Francisco, a los teólogos: «Asuman la tarea de repensar la Iglesia para que sea conforme al Evangelio»

«Se necesita una teología que esté formada por cristianas y cristianos que no piensen sólo en hablar entre ellos mismos, sino que sepan estar al servicio de las diversas Iglesias y de la Iglesia», señaló el Papa Francisco a los miembros de la Asociación Teológica italiana, a quienes pidió que «asuman también la tarea de repensar la Iglesia para que sea conforme al Evangelio que debe anunciar».

Durante el encuentro, celebrado en la sala Clementina, el Pontífice alentó a proponer una teología que muestre al Dios Salvífico y misericordioso. «En estos días estamos inmersos en la contemplación de nuestro Dios, que se ha implicado y comprometido con nuestra pobre humanidad hasta llegar a enviar a su Hijo y a tomar, en Él nuestra frágil carne», recalcó.

«Todo pensamiento teológico cristiano no puede no comenzar siempre e incesantemente desde aquí, en una reflexión que nunca extinguirá el manantial vivo del Amor divino, que se ha dejado tocar, mirar y saborear en la gruta de Belén», apuntó el Papa, quien invitó a los teólogos italianos a perseverar «en el espíritu de servicio y de comunión indicado por el Concilio Ecuménico Vaticano II» impulsando la «fidelidad creativa» y el «hacer teología juntos», y poniéndose en guardia contra el individualismo.

Francisco hizo hincapié en la importancia de la tarea de los teólogos, al afirmar que con su tarea la Iglesia pueda seguir anunciando el corazón del Evangelio a las mujeres y a los hombres de hoy, en una cultura profundamente cambiada.

«Se necesita una teología que ayude a todos los cristianos a anunciar y mostrar, sobre todo, el rostro salvífico de Dios, el Dios misericordioso, en especial ante algunos desafíos inéditos que involucran hoy a la humanidad: como el de la crisis ecológica, el desarrollo de las neurociencias o de las técnicas que pueden modificar al hombre; como el desafío de las cada vez más grandes desigualdades sociales o de las migraciones de pueblos enteros», sostuvo, y añadió: «Como el del relativismo teórico, pero también el del relativismo práctico».

El Obispo de Roma afirmó que un teólogo no debe «perder la capacidad de sorprenderse» y recordó, sobre todo, que la teología se «hace de rodillas». «El teólogo es aquel que estudia, piensa, reflexiona, pero lo hace de rodillas. Hay que hacer teología de rodillas como los grandes Padres de la Iglesia que pensaban, oraban, adoraban y loaban a Dios. Teología es también ser teólogos en la Iglesia, esto es en el santo pueblo de Dios que tiene, lo diré con una palabra no teológica, el olfato de la fe», profundizó.

Francisco aseguró que «es sobre todo en el deseo y la perspectiva de una Iglesia en salida misionera que el ministerio teológico resulta, en esta coyuntura histórica, particularmente importante y urgente».

«Para que la Iglesia pueda continuar haciendo oír el centro del Evangelio a las mujeres y a los hombres de hoy, para que el Evangelio alcance de verdad a las personas en su singularidad y con el fin de que impregne a la sociedad en todas sus dimensiones», concluyó.

Jesús Bastante en Religión Digital, 29 de diciembre de 2017

 

 

La globalización de una espiritualidad humanista

Una propuesta de proyecto

Una de las características del mundo moderno es el fenómeno de la globalización. Ningún acontecimiento pasa desapercibido en nuestro planeta. Cualquier suceso en cualquier parte del universo es conocido inmediatamente en todo el mundo. Todo está globalizado. Por encima de las lenguas, de las culturas, de las religiones, de las fronteras, cualquier evento llega a todo el mundo con una rapidez extraordinaria. Nada se queda en lo simplemente local. Este fenómeno tiene sus ventajas que debemos aprovechar. Leer más

Reflexión de fin de año: El peligroso resurgir del autoritarismo. Relatos alternativos ante la crisis del orden liberal

Cristianisme i Justícia

En Occidente vivimos momentos de gran desconcierto. El modo en que nuestra sociedad afronta este desconcierto alimenta un populismo de tics autoritarios y refuerza aquellas políticas que tienden al proteccionismo económico. ¿Es el repliegue y la búsqueda de seguridad, de soluciones fáciles y rápidas, la manera de construir alternativas a la crisis que vivimos? El pacto social sobre el que se construyó el orden liberal se ha roto. Leer más

