12º domingo T.O. – 25 junio 2023 Koinonía

TEXTOS BÍBLICOS

Jeremías 20,10-13

Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «a ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»

Romanos 5,12-15

No hay proporción entre el delito y el don

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Pero, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Mateo 10,26-33

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

El evangelio nos ha conservado algunos dichos o refranes con los que Jesús exhortaba a la comunidad de discípulos a no dejarse intimidar por las adversidades. Los discípulos, con frecuencia, veían la amenaza evidente que representaban los grupos armados, pero eran incapaces de descubrir el peligro encubierto en muchas personas e instituciones que alienaban y sometían ideológicamente a las personas.

Las comunidades cristianas primitivas tuvieron que afrontar la misma amenaza, que provenía de los ‘actores armados’ en conflicto. De una parte, las autoridades romanas con un despliegue enorme de fuerza militar y policial. De la otra parte, los fanáticos rebeldes dispuestos a eliminar al que no estuviera de acuerdo con ellos. En medio del ‘fuego cruzado’ estaba la comunidad cristiana con una propuesta alternativa de paz y justicia que no coincidía con ninguno de los dos bandos. Para los romanos, la justicia era, en gran medida, la aplicación universal de los principios que sostenían la legislación romana. El sometimiento a las duras condiciones de la ‘paz romana’ obligaba a las poblaciones de las colonias a pagar fuertes tributos, a incorporar en la propia religión el culto a los dioses imperiales y a destinar grandes masas de la población a la esclavitud y al servicio militar obligatorio. La comunidad cristiana luchaba por lugar un espacio para su propuesta en la sociedad: ellos querían una comunidad humana en la que fuera posible la solidaridad, el respeto por el otro, la distribución equitativa de los recursos. Sin embargo, en esta lucha estaban prácticamente solos. Los grupos rebeldes que se presentaban como la gran alternativa contra el imperio estaban regidos por la lógica de la violencia incontrolable, el sometimiento de los disidentes y por la imposición de la ideología del grupo. Estos grupos fanáticos veían a los cristianos como una amenaza para la identidad del grupo, por eso, con frecuencia los convertían en blanco de persecuciones y en ‘chivo expiatorio’ sobre el cual descargar toda su frustración, prepotencia e intolerancia.

Pero, Jesús ponía en guardia a toda la comunidad contra la creencia de que la única amenaza estaba representada por las armas de metal, piedra y madera. La amenaza mas grave provenía, con frecuencia, de las ideologías que estos grupos representaban. Tanto la ideología de legitimación del imperio romano como los ideales de venganza de los fanáticos rebeldes escondían todo su veneno. Cada grupo se presentaba como un defensor de la justicia, la paz y la libertad, pero evidentemente los hechos contradecían sus grandilocuentes discursos. Cada grupo perseguía sus intereses particulares ignorando los más mínimos principios éticos. El dilema para los cristianos era el de alinearse en uno u otro bando, creyendo que así se alcanzarían los ideales de justicia, paz y libertad que Jesús de Nazaret había propuesto con su ideal del reinado de Dios.

Este mismo problema lo afronta Pablo desde el punto de vista de la justificación por la ley. Las comunidades cristianas estaban deslumbradas por la creencia de que el cumplimiento estricto de los preceptos religiosos conducía inevitablemente a la salvación del individuo. Pero, Pablo denuncia esta falsa creencia al denunciar que el mero cumplimiento de la letra de la ley no conduce a la justicia. La ejecución de los deberes del culto, como las ofrendas, los baños rituales, los sacrificios, las peregrinaciones… no garantizan una auténtica experiencia de Dios. La reunión de grandes masas en los templos o en las sinagogas no son sin más expresión de un auténtico encuentro con el hermano. Los favores intercambiados entre parientes, colegas, coterráneos o correligionarios no constituyen genuina solidaridad. Pablo denuncia precisamente la incapacidad de los mecanismos habituales de la religión para brindar a la comunidad humana una auténtica experiencia de fraternidad, esperanza y comunión.

