Garizumako 5. Igandea-5º Cuaresma-A- José A. Pagola

 A (Juan 11,1-45)

por Coordinador – Mario González Jurado

GURE ESPERANTZA-NUESTRA ESPERANZA

Harrigarria da Lazaro piztearen kontaera. Alde batetik, Jesus ez digute azaldu inoiz ere une honetan bezain gizatar, hauskor eta bihozkoi, bere adiskiderik hobenetako bat hil zaionean. Bestetik, ez gaituzte gonbidatzen inoiz ere hain zuzenean beraren indar salbatzaileagan sinestera: «Ni naiz piztuera eta bizia: nigan sinesten duena, hiltzen bada ere, biziko da… Sinesten al duzu hau?».

Jesusek ez du ezkutatu Betaniako hiru anai-arreba hauekiko txera, zeinek, segur aski, Jerusalemera etortzen den guztietan onartzen baitute etxean. Behin batean Lazaro gaixotu da, eta beraren arrebek mandatua bidali diote Jesusi: gure anaia, «hainbeste maite duzuna», gaixo dago. Jesus herrixkara iritsi denean, Lazarok lau egun du hobiraturik. Eta ezin itzuliko dio bizia inork ere.

Familia jota dago. Jesus aurkeztu denean, Mariak negarrari eman dio. Ezin kontsolatu du inork ere. Bere adiskide horren negarra ikustean, Jesusek ezin eutsi dio eta negarrari ematen dio berak ere. Bihotza zartatu zaio heriotzaren aurrean guztien ezina sumatzean. Nork kontsola gaitzake?

Bada gugan bizi-desira aseezin bat. Egunak eta urteak egiten ditugu bizitzeko. Zientziara jotzen dugu eta, batez ere, botikara bizitza biologiko hau luzatzeko, baina beti iristen da azken gaixotasun bat, inork sendatuko ez duena.

Ez liguke balioko bizitza hau beti bizi ahal izateak. Izugarria izango litzateke mundu zaharkitu bat, zaharrez betea, gero eta tarte gutxiagokoa gazteentzat, mundu bat zeinetan ez balitzateke bizitza eraberrituko. Antsiatzen duguna, beste bizi bat da, oinazerik eta zahartzarorik gabea, goserik eta gerlarik gabea, bizitza guztiz zoriontsua guztientzat.

Gaur egun gizarte batean bizi gara, Zygmunt Bauman poloniar soziologoak honetan deskribatu duena: «gizarte bat ziurtasunik gabea». Inoiz ez zuen izan gizakiak horrenbesteko ahalmenik biziera zoriontsuago baterantz jotzeko. Eta, halere, agian gizakia inoiz ez da sentitu hain ahaltasun gabe etorkizun ziurtasun gabeko eta mehatxagarri baten aurrean. Zertan jar genezake esperantza?

Aldi guztietako gizon-emakumeak bezala, geu ere ilunak inguraturik bizi gara. Zer da bizitza? Zer da heriotza? Nola bizi behar dugu? Nola hil behar dugu? Lazaro piztu aurretik, hitz hauek esan dizkio Jesusek Martari, Jesusen jarraitzaile guztientzat erronka erabakitzaile direnak: «Ni naiz piztuera eta bizia: nigan sinesten duena, hiltzen bada ere, biziko da… Sinesten al duzu hau?».

Duda-mudak, iluntasunak eta guzti, kristauok Jesusengan, biziaren eta heriotzaren Jaun horrengan, sinesten dugu. Beragan bakarrik bilatzen ditugu argia eta indarra biziaren alde borroka eta heriotzari aurre egiteko. Beragan bakarrik aurkitzen dugu bizi-esperantza bizitza baino harago.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

NUESTRA ESPERANZA

El relato de la resurrección de Lázaro es sorprendente. Por una parte, nunca se nos presenta a Jesús tan humano, frágil y entrañable como en este momento en que se le muere uno de sus mejores amigos. Por otra, nunca se nos invita tan directamente a creer en su poder salvador: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá… ¿Crees esto?».

Jesús no oculta su cariño hacia estos tres hermanos de Betania que, seguramente, lo acogen en su casa siempre que viene a Jerusalén. Un día Lázaro cae enfermo, y sus hermanas mandan un recado a Jesús: nuestro hermano «a quien tanto quieres», está enfermo. Cuando llega Jesús a la aldea, Lázaro lleva cuatro días enterrado. Ya nadie le podrá devolver la vida.

La familia está rota. Cuando se presenta Jesús, María rompe a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver los sollozos de su amiga, Jesús no puede contenerse y también él se echa a llorar. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. ¿Quién nos podrá consolar?

Hay en nosotros un deseo insaciable de vida. Nos pasamos los días y los años luchando por vivir. Nos agarramos a la ciencia y, sobre todo, a la medicina para prolongar esta vida biológica, pero siempre llega una última enfermedad de la que nadie nos puede curar.

Tampoco nos serviría vivir esta vida para siempre. Sería horrible un mundo envejecido, lleno de viejos, cada vez con menos espacio para los jóvenes, un mundo en el que no se renovara la vida. Lo que anhelamos es una vida diferente, sin dolor ni vejez, sin hambres ni guerras, una vida plenamente dichosa para todos.

