De Viganò a las clarisas de Belorado: los nuevos ‘cismas’ en la Iglesia de Francisco

Religión Digital

El ex nuncio, las ya ex religiosas, los lefebvrianos o los siro malabares muestran un enconamiento contra el pontificado de Francisco que no se había visto en décadas

Detrás de cada uno de estos movimientos está el intento de la ultraderecha eclesiástica por no reconocer como válidos los principales hitos del Concilio, ni las reformas de Bergoglio

¿Qué ocurre en la Iglesia para que tantos, en tantos sitios, lancen durísimos ataques contra el Papa o el Vaticano, hasta el punto -como los curas sedevacantistas de Toledo- de desear la muerte de Bergoglio, acusarle de nepotismo o de usurpador?

‘Cisma’. El término (según la RAE, “División o separación en el seno de una iglesia o religión”), que hasta hace meses nos remitía a cinco siglos atrás, en tiempos de Martín Lutero y la reforma Protestante, ha vuelto a la actualidad eclesiástica. En nuestras fronteras, con el caso de las clarisas de Belorado, cuya excomunión  fue decretada ayer después de que se reafirmaran en su salida de la Iglesia del Vaticano II y cerraran cualquier puerta a una solución dialogada con el arzobispo de Burgos, Mario Iceta.

En Roma, con el proceso contra el ex nuncio en Estados Unidos y estrecho colaborador de Donald Trump y Steve Bannon, Carlo María Viganò. Pero también en Francia, con el anuncio de los lefebvrianos de volver a ordenar obispos -la anterior consagración, en 1988, supuso la excomunión de este grupo ultratradicionalista, fundado por Marcel Lefebvre-, dinamitando así los puentes abiertos por Benedicto XVI para su retorno a la comunión. O en India, donde buena parte de la Iglesia siro malabar se ha puesto en armas contra Roma, en este caso por el rito utilizado durante la misa, que hunde sus raíces en las polémicas del rito anterior al Concilio Vaticano II (de espaldas al pueblo), que sesenta años después de su celebración sigue siendo contestado por los sectores más tradicionalistas…Leer más (Jesús Bastante)

Urteko 13. igandea –B – José A. Pagola

(Marcos 5,21-43)

ESPARRU BAT DOMINAZIO MASKULINORIK GABE- UN ESPACIO SIN DOMINACIÓN MASCULINA

Emakume bat, lotsaz eta beldurti, Jesusengana hurbildu da sekretuki, aspaldidanik umiliarazten duen gaixotasun bat sendatuko dion konfiantzaz. Sendagileek dirurik gabe, lur jota, utzi dute; bakarrik eta etorkizunik gabe bizi da; fede handiz dator Jesusengana. Soilik, bizitza duinago eta sanoago bat nahi du.

Kontakizunaren hondoan problema larri bat sumatzen da. Odol-jarioa jasaten du emakumeak: erritu-lohitasunean eta diskriminazio-egoeran bizitzera behartzen duen gaixotasuna da. Erlijio-legeek Jesusekin harremanik izatea eragozten diote; halaz guztiz, harreman horiexek senda dezakete.

Orduan gertatu da sendakuntza, emakume hark, diskriminaziora behartzen duten erlijio-kategoriatan heziak, bere burua legetik liberatzea lortu duenean, konfiantza Jesusengan ezarririk. Profeta harengan, Jainkoak bidalia den harengan, bera salbatzeko gai den indar bat sumatu du. Eta «nabaritu zuen sendaturik zuela bere gorputza»; Jesus, berriz, «ohartu zen indar salbatzaile bat irten zela beragandik».

Pasadizo hau, itxuraz ezdeusa, ebanjelio-iturburuetan etengabe ageri denaren adierazpen bat da, bat gehiago: Jesusen jarduera salbatzailearen adierazpen bat; konprometiturik ageri baita Jesus beti, emakumea zokoratze sozialetik, familia patriarkalean gizonezkoaren zapalkuntzatik eta Jainkoaren herriaren baitan dominazio erlijiosotik liberatzen.

Anakronikoa izango litzateke, Jesus gure egunotako feminista bezala azaldu nahi izatea, konprometitua emakumearen eta gizonezkoaren eskubide-parekotasunaren aldeko borrokan. Bere mezua errotikoagoa du Jesusek: gizonezkoaren gailentasuna eta emakumearen mendetasuna ez datoz Jainkoagandik. Horregatik, baztertu egin behar dira uste biak Jesusen jarraitzaileen artean. Jesusek bere mugimendua, dominazio maskulinorik gabeko esparru bezala bururatu du.

