Urge evangelizar España

Estamos en vísperas de elecciones en Cataluña. Y en vísperas de Navidad en toda España y en todo el mundo cristiano. Pues bien, las cosas se han puesto de tal manera que sobran razones para afirmar que, en este momento y concretamente en España, lo más urgente es evangelizar a este país entero.
Me explico. Evangelizar no es simplemente predicar la fe, como dice el Diccionario de la Rae. Ni se reduce a un asunto de curas, que es lo que normalmente piensa la mayoría de la gente. Evangelizar es propagar la forma de vivir que nos enseña el Evangelio. Y digo que es urgente evangelizar España porque eso es lo más apremiante que necesitamos los habitantes de este país, sean cuales sean las ideas políticas, históricas, económicas, religiosas o sociales que tenga cada cual.

Cuando Jesús de Nazaret predicó y propagó su Evangelio, no predicó ni enseñó una nueva religión. ¿Cómo iba a predicar una religión un individuo que fue perseguido, odiado, sometido a juicio y condenado a la peor de las muertes, precisamente por los dirigentes oficiales de la religión? ¿Qué religión enseñaba Jesús de Nazaret que no pudieron soportarlo, ni a él ni a sus enseñanzas, precisamente los dirigentes oficiales (sacerdotes y doctores de la Ley) que eran los máximos responsables de la religión a la que, según se dice, perteneció Jesús y predicó Jesús?

La noche en que Jesús se despidió de sus discípulos y compañeros más cercanos, quiso hacerlo cenando con ellos en la intimidad, cuando vio que su muerte violenta era cuestión de horas. Pues bien, en aquella cena de despedida, Jesús les impuso a sus discípulos (y a la Iglesia entera) un mandato capital: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, también vosotros amaos unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que os tenéis amor entre vosotros” (Jn 13, 34-35).

Es importante caer en la cuenta de que el evangelio de Juan relata este mandato justamente en el mismo sitio y en el mismo momento en que los otros evangelios informan de la institución de la eucaristía. O sea, entre el anuncio de la traición de Judas (Jn 13, 21-32; Mc 14, 17-21 par) y la predicción de la negación de Pedro (Jn 13, 36-38; Mc 14, 27-31 par). Es decir, para el último de los evangelios, el que se escribió con más años de reflexión y experiencia (a finales del s. primero), el mandato de la eucaristía (“haced esto en recuerdo mío”, para que me tengáis presente y os acordéis de mí), ese recuerdo y esa presencia se nota y se palpa en el cariño mutuo que se tienen los que creen en Jesús, aquellos para los que el Evangelio está presente en sus vidas.

Esto supuesto, ¿por qué les dijo Jesús que este mandamiento era “nuevo”? ¿En qué estaba la novedad de este distintivo de los cristianos? Jesús siempre había enseñado que el primero y principal mandamiento es el amor a Dios y al prójimo, inseparablemente unidos ambos amores (Mc 12, 28-34; Mt 22, 34-40; Lc 10, 27). Aquí el evangelio de Juan rompe con la tradición religiosa de Israel. Y pone el distintivo, que califica a los cristianos, en el solo amor a los seres humanos. De forma que es en esto en lo que se distinguirá y se conocerá quién es cristiano y quién no lo es.

Evangelizar es asumir, no el “laicismo” (negación y rechazo de Dios), sino la “laicidad” más radical. Traducir en realidad que a Dios lo encontramos en todo lo verdaderamente humano. Y solamente en lo auténticamente humano.

Esto supuesto, insisto en mi afirmación inicial: urge evangelizar España. Y digo que esto es tan urgente porque, a mis muchos años, puedo asegurar que nunca vi a España tan rota, tan dividida, tan enfrentada, como ahora la ve todo el que tenga los ojos abiertos a la realidad en que vivimos. La convivencia se ha hecho penosa y difícil, con frecuencia insoportable. Es verdad que ahora no quemamos conventos, templos y centros culturales como se hizo en Granada, en los años 30 al 36. Pero también es cierto que ahora la sociedad española está más fragmentada y, en cuestiones muy fundamentales, más enfrentada que en los años que precedieron a la Guerra Civil.

España se ha convertido en un país de fanáticos. Uno de los más prestigiosos escritores de Israel, Amos Oz, ha dicho con razón que “la esencia del fanatismo reside en el hecho de obligar a los demás a cambiar”. Gane quien gane las elecciones del próximo día 21, ¿será posible convivir en Cataluña a partir del día 22? ¿Cómo se ha permitido que las cosas se pongan de manera que ya nos resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, convivir juntos todos los ciudadanos de este país? Y conste que la culpa, de haber llegado a esta situación, la tenemos todos.

José María Castillo en Redes Cristianas

 

Nace Jesús, ¿renacerá el cristianismo?

Otra vez se siente el aire fresco de Navidad. Pero hablemos en serio. Al menos la Iglesia Católica, en el área del cristianismo que más conozco, se halla en crisis. No leve, grave.

Las señales las detecta cualquiera: caída estrepitosa de la pertenencia eclesial de los jóvenes, falta de credibilidad de los obispos y de nosotros los sacerdotes, disminución en picado de las vocaciones sacerdotales, extinción progresiva de la vida religiosa femenina y aversión general a lo eclesiástico.

Las causas de la crisis pueden ser varias y es muy difícil asignarles porcentajes. Se dice que en las sociedades en las que el mercado se expande y el dinero llega a ser el instrumento de intercambio social, se producen procesos de individuación que acarrean malestar en contra de las instituciones. Ciertamente el cristianismo, religión esencialmente comunitaria, sufre con el individualismo de sus fieles. El católico hoy es más protestante. Se para ante la autoridad con espíritu crítico. Le pide explicaciones. Espera argumentos.

Pero hay también causas internas que motivan el desmoronamiento del catolicismo. Hay un problema con el clero. Francisco Papa embiste de tanto en tanto contra el clericalismo. Actualmente, en muchas partes, el problema no es la falta de clero sino de un clero que, conforme la cultura cambia, se va quedando atrás. Los laicos le entienden cada vez menos. Botón de muestra son las quejas contra las prédicas: les sobra teología y les falta experiencia.