Hoy vivimos en una sociedad que ha sido descrita por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman como «una sociedad de incertidumbre». Nunca había tenido el ser humano tanto poder para avanzar hacia una vida más feliz. Y, sin embargo, tal vez nunca se ha sentido tan impotente ante un futuro incierto y amenazador. ¿En qué podemos esperar?

Como los seres humanos de todos los tiempos, también nosotros vivimos rodeados de tinieblas. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Cómo hay que vivir? ¿Cómo hay que morir? Antes de resucitar a Lázaro, Jesús dice a Marta esas palabras, que son para todos sus seguidores un reto decisivo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que crea en mí, aunque haya muerto, vivirá… ¿Crees esto?».

A pesar de dudas y oscuridades, los cristianos creemos en Jesús, Señor de la vida y de la muerte. Solo en él buscamos luz y fuerza para luchar por la vida y para enfrentarnos a la muerte. Solo en él encontramos una esperanza de vida más allá de la vida.

José Antonio Pagola

5º de Cuaresma-26 de marzo-2023 Koinonía

Ezequiel 37,12-14: Les infundiré mi espíritu y vivirán
Salmo 130:
 Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa
Romanos 8,8-11:
 El Espíritu del que resucitó a Jesús habita en ustedes
Juan 11,1-45: 
Yo soy la resurrección y la vida

Ezequiel 37,12-14

Os infundiré, mi espíritu, y viviréis

Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

Salmo responsorial: 130

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; / Señor, escucha mi voz; / estén tus oídos atentos / a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra; / mi alma guarda al Señor, / más que el centinela la aurora. / Aguarde Israel al Señor, / como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa; / y él redimirá a Israel / de todos sus delitos. R.

Romanos 8,8-11

El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Juan 11,1-45

Yo soy la resurrección y la vida

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]

Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»

[Los discípulos le replican: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?» Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.» Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará.» Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él.»]

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama.» Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»]

Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Donde lo habéis enterrado?» Le contestaron: «Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: «Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

COMENTARIO AL TEXTO:

Muchos pueblos de la tierra, en el pasado y en el presente, se han visto forzados a abandonar su tierra, a marchar al exilio. Sus habitantes forman las legiones de desplazados y refugiados que, hoy por hoy, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), se esfuerzan por atender. Para un desplazado no hay peor desgracia que morir lejos del paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio. El profeta Ezequiel, en la primera lectura, presenta esta situación viviéndola con su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los Patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara después Josué, según el mega-relato de las tradiciones religiosas propias de Israel. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir ahora en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños.

Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

En el Antiguo Testamento no aparece claramente una expectativa de vida eterna, de vida más allá de la muerte. Los israelitas esperaban las bendiciones divinas para este tiempo de la vida terrena: larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, riquezas suficientes para vivir holgadamente. Más allá de la muerte sólo quedaba acostarse y «dormir» con los padres, con los antepasados; las almas de los muertos habitaban en el “sheol”, el abismo subterráneo en donde ni si gozaba, ni se sufría.

Sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento, por ejemplo, en Daniel, en Sabiduría y en Macabeos, encontramos textos que hablan más o menos confusamente de una esperanza de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar. Esta esperanza tímida surge en el contexto de la pregunta por la retribución y el ejercicio de la justicia divina: ¿Cuándo premiará Dios al justo, al mártir de la fe, por ejemplo, o castigará al impío perseguidor de su pueblo, si la muerte se los ha llevado? ¿Cuándo realizará Dios plenamente las promesas a favor de su pueblo elegido? Algunas corrientes del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creían firmemente en la resurrección de los muertos como un acontecimiento escatológico, de los últimos tiempos, un acontecimiento que haría brillar la insobornable justicia de Dios sobre justos y pecadores. Los saduceos, por el contrario, se atenían a la doctrina tradicional, les bastaba esta vida de privilegios para los de su casta, y consideraban cumplida la justicia divina en el “status quo” que ellos defendían: el mundo estaba bien como estaba, en manos de los dominadores romanos que respetaban su poder religioso y sacerdotal sobre el pueblo.

La segunda lectura está tomada de la carta de Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El pasaje evangélico que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre….

Bonita la escena, bien construido el relato, tremendas y lapidarias las palabras de Jesús, rico en simbolismo el conjunto… pero difícil el texto para nosotros hoy, cuando nos movemos en una mentalidad tan alejada de la de Juan y su comunidad. A nosotros no nos llaman tanto la atención los milagros de Jesús como sus actitudes y su praxis ordinaria. Preferimos mirarlo en su lado imitable más que en su aspecto simplemente admirable que no podemos imitar. No somos tampoco muy dados a creer fácilmente en la posibilidad de los milagros. Para la mentalidad adulta y crítica de una persona de hoy, una persona de la calle, este texto no es fácil. (Puede ser más fácil para unas religiosas de clausura, o para los niños de la catequesis infantil).

En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro decidirán matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la semana santa. Estamos acercándonos al clímax del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.

