TEXTOS Y COMENTARIOS 6º DOMINGO DE PASCUA, Servicios Koinonía

SERVICIOS KOINONIA

6º Domingo de Pascua
José Obrero (s. I)

Hch 15,1-2.22-29: Hemos decidido no imponerles más cargas que las indispensables
Salmo 66: ¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!
Ap 21,10-14.22-23: Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo
Jn 14,23-29: El Espíritu Santo les recordará lo que les he dicho

Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.

Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsaba y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.

Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»


Salmo responsorial: 66

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R.

Apocalipsis 21, 10-14. 22-23

Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios.

Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido.

Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.

A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas.

La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.


Juan 14, 23-29

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amárais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

 

Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.

Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsaba y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.

Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

Salmo responsorial: 66

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R.

 

Apocalipsis 21, 10-14. 22-23

Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios.

Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido.

Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.

A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas.

La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

Juan 14, 23-29

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amárais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

 

El libro de los Hechos nos presenta la controversia de los apóstoles con algunas personas del pueblo que decían que los no circuncidados no podían entrar en el reino de Dios. Los apóstoles descartaban el planteamiento judío de la circuncisión. Ésta se realizaba a los ocho días del nacimiento al niño varón, a quien sólo así se le aseguraban todas las bendiciones prometidas por ser un miembro en potencia del pueblo elegido y por participar de la Alianza con Dios. Todo varón no circuncidado según esta tradición debía ser expulsado del pueblo, de la tierra judía, por no haber sido fiel a la promesa de Dios (cf. Gn 17,9-12). El acto ritual de la circuncisión estaba cargado -y aún lo está- de significado cultural y religioso para el pueblo judío. Estaba ligado también al peso histórico-cultural de exclusión de las mujeres, las cuales no participaban de rito alguno para iniciarse en la vida del pueblo: a ellas no se les concebía como ciudadanas.

Es bien importante este episodio dentro de la elaboración literaria que Lucas hace del nacimiento de la primitiva Iglesia. Ésta fue capaz de intuir genialmente que aquel rito de la circuncisión discriminaba inevitablemente entre hombres y mujeres, y entre judíos y paganos. Los dirigentes principales de la Iglesia central (por así decir) ratificaron la intuición que los misioneros de vanguardia pusieron en marcha al evangelizar en la frontera con el mundo pagano. En aquel contexto cultural diferente, el signo de la circuncisión no sólo no era significativo, sino que implicaba una marginación de la mujer, y una imposición incomprensible para quienes s convertían desde el paganismo. Fue una lección de sentido histórico, de comprensión de la relatividad cultural, y de aceptación de los signos de los tiempos.

No deberíamos reflexionar hoy sobre este tema de un modo meramente arcaizante: «cómo hicieron ellos», sino preguntándonos qué otros signos, elementos, dimensiones… del cristianismo están hoy necesitados de una reformulación o reconversión, en esta la nueva frontera cultural que hoy atravesamos, probablemente mucho más profunda que la que se vivía en aquel momento que los Hechos de los Apóstolos nos relatan. Muchas cosas que hasta ahora significaban, se han vaciado de valor evocativo. En muchos casos, no sólo se han vaciado, sino que se han cargado de sentido contrario. Acabamos haciendo gestos que se quedan en simples ritos sin significado vivo, o repitiendo fórmulas que dicen cosas en las que ya no creemos –o en las que ya no podemos creer–.

Permítasenos evocar la publicación que el movimiento judío conservador de EEUU ha realizado el pasado mes de febrero (http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/02/actualidad/1456932458_958209.html) de una nueva edición del manual de oraciones, Sidur en hebreo, edición que ha puesto todas las oraciones en un lenguaje que no distingue entre hombres y mujeres, entre personas y/o parejas hetero y homosexuales. Hay que recordar que el idioma hebreo –y otros– tiene formas verbales diferentes para el hombre y la mujer. «Yo rezo», por ejemplo, no utiliza la misma palabra igual cuando lo dice un hombre o cuando lo dice una mujer. Lo cual quiere decir que cuando se reza juntos, normalmente la mujer ha tenido que quedar supeditada a rezar con expresiones masculinas. Este nuevo Sidur es un esfuerzo para acomodar símbolos religiosos tan importantes como los de un oracional, a la sensibilidad actual. Lo que en siglos y milenios anteriores parecía intocable, hoy ya no nos lo parece a muchas personas y comunidades; las más intuitivas y clarividentes están reivindicando la necesidad de dar pasos adelante, y deberíamos apoyarles.

También en otros idiomas persisten las diferencias discriminatorias de género, pero no tanto ya por las diferencias de las formas verbales y otras, cuanto por las desactualizaciones en términos culturales y epistemológicos: se trata de conjuntos completos de símbolos que ya no están culturalmente vigentes, fórmulas de fe que dicen cosas hoy realmente no creemos, creencias que ya todos sabemos que son mitos, pero que son repetidas ritualmente con toda seriedad como si de descripciones históricas se tratara, esperando que aparezcan por alguna parte los niños del cuento de Andersen que nos hagan caer en la cuenta a todos de que «el rey está desnudo». Por eso, es de profunda actualidad la lucidez de que hizo gala la Iglesia primitiva en torno a la práctica de la circuncisión.

El Apocalipsis nos presenta también una crítica a la tradición judía excluyente. Juan vio en sus revelaciones la nueva Jerusalén que bajaba del cielo y que era engalanada para su esposo, Cristo resucitado. Esta nueva Jerusalén es la Iglesia, triunfante e inmaculada, que ha sido fiel al Cordero y no se ha dejado llevar por las estructuras que muchas veces generan la muerte. Aquí yace la crítica del cristianismo al judaísmo que se dejó acaparar por el Templo, en el cual los varones, y entre éstos especialmente los cobijados por la Ley, eran los únicos que podían relacionarse con Dios; un Templo que era señal de exclusión hacia los sencillos del pueblo y los no judíos.

La Nueva Jerusalén que Juan describe en su libro no necesita templo, porque Dios mismo estará allí, manifestando su gloria y su poder en medio de los que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Ya no habrá exclusión -ni puros ni impuros-, porque Dios lo será todo en todos, sin distinción alguna.

