Biarritz como oportunidad

Que no den caza a las amadas ballenas; que no expulsen a más hermanos hondureños, mexicanos, guatemaltecos…; que no calienten más el clima; que no busquen sólo hacer grandes a sus países; que no piensen únicamente en sus exclusivos intereses y banderas, sino en la nueva, en la insustituible bandera que nos vincula a la entera humanidad…

Se reúnen muy cerca de nosotros/as, donde las olas rompen y estrellan un poco más arriba, donde la belleza del litoral se llega a engalanar de lujo y casino. Sin embargo el bingo de la importante reunión quizás no lo cantó el azar. La lista de peticiones es mucho más larga. Las haremos llegar, pero desnudas de rencor e ira. La cumbre de los más poderosos no es la de los más acorazados a positivas vibraciones. Todo el cemento del mundo no podría blindar Biarritz de los pensamientos altruistas que podemos hacer llegar a su Cumbre. No les confrontemos o lo que es lo mismo, no les reforcemos en sus posiciones más controvertidas. Los acontecimientos son un poco del color de los que los vestimos. El G7 en Biarritz no es necesariamente una suerte, pero tampoco una desgracia; es sobre todo una oportunidad.

Somos llamados a aprovechar cualquier oportunidad que se nos brinde para hacer progresar la luz. Aprovechemos la ocasión ya cercana. No lancemos piedras, sino esperanza. Contagiemos fe de que los pueblos se pueden relacionar de otra forma, de que el mundo se puede organizar en base al espíritu de colaborar y compartir; convencimiento de que la vida no perdurará en el futuro, si no caminamos con la Tierra…   Leer Más

Urteko 21. igandea – C (Lukas 13,22-30)

KONFIANTZA, BAI
ARINKERIA, EZ.

Gizarte modernoa gero eta indar handiagoz ari da ezartzen biziera jakin bat, berehalakoaren pragmatismoak markatua. Ozta-ozta dute interesik bizitzako galdera handiek. Ez dugu jada ez ziurtasun sendorik, ez konbentzimendu sakonik. Apurka apurka, izaki hutsal ari gara bihurtzen, topikoz beteriko, unean uneko ongizatea eta segurtasuna baino harago, gure eguneroko bizitza arnastu lezaketen barne-funtsik eta idealik gabeko.

Guztiz esanguratsua da behatzea kristau ez gutxik duen jarrera orokortua «betiko salbamenaren» arazoari dagokionez, duela oso gutxi hartaraino kezkatzen zuelarik; aski jendek ezabatu egin du arazo hori bere kontzientziatik; batzuk, ezin jakin zein arrazoiz, «azken zoriontsu» baten eskubidedun sentitzen dira; beste batzuek ez dute gogoratu nahi, ez saririk, ez zigorrik.

Lukasen kontakizunaren arabera, ezezagun batek gizarte erlijioso hartan ohikoa zen galdera hau egin dio Jesusi: «Gutxi al dira salbatuko direnak?». Jesusek ez dio erantzun galderari zuzenean. Ez du gustuko horrelako arazo antzuren inguruan espekulatzea, garaiko maisu batzuek oso atsegin bazuten ere. Zuzenean, hondora doa eta funtsezkora: nola jokatu behar dugu Jainkoak guztiei eskaintzen digun salbaziotik kanpo ez gelditzeko?

«Saia zaitezte ate estutik sartzen». Hauek dira esan dizkien lehen hitzak. Jainkoak guztiei ireki dizkigu betiko biziaren ateak, baina saiatu eta ahalegindu beharra dugu hartatik sartzeko. Hau da jarrera sanoa. Jainkoagan konfiantza, bai; arinkeriarik, ardura-ezik, sasi-segurtasunik, ez.

Hau azpimarratzen du Jesusek batik bat: ez gaitezela engaina sasi-segurtasunarekin. Ez da aski Israel herriko izatea; ez da aski Jesus bera ezagutu izana Galileako bideetan. Funtsezkoa, orain berean sartzea da Jainkoaren erreinuan eta haren zuzentasunean. Izatez, azken jaiotordutik kanpo geldituko direnak, hitzez hitz, «injustizia praktikatzen dutenak dira».