Gizonezkoen eta emakumeen arteko harremanek gaixo jarraitzen dute, Elizaren barnean ere. Emakumeek ezin nabari dute gardentasunez Jesusengandik ateratzen den «indar salbatzailea». Geure bekatu handietako bat dugu hori. Argia da sendabidea: ezabatu emakumearen diskriminazioa eragiten duten legeak, ohiturak, egiturak eta jokabideak, Eliza dominazio maskulinorik gabeko esparru bihurtzeko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

UN ESPACIO SIN DOMINACIÓN MASCULINA

Una mujer avergonzada y temerosa se acerca a Jesús secretamente, con la confianza de quedar curada de una enfermedad que la humilla desde hace tiempo. Arruinada por los médicos, sola y sin futuro, viene a Jesús con una fe grande. Solo busca una vida más digna y más sana.

En el trasfondo del relato se adivina un grave problema. La mujer sufre pérdidas de sangre: una enfermedad que la obliga a vivir en un estado de impureza ritual y discriminación. Las leyes religiosas le obligan a evitar el contacto con Jesús y, sin embargo, es precisamente ese contacto el que la podría curar.

La curación se produce cuando aquella mujer, educada en unas categorías religiosas que la condenan a la discriminación, logra liberarse de la ley para confiar en Jesús. En aquel profeta, enviado de Dios, hay una fuerza capaz de salvarla. Ella «notó que su cuerpo estaba curado»; Jesús «notó la fuerza salvadora que había salido de él».

Este episodio, aparentemente insignificante, es un exponente más de lo que se recoge de manera constante en las fuentes evangélicas: la actuación salvadora de Jesús, comprometido siempre en liberar a la mujer de la exclusión social, de la opresión del varón en la familia patriarcal y de la dominación religiosa dentro del pueblo de Dios.

Sería anacrónico presentar a Jesús como un feminista de nuestros días, comprometido en la lucha por la igualdad de derechos entre mujer y varón. Su mensaje es más radical: la superioridad del varón y la sumisión de la mujer no vienen de Dios. Por eso entre sus seguidores han de desaparecer. Jesús concibe su movimiento como un espacio sin dominación masculina.

La relación entre varones y mujeres sigue enferma, incluso dentro de la Iglesia. Las mujeres no pueden notar con transparencia «la fuerza salvadora» que sale de Jesús. Es uno de nuestros grandes pecados. El camino de la curación es claro: suprimir las leyes, costumbres, estructuras y prácticas que generan discriminación de la mujer, para hacer de la Iglesia un espacio sin dominación masculina.

José Antonio Pagola

13º domingo del T.O. B – Koinonía

Sabiduría 1,13-15;2,23-24

La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

Salmo responsorial: 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado / y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. / Señor, sacaste mi vida del abismo, / me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

Tañed para el Señor, fieles suyos, / dad gracias a su nombre santo; / su cólera dura un instante; / su bondad, de por vida; / al atardecer nos visita el llanto; / por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; / Señor, socórreme. / Cambiaste mi luto en danzas. / Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

2Corintios 8,7.9.13-15

Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres

Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

Marcos 5,21-43

Contigo hablo, niña, levántate

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente [que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas «¿Quién me ha tocado?»» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

Todavía estaba hablando, cuando] llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Comenzaremos con un comentario al uso habitual, y continuaremos con una «nota crítica» para quienes quieran arar más hondo.

En el evangelio vemos que Jairo viene de vuelta de la sinagoga. A pesar de ser jefe de esa institución no ha encontrado en ella la salvación para su hija; el judaísmo, representado por la institución más importante después del templo, no conduce a la vida; la hija de Jairo, imagen del pueblo, está abocada a una muerte irremediable. Por eso Jairo, tal vez desesperado y desilusionado con aquel viejo sistema, acude a Jesús, buscando vida para su hija. Y estando con él se entera de que su hija ha muerto: ¿Para qué molestar más al maestro?, le dicen. La gente piensa que se molesta al maestro pidiéndole que dé vida. No saben que “él ha venido para que tengan vida y vida abundante”, como dice el evangelista Juan. Jesús, en estas circunstancias extremas, no se arredra: “No temas, ten fe y basta…”. Para quien cree la muerte es un sueño del que se puede despertar. Los primeros cristianos lo entendieron así cuando comenzaron a llamar a la necrópolis (= ciudad de los muertos), cementerio (= dormitorio). No lo ve así la gente, que, al enterarse de la muerte de la hija de Jairo, lloraba gritando sin parar –gesto de desesperanza total-, y que, cuando Jesús dice que la niña “no está muerta, sino dormida”, se ríe de él, considerando la situación irreversible. Ante la incredulidad no hay nada que hacer. Por eso, Jesús echa fuera a la gente –para quien no cree, la muerte es el final- y entra a donde está la niña con sus padres, junto con tres de sus discípulos.