En el evangelio de Juan, Jesús, dentro del contexto de la Ultima Cena y del gran discurso de despedida, insiste en el vínculo fundamental que debe prevalecer siempre entre los discípulos y él: el amor. Judas Tadeo ha hecho una pregunta a Jesús: “¿por qué vas a mostrarte a nosotros y no a la gente del mundo”? Obviamente, Jesús, su mensaje, su proyecto del reino, son para el mundo; pero no olvidemos que para Juan la categoría “mundo” es todo aquello que se opone al plan o querer de Dios y, por tanto, rechaza abiertamente a Jesús; luego, el sentido que da Juan a la manifestación de Jesús es una experiencia exclusiva de un reducido número de personas que deben ir adquiriendo una formación tal que lleguen a asimilar a su Maestro y su propuesta, pero con el fin de ser luz para el “mundo”; y el primer medio que garantiza la continuidad de la persona y de la obra de Jesús encarnado en una comunidad al servicio del mundo, es el amor. Amor a Jesús y a su proyecto, porque aquí se habla necesariamente de Jesús y del reino como una realidad inseparable.

Ahora bien, Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo acompañando a sus discípulos; pero también sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos. Por eso los prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad. Les promete pues, el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo y a la comunidad.

Finalmente, Jesús entrega a sus discípulos el don de la paz: “mi paz les dejo, les doy mi paz” (v. 27); testamento espiritual que el discípulo habrá de buscar y cultivar como un proyecto que permite hacer presente en el mundo la voluntad del Padre manifestada en Jesús. Es que en la Sagrada Escritura y en el proyecto de vida cristiana la paz no se reduce a una mera ausencia de armas y de violencia; la paz involucra a todas las dimensiones de la vida humana y se convierte en un compromiso permanente para los seguidores de Jesús.

 

TEXTOS LITÚRGICOS DOMINGO 24 Abril 2016

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Salmo responsorial: 144

Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. R,

Apocalipsis 21, 1-5a

Dios enjugará las lágrimas de sus ojos

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Juan 13, 31-33a. 34-35

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»


 

 

«VIDA, AMOR, UNIDAD FORMAN UNA SOLA REALIDAD», Fray Marcos

VIDA, AMOR, UNIDAD FORMAN UNA SOLA REALIDAD

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 13, 31-35

El evangelio de hoy también está sacado de un discurso de Jesús en el evangelio de Jn; el último y más largo, después del lavatorio de los pies. Es un discurso que abarca cinco capítulos, y es una verdadera catequesis a la comunidad, que trata de resumir las más originales enseñanzas de Jesús. Como ya he repetido muchas veces, no se trata de un discurso de Jesús, sino de una cristología elaborada por aquella comunidad a través de muchos años de experiencia y convivencia cristianas. En el momento de la cena, los discípulos no hubieran entendido nada de todo lo que el discurso dice.

El mandamiento del amor sigue siendo tan nuevo que está aun sin estrenar. No se trata solo de algo muy importante; se trata de lo esencial. Sin amor, no hay cristiano. Nietzsche llegó a decir: «solo hubo un cristiano, y ese murió en la cruz»; precisamente porque nadie ha sido capaz de amar como él amó. Como decíamos el domingo pasado, solo el que hace suya la Vida de Dios, será capaz de desplegarla en sus relaciones con los demás. La manifestación de esa Vida, es el amor efectivo a todos los seres humanos.

La pregunta que me tengo que hacer hoy es ésta: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros. Hemos insistido demasiado en lo accidental: el cumplimiento de normas, en la creencia en unas verdades y en la celebración de unos ritos; más que en lo esencial que es el amor.

Seguimos cometiendo el error de presentar el amor como un precepto. Así enfocado, no puede funcionar. Amar es un acto de la voluntad, cuyo único objeto es el bien conocido. Esto es muy importante, porque si no descubro la razón de bien, la voluntad no puede ser movida desde dentro. Si me limito a cumplir un mandamiento, no tengo necesidad de descubrir la razón de bien en lo mandado, sino solo obedecer al que lo mandó. Aquí está el error. El que una cosa esté mandada, no me tiene que llevar a mí a cumplirla, sino a descubrir por qué está mandada; me tiene que llevar a ver en ella, la razón de bien. Si no doy este paso, será para mí una programación sin consecuencias en mi vida real.

Ahora es glorificado el Hijo de hombre y Dios es Glorificado en él. Jesús ha lavado los pies a los discípulos y la muerte de Jesús está decidida. ¿Dónde está la gloria? Allí donde se manifiesta el amor. Ese amor manifestado, es a la vez, la gloria de Dios y la gloria de Jesús. En el griego profano “doxa” significaba simplemente opinión, fama. El “kabod” hebreo que traducen por doxa los LXX, significaba por una parte, la trascendencia y la santidad (majestad) de Dios que el hombre debe reconocer. Por otro, la manifestación de ese ser de Dios en acciones portentosas. Juan mantiene el sentido de “gloria” de Dios, que también atribuye al Hijo. Jesús en todas sus obras, manifiesta la “doxa” de Dios.

Lo original de Juan es que esa gloria no se manifiesta solo en los actos espectaculares de poder, sino en los que expresan sin ambigüedades el Amor-Dios. La gloria de Dios es el Amor manifestado. No se trata pues, de fama y honor. Tampoco se trata de conceder majestad, esplendor o poder. La gloria de la que habla Jn no es una concesión externa; está en la misma esencia de la persona. Morir por los demás es la mayor gloria, porque es la mayor manifestación posible de amor. La gloria de Jesús no es consecuencia de su muerte, es la misma muerte por amor. Ni Dios ni Jesús después de morir, pueden recibir otra clase de gloria. La única gloria que podemos dar a Dios es amar como Él ama.

Les llama “Hijitos” (teknia) diminutivo de (tekna). En castellano el cariño se expresa mejor con el posesivo “hijitos míos”. Esta expresión está justificada porque se trata de un momento íntimo y emocionante. Les anuncia su próxima muerte, por eso lo que sigue tiene carácter de testamento. Lo que Jesús pide a los suyos es un amor incondicional y a todos sin excepción. Todas las normas, todas las leyes tienen que orientarse a ese fin.

Un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; igual que yo os he amado. El “igual que yo” no es solo comparativo, sino originante. Quiere decir que debéis amaros porque yo os he amado, y tanto como yo os he amado. El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación jurídica de toma y da acá. En la nueva, lo único que importa es la actitud de servicio a los demás. No se trata de una ley, sino de una respuesta personal a lo que Dios es en nosotros. “Un amor que responde a su amor”.

Jesús no propone como primer mandamiento el amar a Dios, ni el amor a él mismo. No dice: Amadme como yo os he amado. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada de nosotros, ni nosotros le podemos dar nada (ni siquiera gloria). Dios es puro don, amor total. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa. El amor a los demás por Dios y no por ellos mismo, es una trampa que manifiesta nuestro egoísmo. El amar para que Dios me lo pague, no es más que una programación calculada. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios, sino con relación al hombre.