En Evangelii Gaudium el Papa Francisco dedica varios números para enfrentar este déficit. Pero este problema parece tener que ver con una formación sacerdotal que no vincula la tradición de la Iglesia con una capacitación para atender a los signos de los tiempos y responder a la vida real de la gente de nuestra época.

¿Renacerá el cristianismo? Nadie lo puede decir. Me gusta pensar que rebrotará, siempre que haya cristianos que se expongan, como Jesús se expuso, a las vidas de sus contemporáneos. El mismo Papa Francisco con la encíclica Laudato si’ ha abierto al cristianismo las puertas para recuperar la pertinencia histórica perdida. Urge un cristianismo sensible al mega signo de los tiempos que significa la catástrofe medioambiental, uno que oiga «el grito de los pobres y el grito de la Tierra».

Los cristianos tendrían que aprender a reconocer los mecanismos deshumanizantes del capitalismo y, a la medida de sus posibilidades, generar un mundo fraterno y sustentable. A ellos es exigible, como a nadie, una conversión espiritual: un cambio de estilo de vida y tomas de posición políticas, es decir, responsables con el planeta y el prójimo universalmente considerado.

A mi parecer, Laudato si’ impulsa a los católicos a conjugar su cristianismo a distintos niveles. Renacerá este cristianismo insípido que tenemos, si hay personas que lo conjugan con el mundo animal, vegetal y mineral, con el cosmos, como si Dios aún pudiera hablar a través de sus criaturas; quisiera que los cristianos conjugaran su fe con las ciencias más diversas y dialogaran con ellas sin demonizarlas; sería bueno que conjugaran su credo con las creencias de todos los pueblos y las religiones sin exclusión; me parece indispensable que se midan con el ateísmo y sobrevivan; pocas cosas hay más necesarias que las bautizadas conjuguen su Iglesia como protagonistas y no más como jugadoras de segunda división. Las mujeres no pueden seguir siendo personajes de reparto.

No me imagino, en todo caso, un cristianismo no eclesial. ¿Renacerá Cristo en comunidades en que se viva la fraternidad de los hijos y las hijas de Dios? Lo espero.

Jorge Costadoat en Religión Digital

 

¿Tendrá tiempo Francisco para completar su primavera?

José Manuel Vidal, en Religión Digital

Los 81 años del Papa del Evangelio. Hace cuatro años y 9 meses que llegó al solio pontificio. Para darle a la Iglesia un baño de Evangelio. Para volver a las fuentes, para recuperar las raíces. Para regresar al estilo de la Iglesia primitiva, en la que distinguían a los cristianos por el ‘mirad cómo se aman’. Francisco está colocando primero, ante todo y sobre todo, el Evangelio y, después, la doctrina. Primero, la misericordia, la ternura y los pobres. Leer más

Paz en nuestra tierra, buen deseo y tarea

Un grupo de cristianas y cristianos de base de Navarra solemos reunirnos al acercarse la Navidad, en un clima de oración, convivencia y reflexión. Este año el tema de nuestro encuentro ha sido la Paz. Que haya paz en la Tierra, también en la nuestra, es un deseo navideño fundamental, y una tarea que deseamos compartir con quienes lean estas líneas. No nos creemos mejores que nadie. Con humildad y convicción, las presentamos a la Opinión Pública de la Sociedad y la Iglesia. Leer más

Juan María Uriarte reclama que el Estado “aproxime a los presos” de ETA

Jesús Bastante en Religión Digital

El obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte, tiene claro que, tras el abandono de las armas por parte de ETA, «el riesgo de retornar a una situación violenta es inexistente», por lo que «muchos esperamos una política penitenciaria más acorde con el cambio producido, que aproxime a los presos hacia su lugar de origen y sea más humana con los presos gravemente enfermos». Leer más

Navidades heréticas

José Ignacio González Faus en Religión Digital

Comencemos con el texto de un dibujo que, creo, era del inefable Cortés: “Si la gente pensara seriamente en lo que significa que Dios se encarne: que se ponga radicalmente de parte de los más pobres y demuestre que la única religión verdadera es el amor verdadero, si la gente pensara de verdad a qué les compromete decir que Dios nació en Belén…, probablemente no se pondrían tan contentos cuando llega Navidad”. Leer más

Domingo 4º de Adviento, Nochebuena y Navidad – Fray Marcos

(2 Sm 7,1-16) ¿Eres tú quien me va a construir una casa para habitar en ella?

(Rom 16,25-27) Gloria a Dios que ha revelado el misterio de Cristo, escondido.

(Lc 1,26-38) Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

La encarnación de Dios en Jesús es la clave. Si descubrimos a Dios encarnado una vez, podemos afirmar que Dios es encarnación.

Los textos que vamos a leer estos días están tomados del “evangelio de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido no histórico de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc. todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos,no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerarlo los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David que, después de  hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad a partir de sacrificios y oraciones.

Lo que Lc nos propone es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Casi todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lc toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios mismo sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia” se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia (un ser divino), sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mt, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lc. María misma impondrá el nombre a Jesús = Salvador. No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, en el relato mítico, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado  hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era, desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Jn. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí está la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado,  Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos pero estará contra nosotros si le fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario, en cualquier acontecimiento, por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un ídolo.

 

Meditación

La disponibilidad de María es la clave del mensaje.

Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.

Él lo está haciendo todo en cada instante.

Descubrir esta presencia activa,

es la esencia de toda vida espiritual auténtica.

No tienes que hacer nada ni conseguir nada.

En ti está ya la plenitud que quieres alcanzar.

 

Nochebuena (B)

(Is 9,2-7) La vara del opresor, el jugo de carga, el bastón, los quebrantaré

(Tit 2,11-14) Ha aparecido la gracia de Dios, que traerá la salvación para todos.

(Lc 2,1-14) En la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Dios es siempre encarnación. No estamos celebrando un cumpleaños sino tratando de descubrir y vivir lo que está sucediendo.

El relato de Lc no es una crónica de sucesos, sino teología narrativa que es algo muy distinto. Hoy identificamos verdadero con histórico. En tiempo de Jesús era distinto y lo importante era la vida, no la historia. Jesús vivió en un momento y en un lugar histórico, Pero lo importante es que nos invitó a vivir la realidad de un Dios que no está atado a un tiempo ni a un espacio. Lo importante de este relato es la idea de Dios que transmite. La profundización no es nada fácil, porque exige una actitud personal de silencio y de escucha. Desde fuera, es muy poco lo que te puede ayudar a esta tarea.

