El riesgo de una sinodalidad “formal”

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Hay que tener cuidado en no caer en un concepto teórico de la sinodalidad. Como si fuera un concepto más, etéreo, del que se dice mucho pero sólo si entra en los esquemas de los pastores, constituídos no en servidores sino en gerentes de qué sí y qué no hacer en sus jurisdicciones. Guste más o menos, estamos en un momento de la historia de la Iglesia que quedará en los libros.

El cambio de paradigma, no de doctrina, de volver a los orígenes de la Iglesia como comunidad de bautizados, discípulos misioneros, seguidores de la persona viva de Jesús, haciendo del servicio el modo principal de predicar…Leer más…(Alberto Roselli)

Rafael Luciani: «Construir una cultura eclesial para una Iglesia constitutivamente sinodal, el desafío del tercer milenio»

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Estas son las palabras del profeso y teólogo Rafael Luciani en la presentación del Instrumentum Laboris en la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) y la Unión General de Superiores (USG)

«El Sínodo sobre la sinodalidad es el esfuerzo más importante y el proceso más extenso que ha realizado la Iglesia Católica a lo largo de su historia para emprender un camino de conversión y reforma a la luz de los signos actuales de los tiempos»

«La posibilidad de reencontrarnos con lo humano, de crear espacios y estructuras donde vivamos relaciones mutuas y horizontales, gratuitas y abiertas, recíprocas y complementarias, como un rico intercambio de dones»

«Resulta significativo el hecho de que una Iglesia sinodal es también una Iglesia del discernimiento, pero reconociendo honestamente que todavía falta mucho por realizar»

«El gran desafío de la Iglesia del tercer milenio, iniciado por el Sínodo sobre la sinodalidad, será seguir caminando juntos hasta construir, entre todos y todas, una cultura eclesial para una Iglesia constitutivamente sinodal»…Leer más…

Secularización no significa negar a Dios

«El eje estructurador de la sociedad moderna ya no reside en el mundo religioso, sino en la autonomía de las realidades terrestres, en el mundo secular. De ahí que se hable de secularización»

«Esto no significa negar a Dios, solo que Él ya no representa más el factor de cohesión social. En su lugar entra la razón, los derechos humanos, el proceso de desarrollo científico que se traduce en una operación técnica productora de bienes materiales, y el contrato social»

«El proceso de secularización puso de manifiesto algunas formas de vivir el mensaje cristiano en el continente latinoamericano y brasilero: el cristianismo y oficial y tradicional, el cristianismo cultural, el cristianismo de compromiso y un cristianismo secularizado o camino ético»

«Tal vez hoy la gran mayoría de nuestro país y del mundo entero vive ese tipo de vida que, en dialecto cristiano, llamaríamos un cristianismo anónimo y secularizado. Estimo que este fue el deseo originario de Jesús de Nazaret»

Los grandes analistas de la historia nos confirmaron que vivimos desde hace un siglo una fase nueva del espíritu de nuestra cultura. Es la fase de la secularización. Con esto se quiere significar que el eje estructurador de la sociedad moderna ya no reside en el mundo religioso, sino en la autonomía de las realidades terrestres, en el mundo secular. De ahí que se hable de secularización…Leer más…(Leonardo Boff)

Domingo 13 TO. Ciclo A – José Luis Sicre

FE ADULTA

EXIGENCIAS Y RECOMPENSA

El largo discurso dirigido a los apóstoles (resumido en los domingos 11-13) termina con una serie de frases de Jesús que son, al mismo tiempo, severas y consoladoras. Las severas se dirigen a los apóstoles; las consoladoras, a quienes los acogen.

¿Quién no es digno de Jesús?

La sección comienza con tres frases que terminan de la misma manera: “no es digno de mí”. Las dos primeras están muy relacionadas: no es digno de Jesús el que ama a su padre o a su madre más que a él, o el que ama a sus hijos o a su hija más que a él. Estas frases recuerdan lo que se dice en Deuteronomio 33,9 a propósito de los levitas. En un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo. Leví, representación de todos los levitas, «dijo a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza.»

