Domingo 14º ordinario 8 de julio – Koinonia

Ez 2,2-5: Son un pueblo rebelde; sabrán que hubo un profeta en medio de ellos
Salmo 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia
2Cor 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo
Mc 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

No desprecian a un profeta más que en su tierra

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

COMENTARIO LITÚRGICO

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la «Confesión de Pedro») se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un «resumen» -llamado técnicamente «sumario»- de la vida de Jesús; y después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El «fracaso» de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la «derrota» del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el «escándalo» de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un «Mesías crucificado» que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el «Hijo de Dios».

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde saca esto que enseña en la sinagoga? «Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela…». La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Ahí está el problema: «con lo que ellos conocen». Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente «sabido»; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El «Dios siempre mayor» desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús «no podía hacer allí ningún milagro«; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque «nadie es profeta en su tierra«. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos, aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo?

Al evangelio de hoy se refiere precioso el capítulo 23 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Un profeta en su casa», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/23-un-profeta-en-su-casa/

 

Por qué los curas ya no amenazan con el Infierno

Francisco dijo a un periodista italiano que el Infierno no existe y se desató la polémica. El debate lo cerró en 1999 Juan Pablo II: “El Infierno no es un lugar» sino la situación de quien se aparta de Dios.

Erasmo perdía la paciencia ante las interminables disputas de decenas de teólogos (teologuchos los llama en Elogio de la locura) reunidos para discutir sobre si era pecado menos grave matar a un millar de hombres que coser en domingo el zapato de un pobre. Con el tiempo, surgieron dilemas más paradójicos, como la muy moderna sutileza en torno al vicio de fumar. ¿Se puede fumar mientras se reza? Qué irreverencia. ¿Y rezar mientras se fuma? Eso sería un acto de piedad. En cambio, ni en tiempos de Erasmo, Lutero o Ignacio de Loyola, quinientos años atrás, ni en los siglos posteriores, se discutió sobre la existencia del Infierno, el Cielo, el Purgatorio o el Limbo. Habrían sido herejías insoportables. Sin embargo, lo impensable ocurrió el verano de 1999 cuando Juan Pablo II corrigió el Más Allá de manera solemne. El Cielo, dijo el Pontífice polaco,no es «un lugar físico entre las nubes». El Infierno tampoco es «un lugar», sino «la situación de quien se aparta de Dios». Y el Purgatorio es un estado provisional de «purificación que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales”.

Lo curioso es que una corrección que resultó pacífica cuando la predicó el conservador Juan Pablo II se ha vuelto escandalosa 18 años más tarde cuando la reitera, sin darle importancia, el papa Francisco, argentino y jesuita. Lo hizo la pasada Semana Santa en declaraciones al fundador del periódico italiano La Repubblica, Eugenio Scalfari. Preguntado por qué pasa con las almas de las personas pecadoras cuando mueren, contestó: «No son castigados. Aquellos que se arrepienten obtienen el perdón de Dios, pero aquellos que no se arrepienten y no pueden ser perdonados desaparecen. El infierno no existe, la desaparición de almas pecadoras existe».

Desde entonces, no paran de escucharse execraciones contra Francisco, en boca de católicos puristas, pero también desde la Curia romana y entre cardenales, tachándolo, como poco, de hereje o masón. Incluso la oficina de Prensa del Vaticano le ha rectificado con el argumento de que Scalfari, el periodista más respetado en Italia a sus 94 años, con quien Francisco gusta de conversar durante horas, había transcrito inadecuadamente las palabras del Papa. “Los entrecomillados que aparecen no se deben considerar como una reproducción fiel de las palabras del Santo Padre», decía su comunicado.

Esta aclaración no evitó la catarata de críticas…     Leer más…

Juan G. Bedoya en El País, 24 de junio de 2018

 


¿Por qué emigran los africanos hacia Europa?

El gran gesto de la acogida del Aquarius. La insoportable indecencia de la Cope de los Obispos. “Fui extranjero y me acogisteis” (Mateo 25,35)

Querid@s amig@s colaboradores y cooperantes en la lucha por un mundo mejor:

Solo es posible una solución eficaz actuando en origen.

Mientras siga vigente el modelo económico actual, por el que los países ricos del Norte explotan a los países pobres del Sur, la emigración del Sur hacia el Norte será imparable.