La causa de la muerte de Jesús fue mucho más que la decisión de unos enemigos temerosos del crecimiento de la popularidad de un Jesús taumaturgo, como aquí lo presenta Juan. Este puede ser un filón de la reflexión de hoy: «Por qué muere Jesús y por qué le matan» (remitimos para ello a un artículo clásico de Ignacio Ellacuría, en https://servicioskoinonia.org/relat/125.htm). El episodio 102 de la famosa serie «Un tal Jesús» (https://radialistas.net/102-el-amigo-muerto/) también interpreta este pasaje de Juan en relación con la «clandestinidad» a la que Jesús tendría que someterse sin duda en el último período de su vida.

Otro tema puede ser el de la fe o del creer en Jesús, con tal de que no identificar la «fe» en «creer que Jesús puede hacer milagros» o «creer en los milagros de Jesús». La fe es algo mucho más serio y profundo. Podría uno creer en Jesús y creer que el Jesús histórico probablemente no hizo ningún milagro… No podemos plantear la fe como si un «Dios allá arriba» jugase a ver si allá abajo los humanos dan crédito o no a las tradiciones que les cuentan sus mayores referentes a los milagros que hizo un tal Jesús… La fe cristiana tiene que ser algo mucho más serio.

Y un tercer tema, todavía más complejo para nuestra reflexión, puede ser el de la resurrección. Precisamente porque, la de Lázaro no fue una resurrección. Lógicamente, a Lázaro simplemente se le dio una prórroga, una «propina», un suplemento… de esta misma vida. Un «más de lo mismo». Y el Lázaro «resucitado» -como tantas veces se lo mal llamó- tenía que volver a morir. Porque en esta vida concreta, «vivir es morir». Cada día que vivimos es un día menos que nos queda de vida, un día más que hemos gastado de nuestra vida, un día que morimos… Por lo que resucitar-resucitar… tiene que ser otra cosa que volver a la misma situación, volver a las andadas.

Aquí habría que subrayar que es bien probable que en la cabeza de la mayor parte de nosotros, la idea de «resurrección» que hay es una idea equivocada, un poco por la misma razón por la que decimos que Lázaro es «mal llamado resucitado»: porque pensamos, o mejor dicho, «imaginamos» la vida resucitada un poco como «prolongación, suplemento, continuación…» de ésta de ahora. Y no. No es sólo que la diferencia será que «aquella vida no se acaba», o que «no tiene necesidades materiales» porque «allí serán como los ángeles del cielo»… No; es que se trata realmente de «otra cosa».

Nuestra llamada «fe en la resurrección» no es un creer que hay un «segundo piso» al que subimos tras la muerte y que allí «continuaremos viviendo»… aunque sea con «cuerpos espirituales»… Todas estas «imágenes» pueden ser dejadas de lado. También aquí, yo puedo creer en el meollo profundo de lo que denominábamos «resurrección» sin aceptar la interpretación facilona de que Dios nos creó aquí primero para luego llevarnos a un lugar definitivo… Muchos pueblos primitivos han pensado esto, que ha sido una forma de interpretación de la vida humana que ha funcionado y ha hecho su servicio, en unos contextos culturales pasados. Pero hoy, si queremos escuchar a la ciencia y no seguir anclados en «creencias» típicas de las religiones de la edad agraria… es necesario hacer un esfuerzo de renovación, y aceptar ascéticamente un «no saber/no poder expresar» bien el misterio que es la Vida, el Misterio en que creemos…

Pero es un tema demasiado importante y demasiado sutil como para ponernos a hablar de la resurrección de Lázaro como modelo de la nuestra, sin necesidad de más preámbulos… Es más complejo el problema. Sobre la transformación de las condiciones de credibilidad de las religiones en este nuevo tiempo sugerimos la lectura de los artículos 352 (https://servicioskoinonia.org/relat/352.htm), de Mariano CORBÍ, y 344, de Amando ROBLES (https://servicioskoinonia.org/relat/344.htm). Sobre la necesidad de «despedirse del piso de arriba», recomendamos la lectura del capítulo de igual título del libro de Roger LENAERS «Otro Dios es posible [http://tiempoaxial.org/#10]. Y sobre la resurrección, en un plan más netamente teológico, recomendamos la lectura de TORRES QUEIRUGA, «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003). Hay también un número de la revista CONCILIUM dedicado a la resurrección (noviembre 2006). La Agenda Latinoamericana’2011 [htp://latinoamericana.org/digital] trae un artículo titulado «¿Pero hay o no hay otro mundo ahí arriba?» [ https://servicioskoinonia.org/agenda/archivo/obra.php?ncodigo=729] accesible en su archivo digital [https://servicioskoinonia.org/agenda/archivo]. La serie «Otro Dios es posible, de los hermanos LÓPEZ VIGIL aborda el tema de la resurrección en la entrevista 98 [http://radialistas.net/article/98-resucito/], titulada «¿Resucitó?». Y recomendamos un libro completo también sobre el tema, muy rompedor: Vida Eterna: una nueva visión: más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, de John Shelby Spong (tiempoaxial.org).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 102 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «El amigo muerto». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/102-el-amigo-muerto/

DOMINGO 4º DE CUARESMA – A – FRAY MARCOS

(1 Sm 16,6-13) el hombre mira las apariencias. El Señor mira el corazón.

(Ef. 5,8-14) En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

(Jn 9,1-41) He venido para que los que no ven vean.

El ciego pasó de la absoluta obscuridad y miseria a ser hombre cabal. Si no doy ese paso, mi vida humana seguirá en la ruina.

