* ORAR CON EL EVANGELIO:(Mt.22.1-14)

  • DOMINGO 28º. T.O. –A- (Octubre 12 DE 2014)

*     Esta parábola, como todo el evangelio, conviene leerla desde nuestra cultura.

Aquí se habla del Reino de los cielos, es decir, de la Promesa de la nueva  tierra que Dios nos ofrece. Tierra que tiene que ir surgiendo con nuestro esfuerzo. Esta tierra nueva a la que todos estamos
llamados, está contada como una fiesta de bodas que un rey celebra en los desposorios de su hijo.
La Promesa de Dios para todos es la abundancia… “Un festín de manjares suculentos”.
Pero claropara los que viven en abundancia, la Promesa no tiene ningún aliciente.

Los importantes se niegan a aceptar la invitación, lo que tienen les basta, no quieren el mundo nuevo, el

Futuro, a ellos les va bien… Esto ha pasado siempre y tristemente, seguirá pasando.

Pero el banquete, no se suspende; el ofrecimiento del Reino sigue haciéndose a pesar de la falta de

Acogida, esto nos llena de esperanza.

  • “Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis invitadles a la boda.”

Estos transeúntes anónimos, gente marginal sin poderes, pobres de posesiones y negocios, si escuchan la invitación y abarrotan la sala de fiesta. No sólo son los privilegiados de la buena noticia sino los llamados a formar parte del Reino; son el número de la nueva humanidad.

*    Luego en la parábola hay otro punto que nos puede desconcertar cuando nos dice: “¿Cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?… arrojadlo fuera”. La llamada ha sido una gracia pero exige un comportamiento, porque no se va al banquete sólo para comer y aprovecharse sino para juntarse a otros y compartir con otros. Es la esperanza de una humanidad unida compartiendo por igual los bienes, rompiendo soledades y aislamientos. Hay que ir acompañados con las obras de la fe; hay que mostrar  con obras las entrañas de misericordia del Padre que convoca, en vez de las entrañas endurecidas que mostraron los que rechazan la invitación. Hay que colaborar con los demás para que el banquete se logre. De lo contrario no tendrás sitio en la mesa.

*          La “parábola del banquete nupcial” nos habla de esa invitación que nos llega insistentemente a cada persona, pero es rechazada cuando sólo estamos ocupados en nuestras cosas.

El mensaje es claro: hay que decidirse. Hay que escuchar la llamada que nos llega de Dios. No hay que temerla pues, aun siendo a veces exigente, siempre es llamada que conduce a la fiesta y plenitud. Escuchemos hoy la esperanza que se nos anuncia. La Promesa del Reino es nuestra, si queremos recibirla. Hay que saber responder.

*                                                                      ORACIÓN


Jesús de Nazaret, Cristo del Reino, dinos de nuevo la invitación casi olvidada:
“Ha llegado el Reino de los cielos convertíos”.
Danos tu Espíritu  de vida, de energía, de amor y libertad, de justicia y de verdad de bondad y de paz, de confianza en Dios como Padre.

Ayúdanos a crecer en unión, fraternidad y justicia. Que demos pasos de conversión caminando y construyendo tu Reino, aquí y ahora.

Que como María (Fiesta del Pilar que hoy celebramos) en la fiesta de bodas en  Cana,  seamos una comunidad de ojos y corazón abiertos a las necesidades de los demás. AMÉN. ZURIÑE

28º DOMINGO T.O., «NO OLVIDAR LO QUE SOMOS»

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 22, 1-14

Parece que Mateo ha enlazado aquí dos parábolas, la primera de las cuales parece remitir al Jesús histórico, aunque no así la segunda.

La imagen de las bodas es una de las preferidas para hablar del Reino. La celebración nupcial se prolongaba durante varios días y era considerada como la gran fiesta de la alegría y de la abundancia. Si tenemos en cuenta que se trataba de una sociedad donde la comida era escasa, apreciaremos mejor hasta qué punto se valoraba una celebración de ese estilo.

La primera parábola presenta a un rey que prepara la boda de su hijo. Pero, al llamar a los comensales –a los que, según la costumbre, se había invitado previamente-, estos empiezan a excusarse, llegando incluso a maltratar y asesinar a los criados.

Rechazar la invitación a una boda –invitación que seguía un protocolo sumamente cuidado- suponía una ofensa grave hacia el anfitrión.

Ante el rechazo, el rey decide abrir las puertas a todos los que deseen, “buenos y malos”, hasta que la sala queda completamente llena.

Hasta aquí la primera parábola. Como decía, la imagen de la boda parece remitirse al propio Jesús, aunque Mateo haya alegorizado la parábola, para leerla en clave cristológica y eclesiológica: nosotros –vendría a decir Mateo a su comunidad- somos aquellos invitados que se hallaban “en los cruces de los caminos”, que han sido llamados a las bodas del hijo de Dios (Jesús), en lugar del que había sido el “pueblo elegido”, que se negó a asistir (a reconocer a Jesús) y actuó de mala manera.

Pero, a continuación, Mateo añade otra parábola, referida ahora a su comunidad que ocupa ya la “sala del banquete”. En ella se encuentra alguien que ciertamente ha sido invitado, pero que no lleva el “traje de fiesta”.

Ese “traje” es un símbolo del bautismo. El reproche que se hace al invitado es que está participando del banquete sin ser coherente con el bautismo que ha recibido. La parábola se torna amenaza, con vistas a exigir un comportamiento adecuado a quienes se han integrado en la comunidad.

Con toda seguridad, este añadido no es de Jesús –que no podría haber hablado del bautismo comunitario-, sino que habría surgido dentro ya de la comunidad mínimamente establecida.

