La Iglesia italiana comenzará a pagar el impuesto sobre sus inmuebles

La Iglesia italiana, a diferencia de la española, comenzará a pagar las tasas sobre sus inmuebles, según un acuerdo anunciado por el Gobierno de Mario Monti. El ICI, equivalente a nuestro Impuesto de Bienes Inmuebles, gravará los edificios de la iglesia que se dediquen a cualquier tipo de actividad que no sea la estrictamente religiosa. Quedan exentos, por tanto, los templos dedicados exclusivamente al culto.

La Santa Sede admite que la crisis financiera afecta a las finanzas vaticanas

La Secretaría de Estado del Vaticano ha informado de que el sistema económico del Vaticano «no se escapa» de la crisis general, por la que muestra «preocupación», en un comunicado publicado tras la reunión del Consejo de Cardenales para el Estudio de los Problemas Organizativos y Económicos de la Santa Sede, que se ha celebrado los pasados 14 y 15 de febrero y que ha sido presidida por el secretario de Estado, cardenal Bertone.

JESÚS, UN SENCILLO TRABAJADOR

Entrevista a José María Castillo

Matías Vallés
FE ADULTA

José María Castillo (Puebla de Don Fadrique, Granada, 1928) fue expulsado de la cátedra de Teología de la universidad de Granada por el entonces cardenal Ratzinger, «y todavía espero una explicación». El teólogo abandonó la Compañía de Jesús tras medio siglo largo como jesuita.

–¿Grabará Dios esta entrevista?

–No. Dios no es una representación que hacemos a nuestra imagen y semejanza, es una realidad que no conocemos ni podemos conocer. Está fuera de nuestro alcance porque es trascendente. Leer más

