A Belén – Joxe Arregi

“Vamos a Belén”, se dijeron los pastores, entre animosos y turbados, según el relato del evangelio de Lucas. Es de noche y están a la intemperie, las ovejas que cuidan a turnos no son de su propiedad, el pan de mañana para sus hijos es incierto. De pronto la noche se ilumina, irrumpe la voz de un ángel, el Fondo mejor del corazón de la vida. “No temáis. En Belén os ha nacido el mesías liberador”.  Y allí se encaminan.

Bellísimo relato, cuya verdad no hemos de buscar en el hecho histórico, sino en la metáfora. Una metáfora poética, profética, política. Inspirada y vigorosa metáfora teológica de Dios o de la Vida que ha de nacer, que hemos de gestar y cuidar.

“Vamos a Belén”, quiero decirte también yo, amiga, amigo, desde el fondo de mi alma en este día de Nochebuena, a pesar de que la aurora del sol naciente, la Natividad del único Dios verdadero, la Paz y la Liberación de todos los vivientes, parece aún tan lejano, tan incierto.

Vamos a Belén. ¿Pero a qué Belén? ¿Al antiguo Belén de Judea? ¿O al Belén de las ficciones y de las creencias? Vamos más bien a los Belenes –son tantos– de tierra y de carne que pueblan la Tierra. Son más de ciento treinta ciudades, pueblos, aldeas o lugares que se llaman Belén: de Chile a México, de Argentina a Estados Unidos, de Colombia a Costa Rica, de Venezuela al Salvador, de Uruguay a Guatemala, de Paraguay a Cuba, de Honduras a Perú, de Panamá a Ecuador, Bolivia y Brasil, de Filipinas a Indonesia, de Chequia a Guinea Ecuatorial y de Turquía a Polonia, Grecia, Portugal, España… Lugares sin fin de todos los continentes. Imágenes del verdadero Belén.

También el Belén histórico, del que hablan los evangelios, el que ha dado nombre a todos los lugares que se llaman así, es una imagen del verdadero Belén que aún no es. Los Evangelios hablan de Belén en términos proféticos, más bien que históricos, y la profecía sigue sin cumplirse: Belén sigue siendo una localidad sometida en la Cisjordania palestina ocupada por Israel. Está a 9 kilómetros de Jerusalén, que significa “ciudad de paz” pero es en realidad ciudad de violencia, de la que no hay un único responsable, pero sí un responsable mayor: el estado de Israel con su poderoso aliado, los Estados Unidos de América. Belén de Palestina con sus 25.000 habitantes, todos extranjeros en su tierra, la mitad cristianos y la otra mitad musulmanes, muchos de ellos refugiados palestinos, doblemente extranjeros. Belén rodeado, aislado más bien, por un muro inhumano erigido por el estado israelí, muro de cemento y de soldados que restringen a capricho la libertad de entrada y de salida de sus habitantes.

Belén es toda la geografía del planeta en su diversidad y paradojas, con sus dramas más terribles y con sus sueños más bellos. Es figura de todos los Belenes. Imagen de todas las injusticias y grietas del mundo. E imagen de otro mundo que hemos de engendrar, imagen del poder de lo pequeño y lo sencillo, de la bondad más fuerte, de la fe en la vida y en la humanidad a pesar de todo.

No en balde Belén significa “ciudad del pan”, del pan que falta a tantos, de tanto pan que despilfarramos, de la tristeza de la codicia, de la alegría de la comensalía, de la felicidad de la bondad y del compartir, la única felicidad verdadera. Belén es el nombre de esa ciudad futura de todos los hombres y mujeres, de todos los vivientes.

Ése es el Belén del que nos hablan los Evangelios. Los evangelios no son crónicas de lo que alguna vez sucedió en el campo de los pastores a las afueras de Belén de Judea. Son más bien profecía de lo que hemos de hacer que suceda: que haya pan, libertad, igualdad para todos. Aunque Jesús no hubiera nacido en Belén, sino en Nazaret, como seguramente nació, y aunque María no fuera físicamente virgen y José fuera, como sin duda fue, el padre de Jesús, eso no restaría nada al mensaje evangélico ni habría de afectar en nada a la fe de los cristianos de hoy. Pues, al igual que los poemas y las profecías, los evangelios se escribieron para mover el corazón y liberar la esperanza, siempre tan amenazada. No se escribieron para contar el pasado, sino para imaginar y suscitar el futuro. Y ahí estamos, ¿o no?