El relato es simbólico, como la Samaritana del domingo pasado y la resurrección de Lázaro del próximo. Se propone un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre. Jesús acaba de decir: “Yo soy la luz del mundo”. Lo repite y lo va a demostrar dando la vista al ciego. Jesús no le consulta, pero no suprime su libertad, le da la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse. Los demás personajes siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres.

Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos. Jn usa dos verbos para indicar la aplicación del barro en los ojos: aquí untar-ungir, en relación con el apelativo de Jesús «Mesías». Más adelante dirá sencillamente aplicar.

Aquí está la clave del relato. El ciego es ahora un “ungido”, como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu. La duda de la gente sobre la identidad del ciego refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro. El hombre ciego ya era libre pero no lo había descubierto todavía. De ahí que el ciego utilice las mismas palabras que tantas veces, en Jn, utiliza Jesús para identificarse: «Soy yo». Esta fórmula refleja la identidad del hombre transformado por el Espíritu. Descubre la transformación que se ha operado en él y quiere que los demás la vean.

El ciego, que era solo carne, se dejó transformar por el Espíritu. Debemos tomar conciencia de que el relato no da ninguna importancia a la curación física. Lo despacha con media línea. Lo que importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. Su vida era anodina y dependiente de los demás. Ahora está llena de sentido. Pierde todo miedo y comienza a ser él mismo, no solo en su interior sino ante los fariseos que le acosan.

La piscina de Siloé estaba fuera de los muros de la ciudad. Recogía el agua de la fuente de Guijón que llegaba a ella conducida por un canal-túnel (de ahí el nombre arameo de «siloah»=emisión-envío, agua emitida- enviada). Jn aplica el nombre a Jesús, el enviado. La doble mención de untar-ungir y la de la piscina, término que era utilizado para designar la fuente bautismal, nos muestra que se está construyendo este relato a partir de los ritos de iniciación de la primera comunidad.

No se había mencionado que era mendigo, incapacitado y dependiendo de los demás. El punto de partida es clave para resaltar el punto de llegada. Jesús le va a dar la independencia. Le hace hombre cabal. Tampoco se había mencionado que era sábado. Jesús no tiene en cuente esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre. Amasar barro estaba explícitamente prohibido por la Ley. El amasar el barro el día séptimo, prolonga el día sexto de la creación. Jesús completa la creación

Los fariseos no se alegran del bien del hombre. Solo les interesa la Ley y creen que a Dios tampoco le importa el hombre. Acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres son gente sometida. La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista? Responden a las dos primeras, pero a la tercera, la más importante, no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar cualquier complicidad con el hecho. Podían ser expulsados de la institución.

Los fariseos intentan confundir al ciego. Quieren, por todos los medios, conseguir la lealtad del ciego aún en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene también el que ha sido curado. Ellos lo tienen claro, Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en benefició del hombre. Quieren hacerle ver que la vista de que ahora goza es contraria a la voluntad de Dios.

El ciego no tiene miedo. Expresa lo que piensa ante los jefes. A las teorías opone los hechos. Puede que se haya quebrantado la Ley, pero lo que ha sucedido es tan positivo para él, que se hace la pregunta: ¿No estará Jesús por encima del sábado? Ha experimentado el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre y sabe también lo que es Dios. Él ahora ve, los maestros están ciegos. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no está de parte de un pecador.

Los fariseos están tan seguros de sí, que dudan de la misma realidad. El ciego no sabe nada, pero le es imposible negar lo que ha vivido. Por no negar su experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan. Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla, que es la sinagoga. Lo mismo que Jesús tuvo que salir del templo, el ciego que ha recibido la luz, tiene que salir de la institución judía.

«Fue a buscarlo». El (euron) griego no significa un encuentro fortuito, sino el fruto de una búsqueda. El contraste salta a la vista. Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca. No le dice, como al inválido de la piscina, que no vuelva a dejarse someter, porque ya se había mantenido firme ante los fariseos. Con su pregunta acaba la obra de iluminación. La acción de Jesús había hecho descubrir al ciego una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo era Jesús. Jesús le hace tomar conciencia de ello.

El relato termina con la plena aceptación de Jesús por parte del ciego. «Se postró» (prosekinesen) es el mismo verbo con que se designa la adoración debida a Dios. El gesto de postrarse para adorar a Jesús no es infrecuente en los sinópticos, pero éste es el único pasaje de Jn en que aparece. Jesús, el Hombre, es el nuevo santuario donde se verifica la presencia de Dios. El ciego encuentra en Jesús el santuario, donde se puede rendir culto a Dios ‘en espíritu y verdad’, (Samaritana).

Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean y los que creen ver se queden ciegos. Era inconcebible que alguien pudiera tener por ciegos a los dirigentes de la época. No son palabras de Jesús sino de los cristianos de finales del s. I. Clara alusión a los fariseos que se habían erigido en guías del pueblo. ¿También nosotros estamos ciegos? Eran los conocedores de la Ley, que tenían por ciegos a los demás. Los que más cerca están de Dios, son los que menos le conocen.

