* DOMINGO 4º TIEMPO ORDINARIO-C– (ENERO 31).
* Hoy Jesús en el Evangelio nos vuelve a repetir lo que dijo el domingo en la Sinagoga de Nazaret:
“HOY SE CUMPLE ESTA ESCRITURA QUE ACABÁIS DE OIR”. Y San Pablo del AMOR…
Las reacciones ante el comentario de Jesús, para un@s fue de admiración, para otr@s de rechazo. Jesús no lo tuvo fácil. Por eso nos puede pasar a nosotr@s ser incomprendid@s cuando tratamos de ser fieles a las enseñanzas de Jesús; incomprendid@s incluso por gente de Iglesia, como le ocurrió a Jesús.
Jesús tuvo presentes siempre a los más necesitad@s por eso hoy mi oración es:
* ORACIÓN DESPUÉS DEL TERREMOTO DE HAITÍ
* Señor, en ocasiones como esta, cuando nos damos cuenta de que el suelo bajo nuestros pies no está tan sólido como lo habíamos imaginado, suplicamos tu misericordia.
* Al ver lo que hemos construido derrumbarse alrededor de nosotr@s, sabemos bien lo pequeñ@s que realmente somos en este frágil planeta al que llamamos nuestro hogar, siempre cambiante, siempre en movimiento. Sin embargo, nos has prometido que nunca nos olvidarás. No nos olvides ahora.
* Mucha gente escucha los gritos lastimados en medio de los escombros y llenan el aire polvoriento con gritos de dolor…
* Confórtalos, Señor, en este desastre.
Se su ROCA, cuando la tierra no deja de sacudirse, y refúgial@s bajo tu AMOR, cuando sus casas ya no existen. Envuelve en tus brazos a l@s que murieron. Consuela el corazón de l@s que lloran. De los que sufren.
* Traspasa también, nuestros corazones con tu compasión a nosotr@s l@s que miramos desde lejos…
* Sacúdenos para actuar con presura a dar cada día con generosidad, a trabajar siempre por la justicia, y orar sin cesar para aquell@s sin esperanza.
* Y una vez que los temblores hayan cesado, las imágenes de destrucción hayan dejado de ser noticia, y nuestros pensamientos vuelvan a las preocupaciones de cada día, no olvidemos que somos tod@s tus hij@s, y ell@s nuestros herman@s.
Tod@s obra de tus manos.
* Porque, aunque se muevan las montañas y se destruyan las colinas, tu AMOR nunca nos abandonara, y tu promesa de paz nunca cambiará.
* Que resuene en nuestro corazón (y aunque sea difícil en el de ell@s) que nuestro auxilio está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
Z U R I Ñ E