Vayamos, pues. Delante del Belén de nuestra casa, quiero inclinarme ante el niño Jesús – profecía de la humanidad– como María y José. Y volver a soñar, y que el sueño me impulse a construir el Belén de un futuro mucho mejor para todos.

Joxe Arregi en Diario de Noticias, 24 de Diciembre de 2017

 

 

 

Humano como Jesús sólo Dios mismo – Leonardo Boff

La Navidad nos hace recordar nuestros orígenes humildes. El Hijo de Dios no quiso nacer en un palacio con todo lo que tiene de pompa y de gloria. No prefirió un templo con sus ritos, inciensos, velas encendidas y cánticos. Ni siquiera buscó una casa mínimamente decente. Nació allí donde comen los animales, en un pesebre. Sus padres eran trabajadores pobres, del campo y del taller, en camino para cumplimentar un censo impuesto por el emperador romano.

Esta escena nos remite a la situación presente en nuestro país y en el mundo: millones y millones de pobres, muchos hambrientos, y otros tantos millones de niños con los ojos casi fuera de las órbitas a causa del hambre y de la delgadez extrema. La mayoría muere antes de cumplir los 3 años. Ellos actualizan para nosotros la condición escogida por el Hijo de Dios.

Al elegir a aquellos que no existen socialmente y a los considerados como invisibles, el Hijo de Dios quiso darnos un mensaje: hay una dignidad divina en todos estos sufridores. Hacia ellos debemos mostrar solidaridad y compasión, no como pena, sino como una forma de participar en su sufrimiento. Siempre habrá pobres en este mundo, ya lo dice la Biblia. Razón de más para que retomemos siempre la solidaridad y la compasión. Si alguien hace el mismo camino, extiende la mano y levanta al caído, y más aún, si alguien se hace compañero, es decir, aquél que comparte el pan, el sufrimiento se vuelve menor y la cruz más ligera.

Quien está lejos de los pobres, aunque sea el cristiano más piadoso, está lejos de Cristo. Siempre cabe recordar la palabra del Juez Supremo: “Lo que hagas o dejes de hacer a estas hermanas y hermanos míos más pequeños: los hambrientos, los sedientos, los encarcelados y los desnudos, a mi me lo hiciste o dejaste de hacer” (Mt 25,40).

La Navidad es una fiesta de contradicción: nos recuerda que el mundo todavía no ha sido humanizado porque somos crueles y sin piedad con aquellos castigados por la vida. La Navidad nos recuerda esa misma situación vivida por el Verbo de la vida, el Hijo hecho carne.

Por otro lado, en Navidad nos alegramos de que Dios en Jesús “mostró su bondad y jovialidad para con nosotros” (Epístola a Tito 3,4). Nos alegra saber que Dios se hizo un niño que no juzga ni condena a nadie. Solo quiere, como niño, ser acogido más que acoger, ser ayudado más que ayudar.

Me complace terminar esta pequeña reflexión con los versos del gran poeta portugués Fernando Pessoa. Pocos han dicho cosas más bellas que él sobre el Niño Jesús:

“Él es el Niño Eterno, el Dios que faltaba.
Él es lo humano natural,
es lo divino que sonríe y que juega.
Por eso sé con total certeza
que Él es el Niño Jesús verdadero.
Es un niño tan humano que es divino.

 

Nos llevamos tan bien el uno con el otro,
en compañía de todo,
que nunca pensamos el uno en el otro.
Pero vivimos los dos juntos,
con un acuerdo íntimo
como la mano derecha con la izquierda.

 

Cuando yo muera, hijito,
que sea yo el niño, el más pequeño.
Tómame en tus brazos
y llévame dentro de tu casa.
Desviste mi ser cansado y humano
y acuéstame en tu cama.

 

Cuéntame historias, si me despierto,
para que vuelva a dormirme.
Y dame sueños tuyos para jugar,
hasta que nazca cualquier día
que tu sabes cuál es.”

 

Después de esta belleza sencilla y verdadera sólo me queda desear una Feliz Navidad serena a todos en este mundo nuestro tan perturbado.

