23. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «EZ NOLANAHI – NO DE CUALQUIER MANERA»

LUKAS 14, 25-33

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA: 04/09/13.- Jerusalemerako bidean gora doa Jesus. Ebanjelariak diosku «jende asko zuela bidelagun». Halaz guztiz, Jesusek ez du ametsik egiten. Ez da engainatuko jendearen gogo bero erraz bat nabaritzean. Jende bat kezkaturik dabil gaur egun, kristauen kopurua beheraka doala eta. Bere jarraitzaileen kopurua baino gogokoago zuen Jesusek jarraitzaileen kalitatea.

Bat batean, «itzuli» eta jendetzari hitz egiten hasi da, berari bihotz argiz eta erantzulez jarraitzeak dituen eskakizun konkretuez. Ez du nahi jendeak nolanahi jarrai diezaion. Jesusen ikasle izatea erabaki bat da, pertsonaren bizitza markatuko duena.

Jesusek lehenik familiaz hitz egiten die. Jende hark nork bere familia du: gurasoak, andrea eta seme-alabak, anai-arrebak. Bere izakirik maiteenak ditu horiek, bihotzekoenak. Baina familiako beharrak alde batera uzten ez badituzte, berarekin lan egiteko giza familia bat sustatzen, odolean oinarritua ez, baizik zuzentasunez eta solidaritatez eraikia, ezin izango dira beraren ikasle.

Jesus ez da ari familia desegiteaz, ez da ari familiako maitasuna eta bizikidetasuna ezabatzeaz. Baina norbaitek gauza guztien gainetik familiaren ohorea edo ondasunak edo ondarea edo familiaren ongizatea ipintzen badu, halako hura ezin izango da Jesusen ikasle, ezin lan egingo du berarekin mundua gizakoiago egiten.

Are gehiago. Norbaitek gogoan bere burua eta gauzak bakarrik baditu, edo bere ongizateaz gozatzeko bakarrik bizi bada, edo bere onuraz bakarrik arduratzen bada, ez dadila engaina: halako hura ezin izan da Jesusen ikasle. Barne askatasuna falta zaio, Jesus aintzat hartu ahal izateko koherentzia eta erantzukizuna falta zaio.

Jesusek hitz egiten jarraitzen du, gordin: «Nire ondoren bere gurutzea ez daramana ezin izan da nire ikasle». Norbait gatazkei eta arazoei ihes eginez bizi bada, norbaitek arriskuak eta ezbeharrak bere egiten ez badaki, norbait prest ez badago sufrimenduak jasateko Jainkoaren erreinuagatik eta haren zuzentasunagatik, halako hura ezin izan da Jesusen ikasle.

Ezin izan da inor kristau nolanahi. Ez ditzagun nahasi kristau-biziera eta Jesusi apal baina erantzukizunez jarraitzea desitxuratzen eta edukiz husten dituzten bizitzeko moduak.

Harritzekoa da Frantzisko aita santuaren askatasuna, Jesusen ikasleekin zerikusi gutxi duten kristauen estiloak salatzean: «manera oneko, baina jokabide txarreko kristauak», «museoko kristauak», «kasuistikaren hipokritak», «haizearen kontra bizitzeko gai ez diren kristauak», kristau «ustelak», gogoan beren burua bakarrik dutenak, ebanjelioa hots egiten ez duten «kristau heziak»…

No de cualquier manera

23 Tiempo ordinario (C) Lucas, 14, 25-33
NO DE CUALQUIER MANERA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
ECLESALIA, 04/09/13.- Jesús va camino de Jerusalén. El evangelista nos dice que le “acompañaba mucha gente”. Sin embargo, Jesús no se hace ilusiones. No se deja engañar por entusiasmos fáciles de las gentes. A algunos les preocupa hoy cómo va descendiendo el número de los cristianos. A Jesús le interesaba más la calidad de sus seguidores que su número.

De pronto “se vuelve” y comienza a hablar a aquella muchedumbre de las exigencias concretas que encierra el acompañarlo de manera lúcida y responsable. No quiere que la gente lo siga de cualquier manera. Ser discípulo de Jesús es una decisión que ha de marcar la vida entera de la persona.

Jesús les habla, en primer lugar de la familia. Aquellas gentes tienen su propia familia: padres y madres, mujer e hijos, hermanos y hermanas. Son sus seres más queridos y entrañables. Pero, si no dejan a un lado los intereses familiares para colaborar con él en promover una familia humana, no basada en lazos de sangre sino construida desde la justicia y la solidaridad fraterna, no podrán ser sus discípulos.

Jesús no está pensando en deshacer los hogares eliminando el cariño y la convivencia familiar. Pero, si alguien pone por encima de todo el honor de su familia, el patrimonio, la herencia o el bienestar familiar, no podrá ser su discípulo ni trabajar con él en el proyecto de un mundo más humano.

Más aún. Si alguien solo piensa en sí mismo y en sus cosas, si vive solo para disfrutar de su bienestar, si se preocupa únicamente de sus intereses, que no se engañe, no puede ser discípulo de Jesús. Le falta libertad interior, coherencia y responsabilidad para tomarlo en serio.

Jesús sigue hablando con crudeza: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser mi discípulo”. Si uno vive evitando problemas y conflictos, si no sabe asumir riesgos y penalidades, si no está dispuesto a soportar sufrimientos por el reino de Dios y su justicia, no puede ser discípulo de Jesús.

No se puede ser cristiano de cualquier manera. No hemos de confundir la vida cristiana con formas de vivir que desfiguran y vacían de contenido el seguimiento humilde, pero responsable a Jesús.

Sorprende la libertad del Papa Francisco para denunciar estilos de cristianos que poco tienen que ver con los discípulos de Jesús: “cristianos de buenos modales, pero malas costumbres”, “creyentes de museo”, “hipócritas de la casuística”, “cristianos incapaces de vivir contra corriente”, cristianos “corruptos” que solo piensan en sí mismos, “cristianos educados” que no anuncian el evangelio… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.14,25-33)

•DOMINGO XXIII-C- SEPTIEMBRE 8.

