Europa ha fundido -y confundido- su asombrosa grandeza con su más repugnante miseria

José María Castillo

La grandeza de Europa es indiscutible, pero también su miseria que irrita y avergüenza a quienes hemos nacido y vivimos en este continente. Ha elaborado teorías asombrosas que han desembocado en prácticas aterradoras. Porque el divorcio – y hasta el enfrentamiento – entre “el saber” y “la experiencia” nos han conducido a donde no podíamos imaginar. Ha sido tan grande porque ha podido construir un pensamiento que se ha cimentado y basado sobre el sufrimiento de los débiles y justificado la desigualdad. Hasta que de la lejana Argentina y con su lenguaje porteño, nos vino a la poderosa Europa el Evangelio que tanto necesitamos

En Occidente y en este momento, Europa es el ejemplo más elocuente de la grandeza de un continente y de una cultura. Y es también, al mismo tiempo, el escándalo más insoportable de una miseria que irrita y avergüenza a quienes hemos nacido y vivimos en este continente.

La grandeza de Europa es indiscutible. En Europa nació, varios siglos antes de Cristo, y tal como se sistematizó desde Homero y los “presocráticos”, el pensamiento-base de la cultura de Occidente. En Roma, desde el Código de las XII Tablas, se empezaron a sentar las bases del derecho.

En los límites entre Oriente y Occidente, entre el Egipto de los faraones y el imperio de Babilonia, nació Israel. Y con él y en él nació el cristianismo, que se expandió por todo el Imperio y ha marcado la cultura de Occidente durante veinte siglos.

El pensamiento y la cultura medieval, el Renacimiento, la Ilustración, el capitalismo, el marxismo, la aparición y el desarrollo de la tecnología y la consiguiente revolución industrial…, todo esto se ha gestado, se ha fraguado y ha sentado las bases de casi todo lo que hoy sabemos y podemos en el mundo...  Leer más