Leonardo Boff en Atrio, 26-diciembre-2017

 

 

Lecturas de la Navidad

Enrique Martínez Lozano en Fe Adulta

Parece innegable que, en nuestro entorno sociocultural, y más allá de creencias religiosas, la fiesta de “Navidad” ha ocupado durante siglos (y aún sigue ocupando) un lugar privilegiado. Diferentes factores la convirtieron en una fecha popular e incluso entrañable, aunque no faltaran nunca sus detractores. Leer más

La ‘degeneración’ se extiende por la Iglesia entera

José María Castillo en Religión Digital

El discurso que el papa Francisco tuvo, como felicitación navideña, a la Curia Romana el pasado día 21 de este mes de diciembre, está dando que hablar en los ambientes relacionados con la Iglesia. El papa les habló, a los miembros de la Curia, con la claridad y la libertad que le caracterizan. Y desde ahora afirmo que, desde su claridad y su libertad, el papa hizo, entre otras, dos afirmaciones que hacen temblar. Leer más

La familia de Jesús, esa gran desconocida

José Manuel Vidal en Religión Digital

De sus abuelos no sabemos nada y de su padre José, casi nada. ¿Qué sabemos hoy, a ciencia cierta, de José, María y Jesús? ¿Qué opinan los exegetas católicos más serios sobre los hermanos y hermanas de Jesús? ¿Es creíble que en la cultura judaica de su tiempo no hubiese formado una familia propia? ¿Cómo vivió su sexualidad? ¿Sintió tentaciones? ¿Pudo enamorarse? ¿Qué relación mantuvo con María Magdalena? Leer más

Sagrada Familia y María, madre de Dios – Fray Marcos

Sagrada Familia

(Eclo 3,3-17) El que respeta a sus padres, acumula tesoros.

(Col 3,12-21) Sea vuestro uniforme: misericordia, bondad, humildad, dulzura…

(Lc 2,22-40) El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría.

Toda familia es divina si es verdaderamente humana. El marco familiar nos permite desplegar lo divino en lo humano.

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido en los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lc quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona, que es el valor supremo. Las instituciones no son santas ni sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás.

La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución; si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima crítica a los defectos que conllevaba.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que el 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy para mantener un matrimonio se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy, al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que, en algún momento, surjan dificultades.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser; a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto, a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento, ciertamente es indestructible. Pero para que haya sacramento no es suficiente que hagamos el signo. Es imprescindible que se dé la realidad significada, el amor.

 

Meditación

Éste es el Jesús que nos interesa de verdad.

Un ser humano que recorre nuestro propio camino.

Solo así nos puede indicar la verdadera dirección.

En nuestra vida espiritual

lo importante es no instalarse ni apoltronarse.

Paso a paso debemos avanzar, aunque sea en la oscuridad.

Mientras sigas dando pasos, estás en el buen camino.

 

María, Madre de Dios – Año nuevo – Día de la paz

(Nm 6,22-27) El Señor te bendiga y te proteja, se fije en ti y te conceda la paz

(Gal 4,4-7) Al cumplirse el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido bajo la Ley…

(Lc 2,16-21) A los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron Jesús.

Todo pasa pero Algo permanece. El tiempo cronológico pasa. En la medida que descubra el kairos, dejará de pasar en balde.

El texto de Lc que acabamos de leer está en línea con lo que venimos diciendo estos días: total inserción de Jesús en las tradiciones judías. Al decirnos que María rumiaba todo esto, está apuntando a la importancia de lo que estaba pasando dentro de ella y de los demás protagonistas. Importante el nombre: Jesús=Dios salva, lo dice todo.

El tema de María Madre merecería más aclaración de la que permite este pequeño comentario. ¡Claro que la maternidad de María es un dogma! Pero no se discutió en el concilio como un tema mariológico, sino cristológico. Fue definido en Éfeso en el 431. Inmediatamente fue mal entendido (hay que tener en cuenta que, en aquella ciudad, se veneraba a la «Magna Mater», diosa virgen Artemisa o Diana) y tuvo que ser aclarado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) matizando lo formulado en Éfeso, concretando que María era madre de Dios «en cuanto a su humanidad».

Debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado este dogma. Se definió como un intento de confirmar, contra la herejía nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús, que el fruto del parto de María fue una única persona. No olvidemos que el concilio de Éfeso lo promovió Nestóreo para condenar como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo; y por lo tanto que María era, con pleno sentido, madre de Dios. A Nestóreo le salió el tiro por la culata, pero faltó el canto de un duro para que se condenara como herejía lo que se definió como dogma.