Lo que deja claro el evangelista es, que Jesús se inserta plenamente en la historia universal, para que nadie pueda poner en duda su condición humana. Una censo oficial al que están sujetos como cualquier mortal, sus padres. Importa poco que los datos no sean exactos. Lo que nos interesa es la intención de Lc, es decir, conectar la buena noticia con Jesús que nace en un lugar y en un momento de la historia. A nosotros hoy lo que de verdad nos cuesta es descubrir al Jesús humano que nos pueda servir de modelo. Enfrascados durante siglos en la trascendencia, nos hemos olvidado de que no hay más divinidad que la que se manifiesta a través de la plenitud de un ser humano.

Ponernos en el lugar del que escribe es la clave para poder entender lo que nos quiere trasmitir. Para Lc, de mentalidad helenista, Dios está en el cielo. Si quiere hacerse presente, tiene que bajar. Viene a salvar a los pobres y empieza por compartir su condición. La salvación se hará desde abajo, pero para llevarla a cabo, Dios tiene que bajar primero. Pero solo lo encontrará el que está en camino, el que está buscando, el que está velando, no los que están satisfechos, instalados cómodamente en este mundo. No lo encontrarán en el bullicio de las relaciones sociales del día, sino en el silencio de la noche.

Los dioses, desde su trascendencia necesitan intermediarios. Estos se ponen en acción y quieren anunciar el acontecimiento. ¿Quién estará preparado para escucharlo? Solo los pastores, la profesión más despreciada y marginada de aquella sociedad. La salvación se anuncia en primer lugar a los oprimidos, a los que menos cuentan. Los demás están descansando, dormidos, cómodos; no necesitan ninguna salvación. Este dato es decisivo porque nosotros nos encontramos entre ese grupo que para nada necesita la salvación que el ángel anunció. Solo necesitamos que nos confirmen en nuestro bienestar.

El anuncio es ‘buena noticia’. El Dios verdadero es siempre buena noticia. La noticia es que Dios viene para salvarlos. “Os ha nacido un Salvador”. Puesta al día, la noticia sería que Dios está viniendo siempre hacia mí para darme plenitud. Los pastores salen corriendo. No será fácil encontrarlo. Alguna pista: Un niño en un pesebre (comedero) semidesnudo y entre pajas, él mismo es alimento (apuntando a la eucaristía). Está  acompañado por sus padres que no dicen nada. ¿Qué podrían decir? Cuando Dios decide enviar su Palabra a los hombres, resulta que nos envía a un niño que no sabe hablar.

Es importante el matiz de que la salvación es para todo el pueblo, no para los privilegiados del momento. No en Jerusalén, sino en la ciudad de David. Él viene a destronar a los poderosos, pero se presenta como uno de los pobres y oprimidos. Esto es la causa de la alegría en el cielo y de la alabanza a Dios en la tierra. Los pastores descubres con alegría la gran noticia y no tienen más opción que proclamarla. Entre los que escuchan, sorpresa. Dios se encuentra lejos de las instituciones, lejos del templo.

El evangelista no está dando los primeros datos de una biografía sino poniendo los fundamentos de una teología. Desde la perspectiva de una biografía, tendríamos que decir: No sabemos nada; ni dónde nació, ni cuando, ni como. Por el contrario, tenemos suficientes elementos de juicio para saber que no pasó nada extraordi­nario desde el punto de vista externo. Ni María ni José ni nadie se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo allí. Nació como todos los niños. Fue un niño normal. Cuando Jesús empezó su vida pública, decían sus vecinos: ¿No es este el hijo de José, su madre no se llama María? ¿De donde saca todo eso? En otra ocasión su madre y sus hermanos vinieron a llevárselo porque decían que estaba loco. ¿Se habían olvidado de los prodigios de su nacimiento?

Y sin embargo aquello era el comienzo de todo. Allí empezaba Jesús su andadura humana, que iba a ser capaz de hacer presente a Dios entre los hombres. Era Emmanuel (Dios-con-nosotros) y era Jesús (salvado). Nacimiento, vida y muerte de Jesús, forman una unidad inseparable. Es importante su nacimiento por lo que fue su vida y su muerte. Hizo presente a Dios, amando, dándose, entregándose a los demás. Eso es lo que es Dios. Salió a su Padre. Es Hijo de Dios. Como pasó con todos los grandes personajes anteriores a él, se hace la biografía de la infancia desde la perspectiva de su vida y “milagros”.

En el ambiente de la celebración de la Navidad hoy, lo más probable es que nos quedemos en las pajas y no vayamos al grano. La importancia del acontecimiento se la tengo que dar yo, aquí y ahora. Dios no tiene que venir de ninguna parte, ni puede estar en ninguna parte más que en otra. Dios está donde nosotros le descubrimos y le hacemos presente. Dios está donde hay amor. Allí donde un ser humano es capaz de superar su egoísmo y darse al otro. Allí donde hay comprensión, perdón, tolerancia, allí está Dios. Dios no será nada si yo no lo hago presente con mi postura ante los demás.

El único objetivo de esta fiesta es que aprendamos a amar. Que aprendamos a salir de nosotros mismos y seamos capaces de ir al otro. El verdadero amor es el resultado del nacimiento de Dios en mí, en todo ser humano, en todo niño recién nacido. No debemos cerrarnos al entorno familiar o afectivo. Debemos recordar también a aquellos niños o mayores que en este momento están muriendo de hambre o de cualquier enfermedad perfectamente curable. Mueren porque nosotros preferimos adorar un muñeco de cartón, antes que aceptar que cualquier recién nacido es divino porque en él reside Dios.

Todo lo que nos hace más humano debemos incorporarlo a la fiesta. La reunión con la familia, la comida, los encuentros y abrazos, todo puede ayudarnos a descubrir lo que somos como seres humanos y a manifestarlo con alegría. La fiesta cobrará sentido para todos en el momento que sepamos aunar lo humano y lo divino. Si unos y otros sabemos ir más allá de los mitos y folklores nos podemos encontrar celebrando la única realidad que debe interesarnos a todos: la VIDA que está en nosotros y espera ser desplegada. Merece la pena hacer un esfuerzo en estos días y dedicar tiempo a lo que nos debía interesar de verdad: ser hoy un poco más humanos que ayer pero menos que mañana.