Una opción en tiempos de conflicto

Para comprender estas palabras tan exigentes de Jesús hay que tener en cuenta lo que dice inmediatamente antes (suprimido por la liturgia). El aviso de que pueden perder la vida (tema del domingo pasado) puede provocar en los discípulos el desconcierto. ¿A qué ha venido Jesús? A esto responde que no ha venido a traer paz sino espada. Que su persona y su mensaje crearán problemas incluso entre los miembros de la familia. Llegarán momentos en que los apóstoles, y todos los cristianos, tendrán que optar.

La opción por Dios de los levitas

En el libro del Éxodo se cuenta que, mientras Moisés estaba en el monte Sinaí recibiendo del Señor las tablas de la Ley, los diez mandamientos, el pueblo, cansado de esperar, decidió fabricar un becerro de oro y adorarlo. Cuando Moisés baja del monte y contempla el espectáculo, rompe las tablas, se planta a la puerta del campamento y grita: «¡A mí los del Señor! Y se le juntaron todos los levitas.» Moisés les ordena: «Ciña cada uno la espada; pasad y repasad el campamento de puerta en puerta, matando, aunque sea al hermano, al compañero, al pariente». Los levitas cumplieron las órdenes de Moisés y este, al final, les dice: «¡Hoy os habéis consagrado al Señor a costa del hijo o del hermano, ganándoos hoy su bendición» (Éxodo 32,25-29).

El historiador moderno duda que los levitas tuvieran espadas en el desierto y que llevaran a cabo esta matanza. Pero los antiguos no eran tan críticos. Aceptaban las cosas que se contaban, e incluso alaban a los levitas, ya que en un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo: «Dijeron a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza» (Deuteronomio 33,9).

La opción por Jesús de los discípulos

Se podría decir que Jesús exige a sus discípulos la misma actitud de los levitas. Pero hay dos diferencias importantísimas: 1) Jesús no ordena matar a los padres o a los hermanos en caso de conflicto. 2) Los levitas se comportaron así por fidelidad a los mandatos de Dios y a su alianza; los discípulos deben hacerlo por amor a Jesús. Al exigir este amor superior al de los seres más queridos, Jesús se está poniendo al nivel de Dios, al que hay que amar sobre todas las cosas.

Los primeros cristianos, en momentos de persecución, se vieron a veces en la necesidad de optar entre el amor y la fidelidad a Jesús y el amor a la familia. La elección era dura, pero muchos la hicieron, convencidos de que recuperarían a sus padres e hijos en la vida futura.

La frase siguiente («el que no coge su cruz…») también se entiende mejor a la luz del texto del Deuteronomio. En él se dice que los levitas, por haber mostrado esa fidelidad a Dios, recibieron un gran premio y dignidad: «Enseñarán tus preceptos a Jacob y tu ley a Israel; ofrecerán incienso en tu presencia y holocaustos en tu altar.» Jesús no promete nada de esto a sus discípulos, solo exige.

Amar a Jesús más que a la familia ya lo hicieron Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Lo que ahora exige Jesús es infinitamente más duro: cargar con la cruz. ¿Hay que interpretarlo al pie de la letra o simbólicamente? Simbólicamente, pero con posibles repercusiones prácticas: hay que estar dispuestos a cargar con ella y marchar camino de la muerte. No una muerte cualquiera, sino la más infamante, típica de rebeldes contra Roma y esclavos. Cuando Jesús exige cargar con la cruz está pidiendo algo terrible desde el punto de vista físico, moral y social. Además, la exigencia no carece de macabra ironía cuando la comparamos con los vv.9-10: los que deben predicar el reino sin llevar nada, ahora tienen que seguir a Jesús cargando con la cruz.

Conviene advertir que el amor a la familia y el amor a Jesús no se excluyen ni se oponen. Son compatibles, con tal de mantener el orden adecuado. Los hijos de Zebedeo abandonan a su padre, pero la madre los acompaña e incluso le pide a Jesús un favor especial para ellos. María, al menos según la versión del cuarto evangelio, está al pie de la cruz. Pablo recuerda que «los demás apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas» se hacen acompañar de su esposa cristiana (avdelfh.n gunai/ka 1 Cor 9,5).