Curiosamente, esos tres mismos discípulos están presentes también en la transfiguración y en el Huerto, y en ambas escenas se duermen. Este sueño es todo un símbolo. En la Transfiguración, Jesús habla con Moisés y Elías de su éxodo –esto es, de su paso de la muerte a la vida-; en el Huerto, Jesús pide a Dios fuerzas para aceptar el camino que le lleva a la muerte, como paso para la vida definitiva. Pedro, Santiago y Juan no tienen interés en aceptar este camino del maestro hacia la muerte, porque –al igual que los judíos- no creen que sea un paso hacia la vida definitiva. Tal vez, por esto, para que aprendan que Jesús es la imagen de un Dios que da vida, Jesús se los lleva consigo. Sorprende, no obstante, que, cuando Jesús devuelve la vida a la niña, insista vivamente a los discípulos para que no digan nada a nadie.

Se asemeja a veces la sinagoga, de la que Jairo es jefe, a nuestra vieja iglesia y a algunos de sus jefes, que no son capaces de sanar los males del mundo por estar centrados en mantener unas estructuras que no dan vida. Al igual que Jairo, nuestra iglesia, si quiere seguir siendo la iglesia de Jesús, tendrá que salir al encuentro del Maestro, rompiendo viejas estructuras que la mantienen cerrada al mundo. Y en ese encuentro con Jesús y su evangelio, oirá las mismas palabras que Jesús le dirigió a Jairo: “No temas, ten fe y basta”.

Tal vez sea este el mal de nuestra iglesia: tiene demasiado miedo y poca fe, y este miedo a perder seguridades, prestigio y poder le impide lanzarse a la aventura de remediar los males de un mundo abocado a la muerte; tal vez tenga que adherirse más al mensaje de Jesús y a su estilo de vida pobre, libre, solidario y entregado a los que viven en las márgenes del mundo. Sólo así podrá devolver la vida a tanto muerto que hay vivo, a tantos que gritan llorando sin parar, lamentándose de que no es posible luchar contra este injusto sistema mundano que margina a tanta gente, llevándola a las puertas de la muerte.

Pablo, en su carta a los corintios, invita a resolver el problema de la injusticia y la desigualdad con generosidad. Y para ello pone el ejemplo de Jesús que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” y hacer un mundo más igualitario donde “la abundancia de unos remedie la carencia de otros”, y brote la igualdad. Un verdadero milagro que está en nuestras manos realizar para devolver la vida a cuantos carecen de las mínimas condiciones de vida, para hacer de nuevo el milagro del maná por el que Dios impedía que unos acumulasen lo que era necesario para otros: “al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba” (Ex 16,18). Un mundo de iguales, un mundo regido por un Dios que, como dice el libro de la Sabiduría, “no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Dios creó al ser humano para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”…

«Nota crítica»

Una lectura no crítica de la primera lectura evoca espontáneamente el tema del «pecado original» y deja claramente la idea de que la muerte sería consecuencia del pecado original, y que éste habría sido consecuencia de «la envidia del diablo» (Sb 2,24). Es todo un conjunto teológico y simbólico lo que es evocado aquí, como de pasada: el pecado original. Es importante no caer en la facilidad de apoyarse acríticamente en ese supuesto, y hablar de la muerte, con toda naturalidad, como si fuera «fruto del pecado» o -peor aún- como introducida en el mundo por el diablo envidioso… Somos personas de hoy, y los oyentes de las homilías también lo son. Y aunque en alguna comunidad hubiera bastantes personas con una visión mítica atrasada, aun ellas merecen ser tratadas con dignidad, con una pedagogía crítica que les ayude a reconciliar su atrasada visión mítica con una religiosidad apta para los tiempos de hoy.

Todos, los predicadores de las homilías y también los oyentes, tenemos la obligación de reivindicar un discurso «para hoy», que no repita –con frecuencia simplemente por pereza, o por miedo– las manidas afirmaciones míticas, y, más importante aún, que no las repita como si de afirmaciones reales (literalmente «descriptivas» de algo que realmente fuera así o que hubiera sucedido) se tratara. Se puede evocar los símbolos del pasado, pero siempre con la obligación de dejar explícitamente claro que se trata de afirmaciones «simbólicas», que en otro tiempo fueron tomadas como literalmente reales (así fue, y lo ha sido hasta hace bien poco tiempo), pero que hoy sabemos que sólo podemos tomar de ellas su valor simbólico. Es decir, que tienen un valor para nuestra vida espiritual, pero en su sentido literal no son históricas, incluso pueden ser contrarias a la verdad histórica.