Jesús, sigue en camino hacia Jerusalén, y va al frente de quienes le siguen más o menos convencid@s. Por eso en el camino, se vuelve y les dice lo que supone seguirle, ser discípul@ suyo. “Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío” “El que no renuncia a todos sus bienes”…
Lucas en el Evangelio de hoy comienza indicando que “mucha gente seguía a Jesús”. Curiosamente Jesús no “baja” el listón, sino que les recuerda que el seguimiento conlleva tomar opciones fundamentales. El discípulo de Cristo está llamad@ a la renuncia de lo secundario, de lo no necesario, de lo que distrae del corazón del Evangelio (de los “bienes” con minúscula), pero no de cualquier manera sino con la luz y libertad que da el Espíritu de Dios.
Tampoco podemos ver en el seguimiento de Jesús una “élite”, pues entonces sería como una “secta” y no Iglesia, Pueblo de Dios.
* En este comienzo del nuevo curso conviene que seamos conscientes de cuál es la Voluntad de Dios para con nosotr@s. Para ello, tenemos que hacer silencio, oración, escuchar. Es necesario saber dónde estamos, cuál es el punto de partida; y también tener claro dónde queremos llegar. Y para la Iglesia y cualquier comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret, un mapa claro lo tenemos en el Evangelio: “Que td@s se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad”
Nuestras programaciones Pastorales, de comunidad etc., con sus objetivos y medios para lograrlos, han de procurar ir siempre al Evangelio de Jesús, que “no ha venido a buscar a l@s san@s (o se creen san@s), sino a l@s enferm@s, a l@s pobres a tod@s l@s que necesitan ayuda, sanación.
* Este domingo, coincide con la festividad del nacimiento de la gran mujer escogida por Dios para ser la Madre de Jesús: MARÍA. Buen ejemplo para nosotr@s.
El camino de Jesús no es una invitación a la facilidad, pero al final del camino se iluminará la “fidelidad”. Así lo vivió María. La fidelidad comienza cuando decidimos la propia vida como respuesta a la llamada del Señor. Pero hay que “escuchar” para saber a qué nos llama.
Si el evangelio de Jesús es una clave permanente en nuestra vida, los acontecimientos, a su vez, nos obligan a profundizar en el evangelio. Si el Espíritu de Jesús da vida a la Palabra de dios, nos habla también a través de los acontecimientos.
* Ser discípul@ de Jesús no es ningún juego; es tarea seria, arriesgada, muchas veces dura, pero magnífica y necesaria para mi proceso de conversión y para que el mundo cambie.
* Por eso, unid@s con ilusión y esperanza seguimos en CAMINO. CONSTRUYENDO EL REINO. ORACIÓN
Jesús de Nazaret: necesitamos que nos enseñes a orar como Tú lo hacías. Nos hace falta.
Queremos encontrarte, seguir tus huellas, reconocer tu paso por nuestras vidas, por la vida.
Invítanos al silencio, para escuchar tu voz.
Aclara nuestra mirada, para descubrir tus signos.
Danos valor y decisión para aceptar lo que debemos cambiar.
Ayúdanos a discernir lo que realmente importa: “Seguir tus pasos”
Enséñanos a comprometernos activ@s, dispuest@s, alegres, en la construcción del Reino.
Jesús de Nazaret, nos hace falta tu empuje, ¡que nos anime tu Espíritu! Queremos caminar fieles a tu Palabra, cada día, un paso adelante, para cambiar de vida, y dar testimonio concreto de tu presencia allí donde estemos, para que seamos, mensajer@s y constructor@s de tu Evangelio.
Queremos, ponernos en camino de nuevo, siguiéndote a Ti hacia “Jerusalén” de nuestro tiempo.
Ayúdanos, Jesús de Nazaret, a vencer el miedo de llevar nuestra cruz y de ayudar a llevar la cruz de otr@s y siempre plantando las semillas del Reino. AMÉN.
ORAMOS A MARÍA
María, Madre sencilla, mujer del pueblo, escucha nuestra oración en este día que te recordamos.
No pretendemos que nos liberes de nuestros problemas. No deseamos olvidar que la vida hay que vivirla aunque haya momentos difíciles.
Nos hace falta esa confianza, esa Fe que Tú tienes en Dios.
En el evangelio. En la historia te vemos siempre callada y humilde. Danos tu valor para que sigamos los pasos de tu Hijo Jesucristo que es nuestro CAMINO, VERDAD y VIDA. AMÉN
ZURIÑE

23º DOMINGO T.O., «LLEGAR HASTA EL FINAL DEL CAMINO», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 14, 25-33

Seguimos en camino hacia Jerusalén. Jesús advierte a esa multitud que le seguía alegremente, de las dificultades que entraña un auténtico seguimiento. Les hace reflexionar sobre la sinceridad de su postura.

Solo en el contexto del seguimiento de Jesús, podemos entender las exigencias que nos propone. Hace unos domingos, Jesús decía al joven rico: Si quieres llegar hasta el final… Hoy nos dice: si no piensas llegar hasta el final, es mejor que no emprendas el camino. Si no eres capaz de concluir la obra, no es que te hayas quedado a la mitad, es que has fracasado. Una casa a medio hacer no sirve para nada.

Ni siquiera Jesús te exige que seas cristiano, pero si decides caminar con él, no hay más remedio que dejar de caminar en otras direcciones.

Una de las interpretaciones equivocadas de este radicalismo, es entender el mensaje como dirigido a unos cuantos privilegiados, que serían cristianos de primera. Jesús no se dirige a unos pocos, sino a la multitud que le seguía. Pero lo hace personalmente. «Si uno quiere…» La respuesta tiene que ser también personal y adulta.

No hay pues, cristianismo a dos velocidades; una la de los clérigos, y otra la de los laicos. Esta visión, no puede ser más contraria al mensaje de Jesús. Todos los seres humanos estamos llamados a la misma meta.

No se trata de machacar o anular el instinto. (Es lo que se ha predicado con demasiada frecuencia). Sería una tarea inútil porque el instinto es anterior a mi voluntad y escapa a su control. Se trata de que el instinto no sea manipulado por la voluntad, torciéndolo hacia un objeto distinto del suyo propio.

Como seres humanos, debemos comprender que el fin que el instinto quiere garantizar, aunque es bueno en sí, no es absoluto. Fin último solo hay uno. Todos los demás serán penúltimos, es decir, medios. De este modo, la tendencia instintiva seguirá ahí y cumplirá su objetivo, pero la última palabra la tendrá la parte específicamente humana, es decir, el conocimiento y la voluntad.

Tres son las exigencias que propone Jesús:

1ª.- Posponer a toda su familia.

2ª.- Cargar con su cruz.

3ª.- Renunciar a todos sus bienes.

Las tres se resumen en una sola: total disponibilidad. Sin ella no puede haber seguimiento.