 

Meditación

Lo que el silencio no diga, nadie te lo podrá dar.

Cuanto te venga de fuera, de nada te servirá.

En tu interior está el pozo donde tienes que beber.

Ninguna otra agua prestada llegará a apagar tu sed.

 

Navidad (B)

(Is 57,7-10)  Y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

(Heb 1,1-6) Ahora en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo.

(Jn 1,1-18) En el principio ya existía la Palabra,… y Dios era la Palabra.

La Vida que había en la palabra es la misma que hay en mí. Esa vida es más importante que la biológica. Es la que debo desplegar al máximo.

En el evangelio de Lc que leíamos anoche encontramos un relato mítico-simbólico del nacimiento de Jesús. En el de Jn que acabamos de leer, afrontamos  un relato metafísico. Es casi imposible descubrir que hacen referencia al mismo ser. En ambos se quiere comunicar el misterio de la encarnación. En ambos, con lenguaje muy diverso, se nos quiere decir lo que es Dios. Pero lo que Dios es solo podemos conocerlo si descubrimos lo que es Jesús. Por eso es tan importante esta fiesta. Mientras más nos acerquemos al Jesús de Nazaret, mejor viviremos lo que él vivió.

El misterio de la encarnación no es cosa de niños, sino algo muy serio. Tan serio que en él nos va la Vida. Retomamos la idea central de la Navidad: La encarnación es la verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura universal que yo conozco. Se trata de un himno cristológico anterior a la redacción del evangelio, fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo el evangelio. Es prólogo pero podía ser epílogo.

En la encarnación estamos celebrando que Dios se identifica con la creación entera. Los primeros cristianos vivieron la implicación de Dios en Jesús y en cada uno de los seres humanos. Algo incomprensible a la razón pero simple para el corazón. Cuando en el s. II se encontró el evangelio con la Razón griega, los Santos Padres trataron de explicarlo racionalmente y lo complicaron hasta hacerlo irreconocible. Esa complicación se plasmó definitivamente en los s. IV y V, hasta hacerlo inútil para la vivencia espiritual. Nuestra tarea es superar la racionalidad y volver a la vivencia.

El primer versículo nos dice ya tres cosas sobre Dios y el Logos: Que el Logos está en el origen (En el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro. (La Palabra estaba junto a Dios). Que, aunque distintos, uno y otro eran lo mismo (La Palabra era Dios).  No se trata de conceptos trinitarios posniceanos. Al comenzar con la misma palabra que el Génesis nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo.  Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre.

La traducción de ‘Logos’ por Palabra no creo que sea la más adecuada, porque se pierde la originalidad del concepto que quiere trasmitir el texto. La palabra ‘Logos’ ya existía, pero el concepto que Jn transmite es nuevo. Esta palabra se encuentra por primera vez en Heráclito, s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde parece que se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material. La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces; los evangelios solo 330. En el NT tiene un amplísimo significado: desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones. No se repite más, ni siquiera en Jn. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una profunda experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que esa comunidad descubrió realizado en Jesús. Es muy interesante la expresión: «junto a Dios», en griego: vuelto hacia, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación, pero no se confunde con Dios. Se deja un margen para el misterio. Este dato no siempre lo hemos tenido en cuenta.

Por medio de la Palabra se hizo todo”. En el AT Dios crea siempre por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del concepto primero. Nos está diciendo que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata solamente de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto, material y espiritual.

Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Jn se percibe esa lucha  incesante entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente de la época. En un escrito de Qunrám se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío, que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley.

Pero a cuantos la recibieron… Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron pero otros sí la recibieron. Se habla aquí de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de la aceptación de su persona. Sería: a los que confían en lo que significa Jesús y lo viven, Les da poder para ser hijos de Dios. Tenemos aquí la buna noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Jn. se advierte una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Se descubre que Jesús es Hijo porque actúa como Dios, no porque conozcamos su naturaleza.

Y la Palabra si hizo carne. Meta de todo lo anterior. Se trata de una nueva presencia de Dios. Dios no está ya en el  templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja una margen para el misterio. Para  la antropología semita hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu, son aspectos de una solo realidad, el hombre. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne, sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios se identifica con lo más bajo del hombre.

Los cristianos no hemos sido aún capaces de armonizar la trascendencia con la inmanencia en Dios y en nosotros. En nuestra estructura mental cartesiana, no cabe que una realidad sea a la vez inmanente y trascendente. Por eso nuestro lenguaje sobre Dios es siempre ambiguo. Dios está más allá que toda realidad, pero a la vez es el fundamento de todo porque está siempre encarnándose. En Jesús esa encarnación se manifestó absolutamente. De esa manera nos abrió el camino para vivirla nosotros. “Les da poder para ser hijos de Dios”.

 

 

 


 

 


 

 


 

Abendualdiko 4º Igandea ta Eguberri – Domingo 4º de Adviento y Navidad, José A. Pagola

-B (Lukas 1,26-38)

Evangelio del 24 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

POZIK ETA KONFIANTZAZ

Vatikano II.ak «Elizaren prototipo eta eredutzat» eman du Andre Maria, Jesu Kristoren Ama. Eta emakume apaltzat deskribatu du, Jainkoa konfiantzaz eta pozik entzuten duena bezala.

«Poztu zaitez». Horra Mariak Jainkoagandik entzun duen lehenengo gauza; gaur ere entzun beharko genukeena. Pozaren falta dugu geure artean. Sarritan kutsatzen gaitu Eliza zaharkitu eta ahituaren tristurak. Jesus ez da jada Berri On? Ez dugu sentitzen jada haren jarraitzaile izatearen poza? Poza falta denean, freskotasuna galtzen du fedeak, bihozkoitasuna galtzen da, fededunen arteko adiskidetasuna hozten da. Dena da zail bihurtzen. Premia gorrikoa da gure elkarteetan poza esnaraztea eta Jesusek ondare utzi digun bakea berreskuratzea.

«Jauna zeurekin duzu». Ez da erraza gaur eguneko Elizan pozik bizitzea. Soilik, Jainkoagan konfiantza baduzu lortuko duzu hori. Ez gara umezurtz. Bidelagun dugun Jainko Aitari deika ari gara egunero, defendatzaile dugun eta beti gizakiaren onaren bila dabilen Aitari deika. Jainkoa geurekin dugu beti.

