LAS DESIGUALDADES: DESAFÍOS Y PROPUESTAS
https://redescristianas.net/Leer más…
LAS DESIGUALDADES: DESAFÍOS Y PROPUESTAS
https://redescristianas.net/Leer más…
Publicado en Ctxt
La evolución política del viejo continente demuestra el colapso moral de su sistema
Las elecciones al Parlamento Europeo, las de Francia y Gran Bretaña, ilustran la dimensión de la euromiseria. En el país con la mas rica tradición social de Europa, donde la vida casi siempre fue mucho más llevadera y libre que en el resto, se disputa un regreso a Vichy. En la Gran Bretaña de rancia tradición parlamentaria e imperial, el cambio de figuras pronosticado por la derrota conservadora no cambia ni un ápice el asunto. La situación en Alemania, por citar otro país de peso, va en la misma línea. Estamos asistiendo al colapso del sistema político europeo, como ocurrió con la ola parda de los años treinta del pasado siglo.
Incluso en el caso de que en Francia venciera el “Frente Popular”, no estaríamos ni a mitad del camino. La mitad de ese frente está compuesto por miembros del Partido Neoliberal Unificado Europeo (“socialistas” y verdes), grandes responsables de haber llevado al país a su situación actual. Los Faure, Hollande, Glucksmann, Starmer en Gran Bretaña, Scholz y Baerbock en Alemania, son típicos ejemplares de la “izquierda de derechas”: sostenedores del capitalismo neoliberal, atlantistas y cómplices de la repugnante masacre de Israel. Y hace años que sabemos que no se puede ser de izquierdas si se apoya el belicismo imperial y el orden socioeconómico neoliberal, garantía de injusticia y desigualdad estructural. El resto, la genuina socialdemocracia de la France Insoumise de Melenchon (ridículamente tachada de “izquierda radical”) está siendo tan demonizada por el periodismo tóxico de los magnates, que incluso si el tal milagro de una victoria se produjera, el callejón sin salida está servido. Unicamente la aparición de ese “pueblo” que invoca el reclamo “Frente Popular” podría cambiar las cosas en Francia.
En su dramático artículo ¿Quién defenderá a los niños bombardeados y hambrientos de Gaza en las elecciones del Reino Unido?, Jonathan Cook, expone el estado de la cuestión: Who will champion Gaza’s bombed and starved children in the UK elections? (substack.com)
En la reciente consulta electoral para el Parlamento Europeo se registró un notable avance de las fuerzas políticas de la ultraderecha. Es una tendencia que se venía manifestando desde hace algún tiempo y que ya tenía concreciones políticas en algunos países, también fuera de Europa. Y también fuera del ámbito político: abundan las corrientes religiosas, fuera y dentro de nuestra Iglesia, que asumen planteamientos ultraderechistas. Merece la pena dedicar atención a las causas y significado de este fenómeno.
En primer lugar, e independientemente del ámbito en el que se usen con significado político los términos “derecha” e “izquierda”, conviene recordar y no perder de vista que definen posicionamientos en la lucha de clases. Es decir, tienen sentido político solamente en el marco o contexto de una sociedad estratificada en clases sociales. Clases sociales con intereses distintos y contradictorios, en pugna. La forma de la lucha puede variar, según las circunstancias económicas, desde formas relativamente pacíficas, simples huelgas o manifestaciones, hasta situaciones con diversos grados de violencia, incluso de guerra civil.
En ese contexto de intereses de clase enfrentados, convencionalmente se asignó el título de “izquierdistas” a las fuerzas que postulan un orden social más justo y equitativo, sin explotación de una(s) clase(s) sobre otras, y se denomina “derechistas” a las fuerzas interesadas en conservar, en provecho de los beneficiarios, el orden social y las relaciones económicas existentes…Leer más (Evaristo Villar)
La Comisión Gestora no tiene acceso a la información tributaria del último trimestre, ni tiene constancia de los ingresos de las actividades «de cuyos gastos la exabadesa pretende que nos hagamos responsables (materia prima, embalaje, mensajería…)
«Se están atendiendo los pagos de aquellos servicios más básicos y urgentes», descubriendo que «algunas facturas han sido emitidas por proveedores afectados por impagos generados durante meses, incluso años». En total, hasta la fecha, «se han pagado más de 3.000 € en suministros y más de 18.000 € en créditos bancarios»…Leer más (Jesús Bastante)
(Ez 2,2-5) «Te hagan caso o no, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»
(Cor 12,7-10) «Vivo contento, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.»