No es fácil entender bien lo que Jesús propone. La manera de hablar nos puede jugar una mala pasada. La radicalidad absoluta tiene una explicación. En una lengua que carece de comparativos y superlativos tiene que valerse de exageraciones para expresar la idea. Lo notable es que se haya mantenido la literalidad en el texto griego, que dice «misei» = odia, aborrece, ten horror. También se ha mantenido en latín que dice simplemente «odit» = odia. No podemos entenderlo al pie de la letra. Fijaos que también dice «…incluso a sí mismo».

Ni debemos entenderlas al pie de la letra, ni podemos ignorarlas. Son como los famosos «koan» del zen. Tienen que hacernos trascender la formulación y meternos por el camino de la intuición. Fallamos estrepitosamente cuando queremos comprenderlas racionalmente. La verdad que quieren trasmitir no es una verdad lógica, sino ontológica. Por mucho que nos exprimamos el coco, no podemos entenderla con la razón, pero podemos indicar por donde van los tiros.

Para la primera exigencia la clave está en la frase: «…incluso a sí mismo». El amor a sí mismo puede ser nefasto si se refiere al ‘falso yo’ que desemboca en el egoísmo. Ese falso yo tiene también su padre y su madre, sus hijos y hermanos.

Posponer a la familia. El amor a la familia puede ser la manifestación de un egoísmo amplificado, que busca la potenciación del individualismo y la seguridad de los «yoes» de los demás. Lo que se busca en ese amor es que mi egoísmo quede garantizado, sumado al egoísmo de los demás miembros de la familia. Ese yo ampliado es mucho más fuerte y asegura mejor el interés del pequeño yo de cada uno.

El seguir a Jesús está basado en el amor. Pero el amor que nos pide no está reñido con el verdadero amor al padre o a la madre. Si el seguimiento es incompatible con el amor a la familia es que está mal planteado. El amor que nos pide el evangelio está más allá del sentimiento, pero no estará nunca en contra. Seguir a Jesús nos enseñará a amar más y mejor también a nuestros familiares.

Otro problema muy distinto es que ese seguimiento provoque en los familiares la oposición y el rechazo, como le pasó al mismo Jesús. Entonces no se puede ceder a las exigencias del instinto, porque está maleado. El tema del rechazo está más ligado al aceptar la cruz que al amor a la familia. Si los familiares, muy queridos, te quieren apartar de tu verdadera meta, está claro que no puedes ceder por un amor mal entendido, aunque eso cause un verdadero dolor.

El hombre alcanza su plenitud cuando despliega su capacidad de amor, que es lo específicamente humano. Este amor no puede estar limitado, tiene que llegar a todos. Por eso el profesar un verdadero amor a una persona, no puede impedir ni condicionar la entrega a otros. Si un amor impide otro amor, es que no es verdadero amor evangélico.

Cargar con la cruz hace referencia al trance más difícil y degradante del proceso de ajusticiamiento de un condenado a muerte de cruz. El reo tenía que transportar él mismo el travesaño de la cruz. Jesús va a Jerusalén precisamente a ser crucificado. No olvidemos que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y la tienen siempre presente.

Está haciendo referencia a lo que hizo Jesús, pero a la vez, es un símbolo de todas las dificultades que encontrará el que se decide a seguirle. Una vez emprendido el camino de Jesús todo lo que pueda impedir seguir adelante hay que superarlo cueste lo que cueste.

Renunciar a todos sus bienes. No es nada fácil entenderlo esto hoy. Recordemos que a los que entraban a formar parte de la primera comunidad cristiana se les exigía que pusieran a disposición de la comunidad todo lo que tenían. No se tiraban por la borda los bienes. Solo se renunciaba a disponer de ellos al margen de la comunidad. El objetivo era que en la comunidad no hubiera pobres ni ricos.

Hoy sería imposible llevar a la práctica este ideal de desprendimiento. Pero podemos entender que la acumulación de riquezas se hace siempre a costa de las carencias de otros seres humanos, hoy tendríamos que descubrir que lo que yo poseo, puede ser causa de miseria para otro ser humano. En realidad se trata de elegir entre las seguridades que da la posesión de cualquier bien o alcanzar un mayor grado de humanidad.

El seguimiento de Jesús no puede consistir en una renuncia, es decir en algo negativo. Se trata de una oferta de plenitud. Mientras sigamos hablando de renuncia, es que no hemos entendido el mensaje. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir lo mejor para mí.

No es una exigencia de Dios, sino una exigencia de nuestro verdadero ser. Jesús vivió esa exigencia. La profunda experiencia interior le hizo comprender a dónde podía llegar el ser humano si despliega todas sus posibilidades de ser. Esa plenitud fue también el objetivo de su predicación. Jesús nos indica el camino.

En cuanto a las dos parábolas, el cálculo que nos propone Jesús es que no se puede repicar e ir en la procesión, cosa que estamos intentando nosotros a todas horas. Queremos ser cristianos, pero a la vez, queremos disfrutar de todo lo que nos proporciona la sociedad de consumo. Queremos lo mejor para el espíritu, pero intentando a la vez satisfacer los sentidos. Eso es imposible. No tenemos más remedio que elegir.

Preferir el hedonismo a la plenitud de ser, es un error de cálculo. Las parábolas quieren decirnos que se trata de la cuestión más importante que nos podemos plantear, y no debemos tratarla a la ligera. Es una opción vital que requiere toda nuestra atención. Nuestro problema hoy es que somos cristianos sin haber hecho una clara opción personal.

Radicalidad no quiere decir rigorismo. El mismo Jesús dijo que su yugo era suave y su carga ligera. La radicalidad nace de dentro, de la libertad, una vez conocido lo que es verdaderamente bueno para mí, la voluntad no tiene problema alguno para elegirlo. El rigorismo llega de fuera, nace del miedo y nos hace esclavos. Por abandonar la radicalidad de la opción, la Iglesia se ha visto obligada a reforzar el rigorismo. ¡Así nos luce el pelo!

Meditación-contemplación

«Sí alguno quiere venirse conmigo…»

Jesús no impone nada, simplemente propone.

Las condiciones no las impone él:

son exigencia de la misma naturaleza humana.

…………………

Elegir lo que es mejor para mí por convicción personal,

nunca puede ser renuncia o sacrificio.

Sólo si me muevo por programación externa

renunciaré a aquello que sigo creyendo que es mejor.

………………..

Sólo el verdadero conocimiento, la iluminación, la sabiduría

puede llevarme a una búsqueda de los bienes definitivos.