4º de Cuaresma – BIDEAK FEDERANTZ – CAMINOS HACIA LA FE (José Antonio Pagola)

Kontaera ahaztezina da. Tradizioz «Jaiotzetiko itsuaren sendatzea» deitu ohi zaio, baina askoz ere gehiago da; izan ere, ebanjelariak barne ibilbidea deskribatzen du, Jesusekin, «Munduaren Argiarekin», topo egin arte ilunpean galdurik dabilen gizon bat egiten ari den barne ibilbidea.

Ez dakigu nola deitzen den. Soilik eskale bat dela dakigu, jaiotzetik itsua, Tenpluaren atarian limosna eske dabil. Ez daki zer den argia. Ez du ikusi sekula. Ezin bide egin du berez, ezta norabidetu ere. Ilunpean bizi du bere bizitza. Ezin ezagutuko du behin ere bizitza duin bat.

Behin batean Jesus suertatu da beraren bizitzan. Itsuak hain behar handia du non bere begietan lan egin dezan uzten baitio Jesusi. Ez daki nor den, baina konfiantza du beraren indar sendatzailean. Berak esanari jarraituz, Siloe igerilekuan garbitu ditu begiak eta, lehen aldiz, ikusten hasi da. Jesusekin egindako topoak bere bizitza aldatuko dio.

Auzokoek eraldaturik ikusi dute. Bera da, baina beste bat dela uste dute. Bere esperientzia argitzen die gizonak: «Jesus deritzon gizon batek» sendatu du. Ez daki beste ezer. Ez daki nor den, ez non dagoen, baina begiak ireki dizkio. Jesusek on egiten dio gizon bezala bakarrik ezagutzen eta aitortzen duenari ere.

Fariseuek, erlijio-arazoetan adituak, mila argibide eskatzen diote Jesusez. Itsu izanak bere esperientziaz hitz egin die: «Gauza bat dakit bakarrik: itsu nengoela eta orain ikusten dudala». Jesusez zer deritzon galdetu diote, eta sentitzen duena esan die: «Profeta bat dela». Beragandik hartu duena hain gauza ona da, non gizon horrek Jainkoagandik etorria izan behar baitu. Horrela bizi ohi du jende xume askok Jesusenganako bere fedea. Ez dute teologiarik ikasi, baina sentitzen dute gizon hori Jainkoagandik datorrela.

Pixkana-pixkana, eskalea bakarrik gelditzen ari da. Bere gurasoek ez dute defendatu. Buruzagi erlijiosoek sinagogatik kanporatu egin dute. Jesusek, ordea, ez du bazter uzten bera maite eta beraren bila dabilenik. «Kanporatu dutela entzun duenean, beraren bila joan da». Jesusek bere bideak ditu beraren bila dabiltzanekin topo egiteko. Ezin eragotzi dio hori inork ere.

Ematen duenez inork ulertzen ez dion gizon harekin topo egin duenean, soilik galdera bat egin dio Jesusek: «Sinesten al duzu gizonaren Semeagan?», sinesten al duzu Gizon berriagan, Gizon guztiz gizatarragan, hain justu ere Jainkoaren misterio ezin atzemanaren gizakunde delako? Eskalea prest da sinesteko, baina inoiz baino itsuago dago: «Eta nor da, Jauna, beragan sinets dezadan?»

Jesusek diotso: «Ikusten ari zara; mintzo zaizuna, horixe da». Itsuari arimako begiak ireki zaizkio orain. Jesusen aurrean ahuspeztu eta esaten dio: «Sinesten dut, Jauna». Soilik Jesusi entzunez eta barnez berak gida gaitzan utziz joan ohi gara bide egiten fede beteago baterantz eta orobat apalago baterantz.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4º Cuaresma – A (Juan 9,1-41)

Evangelio del 19 / Mar / 2023

por Coordinador – Mario González Jurado

CAMINOS HACIA LA FE

El relato es inolvidable. Se le llama tradicionalmente la «curación del ciego de nacimiento», pero es mucho más, pues el evangelista nos describe el recorrido interior que va haciendo un hombre perdido en tinieblas hasta encontrarse con Jesús, «Luz del mundo».

No conocemos su nombre. Solo sabemos que es un mendigo, ciego de nacimiento, que pide limosna en las afueras del Templo. No conoce la luz. No la ha visto nunca. No puede caminar ni orientarse por sí mismo. Su vida transcurre en tinieblas. Nunca podrá conocer una vida digna.

Un día Jesús pasa por su vida. El ciego está tan necesitado que deja que le trabaje sus ojos. No sabe quién es, pero confía en su fuerza curadora. Siguiendo sus indicaciones, limpia su mirada en la piscina de Siloé y, por primera vez, comienza a ver. El encuentro con Jesús va a cambiar su vida.

Los vecinos lo ven transformado. Es el mismo, pero les parece otro. El hombre les explica su experiencia: «Un hombre que se llama Jesús» lo ha curado. No sabe más. Ignora quién es y dónde está, pero le ha abierto los ojos. Jesús hace bien incluso a aquellos que solo lo reconocen como hombre.

Los fariseos, entendidos en religión, le piden toda clase de explicaciones sobre Jesús. Él les habla de su experiencia: «Solo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le preguntan qué piensa de Jesús, y él les dice lo que siente: «Que es un profeta». Lo que ha recibido de él es tan bueno que ese hombre tiene que venir de Dios. Así vive mucha gente sencilla su fe en Jesús. No saben teología, pero sienten que ese hombre viene de Dios.