Aparte la primera interpretación –en claves cristológica y eclesiológica-, la imagen de las bodas alude a la unidad de todo lo real: todo es uno. Cuando lo vemos, en nuestra existencia aparece una sensación de vinculación, pertenencia, paz, plenitud, unidad…

Nuestro drama, por el contrario, consiste en ignorar esa realidad compartida. No es raro que vivamos distraídos –ocupados en “las tierras y los negocios”-, absolutizando lo que solo es relativo y confundidos con aquello que hacemos.

Cuando eso sucede, nos olvidamos de “las bodas” –de la realidad que es, de nuestra verdadera identidad- y nos entretenemos en aquellas cosas a las que el yo se aferra. La consecuencia es una vida egocentrada y carente de significado profundo.

La palabra de Jesús, en forma de invitación, constituye una buena noticia: nos anima a mirar en profundidad, más allá de la inmediatez que entretiene al ego, hasta reconocer lo que realmente somos, Aquello que es uno y pleno, lo único estable y permanente, lo que siempre se halla a salvo.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

28. IGANDEA URTEAN ZEHAR, “GONBITA-INVITACIÓN”, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mat. 22, 1-14

ECLESALIA, 04/06/08. Jesusek oso ondo zekien, Galileako landa-jendeak asko gozatzen zuela herrixketan ospatzen ziren ezteietan. Dudarik gabe, bera ere partaide izan zen haietako batean baino gehiagotan. Zer esperientzia hobeagorik jende harentzat ezteietara gonbidatua izatea baino?, eta auzokoekin mahai berean esertzea baino ezteietan elkarrekin parte hartzeko?

Txikitan bizi izandakoaren oroitzapen honek ondo asko lagundu zion kasuren batean, Jainkoarekin izandako bere esperientzia era berri eta harrigarri batean komunikatzeko. Jesusen arabera, Jainkoa azken otordu bat prestatzen ari da bere seme-alaba guztientzat; izan ere, guztiak ikusi nahi ditu mahai berean eserita beraren ondoan, betikotasun osoan guztiek bete-beteko bizi zoriontsuaz gozatzeko.

Esan genezake, bere bizitza osoa honela hartu zuela Jesusek: Jainkoaren izenean ospatutako azken jai hartarako gonbit handi bezala. Horregatik, Jesusek ez du ezer ezarri indarrez, ez du inor ere behartu. Jainkoaren Berri Ona hots egin du, Aitaganako konfiantza iratzarri edo esnatu du, esperantza eragin du guztien bihotzean. Guztiei helarazi behar zaie gonbita.

Baina zertan da Jainkoaren gonbit hau? Nork hots egiten du? Nork entzuten? Non eta noiz hitz egiten da, gure Elizan, azken jai honetaz? Geure ongizateaz aserik, momentu-momentuko probetxuko ez diren gauza guztiekiko sorgor, ematen du ez dugula jadanik Jainkoaren beharrik. Ez ote gara ohituko pixkana-pixkana, azken esperantza hori janaritu beharrik gabe bizitzen?

Gizon errealista zen Jesus. Bazekien, Jainkoaren gonbitari jendeak uko egin diezaiokeela. «Ezteietara gonbidatutakoen» parabolan, gonbidatuen erreakzio desberdinak aipatzen dira. Batzuek jakinaren gainean eta zorrotz egiten diote uko gonbitari: «ez zuten joan nahi izan». Beste batzuek guztiz axolagabe erantzun dute: «ez zioten kasurik egin». Ardura handiagoa dute beren lur eta negozioez.

Halere, parabolaren arabera, Jainkoak ez du etsi. Gauza guztien gainetik, ospatuko da azken jai bat. Jai-otorduaren jangela gonbidatuz betetzea da Jainkoaren gogoa. Horregatik, «bidegurutzeetara» joan behar da; haietan jende asko ibili ohi da erdi galdurik, esperantzarik gabe, etorkizun-zentzurik gabe. Elizak, fedez eta pozik jarraitu behar du Jainkoaren gonbita hots egiten, Jesusen Ebanjelioan aldarrikatua.

Frantzisko aita santua kezkaturik dabil prediku-mota honetaz: «errepikatzearen errepikatzeaz eta indarrez ezarri nahi den eta loturarik gabeko irakaspen-sail bat transmititu nahi duenaz ». Arriskurik handiena, Frantziskorentzat, honetan datza: «hots egiten dena ez dela izango Ebanjelioa bera, baizik irakaspen edo moral baten punta markatu batzuk, aukera ideologiko jakin batzuetatik hartuak. Horrela, mezuak bere freskotasuna galtzeko arriskua izango du eta Ebanjelio-usaina galduko».

28 Tiempo ordinario Mateo 22, 1-14
INVITACIÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 04/06/08.- Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.

El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.

 

 

UTILIZAR A DIOS PARA SOMETER A LOS DEMÁS, ES IDOLATRÍA – Fray Marcos

27 Tiempo ordinario (A) Mateo 21, 33-43

Continuación del domingo pasado: de las tres parábolas con que responde Jesús a los jefes religiosos, la de hoy es la más provocadora. Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben estos evangelios, hacia el año 80, ya se había producido la destrucción de Jerusalén y la total separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil ‘anunciar’ lo que había sucedido ya. También se había producido e interpretado la muerte de Jesús, que es uno de los elementos sustanciales del relato.

Aunque el relato puede verse como parábola, el mismo Mt nos la presenta como una alegoría donde, a cada elemento del relato, corresponde un elemento metafórico. El propietario es Dios. La viña es el pueblo elegido. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados una y otra vez, son los profetas.  El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo, donde los dirigentes tienen que entregar frutos, es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia, casi literal, del texto de Isaías. Pero si nos fijamos bien, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de dar uvas, dio agrazones. En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero, curiosamente, al final se retoma la perspectiva de Is y se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Is ni a Jesús se les podía ocurrir.

