Orar con el Evangelio

Zuriñe

Domingo  XX .T.O Ciclo  – A –  ( MT. 15,21-28 ) – Agosto 17 – 08

                               Señor Jesús:

Hoy, una mujer extranjera te arranca la curación de su hija.

Expresa su fe con diversas oraciones:

“Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”

“Señor, socórreme”

“También los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus señores”

Tu comportamiento, parece raro.

En primer lugar parece que no respondes a su grito.

Después de la mediación de tus discípulos,

Contestas evasivamente

“solo me envían a las ovejas de Israel”

                  ¿Querías probar la fe de esta mujer?

La fe perseverante te conmueve y te compromete a curar a su hija enferma y le dices con cariño:

“Mujer qué grande es tu fe. Que se cumpla lo que deseas”.

Así aprendió esta mujer a confiar en el amor del Padre.

Amor que actúa siempre, aunque no lo percibamos.

                  Amor que respeta el protagonismo de las personas en la historia.

                                 Amor sensible al dolor de sus hij@s.

                  Amor que sigue animando y esperando, incluso ante la incomprensión.

 

 

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Festividad de la Asunción de Marí­a

(Lc. 1, 39 – 56). María se puso en camino…         

MARÍA:        
Enséñanos a reconocer en nosotros
        
Las maravillas de Dios.
        
Danos sencillez de corazón
        
Para agradecer al Señor
Todo lo bueno que cada día nos regala.
Que no nos llene de orgullo lo que somos capaces de realizar
Sino lo mucho que Dios nos ama,
Comprendiendo que todo lo que hacemos,

Él lo hace posible.

 Él sostiene nuestra vida con su aliento amoroso.
Que cada momento de nuestra vida
Sea un canto continuo de gratitud,
¡Engrandece mi alma al Señor!          

Como lo viviste tú, MARÍA, mujer agradecida.          
Que saltemos de alegría,
          
Reconociendo el amor de Dios en nuestras vidas.
          
Que respondamos al amor que Dios  nos tiene
          
Con nuestro amor.
         
MADRE, enséñanos a ser siempre agradecidos, como tú.
         
Que cantemos contigo:
          
“ENGRANDECE MI ALMA AL SEÑOR,
         
SE ALEGRA MI SER, EN DIOS MI SALVADOR”.
          AMÉN.                                              

Zuriñe

Orar con el Evangelio, orar con la vida y desde la vida

Me han invitado a “comunicar” oraciones que tenga o que yo haga y me he atrevido a decir: “a mí, eso, me da vida". Y aquí estoy.

Sin duda, pondré muchas ya editadas en diversos libros o revistas y ya a sus autores les doy las gracias porque me ayudaron a orar.

Primero os diré que: “es necesario orar”. Orar para el cristiano/a (tal vez para cualquier persona) no es una obligación, es: “una necesidad.

Muchas veces decimos: no se. Pero a orar, se aprende orando y hay una forma de oración para cada persona, para cada situación, para cada momento.

Sin el balbuceo de las primeras palabras, la persona humana no llegaría nunca a hablar. Y siempre hay alguien que nos ayuda. Eso quiero yo con mis sencillas aportaciones.

La primera condición para orar, es: “romper” a orar, ponerse a orar. Es seguro que Dios, terminará haciendo descender mansamente sobre ti, sobre mí, la lluvia de su gracia, de su presencia.

Otra de las condiciones es saber que al Señor se le encuentra  principalmente “por los caminos del Evangelio”

El cristiano, seguidor de Jesús, ora, porque cree. La vida cristiana de seguimiento, dispone para la oración. Pero la oración nos dispone para esa vida cristiana que quizá está floja, fría… Y conscientes de nuestra limitación, muchas veces como los discípulos tenemos que “gritar”: “Señor, auméntanos la fe”. “Ven en ayuda de mi incredulidad”; quiero creer. Señor, yo creo, pero aumenta mi fe.