Mientras no alcance esa luz, andaré dando tumbos.

Descubierto el tesoro, todo lo demás pierde valor.

……………

Fray Marcos

 

ORAR AL COMENZAR LAS ACTIVIDADES

•Te deseo al comienzo de este curso:
Que el Buen Dios te mire y te envuelva.
Que el Buen Dios te alegre el corazón.
Que el buen Dios te llene de Paz y de alegría.
Que el buen Dios te dé sabiduría para entender la vida como entrega.
Que el Buen Dios te dé novedad para hacer de cada día algo nuevo, no una triste rutina.
Que el Buen Dios te llene de fuerza en los días grises y de cansancio.
Que el Buen Dios te de tanto amor que no midas la entrega.
Que el Buen Dios te conceda delicadeza para hacer del amor “detalles de amor”.
Que el Buen Dios te dé sensibilidad para leer los susurros secretos del corazón.
Que el Buen Dios sea tu horizonte y tu fuente.
Te deseo: Que Dios Padre y Madre, recree cada día tu vida.
Que Dios Hijo, Jesucristo, sane y cure las heridas que te encierran en ti mismo.
Que Dios Espíritu Santo, avive en ti todo lo que Jesús nos dijo y nos dejó como signo de Vida Nueva.
Te deseo: Que todos estos deseos puedan ser una realidad en la vida de cada día. AMÉN

• SEGUIMOS ORANDO PARA SEGUIR CAMINANDO
• Cuando se vuelve a empezar es sólo cuestión de amar la arcilla que hay en tus manos…
Cuestión de volver a andar amando hasta la locura; saber que sólo el amor alumbra lo que perdura; creer que sólo e amor convierte en milagro el “barro”.
• * Cuando se vuelve a emprender un camino contra el viento…
• Es imprescindible amar el tiempo de los intentos, la hora que nunca brilla, sin pretender cosechar; pero teniendo por cierto que el amor será capaz de engendrar la maravilla y de dar fruto a su tiempo.
• * Cuando se vuelve a empezar es cuestión de recrear el amor que llevas dentro, ponerlo
a punto, abrazar a este mundo que es el nuestro,
acoger, compartir, dar…
AMAR… No es nuevo el invento.
¿LO VOLVEMOS A ESTRENAR?
• ZURIÑE

22º DOMINGO T.O., «LO QUE NOS QUITA EL HAMBRE DEL REINO», J.E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 14, 1 y 7-14

El texto ha sido abreviado para su lectura litúrgica. Jesús entra a comer en casa de un fariseo importante. Es sábado y le espían. Entonces cura a un hidrópico y desarrolla su característica enseñanza (el sábado para el hombre – hay que hacer el bien también en sábado). A continuación, el evangelista añade las enseñanzas que hoy leemos.

Éstas son evidentemente de dos clases: las primeras no son más que sabiduría tradicional. A Jesús le parece ridículo ese afán de ocupar los primeros puestos, de darse importancia.

Al final hay dos enseñanzas verdaderamente características de Jesús.

«El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido» conecta con esa repetida y querida enseñanza de Jesús sobre «los primeros y los últimos». Se evidencia el juicio de Jesús sobre aquellos fariseos que se creían importantes, mejores que otros, y hacían manifestación pública de esa convicción. Y se evidencia también el juicio habitual de Jesús sobre las personas.

Primeros y últimos, para nosotros, para la mayoría, se establece según el dinero, la influencia, el poder… Jesús sólo mira al corazón, sabe lo que hay dentro de cada persona y aprecia a cada uno según su apertura al Reino, según su disposición ante Dios.

Por eso son últimos muchos de los «importantes». Por eso son primeros muchos de los insignificantes.

Pero al final, y con escasa conexión con lo anterior, nos encontramos con un texto característico de Jesús. En él encontramos lo que podríamos llamar la lógica absurda de Jesús. ¿No hay que invitar a cenar a los amigos? ¿No es buena una comida familiar…?

Nos encontramos por supuesto ante el género paradójico, tan usado por Jesús. A Jesús le gustan las exageraciones, las paradojas, porque a la gente le gustan también, porque permiten que el mensaje penetre con claridad y agudeza. Hay en los evangelios muchas muestras de este género:

· el camello y el ojo de la aguja;
· si tu ojo te escandaliza, arráncatelo,
· la parábola de los viñadores de la hora undécima,
· el administrador infiel,
· la figura del padre del hijo pródigo…

No se trata de tomar al pie de la letra un mandato, sino de dejar claro un mensaje. Y el mensaje es aquí la radicalidad del Reino. Invitar, ser invitado, comer con los amigos… está muy bien, es incluso necesario y bueno: dar de comer al hambriento está en otra dimensión: es aún mucho mejor.

«Dichoso tú, porque no pueden pagarte» nos asoma al mundo paradójico de las Bienaventuranzas. Llamar «dichosos» a los pobres, a los que sufren… etc., etc. es absurdo. ¿Tenemos que pensar que es bueno estar enfermo, que es bueno no tener para comer…?

Evidentemente, no. Pero lo contrario no es, sin más, correcto. Tener dinero, estar sano etc. puede ser bueno o no serlo. Si conduce al reino, si vale para el reino, es bueno. Si aparta del reino, si impide el reino, es malo. Pero nosotros tendemos a afirmar «dichosos los ricos, dichosos los sanos», sin más, conduzcan al reino o no.

Y además, más al fondo, dinero, salud, amigos, influencias, poder etc. pueden y suele ser las más insidiosas trampas, porque nos llevan a considerar que eso es el reino, el único reino deseable y esperable: salud, dinero, amor, aquí y ahora… haciéndonos además la ilusión de que van a ser para siempre.

Así, la expresión ‘dichosos…’ de las bienaventuranzas es la forma paradójica, sorprendente, de hacernos caer en la cuenta de dónde está el verdadero valor de todas las cosas.

En el texto de hoy, invitar a los amigos, a los parientes… es un valor. Cenamos juntos para celebrar y confirmar nuestra amistad. Jesús mismo era bien conocido por el valor que daba a sus comidas, porque recibía invitaciones. La eucaristía nació en una cena de despedida con sus íntimos. No, Jesús no está negando el valor de nuestras invitaciones, de nuestras reuniones familiares…

Jesús aprovecha la oportunidad de una comida para volver a exponer la radicalidad del reino: todo eso tiene valor si vale para el reino, y sólo entonces. Dar de comer a los que necesitan comer es un valor claro: sin ninguna mezcla de interés, de instalación, de vanidad.