Acogida y recompensa

La última parte se dirige a las personas que acojan a los discípulos. Dos cosas les dice:

1) Recibirlos a ellos equivale a recibir a Jesús y recibir al Padre. Lo que hacen es mucho más de lo que pueden imaginar. No es solo un acto de caridad, sino un inmenso honor, mucho mayor que el de la persona que pudiese acoger en su casa a un artista, un deportista o un personaje mundialmente famoso.

2) Esa acogida tendrá su recompensa, igual que ocurrió en el Antiguo Testamento con quienes acogieron a profetas y justos. La primera lectura cuenta como un matrimonio de Sunám decidió acoger en su casa al profeta Eliseo cuando pasaba por el pueblo; le construyeron una habitación en el piso de arriba y le proporcionaron una cama, una silla, una mesa y un candil. Una gran inversión para aquel tiempo. Pero recibieron su recompensa con el nacimiento de un hijo.

En comparación con Eliseo, los discípulos pueden parecer unos pobrecillos sin importancia. A nadie se le ocurrirá darles alojamiento permanente. Pero basta un vaso de agua fresca (algo muy de agradecer cuando no existen bares ni agua corriente en las casas) para que esas personas reciban su recompensa.

Resumen

Si en la primera parte entreveíamos los grandes conflictos familiares provocados por las persecuciones, en este final intuimos lo que experimentaron muchas veces los misioneros cristianos: la acogida amable y sencilla de personas que no los conocían. De estos últimos versículos, solo uno tiene paralelo en el evangelio de Marcos. El resto es original de Mateo, que ha querido dejarnos al final de este duro discurso un buen sabor de boca.

José Luis Sicre

DOMINGO  13  (A) Fray Marcos

(2 Re 4,8-16) El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.

(Rom 6,3-11) Su morir fue un morir al pecado, y su vivir, un vivir para Dios.

(Mt 10,37-42) Quien quiera asegurar su vida, la perderá, el que la pierda…

El amor a Dios y al padre no se pueden comparar porque son de naturaleza distinta. Si el amar a Dios se opone a otro amor, uno de los dos es falso.

La manera de hablar semita, por contrastes excluyentes, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El problema del amor al padre y a Jesús no se puede comprar porque son realidades de distinta naturaleza ni se pueden comparar ni se puede decir que uno es “más” que otro. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre. Jesús nunca pudo decir esas palabras con el significado que tienen para nosotros hoy. Solo un falso Dios puede plantear sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.

Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Jesús. En el evangelio de Juan está muy claro: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros”. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios, amando a los demás, como Dios manda. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu Hijo. Recordad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve ser y me disteis de beber…

El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que desplegar a tope esos impulsos instintivos, no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad. Se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no dice.

El evangelio no quiere decir, que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca la seguridad mayor para el ego, sin tener en cuenta a los demás. El “amor” familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano. Ese “amor” no es verdadero amor, sino egoísmo amplificado. No es bueno para el que ama, pero tampoco es bueno para el que es amado, de esa manera. El verdadero amor solo puede surgir de nuestra categoría humana, es decir, de lo más hondo del ser.

Lo instintivo va contra la persona cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano. Cuando estamos en esa dinámica y metemos a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese amor se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el amor a Dios está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de los que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir a siquiatra. ¡Nos han metido en la esquizofrenia, haciéndonos creer que, lo que Dios pedía, era odiara a nuestros padres!

 El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata de la vida biológica, sino de la vida sicológica, es decir, de la capacidad de relaciones interpersonales. No se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás. Esto no sería perder sino ganar. Quien pretenda reservar para sí mismo su ego malogrará su existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.

El que dé a beber un vaso de agua fresca… El ofrecer un vaso de agua a un desconocido puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada sobre el ‘toma y da acá’, que dejaría de funcionar si la sacáramos de esa dinámica y nos decidiésemos a vivir el evangelio.

La misma institución religiosa está montada como un gran negocio económico, en contra de lo que dice el evangelio: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra toda compraventa de bienes espirituales (bulas, indulgencias etc.). Pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Es verdad que debemos insistir en la colaboración de todos para la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación de impuestos con apariencia de caridad.

