http://www.noticiasdenavarra.com/2010/01/17/sociedad/la-superacion-de-la-violencia-entre-nosotros
Este artículo fue enviado por Jesús Lezaun esta semana para su publicación, ahora ya a título póstumo
QUIERO hacer algunas reflexiones sobre un tema que siempre me ha inquietado mucho. A mí y a todos, creo. Quiero hablar del tema de la violencia. Si queremos de la violencia de ETA. Naturalmente, no sólo me inquieta el tema de ETA, sino también el tema de la violencia del Estado. Porque si hay algo violento entre nosotros son los estados, el nuestro en particular. Ellos están constituidos sobre la violencia y la ejercen como algo sacral. Incluso todas las gentes la dan por buena, hasta por necesaria. Para ello están constituidos por toda clase de instituciones, armas, ejércitos, policías y, si se quiere, hasta le apoya el clero. Sirva de ejemplo nuestra terrible guerra de 1936 con un millón de muertos. Entre nosotros ahora mismo la violencia del Estado es total y de todo género, desde luego política o sobre todo política. Y, como digo, todo el mundo la da por buena, sobre todo la Iglesia. Basta citar su silencio sobre todo, y especialmente sobre la referida guerra.
Pero ahora quiero hablar de la violencia de ETA. Ella también es variada, cruel y, sobre todo, inútil.
ETA debe desaparecer cuanto antes, hoy antes que mañana. Urge.
Varias son las razones que avalan esta afirmación. Esto lo dice, sobre todo, un abertzale de izquierda, y sin que piense dejar de serlo a pesar de todo.
A) ETA, su violencia, perjudica al máximo a la izquierda abertzale, a cualquier política que ella quiera realizar, y ¡es tan urgente! Tropieza con ella como tremendo obstáculo para la política y su libre ejercicio. Cualquier política que quiera hacer con otros partidos es el máximo obstáculo que lo impide. Además, al Estado le viene de perlas como gran medio o excusa para su política represiva, que hoy la ejerce contra Euskal Herria en todas sus formas. El Estado tiene y emplea todos los medios imaginables y sin mesura para aplastar a la izquierda con el pretexto de que no condena la violencia. Y los más lo aplauden. El Estado tiene además toda clase de medios para ejercitarla, físicos y morales. Los más los dan por buenos, y eso es terrible. Eso vicia para todos el ejercicio digno de la política. ¿De dónde viene que prácticamente todos acepten la violencia del Estado como práctica legítima, incluso como sujeto único y legítimo para ejercerla? Acaso hasta la misma Biblia. Porque la violencia, cualquiera que ella sea, incluyendo también la violencia represiva, es intrínsecamente mala. Cualquiera que la ejerza obra mal, y si es el Estado el que la realiza, que no suele tener mesura alguna al realizarla, la cosa aún es peor. Nunca comprendí que, incluso desde la perspectiva religiosa, esto se acepte tan fácilmente. Así vamos, sin remisión, al derrumbadero de toda política racional y positiva. Digan lo que digan o callen lo que callen. El mal así se impondrá por fin a todos, y a todos nos destruirá. Es una terrible obcecación desde que hay guerras justas. Todas son intrínsecamente malas, lo diga quien lo diga. Así va el mundo. ¿Quién se atreve a decir que este mundo está creado por Dios sobre la justicia entre los hombres?
B) Entre nosotros, específicamente, la violencia de ETA, su razón o su pretexto, es el instrumento ideal que usa el Estado para poder aniquilar toda oposición a él, como también borrar del mapa todo intento de objetivos políticos que podamos tener. Yo pienso en ello muchísimas veces; yo, que no he podido votar válidamente tantas veces. ¿Es siquiera imaginable el precio político que hace pagar el Estado, bajo el pretexto de la violencia, a quien se opone o tiene unos objetivos políticos inaceptables para el Estado? Esta situación, que en la práctica es aceptada y tolerada por todos, y de la que todos acaban por beneficiarse, aunque para algunos, verbigracia en nuestro caso el PNV, le haya resultado tan cara. ¡Porque perdió el poder entre nosotros! Ésta es para mí la razón práctica, suprema para rechazar la violencia de ETA con toda mi alma. Esta situación es del todo insostenible y lleva a la izquierda abertzale, irremisiblemente, al derrumbadero. Parece mentira que no lo vean así sus dirigentes, parte de ellos al menos, de forma que subordinen a ello todo lo demás. Así no se puede continuar ni un día más. Es infinito el perjuicio que tiene que soportar la izquierda por ello.
Hasta sustituyen esa consideración a toda otra razón si la hubiera. La violencia, tolerable a las claras, y hasta beneficiosa para el Estado, es insoportable para la izquierda. Es horroroso y brutal que haya en ella gente, poca o mucha, no lo sé, que piense lo contrario. Los considero, y no me resisto a decirlo claramente, que están locos de remate, y que son en realidad el primer enemigo de nuestro pueblo, por encima de cualquier otro, incluso del Estado. Dejémonos pues de soñar de una vez como ilusos, insensatos, y diría que hasta enajenados. ¡Pobre Euskal Herria, con gentes así y además de los nuestros!
C) Quiero soñar libre de esta triste realidad nuestra. ¿Cuál sería nuestra situación de no existir la violencia de ETA y de no poder el Estado servirse de este pretexto para reprimir como lo hace a este pueblo, con la saña que lo hace? Es algo inaudito y no fácilmente razonable sobre la redondez de la tierra.
Las instituciones internacionales se han definido infinidad de veces, pero el Estado no reacciona jamás ni tiene en cuenta, infinidad de veces, esas denuncias. No hay en el mundo un sistema de represión de este cariz. Abarca todo el cuadro inimaginable de los sistemas de un Estado, el sistema político, con la ferocidad de la represión para con los disidentes, el sistema legal que castiga hasta el infinito con leyes que no es fácil imaginar, el sistema jurídico en su totalidad de jueces, juicios, cárceles y represión social que no es fácil comprender. ¿Podemos imaginar cuál podría ser la situación de nuestro pueblo de no darse esta situación tan tremenda?
D) Sólo al principio he aludido directamente al contrapunto de la violencia del Estado. Ahora quiero terminar este tema con la contrapartida de él, con la violencia de ETA. No cabe la supresión de la violencia de ETA sin disminuir al menos la violencia del Estado. Entre nosotros nunca está patente la comprensión real que tiene el Estado de sí mismo. El Estado actual nació, precisamente, de la acción del Estado español con la ocupación del Reino de Navarra. Si no se superan estas contradicciones, suavizando al menos la contraposición de ellas, no es siquiera imaginable que la violencia de una parte vaya a desaparecer porque sí. Las situaciones de este tipo suelen ser correlativas, el emperio español debe tener todo esto en cuenta si quiere ser un Estado pacífico, no violento, no imperial, sino respetuoso con los derechos históricos de los pueblos, en este caso el nuestro. En el mundo no hay ningún valor absoluto sobre otro. España como Estado no es ningún valor absoluto. Tengo para mí que los obispos españoles tienen que tener esto muy en cuenta.
Voy a terminar estas reflexiones y anhelos por la paz para no alargar el tema hasta el infinito. Termino con el expreso deseo de que quiero expresamente el cese de ETA, con el correlativo cese de la violencia del Estado, como si él y sólo él tuviera el derecho de ejercerla sin piedad alguna.