(Mc 6,1-6) ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le enseñaron?
Conocer demasiado a Jesús, puede llevarnos a rechazarlo. El Jesús que nos han enseñado está a años luz del verdadero Jesús.
Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida. Seres humanos limitados y a la vez infinitos.
Con este texto concluye Marcos una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes de la religión. Sigue enseñando y liberando al pueblo oprimido. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución, y se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, aunque con notables diferencias. Relatos paralelos encontramos en Jn y en otros textos sinópticos.
Marcos no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su “pueblo”. Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían jugado y trabajado con él, lo conocían perfectamente. Lo encuadran en una familia, (requisito indispensable para ser alguien). Hasta ese momento no habían visto nada anormal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario.
El texto griego no dice pueblo sino de “patria”. Ni hace referencia al lugar geográfico, sino al ambiente social en que vivió. Llega con sus discípulos, convertido en un rabino que tiene seguidores. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto. Jesús por su cuenta, se pone a enseñarles. Marcos ya había advertido de la relación de Jesús con su familia. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que estaba loco. Quedan impresionados como en Cafarnaúm, pero con una actitud negativa.
En griego no dice: “desconfiaban de él” sino “se escandalizaban”, que indica una postura más radical. Ni siquiera pronuncian su nombre. Dicen despectivamente que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mateo corrige el texto de Marcos y dice: “hijo del carpintero”. Pero Lucas va más lejos y dice: “el hijo de José”. Estos evangelistas, que copian de Marcos, intentan quitarle al texto la posible interpretación peyorativa. Para Marcos, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones.
Ese conocimiento total de Jesús les impide creer en él. Lo conocen muy bien, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan su enseñanza, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas que no estaban de acuerdo con la tradición. La religión judía estaba segura de sí misma y no admitía novedad. Los jefes religiosos no permitían admitir nada distinto a lo que ellos enseñaban.
Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Al hacer Jesús alusión al rechazo del “profeta”, está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la característica de un profeta. El texto nos dice que, al no aceptarle, están rechazando a Dios. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por aquellos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús tuvo que ser realmente muy fuerte.
Un detalle más interesante es que su desconfianza impide que Jesús pueda hacer milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: “tu fe te ha curado”; y a Jairo: “basta que tengas fe”. La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un “milagro”. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el “hacer” como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad en la manga ha falseado el verdadero rostro de Jesús.
El relato nos habla de la humanidad de Jesús. Nos confirma que no tiene privilegios. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta. Siempre será difícil descubrir a Dios en aquel que se muestra como humano. Rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: “no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?” Acostumbrados a oír siempre lo mismo, rechazamos lo nuevo, aunque esté más de acuerdo con el evangelio.
Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo negaron en aquella sociedad en la que vivió. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos hemos hecho de él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.
Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, no engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas egoístas.
El verdadero profeta es el que habla del Dios desconcertante que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección a la que no podemos llegar. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.
La trampa en que hemos caído es pensar que “todos” tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta hoy, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por “decreto”. La opción por el evangelio será siempre cuestión de minorías. Nos asusta un Jesús completamente normal porque hemos puesto la grandeza en lo extraordinario. Lo grande del ser humano no es lo que no tienen los demás, sino lo que todos tenemos.
IKASI JESUSEZ BIZITZEN – APRENDER A VIVIR DE JESÚS
Kristau baten bizitza aldatzen hasten da, konturatzen den egunean ezen Jesus bizitzen irakats diezaiokeen norbait dela. Ebanjelio-kontakizunak ez dira aspertzen Jesus Maisu bezala aurkezteaz. «Jakinduria bakarra» irakats dezakeen norbait. Jakinduria: Nazareteko bere herritarrak hartaraino harritu dituena.
Izatez, Jesusekin topo egin zuten lehenek «dizipulu» izena hartu zuten, ikasle izena, hau da, beren Maisu Jesusengandik ikasteko prest dauden gizon-emakume dira.
Gaur egungo kristauok nork geure buruari galdegin beharra genuke, ea ez ote garen ahaztu kristau izatea, besterik gabe, Jesusengandik «bizitzen ikasten» jarraitzea dela. Harengandik ikasten joatea, zein den erarik gizatarrena, jatorrena eta gozagarriena bizitzari aurre egiteko.