El objetivo instintivo de todo ser vivo, es mantenerse en el ser. Casi cuatro mil millones de años de evolución han sido posibles gracias a esta norma absoluta. Pero la misma evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más felicidad que satisfacer sus instintos. La raíz última de todo acto bueno está en la misma biología, no es contrario a ella. Nada más falso que una lucha entro lo biológico y lo espiritual.

La trampa que quiere evitarnos el evangelio, es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano. Todo egoísmo personal o amplificado que busca el bien material del individuo o la familia, nos lleva a la deshumanización.

 Urteko 13. Igandea-A- José Antonio Pagola

GURUTZERIK GABEKO KRISTAUTASUN BATEN ARRISKUA – EL PELIGRO DE UN CRISTIANISMO SIN CRUZ

(Mateo 10,37-42)

Gaur egungo kristautasunaren arrisku handienetako bat pixkana «gurutzearen erlijiotik» «ongizatearen erlijiora» igarotzea da. Duela urte batzuk Reinhold Niebur-en hitz batzuei erreparatu nien; asko pentsarazi zidaten. Teologo iparramerikarra «eztenik gabeko erlijio baten» arriskuaz mintzo zen, «gurutzerik gabeko Kristo baten bidez, bekaturik gabeko gizon-emakume batzuk suminik gabeko Jainko batek auzirik gabeko erreinu batera eramango lituzkeela predikatuz» bukatuko lukeenaren arriskuaz, alegia. Benetakoa da arriskua, eta saihestu beharra dugu.

Jainko Adiskide baten baldintzarik gabeko maitasuna azpimarratzeak ezin esan nahi du geure komenientziako Jainko bat eraikitzea, «erlijio burges bat» (Johnn Baptist Metz) legitimatuko lukeen Jainko laxo bat eraikitzea. Kristau izatea ez datza komeni zaidan eta kasu guztietan «bai» esango didan Jainko bat bilatzean, baizik eta, hain justu ere Adiskide delako, neugan erantzukizuna iratzartzen duen eta, horregatik beragatik, behin baino gehiagotan sufriarazten, oihu eginarazten eta isilarazten nauen Jainko bat bilatzean.

Ebanjelioa bizi-iturri eta osasuntsu hazten joateko estimulu dela aitortzeak ez du esan nahi sufrimenduaren aurrean «immunizaturik» bizitzea. Ebanjelioa ez da lasaigarri bat geure plazeraren eta ongizatearen fantasmen zerbitzura antolatutako biziera bizitzeko. Kristok biak egiten ditu: gozarazi eta sufriarazi, kontsolatu eta kezkarazi, sostengatu eta kontraesan. Horrela bakarrik da bera bide, egia eta bizi.

Jainko Salbatzaile batengan, oraindanik jada eta geroaren zain egon gabe, kalte egiten digunetik liberatzen gaituen horrengan, sinesteak ez gaitu eraman behar kristau-fedea maila pribatuko erlijiotzat hartzera, soilik geure problema eta sufrimendu pertsonalen zerbitzutzat, hartzera. Jesu Kristoren Jainkoak sufritzen duenari begira jartzen gaitu beti. Ebanjelioak ez dio ematen pertsonari norberaren sufrimendua erdigunetzat, baizik eta besterena, lagun hurkoarena. Horrela bakarrik bizi daiteke fedea salbazio-esperientzia gisa.

Fedean maitasunean bezala, dena ibili ohi da nahasirik: buru-eskaintza konfiantzazkoa eta jabe izatearen guraria edo desira, eskuzabaltasuna eta egoismoa. Horregatik, ez genituzke ezabatu behar ebanjeliotik hitz hauek, latzak iruditu arren, baina geure fedearen egiatasunaren aurrean jartzen gaituztenak: «Bere gurutzea hartu eta jarraitzen ez didana ez da niretzat duin. Bere biziaren bila dabilenak, galdu egingo du, eta bere bizia nigatik galdetzen duenak, aurkitu egingo du».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

EL PELIGRO DE UN CRISTIANISMO SIN CRUZ

Uno de los mayores riesgos del cristianismo actual es ir pasando poco a poco de la «religión de la cruz» a una «religión del bienestar». Hace unos años tomé nota de unas palabras de Reinhold Niebuhr, que me hicieron pensar mucho. Hablaba el teólogo norteamericano del peligro de una «religión sin aguijón» que terminara predicando «un Dios sin cólera que conduce a unos hombres sin pecado hacia un reino sin juicio por medio de un Cristo sin cruz». El peligro es real y hemos de evitarlo.