Konfiantza eta erantzukizuna ukaitera gonbidatu gaitu Jesusek. Jainkoaren erreinuko azken jaiotorduan ez dira eseriko Israelgo patriarkak eta profetak bakarrik. Han egongo dira munduko zoko guztietatik etorritako paganoak ere. Barruan egotea ala kanpoan egotea, Jainkoak guztiei eskaintzen digun salbazioari bakoitzak ematen dion erantzunaren baitan dagoke.

Esaera batekin laburtu du Jesusek bere mezua. Jainkoaren erreinuari dagokionez, «badira azkenak lehenengo izango direnak, eta lehenengoak azken izango direnak». Argia da Jesusen oharpena. Gerta liteke, onartua izango den segurtasuna duenik kanpoan gelditzea. Eta gerta liteke, itxuraz kanpoan geldituko dela ematen duenik barruan gelditzea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

21 Tiempo ordinario – C (Lc 13,22-30)

CONFIANZA, SÍ,
FRIVOLIDAD, NO

La sociedad moderna va imponiendo cada vez con más fuerza un estilo de vida marcado por el pragmatismo de lo inmediato. Apenas interesan las grandes cuestiones de la existencia. Ya no tenemos certezas firmes ni convicciones profundas. Poco a poco, nos vamos convirtiendo en seres triviales, cargados de tópicos, sin consistencia interior ni ideales que alienten nuestro vivir diario, más allá del bienestar y la seguridad del momento.

Es muy significativo observar la actitud generalizada de no pocos cristianos ante la cuestión de la «salvación eterna» que tanto preocupaba solo hace pocos años: bastantes la han borrado sin más de su conciencia; algunos, no se sabe bien por qué, se sienten con derecho a un «final feliz»; otros ya no piensan ni en premios ni en castigos.

Según el relato de Lucas, un desconocido hace a Jesús una pregunta frecuente en aquella sociedad religiosa: «¿Serán poco los que se salven?». Jesús no responde directamente a su pregunta. No le interesa especular sobre ese tipo de cuestiones, tan queridas por algunos maestros de la época. Va directamente a lo esencial y decisivo: ¿cómo hemos de actuar para no quedar excluidos de la salvación que Dios ofrece a todos?

«Esforzados en entrar por la puerta estrecha». Estas son sus primeras palabras. Dios nos abre a todos la puerta de la vida eterna, pero hemos de esforzarnos y trabajar para entrar por ella. Esta es la actitud sana. Confianza en Dios, sí; frivolidad, despreocupación y falsas seguridades, no.

Jesús insiste, sobre todo, en no engañarnos con falsas seguridades. No basta pertenecer al pueblo de Israel; no es suficiente haber conocido personalmente a Jesús por los caminos de Galilea. Lo decisivo es entrar desde ahora en el reino de Dios y su justicia. De hecho, los que quedan fuera del banquete final son, literalmente, «los que practican la injusticia».

Jesús invita a la confianza y la responsabilidad. En el banquete final del reino de Dios no se sentarán solo los patriarcas y profetas de Israel. Estarán también paganos venidos de todos los rincones del mundo. Estar dentro o estar fuera depende de cómo responde cada uno a la salvación que Dios ofrece a todos.

Jesús termina con un proverbio que resume su mensaje. En relación con el reino de Dios, «hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos». Su advertencia es clara. Algunos que se sienten seguros de ser admitidos pueden quedar fuera. Otros que parecen excluidos de antemano pueden quedar dentro.

José Antonio Pagola

 

 

 

DOMINGO 2 1 (C) Fray Marcos

 

(Is 66,18-21) «Vendré para reunir a las naciones de toda lengua.»

(Heb 12,5.13)»Robusteced las rodillas vacilantes. Caminad por una senda llana.»

(Lc 13,22-30) ¿Cuántos se salven? Esforzaros por entrar por la puerta estrecha.

 

.-Si “alguien” quiere pasar, la puerta se cierra. Nuestro esfuerzo tiene que ir encaminado a descubrir que somos “nadie”. En ese instante ya estás del otro lado.

 

El texto nos recuerda una vez más, que Jesús va de camino hacia Jerusalén, que será su meta. Sigue Lc con la acumulación de dichos sin mucha conexión entre sí, pero todos tienen como objetivo ir instruyendo a los discípulos sobre el seguimiento de Jesús. Jesús no responde a la pregunta, porque está mal planteada. La salvación no es una línea que hay que cruzar, es un proceso de descentración del yo, que hay que tratar de llevar lo más lejos posible. Trataremos de adivinar por qué no responde a la pregunta y lo que quiere decirnos.        