Pablo invita a la comunidad a no dejarse engañar por las artimañas de el legalismo, el ritualismo y la religión de masas. La justicia que nos une al Dios de la vida es un don para toda la comunidad. La auténtica religión es aquella que nos conduce del hermano hacia Dios, mediante la compasión, la misericordia y la solidaridad.

El cristiano que se ha comprometido con la causa del reino puede, entonces, hacer suyas las palabras del profeta Jeremías y clamar: «a ti, Señor, he encomendado mi causa». Pero no como expresión superflua de triunfalismo religioso ni como pura exaltación individualista de los bienes recibidos, sino como expresión de la única justicia posible: la vida plena del pobre. Porque, la vida plena es manifestación patente de que la lógica de la muerte no ha prevalecido. Si el pobre vive, vive por gracia de Dios y por la opción radical de las comunidades humanas que no se dejan sumir en la lógica legalizada de la barbarie. Por eso el profeta nos invita a alabar al Señor, porque Él ha salvado la vida del pobre.

Tanto la violencia, el afán de venganza, el imperialismo como el ritualismo, el legalismo y la alienación son armas ideológicas ocultas que conducen imperceptiblemente a la pequeña comunidad hacia la muerte. Estos son los enemigos que pueden matar no solo el cuerpo, sino también el alma y llevar a la gente a las inaplacables llamas del fanatismo. Si una comunidad no va a fondo en su conocimiento de la palabra de Jesús, si no descubre los peligros ocultos al interior de ella misma, si no es radical en su opción por la vida, es muy probable que termine creyendo que la paz es la ausencia de guerra y que la justicia es un asunto individual, negando así la gracia y la justicia como bien mayor.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 93 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Los que matan el cuerpo». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/93-los-que-matan-el-cuerpo/.

Francisco, al Consejo de Seguridad de la ONU: «Ha llegado el momento de decir seriamente ‘no’ a la guerra (…). Solo es justa la paz»

Religión Digital

Reclama «avanzar hacia una paz más estable, para llegar a ser, por fin, una familia de naciones»

La guerra es a menudo más tentadora que la paz, ya que favorece las ganancias, pero siempre de unos pocos y a costa del bienestar de poblaciones enteras; por eso el dinero que se gana con la venta de armas es dinero manchado con sangre inocente»

Lee, íntegro, el mensaje del Papa

(Vatican News).- «Ha llegado el momento de decir seriamente ‘no’ a la guerra, de afirmar que no son justas las guerras, sino que sólo es justa la paz». Y la paz es «posible, si se quiere de verdad». Son palabras eficaces por su claridad las que el Papa Francisco dirige al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reunido en Nueva York, para reiterar el llamamiento al fin de la violencia, los conflictos y los armamentos, fruto de una «carestía de fraternidad» que marca el mundo actual.

El mensaje del Papa Francisco -desde el 7 de junio, como se sabe, hospitalizado en el Hospital Gemelli de Roma tras una operación de laparotomía- fue leído durante la reunión por el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales.

La Tercera Guerra Mundial en pedazos

El texto del Papa se abre con un análisis del «momento crucial» que atraviesa la humanidad, «en el que la paz parece sucumbir ante la guerra» y en el que parece que «estamos retrocediendo de nuevo en la historia, con el auge de nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos, que han encendido conflictos no sólo anacrónicos y caducos, sino aún más violentos»…Leer más…(Salvatore Cernuzio)

Tribulaciones de un cristiano de izquierdas

Religión Digital

«Aunque a muchos les cueste creerlo, y pese a que son minoría ante quienes se confiesan de derechas o apolíticos, existen cristianos de izquierdas»

«Casi todo el mundo en la Iglesia (y me temo que también en la sociedad) considera que ser de derechas es la única opción y no una opción más entre las que puede escoger un cristiano»

«Pero no acaban en la Iglesia nuestras tribulaciones. También en las organizaciones políticas o sindicales de izquierdas la presencia de cristianos levanta a veces suspicacias, cuando no ironías»