Insistir en el amor incondicional de un Dios Amigo no ha de significar nunca fabricarnos un Dios a nuestra conveniencia, el Dios permisivo que legitime una «religión burguesa» (Johann Baptist Metz). Ser cristiano no es buscar el Dios que me conviene y me dice «sí» a todo, sino encontrarme con el Dios que, precisamente por ser Amigo, despierta mi responsabilidad y, por eso mismo, más de una vez me hace sufrir, gritar y callar.

Descubrir el evangelio como fuente de vida y estímulo de crecimiento sano no significa vivir «inmunizado» frente al sufrimiento. El evangelio no es un tranquilizante para una vida organizada al servicio de nuestros fantasmas de placer y bienestar. Cristo hace gozar y hace sufrir, consuela e inquieta, apoya y contradice. Solo así es camino, verdad y vida.

Creer en un Dios Salvador que, ya desde ahora y sin esperar al más allá, busca liberarnos de lo que nos hace daño no ha de llevarnos a entender la fe cristiana como una religión de uso privado al servicio exclusivo de nuestros problemas y sufrimientos. El Dios de Jesucristo nos pone siempre mirando al que sufre. El evangelio no centra a la persona en su propio sufrimiento, sino en el de los otros. Solo así se vive la fe como experiencia de salvación.

En la fe como en el amor todo suele andar muy mezclado: la entrega confiada y el deseo de posesión, la generosidad y el egoísmo. Por eso no hemos de borrar del evangelio esas palabras de Jesús que, por duras que parezcan, nos ponen ante la verdad de nuestra fe: «El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará».

José Antonio Pagola

Domingo 02 de Julio de 2023-13º T.O. KOINONÍA

4.2.7

2Reyes 4, 8-11. 14-16a

Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí

Un día pasaba Eliseo por Sunam y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.»

Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó. Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?» Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.» Eliseo dijo: «Llámala.» La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»

Romanos 6,3-4.8-11

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva

Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Mateo 10,37-42

El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

COMENTARIOS A LOS TEXTOS:

Las exigencias de la cruz cambian para cada generación de creyentes. En la época de Jesús existía la amenaza inminente de la muerte ignominiosa, bien fuera por la cruz, la espada o la lapidación. Los cristianos eran vistos como una amenaza para el imperio y, con frecuencia, se les acusaba falsamente de sedición. Con el tiempo, la pena capital fue cambiando de modalidad y sus cuerpos fueron quemados en locales públicos, o arrojados a leones, osos, tigres, toros y toda clase de fieras. Todos estos intentos de bloquear, anular o eliminar la novedad del evangelio fueron vanos porque la fuerza del cristianismo radica en la cruz de Cristo.

Los cristianos de los primeros siglos no anunciaban religiones de salvación, ni sanaciones individuales ni ritos de purificación. Aunque ellos anunciaran la universalización de la obra salvadora, curaran enfermos y tuvieran el símbolo del bautismo como rito de iniciación, lo que los hacía diferentes era su radical denuncia de la injusticia. Anunciar a un Mesías crucificado era, y es, ir en contra de todos los parámetros sociales, de las buenas costumbres e, incluso, de los preceptos de la religión. Ellos anunciaban como redentor a uno que el sistema lo había proscrito, condenado y sentenciado al escarnio público. El anuncio de un Mesías Crucificado era, en realidad, una denuncia vehemente de un sistema de creencias, valores e instituciones que habían hecho de la violencia, la mentira y la opresión los valores indiscutibles de la organización social. ¿Cómo iban a ver con buenos ojos las autoridades de Jerusalén, los gendarmes del imperio y el pueblo alienado que un individuo apoyado por un pequeño grupo de hombres y mujeres cuestionara directamente sus valores y anunciara que otra sociedad era posible? Imposible para la gente, pero no para Dios.