Esto nos lleva a planteamientos más generales y profundamente inquietantes en nuestra sociedad occidental. Vivimos en una relativa prosperidad, no carecemos de lo necesario e incluso tenemos mucho más de lo que necesitamos, vestimos bien, tenemos dinero en el banco, estamos sanos, nuestro sistema sanitario previene o cura nuestras enfermedades, tenemos amigos, tenemos trabajo…

Y en todas esas cosas encontramos nuestra satisfacción, nuestra paga. «Dichoso tú, porque no pueden pagarte» se aplica muy bien a nuestra situación, en negativo. Jesús mismo lo dijo en otra ocasión: «Ya han recibido su paga» (Mateo 6,5).

Todas nuestras actividades, nuestro modo de vivir, nos retribuyen, llevan consigo su satisfacción… y nos quitan el hambre del reino. La salud, el dinero y todo lo demás son medios estupendos para trabajar por el reino; pero se nos convierten en fines, los usamos para disfrutar de ellos, son nuestros ídolos. Entonces se convierten en males.

Jesús es radical: si algo te perjudica, arráncatelo. Pero esta radicalidad es lógica… si lo primero es el reino.

Una vez más, la imagen del caminante es iluminadora:

cómodas botas de lona o elegantes zapatos de altos tacones,
mochila con lo indispensable o kilos y kilos de…
una cantimplora con agua o varias botellas de licor…

¿Bueno o malo? Según lo que se pretenda:

si pretendemos caminar bien y alcanzar nuestra meta,
o si renunciamos a caminar, a ir a alguna parte, y pretendemos sin más sentarnos a disfrutar.

Interpretando hasta el final la imagen, Jesús entiende que el ser humano es un proyecto: se puede realizar, se puede echar a perder.

Esto es tan importante, tan vital, que todo se debe ordenar a ese fin, la realización del proyecto de persona que cada uno somos. Ese fin polariza todas las demás cosas, que se convierten en medios: medios de realización, medios de fracaso. Es la importancia que Jesús da a la realización de cada persona lo que le hace ser tan radical.

Nuestra sociedad occidental vive en una ficción del paraíso. Por eso, nuestras peticiones a Dios suelen consistir en que esto dure. «Venga tu reino» es la expresión de la inconformidad, del deseo de una realidad, personal y comunitaria, más satisfactoria. Pero solemos conformarnos con menos.

José Enrique Galarreta

 

22. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «Sin excluir / Baztertu gabe»

Sin excluir / Baztertu gabe

Lucas 14, 1. 7-14
1 de Septiembre de 2013

José Antonio Pagola, Comentarios evangélicos

Jesús asiste a un banquete invitado por “uno de los principales fariseos” de la región. Es una comida especial de sábado, preparada desde la víspera con todo esmero. Como es costumbre, los invitados son amigos del anfitrión, fariseos de gran prestigio, doctores de la ley, modelo de vida religiosa para todo el pueblo.

Al parecer, Jesús no se siente cómodo. Echa en falta a sus amigos los pobres. Aquellas gentes que encuentra mendigando por los caminos. Los que nunca son invitados por nadie. Los que no cuentan: excluidos de la convivencia, olvidados por la religión, despreciados por casi todos. Ellos son los que habitualmente se sientan a su mesa.

Antes de despedirse, Jesús se dirige al que lo ha invitado. No es para agradecerle el banquete, sino para sacudir su conciencia e invitarle a vivir con un estilo de vida menos convencional y más humano: “No invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a los vecinos ricos porque corresponderán invitándote… Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”.

Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo mas humano y fraterno, querido por Dios.

De ordinario, vivimos instalados en un círculo de relaciones familiares, sociales, políticas o religiosas con las que nos ayudamos mutuamente a cuidar de nuestros intereses dejando fuera a quienes nada nos pueden aportar. Invitamos a nuestra vida a los que, a su vez, nos pueden invitar. Eso es todo.

Esclavos de unas relaciones interesadas, no somos conscientes de que nuestro bienestar solo se sostiene excluyendo a quienes más necesitan de nuestra solidaridad gratuita, sencillamente, para poder vivir. Hemos de escuchar los gritos evangélicos del Papa Francisco en la pequeña isla de Lampedusa: “La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás”. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia”. “Hemos perdido el sentido de la responsabilidad”.

Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al Reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.

José Antonio Pagola

BAZTERTU GABE

Lukas 14, 1. 7-14

Jesus jaiotordu batera joan da, eskualdeko «fariseu handikietako batek» gonbidaturik. Otordu berezia da, larunbatekoa, bezperatik arduraz prestatua. Ohi bezala, gonbidatuak gonbidatzailearen adiskide dira, izen handiko fariseu, lege-maisu, herri osoarentzat bizitza erlijiosoaren eredu.

Itxuraz, Jesus ez dago batere eroso. Bere adiskide pobreen falta nabari du. Bidean eskean ikusi ohi duen jende hura. Inork inoiz ere gonbidatzen ez duen hura. Ezer ez den hura: bizikidetzatik baztertua, erlijioak ahaztua, ia guztiek gutxietsia. Jende hori da bere mahaian eskuarki ikusi ohi dena.

Agur esan aurretik, gonbidatu duenari mintzatzera doa Jesus. Ez doa otorduagatik eskerrak ematera; alderantziz, haren kontzientziari astindu bat eman nahi dio, hain konbentzionala ez den eta gizakoiagoa den biziera bat bizitzera gonbidatu nahi du: «Ez gonbidatu zeure adiskideak, ezta senide, ahaide edo auzoko aberatsak ere; zeren beraiek ere gonbidatu egingo zintuzkete… Aitzitik, otordu bat ematean, gonbidatu behartsu, elbarri, herren eta itsuak. Zorionekoa zu orduan, ez baitute zuri ordaintzerik! Zintzoak piztuko direnean jasoko duzu ordaina».

Beste behin, bizitza gizakoiago bihurtzen ahalegindu da Jesus; horretarako, eskema eta irizpide batzuk hautsi behar badira ere, oso errespetagarri direla iruditu arren, azpi-azpian oztopo direnak mundua gizakoiago eta anai-arreba artekoago, Jainkoak nahi bezalako, egiteko.