Como los domingos anteriores, se nos habla de la viña. Una de las imágenes más utilizadas en el AT para referirse al pueblo elegido. Seguramente Jesús recordó muchas veces el canto de Isaías a la viña; sin embargo, no es probable que la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesto la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios les rechazara para elegir a otro pueblo. Por lo tanto está reflejando una reflexión muy posterior, de la primera comunidad cristiana.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se considerarán ahora el pueblo elegido. Esto era inaceptable y un gran escándalo para los judíos que consideraban la Ley y el templo como la obra definitiva de Dios, y ellos sus destinatarios exclusivos. El relato no sólo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazada por no reconocer los derechos de Dios.

Recordemos que entre la Torá (Ley) y el mensaje del Jesús existe un peldaño intermedio que a veces olvidamos, y que seguramente hizo posible que la predicación de Jesús prendiera, al menos en unos pocos. Recordad las veces que se dice en el evangelio: “para que se cumplieran las escrituras”. Ese escalón intermedio fueron los profetas, que dieron chispazos increíbles en la dirección correcta; aunque no fueron escuchados. Muchas de las enseñanzas de Jesús, y precisamente las más polémicas, ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada por los arquitectos es ahora la piedra angular, da por supuesto la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús no pudo contemplar el rechazo del pueblo judío como la causa de su propia muerte. Jesús nunca pretendió crear una nueva religión ni inventarse un nuevo Dios. Jesús fue un judío por los cuatro costados, y nunca dejó de serlo. Si su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo fue muy a su pesar. El traspaso de la viña a otros sobrepasa con mucho el pensamiento bíblico. En el AT el pueblo de Israel es castigado, pero permanece como pueblo elegido.

Tendremos verdadera dificultad en aplicarnos la parábola si partimos de la idea de que aquellos jefes religiosos eran malvados y tenían mala voluntad. Nada más lejos de la realidad. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue la falta de autocrítica y confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños y señores del pueblo. Si la viña no es propiedad de los arrendatarios, tampoco pueden serlo los frutos.

No se pone en duda que la viña dé frutos. Se trata de criticar a los que se aprovechan de los frutos que corresponden al Dueño. Claro que podemos hacer una crítica de nuestra religión. A Jesús le mataron por criticar su propia religión. Atacó radicalmente los dos pilares sobre los que se sustentaba: el culto del templo y la Ley. Tenemos que recordar a nuestros dirigentes que no son dueños, sino administradores de la viña. La tentación de aprovechar la viña en beneficio propio es hoy la misma que en tiempo de Jesús. No tenemos que escandalizarnos de que, en ocasiones, nuestros jerarcas no respondan a lo que el evangelio exige. Por lo menos los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iba por ellos. No estoy tan seguro de que hoy los dirigentes se apliquen el cuento.

La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo con la voluntad de Dios. Esta tentación es mayor cuanto más religiosa sea la comunidad. Esa posibilidad no ha disminuido un ápice en nuestro tiempo. El primer paso para llegar a esta actitud es separar el interés de Dios del interés del hombre. El segundo es oponerlos. Dado este paso ya tenemos todo preparado para machacar al hombre en nombre de Dios. Que es lo que hacían aquellos jefes religiosos.

¿Qué espera Dios de mí? Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Él es el que se nos da totalmente. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él, sino para nosotros. Lo que Dios quiere es que todas y cada una de sus criaturas alcance el máximo de ser. Como seres humanos, tenemos que alcanzar nuestra plenitud precisamente por nuestra humanidad. Dios espera que seamos plenamente humanos. ¿Pero no somos ya seres humanos? No. Somos un proyecto, una posibilidad. Desde que nacemos tenemos que estar en constante evolución. Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella. Según él, ser más humano es ser capaz de amar más.

Si se adjudica la viña a otro pueblo es para que produzca sus frutos. Es la conclusión que podíamos sacar de todo el relato. Ahora bien, ¿de qué frutos nos habla el evangelio? Los fariseos eran los cumplidores estrictos de la Ley.  El relato de Isaías nos dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos”. En cualquier texto de la Torá hubiera dicho: esperó sacrificios, esperó un culto digno, esperó oración, esperó ayuno, esperó el cumplimiento de la Ley.  Pedir derecho y justicia es la prueba de que el bien del hombre es lo más importante. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia”, que ya era mucho, sino de amor, que es la norma suprema.

La denuncia nos afecta a todos, porque todos tenemos algún grado de autoridad y todos la utilizamos buscando muestro propio beneficio en lugar de buscar el bien de los demás. No sólo el superior autoritario que abusa de sus súbditos como esclavos a su servicio, sino también la abuela que dice al niño: si no haces esto o dejas de hacer aquello, Jesús no te quiere. Siempre que utilizamos nuestra superioridad para aprovecharnos de los demás estamos apropiándonos de los frutos que no son nuestros. El evangelio nos da la única alternativa posible al desastre de la historia: Hacer del amor la piedra angular.

 

CRISIS RELIGIOSA – José Antonio Pagola

CRISIS RELIGIOSA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

27 Tiempo ordinario (A) Mateo 21, 33-43

ECLESALIA, 01/10/14.- La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.

Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?

Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.

Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.

Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón…?

Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.

Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”… ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

KRISI ERLIJIOSOA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jainkoak bere herri aukeratuarekin bizi izan duen historia adierazi nahi digu Jesusek «Mahasti-langileen» parabola honetan, ezaugarri alegoriko batzuez baliatuz. Historia tristea da. Jainkoak, hasieratik, maitasun osoaz zaindu zuen bere herri hori. Bere «mahasti kutuna» zuen. Herri eredugarri bihurtu nahi izan zuen, zuzentasunaren eta leialtasunaren eredu. «Argi handi» izango zen herri guztientzat.