En efecto, en una primera sesión, sin la asistencia de Nestóreo, que no quería que se celebrara antes de que llegara su amigo el patriarca de Antioquia, se definió el dogma condenando a Nestóreo. Cuando a los pocos días llegó su amigo Juan de Antioquia, se celebró una sesión paralela y definieron lo contrario, condenando como hereje a Cirilo. Visto lo cual el Emperador Teodosio depone a los dos, (Cirilo y Nestóreo) y los encarcela. Unos días más tarde, cuando llegan los delegados del Papa, convencen al emperador para que acepte lo definido en la primera sesión y libere a Cirilo. A Nestóreo le obligó a retirarse a un monasterio. Teodosio decidió qué era dogma y qué era herejía

Este dogma es el mejor ejemplo de cómo, conservando las palabras, tergiversamos el sentido. Cuando se definió el dogma se tenía una idea completamente distinta de la maternidad. Se creía entonces que la madre era solo el recipiente donde el varón depositaba la semilla del nuevo ser, en el que la madre no tenía más misión que la de acogerle y alimentarle. De hecho la traducción correcta del término griego «theotokos» sería «la que pare a Dios». Solo desde esa concepción de la maternidad se pudieron desarrollar las mitologías sobre seres humanos que se consideraron hijos de Dios.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios alumbrando a Jesús. S. Agustín dice que María fue madre de Dios no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. El evangelio deja bien claro lo que es importante en María. Cuando le dicen a Jesús que su Madre y sus hermanos están fuera, contesta: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? El que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Año Nuevo.- Estamos en el tiempo para darme cuenta de mi verdadero ser y descubrir que estoy ya en la eternidad, que mi verdadero ser no está en el chronos sino en el kairos. Seré cada año más joven si soy cada día más libre. Mi verdadero ser lo constituye lo que de divino hay en mí, y eso es eterno. No tengo que esperar nada. Soy ya la plenitud y estoy en lo eterno. Mi singularidad e individualidad es apariencia. No debemos empeñarnos en meter a Dios en el tiempo, sino en salir nosotros de él. Soy la ola que aun no se ha dado cuenta de que es océano. El océano aun no se ha reflejado en mí. Tengo que darme cuenta de que soy océano y entonces el océano me dirá que él es ola. Cuando Jesús dice: “Yo y el padre somos uno» no lo dice desde el falso yo, sino desde su verdadero ser. Es lo que hay en mí de Dios quien dice: Yo y Dios somos uno.

El tiempo en el que se desarrolla nuestra existencia tiene mucha importancia, pero solo como medio para conseguir esa toma de conciencia que me hará trascender. Nuestra reflexión de hoy tiene que estar encaminada a descubrir qué estoy haciendo yo con mi tiempo. Puedo estar malgastando o perdiendo lo que se me ha dado para que lo aproveche. Van pasando mis años y con ellos las oportunidades de dar verdadero sentido a mi vida. Esta tiene que ser mi preocupación cuando estamos pasando de un año a otro.

Día de la paz.- Creo que merece la pena hacer una denuncia de las circunstancias en las que nos encontramos y tratar de poner un poco de luz en la maraña de informaciones e intereses que nos envuelven. En nombre de la libertad no se puede defender todo.  En nombre de la libertad religiosa no se pueden propugnar ideas que vayan contra los más elementales derechos de las personas, ni siquiera de una sola persona. En nombre de la libertad política no se pueden defender ideas que no respeten los derechos fundamentales de los demás. Tengo la obligación de defender mis derechos; pero mis derechos terminan donde empiezan los derechos del otro, que se convierten en obligaciones para mí.

Debemos desenmascarar el fariseísmo de nuestro mundo occidental, que se atreve a celebrar un día mundial de la paz mientras está sosteniendo, por acción o por omisión, situaciones de injusticia que claman al cielo. Nos hemos arrogado el derecho de decidir quién es el bueno y quien es el malo. Nos hemos colocado en estadios éticos anteriores a la ley del talión. En ella se decía que si te rompen un diente, tienes derecho a romperle un diente al agresor, no más. Hoy estamos oyendo todos los días que hay que romperle todos los dientes al otro, porque si no, el día de mañana me puede morder.

No es deseable la paz a cualquier precio. A nadie le interesa la paz de los cementerios. Tampoco debía interesarnos la paz sobre la que se fundaron todos los imperios, desde el egipcio hasta el que padecemos hoy. La paz que se basa en la fuerza no es verdadera paz. No se trata solo de la fuerza física; también la fuerza de una legalidad que hemos construido los poderosos basados en la ley del embudo. La norma debe ser la verdadera justicia. Hemos pasado milenios predicando la guerra justa. No he encontrado esa idea en ninguna parte del evangelio. Toda violencia es inhumana.