Jesús se presenta como “el hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades humanas. Amar es la única manera de ser plenamente hombre. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, y después dice que vamos a cumplirlo todos. Jesús comienza por vivir el amor y después dice: ¡imitadme! El que le dé su adhesión quedará capacitado para ser hijo, para actuar como el Padre, para amar como Dios ama.

En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os améis unos a otros. El amor que pide Jesús tiene que manifestarse en la vida, en todos y cada uno de los aspectos de la existencia. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ni ritos, ni normas. El único distintivo debe ser el amor manifestado en nuestras acciones. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos, sino una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo y hermano.

“Que os améis unos a otros”, se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Algunas formulaciones del NT pueden dar pie a esta interpretación. No, desde cada comunidad cristiana, el amor tiene que llegar a todos. No se trata de amar a los que son amables (dignos de ser amados), sino de estar al servicio de todos como si fueran yo mismo. Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-Dios. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora.

Después de todo lo comentado en esta pascua, podemos hacer un resumen. La Vida, que se manifestó en Jesús, es el mismo Dios-Vida que se le había entregado absolutamente. Ese Dios-Vida, que es, también se da a cada uno de nosotros, nos lleva a la unidad con Él, con Jesús y con todos los hombres. Esa identificación absoluta, que se puede vivir, pero que no se puede ver, se manifiesta en la entrega y la preocupación por los demás, es decir, en el amor. El amor evangélico, no es más que la manifestación de la unidad vivida.

 

Meditación-contemplación

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo.”
El amor es la única respuesta posible al Amor, que es Dios.
Como ser humano, Jesús experimentó ese AMOR.
Toda su vida es consecuencia (manifestación) de esta vivencia personal.
…………………….

También para nosotros es ese el único camino.
Sin esa experiencia de que Dios es AMOR en mí,
el mensaje evangélico se quedará fuera de mi propio ser
y aceptado solo intelectualmente y como programación.
…………………….

El amor que me pide Jesús, no es algo que pueda tener su origen en mí.
Yo sólo puedo ser espejo que refleje lo que Dios es.
No se me exige simpatía o amistad hacia todos.
No se trata de un amor humano, sino del “ágape” divino.
……………………….

 

Fray Marcos

 

 

Pazkoaldiko 5. igandea – 5º Pascua, José A. Pagola

Evangelio del 24/abr/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ GALDU NORTASUNA- NO PERDER LA IDENTIDAD

Ikasleei agur esaten ari da Jesus. Gutxi barru ez dute izango beren artean. Samurtasun bereziz mintzo zaie Jesus:«Seme-alabatxoak, denbora gutxi gelditzen zait zuen artean egoteko». Txikia da elkartea eta hauskorra. Jaioberria da. Haur txiki bezalako dira ikasleak. Zer izango da haietaz Maisurik gabe gelditzen badira?

Erregalu bat egin die Jesusek: «Agindu berri bat damaizuet: maita dezazuela elkar nik maite izan zaituztedan bezala». Jesusek agertu dien maitasunez elkar maite badute, hura beren artean bizirik dutela sentituz bizi dira. Jesusengandik hartu duten maitasuna zabalduz joanen da jarraitzaileen artean.

Horregatik, Jesusek gehitu du: «Zuek elkar maite izatea izanen da nire ikasle zareten seinalea, guztientzat». Kristau izeneko elkarte bat egiaz Jesusena dela agertuko duena, ez da izanen dotrina bat aitortzea, ezta erritu batzuk betetzea ere, ezta araubide bat jarraitzea, baizik Jesusen espirituaren arabera bizi izandako maitasuna. Maitasun hori izanen du bere nortasun-agiria.

«Trukearen kultura» nagusituz joan zaion gizartean bizi gara. Gaurko jendeak gauzak, zerbitzuak, laguntzak trukatzen ditu. Sarritan, gainera, sentimenduak, gorputzak eta adiskidetasuna bera trukatzen dira. Eric Frommek esana da: «maitasuna fenomeno marjinala da egungo gizartean». Salbuespen da maitatzeko gai den jendea.

Segur aski, analisi ezkorregia da hori; baina, nolanahi ere, gaur egun kristau-maitasuna bizi ahal izateko, egungo gizartea inguratzen duen ingurumenari aurre egin beharra dugu. Ezinezkoa da Jesusek arnasturiko maitasuna bizitzea, gure artean sarritan gailurra jo duen harreman eta truke interesatuen moldeari aurpegi eman gabe.

Eliza egungo gizartean «urtuz» badoa, ez da soilik erakunde erlijiosoen krisi sakonagatik. Kristautasunaren kasuan bada beste arrazoi bat ere: gure elkarteetan askotan ezin ikusi ahal izatea Jesusek maite zuen bezala maitatzeko gai diren ikasleak. Kristau-ezaugarria falta zaigu.

Kristauek asko hitz egin izan dugu maitasunaz. Halaz guztiz, ez dugu asmatu beti edo ez gara ausartu hura edukiaz janzten, Jesusen espirituaren eta jarrera zehatzen araberako edukiaz. Ikastea falta zaigu ezen Jesusek maitasuna portaera eraginkor eta sortzaile bezala bizi izan zuela, ezen zerbitzari izatera eta gizakia desgizatartzen duen eta sufriarazten dion guztiaren kontra borroka egitera eragiten zion portaera bezala bizi izan zuela.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)
Evangelio del 24/abr/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

NO PERDER LA IDENTIDAD

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros».Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la «cultura del intercambio». Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que «el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea». La gente capaz de amar es una excepción.

Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

Si la Iglesia «se está diluyendo» en medio de la sociedad contemporánea no es solo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.

José Antonio Pagola

 

 

«LA VIDA DE JESÚS Y LA NUESTRA, ES LA VIDA DE DIOS», Fray Marcos

FE ADULTA

Juan 10, 27-30

“””27 Mis ovejas escuchan mi voz: yo las conozco y ellas me siguen, 28 yo les doy vida definitiva y no se perderán jamás ni nadie las arrancará de mi mano.
29 Lo que me ha entregado mi Padre es lo que más importa, y nadie puede arrancar nada de la mano del Padre.
30 El Padre y yo somos uno.”””

