El padre más querido en tierra hostil (Santiago Agrelo)

El arzobispo de Tánger atiende desde hace once años a cientos de migrantes subsaharianos que se acercan a su diócesis: «No podemos dejarlos abandonados».

El arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo (Rianxo, A Coruña, 1942), festejó hace unos días su cumpleaños y once años al frente de la diócesis en el Norte de África. Pero su celebración es para los migrantes, que son su prioridad y a quienes visita en los bosques cercanos a Ceuta dos veces a la semana. Su imagen vestido con el hábito de franciscano por las calles tangerinas pertenece ya a la iconografía de la llamada «ciudad blanca». A las puertas de la catedral, donde se encuentra la sede de Cáritas y de Migraciones, siempre se acercan migrantes subsaharianos. Piden para comer, para el autobús, unos dirhams que los lleve a Boukhalef, el barrio migrante. Es conocido como «el cura que protege a los negritos». Son su mayor preocupación. Es el azote del discurso oficial, el español y europeo, en el tratamiento de la migración. Ve en cada uno de los migrantes el rostro de Cristo. Desde hace un año se habla de su jubilación, que parece ya más próxima.

Hace once años el entonces Papa Benedicto XVI le comunicó su nombramiento. «Soy el arzobispo de Tánger, un lugar difícil pero una misión muy hermosa», le dijo al Pontífice. A Santiago Agrelo le llamó la atención «la pequeñez a la vez que hermosura de la diócesis», pero sobre todo «su compromiso con los pobres». El titular de la diócesis tangerina no se considera instalado en exceso en la religiosidad sino más bien volcado en el cuidado de los migrantes. Su trabajo y tarea principal ha consistido en «mantener el espíritu de esta gente que trabaja en la diócesis, darles impulso desde el Evangelio y mantenerlos en contacto con Jesucristo, con el Señor».

Dirige una comunidad eclesiástica en un país musulmán, pero rompe los prejuicios. «Esta iglesia vive de cara a Marruecos. No pensamos solo en los cristianos sino en la gente de Marruecos y en los migrantes», dice Agrelo. En Tánger no se discrimina la ayuda. «Todas las ayudas que ofrecemos no las pagan, como cualquier otra que presta la Iglesia, los beneficiarios sino las instituciones, de donde proceden nuestros recursos», aclara el arzobispo. En cuanto a las relaciones con el Reino Alauita se muestra así de contundente: «En Marruecos la Iglesia católica es más estimada que en España». Considera que los prejuicios de los europeos y católicos respecto a los musulmanes «no existirían si no fuera por una historia de enfrentamientos y de luchas entre los dos mundos. Esos prejuicios proceden del miedo, pero eso se soluciona cuando dos personas se miran cara a cara y todo ese miedo desaparece». Su concepto de la comunidad, de la Iglesia como un solo cuerpo lo dice todo: «Necesitamos reconocer que la humanidad es única, y no nos enteramos de que somos uno, un solo cuerpo, como dice el Evangelio. Hay que romper esas fronteras de los prejuicios y miedos al otro y tener disposición de servicio. Esta Iglesia lo ha entendido y de ahí que seamos una Iglesia a los pies de la humanidad, donde no existen las fronteras entre los seres humanos».

Mafia en la frontera Leer más…

Juan Luis Tapia en La Razón, 3 de julio de 2018

El Vaticano impulsa un «movimiento masivo» para cuidar el planeta

La Santa Sede, preocupada por «el estado de precariedad de la casa común». Encuentro mundial con motivo del tercer aniversario de la Laudato Si.

El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral presidido por el cardenal Turkson, con ocasión del tercer aniversario de la encíclica Laudato si’ y preocupado «por el estado de precariedad» de la casa común, convoca un diálogo que pueda atender esta urgencia escuchando «tanto el grito de la tierra como el grito de los pobres», para «distanciarse del paradigma tecnocrático» y de su cultura del descarte e impulsar un gran «movimiento masivo» a favor del cuidado del planeta, según se relata en la convocatoria.