En el caso que nos ocupa en concreto -aunque aquí no debamos justificarlo- la verdad original profunda es contraria a lo que tradicionalmente nos ha sido dicho: lo «original», lo que se dio en el principio, no fue un «pecado original», sino una «bendición original». [Matthew Fox es el teólogo que más emblemáticamente ha desarrollado esta afirmación, en su libro «La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI», Ediciones Obelisco, Barcelona – Buenos Aires 2002].

Al evangelio de hoy se refiere el capítulo 44 de la serie «Un tal Jesús», titulado «La vendedora de higos», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/44-la-vendedora-de-higos/

En la serie «Otro Dios es posible», también de los hermanos López Vigil, el capítulo («entrevista») 31 se titula «¿Dios hace milagros?». El audio, el guión y su comentario puede ser escuchado o recogido aquí: https://radialistas.net/31-dios-hace-milagros/

 

¿QUIÉN ES ESTE? ¿QUIÉNES SOMOS NOSOTROS? Domingo 12. Ciclo B. José Luis Sicre

Fe Adulta

El episodio de hoy supone un gran paso adelante en la revelación de Jesús. Al principio, cuando la gente lo oye hablar y actuar en la sinagoga de Cafarnaúm, se pregunta asombrada: «¿Qué es esto?» (Mc 1,27). Más tarde, cuando cura al paralítico, exclama: «Nunca hemos visto nada igual» (Mc 2,12). Ahora, tras manifestar su poder sobre la naturaleza, calmando la tempestad, los discípulos se preguntan: «¿Quién es este?»

El mar como símbolo de las fuerzas caóticas (Job 38,1.8-11)

En el mito mesopotámico de la creación (Enuma elish) el dios Marduk debe luchar contra la diosa Tiamat, que representa el mar, para poder crear el universo. El mar simboliza el peligro, la amenaza a la vida. (En términos modernos, el tsunami que devora y destruye la tierra firme.)

La primera lectura, del libro de Job, recoge este tema, pero despojándolo de sus connotaciones politeístas. El mar no es una diosa, es una fuerza caótica que amenaza con cubrirlo todo. El Señor no le machaca el cráneo ni la descuartiza, como hace Marduk con Tiamat; se limita a encerrarlo con doble puerta, a fijarle un confín en el que «se romperá el orgullo de tus olas».

El peligro del mar (Salmo 107)

El mar no es sólo una amenaza para la tierra firme, lo es también cuando se intenta cruzarlo en una pequeña nave como las antiguas. En el momento más inesperado se oscurece el cielo, estalla la tormenta, la nave sube y baja al ritmo frenético del oleaje. Sólo cabe la posibilidad de encomendarse a Dios. Esta es la experiencia que recoge el fragmento del Salmo 107, al que quizá mucha gente no preste atención, pero esencial para entender el evangelio de hoy.

Jesús, los discípulos y el mar (Marcos 4,35-41)

El pasaje del evangelio podemos dividirlo en cinco partes: 1) introducción: Jesús y los discípulos se embarcan a la otra orilla; 2) la tormenta: reacción opuesta de Jesús, que duerme, y de los discípulos, que lo despiertan asustados; 3) Jesús calma la tormenta; 4) Palabras de Jesús a los discípulos; 5) reacción final de éstos.

Tres de estas partes tienen especial relación con los textos de Job y el Salmo.

La segunda (la tormenta) recuerda la situación de grave peligro descrita en el Salmo. Pero, en este caso, los discípulos no se encomiendan a Dios, acuden a Jesús; no creen que pueda resolver el problema, simplemente les asombra que duerma tan tranquilo mientras están a punto de hundirse.

La tercera, en cambio, recuerda la lectura de Job, no por el tono poético, sino por el poder y la autoridad suprema que Jesús manifiesta sobre el mar, semejante a la de Dios en el Antiguo Testamento.

La quinta, que habla de la reacción de los discípulos, recuerda la reacción de los navegantes en el Salmo, pero con un cambio fundamental: los marineros del salmo se llenan de alegría y dan gracias a Dios, los discípulos sienten gran miedo y se preguntan quién es Jesús. Curiosamente, Marcos no ha dicho que los discípulos tuvieran miedo durante la tormenta, pero ahora sí lo tienen; es el miedo que provoca el contacto con el misterio.

Prescindiendo de la introducción, la parte que queda sin paralelo es la cuarta, las palabras de Jesús a los discípulos, que les interroga sobre su miedo y su fe. La ausencia de paralelo sugiere que estas dos preguntas son esenciales en el relato. De hecho, el pasaje dice al lector dos cosas: 1) el poder de Jesús es semejante al que se atribuye a Dios en el Antiguo Testamento; poder para dominar el mar y poder para salvar. 2) Al escuchar la lectura, el cristiano debe reconocer que sus miedos son muchos y su fe poca. Conocer a Jesús no es saberse de memoria unas fórmulas de antiguos concilios. El evangelio debe sorprendernos día a día y hacer que nos preguntemos quién es Jesús.