Los explotadores de África: Esa explotación, se realiza a través de las Multinacionales, que corrompen a los Gobiernos del Sur y sus Administraciones, que a su vez se dejan corromper, para usurparles sus tierras de cultivo y sus materias primas, los privan de sus derechos más básicos (alimentación, educación, sanidad…), y los avocan a una vida de miseria, de sufrimiento, de impotencia, de desesperación, de tristeza. Así no se puede vivir y por eso se marchan, sabiendo que en la huida se arriesgan incluso a perder la vida, porque allí ya la ven perdida a corto plazo.

La solución eficaz: Es por lo que la única solución eficaz es actuar en origen para que allí puedan tener una vida mínimamente digna. Mientras no se haga esto, hay que acogerlos, tratarlos bien, ayudarles a salir adelante, como hizo muy bien el Gobierno español con el Aquarius dando una lección a Europa, pero la verdadera solución está allí, no aquí. Si no resolvemos el problema en origen la emigración será cada vez mayor. No lo resolveremos con vallas, ni con concertinas, que son un escarnio sangrante, ni con permisos de 45 días, porque África, siendo un continente muy rico, está lleno de hambre, y al hambre no se le pueden poner fronteras.

Lluvias torrenciales: En los últimos correos hablamos de las consecuencias del Volcán de Fuego en Guatemala, que aquí se difundieron más o menos en TV. Paralelamente a la erupción del Volcán, en Ruanda y otros países de África estaban cayendo unas lluvias torrenciales intensísimas, que parece que cada año lo son más, pero aquí los medios apenas dijeron nada. Pasarán las tormentas y vendrá una sequía insoportable, que obligará a muchos miles de personas a no tener ni agua para beber, a tener que buscarla muy lejos y en todo caso no potable. Precisamente hoy nos escriben diciendo que hace un color enorme y ya escasea el agua.     Leer más…

Faustino Vilabrille en Religión Digital, 22 de  junio de 2018


 

«La Iglesia que queremos»: carta abierta al Papa y a los obispos chilenos

El rol de los laicos en la Iglesia está casi totalmente atrofiado debido al clericalismo reinante de hace siglos. Queremos una iglesia: centrada en Jesús y su proyecto de vida; que vive y simboliza lo que predica; evangélica y misionera.

Esta carta nace de la desolación por la crisis actual que atraviesa nuestra Iglesia y especialmente porque Cristo y su evangelio no están llegando y convocando a las nuevas generaciones. Concordamos con el Papa Francisco en no quedarnos rumiando en la desolación, sino ir más allá de la queja y hacer algunas sugerencias constructivas de por dónde ir. Esta carta es también una respuesta a su invitación a tener el coraje de decirle: «este camino es el que hay que hacer, este no». Esperamos que ella contribuya a la necesaria reorientación del rumbo de la Iglesia.

Preámbulo: una confesión de fe

Tal como nos enorgullecemos de Francisco de Asís, Tomás Moro, Madre Teresa y del Padre Hurtado, sentimos vergüenza propia por Maciel, Karadima y tantos otros sacerdotes y religiosos pedófilos; y ¿qué decir de los obispos encubridores? Nos abruma que, a consecuencia de estos condenables comportamientos, millones de personas se están distanciando de la fe. Desgraciadamente, la historia muestra que la Iglesia tiene, como cada uno de nosotros, un lado oscuro. Junto a lo santo y sagrado, conviven el abuso de poder, la arrogancia, la hipocresía, el dogmatismo – tanto más grave cuando van revestidos de virtud.

Con todo, amamos a la Iglesia y reconocemos lo mucho que hemos recibido de ella: Conocer a Cristo y su mensaje. Infundirnos elevados ideales, centrados en el amor. Despertar una inquietud por lo sagrado y lo trascendente. Inculcarnos que somos parte de una comunidad, los unos para los otros. Alentarnos a construir el Reino, lo que da sentido a nuestra vida.

Por eso – pese a las caídas e insuficiencias de Pedro y sus sucesores – Cristo fundó la Iglesia con el mandato de evangelizar al mundo. En efecto, sin la Iglesia institucional, con todos sus claroscuros, no se habría podido transmitir esa fe de generación en generación.