Alabaina, herri horrek uko egin die eta hil egin ditu, bata bestearen ondoren, Jainkoak, bizitza zuzenago bateko fruituak jasotzeko asmoz, bidaltzen dizkion profetak. Azkenik, maitasun-keinu sinetsezineko batean, bere Seme propioa bidali dio Jainkoak. Baina herri horretako agintariek garbitu egin dute Seme hori ere. Zer egin lezake Jainkoak, bere itxaropen guztiak hain itsu eta temati huts bihurtu dizkion herri horrekin?

Kontakizuna adi-adi entzuten ari den agintari erlijiosoek berez erantzun diote parabolaren hitz beretan: mahasti-jabeak ezin egin du beste ezer, mahasti-langile haiek hil, eta mahastia beste langile batzuei eman baizik. Espero ez duten konklusio hau atera du Jesusek berehala: «Horregatik diotsuet nik: Jainkoaren erreinua zuei kendu, eta uzta ekarraraziko dion beste herri bati emango zaio».

Komentariogileek eta predikariek sarritan interpretatu izan dute parabola hau, Kristau Eliza «Israel berritzat» emanez; hain zuzen, hirurogeita hamargarren urtean Jerusalem suntsitua izan zelarik, judu-herria munduan barna barreiatu zelako.

Alabaina, gutaz ere mintzo da parabola. Testua, jator irakurtzen badugu, galdera larrik ari zaigu botatzen: Gure garai honetan ekoizten ari al gara Jainkoak bere herriagandik espero dituen «fruituak»?: zuzentasuna baztertuentzat, solidaritatea, gupida sufritzen ari denarentzat, barkazioa…

Jainkoak ez du zertan bedeinkatu kristautasun agor bat, espero dituen fruituak ematen ez dizkion bat. Jainkoak ez du zertan bat egin gure eskastasunarekin, gure inkoherentziekin, desbideratzeekin, leialtasun-faltarekin. Haren itxaropenari erantzuten ez badiogu, bere salbamen-egitasmoarentzat bide berriak urratzen jarraituko Jainkoak, zuzentasun-fruituak emango dituen beste jende batekin.

«Krisialdi erlijiosoaz» mintzo gara gu, «deskristautzeaz», «jarduera erlijiosoa uzteaz»… Ez ote da gertatzen Jainkoa beste bide bat prestatzen ari dela, Jainkoaren erreinuaren egitasmoari leialagoa izango den beste Eliza bat sortuko duena? Ez ote da beharrekoa krisialdiko hau, hain boteretsua ez den baina ebanjelikoagoa izango den beste Eliza bat sortzeko, hain ugaria ez baina mundua gizakoiago bihurtzeari emanagoa izango den beste Eliza bat sortzeko? Ez ote dira etorriko Jainkoari leialago izango diren beste belaunaldi berri batzuk?

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.21.33-43)

  • DOMINGO 27º T.O. -A- OCTUBRE 5 de 2014
  • UNA HISTORIA DE AMOR NO CORRESPONDIDO.

*          De nuevo, la primera lectura de este Domingo (Is. 5, 1-7) y el evangelio, nos hablan de la
VIÑA”.
La viña es una metáfora muy usada en el antiguo Testamento para referirse al pueblo de Israel y el canto de Isaías “un canto de amor”  de los más bello.

*          Los personajes: La viña: El pueblo de Israel.; los arrendatarios son sus soberanos y jefes; el propietario es Dios; los mensajeros son los profetas; el Hijo es Cristo.
Es la historia de amor no correspondido ante un propietario, Dios, que ha puesto con mimo sus esperanzas y proyectos en este pueblo elegido. Y como dice Isaías:
Se dará la viña a un pueblo que produzca frutos.

*          La parábola nos invita a hacer diversas reflexiones: La viña sin duda nos dice en síntesis la historia del pueblo de Israel. Pero sobre todo se ve como los jefes sólo trabajan en beneficio propio.
Los labradores llegan hasta eliminar a los enviados a la viña.
*         En una segunda reflexión, la viña es nuestro mundo. El proyecto de Dios que ha puesto una creación para todos se ve frustrado. Un mundo creado para ser una casa común, una humanidad de diálogo y encuentro, una mesa común, se ve frustrado.
*        Hacemos una 3ª reflexión. La viña es también la Iglesia. El proyecto de Jesús de hacer de la comunidad eclesial un espacio donde se hace presente el Reino de Dios. Es frustración de lo que espera Jesús cuando la comunidad cristiana no es lugar de paz, de justicia y de verdad. Cuando la Iglesia algunas veces se empeña más en poseer verdades, poderes que en producir frutos de libertad, amor, perdón, cercanía, misericordia. Cuando deja de ser anunciadora de la Buena noticia del Reino.
*      Quizá, nos tenemos que parar más aquí. La viña del Señor, somos también cada uno de nosotros; viña y cepa. El proyecto de relación personal de Dios con cada uno de nosotros. El canto de la viña de Isaías (5, 1-7) es la historia del amor de Dios frustrado en mí como cristiano sin talante, sin firmeza en mi fe, sin compromiso, sin esperanza, sin horizonte de futuro, derrotado por una sociedad, un mundo que parece sin remedio. Y nos dice Jesús: Os digo que se os quitará a vosotros el Reino. No se trata de quitar; el Reino pasa a otras manos donde haya personas que den frutos, donde haya personas que acogen, que proclaman el Amor gratuito de nuestro Dios.