Desde antiguo se valoró el aspecto simbólico del relato: la nave de la iglesia, sometida a todo tipo de tormenta, esa salvada por Jesús. Un aspecto que también podemos valorar a nivel individual.

¿Quiénes somos nosotros? (2 Cor 5,14-17)

Este breve fragmento de la carta podemos verlo como un complemento al evangelio de Marcos.

«¿Quién es este?», se preguntan los discípulos, sorprendidos por su poder sobre el viento y el mar. La respuesta de Pablo sobre quién es Jesús no se basa en el poder sino en la debilidad: «el que murió por nosotros». Pero esta aparente debilidad tiene un enorme poder transformador: convierte a los cristianos en criaturas nuevas. Ya no deben vivir para ellos mismos, «sino para quien murió y resucitó por ellos.»

Vivir para Cristo es la mejor síntesis de lo que fue la vida de Pablo después de su conversión. Viajes continuos, peligros de muerte, fundación de comunidades, persecuciones de todo tipo, prisiones, redacción de cartas… todo estaba motivado por el deseo de servir a Cristo y vivir para él. Un buen espejo en el que mirarnos.

José Luis Sicre

Las clarisas de Belorado consuman su cisma y confirman su «unánime e irreversible posición» de abandonar la Iglesia

Religión Digital

En un comunicado firmado por las diez clarisas de Belorado y Orduña “en respuesta a la amenaza”, y “tras haber considerado la ‘mano tendida’ del sr Iceta para comparecer ante un ‘tribunal eclesiástico’ con amenaza de excomunión”, las hermanas citadas a comparecer anuncian que no lo harán, pero confirman, vía burofax, a través de burofax, “nuestra unánime e irreversible posición”

“No tenemos a quienes puedan matar el cuerpo, aun por medio de coacciones imposiciones o bloqueos de suministros, pero nada pueden contra el alma”

La diócesis, por su parte, esperará a que concluya el plazo fijado (para ocho de ellas a medianoche de hoy. Y para otras dos el martes a medianoche) y conversarán con Roma antes de dar cualquier paso definitivo

A las dos de la tarde se cerraban las puertas del Tribunal Eclesiástico sin que las diez monjas de Belorado citadas a declarar apareciesen. Aunque formalmente el plazo concluía a las doce de la noche, a las 14 horas en punto las clarisas anunciaban su intención de no acudir a la cita, y consumar así su cisma, separándose “libre, voluntaria y decididamente” de la Iglesia católica y su “Latrocino Vaticano II”.

En un comunicado firmado por las diez clarisas de Belorado y Orduña “en respuesta a la amenaza”, y “tras haber considerado la ‘mano tendida’ del sr Iceta para comparecer ante un ‘tribunal eclesiástico’ con amenaza de excomunión”, las hermanas citadas a comparecer anuncian que no lo harán, pero confirman, vía burofax, a través de burofax, “nuestra unánime e irreversible posición”. El cisma es un hecho….Leer más (Jesús Bastante)

Día Mundial del Refugiado: cifras récord por la violencia y los conflictos armados

Religión Digital

En Misiones Salesianas hemos trabajado en 13 países y destinado casi dos millones de euros en los últimos cinco años a proyectos con población desplazada y refugiada

Misiones Salesianas es la única organización que vive con las personas refugiadas dentro de los asentamientos

El 20 de junio es el Día Mundial del Refugiado y, desde MISIONES SALESIANAS, pedimos mayor protección y ayuda para atender las necesidades más básicas de las personas desplazadas y compartimos su sueño de que llegue la paz y puedan regresar a sus países

Alrededor de 120 millones de personas en el mundo viven desplazadas de sus hogares. Una población que casi triplica la de España. Los conflictos armados en Gaza, Ucrania o Sudán obligaron a que millones de personas abandonaran sus hogares para salvar su vida. Igual que los estallidos de violencia en República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Haití o Níger. Tan sólo el conflicto de Sudán deja más de diez millones de personas desplazadas.