«Hace ya más de cincuenta años que la doctrina oficial de la Iglesia proclama que «una misma fe puede conducir a compromisos diferentes«

(Noticias Obreras).- Aunque a muchos les cueste creerlo, y pese a que son minoría ante quienes se confiesan de derechas o apolíticos, existen cristianos de izquierdas. Quien estas líneas escribe es uno de ellos, aunque consciente, todo hay que decirlo, de que su conducta diaria chirría por más de un costado si comparamos prácticas vitales con el mensaje de Jesucristo o con los ideales de justicia y libertad que se proclaman desde la izquierda...Leer más…(Pepe Carmona)

Domingo 11 del T. Ordinario. A José Luis Sicre

Fe Adulta

COMPASIVO HASTA LA MUERTE-

Después del Tiempo de Pascua y las fiestas posteriores, continuamos leyendo el evangelio de Mateo, típico de este ciclo A. Jesús ha tenido un gran discurso en el monte y ha realizado luego diez milagros, demostrando su poder con la palabra y con la acción. Pero es preciso que otros continúen su labor.

Jesús, compasivo en la acción (Mateo 9,36-10,8), 

Llamando a sus doce discípulos, los envió

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

Introducción

Cuando Mateo leyó por vez primera el evangelio de Marcos, hubo una frase que le impresionó: «Vio [Jesús] a mucha gente, y se conmovió por ellos, porque estaban como ovejas sin pastor» (Mc 6,34). Esa compasión lo impulsa a enseñarles y a alimentarlos multiplicando los panes y los peces.

Mateo piensa darle un sentido nuevo a esas palabras. La compasión de Jesús no le llevará a resolver el problema puntual y concreto de la gente que lo ha seguido ese día, sino a plantearse el problema presente y futuro de todas las multitudes. Y subraya su desgracia con el simple añadido de dos adjetivos: estaban «extenuados y abandonados».

Mateo abandona la metáfora del rebaño y habla de la mies y los segadores. A la visión del  pueblo sin pastor corresponde la de la mies sin segadores. Esto no lleva a la acción inmediata, sino a la oración para que el Señor de la mies envíe obreros a su mies. Y ese «señor de la mies» no es Dios Padre, sino el mismo Jesús, que envía enseguida a sus discípulos.

Los Doce y su poder. Hasta ahora Mateo solo ha contado la vocación de cinco discípulos: Simón, Andrés, Santiago y Juan, al comienzo (4,18-22) y luego la de Mateo (9,9). De repente, se habla de doce. ¿Cuándo llamó a los otro siete? Es imposible completar con datos de otros evangelios. El de Juan se limita a cinco: Andrés, ¿Juan?, Pedro, Felipe, Natanael (Jn 1,35-51).

La composición del grupo no puede ser más heterogénea: cuatro pescadores, un recaudador de impuestos, un mercader (o un celoso tendente al fanatismo) y uno nada de fiar, que terminará traicionándolo. Con esos individuos, y otros cuantos de los que no sabemos nada, pretende Jesús extender la buena noticia del reino de Dios. ¿Lo conseguirá, o está loco?

El número doce recuerda a los doce hijos de Jacob y las doce tribus de Israel: es una forma de indicar que va a comenzar un nuevo pueblo de Dios. Se ha discutido si el número de doce es original de Jesús o creación de la comunidad cristiana. El testimonio más antiguo, el de Pablo, ya cita este número como algo conocido e importante: Jesús «se apareció a Cefas y después a los Doce» (1 Cor 15,5). A finales del siglo I, el Apocalipsis sigue hablando de «las doce piedras que llevan los nombres de los doce apóstoles del cordero» (Ap 21,14). Sin embargo, el libro de los Hechos nos desconcierta un poco: al principio lo considera tan importante que, después de la traición de Judas, hay que restaurarlo con la elección de un sustituto: Matías (Hch 1,15-26). Pero cuando el rey Herodes manda degollar a Santiago, el hermano de Juan, no se habla de sustituirlo para recuperar el número de doce. Tenemos la impresión de que el número tuvo un valor real al comienzo, en tiempos de Jesús, y más tarde se convirtió en algo puramente simbólico.