Poco a poco, el mendigo se va quedando solo. Sus padres no lo defienden. Los dirigentes religiosos lo echan de la sinagoga. Pero Jesús no abandona a quien lo ama y lo busca. «Cuando oyó que lo habían expulsado, fue a buscarlo». Jesús tiene sus caminos para encontrarse con quienes lo buscan. Nadie se lo puede impedir.

Cuando Jesús se encuentra con aquel hombre a quien nadie parece entender, solo le hace una pregunta: «¿Crees en el Hijo del hombre?», ¿crees en el Hombre nuevo, el Hombre plenamente humano precisamente por ser encarnación del misterio insondable de Dios? El mendigo está dispuesto a creer, pero se encuentra más ciego que nunca: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

4º de Cuaresma – 19 de marzo de 2023- Koinonía

Koinonía

1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel
Salmo 23:
 El Señor es mi pastor, nada me falta
Efesios 5,8-14:
 Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz
Juan 9,1-41: 
Fue, se lavó, y volvió con vista

1Samuel 16,1b.6-7.10-13a

David es ungido rey de Israel

En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.» Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.» Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.» Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.» Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?» Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.» Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.» Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.» Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Salmo responsorial: 23

El señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar, / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos loa días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por los años sin término. R.

Efesios 5,8-14

Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo descubierto es luz. Pero eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

Juan 9,1-41

Fue, se lavó, y volvió con vista

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado.» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.»

[Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No sé.»]

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.»

[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.» Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»]

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús les dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, señor.» Y se postró ante él.

[Jesús añadió: «Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.» Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»]

COMENTARIO LITÚRGICO:

El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quién procedía de acuerdo con la voluntad del Señor y quién simplemente quería ser líder para conseguir poder.

En la época de Samuel la situación era realmente complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física. Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación. La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde, los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los ideales tribales, lo que luego se llamó ‘el derecho divino’. Sin embargo, subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de Dios.

En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios, podía reconocer que él era el “ungido”, el “Mesías” (como se dice en hebreo), o el “Cristo” (como se dice en griego).

Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia. Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba, simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario, comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible prueba del destino. Era una persona que pasaba de la desesperación a la fe y descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero, el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

En el evangelio se nos relata una especie de drama entre los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general, una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres del ciego son involucrados en el drama.

Se trata de un verdadero «drama teológico», simbólico, de una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de la crónica cuasi-periodística de un hecho histórico. No olvidemos que es Juan quien escribe, y que su evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación, de recurso al símbolo y a la insinuación indirecta. Si tenemos que dirigir la palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos históricos tal cual, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes son adultos y agradecen que se les trate como a tales, y que quien que tiene la palabra en el ámbito litúrgico –donde por respeto nadie va a levantar la mano para contradecir–, no crea por eso que puede decir cualquier cosa, que «todo cuela» en ese ambiente.

En el «drama teológico» que hoy leemos, de Juan, el ciego se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido, preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús sea la causa de la luz de los ojos del ciego. Un simple hombre como Jesús no les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en sábado, día sagrado de descanso que los fariseos guardaban de manera escrupulosa. Y menos aún siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él, solidariamente, al enterarse de que lo han expulsado de la sinagoga. Y en este nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado… Ese es el mensaje que Juan elabora y nos quiere transmitir narrando un drama «teológico» –como es su estilo– más que afirmando proposiciones abstractas, como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega.

Al final del texto las palabras que Juan pone en labios de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

No haría falta echarle metafísica y ontología griega a este drama judío… Es un lenguaje de «confesión de fe». La comunidad de Juan está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el descubrimiento que ha hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La ontología que los siglos subsiguientes volcaron sobre el tema, es un añadido cultural, occidental, griego. Para el caso, sobra. Sobra para quien quiere creer, porque no está obligado a creer metafísica, sino sólo a establecer su relación con Jesús…

¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20 siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más conciencia de la relatividad (no digamos “relativismo”) de nuestras afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento.

Diez años de Francisco: El Papa de la periferia y el evangelio

Religión Digital

«Es destacable, por ejemplo, su extracción humilde de trabajadores emigrantes muy católicos de origen italiano con huida del fascismo incluida. De su familia, le marca sobre todo Rosa, su abuela preferida, que solía decir que “las mortajas no llevan bolsillo”

«En la Compañía estudió a fondo Ciencias Clásicas, Historia, Literatura, Latín y Griego, lo que influirá decisivamente en su lenguaje creativo, rompedor, muy original, fruto de muchas lecturas y de su actividad de profesor de Literatura y Psicología (1964-1969), que hará incluso que utilice metáforas y neologismos muy personales»

«Los de fuera ven en Francisco no solo su alegre simpatía, sino la aparición de un líder mundial que da esperanza, que lucha por los más marginados, los derechos humanos, principalmente de los más excluidos, y que vive lo que predica, sin miedo a un mundo dominado por el neocapitalismo salvaje»

«En un mundo dominado por la imagen lo que convence y atrae del papa Bergoglio es su rostro de andar por casa, la invitación de su mirada y su sonrisa, como de un padre, un tío, un abuelo que se sienta a charlar espontáneamente en la mesa camilla de e tu cuarto de estar»