«Es como si casi toda la población española decidiera abandonar el país y se quedara vacío»

La violencia y los conflictos armados, hoy por hoy, son la causa de estas cifras históricas de personas desplazadas de manera forzosa. Más de 43,4 millones de personas, además, son refugiadas al tenerse que desplazar fuera de su país. “Es como si casi toda la población española decidiera abandonar el país y se quedara vacío”, explica Luis Manuel Moral, director de MISIONES SALESIANAS…Leer más (misiones salesianas)

Ángel Santamaría, párroco de Belorado: “Aquí, nadie defiende a las monjas, principalmente por los compañeros de viaje que han elegido”

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“La mayoría de las personas de Belorado y pueblos de alrededor están perplejos.  No sé esperaban algo así. En ningún momento dieron pistas de lo que hicieron”

«No sé explican cómo unas monjas jóvenes y universitarias han podido caer en esas manos”, dice el sacerdote

“Al principio creía que era lo económico, que estaban agobiadas y que habían creído a estos tipos. Pero hacerse monja de clausura, dejarlo todo… y abandonar la Iglesia por dinero tampoco me cuadra”

«La gente siente que ya no hay vuelta atrás y que, pase lo que pase, es muy probable que Belorado pierda un monasterio que lleva aquí siglos”.

“Fui el primer sorprendido de la decisión de las monjas”. Y eso que Ángel Santamaría Saiz seguramente es una de las personas que mejor las conoce por dos razones: por ser párroco de Belorado, el lugar donde está enclavado el monasterio de las clarisas, y, además, capellán de las ahora religiosas cismáticas.

Y por eso está tan dolido y, siendo jovial pero discreto por naturaleza, se resiste a salir en los ‘papeles’: «Pon una foto de la parroquia». Lo suyo es ser un cura de pueblo, que vive al lado de su gente “las luchas, las alegrías y las penas», como dice la oración a Jesús Obrero de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), el movimiento del que es consiliario…Leer más (José Manuel Vidal)

Las monjas de Belorado piden prórroga al comisario pontificio que les concede cinco días

El arzobispo de Burgos le contestó afirmativamente el pasado sábado, tendiendo a las monjas de nuevo la mano, para lograr un acuerdo y que regresen al seno de la Iglesia o, al menos, para dialogar

Las monjas tienen dos alternativas: o abjurar de la decisión cismática que tomaron hace más de un mes o ratificarse en ella

Si las tres lideresas de las clarisas se empecinan en su decisión y así lo ratifican ante el delegado del comisario pontificio, se activaría los decretos de excomunión. Decretos que son personalizados, nunca en bloque

Pero la Iglesia no tiene prisa y las excomuniones no caerán como una guillotina sobre las 10 monjas encausadas. Quieren hacerlo con caridad, discreción y elegancia

Las tres cabecillas de la rebelión de Belorado pidieron, el pasado viernes, una prórroga al comisario pontificio, Mario Iceta. El arzobispo de Burgos le contestó afirmativamente el pasado sábado, concediéndoles cinco días y tendiendo a las monjas de nuevo la mano, para lograr un acuerdo y que regresen al seno de la Iglesia o, al menos, para dialogar.

Sor Isabel, la ex abadesa, Sor Sión y Sor Paz tenían de plaza hasta el día 16, para presentarse ante el delegado del comisario pontificio, el vicario judicial de la diócesis. Antes de que finalizase el plazo se dirigieron por vez primera a la archidiócesis y solicitaron una prórroga. ¿Para preparar su defensa y poner en marcha una nueva maniobra dilatoria o para manifestar públicamente su primer signo de acercamiento a la casa de donde parece que quieren salir?…Leer más (José Manuel Vidal)

DOMINGO   12º   (B) Fray Marcos

(Job 38,1-11) “¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso?

(2 Cor 5,14-17) El que vive con Xto es una criatura nueva; lo viejo ha pasado.

(Mc 4 35-40) «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

 Si no confió en medio de la tormenta, no confío en absoluto.  Si confío en lo que ya se me hadado no confío.

Leemos hoy el final del c. 4. Podemos tener la sensación de tomar un tres en marcha sin saber de donde viene ni a donde va. Después de enseñar en Cafarnaúm, dejando clara la reacción de los jefes religiosos, narra Marcos varias parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada. Los milagros, llamados de naturaleza, son los que menos visos tienen de responder a hechos efectivamente reales. Son todo simbolismo.

La Biblia utiliza varias palabras para expresar lo que hoy llamamos milagro. El concepto de milagro que tenemos hoy (hecho en contra de la naturaleza) es reciente. No tiene sentido preguntarnos si los evangelios nos hablan de milagros con este significado. Lo que nos importa es descubrir el sentido de esa manera de hablar. El milagro era un modo de expresarse normal, comprensible para todos los que vivían en aquel tiempo.

En tiempo de Jesús nadie se cuestionaba la posibilidad de milagros. Plantearnos este tema es anacrónico. Recordemos la conocida frase de Evely «Nuestros mayores creían gracias a los milagros; nosotros creemos a pesar de ellos». Rousseau:  Quitad del evangelio los milagros, y toda la tierra quedará a los pies de Jesucristo». Los milagros del Nuevo Testamento se han acabado como tales milagors. Debermos verlos con otra perspectiva. Decía Voltaire: milagro es la violación de las leyes matemáticas, divinas, inmutables, eternas. Por esta sola razón, un milagro es una contradicción in terminis«.