Zenbat ahalegin ez da egiten gaur egun, bizitzan garaitzen ikasteko!: lanbide profesionalean arrakasta lortzeko metodoak, adiskideak lortzeko teknikak, gizarte-harremanetan garaile irteteko arteziak. Baina, non ikasi, besterik gabe, gizatar izaten?
Aski jende-multzo handia dira kristauak, zeinentzat Jesus ez baita, inolaz ere, beraien bizitzaren arnasa-emaile. Ez dira iristen sumatzera zer-nolako erlazioa izan daitekeen Jesusen eta berek egunero bizi dutenaren artean. Txikitatik ezagutzen dutela uste duten pertsonaia bihurtu zaie Jesus, nahiz eta beraietako askorentzat, egiaz, «ezezagun handi» izaten jarraitzen duen. Egiazko izatasunik gabeko Jesus bat, beraien eguneroko bizitza arnasteko gai ez dena.
Eta, halaz guztiz, Jesus horrek, hobeto ezagutuak eta leialago jarraituak, ondo asko eraldatzen ahal luke guztion bizitza. Ez, ordea, urruneko maisu bezala, gizadiari jakinduria miresgarri baten ondarea utzia liokeen maisu bezala, baizik eta bizi den bat bezala, bere izatearen hondo-hondotik beretik gure lagun jarraitzen duena pazientziaz, ulermenez eta samurtasunez.
Bai, geure bizitzako maisu izan dezakegu Jesus. Bizitzen irakats diezaguke, ez beste inor maneiatu edo manipulatzeko, baizik eta besteen zerbitzari izateko. Irakasten ahal digu ezen hobe dela emanez bizitzea, gauzak metatuz baino. Beraren mezua entzunez eta beraren urratsei jarraituz, era solidarioagoan eta egoismo gutxiagokoan bizitzen ikas dezakegu, gehiago arriskatzen ondo eta zuzen den ororen alde, jendea maitatzen berak maite zuen bezala, Aitagan konfiantza izaten bera fidatu ohi zen bezala.
José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain
14 Tiempo ordinario – B (Marcos 6,1-6)
APRENDER A VIVIR DE JESÚS
La vida de un cristiano comienza a cambiar el día en que descubre que Jesús es alguien que le puede enseñar a vivir. Los relatos evangélicos no se cansan de presentarnos a Jesús como Maestro. Alguien que puede enseñar una «sabiduría única». Esa sabiduría que tanto sorprende a sus vecinos de Nazaret.
De hecho, los primeros que se encontraron con él se llamaron «discípulos», alumnos, es decir, hombres y mujeres dispuestos a aprender de su Maestro Jesús.
Los cristianos de hoy tenemos que preguntarnos si no hemos olvidado que ser cristianos es sencillamente «vivir aprendiendo» de Jesús. Ir descubriendo desde él cuál es la manera más humana, más auténtica y gozosa de enfrentarnos a la vida.
Cuántos esfuerzos no se hacen hoy para aprender a triunfar en la vida: métodos para obtener el éxito en el trabajo profesional, técnicas para conquistar amigos, artes para salir triunfantes en las relaciones sociales. Pero ¿dónde aprender a ser sencillamente humanos?
Son bastantes los cristianos para quienes Jesús no es en modo alguno el inspirador de su vida. No aciertan a ver qué relación pueda existir entre Jesús y lo que ellos viven a diario. Jesús se ha convertido en un personaje al que creen conocer desde niños, cuando en realidad sigue siendo para muchos el «gran desconocido». Un Jesús sin consistencia real, incapaz de animar su existencia diaria.
Y, sin embargo, ese Jesús mejor conocido y más fielmente seguido podría transformar nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el fondo mismo de nuestro ser, nos acompaña con paciencia, comprensión y ternura.
Él puede ser nuestro maestro de vida. Nos puede enseñar a vivir, no para manipular a otros, sino para servir. Nos puede descubrir que es mejor vivir dando que acaparando. Escuchando su mensaje y siguiendo sus pasos podemos aprender a vivir de manera más solidaria y menos egoísta, a arriesgarnos más por todo lo que es bueno y justo, a querer a las personas como las quería él, a confiar en el Padre como él confiaba.