Las comunidades cristianas desde el inicio tuvieron conciencia de la magnitud de la tarea a la que se enfrentaban. La experiencia del resucitado les llevó rápidamente a descubrir que debían superar los límites de las comunidades palestinas y lanzarse a la misión universal; debían dar prioridad a la construcción de las comunidades y dejar a un lado la tentación de construirse edificios; debían enfocarse sobre los grupos excluidos y marginados y dejar de lado los centros de poder; debían asimismo retomar las opciones fundamentales de Jesús y hacerlas vida en todos los rincones del imperio. Por eso, las exigencias para seguir a Jesús se fueron formulando con una claridad y precisión asombrosas en cada comunidad. Los contenidos fundamentales se fueron adecuando a cada contexto histórico y cultural pero sin atenuar las características esenciales del mensaje.

Por tanto, no debe sorprendernos que Mateo nos diga con tanta ‘dureza’ las exigencias del seguimiento de Jesús. El evangelista retoma las tradiciones del evangelio y las actualiza de acuerdo con el lenguaje y necesidades de su comunidad. Sus palabras hieren, como el antiséptico sobre la eterna llaga, pero tienen una virtud medicinal: nos liberan de nuestros propios prejuicios y apegos.

Cuando Mateo nos dice que quien ama más a sus parientes que a Jesús no es digno de él, nos revela un problema de su comunidad. El pueblo judeocristiano, tiene una estima desmesurada por los de su propia sangre. Un afecto que fácilmente se convierte en apego paralizante. El texto usa en griego la palabra filia para denominar este afecto. Pero el proyecto de Jesús pide más: pide un amor enfocado hacia el prójimo, un amor que supere los lazos de sangre, el parentesco y la raza. Un amor como el que Dios nos tiene y que en griego se llama ágape. El cristiano que no sea capaz de trascender los estrechos limites de la familia, de la raza o de la nación, no está habilitado para experimentar y dar el amor solidario que propone el evangelio. Y por esa misma razón, el amor a Jesús no se reduce a la pura dimensión íntima, individual y privada. Amar a Jesús es amar lo que él amó, su proyecto, su ideal, su Utopía, el «Reinado de Dios», como él acostumbró a llamarla, con las palabras tradicionales de los profetas. Amar a Jesús es amar a las personas que él amó: pobres, marginados, excluidos, enfermos, abatidos, endemoniados, extranjeros. El amor de Jesús era tan grande que llegó a amar incluso a aquellos que se declararon sus enemigos. Un amor que hoy nos puede parecer desorbitado, desnaturalizado, extremo, pero que para nuestra dicha y quebranto es el amor con el que Dios nos ama. Un amor sin el cual no podemos llamarnos discípulos de Jesús.

Pablo simboliza muy bien la radicalidad del amor cristiano mediante la comparación entre la muerte y la inmersión bautismal. Ser cristiano es morir a todos los apegos irracionales hacia la propia familia, raza o nación, incluso es morir hacia un apego desordenado hacia sí mismo. La novedad cristiana se manifiesta en esa transformación sustancial de las relaciones humanas, en la resurrección a una vida nueva llena de afectos, proyectos y estilos de vida completamente volcados hacia la humanidad sufriente y marginada. Con Cristo morimos a una humanidad caduca y sin esperanza para resucitar en una nueva humanidad libre y generosa en la que el límite es el cielo, donde no hay límite.

Como cristianos debemos someter los férreos lazos de nuestros afectos al crisol del evangelio para liberarnos de aquellos que nos atan al viejo mundo y fortalecer aquellos que nos llevan hacia el Reino.

NI MIEDO A HABLAR, NI MIEDO A MORIR, Y VALOR DE CONFESAR A JESÚS

Fe Adulta – José Luis Sicre

Domingo 12 del Tiempo Ordinario. Ciclo A

El evangelio del domingo pasado recordó la elección de los doce discípulos y el comienzo del discurso que Jesús les tiene antes de enviarlos de misión: destinatarios a los que deben dirigirse, tarea a realizar, gratuidad. La liturgia prescinde de la extensa sección central del discurso, sobre la oposición y persecuciones que encontrarán, y el valor y generosidad que deben mostrar en las dificultades (Mt 10,16-42). El fragmento elegido para este domingo podemos dividirlo en dos bloques: no tener miedo de que te maten y tener valor para confesar a Jesús. Quien piense que esto sólo tiene interés para la comunidad de Mateo, hace veinte siglos, debe recordar algunos mártires contemporáneos.