7º DOMINGO T.O., 19 de Febrero, Mc. 2, 1-12

DIOS, EL QUE ME CURA DE MIS PECADOS
José Enrique de Galarreta
FE ADULTA
El relato es brillante, espectacular, perfectamente ambientado en las costumbres. Marcadamente igual en los tres sinópticos, recoge sin duda un suceso famoso, que produjo notable impacto.
Destaca la relación establecida por Jesús: la gran fe que muestran los portadores del enfermo es recompensada. Pero Jesús desborda las expectativas, no se limita a ofrecer la curación, sino que llega a ofrecer mucho más, la curación de un mal más profundo, el pecado. Una vez más, el pecado se presenta como enfermedad, como la peor enfermedad, y Jesús trae la curación de parte de Dios.
Esta oferta es escandalosa. Los letrados ven muy bien el significado profundo de la oferta de Jesús. Un curandero y un mago pueden ofrecer la curación de una enfermedad. La curación del pecado es cosa de solo Dios. Así pues, ¿quién es éste hombre? o, mejor ¿quién se ha creído que es? «Siendo hombre, te arrogas poderes divinos».
Jesús lo estaba esperando, se diría que lo ha provocado. Y acepta el reto. Como siempre, no se defiende sino que contraataca. ¿Qué es más fácil, curar la enfermedad o perdonar los pecados?
Para los escribas, para cualquiera es más fácil decir «perdonados están tus pecados», porque esto no es más que una frase, sin comprobación posible. Pero Jesús sabe que curar la enfermedad es más fácil que curar el pecado. Curar la enfermedad es arreglar una máquina descompuesta. Curar el pecado es volver al ser humano hacia Dios.
Es mucho más fácil querer salir de la enfermedad que querer salir de los propios pecados, porque la enfermedad nos molesta mientras que los pecados nos gustan. Es la vieja teología del pecado que expone el Libro del Génesis: Eva no peca por maldad contra Dios sino porque la fruta es apetitosa. Librar al ser humano de la fascinación del pecado, eso sí que es un milagro.
Y cuando el paralítico sale con su camilla a cuestas, todo el mundo reconoce que jamás se ha visto nada parecido. Ellos hablan de la curación espectacular del paralítico, nosotros lo entendemos mejor, es decir, que un ser humano se atreva a liberar a los otros seres humanos de la fascinación del pecado. (La gente glorificó a Dios que da tal poder a los hombres -así lo cuenta Mateo-).
Pero para eso está Jesús, para quitar el pecado del mundo. Se anuncia por tanto el centro de la misión de Jesús. Todavía es pronto para que entiendan que Dios ni siquiera perdona, sino que busca al hijo extraviado y se vuelve loco de alegría cuando un hijo apartado se vuelve a Él. Todavía lo expresan con el término raquítico de «perdón», pero ya se ha explicado por qué Jesús es Buena Noticia: porque nos va a librar de nuestros pecados.
R E F L E X I Ó N
«Nunca hemos visto nada igual»: sin entenderlo aún, estaban diciendo: «nunca hemos visto hasta ahora el rostro de Dios». Y estamos en la esencia de la Buena Noticia.
Hay una progresión en la comprensión de Dios, y se muestra bien en estos -y otros muchos- textos. Lo aplicaremos, brevemente, a tres temas:
· el milagro
· Dios
· el perdón.
La antigua interpretación del milagro fue simplemente la avasalladora presencia del poder de Dios en favor de Israel (y en contra de sus enemigos). El más espectacular, y también el más deformado por la interpretación religiosa, es sin duda el relato de la salida de Egipto: las plagas y el paso del mar: ni Faraón ni el mismo mar se pueden oponer al poder de Dios que protege a Israel (y mata a sus enemigos, aunque sean inocentes).
Más tarde, el milagro es la demostración de que alguien es verdadero profeta, porque en él actúa el poder de Dios. Así, los maravillosos milagros de Eliseo.
Estas dos interpretaciones aparecen en los evangelios aplicadas a Jesús: así entendieron muchos en Israel los milagros de Jesús: presencia del poder de Dios.
Pero la esencia de los milagros de Jesús va más allá: muestran cómo es Dios. A Dios le conocemos en Jesús; y en Jesús que cura entendemos que Dios es, «esencialmente» (para nosotros) el que cura.
Así accedemos al progresivo conocimiento de Dios. Tras superar la etapa primitiva del dios como presencia circunstancial de poder en lugares concretos, Israel entiende a Dios como Señor Todopoderoso, majestuoso, legislador, justo, retribuidor, inclinado al perdón. Es imagen que tiene más de razón humana que de Palabra revelada, y se deriva entera del concepto de Amo. Y es, evidentemente, correcta, pero no suficiente.
Israel entiende después que Dios es su Libertador, el que trabaja por la libertad, física y espiritual del pueblo (la Patria y la Ley), el que mora en medio de su pueblo, y lo formula con la Alianza y la Promesa. Es el Dios del Éxodo y el Dios de toda la historia ‘deuteronomista’.