Batzuetan hain nahasia eta galdua den Eliza hau, Ebanjeliora nola itzuli ez dakien hau, ez da bizi bera bakarrik. Jesus, Artzain Ona, gure bila dabil. Haren Espiritua gu nola erakarriko dabil; haren hatsa eta ulermena geurekin ditugu. Jesusek ez gaitu utzi bertan behera. Harekin dena da posible.

«Ez beldur izan». Beldur askok zurruntzen gaitu Jesusen jarraitzaileok. Beldurra mundu modernoari eta fedea galdu duen gizarteari. Beldurra ziurtasunik gabeko geroari. Beldurra Ebanjeliora bihurtzeari. Kalte handia ari zaigu egiten beldurra. Etorkizunerantz esperantzaz bide egitea eragozten digu. Iragana agor gordetzera mugatzen gaitu. Ugalduz doaz gure mamuak. Galduz doa errealismo sanoa eta ebanjelioaren zentzua.

Premia gorrikoa da konfiantzaren Eliza eraikitzea. Jainkoaren ahala ez da agertzen Eliza boteretsuan, baizik umilean. Geure elkartean entzun beharra dugu Mariak entzun dituen hitz hauek: «Ez beldur izan».

«Seme bat izango duzu eta Jesus izena ezarriko». Andre Mariari bezala, guri ere egiteko bat eman digu Jainkoak: gau ilunean argi egiten esku hartzea. Ez zaigu eskatu mundua juzgatzea, baizik eta esperantza ereitea. Gure egitekoa ez da itzaltzear den argizari punta erabat itzaltzea, baizik eta fedea piztea, jende askorengan ernetzear dena: gaurko gizon-emakumeei Jesus aurkitzen lagundu behar diegu.

Geure elkarteetatik, gero eta txikiago eta umilago diren horietatik, mundu sanoago eta anai-arreba artekoago baten legamia izan gintezke. Esku honetan gaude. Jainkoa ez du krisiak jo. Gu geu gara Jesusi pozik eta konfiantzaz jarraitzera ausartzen ez garenak. Mariak gure eredu izan behar du.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo 4º de Adviento

Evangelio del 24 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

CON ALEGRÍA Y CONFIANZA

El Concilio Vaticano II presenta a María, Madre de Jesucristo, como «prototipo y modelo para la Iglesia», y la describe como mujer humilde que escucha a Dios con confianza y alegría. Desde esa misma actitud hemos de escuchar a Dios en la Iglesia actual.

«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también hoy. Entre nosotros falta alegría. Con frecuencia nos dejamos contagiar por la tristeza de una Iglesia envejecida y gastada. ¿Ya no es Jesús Buena Noticia? ¿No sentimos la alegría de ser sus seguidores? Cuando falta la alegría, la fe pierde frescura, la cordialidad desaparece, la amistad entre los creyentes se enfría. Todo se hace más difícil. Es urgente despertar la alegría en nuestras comunidades y recuperar la paz que Jesús nos ha dejado en herencia.

«El Señor está contigo». No es fácil la alegría en la Iglesia de nuestros días. Solo puede nacer de la confianza en Dios. No estamos huérfanos. Vivimos invocando cada día a un Dios Padre que nos acompaña, nos defiende y busca siempre el bien de todo ser humano. Dios está también con nosotros.

Esta Iglesia, a veces tan desconcertada y perdida, que no acierta a volver al Evangelio, no está sola. Jesús, el Buen Pastor, nos está buscando. Su Espíritu nos está atrayendo. Contamos con su aliento y comprensión. Jesús no nos ha abandonado. Con él todo es posible.

«No temas». Son muchos los miedos que nos paralizan a los seguidores de Jesús. Miedo al mundo moderno y a una sociedad descreída. Miedo a un futuro incierto. Miedo a la conversión al Evangelio. El miedo nos está haciendo mucho daño. Nos impide caminar hacia el futuro con esperanza. Nos encierra en la conservación estéril del pasado. Crecen nuestros fantasmas. Desaparece el realismo sano y la sensatez evangélica.

Es urgente construir una Iglesia de la confianza. La fortaleza de Dios no se revela en una Iglesia poderosa, sino humilde. También en nuestras comunidades hemos de escuchar las palabras que escucha María: «No temas».

«Darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús». También a nosotros, como a María, se nos confía una misión: contribuir a poner luz en medio de la noche. No estamos llamados a juzgar al mundo, sino a sembrar esperanza. Nuestra tarea no es apagar la mecha que se extingue, sino encender la fe que, en no pocos, está queriendo brotar: hemos de ayudar a los hombres y mujeres de hoy a descubrir a Jesús.

Desde nuestras comunidades, cada vez más pequeñas y humildes, podemos ser levadura de un mundo más sano y fraterno. Estamos en buenas manos. Dios no está en crisis. Somos nosotros los que no nos atrevemos a seguir a Jesús con alegría y confianza. María ha de ser nuestro modelo.

José Antonio Pagola


 

Jaunaren Jaiotza (Eguberri) – Natividad del Señor, José A. Pagola

-B (Lukas 2,1-14)

Evangelio del 25 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

GANBELA BATEAN

Lukasen kontaeraren arabera, Aingeruak artzainei ekarritako mezuak eskaintzen digu giltza gaurko misterio hau fedetik irakurri ahal izateko; alegia, Betleemetik kanpo inguruabar arraroetan jaio den haurraren misterioa irakurtzeko.

Gaua da. Argi ezezagun batek egiten du dirdira, Betleem estaltzen duen ilunean. Argia ez da jaitsi haurra dagoen lekura, baizik eta haren mezua entzuten ari diren artzainak bildu ditu. Haurra ezkutuan dago ilunpean, leku ezezagun batean. Ahalegin bat egin beharra da hura aurkitzeko.

Hona entzun behar ditugun lehenengo hitzak: «Ez beldur izan. Berri ona dakarkizuet: poz handia herri guztiarentzat». Egundoko gauza da gertatu dena. Guztiok dugu alaitzeko arrazoia. Haur hori ez da Mariarena eta Joserena. Guztiontzat jaio da. Ez da jende pribilegiatu batena. Jende guztiarentzat da.

