nivel personal como profesional. Porque Pepe es una persona especial, que llama la atención y que se hace querer.

Un hombre que mezcla sus humildes orígenes en Puebla de Don Fadrique con un brillante recorrido eclesiástico y, sobre todo, teológico, modelado por su ser y hacer jesuítico.

Un recorrido largo y apretado, que le permite ser memoria viva de la Iglesia española del postconcilio, una etapa que vivió a fondo, en la misma Roma, como perito del cardenal Tarancón. Allí se codeó con los grandes teólogos centroeuropeos de la época y ayudó a la jerarquía española más abierta a desmontar su teología preconciliar y acompasar su tarea pastoral a los nuevos vientos conciliares.

Esa misma jerarquía que, en los 80, cuando cambian los aires de Roma y el Concilio se congela por mor de la involución, a Castillo (y a otros muchos, como Juan Antonio Estrada o Benjamín Forcano) le retira la venia docendi y le destituye como profesor de la Facultad de Teología de Granada. Sin juicio, sin posibilidad de defensa, sin que nadie le dijese jamás cuál fue el motivo exacto de su destitución…   Leer más

DOMINGO 22 (C) Fray Marcos

 

(Eco 3,19-31) Hazte pequeño en las grandezas y tendrás el favor de Dios 

(Heb 12,18-24) No os habéis acercado a fuego o nubarrones, a tormenta

(Lc 14,1.7-14) Invita a los pobres. Dichoso tú, porque no podrán pagarte.

Ser más, ser menos, atañe solo a ego. En nuestro verdadero ser, todos somos iguales. Tú vales infinito, no necesitas más.

Hoy tiene mucha importancia el contexto. Un fariseo invita a Jesús a comer. Los judíos hacían los sábados una comida especial a medio día, al terminar la reunión en la sinagoga. Aprovechaban la ocasión para invitar a alguna persona importante y así presumir ante los demás invitados. Jesús era ya una persona muy conocida y muy discutida. Seguramente la intención de esa invitación era comprometerle ante los demás invitados. Como aperitivo, Jesús cura a un enfermo de hidropesía, con lo cual ya se está granjeando la oposición general (era sábado).

En el texto encontramos dos parábolas. Una se refiere al invitado, otra al anfitrión. Se trata de la relación que inicias tú y la que inicia el otro contigo. En la primera no se trata de un consejo para tener éxito, pero toma ejemplo de un sentimiento generalizado para apoyar una visión más profunda de la humildad. Jesús aconseja no buscar los honores y el prestigio ante los demás como medio de hacerse valer. Condena toda vanagloria por contraria a su mensaje. El texto conecta con el final del domingo pasado: Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

La segunda encierra un matiz diferente. No quiere decir Jesús que hagamos mal cuando invitamos a familiares o amigos. Quiere decir que esas invitaciones no van más allá del egoísmo amplificado. Esa actitud no es signo del amor evangélico. El amor que nos pide Jesús tiene que ir más allá del puro instinto, del interés. La demostración de que se ha entrado en la dinámica del Reino está en que se busca el bien de los demás sin esperar nada a cambio. La frase “dichoso tú porque no pueden pagarte, te pagarán cuando resucites los justos”, puede entenderse como una estrategia para que te lo paguen más allá. Esta dinámica no tiene nada de cristiana.

En ambos casos, Jesús nos propone una manera distinta de entender las relaciones humanas. Jesús trastoca comportamientos que tenemos por normales, para entrar en una dinámica nueva, que nos debe llevar a cambiar la escala de valores del mundo. Ser cristiano es sencillamente, ser diferente. No se trata de renunciar a ser el primero. Todo lo contrario, se trata de asegurar el primer puesto en el Reino, buscando el bien de la persona y no solo de la parte biológica. “El que quiera ser primero que sea el último y el servidor de todos”. Jesús no critica el que queramos ser los primeros, lo que rechaza es la manera de conseguirlo.   