Mártires del siglo XXI

5 de octubre 2003. Annalena Tonelli, voluntaria católica italiana. Trabajó durante 33 años en África atendiendo a los refugiados. Asesinada en su hospital por un somalí armado.

  1. Dorothy Mae Stang, misionerade las Hermanas de Nuestra Señora de Namur, estadounidense, nacionalizada brasileña. Asesinada por un sicario por orden del lobby ganadero y agrícola.

5 de febrero de 2006. Andrea Santoro, sacerdote católico, asesinado en la iglesia de Santa María en Trebisonda, Turquía.

17 de septiembre de 2006. Leonella Sgorbati, monja italiana de las Misioneras de la Consolata, asesinada en Somalia.

12 de marzo de 2008. Paulos Faraj Rahho, Arzobispo de la Iglesia católica caldea de Mosul, ? Irak. Secuestrado y asesinado por islamistas.

31 de octubre de 2010. Ataque a la iglesia cristiana de Bagdad, que dejó al menos 58 personas muertas, incluyendo 2 sacerdotes, y otros 75 heridos,? después de que más de 100 feligreses hubieran sido tomados como rehenes.

2 de marzo de 2011. Político católico, asesinado por su oposición a la ley de la blasfemia, una herramienta de violencia contra las minorías, especialmente contra los cristianos.

7 de abril de 2014. Frans van der Lugt, jesuita francés, asesinado en Siria a los 75 años de edad.

26 de julio de 2016. Jacques Hamel, sacerdote francés, asesinado durante el atentado de la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray de la que era párroco auxiliar.

29 de octubre de 2019. Paul McAuley, misionero de los Hermanos de La Salle, activista ambiental, hallado muerto en la comunidad estudiantil intercultural «La Salle», en Iquitos, Perú.

No tengáis miedo a hablar ni a morir (Mt 10,26-31)

En el primer bloque llama la atención la triple repetición de “no tengáis miedo”. Aunque esas palabras se usan a menudo en el Antiguo Testamento, no debemos interpretarla como una fórmula hecha, de escaso valor. Los discípulos van a sentir miedo en algunos momentos. Un miedo tan terrible que los impulsará a callar, para evitar que los maten. La forma en que Jesús aborda este tema resulta de una frialdad pasmosa, usando tres argumentos muy distintos: 1) la muerte del cuerpo no tiene importancia alguna, lo importante es la muerte del alma; 2) por consiguiente, no hay que temer a los hombres, sino a Dios; 3) en realidad, a Dios no debéis temerlo porque para él contáis mucho; aunque caigáis por tierra, como los gorriones, él cuidará de vosotros.

Tened valor para confesarme (Mt 10,32.33)

El segundo bloque trata un tema algo distinto: el peligro no consiste ahora en callar sino en negar a Jesús. Cuando a Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, le denunciaban a alguno como cristiano, le preguntaba tres veces si lo era, amenazándolo con castigarlo en caso de serlo. Según los momentos y las regiones, el castigo podía ir de la pérdida de los bienes a la cárcel, incluso la muerte. Para animar en ese difícil instante, el argumento que usa Jesús no es el del temor a Dios, sino el de su posible reacción “ante mi Padre del cielo”: me comportaré con él igual que él se porte conmigo. Recuerda la máxima: “La medida que uséis, la usarán con vosotros” (Mt 7,2).

Resumiendo

En el primer caso, a quien deben temer los apóstoles es a Dios, el único que puede matar el alma. En el segundo, a quien deben temer es a Jesús, que podría negarlos ante el Padre del cielo. A quienes no deben temer es a los hombres.

Cuando se piensa en los asesinatos de cristianos en Siria, Somalia, Perú, Brasil, y otros países, quienes vivimos en una sociedad con libertad religiosa podemos tener la impresión de que estas palabras son inhumanas, casi crueles. Sin embargo, a los cristianos perseguidos de todos los tiempos les han infundido enorme esperanza y energía para confesar su fe. Han preferido la muerte a renegar de Jesús; han preferido ponerse de su parte, salvar el alma antes que el cuerpo.