Epifanía: atención a la luz

En Fe Adulta

Aun habiendo estrenado el año con la colectiva expectativa de que las cosas sean mejores, en todos los sentidos, persisten muchas situaciones que oscurecen y ensombrecen la vida de mucha gente. Como cada año, no faltan las profecías fatalistas, que ennegrecen el panorama. En medio de eso, celebramos una fiesta que, más allá de las tradiciones populares, embellece la etapa final del tiempo de Navidad y nos ofrece pistas sugerentes para la vuelta paulatina a la vida cotidiana en la luz. Leer más

Epifanía y Bautismo de Jesús – Fray Marcos

Epifanía

(Is 60,1-6) ¡Levántate, brilla, Jerusalén, la gloria del Señor amanece sobre ti!

(Ef. 3,2-6) Los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo…

(Mt 2,1-12) Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo.

Dios se manifiesta siempre, pero desde dentro. Si nos empeñamos en descubrirlo por los sentidos, nos encontraremos con el ídolo.

Esta fiesta es la más antigua que se conoce. Fue la única fiesta de Navidad que se celebró en toda la Iglesia hasta que en Occidente se empezó a celebrar el 25 de Diciembre la Natividad. La palabra “Epifanía” significa en griego «manifestación», sobre todo la aparición de la primera claridad de la mañana, antes de que aparezca el sol. Siguió celebrándose la fiesta de Epifanía, pero con otros significados. Durante mucho tiempo se celebraban en ella tres “epifanías”: la adoración de los Magos, el bautismo de Jesús y las bodas de Caná. El 6 de Enero se celebraba en Roma el triple triunfo de Augusto Cesar.

Empezábamos el tiempo de Navidad con un relato del evangelista Lucas que hablaba de pastores, ángeles y el niño en el pesebre. Hoy terminamos con otro relato no menos fantástico de Mateo sobre unos magos que vienen a adorar a Jesús. En esta “historia” está recogida la tradición del AT y la experiencia de los primeros cristianos. Se intenta expresar una cristología ya avanzada. Debemos recordar que el título de Rey no se le dio a Jesús hasta después de su muerte. También debemos tener presente que los tres títulos que en el relato se sobreentienden (Rey, Hijo de Dios y Mesías) se implican unos en otros.

La apertura de los primeros cristianos a los paganos fue un salto cualitativo en la manera que tenía el pueblo judío de interpretar sus relaciones con Dios. Este cambio de perspectiva no se llevó a cabo sin traumas dentro de la primera comunidad. Los escritos del NT dejan bien claro que solo se consiguió después de muchas discusiones y mucha reflexión. No nos debe extrañar esta dificultad. Los judíos se consideraban el pueblo elegido. Creían sinceramente que Dios había hecho por ellos prodigios que no había hecho con ningún otro pueblo. Todavía nos cuesta mucho a nosotros aceptar que Dios no puede tener privilegios con ninguna persona ni con ningún pueblo ni con ninguna religión.

Esta universalidad del mensaje es el tema de las tres lecturas e incluso del salmo de la liturgia de hoy. Desde distintos ángulos, todas nos hablan de una novedad en la relación de Dios con los hombres. Dios se manifiesta siempre a todos, aunque solo le descubre el que le busca. La originalidad de la experiencia religiosa del pueblo judío no la puso Dios sino la peculiar manera de ser de este pueblo, capaz de interpretar los acontecimientos de la vida como manifestación del amor de Dios hacia ellos. En realidad, Dios no puede hacer por uno lo que no hace por otro. Dios es AMOR absoluto y total. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad, que podría tener o no tener, como pasa en nosotros.

Dios constantemente se está manifestan­do en su creación para todo aquel que está atento. Esa atención no se refiere a los sentidos, sino al ser. Muchas veces os he dicho que Dios no actúa desde fuera como las causas segundas, sino desde el ser de cada criatura y acomodándose a la manera de ser de cada una; por lo tanto, será inútil todo intento de percibir esas acciones con nuestros sentidos. Para descubrir esas manifestaciones de Dios hay que desplegar una muy especial atención, dirigida al centro de nuestro propio ser.

El relato de los Magos va en esta dirección. Ellos descubrie­ron la estrella porque se dedicaban a escudriñar el cielo; fueron capaces de levantar los ojos de la tierra… Ellos, a pesar de estar lejos vieron la estrella; la inmensa mayoría de los que estaban alrededor del recién nacido, ni se enteraron. Nuestra religiosidad no consigue su objetivo porque nos empeñamos en encontrar a Dios donde no está. Porque nos empeñamos en descubrir no al verdadero Dios, sino al ídolo que nos hemos fabricado.