Todo ello con un enfoque ecológico integral que ofrezca respuestas, «líneas de acción concretas y participativas», tanto para implicarnos a nivel personal como colectivamente desde lo local a lo internacional y teniendo en cuenta criterios éticos, económicos, financieros o políticos. El Dicasterio que atiende la «humanidad sufriente» vuelve a priorizar la atención a las víctimas para avanzar en líneas de acción que implique «a todas las personas de buena voluntad».

En opinión de Toni Santamaría, esta convocatoria es especialmente importante para el MMTC, entre otras razones, porque «los miembros de nuestros movimientos viven en países y continentes que sufren directamente el desprecio y la falta de cuidado de la casa común y cargan con sus negativas consecuencias». Junto a esto, «la encíclica nos aporta una perspectiva global e integral a nuestro compromiso cristiano: salvar la creación, es decir, salvar la tierra y salvar a los que la habitamos», añade. El MMTC quiere contribuir al respeto y cuidado del medioambiente, sustrato imprescindible para la vida, consciente de que «las convicciones de la fe ofrecen (…) grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos y hermanas más frágiles», como ha dicho Francisco.

Encuentro con vistas a una agenda de eventos y cumbres mundiales

La conferencia inteacrnional tiene la voluntad de incidir en próximos eventos mundiales. El plan de acción que se prevé consensuar para el cuidado de nuestra casa común tendrá especial vinculación con seis próximas citas.

La primera de ellas arranca el 1 de septiembre y finaliza el 4 de octubre, como una época privilegiada para orar y comprometerse por el cuidado de la casa común, en lo que se denomina Tiempo para la Creación, un encuentro de movilización ecuménica.     Leer más…

Abraham Canales en Religión Digital, 3 de julio de 2018

La ley del celibato no tiene fundamento bíblico

Mujeres y casados pueden ser ordenados sacerdotes. Es urgente que la Iglesia estudie este asunto a fondo y sin miedo.

El Concilio Vaticano Primero, en la Constitución dogmática «Dei Filius» (año 1870), cap. 3º, definió que «deben creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o tradicional («in verbo Dei scripto vel tradito continentur»), y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas» (Denzinger – Hünermann, nº 3011).

Toda afirmación (o toda práctica) que no entre en el contenido de esta afirmación dogmática puede ser modificada por la autoridad suprema de la Iglesia. En cuanto a las verdades o actividades, que se justifican por el llamado «Magisterio Ordinario Universal» de la Iglesia, debe tenerse cuidado y no concederles un valor absoluto e intocable, ya que, como es bien sabido y por poner un ejemplo, durante siglos, se pensó que era verdad de fe que el sol daba vueltas en torno a la tierra, hasta el extremo de condenar a Galileo cuando afirmó lo contrario. Y hoy sabemos que quien tenía razón era Galileo.

Un problema importante, que la Iglesia tiene en la actualidad, en lo que se refiere a las «verdades de fe», está en que se puede (y a veces sucede que) hay hechos «históricos» o «sociológicos» a los que se les concede un «valor dogmático». Esto exactamente es lo que sucede cuando nos preguntamos si las mujeres o las personas casadas podrán ser sacerdotes.

En cuanto a las mujeres, en la Antigüedad, no tenían los mismos derechos que los hombres. Por eso no podían ser testigos oficiales de nada. Ni tomar decisiones sobre otros. Ni sobre ellas mismas (J. Jeremias, «Jerusalén en tiempos de Jesús», Madrid 1977, pg. 371-387). Es lógico que, en tales condiciones, no podían ejercer cargos de responsabilidad en instituciones públicas. Hoy la situación social y legal de la mujer es completamente distinta. Y, en todo caso, lo que no se puede hacer es convertir en revelación divina lo que no pasa de ser una situación social ya superada. La Iglesia no tendrá credibilidad mientras siga manteniendo la desigualdad de la mujer en dignidad y derechos respecto al hombre.