Ojo con la falsa humildad. Dice Lutero: La humildad de los hipócritas es el más  altanero de los orgullos. Existen dos clases de falsa humildad. Una es estratégica. Se da cuando nos humillamos ante los demás con el fin de arrancar de ellos una alabanza. Otra es sincera, pero también nefasta. Se da en la persona que se desprecia a sí misma porque no encuentra nada positivo en ella. No es fácil escapar a esos excesos que han dado tan mala prensa a la humildad. Ninguno de los grandes filósofos griegos (Sócrates, Platón, Aristóteles) elogiaron la humildad como virtud; y Nieztsche la consideró la mayor aberración del cristianismo.

No hay que hacer nada para ser humilde. Es reconocer que eres lo que eres, sin más. Ni siquiera tendríamos que hablar de ella, bastaría con rechazar todo orgullo, vanidad, jactancia, vanagloria, soberbia, altivez, arrogancia, … Se suele hacer alusión a Sta. Teresa; pero la inmensa mayoría demuestran no entenderla cuando dicen: “humildad es la verdad”. Ella dice: «humildad es andar en verdad». Se trata de conocer la verdad de los que uno es, y además vivir (andar en) ese realidad. También se entiende mal la frase de Jesús, “yo soy la verdad”, cuando se interpreta como obligación de aceptar su doctrina. No, Jesús está diciendo que es auténtico.

Siempre que se violenta la verdad, sea por defecto sea por exceso, se aleja uno de la humildad. No se trata de que nos convenzan de que somos una mierda. Se trata de descubrir nuestro auténtico ser. Humildad es aceptar que somos criaturas, con limitaciones, sí; pero también con posibilidades infinitas, que no dependen de nosotros. Ninguno de los valores verdaderamente humanos debe ser reprimido en nombre de una falsa humildad. No se trata de creerse ni superiores ni inferiores. Si la humildad me lleva a la obediencia servil, no tiene nada de cristiana. Muchas veces se ha apelado a la humildad para someter a los demás a la propia voluntad.

Un conocimiento cabal de lo que somos nos alejaría de toda vanagloria. No se trata de un conocimiento analítico desde fuera, sino interior y vivencial. Para conocerse, hay que tener en cuenta al ser humano en su totalidad. Eso sería la base de un equilibrio psíquico. Sin conocimiento no hay libertad. La humildad no presupone sometimiento o servidumbre a nada ni a nadie. Sin libertad ninguna clase de humanidad es posible. Tampoco la soberbia es signo de libertad, porque el hombre orgulloso está más sometido que nadie a la tiranía de su ego.

La mayoría de las enfermedades depresivas tienen su origen en un desconocimiento de sí mismo o en no aceptarse como uno es, que viene a ser lo mismo. Ninguna de las limitaciones que nos afectan puede impedir que alcancemos nuestra plenitud. Las carencias forman parte de mí. Las accidentales no pueden desviarme de mi trayectoria humana. Una visión equivocada de sí mismo ha hundido en la miseria a muchos seres humanos. Caen en una total falta de estima y en la pusilanimidad destructora. Ser humilde no es tener mala opinión de sí mismo ni subestimarse. Avicena dijo: «Tú te crees una nada, y sin embargo, el mundo entero reside en ti».

El orgulloso no necesita que nadie le eche en cara su soberbia ni que le castiguen por su actitud. Él mismo se deshumaniza al despreciar a los demás. Tampoco es necesario que el humilde reciba ningún premio. Si no espera nada de su actitud o, mejor aún, si ni siquiera se da cuenta de su humildad, es que de verdad está en la dinámica del evangelio. La humildad va de arriba abajo. La humildad ante los superiores, la mayoría de las veces, es sometimiento y servilismo. No es humilde el que reconoce la grandeza del superior sino el que reconoce la grandeza del inferior.

Meditación-contemplación

Tú eres más de lo que crees ser.

Nada ni nadie te puede impedir alcanzar esa meta.

No tienes que hacer nada, ni conseguir nada.