Dios no está en los fenómenos que percibimos por los sentidos. Mejor dicho, Dios está en todos los fenómenos, aunque no de una manera especial en los que nosotros percibimos como maravillosos. Nosotros nos empeñamos en descubrirlo solo en lo extraordina­rio, pero la verdad es que Dios se manifiesta exactamente igual en los acontecimientos más sencillos y cotidianos. Hay que aprender a descubrir esa presencia. En la fragancia de una flor, en un amanecer, en la sonrisa de un niño, en el sufrimiento de un enfermo, etc.

La experiencia de todos los místicos les llevó a concluir que Dios es siempre el escondido, el ausente. S. Juan de la Cruz: «A donde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido. Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eres ido.» Y el místico sufí persa Edwin Rumi dice: “Calla mi labio carnal. Habla en mi interior la calma, voz sonora de mi alma, que es el alma de otra Alma eterna y universal. ¿Dónde tu rostro reposa, Alma que a mi alma da vida? Nacen sin cesar las cosas, mil y mil veces ansiosas de ver Tu faz escondida.” También dice Pascal: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa.” De Dios nunca se podrá decir está aquí o está allí, es esto o es lo otro. Y cuando lo hacemos, fallamos estrepitosamente.

Me preocupa que los católicos estemos convencidos de que no hay nada que aprender sobre Dios porque ya lo sabemos todo. Sea en cuanto a las verdades, sea en cuanto a las normas morales, sea en cuanto a las celebraciones litúrgicas, el hecho de que no haya capacidad de innovación es la mejor prueba de que estamos en una religión sin vivencia, es decir, en una religión muerta. Dios se manifiesta siempre como novedad. Si encontramos dos veces el mismo dios, estamos relacionándonos con un ídolo.

Ya hemos dicho que la clave de esta celebración es la universalidad del mensaje. En Navidad veíamos a Dios encarnado. Hoy celebramos a Dios manifestado. La manifestación de Dios es universal, en cuanto al tiempo y en cuanto al espacio; es decir, se está siempre manifestando y se manifiesta en todo lo creado. Esto no lo hemos asumido del todo los cristianos. Seguimos creyéndonos unos privilegiados porque conocemos a Jesús. Seguimos lamentando la situación de los que no creen en él porque los pobrecitos no podrán participar de su salvación. Es verdad que desde el Vaticano II hemos avanzado mucho en esta materia, pero no hemos dado el paso definitivo.

Hoy debíamos tener ya muy claro que Jesús no vino a fundar una religión frente a la religión judía; ni una Iglesia frente a otras Iglesias. Jesús predicó el Reino de Dios. Jesús nos trajo un evangelio (buena noticia) para todas las religiones, para todas las Iglesias, para todos los pueblos, para todos y cada uno de los seres humanos. Nuestra religión, como todas las demás, tiene que estar abierta a la buena noticia de Jesús. No debemos dar por supuesto que somos portadores de esa buena noticia; mucho menos que somos los únicos depositarios de ella.

Es curioso que el término “católica”, que significa universal, haya terminado significando solamente una parte de los seguidores de Jesús. Claro que el término universal se puede entender de dos maneras. Universal porque todos pertenezcan a ella (así lo hemos entendido siempre). Universal por el objetivo de nuestra preocupación y nuestra entrega. Para mí, este segundo aspecto sería mucho más evangélico que el primero. Que el objeto de la preocupación, del cariño, en una palabra, del amor, fueran todos los seres humanos sin excepción. Si no tenemos claro lo segundo, es que no hemos entendido el evangelio.

El relato era completamente verosímil en aquel tiempo. Todos, incluidos los más ilustrados, creían que el nacimiento de grandes personajes estaba precedido de fenómenos astrológicos. La aparición de una nueva estrella era el más común. El hecho de que fuera verosímil no quiere decir que el relato sea histórico. Los cristianos tenían motivos para apoyarse en tales relatos, una vez que estaban convencidos del significado de Cristo a todos los niveles.

 

Bautismo de Jesús

(Is 42,1-7) Mirad a mi siervo a quien prefiero, sobre él he puesto mi espíritu.

(Hch 10,34-38) Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu.

(Mc 1,6-11) Vio al Espíritu bajar sobre él como una paloma.

Jesús nace del agua y del Espíritu. Jesús no puede ser concebido sin el Espíritu que le comunica la verdadera Vida.

