Is 55, 1-11
Sal: Is 12, 2-3. 4b-6
1Jn 5, 1-9
Mc 1, 7-11
COSAS SUELTAS EN TORNO AL BAUTISMO
El bautismo cristiano no es el bautismo de Juan en el desierto. En el libro de los Hch aparecen en Éfeso unos bautizados que no saben nada del Espíritu Santo ni lo han recibido. Son seguidores del Bautista (Hch 19, 2-4). Nuestros bautismos durante siglos han insistido mucho en la limpieza del pecado y poquísimo en el hecho de recibir el Espíritu Santo. Siguen muy de cerca el bautismo de Juan y no se atreven a acercarse al misterio cristiano. La ausencia de este Espíritu creador ha sido escandalosa en la teología occidental y, sin él, los sacramentos se convierten en milagrería inexplicable. Primero que nada, volvamos al Espíritu.
Parece que desde muy pronto se admitió a infantes al bautismo. Se partía de otra visión de la familia y de los derechos de sus miembros, que incluían de la manera más natural el derecho de los padres a incorporarlos a una determinada religión. Así era, en ocasiones, por familias. La práctica habitual exigía una larga preparación para los adultos. Los tiempos más boyantes de la catequesis de adultos (catecúmenos, mejor) fueron los siglos IV y V, como se descubre por textos numerosos de los santos padres. Se ha exigido mucho más a los cristianos de países de misión que a los de países oficialmente cristianizados. Uno de los libros mejor construidos de la reforma litúrgica conciliar es el llamado “Ritual de la iniciación cristiana de adultos” (RICA). Está lleno de ritos litúrgicos y de catequesis y oraciones muy aprovechables hoy para cualquier preparación bautismal.