Zuriñe

 

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Domingo 7 de septiembre – XXIII del ordinario

Lecturas:
Ez 33, 7-9.
Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9.
Rom 13, 8-10.
Mt 18 15-20.
 

 

 

IDEAS SUELTAS 

 

El Ev de hoy pertenece al capítulo 18, conocido como discurso a la comunidad. Ciertamente a la comunidad del evangelio de Mateo, y más en concreto a la vista de sus primeras pero importantes dificultades. De esa comunidad del S I se extiende a toda comunidad que pasará por parecidas circunstancias.

¿Cuál es la comunidad real y posible hoy entre nosotros? Quizá hablamos algo menos de lo de la comunidad y nos pesan muchas y diferentes experiencias. ¿Qué ha sido de aquellas primeras comunidades de en torno al concilio y aun anteriores? Son excepción las que han logrado continuidad y la experiencia mayoritaria enseña que ni los hijos de los más comprometidos con el proyecto no lo han seguido después. Tampoco se han incorporado nuevas remesas. Las comunidades de jóvenes casi nunca terminan adhiriéndose a otras ya existentes o de mayores; a lo más se prolongan a sí mismas. La comunicación y comunión de las diferentes comunidades ha sido poco personal y afectuosa y se ha dirigido más hacia lo operativo, con estructuras verticales y repetitivas, donde no contaban las personas y sus aventuras: ya más ‘comités’ que ‘comunidades’. Esa unión de las comunidades primaba la acción de todas ellas, quizá reconociendo que las diferencias eran grandes y resulta más fácil proponer acciones, que más comprometen por serlo que por su contenido. Cuando las divergencias son más ideológicas, el aislamiento de cada una de ellas era prácticamente total. Rarísimo encontrar reuniones de los diferentes movimientos, esos que llaman nuevos movimientos eclesiales, entre sí o con los de otro estilo,  y ni si quiera desear que puedan llegar a darse. Cada grupo demasiado pendiente de su identidad, de sus características o de su líder. Y ¿la comunidad parroquial? Era la única en acoger a todos, sobre todo a los ‘más pequeños’ (Ev). No hacían falta los compromisos particulares, salvo quizá la eucaristía dominical, y todos cabían en ella. En consecuencia, al caber todos, no había una identidad real que les aportara conciencia de pertenencia a un grupo limitado o numerable; no había comunidad. Incluso podían ser mirados como cristianos de segunda por otros grupos y comunidades.

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Domingo 31 de agosto – XXII del ordinario

Lecturas:
Jr 20, 7-9.
Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9.
Rom 12, 1-2.
Mt 16, 21-27
 

IDEAS SUELTAS 

 ‘Cuando la vida se torna sombría’, podría servir de título a la 1ª lec y el Ev de hoy. Todo, malos presagios, profetas de calamidades, que tanto temía Juan XXIII. Cuando leíamos los ‘signos de los tiempos’, nadie nos dijo que esa lectura pudiese predecir tiempos negativos y de derrota. El bueno de Jeremías, y en nombre de Dios, anunciaba derrotas. Jesús de Nazaret ve oscurecerse el horizonte y vislumbra para sí una muerte de profeta en Jerusalén, “que mata a los profetas”. La vida de todos encierra momentos duros y difíciles para los que habremos de estar preparados. Nadie piense que la felicidad es como una especie de derecho natural, y quede indefenso o arruinado cuando llegan las dificultades. Parece que hoy estemos menos preparados para las desgracias. Las eludimos tanto que terminamos por creer que no han de existir. Parece que antes las gentes fueran más duras, más enteras o más entrenadas. Sin embargo, lo negativo de la vida está siempre ahí, al acecho, y en un momento u otro aparecerá indefectiblemente. Algo que a los más jóvenes resulta difícil hasta de imaginar. Pero convendría tenerlo bien presente y hasta prepararlo de alguna manera. Como Jeremías o Jesús, que las tengamos previstas.

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Domingo 24 de agosto – XXI del ordinario

Lecturas:
Is 22, 19-23.
Sal 137, 1-3. 6 y 8.
Rom 11, 33-36.
Mt 16, 13-20.
  