Estamos en el primer domingo del “tiempo ordinario”, pero no se trata de un cambio radical en la liturgia. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el evangelio. Para Mc, este es el comienzo. El relato es la clave para comprender todo su evangelio. No podemos dudar de la historicidad del hecho. Lo narran los tres sinópticos y Jn, más contundente, lo da por supuesto.

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubieran creído en su importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí también la necesidad de dejar claras, en todos los relatos, las diferencias entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con el relato del bautismo de Jesús es de los más importantes de todo el NT. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una actitud de búsqueda de su identidad. Resume toda su vida. Para aceptar este punto de vista, tenemos que admitir que fue verdadero hombre. Esto no es tan fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que le hicieron tantas “judiadas” y murió como murió, tienen que obligarnos a aceptar que fue hombre.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea, a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a la vez hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de lo que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris… Esto es lo que hemos hecho con Jesús.

A través de la historia del cristianismo nos hemos visto “obligados” a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino, o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) repetir las formulaciones, aceptándolas sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superar la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como la de cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse hasta alcanzar su plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir a Juan Bautista. Hacía cientos de años que no aparecían profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara nos lleva mucho más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino el cómo nos lo dicen para que descubramos el sentido espiritual del relato. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, tiene que emplear una imagen sensible, como una paloma. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él como normalmente se entiende y reflejan pinturas que representan la escena. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel… Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza “en picado” desde lo alto. En el principio de la Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

El Espíritu transforma interiormente a Jesús y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión.  Nos están hablando del nuevo nacimiento “del agua y del Espíritu”. Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo vivió primero él mismo. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu… Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que estamos celebrando hoy es más importante que lo que acabamos de celebrar en Navidad.

No debemos caer en la tentación de pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas que nos lleven a la comprensión de Jesús. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. «No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará». (Isaías)

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó todo lo conocido. Se atreve a llamarle “Abba” (papá), cosa inusitada en su época. Hace su voluntad: Le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios. El único objetivo de su misión fue que nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Toda esa relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu…

Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado es la base del verdadero amor. La comunicación de Jesús con su «Abba» fue a través de su ser profundo. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lc. dice expresamente: “y mientras oraba…” El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser, constituyéndolo en ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser es el mismo ser de Dios. Una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones.

El cielo rasgado recuerda unas palabras de Is: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”. El cielo se había cerrado. Hacía siglos que no había aparecido un profeta; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio de este ser humano que se siente identificado con Dios. Mc nos está trasmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro nos ofrece el modelo: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y, si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

 

Meditación

El Espíritu (Dios) no tiene que venir de ninguna parte.

Ya estaba en él desde siempre,

como está en cada uno de nosotros.

Descubrir esa presencia es nacer del Espíritu.

Lo que nació de la carne, seguirá siendo carne,

pero una vez nacido del Espíritu, la carne significará muy poco.



 

 

 


 

 


 

 

Jaunaren Epifania eta Jaunaren Bataioa / Epifanía del Señor y Bautismo del Señor – José A. Pagola

Jaunaren Epifania

-B (Mateo 2,1-12)

Evangelio del 6 /Ene / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

JAINKOAGANA BIDERATU

Ez da teknikarik, ez metodorik era automatikoan Jainkoagana gida gaitzakeenik. Baina badira jarrerak eta keinuak, harekin topo egitera prestatzeko, eratu gaitzaketenak. Are gehiago. Jainkoaz jaulkitako hitzik ederrenak eta diskurtsorik distiratsuenak gauza alfer dira, nork bere barnea irekitzen ez badu. Nola?

Jainkoagana bideratzeko gauzarik inportanteena, bihotz barnetik berari dei egitea da, norberak bakarrik, norberaren kontzientzia barnekoienetik. Hor zaio pertsona irekitzen konfiantzaz Jainkoaren misterioari edota hor du erabakitzen bakarrik bizitzea, era ateoan, Jainkoa gabe. Baina dei egiten ahal dio Jainkoari, harengan sinesten ez duenak, ezertaz seguru ez dagoenak? Foucauld-eko Karlosek eta beste fedegabe batzuek, dei hau eginez hasi ziren Jainkoaren bila: «Jainkoa, existitzen bazara, ager iezadazu zeure aurpegia». Dei hau, apala eta zinezkoa ilunpean egina, da, agian, biderik argienetako bat Jainkoaren misterioaz geure burua sentibera bihurtzeko.