José Antonio Pagola
Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos
En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: «Hijo de Adán, yo te envió a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envió para que les digas: «Esto dice el Señor.» Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»
Salmo responsorial: 122
Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
A ti levanto mis ojos, / a ti que habitas en el cielo. / Como están los ojos de los esclavos / fijos en la manos de sus señores. R.
Como están los ojos de la esclava / fijos en las manos de su señora, / así están nuestros ojos / en el Señor, Dios nuestro, / esperando su misericordia. R.
Misericordia, Señor, misericordia, / que estamos saciados de desprecios; / nuestra alma está saciada / del sarcasmo de los satisfechos, / del desprecio de los orgullosos. R.
2Corintios 12,7b-10
Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo
Hermanos: Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Marcos 6,1-6
No desprecian a un profeta más que en su tierra
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:
Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la «Confesión de Pedro») se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un «resumen» -llamado técnicamente «sumario»- de la vida de Jesús; y después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El «fracaso» de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la «derrota» del Señor anticipada en la muerte del Bautista.
Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el «escándalo» de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un «Mesías crucificado» que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el «Hijo de Dios».
Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde saca esto que enseña en la sinagoga? «Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela…». La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Ahí está el problema: «con lo que ellos conocen». Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente «sabido»; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El «Dios siempre mayor» desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús «no podía hacer allí ningún milagro«; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque «nadie es profeta en su tierra«. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?
Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos, aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.
Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo?
Al evangelio de hoy se refiere precioso el capítulo 23 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Un profeta en su casa», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/23-un-profeta-en-su-casa/
«Los católicos, incluso los más conservadores, les están dando la espalda y eso se nota en la entrada de donativos»
«A los creyentes, conservadores o no, les duele ver a la Iglesia así tratada en los medios de comunicación y a unas monjas de clausura, que se habían echado en mano de los dos pícaros de la Pía Unión»
«Han formalizado ante el ministerio del Interior la inscripción y el reconocimiento de dos asociaciones civiles de tipo cultural, ropiedades. Como presidenta de esas dos asociaciones figura Laura García de Viedma, la ex abadesa. Algo que impide la actual legislación española»
División entre las exmonjas de Belorado. El bloque cismático que, hasta ahora, se había mantenido compacto y cohesionado en el cisma y en torno a la ex abadesa, Sor Isabel de la Trinidad, auxiliada por Sor Sión y Sor Paz, se resquebraja. Y varias de las hermanas han empezado a ver los frutos envenenados de las decisiones del triunvirato, al que acusan de conducir a la comunidad a la ruina espiritual y económica.
Económicamente, las monjas están comprobando que están casi en quiebra técnica, con las cuentas intervenidas, sueldos impagados, asi como facturas y deudas que se acumulan con proveedores. Y sin salida a sus productos. Los católicos, incluso los más conservadores, les están dando la espalda y eso se nota en la entrada de donativos.
A los creyentes, conservadores o no, les duele ver a la Iglesia así tratada en los medios de comunicación y a unas monjas de clausura, que se habían echado en mano de los dos pícaros de la Pía Unión. Sus abogados les abrieron los ojos al respecto del falso obispo y del falso cura, aunque ellas mismas empezaban a ver mentiras y engaños en su proceder y en su vida…Leer más (José Manuel Vidal)
EN BUSCA DE LA MEJOR MEDICINA
La muñeca rusa
En los evangelios, los relatos de milagros son como contenedores bien cerrados, unos juntos a otros, sin que se mezcle su contenido. El pasaje de Marcos que leemos hoy recuerda, en cambio, a las muñecas rusas: un milagro dentro de otro. Jesús va a curar a una niña y se cuela por medio una enferma con flujo de sangre. Esa mezcla da gran dramatismo e interés al conjunto.
La medicina tradicional: imposición de manos
El comienzo parece normal: un padre preocupado por su hija gravemente enferma. Lo que no es normal es su convencimiento de que Jesús puede curarla con sólo ponerle la mano encima. En nuestra cultura, el enfermo agradece que el médico no le hable a distancia; que lo ausculte y lo palpe, si es preciso. En la cultura antigua, el hombre santo y el curandero ejerce su poder mediante el contacto físico. Jesús cura a la suegra de Pedro tomándola de la mano; imponiendo las manos cura a diversos enfermos (Mc 6,5; Lc 4,40), a un sordomudo (Mc 7,32), a un ciego (Mc 8,23.25), a la mujer tullida (Lc 13,13); poniendo barro en los ojos del ciego de nacimiento le devuelve la vista (Jn 9,15); y a los discípulos les concede el poder de curar enfermos imponiendo las manos (Mc 16,18). Quien se haya fijado en las citas, habrá visto que casi todas son del evangelio de Marcos. Parece que a Mateo y Juan no les entusiasmaba el procedimiento, podría causar la impresión de un poder mágico.