Jesús pide a los discípulos que vayan a la otra orilla. Está haciendo referencia al paso del mar Rojo. Aquel paso los llevó a la tierra prometida. La otra orilla de mar de Galilea era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad, más allá del ámbito judío, que se opone a la apertura. La primera “tormenta” que se desató en el seno de la comunidad cristiana fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

La tempestad, está haciendo referencia a Jonás (fue increpado por el capitán por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo). El mar es en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. De ahí podemos sacar la enseñanza simbólica. El mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido, sino a través de la lucha contra las fuerzas del mal.

Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía… Hay que tener en cuenta que se llamaba también “cabezal” a la especie de almohada, donde se colocaba la cabeza de un muerto. Están haciendo clara referencia a una situación pos pascual. La primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos, pero de una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean, tienen que seguir confiando en su presencia.

¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le dirigen indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda salvarlos, dudan de que esté interesado en hacerlo, lo cual es el colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Es lo que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la acción externa para encontrar seguridad.

Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos. Además, en singular, como queriendo personalizar al viento. Recordad que la palabra “ruah” (viento) es la misma que significa espíritu. Viento que perjudica, equivale a mal espíritu. El “poder” de Jesús se dirige contra la fuerza del mal, no contra los elementos, que, aunque pueden ser hostiles, nunca son malos. Hoy sabemos que después de toda tormenta viene la calma con total normalidad.

¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas, sino constataciones de una evidencia. Ni confiaban en sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la reflexión. Confiar en un Dios que está fuera y actuará desde allí, nos ha llevado siempre al callejón sin salida del infantilismo religioso. Una vez más queda manifiesto que la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas, sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no confiar ni en Dios ni en él ni en ellos.

¿Quién es este? El miedo y la pregunta final, deja claro que no habían entendido quién era Jesús. El relato no tiene en cuenta, que Marcos ya había adelantado varios títulos divinos aplicados a Jesús desde la primera línea de su evangelio: “Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Queda demostrado que no vale una respuesta intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni demostrarlo. El descubri­miento tiene que ser experiencia personal de lo que Jesús es en nosotros.

A todos nosotros nos invita hoy el evangelio a cruzar a la otra orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las comodidades y las seguridades que ambicionamos. Sin embargo, nuestra meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el paso. No terminamos de creer que Él va en nuestra propia barca.

El mensaje de Jesús es que debemos confiar, aunque nos parezca que Dios no se preocupa de nosotros. El enemigo del hombre no es la naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza es siempre buena. Dios no tiene que rectificar su obra para que los hombres confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus discípulos si accediera a entrar en la dinámica de un Dios, que pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un Dios que se identifica con ellos también en las circunstancias adversas.

Job plantea una cuestión muy seria, pero la solución que da no es la adecuada. Dios tiene que devolver a Job lo que supuestamente le había quitado para que su fidelidad sea creíble. El Dios en quien Jesús confió fue el Dios escondido, en quien hay que confiar aunque veamos que no actúa. Dios está siempre dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado a medida.

No son las acciones espectaculares de Dios, las que nos tienen que llevar a confiar en Él. El maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que podemos sacar leche y queso. Pero también decía: utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando lo encontramos, la tiramos. La idea de un Dios que pone su poder a mi servicio, es nefasta. No se trata de confiar en otro, si no de confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Solo si siento a Dios en mí, me sentiré seguro.

Urteko 12. igandea – B –  José A. Pagola

(Marcos 4,35-40)

SINESTEKO BELDUR-MIEDO A CREER

Gizon-emakumeok nahiago izaten dugu ia beti erraza dena, eta bizitza guztia egiten dugu benetako arrisku eta sakrifizio denari nola iskin egingo. Atzera egin eta pasibotasunean hesitzen gara, hein batean lasai bizitzeak berekin dituen eskakizunak eta borrokak ikusten ditugunean.

Beldurra ematen digu geure bizitza aintzat hartzeak, nork bere bizitza erabateko erantzukizunez hartuz. Gauza errazagoa da «tinko kokatzea» eta «nola hala bizitzea», ausartu gabe geure eguneroko bizitzaren azken zentzuari aurre egiten.

Zenbat gizon eta emakume bizi den, jakin gabe nola, zergatik eta norantz begira bizi den. Hor daude. Aurrera doa bizitza, baina, oraingoz, inork ere ez ditzala gogaitu, nekarazi. Harturik daude, beren lanak harturik, ilunsentian telebistako programa zain dute, hurbil dira oporrak. Zer gehiago behar dute?