Ese dios puede quedar encerrado en el protagonismo religioso del «Pueblo elegido» y, aún más peligroso, en el templo. La respuesta a ese Dios puede quedar encerrada en el cumplimiento escrupuloso de la ley y del culto «para ser justo e irreprochable a los ojos de Dios».
En Jesús, la Palabra queda limpia de todo proceso racional: no deducimos cómo es Dios, sino que contemplamos su rostro: eso es Jesús. «A Dios nadie le ha visto jamás, pero el Hijo nos lo ha dado a conocer».
Me gusta entender este pasaje pensando que «el Hijo» se refiere simplemente a Jesús, no específicamente a la segunda persona de la Trinidad. En el hombre Jesús, el Hijo, conocemos a su Padre, Dios. En Jesús que no da abasto a curar, conocemos al Padre, que es, esencialmente (para nosotros), Médico. Nadie ha podido inventar este Rostro de Dios. Esto es pura Palabra.
De esta forma se culmina también la progresión de nuestro conocimiento del pecado. Primero fue «impureza», algo que se contrae casi por el mero hecho de vivir, y algo que aparta de Dios, impide acceder a su presencia; «impuro» es lo enteramente contrario a «santo».
Por eso Dios es el «completamente Otro», el «tres veces santo», y su presencia está velada, y se necesitan intermediarios, expiaciones, sacrificios…
Más tarde, el pecado fue «culpa», desobediencia, rebelión. El ser humano es capaz de plantar cara ante Dios, creerse libre y desobedecer impíamente, como un adolescente altanero. La salida del pecado se basa entonces en la paciencia de Dios, más inclinado al perdón que a la cólera; el perdón se obtiene por el arrepentimiento, por la penitencia, que logran «ablandar» al Señor y evitan el justo castigo.
Jesús que cura como respuesta a la fe y proclama el perdón gratuito revela otra dimensión en la relación de los humanos con Dios. El Señor sabe muy bien de qué barro estamos hechos, y sigue trabajando en este barro, sigue insuflando en este barro su espíritu. La teología del perdón más avanzada del AT., la más cercana a la de Jesús, es la del capítulo 2-3 del Génesis.
El hombre es barro con espíritu de Dios, las dos cosas -contradictorias- a la vez. El pecado se produce por la fascinación de lo aparentemente bueno, y es ante todo un grave error, creerse más listo que Dios y llamar bueno a lo que nos apetece, ignorando la Palabra. Y eso nos puede destruir. Pero el Génesis termina ahí. Cómo se arregla eso, el Génesis no lo sabe, y recurre al tópico de Dios enojado y a la expulsión.
Jesús sí sabe lo que hace Dios: y hace lo mismo, curar, a cambio de la fe. Fiarse de Dios para ser curado. Fiarse de que Dios es sobre todo médico, aceptar la Palabra: ése es el camino de la salud.
Y así se culmina en Jesús el concepto primero de toda la Biblia: Dios es el Creador. No porque en el principio del tiempo actuó para lanzar el universo, sino porque constantemente, permanentemente, trabaja contra la destrucción, contra la tendencia de la materia al caos, contra la tendencia de la libertad ciega al error suicida: Dios es el que constantemente crea orden, crea vida.
Creador y Salvador es lo mismo: la historia de la creación es la historia de la salvación. La historia de la Creación no se entiende sin conocer el Corazón de Dios: es una historia de amor.
Y así, el perdón queda atrás: de una relación jurídica entre dos seres independientes pasa a ser «aceptar mi condición de ser creado, constantemente creado por el amor de Dios». Dios es el amor creador, nosotros somos los que vivimos si aceptamos ser creados por el amor de Dios.
Hemos invertido el sentido de la relación Dios-hombre respecto al pecado: pensamos que Dios nos perdonará si acudimos a él arrepentidos, si hacemos penitencia. Pero Jesús muestra que es al revés: Dios ofrece su amistad, su cariño, su ayuda, previamente, porque Dios es amor, porque es mi madre. Lo nuestro no es impetrar, conseguir, sino responder. Dios conoce de antemano nuestras debilidades, nuestras oscuridades, y se ofrece para fortalecer y para iluminar.
Y será este Dios el que sea rechazado por los santos y los puros de Israel, como un paradigma del rechazo posterior, crónico y significativo, del Dios de Jesús y, expresamente, de la definición que da Jesús del pecado y de la relación de Dios con nosotros, los pecadores.
Nosotros, la iglesia entera, hemos preferido la vieja postura: Dios perdona si hay arrepentimiento. Es una posición mucho más jurídica, mucho más controlable, mucho más administrable por los ministros de ese dios-juez. Pero debemos considerar, con gozo, la palabra de Jesús: Dios es el que me invita a la salud, a la claridad, a la plenitud. Lo nuestro es responder.
José Enrique Galarreta