La piedra que rechazaron los arquitectos es ahora la piedra angular. Lo fundamental para la construcción del Reino, para que la viña de frutos es Cristo Jesús. Dios vuelve a poner el mundo, la sociedad en nuestras manos. Esta es la maravilla que nos hace nuevos y nos enseña a aprender todo de El, Jesús de Nazaret.
Nos podíamos preguntar: ¿Me dejo interpelar por Jesús? ¿Habla en mi vida y con mi vida el Evangelio? ¿Estoy convencido de que Jesús, el Hijo enviado, es la base más firme para construirme como persona, seguidora de El, libre y responsable?…

ORACIÓN

(Pablo, en la 2ª lectura nos propone, no caer ante los apuros de la vida, sino que en la oración y súplica con acción de gracias presentemos a Dios nuestras peticiones.)

*  Queremos orar por la Iglesia, para que la tarea evangelizadora lo haga con libertad y desprendimiento, inculcando sentimientos de esperanza y solidaridad.

  • Para que la viña que Dios pone en nuestras manos no sea considerada una propiedad privada ni resolvamos los conflictos con violencia.
  • Para que las tensiones que se viven en nuestra sociedad, en el mundo se encaucen a través del diálogo abierto y los deseos sinceros de que la viña común produzca frutos de justicia y paz.
  • Para que los cristianos sepamos unir fe y vida, oración y trabajo, contemplación y compromiso.

*    Ayúdanos, Jesús de la Viña, a sentirnos pueblo tuyo, a recibir tus dones, tus Palabras, tus cuidados, tu Amor. Haciendo que den frutos buenos en bien de los demás.
A luchar contra el hambre, la enfermedad, la marginación, la violencia.
Jesús de la Viña, ten paciencia con nosotros cuando en vez de frutos sabrosos damos agrazones, o no sabemos reconocer que esta Viña del mundo y nosotros como viña somos fruto de tu Amor.
Ayúdanos Jesús de la viña a ser testigos y constructores de tu Reino, que es la viña que has plantado para que trabajemos en ella Y demos frutos de Amor. AMÉN – ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.21.33-43)

  • DOMINGO 27º T.O. -A- OCTUBRE 5 de 2014
  • UNA HISTORIA DE AMOR NO CORRESPONDIDO.

*          De nuevo, la primera lectura de este Domingo (Is. 5, 1-7) y el evangelio, nos hablan de la
VIÑA”.
La viña es una metáfora muy usada en el antiguo Testamento para referirse al pueblo de Israel y el canto de Isaías “un canto de amor”  de los más bello.

*          Los personajes: La viña: El pueblo de Israel.; los arrendatarios son sus soberanos y jefes; el propietario es Dios; los mensajeros son los profetas; el Hijo es Cristo.
Es la historia de amor no correspondido ante un propietario, Dios, que ha puesto con mimo sus esperanzas y proyectos en este pueblo elegido. Y como dice Isaías:
Se dará la viña a un pueblo que produzca frutos.

*          La parábola nos invita a hacer diversas reflexiones: La viña sin duda nos dice en síntesis la historia del pueblo de Israel. Pero sobre todo se ve como los jefes sólo trabajan en beneficio propio.
Los labradores llegan hasta eliminar a los enviados a la viña.
*         En una segunda reflexión, la viña es nuestro mundo. El proyecto de Dios que ha puesto una creación para todos se ve frustrado. Un mundo creado para ser una casa común, una humanidad de diálogo y encuentro, una mesa común, se ve frustrado.
*        Hacemos una 3ª reflexión. La viña es también la Iglesia. El proyecto de Jesús de hacer de la comunidad eclesial un espacio donde se hace presente el Reino de Dios. Es frustración de lo que espera Jesús cuando la comunidad cristiana no es lugar de paz, de justicia y de verdad. Cuando la Iglesia algunas veces se empeña más en poseer verdades, poderes que en producir frutos de libertad, amor, perdón, cercanía, misericordia. Cuando deja de ser anunciadora de la Buena noticia del Reino.
*      Quizá, nos tenemos que parar más aquí. La viña del Señor, somos también cada uno de nosotros; viña y cepa. El proyecto de relación personal de Dios con cada uno de nosotros. El canto de la viña de Isaías (5, 1-7) es la historia del amor de Dios frustrado en mí como cristiano sin talante, sin firmeza en mi fe, sin compromiso, sin esperanza, sin horizonte de futuro, derrotado por una sociedad, un mundo que parece sin remedio. Y nos dice Jesús: Os digo que se os quitará a vosotros el Reino. No se trata de quitar; el Reino pasa a otras manos donde haya personas que den frutos, donde haya personas que acogen, que proclaman el Amor gratuito de nuestro Dios.

La piedra que rechazaron los arquitectos es ahora la piedra angular. Lo fundamental para la construcción del Reino, para que la viña de frutos es Cristo Jesús. Dios vuelve a poner el mundo, la sociedad en nuestras manos. Esta es la maravilla que nos hace nuevos y nos enseña a aprender todo de El, Jesús de Nazaret.
Nos podíamos preguntar: ¿Me dejo interpelar por Jesús? ¿Habla en mi vida y con mi vida el Evangelio? ¿Estoy convencido de que Jesús, el Hijo enviado, es la base más firme para construirme como persona, seguidora de El, libre y responsable?…

ORACIÓN

(Pablo, en la 2ª lectura nos propone, no caer ante los apuros de la vida, sino que en la oración y súplica con acción de gracias presentemos a Dios nuestras peticiones.)

*  Queremos orar por la Iglesia, para que la tarea evangelizadora lo haga con libertad y desprendimiento, inculcando sentimientos de esperanza y solidaridad.