En cuanto a las personas casadas, el Evangelio no impone ningún mandato respecto al celibato. Por otra parte, el apóstol Pablo dice que es un derecho de los apóstoles vivir y viajar con una mujer cristiana, como lo hacían Pedro y los parientes del Señor (1 Cor 9, 5). La continencia de los sacerdotes empezó a imponerse a comienzos del s. IV, en el concilio de Elvira (Granada). Y la ley del celibato se impuso progresivamente en la Edad Media. Se fijó como ley a partir del concilio segundo de Letrán (en 1138).     Leer más…

José María Castillo en Religión Digital, 29 de junio de 2018

¿Por qué no puede haber cenas eucarísticas sin sacerdote?

Hay laicos que no soportan más el modo en que los curas celebran la liturgia. Debiera ya ahora ensayarse nuevas modalidades de celebrar fraternalmente la fe.

Imaginemos que entra en la humanidad un virus letal que mata a la tercera parte de los seres humanos y, por una razón desconocida, mueren todos los sacerdotes, todos los obispos y el Papa. El desastre eclesial que se produce es mayor. Los cristianos se encuentran completamente desorientados. Una vez que vuelve la calma, sin embargo, surge la necesidad de continuar juntos. He aquí que en distintas partes del planeta en que la Iglesia aún está presente, surge la misma pregunta: «¿quién celebrará la eucaristía?».

El sacerdote al consagrar la hostia, alzándola lo más posible, los extasiaba. Ahora en cambio experimentan una carencia que no saben cómo calmar. Les parece que no hay Iglesia sin lectura de las Escrituras y sin poder comulgar con Cristo. ¿Qué pueden hacer para recordar la entrega de Jesús, su muerte y su resurrección? Sin rememorar a Jesús y sin compartir su mesa, piensan, el cristianismo se licuará dentro de poco. Seguirá habiendo fe, sí, pero no en el Dios en quien Jesús creyó.

Hace tiempo que vengo escuchando de comunidades que no tienen un sacerdote que celebre en ellas la eucaristía. Me dicen que en Brasil algo así como la mitad de las comunidades carecen de él. Me parece que, puestos los ojos en el futuro, debiera ya ahora ensayarse nuevas modalidades de celebrar fraternalmente la fe.

Sé de una comunidad que se reúne una vez al mes: sus integrantes deciden allí mismo quién puede presidir la celebración eucarística, llevan pan y vino corrientes, cuentan con una plegaria eucarística que se consiguieron creo que en Bélgica, comparten lo que está ocurriendo en sus vidas y, por supuesto, leen y comentan entre todos la Palabra. Llaman a estas reuniones «eucaristías» como si realmente lo fueran.

Los motivos para hacer algo así son varios. Pero ellos, por de pronto, no soportan más el modo en que los párrocos y otros curas celebran la eucaristía. Les parece que, conforme cambia la cultura, las maneras de hacerlo traicionan cada vez más la intención del Vaticano II de dar participación a los fieles. La fundamentación teológica para proceder así es esta: en el sacramento del bautismo, aseguran, están contenidos todos los sacramentos de la Iglesia. Los bautizados y bautizadas pueden eventualmente extraer de su sacerdocio bautismal el servicio sacerdotal y actualizarlo. En los mismos cristianos, dicen, la Iglesia se da en plenitud.     Leer más…

Jorge Costadoat en Religión Digital, 30 de junio de 2018

La eutanasia a debate

La muerte impone respeto, más aún, miedo y pavor. No es para menos, ya que, como afirma el filósofo de la esperanza Ernst Bloch, es la más fuerte y trágica anti-utopía, la mayor certeza, la manifestación privilegiada de la nada, la mayor desilusión, la aniquilación de toda dicha y la disolución de la comunidad. “Las mandíbulas de la muerte aniquilan todo”, concluye. A su vez, la regulación sobre la muerte plantea problemas de todo tipo.

Unos son de carácter religioso-fundamentalista: Dios es el señor de la vida y de la muerte, la da y la quita cuando quiere y el ser humano no tiene derecho a disponer de ella. La imagen de Dios a la que se apela es la de una divinidad feudal, que se considera dueño de vidas y haciendas. Otros problemas son de carácter moral: se argumenta que la eutanasia constituye el mayor atentado contra la vida de los seres humanos que debe ser condenado sin excepciones.
Otros argumentos en contra de la eutanasia son jurídicos: la vida es el bien más preciado a proteger en cualquiera situación. Hay todavía una cuarta dificultad de orden ascético-religioso para rechazar la regulación de la eutanasia en el caso de personas en situaciones de sufrimiento extremo: el sufrimiento es inherente a la vida humana y tiene carácter redentor.