Antes de dar sus nombres, Mateo indica que Jesús les trasmite su mismo poder: sobre los espíritus inmundos y para sanar todo tipo de enfermedades. Viene a la memoria el momento en el que Eliseo le pide a Elías «dos tercios de tu espíritu», y el maestro le responde: «¡No pides nada!» (2 Re 2,9-10). Los doce, sin pedir nada, reciben un poder mucho mayor que Eliseo.

Instrucciones. A continuación les tiene Jesús un largo discurso, del que la liturgia ha seleccionado el comienzo (para este domingo) y el final (para el siguiente). La primera parte del discurso habla de los destinatarios de la misión, la tarea que deben llevar a cabo, y la gratuidad con que hay que realizarla.

Destinatarios. La prohibición inicial de dirigirse a paganos y samaritanos resulta casi hiriente. Recuerda a los pasajes nacionalistas del Deuteronomio y al desprecio que sentía Jesús ben Sirá por los samaritanos, «el pueblo necio que habita en Siquén» (Eclo 50,26). Sin embargo, debemos recordar que la visión positiva de los paganos quedó muy clara cuando a los magos de oriente se revela el nacimiento del Mesías y vienen a adorarlo; y Jesús ya ha dicho que «vendrán muchos de oriente y occidente a sentarse a la mesa en el reino de Dios».

¿A qué puede deberse esta prohibición en boca de Jesús? Una de las acusaciones que los judíos harían a los cristianos es que se habían separado de Israel por culpa de Jesús, que se había desinteresado de su pueblo. Mateo insiste en que Jesús nunca rechazó a su pueblo. Al contrario, inicialmente prohibió a sus discípulos ir a tierra de paganos y a la provincia de Samaria; los envió a las ovejas descarriadas de Israel, a las mismas a las que él ha sido enviado (cf. 15,24). Los discípulos, como Jesús, deben atender a la gente que no es atendida por los dirigentes políti­cos y religiosos.

Tarea. La misión de los discípulos es idéntica a la de Jesús: hablar y actuar. El mensaje es el mismo de Juan Bautista y Jesús: «El reinado de Dios está cerca». Falta la exhortación inicial a convertirse, aunque esto se da más adelante por supuesto. Las obras serán las realizadas por Jesús en los capítulos anteriores: sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, expulsar demonios. Parece encargarles demasiado. Pero lo importante no es lo que se encarga, sino la idea de que los discípulos continúan plenamente la obra del Mesías.

En Lucas-Hechos ocurre algo curioso. Cuando Jesús envía a los setenta y dos discípulos (equivalente al envío de los doce en Mateo) solo les encarga «curar a los enfermos» que encuentren (Lc 10,9). No habla de resurrección ni de endemoniados. Sin embargo, en el libro de los Hechos, Pedro, Felipe y Pablo realizan milagros más parecidos a los que indica Mateo. De Pedro se cuenta que la gente sacaba a los enfermos a la calle para que, al pasar, «por lo menos su sombra cayera sobre alguno», con lo que se curaban enfermos y poseídos por espíritus inmundos (Hch 5,15-16); además, sana de su parálisis a Eneas (Hch 9,33-35) y resucita a Tabita (Hch 9,36-43). Felipe expulsa en Samaria a los espíritus inmundos y muchos paralíticos y lisiados se curan (Hch 8,7). En el caso de Pablo, «bastaba aplicar a los enfermos pañuelos o prendas que él llevaba encima, para ahuyentar las enfermedades y expulsar los espíritus malos» (Hch 19,12).

Gratuidad. En la antigüedad, como hoy día, una de las acusaciones más frecuentes a los predicadores religiosos era la de buscar el propio interés; un peligro del que Pablo fue muy consciente y procuró evitar en todo momento. Por eso, Mateo añade inmediatamente cuál debe ser la conducta del apóstol. Igual que Jesús, debe caracterizarse por su generosidad y desprendimiento. El principio general («gratis lo recibisteis, dadlo gratis») se refiere a no exigir recompensa.