Eskuarki, harreman familiar, sozial, politiko eta erlijiosoen ingurumen batean bizi ohi gara; haietaz baliatzen gara geure interesak zaintzeko, baina kanpoan utziz ekarpenik ezin egin digutenak. Geure bizitzara gonbidatu, beren aldetik gu gonbidatu ahal gaituztenak gonbidatu ohi ditugu. Hori da guztia.

Probetxuzko harremanen esklabo izan ohi gara; ez gara konturatzen, geure ongizatea sostengatzeko, jende jakin bat baztertzera jotzen dugula: bizi ahal izateko gure doako solidaritatearen premiarik handiena duena. Entzun ditzagun Frantzisko aitaren santuaren ebanjelioaren arabera oihu hauek, Lampedusa uharte koxkorrean botatakoak: «Ongizatearen kulturak sorgor bihurtu gaitu besteen garrasiaren aurrean». «Axolarik ezaren globalizazioan murgildu gara». «Erantzukizunaren zentzua galdu dugu».

Jesusen jarraitzaileok gogoan izan behar dugu hau: Jainkoaren Erreinuari bideak urratzea ez datzala gizarte erlijiosoago bat eraikitzean; ezta, beste sistema batzuk bezala, posible den sistema politiko ordezko bat eragitean ere; baizik, guztien gainetik, azkena den jendeagandik hasirik, guztientzat bizitza duinago baterako baldintzak ahalbidetuko dituzten giza harremanak sortu eta garatzean.

 

Jose Antonio Pagola

 

ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.14,1,7-14)


DOMINGO XXII. T.O. –C-SEPTIEMBRE 1

*EL QUE SE ENALTECE SERÁ HUMILLADO
*Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO.
* Las palabra y actitudes de Jesús en este Evangelio son una crítica a nuestro mundo, donde todavía existen “los primeros puestos” y “el último puesto”. Dios ha invitado a la humanidad entera a la fiesta de la vida. Pero el modo de actuar que tenemos deja a millones de personas al margen. Jesús nos sigue invitando a no creernos superiores a los demás, porque esto nos lleva al peligro de la autosuficiencia y desprecio hacia los otr@s. Jesús sigue presente en medio de la vida y en el esfuerzo de las comunidades por ir haciendo real, aquí y ahora, su Reino de vida y fraternidad.
* Tod@s somos invitad@s al “banquete del Reino”, especialmente los más pobres o necesitad@s, con los que El, se sentaba a la mesa. Pero Jesús con esta parábola habla a toda la Iglesia para que no entre en la dinámica del poder y nos habla a cada cristian@ para que no caigamos en querer ser l@s primeros, l@s poderos@s. Y tengamos siempre en cuenta a l@s más pobres en todos los aspectos.
* Vivir siguiendo a Jesús es una tarea realmente costosa, que puede llevar a la cruz y dificultades por anunciar el Evangelio, pero que al mismo tiempo llena a las personas de ánimo, de alegría, de esperanza. Quien mejor acogió el plan de Dios, fue Jesús, el humilde de corazón y se hizo el servidor de tod@s. Y nos dice:”Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Ahora la “sencillez” y la “humildad” parecen estar en retroceso. Una pena.
Pero conviene aclarar que hacerse el humilde no es ser humilde. La humildad es “virtud que consiste en el conocimiento de nuestras limitaciones y en actuar de acuerdo con ese conocimiento y reconocer con sencillez nuestros valores dando gracias” y poniéndolos al servicio de l@s demás. La humildad es andar en la verdad.
* ORACIÓN
* Jesús de Nazaret, te damos gracias porque has elegido el lugar de los pobres, así, tenemos sitio tod@s. Con esto nos has enseñado el camino de la felicidad, aunque nos cueste creerlo. Y nos has dicho en que consiste la grandeza y la dignidad de cada ser humano y nos repites:
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Y sabed que:
“Los últimos serán los primeros”
Todo requiere de nosotros un “nacimiento nuevo” que es sin duda es una “CONVERSIÓN” desde lo más profundo de nuestro interior, en verdad.
Jesús de Nazaret fortalece nuestros corazones y muévenos a servirte en aquellos que lo necesiten, pero que sea un servicio en sencillez y naturalidad, dando con generosidad y sin esperar agradecimiento. AMÉN
*ZURIÑE

21º DOMINGO T.O., «SI «ALGUIEN» QUIERE PASAR, LA PUERTA SE CIERRA»

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

25 de Agosto de 2013

Lc 13, 22-30

El texto nos recuerda una vez más, que Jesús va de camino hacia Jerusalén, que será su meta. Sigue Lucas con la acumulación de dichos sin mucha conexión entre sí, pero todos tienen como objetivo ir instruyendo a los discípulos sobre el seguimiento de Jesús.

Jesús no responde a la pregunta, porque está mal planteada. La salvación no es una línea que hay que cruzar, es un proceso de descentración del yo, que hay que tratar de llevar lo más lejos posible. Trataremos de adivinar por qué no responde a la pregunta y lo que quiere decirnos.

No es fácil concretar en qué consiste esa salvación de la que se habla en los evangelios. Ya entonces, pero sobre todo hoy, tenemos infinidad de ofertas de salvación. El concepto hace referencia en primer lugar a la liberación de un peligro o de una situación desesperada. El médico está todos los días curando en el hospital, pero se dice que ha salvado a uno, cuando estando en peligro de muerte ha evitado ese final. Aplicar este concepto a la vida espiritual puede despistarnos. El mayor peligro para una trayectoria espiritual es dejar de progresar, no que se encuentren obstáculos en el camino. La salvación no sería librarme de algo sino desplegar un máximo de plenitud humana durante toda la existencia.

¿Serán muchos los que se salvan? Podíamos hacernos infinidad de preguntas sobre la salvación. De hecho ha habido discusiones teológicas interminables sobre el tema.

¿Para cuándo la salvación? ¿Salvación aquí o en el más allá? ¿Salvación material o salvación espiritual?

¿Quién nos salva? ¿Nos salva Dios? ¿Nos salva Jesús? ¿Nos salvamos nosotros? ¿Salvan las obras o la fe? ¿Salva la religión? ¿Salvan los sacramentos? ¿Salva la oración, la limosna o el ayuno? ¿Nos salva la Escritura?

¿Cómo es esa salvación? ¿Salvación material o salvación espiritual? ¿Salvación individual o comunitaria? ¿Es la misma para todos? ¿Se puede conocer antes de alcanzarla? ¿Podemos saber si estamos salvados?