Todo lo que pretendes alcanzar, ya lo tienes.

Todo lo que pretendes ser, ya lo eres.

Solamente tienes que tomar conciencia de ello.

Urteko 22. igandea – C (Lukas 14,1.7-14)

 

BAZTERTU GABE

Jesus jaiotordu batera joan da, eskualdeko «fariseu handikietako batek» gonbidaturik. Otordu berezia da, larunbatekoa, bezperatik arduraz prestatua. Ohi bezala, gonbidatuak gonbidatzailearen adiskide dira, izen handiko fariseu, lege-maisu, herri osoarentzat bizitza erlijiosoaren eredu.

Itxuraz, Jesus ez dago batere eroso. Bere adiskide pobreen falta nabari du. Bidean eskean ikusi ohi duen jende hura. Inork inoiz ere gonbidatzen ez duen hura. Ezer ez den hura: bizikidetzatik baztertua, erlijioak ahaztua, ia guztiek gutxietsia.

Agur esan aurretik, gonbidatu duenari mintzatzera doa Jesus. Ez doa otorduagatik eskerrak ematera; alderantziz, haren kontzientziari astindu bat eman nahi dio, hain konbentzionala ez den eta gizakoiagoa den biziera bat bizitzera gonbidatu nahi du: «Ez gonbidatu zeure adiskideak, ezta senide, ahaide edo auzoko aberatsak ere; zeren beraiek ere gonbidatu egingo zintuzkete… Aitzitik, otordu bat ematean, gonbidatu behartsu, elbarri, herren eta itsuak. Zorionekoa zu orduan, ez baitute zuri ordaintzerik! Zintzoak piztuko direnean jasoko duzu ordaina».

Beste behin, bizitza gizakoiago bihurtzen ahalegindu da Jesus; horretarako, eskema eta irizpide batzuk hautsi behar badira ere, oso errespetagarri direla iruditu arren, azpi-azpian oztopo direnak mundua gizakoiago eta anai-arreba artekoago, Jainkoak nahi bezalako, egiteko.

Eskuarki, harreman familiar, sozial, politiko eta erlijiosoen ingurumen batean bizi ohi gara; haietaz baliatzen gara geure interesak zaintzeko, baina kanpoan utziz ekarpenik ezin egin digutenak. Geure bizitzara gonbidatu, beren aldetik gu gonbidatu ahal gaituztenak gonbidatu ohi ditugu. Hori da guztia.

Probetxuzko harremanen esklabo izan ohi gara; ez gara konturatzen, geure ongizatea sostengatzeko, jende jakin bat baztertzera jotzen dugula: bizi ahal izateko gure doako solidaritatearen premiarik handiena duen jendea. Entzun ditzagun ebanjelioaren araberako Frantzisko aitaren santuaren oihu hauek, Lampedusa uharte koxkorrean botatakoak: «Ongizatearen kulturak sorgor bihurtu gaitu besteen garrasiaren aurrean». «Axolarik ezaren globalizazioan murgildu gara». «Erantzukizunaren zentzua galdu dugu».

Jesusen jarraitzaileok gogoan izan behar dugu hau: Jainkoaren Erreinuari bideak urratzea ez datzala gizarte erlijiosoago bat eraikitzean; ezta, beste sistema batzuk bezala, posible den sistema politiko ordezko bat eragitean ere; baizik, guztien gainetik, azkena den jendeagandik hasirik, guztientzat bizitza duinago baterako baldintzak ahalbidetuko dituzten giza harremanak sortu eta garatzean.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

22 Tiempo ordinario – C (Lc 14,1.7-14)

SIN EXCLUIR

Jesús asiste a un banquete invitado por uno de los principales fariseos de la región. Es una comida especial de sábado, preparada desde la víspera con todo esmero. Como es costumbre, los invitados son amigos del anfitrión, fariseos de gran prestigio, doctores de la ley, modelo de vida religiosa para todo el pueblo.