  • Para que la viña que Dios pone en nuestras manos no sea considerada una propiedad privada ni resolvamos los conflictos con violencia.
  • Para que las tensiones que se viven en nuestra sociedad, en el mundo se encaucen a través del diálogo abierto y los deseos sinceros de que la viña común produzca frutos de justicia y paz.
  • Para que los cristianos sepamos unir fe y vida, oración y trabajo, contemplación y compromiso.

*    Ayúdanos, Jesús de la Viña, a sentirnos pueblo tuyo, a recibir tus dones, tus Palabras, tus cuidados, tu Amor. Haciendo que den frutos buenos en bien de los demás.
A luchar contra el hambre, la enfermedad, la marginación, la violencia.
Jesús de la Viña, ten paciencia con nosotros cuando en vez de frutos sabrosos damos agrazones, o no sabemos reconocer que esta Viña del mundo y nosotros como viña somos fruto de tu Amor.
Ayúdanos Jesús de la viña a ser testigos y constructores de tu Reino, que es la viña que has plantado para que trabajemos en ella Y demos frutos de Amor. AMÉN – ZURIÑE

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.21.28-32)

  • DOMINGO 26º. T.O. –A- SEPTIEMBRE 28.

*          El Evangelio de hoy comienza con un interrogante ante los que le acusaban a Jesús, por acoger a pecadores y marginados; interrogante que nos lo puede hacer hoy a cada uno de nosotros: “A ver ¿Qué os parece?. Un hombre tenía dos hijos…

Jesús, centra la cuestión en la contraposición que tenían, que a veces tenemos, entre palabras y obras, entre el hablar y el hacer. Lo que importa no son las palabras que pronuncian cada uno de los dos hijos sino su conducta real. Jesús denuncia las actitudes de personas que aparecen de una manera y se comportan de otra.

*          Nuestra vida está llena de oportunidades para decir “SÍ” a Dios, y también, para decirle “NO”.

Somos libres, y podemos escoger tanto lo uno como lo otro. Pero cuando escogemos decir “sí”, Dios espera que nos mantengamos fieles a Él, y que seamos coherentes con nuestra decisión.

De nada vale decir “sí”, con los labios, si nuestra manera de actuar no responde a nuestras palabras.

En este caso del evangelio es más meritorio, después de haber dicho “no”, arrepentirse de lo dicho, y actuar como si hubiéramos dicho “sí”, tal como nos enseña Jesús en la Parábola.

*          La 1º lectura del día de hoy y el Evangelio nos invitan a la conversión, pero no a una conversión hecha de palabras y propósitos vacilantes sino a una conversión sincera que suponga un cambio de vida. Para ser cristiano no basta decir sí y afirmar la fe sino que hace falta ser consecuente con lo que se dice y vivirlo.

*          Fidelidad y coherencia son dos cualidades esenciales de los discípulos de Jesús. De sus seguidores que nos llamamos cristianos.
La fidelidad nos hace capaces de perseverar en el tiempo en nuestras decisiones  originales de hacer realidad en nuestra vida, el mensaje de Jesús de Amor y Salvación. La fe, no es una doctrina, sino una vivencia. Por eso la coherencia nos lleva a hacer coincidir nuestras decisiones y nuestras acciones. Sabemos, que las dos exigen un gran esfuerzo, pero con la gracia de Dios, que siempre está dispuesto a ayudarnos, tanto una como otra son posibles.

  • Llevemos a la reflexión, oración el ¿cómo lo vivimos? Que resuene en nuestro interior las palabras de Jesús: “A ver ¿Qué os parece?…

*          Vivimos tiempos difíciles para la fe; tiempos en los que mantenerse fiel y ser coherente, puede traernos incluso disgustos, ser mal vistos… Pero Dios espera de nosotros generosidad y entrega a su causa, a trabajar en su Reino que es el aquí y ahora; por eso no podemos claudicar.
La fe nos da la certeza de que pase lo que pase, El, nuestro Dios, estará con nosotros, acompañándonos, fortaleciéndonos, iluminándonos con su luz, como lo hizo con Jesús de Nazaret cuando vivió nuestra experiencia humana.

ORACIÓN
Ayúdanos Dios nuestro, a ser capaces de corregirnos cada vez que decimos un “no” a tu Palabra, y a no decir jamás  un “sí” solo con los labios sin comprometer en él la propia vida.

Que aprendamos de Jesús de Nazaret a acudir a ti, Padre nuestro para conocer lo que quieres de nosotros y a responder en verdad desde nuestro interior con confianza y fidelidad.

Enséñanos a vivir con la palabra dada. Concédenos, que nuestras palabras sean palabras llenas de verdad.
Y que nuestras obras vayan llenas también de constancia.
Si en nuestra vida hay palabras incumplidas. PERDÓN, SEÑOR.
Si no somos fieles en el camino emprendido. PERDÓN, SEÑOR.
Te pedimos, Jesús de Nazaret, por los que no se fían ni creen en tu Palabra…
Queremos ser fieles al compromiso de seguirte y escuchar y vivir tu Palabra
que es CAMINO, VERDAD y VIDA, para todos. Estando siempre cerca, del que más lo necesita. AMÉN

*SEGUIMOS REFLEXIONANDO: LLEGÓ EL “OTOÑO”.