Jainkoagana bideratzeko, garrantzizkoa da orobat ezabatzea, norberaren bizitzatik, harekin topo egitea eragozten digun hura. Adibidez, den-dena dakizulakoan bazaude eta errealitatearen, gizakiaren, bizitzaren eta heriotzaren azken misterioa ulertu duzulakoan bazaude, zail gertatuko zaizu Jainkoaren bila ibiltzea egiaz. Ikara desberdinek harturik edota etsipenak jota bizi bazara, nolatan irekiko zatzaizkio mugarik gabe maite zaituen Jainkoari?

Jainkoagana bideratzeko, garrantzizkoa da desioa, bilatzeari eustea, deika jarraitzea, itxaroten jakitea. Ez da beste erarik biziaren iturri denaren Misteriora bide egiteko. Magoen kontaerak era askotan nabarmentzen du Salbatzailearen bila bizi izan zuten jarrera eredugarria. Gizon hauek jakin dute nola ekin bideari Misteriorantz.

  • Jakin dute apal-apal galdetzen,
  • ilunaldiak gainditzen,
  • bilatzeari iraupenez eusten
  • eta gizaki baten ahuldadean haragitu den Jainkoa adoratzen.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


Epifanía del Señor

ORIENTARNOS HACIA DIOS

No hay técnicas ni métodos que conduzcan de forma automática hacia Dios. Pero sí hay actitudes y gestos que nos pueden disponer a las personas a prepararnos al encuentro con él. Más aún. Las palabras más bellas y los discursos más brillantes sobre Dios son inútiles si cada uno no nos abrimos él. ¿Cómo?

Lo más importante para orientarnos hacia Dios es invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde uno se abre confiadamente al misterio de Dios o decide vivir solo, de forma atea, sin Dios. Pero ¿se puede invocar a Dios cuando uno no cree en él ni está seguro de nada? Carlos de Foucauld y otros no creyentes iniciaron su búsqueda de Dios con esta invocación: «Dios, si existes, muéstrame tu rostro». Esta invocación humilde y sincera en medio de la oscuridad es, probablemente, uno de los caminos más puros para hacernos sensibles al misterio de Dios.

Para orientarnos hacia Dios también es importante eliminar de la propia vida aquello que nos está impidiendo encontrarnos con él. Si uno, por ejemplo, tiene la pretensión de saberlo todo y de haber comprendido ya el misterio último de la realidad, del ser humano, de la vida y de la muerte, es difícil que busque de verdad a Dios. Si uno vive encogido por diferentes miedos o hundido en la desesperanza, ¿cómo se abrirá con confianza a un Dios que lo ama sin fin? Si alguien se encierra en su propio egoísmo y solo siente desamor e indiferencia hacia los demás, ¿cómo podrá abrirse a un Dios que es solo Amor?

Para orientarnos hacia Dios es importante mantener el deseo, perseverar en la búsqueda, seguir invocando, saber esperar. No hay otra forma de caminar hacia el Misterio de quien es la fuente de la vida. El relato de los magos destaca de muchas formas su actitud ejemplar en la búsqueda del Salvador. Estos hombres saben ponerse en camino hacia el Misterio.

  • Saben preguntar humildemente,
  • superar momentos de oscuridad,
  • perseverar en la búsqueda
  • y adorar a Dios encarnado en la fragilidad de un ser humano.

José Antonio Pagola


Jaunaren Bataioa

-B (Markos 1,7-11)

Evangelio del 7 /Ene / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

JESUSEN ESPIRITUA

Judu-herriak krisialdi erlijioso handia bizi zuen une batean agertu zen Jesus Galilean. Denbora asko zeraman Jainkoaren urruntasuna jasaten. Zerua «itxia» zegoela uste zuen. Ematen zuen ezin ikusizko murru antzeko batek eragozten ziola Jainkoarekin komunikatzea. Inor ez zen gai haren ahotsa entzuteko. Ez zuten jada profetarik. Ez zuen inork hitz egiten Espirituak eraginda.

Hauxe zuten gauzarik gogorrena: Jainkoa beraiez ahaztu egin zela uste izatea. Israel herriaren arazoa Jainkoari bost axola  zitzaiola uste izatea. Zergatik zegoen ezkutuan? Zergatik hain urrun? Apika, jende askok zuen gogoan antzinako profeta baten otoitz hau: «Ai zerua urratu bazeneza eta jaitsiko bazina!».