Al parecer, Jesús no se siente cómodo. Echa en falta a sus amigos los pobres. Aquellas gentes que encuentra mendigando por los caminos. Los que nunca son invitados por nadie. Los que no cuentan: excluidos de la convivencia, olvidados por la religión, despreciados por casi todos.

Antes de despedirse, Jesús se dirige al que lo ha invitado. No es para agradecerle el banquete, sino para sacudir su conciencia e invitarle a vivir con un estilo de vida menos convencional y más humano: «No invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a los vecinos ricos porque corresponderán invitándote… Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».

Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo más humano y fraterno, querido por Dios.

De ordinario, vivimos instalados en un círculo de relaciones familiares, sociales, políticas o religiosas con las que nos ayudamos mutuamente a cuidar de nuestros intereses dejando fuera a quienes nada nos pueden aportar. Invitamos a los que, a su vez, nos pueden invitar Eso es todo.

Esclavos de unas relaciones interesadas, no somos conscientes de que nuestro bienestar solo se sostiene excluyendo a quienes más necesitan de nuestra solidaridad gratuita para poder vivir. Hemos de escuchar los gritos evangélicos del papa Francisco en la pequeña isla de Lampedusa: «La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás». «Hemos caído en la globalización de la indiferencia». «Hemos perdido el sentido de la responsabilidad».

Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.

José Antonio Pagola

 

Domingo 1 de septiembre de 2019 – 22º Ordinario de Koinonía.

 

Eclesiástico 3,17-20.28-29: Sé humilde y alcanzarás el favor de Dios
Salmo 67: En tu bondad, Señor, preparaste un hogar para los pobres
Hebreos 12,18-19.22-24: Se han acercado al monte Sión
Lucas 14,1.7-14: Quien se enaltece será humillado

Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29

Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso.

Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios;

porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes.

No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta.

El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Salmo responsorial: 67

Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.

Los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría. Cantad a Dios, tocad en su honor; su nombre es el Señor. R.

Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece. R.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada; y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R.

Hebreos 12, 18-19. 22-24a

Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo

Hermanos: Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.

Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo,

Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los

primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de

los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Evangelio .- Lucas 14, 1. 7-14

El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.»

Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.»

Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

COMENTARIO LITÚRGICO 

Es humano el afán de ser, de situarse, de querer estar sobre los demás. Parece tan natural convivir con este deseo, que lo contrario se etiqueta en nuestra sociedad como “idiotez”. Quien no aspira a más, quien no se sitúa por encima de los demás, quien no se sobrevalora, es tachado a veces de “tonto” en este mundo tan «competitivo».

La «competitividad» es hoy día una de las cualidades más elogiadas en esta sociedad del siglo XXI. En ella hay un complejo sistema de normas de protocolo, por las que cada uno se debe situar en ella según su valía. En los actos públicos, las autoridades civiles o religiosas ocupan uno u otro lugar según escalafón, observando una rigurosa jerarquía en los puestos. Se está ya tan acostumbrado a tales reglas, que parece normal este comportamiento jerarquizado.

Jesús acaba con este tipo de protocolo, invitando a la sensatez y al sentido común a sus seguidores. Es mejor, cuando se es invitado, no situarse en el primer puesto, sino en el último, hasta tanto venga el jefe de protocolo y coloque a cada uno en su lugar.

El consejo de Jesús debe convertirse en la práctica habitual del cristiano. El lugar del discípulo, del seguidor de Jesús es, por libre elección, el último puesto. Lección magistral del evangelio que no suele ponerse en práctica con frecuencia. No hay que darse postín; deben ser los demás quienes nos den la merecida importancia; lo contrario puede traer malas consecuencias. El cristiano no debe situarse nunca por propia voluntad en lugar preferente.