La paz no se puede conseguir directamente. Es un fruto y, como tal, si quiero recogerlo, tengo que plantar primero el árbol y cuidarlo. El mínimo indispensable para que surja la paz es la justicia. La paz, para el que tiene el poder, es que nadie se mueva. Para el que está sometido a la injusticia será algo muy distinto. Si nos interesa la paz debemos luchar cada día por abandonar toda opresión (el pecado del mundo) y entrar en la dinámica del amor. Si de verdad queremos la paz, tendremos que dar voz a los que sufren la violencia injustificada. Ellos nos indicarán cómo alcanzar la verdadera justicia.

 

Meditación

María no entiende nada de lo que está pasando,

pero hace un esfuerzo de penetración del misterio.

Tanto las cosas como los acontecimientos tienen varias lecturas.

Podemos quedarnos en una comprensión superficial,

o podemos profundizar en el mensaje que toda realidad

aporta, más allá de sí misma.




Familia Santua ta Andre Maria, Jainkoaren Ama / Sagrada Familia y Santa María, Madre de Dios – José A. Pagola

Familia Santua – Sagrada Familia

-B (Lukas 2,22-40)

Evangelio del 31 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

FAMILIA KRISTAUAK

Gaur egun asko hitz egiten da familia-erakundearen krisiaz. Eta, benetan, larria da krisia. Halaz guztiz, familiaren jokabidean ematen ari den egiazko iraultza baten lekuko bagara ere, eta jende askok familiaren molde tradizional askoren heriotza aldarrikatzen badu ere, inork ez du iragartzen gaur egun familia galduko denik. Aitzitik, ematen du, historiak adierazten duela, aldi zailetan are estuago bihurtzen direla lotura familiarrak. Ugaritasunak banatu egiten ditu gizon-emakumeak. Krisiak eta premialdiak batu. Aldi zailak bizi beharko ditugun susmoaren aurrean, jende askok barruntatzen du familiaren birsortze berri bat.

Sarritan, kristau askok Nazareteko Familia imitatzeko duen zinezko desioak indartu egin izan du ideal hau: norberaren familiako harmonian eta zorionean oinarrituriko familia baten ideala. Dudarik gabe, beharrezkoa da gaur egun ere sustatzea gurasoen agintea eta erantzukizuna, seme-alaben obedientzia, familia baitako elkarrizketa eta solidaritatea. Balio hauek gabe familiak porrot egingo luke.

Alabaina, ez die erantzuten nolanahiko familia batek Jesusek planteaturiko Jainkoaren erreinuko eskakizunei. Badira, bai gizartearen zerbitzuari irekiak diren familiak, bai familia egoistak, beren baitan triku bihurtuak. Badira familia autoritarioak eta familiak zeinetan elkarrizketa egiten ikasten baita. Badira familiak, egoismoan hezten dutenak eta familiak, solidaritatea irakasten dutenak.

Zehazki, jasaten ari garen krisialdi ekonomiko larriaren testuinguru honetan, familia izan daiteke solidaritate-ezaren eskola, zeinetan egoismo familiarra jarduera-irizpide bihurtzen baita, seme-alaben portaera soziala eratuko duena. Eta izan daiteke, alderantziz, leku bat zeinetan semeak edo alabak gogoratuko baitu Aita komun bat daukagula, eta mundua ez dela bukatzen norberaren etxeko pareten barnean.

Horregatik, ezin ospatu dugu Nazareteko Familiaren jai hau geure fedearen erronka entzun gabe. Izango ote dira gure familiak belaunaldi berrientzat Ebanjelioaren deia entzuteko leku: anai-arreba artekotasun unibertsalerako, bazter utzien defentsarako eta gizarte zuzen bat bilatzeko deia entzuteko leku?, ala gainerakoen problemekiko axola-ezaren, inhibizioaren eta geldotasun pasiboaren eskolarik eginkorren bihurtu dira?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


HOGARES CRISTIANOS

Hoy se habla mucho de la crisis de la institución familiar. Ciertamente, la crisis es grave. Sin embargo, aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.

Al contrario, la historia parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis y la penuria los unen. Ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles, son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.