Es tiempo de cosecha.
Tiempo de recoger, para recogerse.
Para mirarse un poquito hacia dentro.
Tiempo para soltar. Para dejar caer. Para dejar ir.
Tiempo para guarecer el alma.
Tiempo para dejarse empapar por la lluvia.
Tiempo para crear. Tiempo para pensar. Para imaginar. Para crear.
Tiempo para la Esperanza y trabajo en el Reino con fidelidad y entrega. AMÉN. ZURIÑE

26º DOMINGO T.O., «OBRAS SON AMORES, Y NO BUENAS RAZONES», José Luis Sicre

José Luís Sicre

FE ADULTA

Lucha a muerte en el recinto del templo

La liturgia, saltándose numerosos relatos evangélicos, nos traslada de repente a la inmensa explanada del templo de Jerusalén, en el día que nosotros conocemos como lunes santo. El día antes, Jesús ha entrado triunfalmente en Jerusalén, ha purificado el templo, expulsando a vendedores de animales y cambistas de monedas, y ha curado en el recinto sacro a cojos y ciegos, personas a las que les estaba absolutamente prohibida la entrada en el templo. Es fácil imaginar la indignación de los sacerdotes y de los escribas (representantes de moralistas, canonistas y teólogos). Ese día, domingo de ramos, se limitan a protestar. Pero al día siguiente, cuando Jesús vuelve a Jerusalén y al templo, todos los grupos con poder religioso y político se irán turnando para ponerlo en aprieto con las preguntas más comprometidas y poder condenarlo.

La primera pregunta, la más directa, la formulan los sacerdotes y los senadores (representantes del poder político), pensando en lo ocurrido el día antes: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado esa autoridad?» Jesús se encuentra ante una disyuntiva. Si responde: «De Dios», lo pueden acusar de blasfemo. Si dice: «de mí mismo», lo considerarán un loco o un vulgar revolucionario. Evita la respuesta directa y les tiende una trampa. Ya que ellos son los jueces religiosos de Israel, y como tales lo interrogan, que den su opinión sobre otro personaje famoso: Juan Bautista. «El bautismo de Juan, ¿de dónde venía, de Dios o de los hombres?» Ellos, viendo el peligro de comprometerse en un sentido o en otro, responden: «No lo sabemos». Y Jesús termina con un escueto: «Pues yo tampoco os digo con qué autoridad hago esto». E inmediatamente pasa al contrataque, con una parábola que sólo transmite el evangelio de Mateo: la de los dos hijos (21,28-32).

Obras son amores, y no buenas razones

La historieta que propone Jesús es tan fácil de entender que sus enemigos caen en la trampa. Un padre y dos hijos. ¿Quién cumple la voluntad del padre? ¿El hijo protestón y maleducado que termina haciendo lo que le piden, o el hijo amable y sonriente que hace lo que le da la gana? La respuesta es fácil: el primero. Lo importante no es decir palabras bonitas; tampoco importa protestar mucho. Lo importante es hacer lo que el padre desea. «Obras son amores, y no buenas razones».

Pero Jesús saca de aquí una consecuencia asombrosa. Es preferible vivir de mala manera, si al final haces lo que Dios quiere, que vivir de forma aparentemente piadosa y negarse a cumplir la voluntad de Dios. Dicho con las palabras hirientes del evangelio: es preferible ser prostituta o ladrón, si al final te conviertes, que pertenecer a cualquier organización o institución religiosa y ser incapaz de convertirse.

¿En qué consiste la conversión? Nueva sorpresa. No se trata de aceptar a Jesús y su mensaje, sino a Juan Bautista, que mostraba el camino de la justicia, de la fidelidad a Dios, como primer paso hacia el evangelio. Con ello, Jesús responde indirectamente a la pregunta que no habían querido responder las autoridades: «¿de dónde procedía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?» El bautismo de Juan era cosa de Dios, su predicación marcaba el camino recto. Las prostitutas y los recaudadores, representados por el hijo protestón, pero obediente, creyeron en él. Las autoridades religiosas, representadas por el hijo tan amable como falso, no le creyeron.

¿Tirando piedras contra el propio tejado?

Lo curioso de esta interpretación de la parábola es que parece volverse contra Juan y contra Jesús. Los que dan testimonio a su favor son gente indigna de crédito, prostitutas y explotadores; quienes lo rechazan o se abstienen, personalidades religiosas de buena fama, los sacerdotes. Puestos a elegir, ninguna persona piadosa aceptaría la opinión de unos cuantos drogatas y unas pocas prostitutas en contra de lo que decida una Conferencia Episcopal.

Además, el judío piadoso de tiempos de Jesús (como muchos cristianos piadosos de nuestro tiempo) está convencido de que no necesita convertirse. Y si en algo tiene que cambiar, el camino no deben indicárselo personas tan extrañas y discutibles como Juan Bautista, Martin Lutero King, Oscar Romero, Pedro Casaldáliga o el Papa Francisco.

Así adquieren pleno sentido las palabras de Jesús: «los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios». Para entrar en ese reino, hay que abrirse a una nueva forma de vida, aunque suponga un corte drástico y doloroso con la vida anterior. La institución religiosa seguirá firme en sus trece, incluso utilizará el argumento de la parábola para recha­zar a Juan y a Jesús. Pero el Reino se irá incrementando con esas personas indignas de crédito, pero que creen en quien les muestra el camino de una nueva forma de fidelidad a Dios. Esas personas que, como dice el profeta Ezequiel en la primera lectura, son capaces de recapacitar y convertirse.

Nota final

Para explicar el evangelio de este domingo he tenido que remontarme a diversos episodios anteriores. Por desgracia, la liturgia usa la técnica del zapping, saltando de un episodio a otro sin la menor lógica. Espero que dentro de dos o tres siglos se realice una mejor selección de los textos litúrgicos. Que así sea.