Kristauek ez genituzke hartu behar jai hauek geureak bailiran. Fedez jarraitu diotenena da Jesus eta hartaz ahaztu direnena, Jainkoagan konfiantza dutenena eta dena koloka jarri dutenena. Inor ez dago bakarrik bere beldurren aurrean. Inor ez dago bakarrik bere bakardadean. Bada gu guztiok gogoan gaituen norbait.

Horixe aldarrikatu du mezulariak: «Salbatzailea jaio zaigu gaur; Mesias, Jauna». Ez da Augusto enperadorearen semea, mundua dominatzen duen horrena, ez da jendeak salbatzailetzat eta bere soldadu-legioen bidez bakearen ekarletzat hartu duen horrena. Boteretsu baten jaiotza ez da berri on, jende ahula abusu-mota guztien biktima den munduan.

Inperioak mendean duen herri batean jaio da haur hau. Ez da erromatar hiritarra. Inor ez dago Erroman haur hau jaio zain. Baina behar dugun salbatzailea da. Ez da jarriko inongo Zesarren zerbitzura. Ez du lan egingo inongo inperiorentzat. Gizon egin den Jainkoaren Semea da. Soilik, Jainkoaren erregetza bilatuko du eta haren zuzentasuna. Bizitza gizatarrago egiteko biziko da. Honengan aurkituko du gure mundu zuzengabe honek Jainkoaren salbazioa.

Non dago, ordea, haur hau? Nola antzeman ahal diogu? Hona zer dioen mezulariak: «Hona seinalea: haur bat aurkituko duzue, oihaletan bildua, ganbela batean etzana». Zokoratu bat bezala jaio da haur hau. Gurasoek ezin aurkitu izan diote leku erosorik. Inoren laguntzarik gabe munduratu du amak. Bera bakarrik baliatu da ama, ahal bezala, haurra oihaletan bildu eta ganbelan etzateko.

Ganbela honetan hasi du Jainkoak bere abentura, gizakion artean. Ez dugu aurkituko boteretsuen artean, baizik ahulen artean. Ez dago gauza handi-mandi eta ikusgarrietan, baizik eta gauza pobre eta xumeetan. Goazen Betleemera; itzul gaitezen geure fedearen sustraietara. Bila dezagun Jainkoa haragi egin den leku hartan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarai


EN UN PESEBRE

Según el relato de Lucas, es el mensaje del ángel a los pastores el que nos ofrece las claves para leer desde la fe el misterio que se encierra en un niño nacido en extrañas circunstancias en las afueras de Belén.

Es de noche. Una claridad desconocida ilumina las tinieblas que cubren Belén. La luz no desciende sobre el lugar donde se encuentra el niño, sino que envuelve a los pastores que escuchan el mensaje. El niño queda oculto en la oscuridad, en un lugar desconocido. Es necesario hacer un esfuerzo para descubrirlo.

Estas son las primeras palabras que hemos de escuchar: «No temáis. Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo». Es algo muy grande lo que ha sucedido. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño no es de María y José. Nos ha nacido a todos. No es solo de unos privilegiados. Es para toda la gente.

Los cristianos no hemos de acaparar estas fiestas. Jesús es de quienes lo siguen con fe y de quienes lo han olvidado, de quienes confían en Dios y de los que dudan de todo. Nadie está solo frente a sus miedos. Nadie está solo en su soledad. Hay Alguien que piensa en nosotros.

Así lo proclama el mensajero: «Os ha nacido hoy un Salvador: el Mesías, el Señor». No es el hijo del emperador Augusto, dominador del mundo, celebrado como salvador y portador de la paz gracias al poder de sus legiones. El nacimiento de un poderoso no es buena noticia en un mundo donde los débiles son víctima de toda clase de abusos.

Este niño nace en un pueblo sometido al Imperio. No tiene ciudadanía romana. Nadie espera en Roma su nacimiento. Pero es el Salvador que necesitamos. No estará al servicio de ningún César. No trabajará para ningún imperio. Es el Hijo de Dios que se hace hombre. Solo buscará el reino de de su Padre y su justicia. Vivirá para hacer la vida más humana. En él encontrará este mundo injusto la salvación de Dios.

¿Dónde está este niño? ¿Cómo lo podemos reconocer? Así dice el mensajero: «Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». El niño ha nacido como un excluido. Sus padres no le han podido encontrar un lugar acogedor. Su madre le ha dado a luz sin ayuda de nadie. Ella misma se ha valido como ha podido para envolverlo en pañales y acostarlo en un pesebre.

En este pesebre comienza Dios su aventura entre los hombres. No le encontraremos entre los poderosos, sino en los débiles. No está en lo grande y espectacular, sino en lo pobre y pequeño. Vayamos a Belén; volvamos a las raíces de nuestra fe. Busquemos a Dios donde se ha encarnado.

José Antonio Pagola



 

Domingo 4º de Adviento y Navidad, 24 y 25 de diciembre de 2017 – Koinonia

2Sam 7,1-5.8b-12.14a.16: El reino de David durará por siempre
Salmo 88:
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Rom 16,25-27:
El misterio ahora se ha manifestado
Lc 1,26-38:
Concebirás y darás a luz un hijo

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La lectura del segundo libro de Samuel cuenta que deseando David edificarle una casa (un templo) a Yahvé en Jerusalén (para que sustituir la tienda de campaña en que había sido venerado por aquel pueblo itinerante), Yahvé se dirigió al profeta Natán, para comunicarle que sería al revés: Yahvé le edificará la «casa a David», le constituirá en el poder como una dinastía perpetua. V. 13: «consolidaré tu trono para siempre». V. 16: «Tu casa y tu monarquía durarán para siempre en mi presencia; tu trono permanecerá para siempre». V. 9: «Yo he estado contigo en todas tus empresas, he aniquilado a todos tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra». Por toda esta elaboración teológica creada en torno a la figura de David, éste pasó a ser para los israelitas el rey más grande de toda su historia, una figura que se coloca sólo por detrás de Moisés y del profeta Elías. David viene a ser casi un nuevo patriarca, padre de la gran dinastía de Israel, como Abraham lo sería del pueblo. Con esa promesa divina la figura de David se carga de futuro: un «hijo de David» saldrá de sus entrañas como el Mesías de la nueva Liberación… Todavía hoy, la bandera de israel es… la estrella de David.