Con frecuencia, el deseo sincero de muchos cristianos de imitar a la Familia de Nazaret ha favorecido el ideal de una familia cimentada en la armonía y la felicidad del propio hogar. Sin duda es necesario también hoy promover la autoridad y responsabilidad de los padres, la obediencia de los hijos, el diálogo y la solidaridad familiar. Sin estos valores, la familia fracasará.

Pero no cualquier familia responde a las exigencias del reino de Dios planteadas por Jesús. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad y familias egoístas, replegadas sobre sí mismas. Familias autoritarias y familias donde se aprende a dialogar. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.

Concretamente, en el contexto de la grave crisis económica que estamos padeciendo, la familia puede ser una escuela de insolidaridad en la que el egoísmo familiar se convierte en criterio de actuación que configurará el comportamiento social de los hijos. Y puede ser, por el contrario, un lugar en el que el hijo puede recordar que tenemos un Padre común, y que el mundo no se acaba en las paredes de la propia casa.

Por eso no podemos celebrar la fiesta de la Familia de Nazaret sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del Evangelio a la fraternidad universal, la defensa de los abandonados y la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán en la escuela más eficaz de indiferencia, inhibición y pasividad egoísta ante los problemas ajenos?

José Antonio Pagola

 

Andre Maria, Jainkoaren Ama – Santa María, Madre de Dios

-B (Lukas 2,16-21)

Evangelio del 01 /Ene / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

GAUR

Jesusen jaiotzaren kontakizuna honela bukatzen du Lukasek: irakurleei adieraziz«Mariak gauza hauek guztiak bihotzean gordetzen zituela». Ez du gordetzen gertatua, iraganeko zenbait oroitzapen bezala, baizik bere bizitza guztian eguneratuko eta biziberrituko duen esperientzia bezala.

Ez da funtsik gabeko oharpena. Fede-eredu dugu Maria. Ebanjelari honen iritziz, Jesus Salbatzaileagan sinestea ez da aspaldiko garai bateko gauzak gogoratzea, baizik eta beraren indar salbatzailea gaur esperimentatzea, gure bizitza gizatarrago egiteko gai dela esperimentatzea.

Horregatik, baliabide literario berezi-bereziaz baliatu da Lukas. Jesus ez da iraganeko norbait. Nahita errepikatzen du ezen Jesus berpiztuaren salbazioa gaur, orain berean, ari zaigula eskaintzen, berarekin topo egiten dugun bakoitzean. Hona adibide batzuk.

Honela iragartzen digu Jesusen jaiotza: «Daviden hirian Salbatzaile bat jaio zaizue gaur». Gaur ere jaio daiteke Jesus guretzat. Gaur sar daiteke gure bizitzan eta alda dezake hau betiko. Bizi berrira jaio gaitezke berarekin orain berean.

Galileako herrixka batean ezindu bat ekarri diote Jesusi. Hau hunkitu egin da, hura bekatuak blokeaturik ikustean, eta sendatu egin du barkazioa eskainiz: «Barkatuak dituzu zeure bekatuak». Jainkoa goratuz erreakzionatu du jendeak: «Gauza harrigarriak ikusi ditugu gaur». Guk ere esperimenta dezakegu gaur barkazioa, Jainkoaren bakea eta barneko poza, Jesusi senda gaitzan uzten badiogu.

Jeriko hirian, Jesusek Zakeoren etxean hartu du ostatu, zerga-biltzaile aberats eta boteretsu haren etxean. Jesusekin topo egiteak erabat eraldatu du Zakeo: hainbat jenderi lapurtua itzuliko du eta pobreekin partekatuko bere aberastasunak. Jesusek diotso: «Gaur salbazioa iritsi da etxe honetara». Jesusi geure bizitzan sartzen uzten badiogu, gaur berean hasi ahal izango dugu geuk ere biziera duin, haurride arteko eta solidario bat.

Jesus hilzorian da gurutzean, bi gaizkileren artean. Haietako batek konfiantza hartu du Jesusengan: «Jesus, gogora zaitez nitaz zeure erreinuan izango zarenean». Bat-batean erreakzionatu du Jesusek: «Gaur nirekin izango zara paradisuan». Gure heriotzako ordua ere salbazio-eguna izango da. Hainbeste espero genituen hitz hauek entzungo ditugu azkenean Jesusengandik: «Har ezazu atseden, izan konfiantza nigan, gaur nirekin izango zara, eta betiko».