No es fácil concretar en que consiste esa salvación de la que hablan los evangelios. Hoy tenemos infinidad de ofertas de salvación. “Salvación” hace referencia, en primer lugar, a la liberación de un peligro o situación desesperada. El médico está todos los días curando en el hospital, pero se dice que ha salvado a uno, cuando estando en peligro de muerte ha evitado ese final. Aplicar este concepto a la vida espiritual puede despistarnos. El mayor peligro para una trayectoria espiritual es dejar de progresar, no que se encuentren obstáculos en el camino. La salvación no sería librarme de algo sino desplegar al máximo la plenitud humana.

Podíamos hacernos infinidad de preguntas sobre la salvación: ¿Para cuándo la salvación? ¿Salvación aquí o en el más allá? ¿Salvación material o salvación espiritual? ¿Nos salva Dios? ¿Nos salva Jesús? ¿Nos salvamos nosotros? ¿Salvan las obras o la fe? ¿Salva la religión? ¿Salvan los sacramentos? ¿Salva la oración, la limosna o el ayuno? ¿Nos salva la Escritura? ¿Cómo es esa salvación? ¿Salvación individual o comunitaria? ¿Es la misma para todos? ¿Se puede conocer antes de alcanzarla? ¿Podemos saber si estamos salvados?

Resulta que es inútil toda respuesta, porque las preguntas están mal planteadas. Todas dan por supuesto que hay un yo que está perdido y debe ser salvado. Debemos darnos cuenta de que la salvación no es alcanzar la seguridad para mi yo individual, sino que consiste en superar toda idea de individualidad. La religión ha fallado al proponer la salvación del falso yo que es el anhelo más hondo de todo ser humano. Salvarse es descubrir nuestro verdadero ser y vivir desde él la armonía y unidad con todos los demás seres.

En realidad, todos se salvan de alguna manera, porque todo ser humano despliega algo de esa humanidad por muy mínimo que sea ese progreso. Y nadie alcanza la plenitud de salvación porque por muchos que sean los logros de una vida humana, siempre podría haber avanzado un poco más en el despliegue de su humanidad. Todos estamos, a la vez, salvados y necesitados de salvación. Esta idea nos desconcierta, porque no satisface los deseos del ego.

Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Esta frase nos puede iluminar sobre el tema que estamos tratando. Pero la hemos entendido mal y nos ha metido por un callejón sin salida. El esfuerzo no debe ir encaminado a potenciar un yo para asegurar su permanencia incluso en el más allá. No tiene mucho sentido que esperemos una salvación para cuando dejemos de ser auténticos seres humanos, es decir para después de morir.

La salvación no consiste en la liberación de las limitaciones que no acepto porque no asumo mi condición de criatura y por lo tanto limitada. Esas limitaciones no son fallos del creador ni accidentes desagradables que yo he provocado, sino que forman parte esencial de mi ser. La salvación tiene que consistir en alcanzar una plenitud sin pretender dejar de ser criatura y limitada. La verdadera salvación es posible a pesar de mis carencias porque se tiene que dar en otro plano, que no exige la eliminación de mis imperfecciones.

Ni el sufrimiento ni la enfermedad ni la misma muerte pueden restar un ápice a mi condición de ser humano. Mi plenitud la tengo que conseguir con esas limitaciones, no cuando me las quiten. Lo que se puede añadir o quitar pertenece siempre al orden de las cualidades, no a lo esencial. Pensar que la creación le salió mal a Dios y ahora solo Él puede corregirla y hacer un ser humano perfecto es una aberración que nos ha hecho mucho daño. La salvación no puede consistir en cambiar mi condición de ser humano por otro modo de existencia.

Para tomar conciencia de dónde tenemos que poner el esfuerzo es imprescindible entender bien el aserto. Debemos desechar la idea de un umbral que debemos superar. No debemos hacer hincapié en la puerta sino en el que debe atravesarla. No es que la puerta sea estrecha, es que se cierra automáticamente en cuanto alguien pretende atravesarla. Solo cuando tomemos conciencia de que somos nadie, se abrirá de par en par. Mientras no captes bien esta idea, estarás dando palos de ciego en orden a tu verdadera salvación.