Markosen ebanjelioa entzun zuten lehenengo kristauak harriturik geldituko ziren, noski. Markosek kontatzen duenez, Jordan ibaiko uretik irtetean, bataioa hartu ondoren, Jesusek «zerua urratzen ikusi zuen» eta «bere gainera Jainkoaren Espiritua jaitsi zela» sentitu zuen. Azkenean, posible zen Jainkoarekin topo egitea. Bazen lurrean Jainkoaren Espirituak hartua zuen gizon bat. Jesus zeritzan eta Nazaretetik zetorren.

Jesusen gainera jaitsi den Espiritu hori, bizia kreatzen duen Jainkoaren hatsa da, bizidunak berritzen eta sendatzen dituena, guztia eraldatzen duen maitasuna. Horregatik, bizitza askatzera emanik bizi da Jesus, bizia sendatzera eta gizatarrago egitera emanik. Lehen kristauek ez zuten nahi Bataiatzailearen ikasletzat har zitzaten. Jesusen Espirituak bataiatutzat zuten beren burua, ez urez, baizik eta Jesusen Espirituaz.

Espiritu hori gabe, dena da itzaliko kristautasunean. Galdua dateke Jainkoarekiko konfiantza. Ahuldua fedea. Iraganeko pertsona huts bilakatzen da Jesus, bizirik gabeko letra bihurtzen da Ebanjelioa. Maitasuna hoztu, eta Eliza erakunde erlijioso bat gehiago baizik ez da izango.

Jesusen Espiriturik gabe, askatasuna itoa da, poza itzalia, ospakizuna ohitura huts bihurtua, elkartasuna hautsia. Espiriturik gabe, misioa ahaztu egiten da, esperantza hil, beldurra handitu, Jesusi jarraitzea

erdipurdiko gauza erlijioso bihurtzen da.

Gure arazorik nagusiena, Jesus ahaztu izana da, haren Espirituaz ez arduratzea. Oker handia da antolatzearekin, lanarekin, debozioarekin edo mila eratako estrategiarekin lortu nahi izatea Espirituagandik bakarrik jaio daitekeen hura. Sustraietara itzuli beharra dugu, Ebanjelioa bere freskotasun eta egiatasun osoan berreskuratu beharra, Jesusen Espirituaz bataiatu beharra.

Ez dezagula engaina geure burua. Espiritu honi ez badiogu uzten biziberritu eta birsortu gaitzan, kristauek ez dugu izango garrantzizko inolako ekarpenik gaur egungo gizartearentzat, hain barnetasun gabea eta maitasun solidariorako hain gaitasun gabea eta hain esperantza-beharrean den honentzat.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


Bautismo del Señor

EL ESPÍRITU DE JESÚS

Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban «cerrados». Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: «Ojalá rasgaras el cielo y bajases».

Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios, que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús, no con agua, sino con su Espíritu.

Sin ese Espíritu, todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece, la fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta, el amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu, la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias pastorales lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.

No hemos de engañarnos. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual, tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza.

José Antonio Pagola

 


 

Epifanía del Señor, 6 de enero de 2017 – Koinonia

Is 60,1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti
Salmo 71:
Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra
Ef 3,2-3a.5-6:
Ha sido revelado que también los gentiles son coherederos
Mt 2,1-12:
Venimos de Oriente para adorar al Rey

 

Venimos de Oriente para adorar al Rey

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel»».

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Hoy la Iglesia católica celebra con gozo desbordante la fiesta de los reyes magos. Litúrgicamente se denomina “epifanía” que significa manifestación de la salvación de Dios. Con esta fiesta vamos concluyendo el ciclo de navidad que nos permitirá contemplar a Jesús pequeño, humilde y pobre… niño que, a su vez, revela la grandeza del amor de Dios. El profeta Isaías exalta la grandeza de la ciudad de Jerusalén porque se convertirá en luz para todos los pueblos. Es la luz para toda la humanidad, es la esperanza para los pobres. La oscuridad de la injusticia y la violencia, la opresión y la marginación será vencida definitivamente por la presencia luminosa de Dios manifestada en el niño de Belén. El salmo 71 también canta las maravillas que hace Dios en medio de su pueblo. Manifiesta la esperanza que todos los reyes y poderosos se abajen y se postren ante la pequeñez y la humildad. Los motivos de la alabanza es la justicia de Dios que derrota a los opresores y defiende a los pobres y oprimidos. La justicia de Dios a favor de lo empobrecidos y excluidos de todos los tiempos se hace motivo de regocijo y alabanza para el salmista.