Tengo casi terminado un libro que trata de responder a todas estas preguntas. Pero resulta que es inútil toda respuesta, porque las preguntas están mal planteadas. Todas dan por supuesto que hay un yo que debe ser salvado. Cuando me di cuenta de que la salvación no es alcanzar la seguridad para un ser individual, sino que consiste en superar toda idea de individualidad, perdí todo interés por terminar el libro y mucho más por publicarlo.

En realidad todos se salvan de alguna manera, porque todo ser humano despliega algo de esa humanidad por muy mínimo que sea ese progreso. Y nadie alcanza la plenitud de salvación porque por muchos que sean los logros de una vida humana, siempre podría haber avanzado un poco más en el despliegue de su humanidad. Todos estamos, a la vez, salvados y necesitados de salvación. Esta idea nos desconcierta, porque lo único que nos tranquiliza de verdad es la seguridad de alcanzarla o de estar ya salvados.

Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Esta frase nos puede iluminar sobre el tema que estamos tratando. Pero la hemos entendido mal y nos ha metido por un callejón sin salida. El esfuerzo no debe ir encaminado a potenciar un yo para asegurar su permanencia incluso en el más allá.

No tiene mucho sentido que esperemos una salvación para cuando dejemos de ser auténticos seres humanos, es decir, para después de morir.

La salvación no puede consistir en la liberación de todo aquello que percibo como carencia, es decir, que alguien me saque de las limitaciones que no acepto porque no me he enterado de que soy criatura y por lo tanto limitada. Esas limitaciones no son fallos del creador sino parte esencial de mi ser.

La salvación tiene que consistir en alcanzar una plenitud sin pretender dejar de ser criatura y limitada. Como esto exige una renuncia a ser perfectos, nunca nos podemos conformar con una salvación que no nos saque de nuestras imperfecciones.

Ni el sufrimiento ni la enfermedad ni la misma muerte pueden restar un ápice a mi condición de ser humano. Mi plenitud la tengo que conseguir con esas limitaciones, no cuando me las quiten.

Lo que se puede añadir o quitar pertenece siempre al orden de las cualidades, no es lo esencial. Pensar que la creación le salió mal a Dios y ahora solo Él puede corregirla y hacer un ser humano perfecto es una aberración que nos ha hecho mucho daño. La salvación no puede consistir en cambiar mi condición de ser humano por otro modo de existencia.

Nuestra religión nos ha metido por este callejón sin salida. No ha convencido de que, con la ayuda de dios, puedo llegar a ser un superhombre. Nada más lejos del mensaje de Jesús. «las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera». Lo que se nos pide es que despleguemos nuestra humanidad a tope, no siendo más que los demás sino precisamente siendo menos.

Para tomar conciencia de dónde tenemos que poner el esfuerzo es imprescindible entender bien el aserto. Debemos desechar la idea de un umbral que debemos superar. No debemos hacer hincapié en la puerta sino en el que debe atravesarla.

No es que la puerta sea estrecha, es que se cierra automáticamente en cuanto alguien pretende atravesarla. Solo cuando tomemos conciencia de que somos nadie, se abrirá de par en par. Mientras no captes bien esta idea, estarás dando palos de ciego en orden a tu verdadera salvación.

No estamos aquí para salvar nuestro yo, sino para desprendernos de él hasta que no quede ni rastro de lo que creíamos ser. Cuando mi falso ser se esfume, quedará de mí lo que soy de verdad y entonces estaré ya al otro lado de la puerta sin darme cuenta.

Cuando pretendo estar seguro de mi salvación o cuando pretendo que los demás vean mi perfección, en realidad estoy alejándome de mi verdadero ser y enzarzándome en mi propio ego.

En realidad, no estamos aquí para salvarnos sino para perdernos en beneficio de todos.

El domingo pasado decía Jesús: «He venido a traer fuego a la tierra, ¿qué más puedo pedir si ya está ardiendo? Todo lo creado tiene que transformarse en luz, y la única manera de conseguirlo es ardiendo. El fuego destruye todo lo que no tiene valor, pero de esa manera purifica lo que vale de veras. Este es el proceso: consumir todo lo que hay en mí de ego y potenciar lo que hay de verdadero ser.

Somos como la vela que está hecha para iluminar consumiéndose; mientras esté apagada y mantenga su identidad de vela será un trasto inútil. En el momento que le prendo fuego y empieza a consumirse se va convirtiendo en luz y da sentido a su existencia. Cuando nos pasamos la vida adornando y engalanando nuestra vela; cuando incluso le pedimos a Dios que, ya que es tan bonita, la guarde junto a Él para toda la eternidad, estamos renunciando al verdadero sentido de una vida humana, que es arder, consumirse para iluminar a los demás.

No sé quienes sois. Toda la parafernalia religiosa que hemos desarrollado durante dos mil años no servirá de nada si no me ha llevado a desprenderme del ego.

El yo más peligroso para alcanzar una verdadera salvación es el yo religioso. Me asusta la seguridad que tienen algunos cristianos de toda la vida en su conducta irreprochable. Como los fariseos, han cumplido todas las normas de la religión. Han cumplido todo lo mandado, pero no han sido capaces de descubrir que en ese mismo instante, deben considerarse «siervos inútiles».

Esta advertencia es mucho más seria de lo que parece. Pero no tenemos que esperar a un más allá para descubrir si hemos acertado o hemos fallado. El grado de salvación que hayamos conseguido se manifiesta en cada instante de nuestra vida por la calidad de nuestras relaciones con los demás.

No se trata de prácticas ni de creencias sino de humanidad manifestada con todos los hombres. Lo que creas hacer directamente por Dios no tiene ninguna importancia. Lo que haces cada día por los demás es lo que determina tu grado de plenitud humana, que es la verdadera salvación.

Meditación-contemplación

He venido a prender fuego a la tierra.

El fuego que Jesús trae, me tiene que consumir a mí.

Mi falso yo, sustentado en lo material,

tiene que consumirse para que surja el verdadero ser.

…………………

Todo lo que trabajemos para potenciar la individualidad,

será ir en dirección contraria a la verdadera meta.

Mientras más adornos y capisayos le coloque,

más lejos estaré de mi verdadera salvación

……………………..

Para que surja el oro de mi verdadera naturaleza,

tiene que arder la escoria de mi ego.

La luz que ya existe en el fondo de mi ser,

solo se manifestará cuando arda mi materialidad.

……………………..