Sin embargo, por importante que sea la Iglesia, Jesucristo es el fin. La Iglesia sólo es eficaz en la medida que nos orienta hacia Él, su testimonio y su palabra. Por eso esta crisis es doblemente grave…     Leer más…

Reflexión y Liberación en Religión Digital, 26 de junio de 2018

La vida pública ya no perdona

En España no se puede estar haciendo las cosas peor desde hace muchos años. La desconfianza se ha instalado en la retina del ciudadano medio como una lentilla colocada en el ojo del miope.

Cuando la política se convierte en un plató de televisión, parece mentira que gente con aspiraciones y experiencia no sepa lo que puede hacer y lo que no. Por ejemplo, aceptar un cargo o aspirar a ejercerlo. En una sociedad transparente en lo secundario, o casi, es imposible evitar que algo no se sepa si el sujeto se expone al ejercicio de un cargo público o adquiere reconocimiento mediático en sus opiniones éticas y políticas. Es imposible evitarlo.

De hecho, uno sabe lo que importa su trabajo a los demás, por las críticas. No hay otra medida más clara. El aplauso lo dan los amigos, las críticas, los adversarios. Porque colarse en unas declaraciones es fácil y cualquiera puede decir, lo siento, me he equivocado y rectifico. Casi nunca las palabras torpes son insalvables cuando detrás de ellas vienen las disculpas, a menos que se trate de una barbaridad o haya hábito de engaño. Pero los hechos, las actuaciones del pasado planificadas y mantenidas con voluntad turbia, no hay quién los borre del currículo. Hay que operar con ellos como precipicios que cortan el paso. Sucede con las aguas y con la vida pública de las personas, es así. Y esto es lo que llama la atención en la sociedad que he dicho transparente en lo banal, o casi, que los profesionales de la vida pública no reconozcan fácilmente lo que no pueden hacer, los caminos que les han quedado vedados para el futuro en ese espacio de lo público.

Ahora bien, ¿es lógico que esto suceda? Sí, es lógico. Si fuera que obedece a una perversión de la democracia en cuanto tal, sería un problema absoluto, pero no es eso, o no principalmente. Los instrumentos de poder en la sociedad de la comunicación son así: viven del error del adversario. Con esto hay que contar. Pero, en el caso español hay más. Sucede que ha habido una conciencia generalizada en todos los ámbitos, y en el político en particular, de que el pasado no cuenta; mejor aún, de que el espacio público tiene unas reglas donde vale casi todo y que, con alguna facilidad, el poder cubre a los suyos y pacta hacer lo propio con sus adversarios. Todo esto con niveles y prácticas distintas según lugares, grupos y sociedades, pues las comparaciones son odiosas y las generalizaciones, más.

Pues bien, dentro de esta conciencia extendida, en la sociedad española se ha ido más lejos de lo que aguantan las costuras de un sistema democrático y social del siglo XXI en Europa…  Leer más…

José Ignacio Calleja en El Diario Vasco, 25 de junio de 2018

 

El Foro «Curas de Madrid y Más» denuncia el penoso «divorcio» entre sacerdotes y fieles

Los cristianos reclaman su sitio de “adultos” en la Iglesia, no de niños. Reivindican la importancia de la formación como manera de potenciar la corresponsabilidad.

El Foro «Curas de Madrid y Más» celebró en la tarde del pasado lunes, día 18, su segundo Encuentro/Coloquio.

Jesús Sastre García, el primero de los ponentes, asumió y llevó a cabo la difícil tarea de expresar y de analizar de forma breve la doctrina católica sobre la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia. Sus primeras palabras fueron para señalar que, a su juicio, dicha «corresponsabilidad» es el tercer eslabón de una cadena en la que los dos primeros son la comunión y la comunidad. Tomando como punto de partida la Constitución conciliar Lumen Gentium, destacó como elemento nuclear de la misma su definición de la Iglesia como «comunión».

Comunión de quienes la forman con Dios y de todos ellos entre sí, formando un pueblo, que es llamado a la santidad de sí mismo y de las mujeres y los hombres que lo integran. Un pueblo que proclama a todos los hombres y trata de que se haga realidad la Buena noticia del Reino de Dios que llega. Un pueblo, una comunidad, que para facilitar la consecución de tales fines, se organiza de forma jerárquica.