En la carta de Pablo a la comunidad de Éfeso hace caer en cuenta a todos los creyentes que las promesas hechas al pueblo de la ley y la alianza ahora se extienden a los gentiles, es decir, a toda la humanidad. De tal manera que la salvación no será propiedad exclusiva de un pueblo sino de todos los pueblos, del gran pueblo de Dios, es decir, de todos los seres humanos que se abren a la buena noticia de la salvación. Dos actitudes totalmente opuestas se reflejan en el relato de la visita de los reyes, sabios o magos de oriente que presenta el evangelista Mateo. Más allá de si es o no es un acontecimiento histórico, lo hermoso de este texto es hacer ver al lector cómo el corazón de los poderosos de Israel se cierra ante la presencia de la pequeñez del niño de Belén. En cambio los gentiles, los paganos o extranjeros se abajan de su realeza para reconocer en la pobreza, humildad y pequeñez de aquel niño la revelación de la propuesta salvífica de Dios ofrecida a toda la humanidad que le busca con sincero corazón. ¿En qué personas y situaciones de la vida reconoces a Jesús?

 

El Congreso brasileño declara a Helder Cámara patrono de los Derechos Humanos

El Presidente de la República de Brasil, Michel Temer, ha declarado a Don Helder Cámara, Patrono Brasileño de los Derechos Humanos. En un decreto del Diario Oficial de la Unión, como consecuencia de una ley decretada por el Congreso Nacional, publicado este 27 de diciembre, el gobierno brasileño reconoce la figura de alguien que se destacó en la defensa de los derechos de los más desfavorecidos, especialmente en el periodo de la Dictadura Militar, siendo Arzobispo de Recife.

La figura de Don Helder siempre fue una piedra en el zapato del gobierno militar, que lo persiguió duramente a lo largo de dos décadas, pues él representaba la voz de los marginados y perseguidos. Sus escritos, homilías y actitudes nunca pasaran desapercibidos para los militares, que le vigilaban de todas las formas posibles, intentando poner a la opinión pública en su contra, lo que, por otro lado, nunca consiguieron, pues en él se concentraban las esperanzas de una vida mejor para buena parte de la población brasileña.

El reconocimiento del Gobierno Temer ha provocado rápidas reacciones a través de la prensa nacional y de las redes sociales. Son muchos los que se sorprenden ante este hecho, pues resulta extraño que uno de los gobiernos que más han ido acabando con los derechos de la población en su poco más de un año de mandato, sea quien lleve a cabo este reconocimiento oficial. A nadie se le escapan los recortes sociales y el aumento del costo de vida, que están afectando a los más pobres, así como otra serie de políticas que en nada se pueden comparar con los anhelos del que fue Arzobispo de Recife.

Por otro lado, no son pocos los que ven en este acto una tentativa de reconciliación con la Iglesia católica, que especialmente a través de sus obispos, ha criticado y condenado repetidamente muchas de las medidas tomadas por el gobierno, pues en ellas ven una pérdida de derechos para los más vulnerables de la sociedad, del lado de los cuales no ha dudado en posicionarse la gran mayoría del episcopado brasileño.

Sea como fuere, independientemente de las razones ocultas que puedan existir, la declaración de Don Helder Cámara como Patrono Brasileño de los Derechos Humanos, no deja de ser motivo de alegría, pues pone nuevamente en relieve la figura de un brasileño universal, cuyo testimonio profético ultra pasó las fronteras del país, convirtiéndole en una de las mayores referencias del país y de la Iglesia católica a lo largo de la historia de Brasil.

Luis Miguel Modino en Religión Digital, 27 de diciembre de 2017

 

La virgen de la barcaza – Jesús Bastante

Se ha abierto una vía de agua, la gente empieza a inquietarse. Hace días que los móviles dejaron de funcionar, que el motor se paró, que el patrón huyó en otra lancha. Ya no nos queda comida. Pero tú, mi niño, no pierdas la esperanza. Confía.

¿Ves esa estrella de cinco puntas? Ella nos marcará el camino. No dejará que nos perdamos no temas, nos llevará a un puerto seguro. Ten esperanza. Sí, es cierto, llevamos semanas navegando, y ninguna ciudad nos ha abierto sus muelles. Nadie quiere acogernos. Somos muchos, y extranjeros, no tenemos nada que ofrecer. Pero es Navidad, hoy tendremos suerte. Ten fe.

Antes de acurrucarte, has imaginado un pequeño pesebre con esas botellas rotas. Se hace de noche, y las olas te mecen, ojalá duermas, ojalá sueñes.

Se ha abierto una vía de agua, la gente empieza a inquietarse. Hace días que los móviles dejaron de funcionar, que el motor se paró, que el patrón huyó en otra lancha. Ya no nos queda comida. Pero tú, mi niño, no pierdas la esperanza. Confía. Todo saldrá bien.