No sólo no darse importancia, sino actuar siempre desinteresadamente. Jesús denuncia la práctica de aquellos que invitan a quienes los invitan, del “do ut des”, del “te doy para que me des”, y anima a invitar a pobres, lisiados, cojos y ciegos, gente a la que nadie invita, cuando se da un banquete; quien actúe así será dichoso, porque no tendrá recompensa humana, sino divina “cuando resuciten los justos”. Las palabras de Jesús son una invitación a la generosidad que no busca ser compensada, al desinterés, a celebrar la fiesta con quienes nadie la celebra y con aquellos de los que no se puede esperar nada. El cristiano debe sentar a su mesa, o lo que es igual, compartir su vida con los marginados de la sociedad, que no tienen, por lo común, lugar en la mesa de la vida: pobres, lisiados, cojos y ciegos. Quien así actúa sentirá la dicha verdadera de quien da sin esperar recibir.

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy muestran las reglas de oro del protocolo cristiano: renunciar a darse importancia, invitar a quienes no pueden corresponder; dar la preferencia a los demás, sentar a la mesa de la vida a quienes hemos arrojado lejos de la sociedad.

Quien esto hace, merece una bienaventuranza que viene a sumarse al catálogo de las ocho del sermón del monte: «Dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».

Para Jesús adquiere el verdadero honor quien no se exalta a sí mismo sobre los demás, sino quien se abaja voluntariamente. Paradójicamente, se adquiere el verdadero honor no exaltándose a sí mismo sobre los demás, sino poniéndose el último a su servicio. La generosidad se debe compartir con los “pobres” que no pueden pagar con la misma moneda, porque no tienen nada. Honor y vergüenza adquieren en boca de Jesús un contenido diferente: el honor consiste en servir ocupando los últimos puestos y esto ya no es motivo de vergüenza sino señal verdadera de que se está ya dentro del grupo de los verdaderos seguidores de un Jesús que «no ha venido para ser servido, sino para servir y dar la vida por muchos”.

Las restantes lecturas de este domingo van en la misma línea del evangelio; en la primera, del libro del Eclesiástico, se dan consejos de sentido común: la conveniencia de proceder siempre con humildad, de hacerse pequeño en las grandezas humanas, de no darse demasiada importancia, tan en la línea del comportamiento y los consejos de Jesús que se ha hecho asequible, menos solemne, menos accesible y ya no se manifiesta, como Dios en el Antiguo Testamento, con señales de fuego, nubarrones, tormenta y estruendo, sino como mediador de la Nueva Alianza, como puente entre la comunidad y Dios. Para llegar a Dios, los cristianos tienen que pasar por Jesús, verdadero camino para el Padre y el único sendero que debe practicar la comunidad cristiana. Él se ha definido en el evangelio de Juan como camino, verdad y vida, o como camino que lleva a la verdad que es y conduce a la vida. Y la vida florece en plenitud cuando está impregnada de amor sin aspavientos ni deseos de protagonismo, cuando se sabe ocupar el único lugar de libre elección del cristiano: el último puesto, para que no haya últimos, para que, como Jesús se propuso, no haya quienes estén arriba y abajo. Maravillosa utopía que nos empuja para conseguir cuanto antes la única aspiración o meta que debe ponerse el cristiano: la de hacer un mundo de hermanos, igualados en el servicio mutuo.

 

 

Teólogos de EEUU: «La ideología de la supremacía blanca es obra del anticristo»

 “Somos ortodoxos, católicos y protestantes; republicanos, demócratas e independientes. A pesar de nuestras diferencias denominacionales y políticas, estamos unidos por la convicción de que hay ciertas solidaridades políticas que son un anatema para nuestra fe cristiana compartida”: lo expresan en una declaración un grupo de teólogos y religiosos cristianos, en un artículo publicado por la revista católica estadounidense “The Commonweal”.  Los teólogos y religiosos cristianos dicen ver, “una vez más”, cómo los “demagogos demonizan a las minorías vulnerables, como fuerzas invasoras que debilitan a la nación…     Leer más (Vatican News)

El cardenal Marx advierte del «peligro» de convertir la religión en «ideología estatal o cultural»

