Primeras impresiones – CARTA DE DIOS A NOSOTR@S

Primeras impresiones
Carta de Dios a  nosotr@s

Querida  zuriñe. Y querid@s tod@s

Soy Dios. He recibido tu carta con ocasión de mi llegada a la tierra. Yo también te quiero comunicar mis primeras impresiones de recién llegado. Ya me había dicho mi Pa­dre la “locura de amor” que este viaje suponía. Y, querido hombre y mujer, te voy a decir una cosas; estar entre vosotros sólo es posible si se os quiere. Estoy con vosotros porque os quiero. Así de sencillo. Mi primer actuación ha sido, como me decías, salir a los lugares donde está la gente. Mira, ni se han enterado que andaba yo por allí. Las personas no me reconocen. Me confunden. Soy Dios con ellos y ni se enteran. Claro, por ahora no me doy a conocer. Esto de que sea Dios y hom­bre a la vez a algunos les va a parecer un poco extraño. Pues soy así.  Como os decía, os voy a contar mis primeras impresiones.

Lo primero de todo ha sido algo así como decirme: “El hombre es duro”. Os veo tremendamente dur@s. Os estáis haciendo de piedra, insensibles a muchas cosas, insensi­bles a los demás. He visto pasar a los hombres indiferente­mente ante los problemas de los otros. ¿Qué os ha podido pasar? Conste que al principio, cuando mi Pa­dre y yo decidimos crear al hombre y a la mujer, no os hicimos así de duros. Ante este panorama que he observado, presiento que mi estancia con vosotros será difícil. Me he pasado un rato muy agradable en el parque viendo a los niños, sobre todo cuando corrían detrás de una palo­ma para cogerla. Es divertidísimo ver jugar a los niñ@s. También he sentido veneración ante un grupo de ancianos que estaba charlando. Les escuché un rato y me dio la impresión de que los pobres lo pasan mal. Tienen poco sitio y se sienten desplazados porque no valen para nada. Esto me ha causado pena. Os habéis vuelto inhumanos. Apreciáis sólo lo que vale para algo… ¿Acaso no vale na­da una mirada cansada de mirar a los hombres, un cuerpo agotado de trabajar por el bien de los suyos? Otra dura impresión me ha venido mirando a la cara de los hombres y mujeres que, de madrugada, salen de sus casas a buscar el pan. Van tristes. No van a una fiesta, no. Me llamaron la atención esos que vosotros llamáis “parados”. Conste que no lo entiendo. El mundo es grande; la tierra es fértil. En los planes de mi Padre las cosas están hechas de manera que todos podáis vivir normalmente. Más cosas han entristecido mi corazón de Dios al visitar la tierra; así por ejemplo, los hospitales que tenéis… ¡Sufrís mucho los hombres! El dolor me ha llegado dentro. El sitio del dolor quiero que sea también mi sitio. Con los únicos que he hablado ha sido con un grupo de jóvenes a quienes pregunté el camino de vuelta a casa, porque se me hacía tarde… Me dieron la sensación de in­satisfacción y de hastío de todo. Parece que no les gusta ser lo que son ni vivir lo que vi­ven… A ellos les hablaré de lo nuevo que es posible… a ver si se enciende su corazón y se unen para trabajar en mi empresa que traigo a los hombres. Finalmente te diré dos cosas que he vivido en estos días: Queridas personas, me parece que os sobran muchas cosas y que os falta algo fundamental: se os han cerrado las manos y, de tanto apretarlas para no abrirlas, ya no sabéis ni dar ni recibir. La segunda cosa que te digo es que no sé lo que haréis conmigo cuando diga la verdad. Porque no estoy aquí para callarme. Ahora estoy oculto para aprender cómo sois los hombres. Pero soy Palabra y hablaré. Presiento que no voy a terminar bien…  Hoy no te cuento más cosas. Creo que son muchas en lo poco que llevo con vosotr@s. Seguiré hablando. Diré las cosas despacio, para que todos puedan asimilarlas poco a poco. Ten por seguro que yo no te olvido y que te amo. Te man­do un abrazo muy fuerte. Hasta pronto.

                    Jesús de Nazaret.

                                                           Z u r i ñ e