Una nueva receta: tocar el manto
Si Jairo está convencido de que la imposición de manos de Jesús basta para salvar a su hija, la mujer con flujo de sangre va mucho más lejos: le bastaría tocar su manto. El relato acentúa la gravedad y persistencia de la enfermedad (¡doce años!), el fracaso de los médicos y el dineral gastado en buscarle solución. De repente, a la mujer le basta oír hablar de Jesús para depositar en él toda su confianza; ni siquiera en él, en su manto. ¿Fe o desesperación? Algunos de los primeros cristianos, amantes de aplicarse los relatos evangélicos, podrían identificarse fácilmente con la mujer. «Yo también estaba desesperado, oí hablar de Jesús, y todo cambió.»
La verdadera medicina: la fe
La mujer se cura al punto. Pero el relato toma un sesgo dramático. Jesús nota que una fuerza especial ha salido de él y quiere saber quién la ha provocado. Pregunta, rechaza la excusa de los discípulos, mira con atención a su alrededor, hasta que la mujer se presenta temblorosa y asustada. (Marcos describe a Jesús de forma tan humana, tan poco ortodoxa, que a Mateo por poco le dio un infarto y suprimió toda esa parte en su evangelio: Jesús sabe perfectamente lo que ha pasado.)
El lector termina poniéndose en contra de Jesús y a favor de la mujer. ¿Por qué le está haciendo pasar un rato tan malo? Es un recurso genial de Marcos, el mismo que utiliza en la curación de la hija de la mujer cananea: poner al lector en contra de Jesús y a favor del quien le suplica. ¿Para qué? Para que Jesús ofrezca al final la verdadera enseñanza.
Imaginemos que la mujer se cura y Jesús no pregunta nada. El lector se dice: «Llevaba razón la mujer. Bastaba con tocarle el manto.» Quizá añadiría: «En realidad, quien cura es Jesús, no el manto.» Pero todo el teatro montado por Jesús sirve para llegar a una conclusión muy distinta: «Hija, tu fe te ha curado.» Ni Jesús ni el manto, «tu fe». Esta afirmación podrá parecer atrevida, casi herética, a algunos teólogos. Pero, en este caso, Mateo y Lucas coincidieron con Marcos al pie de la letra: «Hija, tu fe te ha curado.»
Una medicina que, además de curar, resucita
La acción vuelve a su origen, pero de forma trágica: la niña ha muerto. No hay que molestar al Maestro. Pero Jesús le recomienda al padre la medicina usada por la hemorroisa: «No tengas miedo; tú ten fe, y basta». Siguen hasta la casa y se sumergen en un mundo de llantos y lamentos.
La gente es lista, no se deja engañar por Jesús
Cuando yo era joven, me indignaba leer que la gente se ríe de Jesús cuando dice que la niña no está muerta, sino dormida. Me parecía una tremenda falta de respeto. Pero estaba equivocado. La risa de la gente demuestra que Jesús no puede engañarlos. Él quiere pasar desapercibido, presentar lo que hace como algo normal, sin importancia; pero la gente sabe muy bien que la niña ha muerto, que Jesús ha realizado un gran milagro. El detalle final de darle a la niña de comer sirve para demostrar la realidad de la resurrección.
Resurrecciones en esta vida y fe en la vida futura
La resurrección de la hija de Jairo (contada por Marcos, Mateo y Lucas) trae a la memoria otros relatos parecidos, pero peculiares: la resurrección del hijo de la viuda de Naín, que sólo cuenta Lucas; y la resurrección de Lázaro, que sólo cuenta Juan. ¿Cómo es posible que estos dos hechos tan famosos no se encuentren en los cuatro evangelios? Es cierto que la tradición oral olvida a menudo cosas y detalles. Pero resulta extraño que un evangelista no los conozca. Como un biógrafo de Beethoven que no ha oído hablar de la 9ª Sinfonía.