Comentario de  Fray Marcos

En la lectura del evangelio, hemos terminado con las apariciones, pero seguimos con un texto más profundamente pascual. Jn nos habla de Vida definitiva, que es la clave del tiempo pascual. Es una pena que al hablar de vida eterna sigamos pensando en una vida biológica en el más allá. La verdad es que los evangelios nos hablan de una Vida que hay que vivir aquí y ahora, y que está por encima de la biológica. Parece mentira el poco caso que hacemos al evangelio cuando no está de acuerdo con nuestras expectativas. En el evangelio de Jn está muy claro: “Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer del Espíritu”.

Para poder entender lo que hemos leído hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimiento: Jesús como puerta, Jesús como modelo de pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Ésta es la clave del relato. Dar la Vida no significa aquí dejarse matar, sino matarse en beneficio de los demás mientras vive. En griego hay tres palabras para decir vida: “Bios” y “Zoê”, que significan vida biológica, y “psykhê” que significa la personalidad sicológica. Aquí dice psykhê. Quiere decir que no se refiere a dar la vida biológica muriendo, sino a entregarse como persona durante la vida.

No olvidamos que en el evangelio de Jn no habla Jesús sino la comunidad de finales del s. I, que expresan lo que ella pensaba sobre Jesús. No concibo a Jesús creyéndose pastor de nadie. Como ser humano, Jesús llega a su plenitud por las relaciones con los demás. Pero unas verdaderas relaciones humanas solo son posibles entre iguales. Porque nunca se creyó más que nadie, sino al servicio de todos, se presenta ante nuestros ojos como modelo de relaciones humanas. Relación entrañable con los demás hombres, de tal manera que se preocupa por todos como un pastor auténtico se preocupa por cada una de las ovejas.

Después de decir que ellos no son ovejas suyas, describe con todo detalle qué significa ser de los suyos, les está acusando de no querer seguirle, comprometiéndose con él al servicio del hombre. No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. La mayoría de las veces oímos y aceptamos solamente lo que está de acuerdo con nuestros intereses. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque eso suponga cambiar nuestras conviccio­nes. Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él y como Dios se dan. Es aceptar que lo que más me importa es cada persona concreta.

“Y ellas me siguen”. No basta escuchar, hay que ponerse en movimien­to y entrar en la nueva dinámica. La buena noticia de Jesús consiste en manifestar que hay una nueva manera de afrontar la existencia humana, una manera de vivir que esté más de acuerdo con las exigencias profundas del ser humano. Esa será la manera de cumplir lo que Dios espera de nosotros. La voluntad de Dios está ya en lo más profundo de mí. Jesús no nos pide ser borregos sino ser personas adultas y responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que el Jesús, demuestra haber recibido y desplegado. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida definitiva, Vida en el Espíritu. Esto es lo verdaderamente importante para nosotros. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar también en mí. Éste es el meollo del misterio pascual. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones y bandidos. Ponerse en las manos de Jesús equivale a estar en las manos del Padre. «No hay quien libre de mi mano; lo que yo hago, ¿quién lo deshará? (Is 43,13)

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase más sublime, que mejor refleja la conciencia que la comunidad de Jn tenía de Jesús. Hoy sabemos que los discursos del evangelio de Jn no son originales de Jesús, por lo tanto no tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser la segunda persona de la Trinidad. Para nosotros, tiene mucha más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Jn, la que llegó a la increíble conclusión de que Jesús estaba en identificación absoluta con Dios.

La versión de la Vulgata no dice “yo y el Padre somos unus” sino unum (neutro). Esto es más importante de lo que parece, porque nos está lanzando más allá del lenguaje ordinario. Jesús dice que él y el Padre (el Origen) no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura existente. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquier otra criatura que tenga conciencia de sí misma. No se puede ir más allá desde el lenguaje humano, no da más de sí. Por eso, después de oír esto, lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para llegar a ser uno con Dios. Nosotros buscamos la unión con Dios pero sin dejar de ser nosotros mismos. No puede funcionar. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. Es decir, la unidad con Dios no solo nos hace uno con Él sino que nos identifica con todos los seres.

Una de las pocas palabras que podemos asegurar que pronunció el mismo Jesús, es la de “abba”. Pero el concepto de padre que nosotros usamos en el aspecto humano, no es suficiente para expresar lo que Dios es para Jesús y para cada uno de nosotros. Los padres biológicos nos han trasmitido la vida, pero esa vida sigue sus propios derroteros. En el caso de la Vida, que Dios nos comunica, se trata de su única Vida, que se convierte en nuestra propia Vida sin dejar de ser la de Dios. Por lo tanto no hay posibilidad de independencia.

El ser humano Jesús había llegado a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él, porque de él, de su falso yo, no quedaba absolutamente nada. Fijaros que para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él mismo totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Esta es la razón por la que, el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió, enseguida, en el objeto de la predicación de los primeros cristianos.

Jesús, como nuevo santuario, hace presente al Padre. No olvidemos que el diálogo se dirige a los “dirigentes judíos” en el Templo y en la fiesta de la Dedicación. El Padre se manifiesta en Jesús que realiza su obra creadora llevando al hombre a plenitud. No hay nada en Jesús que se encuentre fuera de Dios. Todo en él es expresión del Padre. Esa identifica­ción excluye toda instancia superior a él mismo. Los judíos no pueden encontrar nada en qué apoyarse para juzgarle. Ante él, solo cabe aceptación o rechazo, que es aceptar o rechazar a Dios.

Jesús al entregar su vida, viviendo para los demás, está identificándose con lo que es Dios. Así manifiesta su condición de Hijo. Al dar la vida muriendo, manifiesta, en plenitud, la verdadera Vida, que es la misma de Dios. Esa misma Vida es la que comunicará a los demás. Dios se la está comunicando a él y nos la está comunicando a todos. Jesús es así manifestación de Dios y modelo de Hombre. Donde hay amor hasta el límite, hay Vida sin límite. Para quien ama como Jesús amó, no hay muerte. Por eso la entrega de la vida es algo espontáneo. Es la disponibili­dad total que le constituye como Hijo.

Si Jesús promete la Vida al que escuche su voz, quiere decir que les está ofreciendo la misma Vida que él ha recibido del Padre. La vida que se trasmite del padre al hijo, es la misma vida del padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta y total con el Padre.Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí«. Son realidades que nos desbordan si tratamos de comprenderlas con la inteligencia.

Meditación-contemplación

Jesús da Vida definitiva porque ha hecho suya la del Padre.
Son dos aspectos eminentemente pascuales.
No se trata de una Vida para el más allá.
Se trata de participar aquí y ahora de la misma Vida de Dios.
………………..