No estamos aquí para salvar nuestro yo, sino para desprendernos de él hasta que no quede ni rastro de lo que creíamos ser. Cuando mi falso ser se esfume, quedará de mí lo que soy de verdad y entonces estaré ya al otro lado de la puerta sin darme cuenta. Cuando pretendo estar seguro de mi salvación o cuando pretendo que los demás vean mi perfección en realidad estoy alejándome de mi verdadero ser y enzarzándome en mi propio ego.

En realidad, no estamos aquí para salvarnos sino para perdernos en beneficio de todos. El domingo pasado decía Jesús: “He venido a traer fuego a la tierra, ¿qué más puedo pedir si ya está ardiendo? Todo lo creado tiene que transformarse en luz, y la única manera de conseguirlo es ardiendo. El fuego destruye todo lo que no tiene valor, pero purifica lo que vale de veras. Debo consumir lo que hay en mí de ego y potenciar lo que hay de verdadero ser.

Somos como la vela que está hecha para iluminar consumiéndose; mientras esté apagada y mantenga su identidad de vela será un trasto inútil. En el momento que le prendo fuego y empieza a consumirse se va convirtiendo en luz y da sentido a su existencia. Cuando nos pasamos la vida adornando y engalanando nuestra vela; cuando incluso le pedimos a Dios que, ya que es tan bonita, la guarde junto a Él para toda la eternidad, estamos renunciando al verdadero sentido de una vida humana, que es arder, consumirse para iluminar a los demás.

No sé quienes sois. Toda la parafernalia religiosa que hemos desarrollado durante dos mil años no servirá de nada si no me ha llevado a desprenderme de ego. El yo más peligroso para alcanzar una verdadera salvación es el yo religioso. Me asusta la seguridad que tienen algunos cristianos de toda la vida en su conducta irreprochable. Como los fariseos, han cumplido todas las normas de la religión. Han cumplido todo lo mandado, pero no han sido capaces de descubrir que, en ese mismo instante, deben considerarse “siervos inútiles”.

Esta advertencia es mucho más seria de lo que parece. Pero no tenemos que esperar a un más allá para descubrir si hemos acertado o hemos fallado. El grado de salvación que hayamos conseguido se manifiesta en cada instante de nuestra vida por la calidad de nuestras relaciones con los demás. No se trata de prácticas ni de creencias sino de humanidad manifestada con todos los hombres. Lo que creas hacer directamente por Dios no tiene ninguna importancia. Lo que haces cada día por los demás es lo que determina tu grado de plenitud humana, que es la verdadera salvación.

Meditación

Mi falso yo, sustentado en lo material,

tiene que consumirse para que surja el verdadero ser.

Todo lo que trabajemos para potenciar la individualidad,

será ir en dirección contraria a la verdadera meta.

Mientras más adornos y capisayos le coloque,

más lejos estaré de mi verdadera salvación

Domingo 25 de agosto de 2019 – 21º Ordinario de Koinonía.

 

Isaías 66,18-21: De los países traerán sus hermanos
Salmo 116: ¡Vayan por todo el mundo; proclamen la Buena Nueva!
Hebreos 12,5-7.11-13: El Señor reprende a los que ama
Lucas 13,22-30: Vendrán de todas partes a la mesa del reino

Isaías 66, 18-21

De todos los países traerán a todos vuestros hermanos

Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes, y levitas» -dice el Señor-.

Salmo responsorial: 116

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R.

Hebreos 12, 5-7. 11-13

El Señor reprende a los que ama

Hermanos: Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.»

Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?

Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz.

Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Evangelio: Lucas 13, 22-30.

Vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa en el reino de Dios

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.

Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»

Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»;

y él os replicará: «No sé quiénes sois.»

Entonces comenzaréis a decir.

«Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.»

Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»

Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

COMENTARIO LITÚRGICO 

Jesús continua su viaje a Jerusalén, pasando por pueblos y aldeas en los que enseñaba. Alguien pregunta a Jesús: Señor, ¿son pocos aquellos que se salvarán? La pregunta, como se ve, apunta al número: ¿Cuántos vamos a salvarnos, pocos o muchos? La respuesta de Jesús traslada la atención del «cuántos» al «cómo» nos salvamos.