Aldi zailak bizi ditugu, eta ahal bezala babestu beharra izaten dugu. Orduan, bakoitza bila hasten da, ahalegin handiago edo txikiagoaz, gehiena komeni zaion lasaigarriaren bila; bitartean, gure barnean irekiz doa hutsune bat, gero eta handiagoa, zentzurik ezarena eta koldarkeriarena, geure bizitza bere hondo-sakontasun osoan bizitzea eragozten diguna.

Horregatik, geure burua errazegi fededun deitzen dugunok egiati entzun beharko genituzke Jesusen hitz hauek: «Zergatik zarete hain koldar? Oraino federik ez duzue?». Agian, fedearen aurkako gure bekaturik handiena, ebanjelioa onartzeko gehienik blokeatzen gaituena, koldarkeria da. Esan dezagun egiati. Ez gara ausartzen serioski aintzat hartzen ebanjelioak esan nahi duen guztia. Beldurra ematen digu Jesusen deia entzuteak.

Sarritan ezkutuko koldarkeria izan ohi da, inkontzientea. Norbaitek «heresia mozorrotua» aipatu izan du (Maurice Bellet); kristautasuna defenditzen dutenena, baita era oldarkoian ere, baina sekula irekitzen ez direlarik ebanjelioaren eskakizun oinarrizkoenetara.

Orduan, kristautasunak arriskua izaten du lasaigarri bat gehiago bihurtzeko. Sinetsi beharreko diren gauzen piloa, bete eta defendatu beharreko diren gauzen multzoa. Gauzak, «beren mailan harturik», on egiten eta bizitzen laguntzen dutenak.

Baina, horrela dena faltsuturik gera daiteke. Nor bere «erlijio lasaigarri propioa eginez bizi daiteke, ez oso urruna paganismo arruntetik, konfortaz, diruaz eta sexuaz elikatzen dena, mila modutan ekidinez «arrisku goren-gorena», hau da, topo egitekoa Jesusen Jainko biziarekin, zuzentasunera, haurridetasunera, pobreen hurbileko izatera dei egiten digunean.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

12 Tiempo ordinario – B–

(Marcos 4,35-40)

MIEDO A CREER

Los hombres preferimos casi siempre lo fácil y nos pasamos la vida tratando de eludir aquello que exige verdadero riesgo y sacrificio. Retrocedemos o nos encerramos en la pasividad cuando descubrimos las exigencias y luchas que lleva consigo vivir con cierta hondura.

Nos da miedo tomar en serio nuestra vida asumiendo la propia existencia con responsabilidad total. Es más fácil «instalarse» y «seguir tirando», sin atrevernos a afrontar el sentido último de nuestro vivir diario.

Cuántos hombres y mujeres viven sin saber cómo, por qué ni hacia dónde. Están ahí. La vida sigue, pero, de momento, que nadie los moleste. Están ocupados por su trabajo, al atardecer les espera su programa de televisión, las vacaciones están ya próximas. ¿Qué más hay que buscar?

Vivimos tiempos difíciles, y de alguna manera hay que defenderse. Y entonces cada uno se va buscando, con mayor o menor esfuerzo, el tranquilizante que más le conviene, aunque dentro de nosotros se vaya abriendo un vacío cada vez más inmenso de falta de sentido y de cobardía para vivir nuestra existencia en toda su hondura.

Por eso, los que fácilmente nos llamamos creyentes deberíamos escuchar con sinceridad las palabras de Jesús: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Quizá nuestro mayor pecado contra la fe, lo que más gravemente bloquea nuestra acogida del evangelio, sea la cobardía. Digámoslo con sinceridad. No nos atrevemos a tomar en serio todo lo que el evangelio significa. Nos da miedo escuchar las llamadas de Jesús.

Con frecuencia se trata de una cobardía oculta, casi inconsciente. Alguien ha hablado de la «herejía disfrazada» (Maurice Bellet) de quienes defienden el cristianismo incluso con agresividad, pero no se abren nunca a las exigencias más fundamentales del evangelio.

Entonces el cristianismo corre el riesgo de convertirse en un tranquilizante más. Un conglomerado de cosas que hay que creer, cosas que hay que practicar y defender. Cosas que, «tomadas en su medida», hacen bien y ayudan a vivir.

Pero entonces todo puede quedar falseado. Uno puede estar viviendo su «propia religión tranquilizante», no muy alejada del paganismo vulgar, que se alimenta de confort, dinero y sexo, evitando de mil maneras el «peligro supremo» de encontrarnos con el Dios vivo de Jesús, que nos llama a la justicia, la fraternidad y la cercanía a los pobres.

José Antonio Pagola