José Luís Sicre

26. IGANDEA URTEAB ZEHAR, “GURE AURRETIK-POR DELANTE DE NOSOTROS” José A. Pagola

GURE AURRETIK-POR DELANTE DE NOSOTROS

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA,  Behin batean, hitz latz hauek bota zizkien Jesusen bere herriko gidari erlijiosoei: «Ziur esan nahi dizuet, zerga-biltzaileek eta emakume prostituituek aurrea dizuetela Jainkoaren erreinurako bidean». Duela urte batzuk egiaztatu nuen Jesusen hitz hauek ez direla ahoberokeria bat.

Lurralde desberdinetako emakume prostituituren talde batek, Ahizpa Oblata batzuk lagun zituztela, gogoeta egin zuten Jesusez; Jesus. Hurbiltze historikoa izeneko liburua zuten laguntzaile. Oraino hunkiturik nauka, arima xume eta bihotz oneko emakume hauengan, Jesusek duen indarrak eta tiramenak. Gogora ditzadan haien testigantza batzuk.

«Zikin sentitu nintzen, hutsik eta gauza hutsal, mundu osoak erabiltzen ninduen. Orain, bizitzeko gogoa sentitzen dut, zeren Jainkoak asko baitaki nire sufrimenaz… Nire barnean dago Jainkoa. Bai, nire barnean dago Jainkoa. Nire barnean dago Jainkoa. Jesus honek ulertzen dit!…».

«Orain, etxera iristean lanaren ondoren, ur oso beroz garbitzen naiz, neure azaletik zikina kentzeko, eta ondoren otoitz egiten diot Jesusi, hark, bai, hark ulertzen didalako eta asko dakielako nire sufrimenaz… Jesus, bizieraz aldatu nahi dut, gida nazazu, zuk bakarrik ezagutzen duzu nire geroa…».

«Egun osoan eskatzen diot Jesusi, aparta nazala bizimodu honetatik. Zerbait gertatzen zaidan guztietan, dei egiten diot eta laguntzen dit berak. Nigandik hurbil dago bera, zoragarria da… Eskutik narama, bere besoetan hartzen nau berak, haren presentzia sentitzen dut…».

«Egunsentian hitz egiten dut berarekin. Hobeto entzuten dit berak orduan, zeren ordu hauetan jendea lo baitago. Hemen da bera, ez dago lo. Hemen dago bera beti. Ateak itxirik, belauniko jarri eta eskatzen diot, merezi dezadala nik beraren laguntza, barka diezadala, beragatik borroka egingo dudala…».

«Behin batean, plazan nengoen, paretaren kontra, eta esan nion: Oi, ene Jainkoa, honetarako bakarrik balio ote dut, ba, nik? Prostituziorako bakarrik?… Orduan sentitu nuen Jainkoak bere besoetan hartzen ninduela, ulertu duzu?, ni aldaraziz. Une hartan izan zen. Hainbesteraino, non ezin bainaiz ahaztu, Ulertu duzu?…».

Nik orain Jesusekin hitz egiten dut eta esaten diot: hemen nauzu, zatozkit lagun. Zuk ikusi zenuen nire lagunari gertatua (hotel batean hil zuten lagun batez ari zen). Haren alde erregutzen dizut, eta nire lagunei ezer txarrik ez gertatzeko erregutzen dizut. Nik ez dut hitz egiten, baina haientzat erregutzen dizut, pertsona baitira haiek ere ni bezala…».

«Haserre bizi nago, triste, mindurik, ukaturik, ez nau inork maite, ez dakit nori bota errua, edo hobe izango litzateke jendea eta neure burua gorrotatzea, edo mundua. Begira, haurra nintzenetik sinetsi nuen zugan eta bide eman duzu hau guztia niri gertatzeko… Beste aukera bat eman nahi dizut orain ni babesteko. Beno, barkatzen dizut, baina ez nazazu eskutik utzi gehiago…».

Por delante de nosotros

26Tiempo ordinario (A) Mateo 21, 28-32
POR DELANTE DE NOSOTROS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 24/09/14.- Un día Jesús pronunció estas duras palabras contra los dirigentes religiosos de su pueblo: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de de Dios”. Hace unos años pude comprobar que la afirmación de Jesús no es una exageración.

Un grupo de prostitutas de diferentes países, acompañadas por algunas Hermanas Oblatas, reflexionaron sobre Jesús con la ayuda del libro Jesús. Aproximación histórica. Todavía me conmueve la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres de alma sencilla y corazón bueno. Rescato algunos de sus testimonios.

.“Me sentía sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora me siento con ganas de seguir viviendo porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento… Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. ¡Este Jesús me entiende!…”.

.“Ahora, cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho de mi sufrimiento… Jesús, quiero cambiar de vida, guíame porque tú solo conoces mi futuro…”

.“Yo pido a Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida. Siempre que me ocurre algo, yo le llamo y él me ayuda. El está cerca de mí, es maravilloso… Él me lleva en sus manos, él me carga, siento la presencia de él…”

. “En la madrugada es cuando más hablo con él. Él me escucha mejor porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada, me arrodillo y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo lucharé por él…”

. “Un día yo estaba apoyada en la plaza y dije: Oh, Dios mío, ¿será que yo solo sirvo para esto? ¿Solo para la prostitución?… Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargándome, ¿entendiste?, transformándome. Fue en aquel momento. Tanto que yo no me olvido. ¿Entendiste?…”

. “Yo ahora hablo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú viste lo que le sucedió a mi compañera (se refiere a una compañera asesinada en un hotel). Te ruego por ella y pido que nada malo suceda a mis compañeras, Yo no hablo, pero pido por ellas pues ellas son personas como yo…”

. “Estoy furiosa, triste, dolida, rechazada, nadie me quiere, no sé a quien culpar, o sería mejor odiar a la gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí en Ti y has permitido que esto me pasara… Te doy otra oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero por favor no me dejes de nuevo…