Fray Marcos

 

21º DOMINGO T.O., «CONFIANZA, SÍ. FRIVOLIDAD, NO»

Escrito por  José Antonio Pagola

25 de agosto de 2013

Lc 13, 22-30

La sociedad moderna va imponiendo cada vez con más fuerza un estilo de vida marcado por el pragmatismo de lo inmediato. Apenas interesan las grandes cuestiones de la existencia. Ya no tenemos certezas firmes ni convicciones profundas. Poco a poco, nos vamos convirtiendo en seres triviales, cargados de tópicos, sin consistencia interior ni ideales que alienten nuestro vivir diario, más allá del bienestar y la seguridad del momento.

Es muy significativo observar la actitud generalizada de no pocos cristianos ante la cuestión de la «salvación eterna» que tanto preocupaba solo hace pocos años: bastantes la han borrado sin más de su conciencia; algunos, no se sabe bien por qué, se sienten con derecho a un «final feliz»; otros no quieren recordar experiencias religiosas que les han hecho mucho daño.

Según el relato de Lucas, un desconocido hace a Jesús una pregunta frecuente en aquella sociedad religiosa: «¿Serán pocos los que se salven?» Jesús no responde directamente a su pregunta. No le interesa especular sobre ese tipo de cuestiones estériles, tan queridas por algunos maestros de la época. Va directamente a lo esencial y decisivo: ¿cómo hemos de actuar para no quedar excluidos de la salvación que Dios ofrece a todos?

«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha». Estas son sus primeras palabras. Dios nos abre a todos la puerta de la vida eterna, pero hemos de esforzarnos y trabajar para entrar por ella. Esta es la actitud sana. Confianza en Dios, sí; frivolidad, despreocupación y falsas seguridades, no.

Jesús insiste, sobre todo, en no engañarnos con falsas seguridades. No basta pertenecer al pueblo de Israel; no es suficiente haber conocido personalmente a Jesús por los caminos de Galilea. Lo decisivo es entrar desde ahora en el reino Dios y su justicia. De hecho, los que quedan fuera del banquete final son, literalmente, «los que practican la injusticia».

Jesús invita a la confianza y la responsabilidad. En el banquete final del reino de Dios no se sentarán solo los patriarcas y profetas de Israel. Estarán también paganos venidos de todos los rincones del mundo. Estar dentro o estar fuera depende de cómo responde cada uno a la salvación que Dios ofrece a todos.

Jesús termina con un proverbio que resume su mensaje. En relación al reino de Dios, «hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos». Su advertencia es clara. Algunos que se sienten seguros de ser admitidos pueden quedar fuera. Otros que parecen excluidos de antemano pueden quedar dentro.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.13,22-30)

•DOMINGO XXI -T.O-C- AGOSTO 25
* CREER EM LA VIDA ETERNA.
* Señor ¿Serán pocos los que se salven?.” Jesús les dijo (y nos dice)
“Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”.
* Está claro que l@s cristian@s hemos hecho una elección y la hemos hecho respecto a Alguien. Hemos elegido CREER, en el Dios de Jesús, por eso nos debe interesar saber como se llega hasta El, cómo se consigue al final de la vida, encontrarse con ese Padre que se nos presenta como entrañable y misericordioso al final de nuestro camino, esa vida nueva y nueva tierra.
* Es bueno recordar que el Evangelio de Cristo es un mensaje que exige decisión y entrega. El evangelio es una palabra que viene a nosotr@s y exige el control de nuestra vida. Por eso debemos preguntarnos ¿Me he entregado a esta forma de vida?:
* Jesús nos habla de entrar por
“La puerta estrecha” y podría añadir “como yo lo he hecho”. Porque parece ser que el camino para ir a esa vida eterna por la que hemos optado, empieza aquí y ahora y es el que hizo Jesús, que tuvo mucho de puerta estrecha: No tuvo poder, que es lo que requiere un líder, ni éxito arrollador, ni aplauso de los poderosos de su tiempo, sino todo lo contrario. El podía hablar de “puerta estrecha” y que lo que parece imposible, (Y la puerta estrecha tiene dificultades) no lo es si se camina de la mano de ese Dios por el que se ha optado. Eso hizo Jesús, siempre la voluntad del Padre.
* La puerta para el Reino de los cielos. ¿De qué puerta habla Jesús en el evangelio? Puede ser la puerta de la habitación de un enfermo, cuando lo visito, persona que siente soledad y la escucho, la puerta de saber pedir perdón, la puerta de admirar y agradecer la creación y por supuesto la puerta de los “últimos”, los pobres de hoy, los excluidos de cualquier forma y Dios anda entre ellos y Jesús estaría hoy también con ell@s. Por eso nos dice el evangelio: “Hay últimos que serán primeros”. Y para todo esto, quizá necesitamos la “puerta estrecha” de la CONVERSION.
* Y ¿qué fuerzas necesito para entrar por estas puertas? Quizá necesito la fuerza de la “escucha” en mi interior para ver la puerta y no pasar de largo. La oración. La fuerza del valor para pedir perdón, la fuerza de la comprensión etc. Son puertas cotidianas. Y detrás de esas puertas descubro a Dios. Son las puertas del Reino, cuando me esfuerzo por atravesarlas.
* Nos podemos preguntar: ¿Cuáles son las puertas estrechas que pasó de largo? ¿Por cuáles tengo que pasar? Y una vez encontrada la “puerta” hay que proseguir. Tenemos que recuperar hoy la voz de la palabra interior y personalizar para responder a la invitación de Jesús exigente, pero salvadora
* ORACIÓN
* Jesús de Nazaret, el camino está claro, pero siento que a veces me falta fuerza para realmente querer recorrer esa senda que lleva a tu Reino, cruzar esa puerta estrecha que implica negarme a pasar por la puerta ancha y grande del egoísmo, comodidad, consumismo, en una palabra, falta de entrega a tu llamamiento… Dame la luz para comprender que sólo hay ese camino por lo que debo convertirme en un instrumento dócil y confiado en tu Voluntad que no es otra que la Voluntad de Dios Padre, que tu viviste.
«¿Queremos de verdad seguir a Jesús de Nazaret construyendo el Reino de Dios? Una pista muy sencilla: abrir la puerta de nuestro interior, dejando entrar el “aire refrescante del evangelio” que nos recuerda y enseña la “puerta y camino estrecho”
que Jesús siguió y vivió y así se hizo presente tu Reino en el mundo; este Reino que también nos has confiado y que debemos contribuir a que crezca.
Y Jesús nos dice:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”,
Nadie va al Padre, sino por mí. AMÉN
*ZURIÑE