La eutanasia se ha convertido también en un problema político y en un tema incómodo para el poder legislativo que con frecuencia se ve amordazado por concepciones religiosas, que dificultan su regulación o la restringen, incluso en sociedades secularizadas y Estados no confesionales, como son la mayoría de los países europeos.

Ahora bien, yo creo que las razones contrarias a la eutanasia se desvanecen al constatar que tanto pensadores creyentes de diferentes religiones como intelectuales no creyentes de diferentes tendencias ideológicas coinciden en el derecho a la misma y recurren a razones religiosas, morales y de conciencia para defenderla. Veamos tres ejemplos especialmente luminosos.
En su bello y esperanzador libro Una muerte feliz (Trotta, 2016), el teólogo católico Hans Küng expresa su deseo de morir consciente y despedirse digna y humanamente de sus seres queridos, morir sin nostalgia, ni dolor por la despedida, con completa conformidad, profunda satisfacción y paz interior. Y se pregunta: “Todos tenemos una responsabilidad sobre nuestra vida. ¿Por qué vamos a renunciar a ella en la etapa final?” Leer más…

Juan José Tamayo en Redes Cristianas, 28 de junio de 2018

Porque le conocían, lo rechazan – Fray Marcos

(Ez 2,2-5) «Te hagan caso o no, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»

(Cor 12,7-10) «Vivo contento, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte

(Mar 6,1-6) ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado?

Porque le conocían, lo rechazan. Hoy sabemos que es el Mesías, el Hijo de Dios, y el Jesús que alcanzó plenitud humana y nos abrió el camino de la divinidad, no nos interesa.

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que el don absoluto de Dios hace posible en ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida.

Con este texto concluye Mc una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando pero al pueblo oprimido, que quiere liberarse. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Jn y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Mc no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su “pueblo”. Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían jugado y trabajado con él, lo conocían perfectamente. Lo encuadraban en una familia (requisito indispensable para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario.

El texto griego no habla de pueblo sino de “patria”. Ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto. Jesús, por su cuenta, se pone a enseñarles. Mc ya había advertido de la relación de Jesús con su familia. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo porque decían que estaba loco. Quedan impresionados como en Cafarnaúm.

El texto griego no dice: “desconfiaban de él” sino “se escandalizaban”, que indica una postura más radical. Ni siquiera pronuncian su nombre. Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mt corrige el texto de Mc y dice: “hijo del carpintero”. Pero Lc va más lejos y dice: “el hijo de José”. Estos evangelistas, que copian de Mc, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Mc no era hijo de José porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación.

Ese conocimiento excesivo de Jesús es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba segura de sí misma y no admitía novedad. Los jefes religiosos no permitían admitir nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Al hacer Jesús alusión al rechazo del “profeta” está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.

Un detalle muy interesante es que su desconfianza impide que Jesús pueda hacer milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: “tu fe te ha curado”; y a Jairo: “basta que tengas fe”. La fe o la falta de fe son determinantes a la hora de producirse un milagro. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hacer lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el “hacer” como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

El relato de hoy nos habla de la humanidad de Jesús. Nos está confirmando que no tiene privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta envidado de Dios. Siempre será difícil descubrir a Dios en aquel que se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: “no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?” Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si a alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos, lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.

El profeta es el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más «antiprofético» y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

El gran espejismo en que hemos caído en el pasado fue pensar que “todos” tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta hoy hemos cometido el disparate de hacer cristianos por “decreto”. La opción por el evangelio será siempre cuestión de minorías. Nos asusta un Jesús completamente normal, hemos puesto la grandeza en lo extraordinario. Pero resulta que lo más grande de todo ser humano no es lo que no tienen los demás, sino precisamente lo que todos tenemos por igual.