Es la misma actitud que notamos a propósito de la parusía: los discípulos preguntan «cuándo» se producirá el retorno del Hijo del hombre y Jesús responde indicando «cómo» prepararse para ese retorno, qué hacer durante la espera (Mt 24,3-4). Esta forma de actuar de Jesús no es extraña ni poco cortés; es la forma de actuar de alguien que quiere educar a los discípulos y pasar del plano de la curiosidad al de la sabiduría, de las preguntas ociosas que apasionan a la gente, a los verdaderos problemas que atañen al Reino. Entonces, en este evangelio Jesús aprovecha la oportunidad para instruir a los discípulos sobre los requisitos de la salvación. La cosa nos interesa naturalmente en sumo grado también a nosotros, discípulos de hoy que estamos frente al mismo problema.

Pues bien, ¿qué dice Jesús respecto del modo de salvarnos? Dos cosas: una negativa, otra positiva; primero, lo que no sirve y no basta, después lo que sí sirve para salvarse. No sirve, o en todo caso no basta para salvarse el hecho de pertenecer a determinado pueblo, a determinada raza o tradición, institución, aunque fuera el pueblo elegido del que proviene el Salvador: «Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas… No sé de dónde son ustedes». En el relato de Lucas, es evidente que los que hablan y reivindican privilegios son los judíos; en el relato de Mateo, el panorama se amplía: estamos ahora en un contexto de Iglesia; aquí oímos a cristianos que presentan el mismo tipo de pretensiones: «Profetizamos en tu nombre (o sea en el nombre de Jesús), hicimos milagros… pero la respuesta de Señor es la misma: ¡no los conozco, apártense de mí! (Mt 7,22-23). Por lo tanto, para salvarse no basta ni siquiera el simple hecho de haber conocido a Jesús y pertenecer a la Iglesia; hace falta otra cosa.

Justamente esta «otra cosa» es la que Jesús pretende revelar con las palabras sobre la «puerta estrecha». Estamos en la respuesta positiva, en lo que verdaderamente asegura la salvación. Lo que pone en el camino de la salvación no es un título de propiedad (no hay títulos de propiedad para un don como es la salvación), sino una decisión personal. Esto es más claro todavía en el texto de Mateo que contrapone dos caminos y dos puertas –una estrecha y otra ancha– que conducen respectivamente una a la vida y otra a la muerte: esta imagen de los dos caminos Jesús la toma de Deut 30,15ss y de los profetas (Jer 21,8); fue para los primeros cristianos, una especie de código moral. Hay dos caminos –leemos en la Didajé–, uno de la vida y otro de la muerte; la diferencia entre los dos caminos es grande. Al camino de la vida le corresponden el amor a Dios y al prójimo, el bendecir a quien maldice, perdonar a quien te ofende, ser sincero, pobre; en suma, los mandamientos de Dios y las bienaventuranzas de Jesús. Al camino de la muerte le corresponden, por el contrario, la violencia la hipocresía, la opresión del pobre, la mentira; en otras palabras, lo opuesto a los mandamientos y a las bienaventuranzas.

La enseñanza sobre el camino estrecho encuentra un desarrollo muy pertinente en la segunda lectura de hoy: «El Señor corrige al que ama…». El camino estrecho no es estrecho por algún motivo incomprensible o por un capricho de Dios que se divierte haciéndolo de esa manera, sino que se puesto por medio el pecado, porque ha habido una rebelión, se salió por una puerta; el conflicto de la cruz es el medio predicado por Jesús e inaugurado por él mismo para remontar esa pendiente, revertir esa rebelión y «volver a entrar»

Pero, ¿por qué camino «ancho» y camino «estrecho»? ¿Acaso el camino del mal es siempre fácil y agradable de recorrer y el camino del bien siempre duro y cansador? Aquí es importante obrar con discernimiento para no caer en la misma tentación del autor del salmo 73. También a este creyente del primer testamento le había parecido que no hay sufrimiento para los impíos, que su cuerpo está siempre sano y satisfecho, que no se ven golpeados por los demás hombres, sino que están siempre tranquilos amasando riquezas, como si Dios tuviera, además, preferencia por ellos…; el salmista se escandalizó por esto, hasta el punto de sentirse tentado de abandonar su camino de inocencia para hacer como los demás. En este estado de agitación, entró en el templo y se puso a orar, y de repente vio con toda claridad: comprendió «cuál es su fin», o sea el fin de los impíos, empezó a albar a Dios y a darle gracias con alegría porque todavía estaba con él. La luz se hace orando y considerando las cosas desde el fin, o sea, desde su desenlace.

