Herrieliza

Haití­

              El terremoto de Haití ocurrió hace dos semanas. Lo primero que se me ocurre decir es por qué escribir, y no más bien guardar silencio hasta que los sentimientos se sosieguen y, en cuanto sea posible, se ordenen las ideas. Y es que la desproporción entre lo ocurrido y lo que podemos escribir es infinita. Hay dolor, impotencia y indignación. Y esperamos que emerja y permanezca la compasión. También como humanos y como cristianos nos  surge la pregunta: “¿y Dios qué?”. Y en palabras nada retóricas, que las decimos como para poder agarrarnos a algo sólido nos preguntamos también: ¿y Jesús? ¿Qué hizo y qué haría hoy?     

Leer más

Mesa compartida, sí­, ni sacrificio, ni sacerdocio

José María Garcia Mauriño

 Todas las religiones tienen su sacerdocio. Esta institución tiene la tarea de mediación entre los dioses y el pueblo. Los dioses imponen su voluntad a la gente, tienen que cumplir las normas que provienen del Olimpo. Y el que no las cumpla es objeto de castigo, personal o socialmente. Se castiga a los individuos y al pueblo entero que no cumplen sus mandatos. Las enfermedades son un “castigo” divino personal.

Las tormentas, la sequía, son un castigo colectivo Así, Júpiter, el rey de los dioses, se “enfada” enviando rayos y truenos, al territorio de un pueblo que no obedece sus órdenes. Entonces, el sacerdote ofrece sacrificios para aplacar la ira de los dioses. El sacerdote es un ser especial, apartado de la gente, una persona sagrada y consagrada para ejercer un culto a los dioses. Es una persona que tiene poder para tener propicios a los dioses, celebrando cultos, sacrificios, ritos expiatorios, como la inmolación del cordero pascual.

Se le da carácter divino, como personas escogidas por dios. Existe, pues, una relación entre el sacerdote, el sacrificio y el pueblo. El acceso al dios se realiza mediante los ritos que el sacerdote ofrece a los dioses, en reparación por los pecados. El sacerdote está más cerca del dios que el resto de la gente. Por eso, se acude a él y le ofrecen dones, animales, dinero, etc. para estar a buenas con dios.

Leer más

Los nueve meses de Joxe Arregi (Borja Agirre)

Conocí a Munilla en un plató de televisión, hace unos años; el tema era la Iglesia y la homosexualidad. Tenía curiosidad por conocer la persona que defendería los argumentos oficiales de la Iglesia, tan indefendibles a mi parecer. En anteriores debates similares no se había presentado nadie, pese al trabajo y la insistencia de los periodistas. Después de todo, no es sencillo encontrar a alguien que comulgue con la ortodoxia vaticana, que represente a la Iglesia, y que se atreva a bajar de la cátedra de teología a un simple plató de televisión.       

Pensé que aparecería, como otras veces, algún cura confuso, medio engañado, que intentaría echar balones fuera durante el debate y salir airoso de la pelea, contentándose con un empate. Me equivoqué. Apareció el párroco de Zumarraga, de negro y con alzacuellos, quizá no muy lúcido en sus palabras pero con una energía extraordinaria. Se le veía muy cómodo en el debate, y parecía tocado por una fuerza superior que le empujaba a mostrar la evidencia de que la práctica homosexual es un mal social, uno de los más graves. El huracán terminó con el debate y se fue en su coche volando a Zumarraga.        

También he podido conocer a Joxe Arregi, en varias ocasiones. Le conocí en un seminario sobre víctimas del terrorismo, organizado por Alboan, donde Joxe intercambió unas palabras enormemente lúcidas y serenas, llenas de empatía y compasión, con la viuda de un concejal asesinado. He leído bastantes de sus textos, de una sinceridad, naturalidad y profundidad apabullante, textos de esos que escasean hoy en día. Joxe se esfuerza por hablar de Dios de una manera tierna, cercana. Habla con creyentes y no creyentes, transmite pasión y reconoce errores. He conocido también lo que él y otros compañeros franciscanos están haciendo en Arantzazu, comprometiéndose con la realidad social de su pueblo y con los más pobres, renovando la espiritualidad y sembrando semillas de oración con iniciativas como la Red Asís       