En aquel contexto, los primeros seguidores de Jesús –aunque no necesariamente los primeros estadios históricos del movimiento de Jesús, sino la reflexión de los grupos posteriores, hubieron necesariamente de asumir ese concepto para viabilizar su comprensión de Jesús: Él sería el Hijo de David, el Mesías enviado, en el que se cumple la promesa hecha a David, que quedó hecha añicos cuando Judá fue vencido y desterrado. Jesús será verdaderamente aquel «cuyo reino no tendrá fin», como rezamos en el credo.

Pero cabe preguntar: todo lo que dice la Biblia sobre David, ¿es verdad histórica o elaboración teológica? Quien más nos puede ayudar hoy es la más reciente arqueología bíblica. ¿Qué nos dice ésta? En una síntesis muy apretada nos dice que a pesar de ese versículo 9 más arriba citado –te haré famoso como los más famosos de la tierra– no tenemos más que un solo testimonio extrabíblico sobre David: un fragmento de una inscripción encontrada en Dan –extremo norte de Israel– que testimonia que un rey ha vencido a la «casa de David», sin que sepamos bien a qué hecho se refiere. No aparece el nombre de David en ningún documento de Mesopotamia, ni de Egipto ni de los pueblos circundantes (peor parte lleva Salomón, que no es citado absolutamente por ningún documento extrabíblico). La arqueología actual piensa que el David que tal vez existió, tendría muy poco que ver con el grandioso rey de un poderoso reino que la Biblia nos pinta. Los restos de la Casa de David, actualmente todavía en estado de excavación en Jerusalén, confirman palmariamente esa opinión.

Hoy la arqueología y la historia creen que toda esta parte de la Biblia ha sido escrita, en un primer momento, durante el tempo del rey Josías, que capitanea el Reino de Judá después de que el Reino de Israel haya sido deportado por los babilonios, y necesita aprovechar el momento para expandir el reino del sur, Judá, y para ello necesita echar mano de una historia de «monarquía unida», a la que habría que volver, y unir a todos aquellos territorios dispersos en un único reino panisraelita. Para ello escribieron este libro dedicado enteramente a David, como también la historia de la conquista, en la que Josué figura claramente como el anticipo de Josías, a quien estaría legitimando en sus deseos de expansión por aquellos mismos territorios supuestamente antes conquistados.

El tema es más que interesante: sorprendente (siempre habíamos pensado otra cosa, durante más de dos mil años), desafiante (para el judaísmo, para el cristianismo, para el Estado mismo de Israel…), y para todos nosotros, creyentes que hemos estado pensando desde siempre que estábamos respondiendo a una actuación bien conocida de Dios en nuestra historia. Si la ciencia (historia, arqueología…) nos dicen que ese «relato» no es histórico, que es construido, y que tiene otras explicaciones, sin duda algo entra en crisis y necesita ser repensado.

Estamos en la Navidad, y algo semejante podríamos decir sobre este símbolo: hoy sabemos que Jesús no nació en Belén (de donde procedería simbólicamente el Hijo de David), ni nació el 25 de diciembre (aunque hay que tirar del hilo sobre el significado de esa fecha que se escogió), y que el llamado «evangelio de la infancia», del que hoy leemos un fragmento es también una sofisticada elaboración teológica, no una literal descripción histórica.

Lo que dicen hoy la arqueología y la historia no es baladí, ni es algo que «yo ya lo había oído», como dicen los que no quieren reconocer que estamos en un nuevo nivel de probabilidad científica. Es un momento nuevo. Toda la historia de los patriarcas, de la salida de Egipto y de la entrada en Canaán han sido reenviadas al reino de la leyenda. Podemos seguir creyendo, pero ha de ser sobre otras bases, diferentes.

Obviamente, no es éste el lugar para desarrollar este tema, pero sí lo es para recomendarnos vivamente a todos la necesidad de estudiarlo y, sobre todo, replantear las bases de nuestra fe. También la Navidad, con todo ese gran conjunto de sentimientos embargadores, recuerdos familiares, imágenes entrañables… que nos evocan enseguida la vivencia religiosa de nuestra infancia, es un tiempo bueno para replantearnos la fe: ¿en qué pues estamos creyendo? ¿En qué consiste creer? ¿Se trata de creer realmente? ¿Cómo entiendo yo a estas alturas de mi vida la fe cristiana que embargaba mis sentimientos cuando la vivía en el medio familiar siendo niño/a? El tema del desafío de la arqueología/historia está ahí, y no son muchos quienes se atreven a afrontarlo. Tal vez estos días con una oportunidad especial para abordar esa tarea.

Aquí daremos sólo una indicación, que incluye bastante bibliografía (accesible) que permite ahondar y ensanchar el pensamiento. Ojalá lo puedan hacer en grupo, en la comunidad. El texto es: «Nuevo paradigma arqueológico-bíblico». En la red, en pdf, puede recogerse en https://goo.gl/x9YcxD Como htm puede leerse en el número 442 de la RELaT (Revista Latinoamericana de Teología), de los servicios Koinonía (www.servicioskoinonia.org/relat/442.htm). Para más bibliografía sobre este nuevo paradigma (y otros), véase servicioskoinonia.org/BibliografiaNuevosParadigmas.pdf

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 131 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un niño va a nacer». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/article/131-un-nino-va-a-nacer/

 

Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2017 – Koinonia

Is 52,7-10: Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios
Salmo responsorial 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios
Heb 1,1-6: Dios nos ha hablado por el Hijo
Jn 1,1-18: Prólogo del evangelio de Juan

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Inauguramos hoy el tiempo de Navidad, celebrando la fiesta del nacimiento de Jesús, celebración de júbilo y alegría para los cristianos, quienes lo reconocemos como iniciador de un camino religioso universal ofrecido por Dios a toda la Humanidad.