En el conjunto de este cuerpo doctrinal, que encontramos en la Lumen Gentium, el objetivo primero y principal es, a juicio de Jesús Sastre, la comunión. Mientras que la organización jerárquica es un medio para conseguirla y que sea fecunda. Pero no hay un modo único de articular dicha organización. El que hoy está en vigor, conviene no olvidarlo, continuó diciendo, surgió ligado a las circunstancias históricas reinantes cuando fue cobrando forma.

En la actualidad, sin embargo, el común sentir de los fieles, o, al menos, el sentir más extendido demanda otra articulación, en la que se reconozca la capacidad del pueblo para ser y actuar como sujeto. En esa dirección, dijo, parece que quiere el Papa Francisco que se mueva a la Iglesia cuando habla de reforzar su sinodalidad, un modo organizativo que no se identifica con el modelo democrático, pero tampoco con el absolutismo regio o con una dictadura piramidal.

Gómez Serrano Pedro José, el segundo de los ponentes, comenzó diciendo que tiene la impresión de que en lo tocante a la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia está todo dicho, pero que, sin embargo, no todo está hecho, sino que sigue existiendo un divorcio entre los laicos y los diferentes miembros del clero… Leer más…

Jesús María López Sotillo en Religión Digital, 24 de junio de 2018



 

Los 50 años de diaconía de Evaristo Villar

Evaristo Villar teólogo y portavoz de Redes Cristianas

Llegado a esta etapa, que entiendo es ya la última de  mi vida,  hay dos cosas que quiero  hacer hoy  y una tercera que descarto. Quiero,  en primer lugar, dar gracias a Dios Padre/Madre que me ha conducido amorosamente hasta aquí por caminos nunca soñados por mí. Leer más

Tu fe te ha salvado – Fray Marcos

(Sab 1,13-15. 2,23-25) Las criaturas son saludables, porque la justicia es inmortal

(2 Cor 8,7-15) Siendo rico, se hizo pobre, para que vosotros os hagáis ricos.

(Mc 5,21-42) Hija tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud. Basta que tengas fe.

¡Basta que tengas confianza! ¿En quién? Esta es la clave. En nada ni en nadie que no esté ya en ti. En tu verdadero Ser, en lo que la Vida te está dando.

Del final del capítulo 4 de Mc pasamos al final del 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdos que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca. Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del “poder” de Jesús sobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación del “poder” sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: “poder” sobre la enfermedad (la hemorroísa) y  “poder” sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.

En el doble relato de hoy descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres,  los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de  vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.

Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús. La mujer enferma también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy. Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. En ambos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de salvación.

Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice: «La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o hemorragias. La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera­ción de impura. La hemorroísa tenía prohibido tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía le devuelve la salud.

Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta “¿Quién me ha tocado?”, está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo. Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo “impuro” de la mujer es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar, Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto. Una relación que abarca todos los aspectos del ser: el físico, el psíquico y el religioso. La mujer obra saltándose la Ley, pero Jesús va aún más allá y reacciona como si la Ley no existiera.

El milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús (una fuerza especial que sale de él). La fe-confianza de la mujer desencadena los aconteci­mientos.  Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de “milagros”. No significa una acción que va en contra de las leyes de la naturale­za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ley sin las trabas que le pone la racionalidad. Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagros los procesos que serían los más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas. Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir una piedra en pan. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.

Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante. Coge de la mano a la muchacha pero, a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta sino que le dice: ¡levántate!, el mismo verbo que Mc emplea para hablar de resurrección. En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar él contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.

No os engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos. Los resucitados volverán a morir sin remedio. Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas. La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados. Si no tenemos esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.

Ya en el AT queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte. La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza que Jesús era capaz de poner en marcha está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer es dejar que actúe en nosotros. No se trata de magia, sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser o/y a los demás.

En los dos casos la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la  salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello. También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantos seres humanos atrapados en las interpretaciones aberrantes de Dios y de su Ley. La religión seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.

 

Meditación

En el orden espiritual, es imprescindible la fe-confianza.

Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.

Tu lámpara está capacitada para iluminarse.

Toda la energía está a tú disposición.

Solo tienes que dejar que fluya la energía.