Desde la vida biológica, en la que me encuentro,
debo acceder a la Vida Divina, que también está en mí.
A esta VIDA no le afecta la muerte,
por eso, cuando la vida biológica termina, AQUELLA continúa.
…………………

Tener fe, consiste en confiar en estas palabras de Jesús.
Es pasar ya, desde ahora, a esa Vida Nueva.
Nacer de nuevo a una Vida que ya no terminará.
Ahí encontraré la verdadera salvación.
……………………

 

Fray Marcos

 

«»DOCTRINA, MORAL Y… MIEDOS»»Stefano Cartabia

STEFANO CARTABIA, Oblato,
stefanocartabiaomi@gmail.com

ECLESALIA, Quisiera compartir con ustedes unas pistas de reflexión que me parecen esenciales para nuestro caminar y nuestro crecimiento espiritual, por lo menos para mi lo han sido. Hablamos de la relación entre la doctrina, la moral y el miedo. En la Iglesia sigo notando cierta estrechez mental y espiritual: nos aferramos a doctrinas y moral y nos perdemos la Vida. Hay miedo y el miedo siempre paraliza.

Cada religión tiene armada una estructura doctrinal que mantiene en pie todo su edificio. Por un lado es normal que así sea ya que la humano necesita estructura y organización.  Por el otro es esencial distinguir la doctrina de la Vida, no por enfrentarlas sino por armonizarlas.

En el ámbito católico podemos subrayar los siguientes puntos:

  • La doctrina católica abarca dogmas, tradición, catecismo. ¿De donde viene todo eso? Sin duda de la Palabra de Dios y de la experiencia de fe de muchos cristianos. Todo esto puede ser verdadero pero no hay que dejarse cegar. Tenemos que ser conscientes de los limites.
  • La experiencia, por maravillosa y transformadora que sea, es siempre subjetiva. No puedo elevar a verdad eterna e inmutable lo que un ser humano limitado experimenta.

Además –con mayor fuerza aún- la expresión misma de la experiencia es limitada y condicionada: un ser humano expresa y codifica su experiencia con las herramientas de lenguaje, culturales y sociales que tiene. Herramientas obviamente limitadas. Los dogmas fueron formulados con las categorías de su tiempo por mentes también limitadas y condicionadas.

Dicho esto nos preguntamos honestamente: ¿cómo puede ser valido para siempre y para todos algo expresado en un tiempo concreto (por ende limitado) por mentes limitadas?

En general se contesta con el criterio de la inspiración: el Espíritu Santo iluminaba. Sin duda que sí, pero es un argumento que no convence y que se saca a relucir cuando no se tienen otras respuestas. El Espíritu actúa siempre en y a través de la dinámica de la encarnación, es decir en nuestra humanidad concreta.

¿No necesitamos entonces dogmas, doctrina y catecismo? Claro que sí, justamente porque somos seres concretos, históricos y limitados. ¿Cómo comprender entonces la doctrina? Podemos vislumbrar tres claves:

  • Simple pista, que indica un camino y señala rumbos.
  • A servicio de la Vida y no dueña y controladora de la misma.
  • Necesitada siempre de aggiornamento (actualización) y revisión.

En el fondo estamos tocando el tema de la Verdad. La clave es comprender que no somos nosotros los que poseemos la Verdad, sino que es la Verdad que nos posee a nosotros. Estamos inmersos en la Verdad y somos expresión limitada de la Verdad ilimitada.

Nuestra comprensión intelectual y nuestro “decir” la Verdad es siempre limitado y condicionado. Nosotros “tocamos” la Verdad desde un punto concreto y “la decimos” desde ahí. Pretender que nuestro “decir” sea total y agote la Verdad es una pretensión inútil, sin fundamento, generadora de conflictos y dolor.

Algo paralelo ocurre con la moral. El rol de la Iglesia a lo largo de la historia fue también el de maestra y guía en la vida moral de los fieles y de la humanidad. Rol muchas veces vivido bien y otras no tan bien.

La Iglesia es maestra en humanidad: me parece una definición muy bella y también acertada. El problema es –como siempre– la absolutización. Cuando la Iglesia se siente dueña de la moral y en consecuencia, de la conciencia de las personas, empieza a imponer normas de conducta.

La moral, como la doctrina, no es algo estático, algo que vale para siempre y para todos. Lo que puede ser moral en una cultura puede no serlo en otra. Lo que puede ser moral en un tiempo puede no serlo en otro. Son muchos los ejemplos: la esclavitud, el rol de la mujer, el valor de la vida humana, la poligamia, la sexualidad, etcétera.

A lo largo de la historia de la humanidad el valor y el significado moral de estas dimensiones ha cambiado. La conciencia de la humanidad se desarrolla. Es fundamental comprenderlo.

Otro factor clave subrayado hoy en día por muchos expertos es que una norma moral exterior observada simplemente porque es impuesta no construye a la persona sino que, en muchos casos, corta su desarrollo. La norma moral tiene que ser comprendida interiormente por el sujeto y vivida en libertad y alegría: esto construye a la persona y la hace cada vez más libre.

Esto no significa que -en determinadas etapas del crecimiento humano- no sea necesario orientar la conciencia y, a veces, exigir ciertas normas. Es de lo que trata la educación. Pero, en el fondo, hay que educar no imponiendo reglas, sino despertando la capacidad del sujeto de elegir libremente lo que lo construye como persona.

Esta visión produce en muchos un gran miedo. Es el miedo de la inseguridad, el miedo del relativismo. Por eso buscan doctrinas y moral claras y establecidas: más fácil observar que ponerse en juego, más fácil cumplir con reglas que dejarse cuestionar por la vida. El amor autentico es siempre más creativo y exigente.

En el fondo el problema del relativismo que tanto asusta es un falso problema. ¿Todo es relativo? ¡Sí!, porque somos relación y todo es relación. La relación es lo absoluto que en el fondo es como decir:  lo único Absoluto es el Amor

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Pazkoaldiko 4. igandea – 4º de Pascua, José A. Pagola

C (Joan 10,27-30)

Evangelio del 17/abr/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

HARI ENTZUN ETA HAREN URRATSEI JARRAITU – ESCUCHAR SU VOZ Y SEGUIR SUS PASOS

Pasadizoa tirabiratsua da eta gatazkatsua. Tenplu barruan harat honat dabil Jesus. Bat batean, judu-talde batek inguratu du mehatxuzko jarreraz aurka eginez. Jesus ez da beldurtu, baizik eta beren fede-falta aurpegiratu die agerian: «Zuek ez duzue sinesten, nire ardi ez zaretelako». Ebanjelariak dio, hitz egitea bukatzean, juduek harriak hartu zituztela hari harrika egiteko.