La transformación es la clave (Ni nueva, ni vieja, solo evangelización auténtica para el tiempo presente)

Jairo del Agua
Atrio

Este artículo ha sido publicado originalmente en el Blog de Jairo del Agua, uno de los blogs de Religión Digital. Pero lo hemos descubierto y estimado porque nos lo ha remitido desde Perú Franz Wieser, fino analista de temas eclesiales, con esta nota: “Algo está fallando en nuestra Iglesia. En Europa y EE.UU. faltan sacerdotes y el promedio de los activos han pasado los 6o. Se cierran seminarios y donde los domingos pasa un ministro de una a otra, escasea la juventud. Muchos llenan su vacío espiritual con religiones orientales. Qué pasa. El artículo adjunto puede ser la respuesta”. Efectivamente el artículo de Jairo, que evita siempre ataques frontales a los responsables, es sumamente
crítico con quienes hoy dirigen la  Iglesia hacia el gueto, atrincherándose en falso sobrenaturalismo
.

La transformación es la clave (Ni nueva, ni vieja, solo evangelización auténtica para el tiempo presente)

Ahora resulta que todos presumen como locos de “nueva evangelización”, incluso los que siguen atrincherados en Trento. El caso es figurar en la cresta de Roma, aunque sea con los viejos cacharros o la principesca apariencia medieval. Algunos grupos católicos son verdaderos expertos en apropiarse no solo del Evangelio, sino de la Iglesia, del Papa y de la mismísima Divinidad. ¡Mal comienzo!

Este predicador de secano -sin agrupar y libre como la luz- intuye que la “nueva evangelización” consiste en volver sinceramente al Evangelio. Lo que no significa vivir como “in illo témpore”, sino caminar entre la AUTENTICIDAD
y la ACTUALIDAD
, sin hacernos trampas en el solitario, ni romper la baraja, ni marcar las cartas. Y me parece que lo más auténtico, esencial y actual del Evangelio es la vida humana: “He venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10). Permitidme meter las manos en harina durante unos minutos, aunque me salga un pan como unas tortas. Leer más

“Dios mío ¿Dónde estás? No me oyes para remedio de tus pobres” [Homenaje a Gustavo Gutiérrez]

José I. González Faus, teólogo
Cristianismo y justicia

Sin muchos preámbulos quisiera, en este homenaje, señalar cuatro rasgos que pueden resumir la aportación teológica de Gustavo Gutiérrez.

1.- No hay salvación sin trabajo por la liberación.

El primer rasgo es haber planteado desde el principio el problema de las relaciones entre liberación histórica y salvación ultrahistórica.

Un cristianismo desfigurado había reducido la fe a una esperanza en el más allá, donde el más-acá de nuestra historia sólo servía para merecer o comprar el billete de ese más allá. Semejante cristianismo chocaba con la pregunta central
de Gustavo: “¿cómo hablar de un Dios Padre a aquél que ni siquiera es hombre?”, volviendo casi imposible la evangelización de los pobres que es distintivo de la misión de Jesús (Mt 11,5; Lc 4,18).

Y además, desfiguraba y desvalorizaba la  Resurrección de Jesús cuya enseñanza es que la salvación escatológica ha de ir gestándose y anticipándose ya en esta historia. De este tema que Gustavo planteó ya en su primera Teología de la liberación, brotó después el lema tan extendido en una América Latina asolada por la injusticia:
“sin in-surrección no ha re-surrección”. Leer más

MARIPOSAS

Rosa Montero

El País

Ya saben que, según la teoría del caos, el aleteo de una mariposa en Pekín puede llegar a producir un huracán al otro lado del mundo. De igual modo, la crisis económica puede generar una carambola de consecuencias fatales. Y así, en un hospital español está ingresada una joven marroquí, sola, analfabeta y con una vida muy dura, que ahora además padece una enfermedad gravísima. Su única posibilidad es un trasplante de médula; tras meses de peripecias, los médicos consiguieron analizar a un hermano adolescente que vive en un pueblecito del Magreb y descubrieron que era compatible como donante. Mil gestiones más tarde se logró que pudiera venir en avión desde una ciudad marroquí. Tenía que llegar a España el 30 de enero, pero su vuelo no salió porque dos horas antes cerró Spanair. Y allí quedó tirado el muchacho, sin dinero, sin otra opción de viaje, porque Spanair era la única compañía aérea de la ciudad, y sin más expectativas que el frenético esfuerzo de los médicos para intentar traerlo a tiempo (al parecer hay ciertas esperanzas). Siempre terminan pagando los más débiles y la desgracia rebota hasta muy lejos