A veces la mejor historia de los papas, como las más jugosas biografías, se construye por anécdotas, detalles, como pinceladas de un cuadro que abocetan un perfil humano. Recuerdo, por ejemplo, los brazos firmemente apoyados en el balcón de la logia cuando fue elegido el cardenal Wojtyla, que hablaban ya de la fuerza decisoria de Juan Pablo II cuasi de líder político. O la voz frágil de Luciani, el papa catequista, que parecía que en ese momento se iba a romper. ¿Y quién no recuerda en Roncalli las mil anécdotas de abuelo del mundo del que abriría al aire libre con el Vaticano II las ventanas de la Iglesia? ¿O la mirada penetrante de Pablo VI, que calificarían de papa Hamlet?…Leer más…(Pedro Miguel Lamet)

¿Francisco o Jorge Mario Bergoglio?

Atrio

El teólogo se pregunta si el papa Bergoglio marca a la izquierda y gira a la derecha, pues en su propuesta de sinodalidad no supera el freno que impuso Pable VI en el Vaticano II con una nota a la corresponabilidad en la Iglesia, declarada en la LG. La última palabra la sigue teniendo el obispo y el de Roma en todo el orbe. AD

        Hace diez años fue elegido el cardenal Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco para –según ha declarado recientemente– poner fin a la corrupción que estaba saqueando el patrimonio de la Santa Sede; disolver el centralismo vaticano y la mentalidad cortesana que pululaba alrededor del papado y acabar con la pederastia clerical. Casi nadie cuestiona que se ha convertido, desde entonces, en una referencia mundial. No extraña, por ello, que estemos asistiendo a un aluvión de valoraciones sobre su gestión al frente de la Iglesia católica durante el tiempo transcurrido. Ni tampoco que tales valoraciones respondan a una gran diversidad de tendencias ideológicas. Pero, de todas ellas, hay una que me ha llamado la atención: la de Luis Badilla, el director de “Il Sismografo” con R.C. Estos periodistas establecen una curiosa y, a la vez, interesante diferencia, entre el Papa mediático –al que llaman Francisco– y el Papa soberano, al que denominan Jorge Mario Bergoglio.

        A este último, reconocido así en recuerdo de su gestión al frente de la archidiócesis de Buenos Aires, le asquean las tramas cortesanas y las luchas por el poder, pero procede como un gobernante absoluto que controla todo desde “su fortaleza de Santa Marta”, interesándose, incluso, por las cosas más pequeñas. En el Vaticano, apuntan, no se mueve una hoja sin su consentimiento. Pero este Papa coexiste con otro, con Francisco, muy popular. Es un gran líder, con muchísimo carisma en las calles, aunque, señalan críticamente, es bastante posible que esté demasiado inflado por cierta prensa y círculos periodísticos. La sorprendente conjunción de estos “dos papas” permitiría explicar que, a veces, tengamos delante un personaje dulce, afable y grandísimo comunicador y que, en otras, nos encontremos con un monarca absolutista, amante de ordenar, legislar y proceder con toda la autoridad que tiene, que no es poca. Con bastante frecuencia, concluyen, estos “dos papas” coinciden armónicamente. Pero no faltan las ocasiones en las que colisionan. Cuando ello sucede, emerge un personaje que “marca a la izquierda y gira a la derecha”. Y al revés…Leer más…(Jesús Martínez Gordo)

DIEZ AÑOS EN LA CUERDA FLOJA: FRANCISCO, EL REFORMADOR DE LA CUARTA VÍA


Fe Adulta-Religión Digital

Francisco, Reformador por la Cuarta Vía. Ni restauración, ni ruptura, ni solo renovación, sino reforma

De Benedicto a Bendecido

Hace diez años titulé De Benedicto a Bendecido el primer gesto del nuevo obispo de Roma: jesuita argentino con nombre franciscano invita a rezar en silencio. Esperábamos bendición papal, pero él pide primero que el Espíritu nos bendiga. El gesto clave de hermandad universal auguraba bendiciones, cumplidas año tras año con gestos, palabras y silencios, retratos de un estilo pastoral de misericordia evangélica, discernimiento espiritual y comunión de caminantes en el Espíritu. Así promueve la “conversión del Papado” y la “conversión pastoral” de una iglesia que deje de hablar “más de la ley que de la gracia, más de ella misma que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios (“Evangelii Gaudium, EG, 32-38). El poliédrico Francisco (EG 236): discierne como san Ignacio, para reformar, compadece, como san Francisco, para sanar ; escucha y acompaña, como san Alfonso Ligorio, para reconciliar.

No caben aquí recopilaciones. Me limito a un tema: la audacia de Francisco para ir por el “Camino de en medio” (que no el “punto medio”, sino “la cuarta Vía” de conversión continua y reforma evangélica por camino sinodal (EG. 217-237). Lectores/as de este blog disculparán lo repetitivo de la cantilena sobre la “la cuarta vía” (Cf. numerosos posts de estos diez años en RD sobre Papa Francisco y moral). 