Beraren ardi ez direla frogatzeko, bereetakoa izateak zer esan nahi duen argitzera ausartu da Jesus. Soilik, bi ezaugarri azpimarratu ditu, funtsezkoenak eta ezinbestekoenak: «Nire ardiek entzuten dute nire ahotsa… eta jarraitzen didate». Hogei menderen buruan, kristauek gogoratu beharra dugu ezen, Jesusen Eliza izateko, gauzarik funtsezkoena haren ahotsa entzutea dela eta haren urratsei jarraitzea.

Lehenengo gauza, Jesusi entzuteko gaitasuna esnatzea da. Gure elkarteetan askoz gehiago garatzea sentiberatasun hori, Jesusengandik izerdi bizian datorren Hitza hautematen eta Hitz horrek Jainkoaz dakarren Berri Onarekin bat egiten dakiten kristau xume askok bizirik duen sentiberatasun hori. Joan XXIII.ak behin batean esan zuen: «Eliza herriko iturri zahar baten parekoa da, zeinen kanilak edo txorrotak beti ur freskoa ematen baitu». Hogei mendeko Eliza zahar honetan Jesusen ur freskoa jariarazi behar dugu.

Gure kontzientzia era guztietako mezuk, kontsignak, irudik, agirik eta erakargarrik inbaditzen duten gizarte honetan, gure fedea axaleko erlijiotasunaren molde galkorretan pixkana urtuz joan dadin nahi ez bada, ikasi beharra dugu geure elkarteen erdigunean Jesusen, geure Jaun bakar horren, Hitz bizia, zehatza eta nahastezina jartzen.

Alabaina, ez da aski haren ahotsa entzutea. Beharrezkoa da Jesusi jarraitzea. Iritsia da erabakia hartzeko ordua: barrua lasaitzen duen baina gure poza itotzen duen «erlijio burgesarekin» konformatu ala kristau-fedea bizitzen ikasi, Jesusi jarraitzeko abentura zirraragarri bezala.

Hark sinetsi zuena sinestean datza abentura hori, axola hark izan zionari izatean, gizakiaren arazoa hark bezala defenditzean, babesgabeengana eta ahulengana hura hurbildu ohi zen bezala hurbiltzean, on egiteko hura bezala libre izatean, Aitagan konfiantza izatean hark izan zuen bezala, bizitzari eta heriotzari aurre egitean hark egin zien bezalako esperantzaz.

Galdurik, bakarrik eta norabiderik gabe bizi direnek kristau elkartean leku bat aurkitzen badute, Jesusi jarraituz, elkarrekin era duinagoan, solidarioagoan eta askeagoan bizi ahal izateko, orduan bere zerbitzurik hoberenetakoa eskaintzen ariko da Eliza.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4 Pascua – C (Juan 10,27-30)

Evangelio del 17/abr/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

ESCUCHAR SU VOZ Y SEGUIR SUS PASOS

La escena es tensa y conflictiva. Jesús está paseando dentro del recinto del templo. De pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador. Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Vosotros no creéis porque no sois ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

Para probar que no son ovejas suyas, Jesús se atreve a explicarles qué significa ser de los suyos. Solo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz… y me siguen». Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.

Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar mucho más en nuestras comunidades esa sensibilidad, que está viva en muchos cristianos sencillos que saben captar la Palabra que viene de Jesús en toda su frescura y sintonizar con su Buena Noticia de Dios. Juan XXIII dijo en una ocasión que «la Iglesia es como una vieja fuente de pueblo de cuyo grifo ha de correr siempre agua fresca». En esta Iglesia vieja de veinte siglos hemos de hacer correr el agua fresca de Jesús.

Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo progresivamente en formas decadentes de religiosidad superficial, en medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, imágenes, comunicados y reclamos de todo género, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.

Pero no basta escuchar su voz. Es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidirnos entre contentarnos con una «religión burguesa» que tranquiliza las conciencias pero ahoga nuestra alegría, o aprender a vivir la fe cristiana como una aventura apasionante de seguir a Jesús.

La aventura consiste en creer lo que él creyó, dar importancia a lo que él dio, defender la causa del ser humano como él la defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó.

Si quienes viven perdidos, solos o desorientados pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios.

José Antonio Pagola

 

«LA VIDA, DIOS ESTABA EN JESÚS Y ESTÁ EN NOSOTROS», Fray Marcos


Fe Adulta

Jn 21, 1-19

Nuestro problema sigue siendo la experiencia pascual. Se trata de una experiencia interior que, o se tiene y entones no hay que explicar nada, o no se tiene y entonces no hay manera de explicarla. Esta simple constatación es la clave para afrontar los textos evangélicos que quieren transmitir dicha experiencia. No hay ni palabras ni conceptos para poder meter la realidad vivida, por eso lo primeros cristianos acudieron a los relatos simbólicos.

El objeto de esos textos no es explicar ni convencer, sino invitar a la misma experiencia que hizo posible la absoluta seguridad de que Jesús estaba vivo. Descubriremos la fuerza arrolladora de esa Vida y podremos intuir la profundidad del cambio operado en ellos. Las autoridades religiosas y romanas no solo pretendieron matar a Jesús, sino borrarle de la memoria de los vivos. La crucifixión llevaba implícita la absoluta degradación del condenado y la práctica imposibilidad de que esa persona pudiera ser rehabilitada de ninguna manera.

La probabilidad de que Pilato condenara a la cruz a Jesús por la mañana y por la tarde permitiera que fuera enterrado con aromas y ungüentos, en un sepulcro nueva, es mínima. Pero es lógico, que los primeros cristianos tratasen de eliminar las connotaciones aniquilantes de la muerte de Jesús. También es natural que, al contar lo sucedido a los que no conocieron lo hechos, tratasen de omitir todo aquello que había sido inaceptable para ellos mismos y los sustituyeran por relatos más de acuerdo con su deseo.

En el relato que hoy leemos, nada es lo que parece. Todo es mucho más de lo que parece. Responde a un esquema teológico definido, que se repite en todas las apariciones. No pretenden decirnos lo qué pasó en un lugar y momento determinado, sino transmitirnos una experiencia de una comunidad que está deseando que otros cristianos vivan la misma realidad que ellos estaban viviendo. En aquella cultura, la manera de transmitir ideas, era a través de relatos, que podían estar tomados de la vida real o construidos para el caso.