Denuncia el fundamentalismo de «grandes partes» del mundo musulmán, el hinduismo ultraconservador en la India, y los intentos de imponer la idea de un «Occidente cristiano». «Cuando las religiones se dejan llevar por las fuerzas de homogeneización y demarcación, se convierten en ideologías estatales o culturales. Se dañan a sí mismos, y aún más: incluso permiten la injusticia y la discordia», recuerda. El cardenal Reinhard Marx ha pedido no convertir a la religión en «ideología estatal o cultural», sino preservarla como fuerza «para la apertura y la solidaridad, para el diálogo y la cooperación, para así servir a la paz»...    Leer más (Cameron Doody)   

Mi testamento espiritual en tres mensajes

Haber cumplido los 80 se puede decir que es una edad avanzada, pero haber cumplido los 90 es haber entrado en una edad superavanzada. Por primera vez en mi vida he cumplido 90 años. Es la primera vez que acumulo 90 años de juventud. A esta edad se piensan muchas cosas, por ejemplo, si desde que se nace, la autenticidad y profundidad de la persona radica en el ser, más que en el hacer… A cierta edad de la vida, la esencia de la persona está ya plenamente en el ser; pero el Ser está configurado por el hacer: somos lo que hacemos es una sentencia de Ortega y Gasset. Somos ahora, a la edad avanzada…   Leer más (JMª García Mauriño) 

El número de navarros que ‘pasa’ de la religión supera a los practicantes

El número de navarros y navarras indiferentes, agnósticos o ateos supera ya al de católicos practicantes según la última encuesta del CIS al sumar 38,5% frente a 28,2%. Este dato confirma un proceso continuado de secularización de la sociedad navarra que evidencian otros parámetros (casilla de IRPF, bodas civiles…) aunque la religión todavía resiste en la Comunidad Foral ya que si se suman los “creyentes pasivos” todavía más de la mitad de la población tiene algún tipo de relación con el catolicismo. Los datos sitúan a Navarra en la media estatal, lejos de comunidades mucho más secularizadas como Catalunya…  Leer más (Encuesta del CIS)    

Europa ha fundido -y confundido- su asombrosa grandeza con su más repugnante miseria

José María Castillo

La grandeza de Europa es indiscutible, pero también su miseria que irrita y avergüenza a quienes hemos nacido y vivimos en este continente. Ha elaborado teorías asombrosas que han desembocado en prácticas aterradoras. Porque el divorcio – y hasta el enfrentamiento – entre “el saber” y “la experiencia” nos han conducido a donde no podíamos imaginar. Ha sido tan grande porque ha podido construir un pensamiento que se ha cimentado y basado sobre el sufrimiento de los débiles y justificado la desigualdad. Hasta que de la lejana Argentina y con su lenguaje porteño, nos vino a la poderosa Europa el Evangelio que tanto necesitamos

En Occidente y en este momento, Europa es el ejemplo más elocuente de la grandeza de un continente y de una cultura. Y es también, al mismo tiempo, el escándalo más insoportable de una miseria que irrita y avergüenza a quienes hemos nacido y vivimos en este continente.

La grandeza de Europa es indiscutible. En Europa nació, varios siglos antes de Cristo, y tal como se sistematizó desde Homero y los “presocráticos”, el pensamiento-base de la cultura de Occidente. En Roma, desde el Código de las XII Tablas, se empezaron a sentar las bases del derecho.

En los límites entre Oriente y Occidente, entre el Egipto de los faraones y el imperio de Babilonia, nació Israel. Y con él y en él nació el cristianismo, que se expandió por todo el Imperio y ha marcado la cultura de Occidente durante veinte siglos.

El pensamiento y la cultura medieval, el Renacimiento, la Ilustración, el capitalismo, el marxismo, la aparición y el desarrollo de la tecnología y la consiguiente revolución industrial…, todo esto se ha gestado, se ha fraguado y ha sentado las bases de casi todo lo que hoy sabemos y podemos en el mundo...  Leer más