Abrumado por el eco que están teniendo sus palabras, Joxe Arregi (Azpeitia, 1952), no rebaja ni un ápice las acusaciones vertidas hacia el obispo de Donostia, José Ignacio Munilla, convencido de que tras él se oculta "una oscura trama" que ha provocado su abandono de la orden religiosa. "No hay ninguna duda de que durante su etapa de párroco en Zumarraga enviaba fichas y denuncias a Roma de sacerdotes de su diócesis. Es innegable que él intervino, por ejemplo, en el caso Pagola", asegura Arregi, que mantuvo hasta cuatro conversaciones personales con el propio obispo, encuentros que sólo permitieron evidenciar el abismo que media entre ambos a la hora de vivir la fe.
¿Duerme estos días más tranquilo?
Por un lado siento un efecto de liberación, aunque estos días son un poco agobiantes porque recibo llamadas a todas horas, y además está la presión de los medios. Quiero que pasen estos primeros días para dedicarme a lo mío.
No está acostumbrado a prodigarse de este modo…
No, afortunadamente (sonríe).
En todo caso, ¿se siente más libre?
Sí, en la medida que puedo hacer cualquier declaración al no pertenecer a la comunidad franciscana. Además, me siento más libre respecto a la institución eclesial diocesana.