Gaur urteberria hasi dugu. Baina, zer izan daiteke guretzat zerbait berri eta on? Zeinek jaioaraziko du gugan poz berri bat? Zein psikologok irakatsiko digu gizatasun handiagoko izaten? Ezer gutxirako dira desio onak. Gugan ernetzen den gauzarik hoberenerako esna bizitzea da garrantzia duena. Egunero eskaintzen digu Jainkoak salbazioa. Ez dugu zertan egon ezeren zain. «Gaur» hau bera izan daiteke niretzat salbazio-egun.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

HOY

Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús indicando a los lectores que «María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón». No conserva lo sucedido como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que actualizará y revivirá a lo largo de su vida.

No es una observación gratuita. María es modelo de fe. Según este evangelista, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida.

Por eso Lucas utiliza un recurso literario muy original. Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo hoy, ahora mismo, siempre que nos encontramos con él. Veamos algunos ejemplos.

Así se nos anuncia el nacimiento de Jesús: «Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador». Hoy puede nacer Jesús para nosotros. Hoy puede entrar en nuestra vida y cambiarla para siempre. Ahora mismo podemos nacer con él a una existencia nueva.

En una aldea de Galilea traen ante Jesús a un paralítico. Jesús se conmueve al verlo bloqueado por su pecado y lo sana ofreciéndole el perdón: «Tus pecados quedan perdonados». La gente reacciona alabando a Dios: «Hoy hemos visto cosas admirables». También nosotros podemos experimentar hoy el perdón, la paz de Dios y la alegría interior si nos dejamos sanar por Jesús.

En la ciudad de Jericó, Jesús se aloja en casa de Zaqueo, rico y poderoso recaudador de impuestos. El encuentro con Jesús lo transforma: devolverá lo robado a tanta gente y compartirá sus bienes con los pobres. Jesús le dice: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». Si dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, hoy mismo podemos empezar una vida más digna, fraterna y solidaria.

Jesús está agonizando en la cruz en medio de dos malhechores. Uno de ellos se confía a Jesús: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Jesús reacciona inmediatamente: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». También el día de nuestra muerte será un día de salvación. Por fin escucharemos de Jesús esas palabras tan esperadas: «Descansa, confía en mí, hoy estarás conmigo para siempre».

Hoy comenzamos un año nuevo. Pero ¿qué puede ser para nosotros algo realmente nuevo y bueno? ¿Quién hará nacer en nosotros una alegría nueva? ¿Qué psicólogo nos enseñará a ser más humanos? De poco sirven los buenos deseos. Lo decisivo es estar más atentos a lo bueno que Jesús despierta en nosotros. La salvación se nos ofrece cada día. No hay que esperar a nada. Hoy mismo puede ser para mí un día de salvación.

José Antonio Pagola

Sagrada Familia, Domingo 31 de diciembre de 2017 – Koinonia

Eclo 3,2-6.12-14: El que teme al Señor honra a sus padres
Salmo 127: Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos
Col 3,12-21: Sopórtense y perdónense mutuamente
Lc 2,22-40: El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de su época y de la cultura greco-romana, la exhortación a virtudes como la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es siempre bienvenida

El evangelio de Lucas que hoy meditamos nos cuenta, dentro del género de los «relatos de la infancia», el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente», la que fue la cristología clásica, se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», porque ya era perfecto desde siempre… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría» e incluso «en gracia».

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos griegos estáticos, metafísicos. La «encarnación» no se habría dado en un momento, como un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», la divina y la humana, sino que, en todo caso, habría que pensarla como un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con los demás. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdón. Así procede Dios con nosotros, dice Pablo. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v. 12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v. 14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v. 15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v. 50), como nosotros.

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 138 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un viejo con esperanza». El audio, el guión y un comentario bíblico-teológico ad hoc pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/138-un-viejo-con-esperanza/

 

O’Malley pide perdón a las víctimas de abusos tras la muerte del cardenal Law

Tras la muerte de Bernard Law -el obispo encubridor de la película Spotlight- su sucesor en la archidiócesis de Boston, cardenal Sean O’Malley, ha pedido perdón «a todos los que sufrieron el trauma de abuso sexual perpetrado por clérigos, cuyas vidas fueron tan seriamente impactadas por estos crímenes, y a sus familias y seres queridos».

