Lecturas
Hch 4, 8-12
Sal 117, 1, 8-9. 21-23. 26. 28-29
1Jn 3, 1-2
Jn 10, 11-18
IDEAS SUELTAS
Sobre el lenguaje religioso, pues hoy hablamos todos del “buen Pastor”.
No tiene por qué existir un lenguaje religioso. Este no es otro que el común, al que la situación y el contexto le prestan nuevas significaciones y connotaciones. Tampoco con afirmar que es lenguaje común está dicho todo, pues habremos de precisar qué nivel le corresponde. Puede que ahí no estemos tan de acuerdo. No creo que valga un nivel tan vulgar que resulte una jerga particular y grupal. Requiere, a mi parecer, una cierta dignidad. Sin salirse de lo común, se ha de aproximar algo a la belleza, a una cierta calidad del discurso, a una dignidad que no le reste inteligibilidad al común, pero lo coloque a nivel de discurso público, con algo más de categoría que los escuchados habitualmente. Yo insistiría en la belleza. No olvidemos que lo poético tiene una validez indiscutible para el lenguaje religioso. Por hablar más cercano, ¿habremos de prescindir de palabras y expresiones que muchos ya no entienden? Contribuiremos así al empobrecimiento general de las lenguas. La traducción litúrgica utiliza “copo” o “remecida” o “alazán”. Quizá nos veamos obligados a confiar que del contexto pueda desprenderse su significado; pero sin renunciar a palabras ricas y precisas. También en lo religioso se exige un discurso que parta de lo común pero eleve su propia calidad lo más posible.