Leer más

Domingo 7 de febrero – V del ordinario

Lecturas
Is 6, 1-8  
Sal 137, 1-5. 7-8  
1Cor 15, 1-11  
Lc 5, 1-11
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Aparece hoy en los textos la célebre presentación de Dios a Isaías en el templo y su título de “santo”. Una especie de cantinela o letanía con la que los serafines nombran y rinden homenaje a Dios. El empleo del término “santo” lleva entre nosotros una fuerte carga moral. Casi parece imposible separar la santidad de los buenos comportamientos. Y esos buenos comportamientos se atienen a valoraciones sociales, sometidas a la relatividad de tiempos y culturas. En las Escrituras, aquí y en su paralelo del Apocalipsis, la santidad es la mejor caracterización de Dios. Del Dios del universo, que lo ha dejado repleto de su misma gloria. La santidad conviene a la identidad de Dios, la precisa, y a su misterio inalcanzable. Sólo Dios es santo, sólo él tiene como propia la santidad, sólo él puede prestarla o regalarla. Algo de la cohesión sin fisuras, de la plenitud total, de la inaccesibilidad, algo de todo eso que sólo Dios puede poseer. Nuestras “santidades” lo son sólo por su regalo, por su invasión de la realidad, nunca por nuestros méritos y obras. Su punto fijo de inserción entre nosotros es Cristo Jesús, el santo de Dios. Su persistencia en la historia que transcurre la administra el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo. Cuando el primer escrito cristiano llama santos todos los de la comunidad (1Tes 3,13), no hace sino reflejar que la santidad única de Dios desemboca en cada cristiano por la muerte y resurrección de Cristo al que cada creyente se vincula por su bautismo. En la liturgia católica la aclamación del tres veces Santo es fija. En la plegaria eucarística II proclamamos. “Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad”. Una corrección en este dirección de lo referente a lo santo nos daría una visión más exacta de su realidad y nos libraría de las contradicciones que genera dar título de santos a quienes lo son de una forma tan claramente vinculada a modelos sociales que se quieren proclamar y proponer como paradigmas atemporales. “Que yo soy Dios y no hombre, santo en medio de ti y no enemigo a la puerta” (Os  11, 9)

Leer más

ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc. 5, 1-11)

*  DOMINGO  V – T.O. – C  (Febrero  7)

*“No temas: desde ahora serás pescador de hombres”

*           El inicio del Evangelio de hoy es alentador, ilusionante: “La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios”.
            La Palabra de Dios entusiasma, sobre todo cuando se presenta con toda su fuerza, como lo hace Jesús.
*           La pesca milagrosa es signo de que cuando se confía en esta Palabra, en la Palabra de Jesús, los frutos son extraordinarios.
*           Y así, comenzaste a llamar a tus seguidor@s, de entre gente sencilla. Pedro, Santiago y Juan. Tú, les invitas a  “pescar”  personas que se sientan amadas por el Padre.  Y ahí, estamos llamad@s nosotr@s.

*           O R A C I Ó N

*           Jesús, tú llamas, llamas siempre, pero quizá nos hacemos sord@s a esa “llamada que compromete”.. Vemos nuestras deficiencias y la dificultad de la “Misión”*            Señor, Tú empujas a la Iglesia y la diriges. Aumenta nuestra fe y enséñanos a confiar.

*           Ante nuestros desánimos, mándanos echar las redes de nuevo.
            Cada día parece nos resulta más difícil ser cristian@:
            Devuélvenos la alegría y danos creatividad, ilusión y confianza.

*           El Evangelio es nuestra norma de vida, haz que nos sintamos cautivad@s por tu Persona y tus enseñanzas.
            La Iglesia, tiene una función muy importante en nuestra sociedad, sí, pero la Iglesia que habla y vive a tu “estilo”. La Iglesia PUEBLO DE DIOS.

*           Cristo, buen pescador, que nos llamas a compartir tu Misión: convéncenos del Amor profundo, entrañable, incondicional del Padre. Y que hagamos llegar ese Amor a tod@s, especialmente a l@s más débiles.Llámanos, convéncenos, para que sepamos decirte “SÍ” a la vocación que nos destines y sepamos dejarlo todo, si es necesario, con alegría para trabajar por tu causa, PORQUE Tú nos dices:
NO TEMAS, DESDE AHORA SERÁS  PESCADOR DE HOMBRES”.AMÉN

*                      Z U R I Ñ E

Haití­, grito de los pobres, grito de Dios

Iosu Moracho, en nombre del Comité Cristiano de Solidaridad con América Latina

El 12 de enero, en Haití, la gente se levantó de madrugada, como todos los días, y se fue a la vida. Pero a media tarde, a las cinco menos diez -los colegios cierran a las cinco-, la tierra se estremeció con dolores de parto, y el terremoto despertó todos los gritos y todos los llantos.

La tierra en la que uno nace es una piel amada; cuando tiembla, esa piel se desgarra y esa ruptura llega hasta el corazón. Haití es hoy un corazón roto, un corazón desolado.

Sólo desde el silencio desgarrador de la vivencia de la intemperie se puede estremecer solidariamente nuestro corazón.