  

IDEAS SUELTAS

  

            Siempre han sido decisivos para los cristianos los temas de la llamada cristología, discurso y raciocinio sobre Jesucristo. Hoy lo siguen siendo y con especial actualidad. Se debe a publicaciones recientes que han llegado, no sólo a cristianos, sino también a muchas personas buscadoras o curiosas. ¿Habrá por fin un punto de llegada, una palabra clara y precisa sobre estos temas en torno a Jesús, el Cristo? ¿O habremos de aceptar como respuesta un equilibrio inestable, conseguido sólo en la tensión de los opuestos?

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Domingo 17 de agosto – XX del ordinario

Lecturas:
Is 56, 1. 6-7.
Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8.
Rom 11, 13-15. 29-32.
Mt 15, 21-28.
 

IDEAS SUELTAS 

El lazo de unión de las lecturas de hoy (1ª y Ev) son los extranjeros. Últimamente en nuestras liturgias es muy frecuente la presencia de extranjeros, con su estilo propio de fe y de forma de expresarla. Los de aquí se van yendo y vienen otros de fuera. ¿Habría que cambiar por ello algo en la celebración? ¿Tenerlos más expresamente en cuenta? Quizá es momento de repasar las ventajas y los problemas de la llamada ‘religiosidad popular’.

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Domingo 10 de agosto – XIX del ordinario

Lecturas:
1Re 19, 9a. 11-13a.
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14.
Rom 9, 1-5.

Mt 14, 22-33. 

IDEAS SUELTAS  

            Hay una especie de secuencia de hechos que queda recogida en los cuatro evangelios. Está interpolada de otros textos aportados por cada evangelista, pero aparece como bloque fijo de fondo en todos y cada uno de ellos, incluido Juan.Predicación y curaciones, soledad y oración de Jesús, reunión de mucha gente, multiplicación del pan, sometimiento del mar, discusión posterior en torno al pan y la levadura –ésta en sentido negativo- para concluir en algún tipo de confesión de fe y de anuncio de la pasión y muerte del Mesías y del abandono de los suyos. En los evangelios de este ciclo A no encontramos todas las partes de la secuencia, pero conviene mantenerla como referencia de fondo.

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Domingo 3 de agosto – XVIII del ordinario

Lecturas:

Is 55, 1-3.
Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18.
Rom 8, 35. 37-39.
Mt 14, 13-21.
 

IDEAS SUELTAS 

Tanto la 1ª lec como el Ev nos hablan de comida y bebida. Ambas cosas bien materiales y corporales. Hemos renovado la liturgia muy acertadamente. Pero su núcleo más central, más sagrado si vale la palabra, permanece intocable. Y será muy difícil pensar en hacerlo. Una comida o cena con bebidas, termina siendo lo que hoy recibimos en fuerza del respeto, la ritualización y hasta las cuestiones prácticas, tan odiosas siempre. Recuperar su visualización y actualización como comida y bebida es difícil, urge, y además resultaría decisivo. Por muy sagrada que la veamos, nadie descubre en ella, de primeras, una comida de fraternidad e igualdad. Hay que comenzar por explicar que aquello es pan, y que la copa está rebosante de vino para todos, ambos con su sabor, color, olor tan particulares.

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Domingo 27 de julio – XVII del tiempo ordinario

Lecturas:
1Re, 3, 5. 7-12.
Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130.
Rom 8, 28-30.
Mt 13, 44-52.
 

IDEAS SUELTAS

El título de un libro dice: “El evangelio como parábola”. Llevamos tres domingos con el cap 13 de Mt, todo él construido con parábolas. Hoy lo concluimos.  Defiende el autor del libro que, no sólo las parábolas, sino cada uno de los evangelios sinópticos completos son una parábola, con diferente pretensión cada uno de ellos. ¿Podríamos deducir también que la narración sobre Jesús de Nazaret de los evangelios es una parábola del misterio mismo de Dios?

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