Jesús, compasivo hasta la muerte (Romanos 5, 6-11)

Ante las numerosas desgracias que ocurren en nuestro mundo, a nivel individual, nacional y planetario, ante la difusión de problemas que parecen insolubles (droga, prostitución, carrera de armamentos, terrorismo) mucha gente se pregunta: ¿nos ama Dios? Algunos lo niegan expresamente. Hace años me impresionó una frase del gran teólogo Romano Guardini: «La única prueba que tenemos de que Dios nos ama está en Jesucristo crucificado». Una paradoja: el amor demostrado en la muerte más cruel y vergonzosa. En realidad, las palabras de Guardini no deberían haberme llamado la atención porque dicen lo mismo que Pablo: «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros». Y añade algo muy importante: «cuando todavía éramos pecadores». No cuando nos habíamos arrepentido y éramos buenos, sino cuando éramos malos. ¿Hay alguien dispuesto a morir por un terrorista, un narco, un político enemigo, por alguien que me amarga la vida…? Aunque nosotros seamos egoístas y mezquinos, podemos estar seguros de que Dios nos ama.

La primera lectura (Éxodo 19, 2-6a)

Me desconcierta un poco la elección de este pasaje. Se supone que debe tener relación con el evangelio. La única que encuentro es con la misión de los discípulos de dirigirse exclusivamente al pueblo de Israel, no a paganos ni samaritanos, porque los israelitas, como dice Dios a Moisés, son «mi propiedad personal entre todos los pueblos».

Una conclusión (entre otras)

A veces me preguntan los amigos seglares cómo está el problema de las vocaciones. La respuesta no es muy optimista, prescindiendo de que las causas son muy complejas. Por eso todos estamos obligados a compadecernos de la mucha gente que necesita ayuda y pedirle al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

José Luis Sicre

11º domingo de tiempo ordinario – Koinonía

Éxodo 19,2-6a

Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acamparaon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.»

Romanos 5,6-11

Si fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida!

Hermanos: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Mateo 9,36-10,8

Llamando a sus doce discípulos, los envió

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entoces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Comentamos los textos de este domingo. Aun sin aparente conexión entre ellos, podemos vertebrarlos en torno al concepto de la Alianza.

 Éxodo 19, 2-6a: Seréis para mí mi propiedad personal entre todos los pueblos.

El capítulo 19 del libro del éxodo da comienzo a lo relativo a la Alianza de Dios con su pueblo. Bien sabemos que «la Alianza» es uno de los temas capitales del Antiguo Testamento, de la religión judeo-israelita. Dios -el único Dios existente- ha establecido una alianza con este pueblo étnico, y sólo con él. Ello pone a Israel-Judá en una situación absolutamente única en el Universo: no hay siquiera un solo pueblo en el mundo que goce de ese estatuto y ese privilegio: ser el único pueblo que conoce al único Dios, y haber sido escogido por Él para pactar una Alianza mutua, salvadora en primer lugar para el propio pueblo, y salvadora para todos los pueblos, que serán llamados a venir a adorar a Dios al Monte Sión.

Aunque esta fe cayó como anillo al dedo al pueblo de Israel (no al «pasar» por el monte del Sinaí, sino cuando se redactó esta tradición, ocho siglos más tarde, ya bien avanzada la historia de Israel), y aunque como cristianos (que hemos seguido gustosa y convencidamente enclaustrados en la caja bíblica) también no ha hecho sentirnos orgullosamente pertenecientes a una religión que nos colocaba en un puesto tan privilegiado –el más privilegiado de toda la humanidad, habida y por haber–, hoy resulta obviamente desproporcionada en su formulación. En aquella época de un conocimiento de estrechísimos alcances (tanto históricos, cuanto geográficos como culturales), no les chirriaba, no dejaba de parecerles plausibles que a ellos, precisamente a ellos, su religión los pusiera en la cima religiosa de la Humanidad. Ellos eran el único pueblo de Dios, escogidos por el único Dios (todos los demás dioses eran «obra de manos humanas»).