Ayer Haití no existía. Los invisibles nunca existen cuando el río no suena. Hoy, dicen, Haití ya no existe. Ya no… Y, sin embargo, Haití sí existe. Dolor y miseria. Dignidad. Humanidad a gritos. Latido profundo de la tierra que gime.

¡Ay de ti y de mí si Haití no existiera!

Leer más

Destapan la mayor fosa común del continente americano.

Colombia, en el paroxismo del horror, clama solidaridad.

Por Azalea Robles

Se ha destapado la mayor  fosa común de la reciente historia de América. La fosa común contiene los restos de al menos 2.000 personas, está en La Macarena, departamento del Meta, Colombia.  Varios pobladores ya habían dado la voz de alerta, en varias ocasiones durante el 2009, y había sido en vano… pues la fiscalía no procedía a investigar. 

Leer más

Banca y ética no están reñidas

Otro concepto de economía sí es posible y, aunque su desarrollo es incipiente, ha logrado aprovecharse de los últimos escándalos internacionales del sector

  [Códes Morrás – Lasprovincias.es] La historia comienza cuando un ahorrador común lleva su nómina, la herencia de la abuelita o los euros obtenidos al empeñar las joyas de su ex pareja a una entidad financiera. ¿Por qué lo hace? Para que ese dinerito crezca robusto y ponerle un punto final a la aventura. Pero entre el planteamiento y el desenlace ya adelantado, ¿qué hacen estas entidades y cómo para que ese dinero crezca?
FOTO: Peru Sasia, director general de la Fundación Inversión y Ahorro Responsable (Fiare), uno de las firmas más conocidas de la llamada banca ética, aguarda ante la sede de la compañía. :: MITXEL ATRIO.

Jesús Lizcano Álvarez, catedrático de Economía Financiera y presidente de Transparencia Internacional en España, da su visión. «El ciudadano medio no tiene porqué ser experto en economía o finanzas; por tanto, desconfía de sus conocimientos y prefiere creer en los consejos de su banco. Sería labor de su entidad explicarle con detalle las condiciones que ofrece, comparándolas con otras entidades y demostrándole que son las mejores. Se necesita mayor nivel de información y transparencia por parte de los bancos para con los ciudadanos y en las vinculaciones entre agentes, analistas e instituciones financieras».

Leer más

Acción internacional urgente en Colombia

Acción internacional urgente y permanente de solidaridad con defensores-as de derechos humanos de Colombia

Diversas organizaciones y colectivos del estado español, sensibles ante la realidad colombiana, proponemos y desarrollamos en espacios de la solidaridad internacional la denuncia de la situación que atraviesan importantes organismos y personas dedicadas a la defensa de los derechos humanos en Colombia.

Leer más

Domingo 31 de enero – IV del ordinario

Lecturas
Jer 1, 4-5. 17-19  
Sal 70, 1-6. 15. 17  
1Cor 12, 31-13, 13  
Lc 4, 21-30
 

PRIMERAS REFLEXIONES 

               Jeremías y Jesús de Nazaret sufren el rechazo de los suyos. Necesitan una fuerza mayor para resistir y la encuentran en Dios, en su Espíritu. Es la tensión de los diferentes. Al resultarnos tan familiares y entrañables, podemos olvidar su incomodidad. Pero no serían fáciles de aceptar, no digamos de integrar. Su estilo, su comportamiento, son inquietantes, interpelantes para los demás. No se atienen a lo convencional, a lo acostumbrado y, con frecuencia, se salen de tono. Ni al rey, ni a la familia, ni a los jefes religiosos, ni a sus discípulos. Se desmarcan y dejan fuera de lugar a otros, si pretenden ser fieles a sí mismos. ¿Los clasificaríamos entre los normales o entre no-normales? En nuestra sociedad y cultura tan masificada, ¿somos normales o no? En la versión de las bienaventuranzas de Lucas figura aquello de “Ay, si siempre hablan bien de vosotros”. Ya sé que habremos de preguntarnos por la causa de ese sospechar y hablar mal. Pero si siempre hablan bien, es que no somos signos de nada (insignificantes), iguales a todos en vulgaridad administrada. Algo singular, algo diferente, debiera de ser inseparable del cristiano. Puede que no sea tan malo que no seamos gente normal, si por tal aceptamos lo socialmente normalizado para ni destacar ni llamar la atención ni singularizarnos. Al menos debemos cuestionarnos siempre esta normalidad nuestra, en que incluso la enfermedad y la ancianidad son estorbos y resultan sospechosas de anormalidad. Ay de la normalidad de un colectivo que ve normal el hambre, la injusticia, el terror, el silencio, la soledad y se incomoda ante la debilidad, la vejez y la diferencia. ¿Somos normales o anormales los cristianos en esta sociedad?

Leer más