Pero quizá podamos rebotar otras cosas. Veo en Madrid las colas ante los puntos de reparto de alimentos y recuerdo que, tras las pasadas elecciones, el dueño de un caro restaurante madrileño me contó que los políticos salientes se estaban dando un sinfín de comilonas de despedida a cargo del Estado.

No quiero ser demagógica: solo pretendo señalar, una vez más, la falta de respeto a la cosa pública que padecemos los españoles, la precariedad de nuestra conciencia civil y colectiva. Si fuéramos capaces de ser corresponsables y austeros de verdad, tal vez pudiéramos generar un aleteo que acabara por sacarnos volando del agujero.

“Sólo un Dios nos puede salvar”

Leonardo Boff, teólogo

Redes Cristianas

Esta frase no viene de ningún papa, es de Martin Heidegger (1889-1976), uno de los más profundos filósofos alemanes del siglo XX, en una entrevista concedida al semanario Der Spiegel el 23 de septiembre de 1966, pero solamente publicada el 31 de mayo de 1976, una semana después de su muerte. Heidegger siempre fue un atento observador de los destinos amenazadores de nuestra civilización tecnológica. Leer más

Lo humano y lo divino

Lo humano y lo divino

José Mª Castillo
Atrio

Una de las equivocaciones más torpes, que ha cometido la teología cristiana, ha sido presentar la relación del ser humano con Dios de tal manera que, para que esa relación sea correcta, al ser humano no le basta ser plenamente humano, sino que, además de eso, necesita divinizarse. Es decir, al hombre no le basta la “condición humana”, sino que, además de eso, necesita también la “condición divina”. Por eso y para eso, el ser humano necesita eso que los entendidos en los asuntos de la religión cristiana llaman la “gracia santificante”.

Se discute en qué consiste esta “gracia santificante”. En cualquier caso, y se entienda como se entienda, los teólogos insisten en que, mediante la gracia divina, es como se obtiene su propia divinización.

Es verdad que, para los teólogos antiguos y medievales, “divinizar” al hombre no es lo contrario de “humanizarlo”, sino hacer que alcance su plenitud y su destino definitivo. Pero también es cierto que, al explicar este complicado asunto, los teólogos daban a entender, que si el hombre no alcanza se propia “divinización”, por eso mismo queda frustrado en su ser. Leer más

¿Por qué no estalla este país con 5.273.600 parados?

RG Almazán

Kabila

Esa es una pregunta que se hacen en otros países. Parece incomprensible que con esa cantidad de parados –casi el 23%—haya una calma chicha como si hubiera pleno empleo. Sólo preocupación, pero ninguna acción.

Unos datos que como dice Cayo Lara, chorrean sangre. Y sin embargo no movilizan a casi nadie.

Que hay mucho parados, muchas familias que están sufriendo esta plaga no me cabe la menor duda, que gran parte de la clase media ha pasado a ser clase baja y que de ésta muchos han pasado a la indigencia, tampoco. Y ¿cómo se aguanta tanto, sin hacer una revolución?

Las razones son varias, a mi modo de ver:

Nos han ido inoculando en vena la complacencia ante situaciones más desfavorables, de tal forma que nos preparan para tiempos peores sin que nos demos cuenta. El miedo a empeorar más, es una de las causas. Ahí juegan un papel fundamental, los políticos, economistas e intelectuales que pertenecen al neoliberalismo y que están empeñados en que este país convierta a los trabajadores en esclavos.

Otra es la complacencia, el pasotismo, la aceptación de la situación como algo inevitable y que al no tener solución, no vale la pena luchar por cambiarla. Totalmente falso. Leer más