Con la concepción mítica y mágica tradicional de la revelación, quien todavía la conserve es probable que siga manteniendo aquellos gratificantes sentimientos de autoestima que su religión otorgaba a los israelitas, y después a los cristianos -magnificados y elevados de dimensión los privilegios de éstos-. Para un cristianismo renovado –simplemente puesto a la altura del conocimiento de los tiempos actuales– se ha hecho necesario «repensar» esa Alianza del libro del Éxodo, y tantas consecuencias teológicas que allí echaban sus raíces: superación del exclusivismo, aceptación del pluralismo, replanteamiento del significado universal de Israel, repensamiento de los títulos cristológicos, etc.

 Rom 5,6-11: Se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios

Para Pablo, la Alianza veterotestamentaria se renovó y subió a un nivel muy superior en Jesús. Pablo interpreta su muerte como un sacrificio transcendental que aplacó la «ira de dios», y el castigo que esperaba a la Humanidad entera, y esa muerte fue «la nueva alianza en su sangre». Es decir: estamos en la misma visión de la Alianza veterotestamentaria, aunque proyectado a un plano muy superior. Los privilegios aquellos no sólo se mantienen, sino que se magnifican y se fortalecen.

 Mateo 9,36–10.8: Llamando a sus doce discípulos, los envió.

El fragmento de Mateo que leemos, pareciera estar ajeno a lo que dicen las otras dos lecturas. Jesús apenas habla de la Alianza: no es su tema. Ni se refiere a todos aquellos privilegios. Aunque sí le preocupa el estado del pueblo. Los siente como «ovejas sin pastor», extenuados, abandonados… y por eso envía a «los doce», de alguna manera representantes del Pueblo de la Alianza a través de sus doce tribus. Diríamos que Mateo nos da, de parte de Jesús una nueva visión más humilde, sin privilegios, de una misión apostólica, sobre todo de servicio, de atención a la gente, sin poner el acento en trasladarles una interpretación del estatuto religioso del pueblo de Israel.

¿Cómo entender, acoger, repensar y «pasar» a otros el tema de la Alianza? ¿Qué sentido puede tener hoy?

El colapso de la ética: de la globalización del capitalismo depredador a la mercantilización de la sociedad

Religión Digital

La mundialización del capitalismo, como modo de producción, y su expresión política, el neo-liberalismo, ha mostrado las consecuencias perversas de la ética capitalista: sus ejes  estructuradores son el lucro ilimitado, acumulado individualmente o por grandes corporaciones, la competencia desenfrenada, el asalto a los bienes y servicios de la naturaleza, la flexibilización de las leyes y la minimización del estado en su función de garantizar una sociedad mínimamente equilibrada

La economía, especialmente la especulativa, dicta el rumbo de la política y de la sociedad en su conjunto, que se caracteriza por generar un profundo foso entre los pocos ricos y las grandes mayorías empobrecidas. Aquí se revelan huellas de barbarie y crueldad como pocas veces en la historia

Hemos vivido y sufrido en Brasil tiempos sombríos bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, donde la ética fue enviada al limbo y prácticamente valía todo (las fake news, las mentiras, la predicación de la violencia y la exaltación de la tortura). En el  momento actual  asistimos desolados a la guerra Rusia-Ucrania. Esta guerra representa la negación de todos los valores  civilizatorios, pues una  gran potencia nuclear está literalmente destruyendo una pequeña nación y a su pueblo.

Sin perder de vista los dos datos que hemos mencionado, percibo, entre otros, dos factores  principales que alcanzan el corazón de la ética: la globalización del capitalismo depredador y la mercantilización de la sociedad… Leer más…(Leonardo Boff)

Crisis del cristianismo hoy — Juan José Tamayo

Redes Cristianas

Tomando como referencia el incendio de la catedral de Notre Dame de París la
noche del 15 al 16 de abril de 2019, símbolo del catolicismo europeo, el historiador italiano y fundador de la Comunidad de Sant` Egidio, Andrea Riccardi, se pregunta por la crisis de la Iglesia católica, más aún, por el peligro de su desaparición en Francia, “la hija mayor de la Iglesia”, en Europa y en el mundo entero.