Volvamos al hilo del discurso; Jesús rompe el esquema y lleva el tema al plano personal y cualitativo no sólo es necesario pertenecer a una determinada «comunidad» ligada a una serie de prácticas religiosas que nos dan la garantía de la salvación. Lo importante es atravesar la puerta estrecha es decir el empeño serio y personal por la búsqueda del reino de Dios, esta es la única garantía que nos da la certeza que se está en el camino que nos conduce a la luz de la salvación. Jesús ha repetido muchas veces este concepto: «no todos los que me dicen Señor, Señor entraran en el Reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos».

Comer y beber el cuerpo y la sangre de Señor, escuchar su Palabra, multiplicar las oraciones… es importante pero no es suficiente para alcanzar la salvación, porque como afirma Dios por boca del profeta Isaías: «no puedo soportar falsedad y solemnidad» (1,13). Al rito se debe unir la vida, la religión debe impregnar toda la vida la oración debe orientarse a la práctica de la caridad, la liturgia debe abrirse a la justicia y al bien de otra manera como han dicho los profetas el culto es hipócrita y es incapaz de llevarnos a la salvación, y escucharemos las palabras de Jesús «aléjense de mí, operarios de iniquidad». El acento está en las obras, expresión de una vida coherente con la fe que profesamos.

La imagen que Jesús usa inicialmente es aquella de la «puerta estrecha», que representa muy bien el empeño que es necesario para alcanzar la meta de la salvación, el verbo griego, usado por Lucas, agonizesthe es traducido por «esforzarse». Indica una lucha, una especie de «agonía»; incluye fatiga y sufrimiento, que envuelve a toda la persona en el camino de fidelidad a Dios.

La vida cristiana es una vida de lucha diaria por elevarse a un nivel espiritual superior; es erróneo cruzarse de brazos y relajarse después de haber hecho un compromiso personal con Cristo. No podemos quedarnos estancados en nuestra fidelidad al reino de Dios.

Creer es una actitud seria y radical y no se reduce aciertos actos de devoción. Éstos pueden ser signos de una adhesión radical; finalmente al Reino de Dios son admitidos todos los justos de la tierra que han luchado, amado y se han esforzado por su fe con sinceridad de corazón; esto significa que el cristianismo se abre a todas las razas, a todas las culturas, a todas las expresiones sociales y personales sin ninguna restricción.

 

 

‘Dios, deseo y subversión’, eje de las jornadas de la Asociación de Teólogas Españolas

Para las mujeres creyentes, Dios es una respuesta de liberación y subversión hacia los órdenes establecidos sociales y patriarcales que las someten y violentan. «Dios, deseo y subversión: la vida trinitaria de las mujeres”, es el lema de las XVII Jornadas de la Asociación de Teólogas Españolas que se celebrarán los próximos 26 y 27 de octubre. En estas jornadas queremos profundizar en la búsqueda y el encuentro con Dios y las derivas que produce al hacerse presente su fuerza y espíritu en el cuerpo y la vida de las mujeres. Tenemos muchas preguntas, que buscan solucionar las dificultades y sufrimientos de las mujeres, sufridas en sus cuerpos y en sus vidas.    Leer más (Religión Digital) 

Entrevista con el salesiano indígena tuyuka Justino Rezende, gran interlocutor entre el mundo indígena y cristiano

El Sínodo para la región Pan Amazónica, para un indígena Tuyuka, es muy importante porque la Iglesia, de una manera muy clara, decisiva y profética, se pone del lado de los más amenazados, los pueblos amazónicos. Este rostro indígena de la Iglesia también equivale a decir que las comunidades deben organizarse de tal manera que los valores aparezcan cada vez más, que nuestros valores indígenas enriquezcan los valores de las Buena Nueva de Jesús. Las experiencias buenas, positivas, eclesiales, culturales, con los pueblos amazónicos también pueden convertirse en nuevos modelos de acción misionera para la cuestión ministerial.   Leer más (Luis Miguel Modino)