«Se manifestó» (ephanerôsen) tiene el significado de “surgir de la oscuridad”. Implica una manifestación de lo celeste en un marco terreno. “Al amanecer”, cuando se está pasando de la noche al día, los discípulos pasan de una visión terrena de Jesús a través de los sentidos, a una experiencia interna que les permite descubrir en él lo que no se puede ver ni oír ni tocar. Seguimos el esquema, de que hablábamos el domingo pasado.

1º Situación dada.- Los discípulos están pescando, es decir, habían vuelto a su tarea habitual. Nada más contrario a una búsqueda específica de algo espiritual. Ajenos a lo que les va a pasar, y por lo tanto, ni lo esperan ni lo buscan. Los discípulos están juntos, es decir, forman comunidad. No se hace alusión a los doce. Aparece el siete que es un número de plenitud, referido a todas las naciones paganas. Misión universal de la nueva comunidad.

La pesca es la imagen del resultado de la misión. «Aquella ‘noche’ no cogieron nada». Este dato es de vital importancia para comprender el mensaje. La noche significa la ausencia de Jesús. Sin él, la labor misionera es infructuosa y estéril. Veis como el relato distorsiona la realidad a favor del simbolismo. La pesca se hace siempre de noche, no de día. Sin embargo aquella a la que se refiere el relato, se consigue cuando se siguen las directrices de Jesús.

2º Jesús se hace presente.- Toma la iniciativa y, sin que ellos lo esperen, aparece. La primera luz de la mañana es señal de la presencia de Jesús. Continúa el lenguaje simbólico. Jesús es la luz que permite trabajar y dar fruto. Jesús no les acompaña; su acción en el mundo se ejerce por medio de los discípulos. Las palabras de Jesús son la clave para dar fruto. Cuando siguen sus instrucciones, encuen­tran pesca y le descubren a él mismo.

3º Saludo.- Una conversación que pretende acentuar la cercanía. “Muchachos» (paidion) diminutivo de (pais) = niño. Es el “chiquillo de la tienda”. Al darles ese nombre, está exigiéndoles una disponibilidad total. Por parte de Jesús, la obra está terminada. Él tiene ya pan y pescado. Ellos tienen que seguir buscando y compartiendo ese alimento. Jesús sigue en la comunidad, pero sin actuar directamente en la acción que ellos tienen que realizar.

4º Lo reconocen.- La dificultad de reconocimiento se manifiesta en que solo uno de los discípulos lo descubre. No el que mejor vista tiene, sino el que está más identificado con Jesús. Reconoce al Señor en la abundancia de peces, es decir, en el fruto de la misión. Sólo el que tiene experiencia del amor de Jesús, sabe leer las señales. El éxito, es señal de la presencia del Señor. El fracaso delataba la ausencia del mismo. Juan Comunica su intuición a Pedro. Así se centra la atención en éste para introducir lo siguiente.

Pedro no había percibido la presencia, pero al oír al otro discípulo comprendió enseguida. El cambio de actitud de Pedro, reflejado de un modo simbólico en la palabra «se ató». La misma que se utilizó Jn para designar la actitud de servicio cuando Jesús se ató el delantal en el relato de la última cena. Se tira al agua después de haberse ceñido el símbolo del servicio, dispuesto a la entrega. Solo Pedro se tira al agua, porque solo él necesita cambiar de actitud. Jesús no responde al gesto de Pedro; responderá un poco más tarde.

No ven primero a Jesús, sino fuego y la comida, expresión de su amor a ellos. Son los mismos alimentos que dio Jesús antes de hablar del pan de vida. Allí el pan lo identificó con su carne, dada para que el mundo viva. Es lo que ahora les ofrece. El alimento que les da él se distingue del que ellos logran por su indicación. Hay dos alimentos: uno es don gratuito, otro se consigue con el esfuerzo personal. El primero lo aporta Jesús. El segundo lo deben poner ellos. No tiene sentido comer con Jesús si no se aporta nada.

El don de sí mismo queda patente por la invitación a comer y es tan perceptible que no deja lugar a duda. Recuerda la multiplicación de los panes. Es el mismo alimento, pan y pescado. Jesús es ahora el centro de la comunidad, donde irradia la fuerza de vida y amor. Esa presencia hace a los suyos capaces de entregarse como él. Al decirnos que es la tercera vez que se aparece, significa que es la definitiva. No tiene sentido esperar nuevas apariciones.

5º La misión.- Hoy se personaliza la misión en otro personaje, Pedro. Había reconocido a Jesús como Señor, pero no lo aceptaba como servidor a imitar. Con su pregunta, Jesús trata de enfrentar a Pedro con su actitud. Solo una entrega a los demás como la de Jesús, podrá manifestar su amor. La respuesta es afirmativa, pero evita toda comparación. Solo él lo había negado. Jesús usa el verbo “agapaô” =amar, amor. Pedro contesta con “phileô” =querer, amistad. Pedro empieza a comprender. Jesús no es el Señor, sino el amigo.

Al preguntarle por 3ª vez, pone en relación este episodio con las tres negaciones de Pedro. Espera de Pedro una rectificación definitiva y total. Ahora es Jesús el que usa el verbo “phileô” ¿me quieres?, que había utilizado Pedro. Le hace fijarse en ello y le pregunta si está seguro de lo que ha afirmado. Ser amigo significa renunciar al ideal de Mesías que él se había forjado. Jesús no pretende ser servido, sino que, como él, sirva a los demás. Pedro comprende que la pregunta resume su historia de oposición al designio de Jesús.

 

Meditación-contemplación

Jesús se manifestó de esta manera.
No hay nada espectacular en esa presencia.
Solo el discípulo más cercano a Jesús, lo reconoce.
Esta es la clave de todo el relato.
…………………

Si vivo la presencia de Jesús dentro de mí,
lo descubriré en los acontecimientos más sencillos de la vida.
Si no lo he descubierto en mí,
lo buscaré en personas o hechos espectaculares.
……………………..

Si pongo amor en las cosas que hago,
estaré haciendo presente al Dios manifestado en Jesús.
La clave no está en la realidad, sino en mi actitud ante esa realidad.
Descubrir esa presencia, es la tarea de todo cristiano.
…………………….

 

Fray Marcos

 

Pazkoaldiko 3. igandea – 3º Domingo de Pascua, José A. Pagola

C (Joan 21,1-19)

Evangelio del 10/abr/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

JESUS GABE EZIN-SIN JESÚS NO ES POSIBLE

Jesus berpiztuak Galileako aintzira ondoan ikasleekin topo egin izana katekesi-asmoarekin deskribatu du ebanjelariak, argi eta garbi. Kontakizunak, hondoan, itsasoan egindako arrantzaren sinbolismoa du erdigune. Haren mezua ezin gaurkoagoa da kristauentzat: soilik, Jesus berpiztuaren presentziak bihur dezake eraginkor haren ikasleen lan ebanjelizatzailea.