Un problema, que no solo afecta a las personas católicas, sino que preocupa también a personas e instituciones laicas interesadas por el patrimonio humano y cultural del cristianismo y cuya posible desaparición interpretan como una pérdida de humanidad para todos.
Notre Dame en llamas evoca la actual crisis profunda del cristianismo, pero,
mirándolo bien, cree Riccardi, evoca también una crisis de la sociedad entera.

Aprecia influencias mutuas entre el declive de la Iglesia y el de Europa, entre la fragilidad política de Europa y la fragilidad religiosa de la Iglesia. Es un fenómeno que contrasta con la recuperación de Santa Sofía para el culto islámico por decisión del presidente Tayyipp Erdogan en un proceso de reislamización de Turquía.

Riccardi constata en Francia un avance del tradicionalismo católico frente al retroceso del catolicismo institucional. En 2018 dos terceras partes de las diócesis francesas no tenían seminaristas, mientras que en la Iglesia tradicionalista de Marcel Lefebvre hubo un crecimiento hasta representar el 20% de las vocaciones sacerdotales…Leer más…(Juan José Tamayo)

Domingo 11 de Junio de 2023-Festividad del Cuerpo de Cristo-Koinonía

TEXTOS DEL DÍA

Deuteronomio 8,2-3.14b-16a

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

1Corintios 10,16-17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo

Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Juan 6,51-58

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Comentario a los textos:

Por distintas razones históricas y culturales nuestra iglesia ha cultivado durante mucho tiempo una perspectiva negativa del cuerpo humano. A excepción de la solemnidad que hoy conmemoramos, casi nunca ha considerado la celebración de la corporalidad del varón o la mujer, de la cual hay testimonio en el libro del Cantar de los Cantares. Una perspectiva renovada de la antropología cristiana y la corporalidad humana se impone paulatinamente en la espiritualidad y la práctica pastoral de nuestra comunidad eclesial desde la renovación impulsada por del Concilio Vaticano II, celebrado hace más de 50 años. Sin embargo llama la atención que muchas propuestas eclesiales reafirmen aún hoy una reflexión y una praxis bastante conservadora. El influjo de cierto dualismo filosófico griego todavía se hace sentir en la espiritualidad cristiana y en la teología práctica de la iglesia. Desde este enfoque, el cuerpo y todas las realidades “materiales” están sujetos al pecado y a la corrupción; por tanto son pensados como obstáculos para los deseos del “espíritu” y las búsquedas del “alma” humana que, por contraposición, son vistas como algo más sublime.

Por lo general los católicos concebimos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo como la fiesta de Jesús-Pan-de-Vida; y las lecturas que nos propone la liturgia del día nos llevan en esa dirección. Pero la celebración del Corpus Christi implica una realidad que incluye y a la vez trasciende la sola dimensión eucarística de la corporalidad de Jesús. Tenemos la firme convicción que el Cuerpo y la Sangre de Jesús que compartimos en la comunión son la presencia real de Cristo portadora de vida y salvación; pero nos cuesta comprender el sentido de esta afirmación y, particularmente, percibir la continuidad en la discontinuidad del mismo y único Jesucristo. El recorte litúrgico del evangelio del día acentúa esta perspectiva clásica.

En esta celebración se hace necesario incluir la memoria del Jesús histórico que pone a disposición de la salvación del mundo la totalidad de su persona. El Cristo que ofrece su cuerpo progresivamente andando por los polvorientos caminos de Galilea. Ya desde entonces su existencia está puesta a disposición del proyecto salvador del Padre. Jesús se deja conducir por el Espíritu hasta las últimas consecuencias. Y si en el camino a Jerusalén abraza la perspectiva de la cruz es porque antes había puesto a disposición su cuerpo, al abrazar la carne doliente de tantos hermanos y hermanas. Los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección en Jerusalén tanto como la reflexión posterior de la comunidad cristiana no se entienden sin aquella solidaridad primera de Jesús que ofrece su cuerpo para que lo encuentren quienes lo buscan en sus necesidades.