El Cristo cósmico y los muchos ‘Cristos’ en la historia

El proceso de planetización ha puesto a las religiones en contacto unas con otras y ha mostrado cómo podemos ser religiosos de las más diferentes formas. Esta situación nueva plantea la cuestión referente a la figura de Jesús, a quien se cree Cristo y salvador universal. ¿Cómo situar a Jesús al lado de otros, considerados por sus pueblos como portadores también de salvación?  El Cristianismo no es una cisterna de aguas muertas. Tiene la naturaleza de un organismo vivo que crece y se enriquece en diálogo con lo diferente. Ahora tiene la oportunidad de revelar virtualidades hasta hoy latentes.    Leer más (Leonardo Boff)

La juventud navarra desconfía de la Iglesia católica y la Monarquía

La juventud navarra no siente mucha confianza hacia las instituciones según datos del Diagnóstico de la Juventud en Navarra 2018. Las organizaciones no gubernamentales son las únicas que logran el aprobado por parte de la juventud con una nota media de 5,39. En segundo lugar se encuentran los ayuntamientos, con un 4,82, respectivamente. La Policía y otras Fuerzas de Seguridad cuentan con una valoración de 4,43 sobre 10, y los sindicatos una nota de 4,35.  Entre las instituciones peor valoradas se sitúan la Monarquía y la Iglesia Católica, que obtuvieron un 2,83 y un 2,51 sobre diez, respectivamente.   Leer más (Ainhoa Juanikorena)

 

Óscar Camps, fundador de Open Arms: «No se trata solo de migrantes, se trata de nuestra humanidad»

José Luis Pinilla

Se trata de actuar ante los poderes, aunque vayan con un rosario en las manos, como Salvini.

Hace poco más de año y medio publicábamos en la Revista “ Ventana Europea” una entrevista a nuestro amigo Oscar Camps que tuve ocasión de hacerle como director de la misma .

He rescatado su contenido, esta vez tras las respuestas de tan bajo perfil político ante los crueles acontecimientos llenos de inmisericordia y falta de liderazgo española y europea tras la deriva y anclaje de la situación del “Open Arms” en el Mediterraneo. Un mar  tan necesitado de oleadas… de solidaridad y no precisamente de indiferencia que mata o se pone de perfil

Precisamente la Iglesia Española a través de la Red Migrantes con derechos (antes lo había analizado públicamente  también el Secretario General de la CEE, D. Luis Arguello)  publicaba una dura y concreta Nota que subrayaba el contraste de las ofertas de estos días: Frente a la acción de rechazar, ignorar, bloquear y penalizar que es lo que está sucediendo, el Papa propone –y la Iglesia española le secunda –  que “la respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar, que expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales”.       Leer más

La Iglesia inscribió a su nombre 30.000 propiedades gracias a la ‘ley-Aznar’

El País

Según los datos que el Colegio de Registradores entregó al Gobierno de Pedro Sánchez hace justo un año, el listado de los bienes que la Iglesia ha puesto a su nombre en las últimas dos décadas asciende a 30 000 propiedades.

Estas 30 000 inmatriculaciones corresponden a una amplia variedad de construcciones o terrenos: desde lugares de culto a casas parroquiales o de maestro, plazas, fuentes, frontones y todo tipo de parcelas.

El listado de bienes apropiados por la Iglesia se elaboró en cumplimiento de una proposición no de ley del Congreso de los Diputados y permanece desde entonces oculto. El Gobierno indica que esta relación de bienes sigue “en elaboración” y aún no se ha enviado al Congreso porque se están corrigiendo posibles errores. Hasta ahora ningún Gobierno ha querido hacer público este listado, ya sea PP o PSOE quién acceda al poder.

Su publicación permitiría iniciar el proceso de impugnación que el propio Gobierno anunció el verano pasado que emprendería en caso de que se compruebe que la Iglesia inscribió “bienes de dominio público”. El listado abriría la puerta también a que los afectados, sobre todo los Ayuntamientos, pero también particulares, recurran la titularidad de los inmuebles. La tan esperada transparencia de las inmatriculaciones daría paso a una complicada batalla legal en juzgados de toda España.   Leer más