La lectura del libro de Isaías es un canto de alabanza de la próxima liberación de Jerusalén. Dos imágenes enmarcan la lectura, por una parte la de los mensajeros que sobre los montes de Judá traen la noticia de la próxima liberación, y gritan: ¡Yahvé reina! La segunda imagen es la de los centinelas que prorrumpen en júbilo porque ven el retorno de Yahvé a Sión y exclaman alborozados como el Señor ha consolado a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén. Y es que en el momento en que se escribe el libro de Isaías, la mayoría del pueblo de Israel se encuentra exiliado en Babilonia, son esclavos de los asirios. Sin embargo, ven como muy positivo que Darío asuma el poder, pues ponen sus esperanzas en que el será el rescatador, que les permitirá retornar a su tierra. Esta realidad es inminente por lo que el escritor canta la alegría del retorno a la tierra. Para nosotros, hoy, esos pies del mensajero anuncian el nacimiento del Señor y nosotros, como los centinelas, proclamamos alegres la presencia del salvador que se hace vida en medio de nosotros.

El salmo responsorial corresponde a un himno de alabanza dirigido a Yahvé porque ha obrado maravillas y porque ha revelado la justicia a las naciones acordándose de la lealtad de Dios a Israel. El salmista invita a toda la creación (mar, ríos y montes) a aclamara Yahvé que llega a juzgar el mundo con justicia y los pueblos con equidad. Esa felicidad la compartimos nosotros con el salmista cuando recibimos a Jesús que llega, que nace. Él es Dios mismo que se convierte en Buena Noticia, anuncio de salvación para todos los pueblos, que asume nuestra condición humana y por ello estamos alegres y cantamos llenos de júbilo y esperanza.

La carta a los Hebreos, que está tratando de animar a cristianos-hebreos desanimados, elabora su reflexión, a su estilo. Expresa que «muchas veces y de múltiples maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, pero en estos últimos tiempos nos habló por medio de su Hijo a quien instituyó heredero de todo»… Hermanos, estamos en los últimos tiempos pues la revelación a llegado a su plenitud en Jesucristo. Él es imagen de Dios invisible: quien le ve a él ve al Padre; pues al asumir la condición humana y al nacer en un establo, como un hombre pobre, Dios se ha manifestado como solidario con todos los hombres de la tierra y por medio de Jesús ha mostrado el camino de la salvación. Es, obviamente, un modo de expresarse, un lenguaje de aquella época y en contexto teológico judeo-cristiano, tan alejado culturalmente de nosotros, en el que se mueve el autor.

La liturgia de hoy, además, nos propone el prólogo del evangelio de Juan para la reflexión. Este himno al Verbo-Palabra de Dios, a la Verdad, a la Luz, que es Jesús mismo; posee una dinámica descendente. En el principio la Palabra se encuentra al lado de Dios y por ella son hechas todas las cosas. Es la Palabra preexistente, junto a Dios y antes de todos lo tiempos. Esta Palabra, que es Jesús puso su Morada entre nosotros, se hace carne, asume la condición humana, se hace uno de nosotros y por que él nos ha comunicado al Padre hemos visto a Dios. Juan vino a dar testimonio de Jesús, le preparó el camino, vino antes para anunciar la venida del Salvador. Vino la Luz que es Jesús y los suyos, que el evangelio de Juan llama judíos no lo recibieron, pero a los que le acogieron les dio el poder de hacerse hijos de Dios en el Hijo (hermanos). Como se ve es un texto teológico muy profundo, en él se expresa el misterio de la encarnación. Dios se hace hombre, asume la temporalidad y limitación de los hombres, para hacer infinito e ilimitado al hombre. Dios se hace hombre, para hacer del hombre imagen de Dios.

Esta es la misma dinámica que estamos invitados a asumir en nuestra vida como cristianos, encarnarnos, asumir los valores y realidades de los lugares donde vivimos; mirar hacia abajo, a los que son vistos por la sociedad como poca cosa, y reconocer que en ellos la revelación de Dios acontece a los ojos del creyente. Buscamos las seguridades en nuestras vidas, pero la novedad de la encarnación de Jesús es el riesgo de abandonar la seguridad del Padre para asumir la inseguridad de la condición humana y de la condición humana pobre, por eso es que creer en Jesús implica el riesgo de dejarlo todo para seguirle.

El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», pero es fácil escoger algún episodio de la serie relacionado con la Navidad (https://radialistas.net/category/un-tal-jesus/).

Otra serie de los Hnos LÓPEZ VIGIL, «Otro Dios es posible», ofrece varias «entrevistas a Jesús» sobre temas que se pueden utilizar pedagógicamente en torno a la Navidad: ¿Nació en Belén? (4), ¿25 de diciembre? (5), ¿Ángeles, reyes y estrellas? (6), ¿Cómo dio a luz María? (7), ¿Hermanos de Jesús? (9), ¿Anunciación a María? (11), ¿María Virgen? (12), ¿José, esposo de María? (13)… u otros, según las características del grupo que lo va a trabajar. Pueden verse fácilmente las 100 entrevistas, aquí:https://radialistas.net/category/otro-dios-es-posible/


 

La teología no puede ser entendida como la imposición de ideas

El grupo de Teólogos en el Horno (un grupo configurado por jóvenes estudiantes y graduados de teología de varias denominaciones y corrientes teológicas), refiere desde la fe en Cristo que nos une y compromete:

Ante las últimas críticas vertidas sobre el Dr. Alfonso Ropero y el Reverendo Juan María Tellería, respecto a su trabajo en el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia publicado por CLIE, como de muchas otras opiniones y ataques sobre otros hermanos a los que apreciamos o que conocemos simplemente por sus trabajos, como Juan Sánchez y Máximo García, nos vemos impulsados a dar una respuesta por la inmensa deuda de gratitud que sentimos hacia ellos.

Todos estos hermanos ejemplares comprometidos en la fe cristiana y entregados a la reflexión teológica, nos han inspirado para acercarnos al misterio de Dios, nos han abierto las puertas y las ventanas para pensar y vivir la fe en libertad como un mundo todavía por descubrir, nos han interpelado a meditar las Escrituras, a estudiarlas sin menospreciar esfuerzos y a permanecer expectantes delante de su mensaje, y nos han animado incansablemente a recibir con gratitud la herencia recibida y a asumirla críticamente para hacerla comprensible a nuestra sociedad contemporánea. Por todo ello, gracias.

Pero al mismo tiempo nos urge la obligación fraternal de responder ante una actitud dañina y tendenciosa que algunos medios están promoviendo, así como el odio que se desprende después desde los consumidores de tales medios (campañas de boicot o acoso en redes sociales a las personas públicamente cuestionadas). Leer mas…