Jeremías, apóstol y anti-apóstol (Jeremías 20,10-13)

La primera lectura sirve de paralelismo y contraste con el evangelio. Jeremías era natural de Anatot, un pueblecito a 4 km de Jerusalén (hoy queda dentro de la ciudad moderna). En un momento de grave crisis política, cuando los babilonios constituían una gran amenaza, el pueblo puso su confianza en el templo del Señor, como si fuera un amuleto mágico que podría salvarlos. Jeremías, en un durísimo discurso, denuncia esa confianza idolátrica en el templo y anima a la conversión y a cambiar de conducta. De lo contrario, el templo quedará en ruinas. Este ataque a lo más sagrado le ganará la crítica y el odio de todos, empezando por sus conciudadanos de Anatot, que traman matarlo.

La reacción del profeta se ha elegido como ejemplo concreto de las persecuciones que anuncia Jesús a sus discípulos. Pero hay una gran diferencia. El profeta termina pidiendo a Dios que lo vengue de sus enemigos. Jesús nunca sugiere algo parecido a sus discípulos. Al contrario, morirá perdonando a quienes lo matan.

Nota final

Un comentario a todo el discurso de misión puede verse en J. L. Sicre, El evangelio de Mateo. Un drama con final feliz. Verbo Divino, Estella 2019, 194-212.

José Luis Sicre

‘Instrumentum Laboris’: Huele a revolución primaveral en alas del Espíritu

Religión Digital

«Francisco quiere que la Iglesia pase, de una vez por todas, de la pirámide al poliedro y, de esta forma, romperle la espina dorsal al clericalismo y que florezca una Iglesia samaritana, en salida y, sobre todo, sinodal»

«Lo fundamental del documento es la vuelta al modelo circular del Vaticano II, desactivado durante el reino de la involución de Juan Pablo II y Benedicto XVI»

«Habrá resistencias enconadas. El propio documento reconoce que durante y después de las asambleas sinodales de octubre de 2023 y 2024 habrá sin duda ‘tensiones'»

«Que los curas dejen de creerse los elegidos y pasen, de una vez, a ser los servidores de la comunidad»

«Las parroquias tienen que reconvertirse y pasar de ser meras expendedurías dispensadoras de sacramentos a casas comunes de acogida, misericordia y amor»

Revolución promovida desde la base, desde el ‘santo pueblo de Dios’ y alentada desde la cúpula papal. Así se presenta el Sínodo. Un fenómeno, en sí mismo, inédito en la Historia. Francisco quiere que la Iglesia pase, de una vez por todas, de la pirámide al poliedro y, de esta forma, romperle la espina dorsal al clericalismo y que florezca una Iglesia samaritana, en salida y, sobre todo, sinodal. De todos y para todos..Leer más…(José Manuel Vidal)

Discursos de odio y prácticas violentas: análisis y respuestas — Juan José Tamayo

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Fuente: Observatorio eclesial

Uno de los temas sobre los que la ciudadanía debe reflexionar de cara a las elecciones del 23 de julio es el del racismo, su presencia en la sociedad española y el tratamiento en los programas electorales. Ofrezco a continuación algunas claves por si sirvieran de ayuda
para dicha reflexión.

El racismo, un fenómeno estructural Es frecuente escuchar afirmaciones como ?en los campos de futbol no hay racismo?, ?yo no soy racista?, ?los españoles no somos racistas?. Sin embargo, los hechos desmienten tan contundentes y autocomplacientes aseveraciones. Veámoslo.

No son infrecuentes los insultos racistas en los campos de futbol españoles. Vinicius Jr. viene siendo objeto de ellos de manera reiterada. La última vez fue en el partido del Real Madrid con el Valencia en el campo de Mestalla. En un principio el foco se puso en los insultos
en el terreno de juego y se quiso reducirlos a dos personas ?mal educadas? para quitar importancia a las agresiones verbales contra el jugador brasileño.

Es una interpretación que he oído o leído estos días. Peor aún, hay quienes hacen responsable al jugador por encararse con quienes le insultan en vez de callarse y aguantar los insultos. ¡Error inmenso error y grave desenfoque del problema!…Leer más…