 

Meditación-contemplación

El demasiado conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.

Lo que es y significa Jesús no se puede meter en doctrinas.

A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.

Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.

El conocimiento de Jesús y de Dios me viene de fuera.

La experiencia de Dios y de Jesús me llegará de dentro.

 

 

Urteko 14. igandea / Domingo 14 Tiempo ordinario – José A. Pagola

B (Markos 6,1-6)

Evangelio del 8/julio/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

BEREEN ARTEAN UKATUA

Jesus ez da Tenpluko apaiz bat, erlijioa zaintzera eta sustatzera emana. Ez du hartzen inork Lege-maisutzat ere, Moisesen Tora defenditzera emandakotzat. Galileako baserri-jendeak, haren keinu sendatzaileetan eta haren suzko hitzetan, Jainkoaren Espirituak eragina den profeta baten jarduera ikusten du.

Jesusek badaki bizitza zaila eta gatazkatsua izango duela. Erlijio-buruzagiek aurre egin diote. Profeta ororen zoria da. Ez du barruntatzen artean, hain xuxen bereek egingo diotela uko, haurtzarotik hobekien ezagutzen dutenek.

Esan daiteke, Nazareteko herrian Jesusi egin zioten ukoa oso komentatua izan zela lehen kristauen artean. Hiru ebanjelarik xeheki jaso dute pasadizoa. Markosen arabera, ikasle-talde bat lagun duela iritsi da Jesus Nazaretera, eta profeta sendatzaile baten fama duela. Jesusen auzotarrek ez dakite zer pentsatu.

Larunbata iristean, herriko sinagoga txikira doa Jesus. Eta «irakasten hasi da». Auzokoek eta familiartekoek doi-doi entzuten diote. Galdera-mota asko dituzte beren artean. Haurtzarotik dute ezaguna Jesus: auzotar bat gehiago da. Non ikasi du mezu harrigarri hori Jainkoaren erreinuaz? Nondik datorkio sendatzeko ahalmen hori? Markosek dio, «guztiz nahasirik zeuzkala». Zergatik?

Landa-jende hark uste du dena dakiela Jesusez. Haurtzarotik moldatu dute hartaz beren ideia. Beren aurrean agertu zaien bezala onartu ordez, hartaz duten irudiak blokeatu egin ditu. Irudi horrek ez die utzi Jesusen baitan den misterioari bihotza irekitzen. Gogor egin diote harengan Jainkoaren hurbiltasun salbatzailea ikusteari.

Bada besterik ere. Profetatzat onartzeak, Jainkoaren izenean agertu dien mezua entzuteko prest egotea eskatuko lieke. Eta horrek arazoak ekartzen ahal lizkieke. Beren sinagoga dute, beren liburu sakratuak eta beren tradizioak. Bakean bizi dute beren erlijioa. Jesusen presentzia profetikoak herrixkako bakea hausten ahal du.

Kristauek irudi aski desberdinak ditugu Jesusez. Denak ez datoz bat hurbiletik ezagutu eta jarraitu ziotenen irudiarekin. Nork bere irudia dugu Jesusez. Irudi honek baldintzatzen du fedea bizitzeko era. Jesusez dugun irudia pobrea, erdizkakoa edo desitxuratua bada, pobrea, erdizkakoa edo desitxuratua izango da gure fedea.

Zergatik saiatzen gara hain gutxi Jesus ezagutzen?

Zergatik eskandalizatzen gaitu haren giza ezaugarriak gogoratzeak?

Zergatik egiten diogu gogor Jainkoa Profeta batengan haragitu dela aitortzeari?

Haren bizitza profetikoak geure elkarteak eta gu geu sakon eraldatzera behartuko gintuzkeela barruntatzen dugulako ote?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


B (Markos 6,1-6)

Evangelio del 8/julio/2018

RECHAZADO ENTRE LOS SUYOS

Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

Al parecer, el rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y «empieza a enseñar». Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que Jesús «los tenía desconcertados». ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niño. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con la que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús?

¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos?

¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un profeta?

¿Intuimos tal vez que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente nuestras comunidades y nuestra vida?

José Antonio Pagola