Ni restauración, ni ruptura, ni renovación cosmética, sino reforma por el Espíritu

Más allá de la restauración conservadora y del reformismo progresista; también más allá del “punto medio” de compromiso diplomático “a la vaticana”, el “camino de en medio” de Francisco no es postura intermedia de “pseudo-centro”, sino cuarta opción para que caminen juntas las divergencias hacia una convergencia que requiere tiempo y sufrimiento, manteniendo equilibrios inestables con la ayuda del Espíritu SantoLeer más…(Juan Masiá)

El grito de las mujeres a la Iglesia (y a Francisco): «Somos una mayoría pendiente»

Religión Digital

Geraldina Céspedes: Simplemente estamos reclamando que las mujeres también somos seres humanos, también tenemos derechos, también somos Iglesia (…). Hay un miedo en la Iglesia a un diálogo respetuoso, a buscar juntos, a discernir»

Julia Almansa: «Hay una mirada directa contra la pederastia, pero todavía no la hay para atajar los abusos contra las religiosas». Falta todavía escucha. Estamos todavía muy lejos de que ese mensaje esperanzador llegue a la realidad»

María José Arana: «La Iglesia mejoraría si la mujer entrase en igualdad de condiciones con los varones. Es una cuestión de igualdad en el bautismo, y ahí tenemos que trabajarlo. Hay que seguir adelante, hay que seguir tragbajando, por el bien de la Iglesia y por el bien de todos, porque el Señor nos dice que hay que empujar»

Lorenza Ortegón: Mucha apertura, pero «nos dicen que Jesús solo nombró a doce hombres, y ese inconsciente colectivo está ahí». Una eclesiología que cansa, que agota a muchas mujeres y a muchos hombres, que piden otro tipo de teología «que no suene a palmaditas en la espalda»

«Somos una mayoría pendiente». El grito de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia resonó con fuerza entre los muros de la iglesia ’24 horas’ de San Antón, en el segundo acto de la #SemanaFranciscoRD que, voluntariamente, quiso celebrarse la víspera del 8M. Con un tema peliagudo, el de las relaciones del Papa Francisco y la mujer. Una cuestión espinosa y esperanzadora. Sacerdocio, diaconado, igualdad, violencia, patriarcado, palabra, en un conversatorio que no dejó a nadie indiferente. Valiente, libre y crítico. Con una voz que lamentablemente no siempre se escucha. También en el chat del streaming.

Abrió el debate la teóloga Pepa Torres, quien ejerció de moderadora de un evento que está llamado a marcar un antes y un después en la no siempre fácil relación entre la Iglesia y la mujer. «Un conversatorio entre mujeres», recalcó Pepa. Y menudas mujeres: María José Arana, religiosa del Sagrado Corazón y doctora en teología, especializada, entre otros temas, en diaconado femenino; Lorenza Ortegón, laica, representante de ‘Revuelta de mujeres en la Iglesia’; Geraldina Céspedes, dominica del rosario, doctora en teología dogmática, profesora en la UCA (El Salvador); y Julia Almansa, laica, de la fundación Luz Casanova y de la Comisión diocesana por una vida libre de violencia…Leer más…(Jesús Bastante)

Día de la Mujer: Manifestaciones por el 8M: horarios y recorrido en las principales ciudades de España

Redes Cristianas – EL Pais

El miércoles 8 de marzo, Día internacional de la Mujer, las feministas están llamadas en cada esquina de España a salir a la calle a protestar. Lo harán en un contexto muy diferente al que había en 2018, cuando sumaron centenares de miles de manifestantes en 120 ciudades, una cifra sin precedentes y con un movimiento unido que tuvo alcance mundial. Las consecuencias de la ley del solo sí es sí, que ha causado rebajas de penas y excarcelaciones a reos de delitos sexuales, avivan el fuego de la separación en el feminismo, que ya se mostró dividido en 2022 por la llamada ley trans, por la que parte del movimiento decidió escindirse con el argumento de que la norma va a suponer un “borrado de las mujeres”. Este año, la mayoría de asociaciones feministas han hecho una convocatoria conjunta en las principales ciudades españolas, pero en ciudades como Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela o Gijón el feminismo marchará dividido.

Comunidad Foral de Navarra

  • El Movimiento Feminista de Euskal Herria ha convocado en Pamplona una manifestación que saldrá desde el parque Antoniutti a las 20.00.

Andalucía

  • En Sevilla la marcha convocada por Acción Red Andalucía sale a las 18.00 desde la Torre Pelli hacia el puente del Cachorro, recorre el paseo Colón hasta la avenida de la Constitución y termina en la plaza de San Francisco. La plataforma 8 de Marzo, que se abanderan como abolicionistas y son transexcluyentes, ha convocado otra manifestación a las 19.30 que recorre la plaza Nueva, la calle Tetuán, la calle Velázquez, la calle O’Donnell, la calle Campana, la plaza del Duque de la Victoria, la calle Trajano y la alameda de Hércules.
  • En Málaga, la coordinadora 8M Málaga ha convocado una manifestación que saldrá desde la Plaza de la Marina a las 19.30. Desde allí, recorrerá la avenida de Manuel Agustín Heredia, la alameda de Colón, la alameda Principal, la calle Larios y acabará en la Plaza de la Constitución. Su lema es “los derechos de las mujeres son derechos humanos” y entre sus etiquetas destaca #8Mabolicionista….