Esta noche, ¿te acuerdas? No, cómo vas a hacerlo, si eres aún un bebé. Venían los tíos desde Kirkuk, los abuelos repartían caramelos, los vecinos abrían sus cocinas, tu padre… antes del terror y de la huída, antes de llegar a esta barcaza. Todos nos juntábamos en la plaza, reíamos y cantábamos. Encendíamos velas y compartíamos el fuego.

Nos contaban la historia de aquella familia de Belén, de su borrico, de la noche en que nadie les quiso dar posada. Ella, María, estaba embarazada. Él, José, no quiso abandonarla a merced del frío. Y su hijo nació en un pesebre, al abrigo de los animales.

Algún día te contarán esta historia, y dirán que tú naciste aquel día. Se hace de noche, mi vida. Calor no te faltará, aquí somos muchos. Duerme y espera… Tú busca la estrella, que el cielo está oscuro y cubierto de niebla, pero es la noche. Seguro. Tú duerme, que es Navidad. Que todo saldrá bien. Mira la estrella, mírala. Mira la estrella…

No habrá Navidad si Jesús no nace de verdad, cada día, en en el corazón de aquellos que todavía tienen sueños que cumplir, y realidades que cambiar. Y barcas que salir a buscar al mar oscuro. Para eso, también, nace el Niño. ¡Feliz Navidad!

Jesús Bastante en Religión Digital, 25 de diciembre de 2017

 

El evangelio domesticado – Víctor Codina

¿Resulta raro que el Papa Francisco hable de reformar la Iglesia? Domesticamos el evangelio, lo mutilamos, lo acomodamos y lo volvemos políticamente correcto. Hemos transformado la Navidad en la fiesta del consumo.

Muchas veces descartamos textos evangélicos que nos resultan difíciles de comprender. Por ejemplo: que lo que hacemos a los pobres, se lo hacemos a Jesús, que a los pequeños les han sido revelados los misterios del Reino ocultados a los sabios y prudentes, que en el Magnificat se diga que Dios ha derribado del solio a los poderosos y exaltado a los humildes, que en las bienaventuranzas se proclame que los pobres son felices y se lance un ¡ay a los ricos!, que Dios prefiera la misericordia a los sacrificios… Incluso nos parece correcto que el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo no quisiese participar del banquete festivo.

Tampoco nos convence escuchar que hemos de cargar con la cruz cada día y más bien sintonizamos con Pedro cuando se niega a aceptar la pasión de Jesús. No nos gusta escuchar que hemos de nacer de nuevo, ni acabamos de entender eso de que Dios mora en nosotros, ni aquello de que donde haya dos o tres reunidos en su nombre, él está presente.

Tampoco nos hemos tomado en serio lo de no llamar a nadie padre ni maestro, pues llamamos padre a los sacerdotes, excelencia a los obispos, eminencia a los cardenales y santidad al Papa. Tampoco nos gusta en absoluto escuchar que hemos de estar vigilantes, porque el Señor vendrá cuando menos lo pensemos. Y eso de la resurrección nos resulta tan extraño que preferimos pensar que el alma es inmortal, como decían los filósofos griegos y los sabios romanos.

A muchos varones escandaliza que unas mujeres ungieran los pies de Jesús con perfumes y lágrimas, que la hemorroísa le tocase el fleco del manto y que una mujer sirofenicia hiciese cambiar de planes al mismo Jesús. Tampoco gusta que Jesús se apareciera primero a las mujeres y que les encargase anunciar la resurrección a los discípulos.

En resumen, vamos acomodando el evangelio a nuestro estilo de vida, mundanizamos la Iglesia, vivimos un cristianismo burgués, sin cruz ni resurrección, con una religión a la carta. Domesticamos el evangelio, lo mutilamos, lo acomodamos y lo volvemos políticamente correcto. Hemos transformado la Navidad en la fiesta del consumo. La sal ha perdido su sabor, nos hemos convertido en piadosos fariseos que cumplen ritos y normas exteriores, la fe se reduce a una especie de bechamel que cubre por fuera pero no transforma la vida. ¿Nos extrañará que muchos jóvenes y no jóvenes, hombres y mujeres, se alejen de este estilo de Iglesia? ¿Resulta raro que el Papa Francisco hable de reformar la Iglesia? No podemos extinguir el fuego del Espíritu.

Víctor Codina en Blog de CJ, 22 de diciembre de 2017