A los evangelistas no les preocupaba, como a nosotros, el hecho histórico en cuanto tal, sino la realidad de lo que contaban. Lo importante no es que Jesús resucitara a Lázaro (que al cabo de los años volvería a morirse), sino que nos resucitará a todos a una vida sin fin. «Yo soy la resurrección y la vida» es también el gran mensaje de la resurrección de la hija de Jairo.
La victoria sobre Satanás (1ª lectura)
La 1ª lectura, tomada del libro de la Sabiduría, afirma que la muerte no es algo querido por Dios, sino que entró en el mundo por envidia del diablo. Aunque esto resulte discutible desde un punto de vista científico moderno, así lo interpretaban los judíos del siglo I. Con ello, la resurrección de la hija de Jairo adquiere un sentido nuevo. Marcos enfoca su evangelio como una lucha entre Jesús y Satanás. Y este es un ejemplo de su victoria sobre el que introdujo la muerte en el mundo por envidia.
Una llamada a la solidaridad en tiempos de migración (2ª lectura)
Aunque no tenga relación con el evangelio, el fragmento de Pablo es de enorme actualidad en una época en la que miles de personas (hermanos nuestros) se encuentran en grave necesidad de acogida, comida, vestido, trabajo…
Pablo anima a los corintios a ayudar económicamente a la comunidad madre de Jerusalén, que sufre la terrible hambruna del tiempo del emperador Claudio. Su mejor argumento es recordarles el ejemplo de generosidad de nuestro Señor Jesucristo.
José Luis Sicre
(Sab 1,13-15 2,23-25) Toda criatura es saludable porque la justicia es inmortal
(2 Cor 8,7-15) Siendo rico se hizo pobre, para que vosotros os hagáis ricos.
(Mc 5,21-42) Tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud. Basta que tengas fe
¿En quién debemos confiar? Esta es la clave. No intentes confiar en nadie ni en nada que no esté ya en ti.
Del final del c. 4 de Mc, pasamos al final de c. 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdos que se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca. El domingo pasado nos hablaba del “poder” de Jesús sobre la naturaleza. Continúa el evangelio con la manifestación de “poder” sobre los espíritus inmundos. Hoy damos dos pasos más: “Poder” sobre la enfermedad; Y “poder” sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.
En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.
Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que había sido ya rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús. La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la excluía hasta límites inimaginables hoy. Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. En ambos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de salvación.
Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice: «La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o hemorragias. La mujer considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta consideración de impura. La hemorroísa tenía prohibido tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía la devuelve la salud.
Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta “¿Quién me ha tocado?”, está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo. Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo “impuro” de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos.
Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso. La mujer se salta la Ley, pero Jesús va más allá y reacciona como si la Ley no existiera.
El milagro se produce sin que intervenga la voluntad de Jesús. La fe-confianza de la mujer desencadena la curación. Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de “milagros”. No significa una acción en contra de las leyes de la naturaleza. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ‘ley’ sin las trabas que le pone la racionalidad. Porque esa armonía no es lo normal, llamamos milagro los procesos que serían los más naturales. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, a valorarse porque se siente apreciado.
Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante. Cogió de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate!, el mismo verbo Mc emplea para hablar de resurrección. En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar el contaminado de muerte, da la vida al cadáver.
Una pista importante: a la niña se le llama con distintos nombres. Primero hijita, luego hija, luego niñas y por fin joven casadera. Todo un procesa de maduración sicológica que va mucho más allá de una simple resurrección. Los doce años eran el tiempo de pasar de niña a persona adulta. Sicológicamente es un momento crucial para el equilibrio sicológico. Seguramente la niña no tuvo en apoyo necesario para superar el trauma. Recuperó su vitalidad cuando encontró el marco adecuado para dar el difícil paso.
No os engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar su figura. Objetivamente, los curados volverían a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos. Los resucitados volverán a morir sin remedio. Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas. La salvación que ofrece Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados. Si no tengo esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.
En el AT queda claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas. La salvación está siempre en un plano superior y más pleno que toda limitación. Se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte. La salvación que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para privilegiados sino de una oferta absoluta de Dios para todos. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe. Nos puede salvar, de la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser o/y a los demás.
En los dos casos, la multitud queda al margen de la salvación. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantos seres humanos atrapadas en las interpretaciones aberrantes de Dios y de su Ley. La religión seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.