«A aquellos hombres y mujeres, ofrezco mis sinceras disculpas por el daño que sufrieron, mis oraciones continuas y mi promesa que la archidiócesis les apoyará en su esfuerzo para lograr la curación», escribió el cardenal O’Malley en un comunicado.

El purpurado asimismo reconoció que el cardenal Law -quien se vio obligado a dimitir como arzobispo de Boston en 2002 tras conocerse que habría encubierto decenas de casos de agresiones a menores durante más de una década- «sirvió en un momento cuando la Iglesia fracasó seriamente en sus responsabilidades para cuidar de su gente».

Las disculpas del cardenal O’Malley por la conducta de Law llegan después de que la Santa Sede confirmara que el Papa Francisco participará mañana en el funeral del purpurado fallecido.

El rito comenzará a las 15.30 locales en la basílica de San Pedro del Vaticano y será celebrado por el decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano. Como es habitual, al término de la misa el Papa Francisco presidirá el rito de la «ultima commendatio» y de la «valedictio».

Asimismo, tras conocerse la muerte del cardenal, el pontífice envió un telegrama a Sodano en el que expresó sus «sentimientos de pésame». «Elevo oraciones de sufragio para que el Señor, rico de misericordia, lo acoja en la paz eterna y envío la bendición apostólica a quienes compartan el dolor por la muerte del difunto purpurado», señaló el pontífice en la misiva.

Law murió hoy a los 86 años en Roma, después de haber sido hospitalizado hace unos días en un centro clínico de la capital. El cardenal estadounidense que tenía el favor del Papa Juan Pablo II fue el principal acusado de encubrir de manera sistemática abusos a cientos de menores entre 1984 y 2002 y de trasladar durante años a sacerdotes agresores de una parroquia a otra sin alertar a los padres ni a la policía.

Tras conocerse el escándalo, Bernard Law se vio obligado a presentar su renuncia como arzobispo de Boston, aunque Juan Pablo II lo envió a Roma y lo nombró arcipreste de la basílica de Santa María la Mayor.

Law mantuvo su puesto en el Colegio Cardenalicio y en la Congregación para los Obispos por lo que pudo participar en el Cónclave en el que se eligió al Papa Benedicto XVI en 2005.

Durante todos estos años, Law vivió en el Vaticano y nunca declaró ante la Justicia estadounidense ni concedió entrevistas. Leer mas…

 

¡Soy sacerdote y sí, soy gay!

«¡Soy sacerdote y sí, soy gay!». Con este anuncio, que vino en mitad de su homilía dominical y que fue recibido con una gran ovación por sus feligreses, el sacerdote católico de Milwaukee Gregory Greiten salió del armario.

El cura confesó su homosexualidad en la iglesia de St. Bernadette este pasado domingo, y también escribió una tribuna en el National Catholic Reporter, publicada este lunes, en la que explica su decisión de tomar este paso.

Greiten quiere ser, en sus propias palabras, un modelo a seguir para los demás sacerdotes que son homosexuales.

«Abrazaré a la persona que Dios me creó a ser», escribió el sacerdote. «En mi vida y ministerio sacerdotales, yo, también, te ayudaré, seas homo o heterosexual, bisexual o transgénero, a ser tu yo auténtico: a estar plenamente vivo viviendo según la imagen y semblanza de Dios que eres».

Greiten asimismo afirmó que con su decisión de revelar su homosexualidad quiere juntarse a «los pocos curas valientes que han corrido el riesgo de salir de las sombras y escoger vivir en la verdad y la autenticidad».

Gregory Greiten además escribió que la Iglesia necesita modelos de conducta saludables para los sacerdotes que están luchando para reconciliarse con su orientación sexual.

La postura de la Iglesia sobre los sacerdotes homosexuales «sólo perpetúa una vergüenza tóxica y un secretismo sistemático», denunció el cura. En vez de fingir que no existan o de condenarlos, añadió, la Iglesia debe proponer «ejemplos auténticos de curas homosexuales y célibes sanos y equilibrados» a todos los que se están enfrentando a su propia identidad sexual».

El arzobispo de Milwaukee, Jerome Listecki, declaró en un comunicado publicado el lunes que desde la archidiócesis «apoyamos al padre Greiten en su recorrido personal y su revelación de la historia en la que llega a entender y a vivir con su orientación sexual».

«Tal como la Iglesia enseña, aquellos que tienen atracción a personas del mismo sexo se les ha de tratar con entendimiento y compasión», puntualizó Listecki.

 

Cameron Doody en Religión Digital