En cuanto a los textos litúrgicos, el texto del Deuteronomio pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el «testamento de Moisés», refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación.

La primera palabra de nuestro texto es «recuerda». Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: «no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios«. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder…) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor… Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.

Pablo orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan… ¿no nos «une» a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común – unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan…expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación «el Pan es uno… nosotros somos muchos»… para concluir que al comulgar «formamos un solo cuerpo». La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también «el cuerpo» expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.

«Mi Cuerpo es Comida»

Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro CASALDÁLIGA)

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 058 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 64, titulada «¿El Cuerpo y la sangre de Cristo?», que puede ser útil para un debate en grupo. [http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

¿A QUÉ NOS REFERIMOS CUANDO HABLAMOS DE POLÍTICA? GRANDES ACCIONES CONSTRUIDAS DE PEQUEÑOS GESTOS (I)

Fe Adulta

Hoy debemos dar más valor a las experiencias político-sociales que se cuecen en nuestras calles y barrios, porque las calles y los barrios son un laboratorio social de lo que se cocina en nuestras ciudades. La lógica de lo pequeño debe abrirse paso día a día a través de la resistencia social y jurídica ciudadana, como cuando milita contra los desahucios injustos, o se levanta y protesta contra la banca desalmada, contra el precio de la luz o de las hipotecas, cuando toma conciencia y trabaja en la difícil lucha contra el cambio climático o contra la asimilación de las culturas mayoritarias, etc., etc.

El cambio político no tiene por qué pasar primeramente por las instituciones porque, entre otras cosas, nos podemos quedar esperando. Tampoco hay por qué reducir lo público a lo institucional: Greenpeace, SOS Racismo, Amnistía Internacional…Leer más…(Jesús Lozano Pino)

La Iglesia admite casi un millar de víctimas, cuatro veces menos que las prospecciones de la auditoría de Cremades

«No hay prescripción, porque la condición de víctima no prescribe», señalan los obispos. Otra cosa, bien distinta, es la prescripción penal de los abusadores. Y es que el dolor nunca puede prescribir

Casi todos los agresores, el 99%, son hombres, aunque entre las víctimas un 17,38% pertenecen al género femenino. Los datos se han entregado al Defensor del Pueblo

Informe ‘Para dar luz’

«Lo importante es que cualquier víctima de abusos sexuales cometidos en la Iglesia sepa que hay un lugar en el que se le quiere conocer. Un lugar que existe porque la Iglesia reconoce el daño causado y porque la Iglesia quiere ayudar a todas las víctimas en su acogida, en su acompañamiento, en su sanación y en su reparación. Y porque la Iglesia quiere que no pueda vuelva a pasar»

‘Para dar luz’ es el título del primer informe sobre pederastia elaborado por la Iglesia española, que recoge los datos de todas las doscientas oficinas de abusos de diócesis, congregaciones e instituciones católicas. Con datos esclarecedores, pero que se quedan muy lejos de los ofrecidos por las investigaciones periodísticas, o las mismas prospecciones del futuro ‘informe Cremades’: 927 víctimas que han presentado testimonios sobre 728 abusadores en el ámbito de la Iglesia católica. 

Es decir, cuatro veces menos de los más de cuatro mil casos que, sólo como prospección, estima la auditoría encargada por la Conferencia Episcopal a Cremades&Calvo Sotelo, y que sigue sin tener fecha de entrega. Casi todos los agresores, el 99%, son hombres, aunque entre las víctimas un 17,38% pertenecen al género femenino. Los datos se han entregado al Defensor del Pueblo. 9 diócesis y 69 congregaciones religiosas se negaron a aportar datos, aunque la CEE no quiso aclarar cuáles…Leer más…(Jesús Bastante)