Kontakizunak, lehenik eta behin, ikasleak gau ilunean burutzen ari diren lana deskribatzen digu. Dena Simon Pedroren ekimenaz hasi da:«Arrantzura noa». Gainerako ikasleek bat egin dute harekin: «Zurekin goaz geu ere». Berriro elkarrekin dira, baina Jesus falta da. Arrantzura doaz, baina ez dira irten Jesusen deiari jarraituz, baizik Simon Pedroren ekimenari.

Kontalariak argi utzi du ezen lan hau gauez egin dela eta fruiturik gabeko gertatu dela: «gau hartan ez zuten ezer harrapatu». «Gauak» ebanjelariaren hizkuntzan Jesusen falta adierazten du, Argia den haren falta. Jesus berpiztuaren presentziarik gabe, haren arnasarik eta hitz orientagarririk gabe, ez da ebanjelizazio emankorrik.

Egunsentia iristearekin, presente egin da Jesus. Ertzetik, bereekin komunikatu da bere Hitzaz. Ikasleek ez dakite Jesus dela. Soilik, haren gomendioari leial jarraituz, harrapatze harrigarria lortuko dutenean ezagutuko dute. Soilik, Jesusen lana izan daiteke harrapatze hura, egun batean «giza arrantzale» izatera dei egin zien Profeta harena.

Kritikoa da parrokia eta kristau-elkarte ez gutxiren zoria. Indarrak gutxituz doaz. Kristau konprometituenak biderkatzen ari dira lan-mota askori eskua ezarriz: beti berak eta beti berak lan guztietarako. Geure ahaleginak biziagotzen eta emaitza edozein modutan bilatzen jarraitu behar ote dugu, ala pausatu beharra dugu geure lanean Berpiztuaren presentzia bizia hobeto zaintzeko?

Jesusen Berri Ona zabaltzeko eta haren egitasmoan lankide eginkor izateko, garrantzizkoena ez da «mila gauza egitea», baizik burutzen dugunaren kalitate gizatarra eta ebanjeliozkoa hobeto zaintzea. Gauza erabakigarria ez da ekinaren ekin beharra, baizik kristauek isla dezakegun bizi-testigutza.

Ezin geldi gintezke «fedearen azalean». Beste ezer baino gehiago, funtsezkoa zaintzeko garaiak dira. Geure elkarteak hitzez, testuz eta idazkiz aspertzen ditugu, baina gauza erabakigarria, gure artean, Jesusi entzutea da. Bilera asko egiten dugu, baina garrantzizkoena Jaunaren Afaria ospatzeko igandero elkartzen gaituena da. Hartan bakarrik elikatzen da gure ahalmen ebanjelizatzailea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Pascua – C (Juan 21,1-19)

Evangelio del 10/abr/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

SIN JESÚS NO ES POSIBLE

El encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos junto al lago de Galilea está descrito con clara intención catequética. En el relato subyace el simbolismo central de la pesca en medio de mar. Su mensaje no puede ser más actual para los cristianos: solo la presencia de Jesús resucitado puede dar eficacia al trabajo evangelizador de sus discípulos.

El relato nos describe, en primer lugar, el trabajo que los discípulos llevan a cabo en la oscuridad de la noche. Todo comienza con una decisión de Simón Pedro: «Me voy a pescar». Los demás discípulos se adhieren a él: «También nosotros nos vamos contigo». Están de nuevo juntos, pero falta Jesús. Salen a pescar, pero no se embarcan escuchando su llamada, sino siguiendo la iniciativa de Simón Pedro.

El narrador deja claro que este trabajo se realiza de noche y resulta infructuoso: «aquella noche no cogieron nada».La «noche» significa en el lenguaje del evangelista la ausencia de Jesús que es la Luz. Sin la presencia de Jesús resucitado, sin su aliento y su palabra orientadora, no hay evangelización fecunda.

Con la llegada del amanecer, se hace presente Jesús. Desde la orilla, se comunica con los suyos por medio de su Palabra. Los discípulos no saben que es Jesús, solo lo reconocerán cuando, siguiendo dócilmente sus indicaciones, logren una captura sorprendente. Aquello solo se puede deber a Jesús, el Profeta que un día los llamó a ser «pescadores de hombres».

La situación de no pocas parroquias y comunidades cristianas es crítica. Las fuerzas disminuyen. Los cristianos más comprometidos se multiplican para abarcar toda clase de tareas: siempre los mismos y los mismos para todo. ¿Hemos de seguir intensificando nuestros esfuerzos y buscando el rendimiento a cualquier precio, o hemos de detenernos a cuidar mejor la presencia viva del Resucitado en nuestro trabajo?

Para difundir la Buena Noticia de Jesús y colaborar eficazmente en su proyecto, lo más importante no es «hacer muchas cosas», sino cuidar mejor la calidad humana y evangélica de lo que hacemos. Lo decisivo no es el activismo sino el testimonio de vida que podamos irradiar los cristianos.

No podemos quedarnos en la «epidermis de la fe». Son momentos de cuidar, antes que nada, lo esencial. Llenamos nuestras comunidades de palabras, textos y escritos, pero lo decisivo es que, entre nosotros, se escuche a Jesús. Hacemos muchas reuniones, pero la más importante es la que nos congrega cada domingo para celebrar la Cena del Señor. Solo en él se alimenta nuestra fuerza evangelizadora.

José Antonio Pagola

 

 

«UNA APARICIÓN MUY PECULIAR», José Luis Sicre

Fe Adulta

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

“Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”

En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatarios. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Podríamos añadir: “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Digo esto a propósito de lo ocurrido hace pocos días en el accidente de Tarragona, donde perdieron la vida siete muchachas italianas, estudiantes de Erasmus. El padre de una de ellas comentó, hablando de él y de su esposa: “Antes creíamos en Dios; ahora no podemos creer. No podemos creer que en un Dios que hace una cosa así”.

Las muertes ocurridas al día siguiente en Bruselas pueden haber provocado la misma reacción en otras personas. A menudo creemos en un Dios cuya misión principal es resolver nuestros problemas. Olvidamos el mensaje de la Semana Santa: creemos en un Dios que nos entrega a su propio hijo, y en un hijo dispuesto a morir por nosotros. Como Tomás, debemos meter nuestros dedos en las llagas, en las huellas del sufrimiento humano, para terminar confesando: “Señor mío y Dios mío”.

 

José Luis Sicre