Santísima Trinidad – Textos litúrgicos del Domingo 22 de Mayo de 2016

Proverbios 8, 22-31

Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada

Así dice la sabiduría de Dios: «El Señor me estableció al principio de sus tareas, «al comienzo de sus obras antiquísimas.

En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra.

Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.

Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.

No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.

Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales.

Cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz,

yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia:

jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres.»

Salmo responsorial: 8

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. R.

Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. R.

Romanos 5, 1-5

A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu

A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-5

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.

Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Juan 16, 12-15

Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.»

 

 

Hirutasun guztiz Santua – Fiesta de la Trinidad, José A. Pagola

C (Joan 16,12-15)
Evangelio del 22/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

JAINKOAREN MISTERIOARI BIHOTZA IREKI

Mendeetan barna, teologoek eginahal handiak burutu dituzte Jainkoaren misteriora hurbiltzeko, Hirutasunaren baitan jainkozko pertsonak elkartzen eta bereizten dituzten harremanak kontzeptu-eraikuntza desberdinez formulatu nahiz. Dudarik gabe, bidezko ahalegina da, Jainkoarekiko maitasunari eta desioari dariona.

Jesusek, alabaina, ez du hartu bide hori. Jainkoaz duen bere esperientziatik, gonbit hau egin digu bere jarraitzaileei: Jainko Aitarekin konfiantzaz jardun dezagun, bere, haragi egindako Jainkoaren Semearen, urratsei jarrai diezaiegun, eta Espiritu Santuari gida eta arnastu gaitzan uzteko gonbita da. Horrela, Jainkoaren misterio santuari geure bihotza irekitzen irakatsi digu.

Beste ezer baino lehen, Jesusek jarraitzaileak Jainko hurbil, onbera eta bihozkoiaren seme-alaba bezala bizitzera gonbidatu ditu, zeini guztiok Aita maite bezala dei egiten ahal baitiogu. Aita honen ezaugarriak ez dira ahalmena eta indarra, baizik onberatasuna eta mugarik gabeko errukia. Inor ez da bizi bakarrik. Guztiok dugu geure Aita, beste inork ez bezala ulertzen, maite eta barkatzen diguna.

Jesusek agertu digu ezen Aita honek bihotzetik darion egitasmoa duela: bere seme-alaba guztiekin mundu gizatarragoa eta haurridezkoagoa eraikitzea, zuzenagoa eta solidarioagoa. «Jainkoaren erreinu» izena eman dio Jesusek, eta guztiak gonbidatu ditu Aitaren egitasmo horretan murgiltzera, guztientzat bizitza zuzenagoa eta duinagoa bilatuz, beti ere haren seme-alaba pobreenak, babesgabeenak eta premia handiagokoenak lehen tokian emanez.

Aldi berean, Jesusek honetara gonbidatu ditu jarraitzaileak: beragan konfiantza izatera: «Ez bedi larritu zuen bihotza. Jainkoagan sinesten duzue; sinetsi nigan ere». Jainkoaren Semea da Jesus, bere Aitaren irudi bizia. Guztien Aitak nola maite gaituen agertu digute haren hitzek eta keinuek. Horregatik, berari jarraitzera gonbidatu ditu guztiak. Aitaren egitasmoaren zerbitzuan konfiantzaz eta leial bizitzen irakatsiko digu.

Bere jarraitzaileen taldearekin, familia berria eratu nahi du Jesusek, zeinetan guztiek «Aitaren nahia betetzea» izango baitute xede. Hau da lurrean utzi nahi izan duen ondarea: anai-arreben mugimendu bat, txikienen eta ezinduenen zerbitzurako. Aitak nahi duen mundu berriaren sinbolo eta ernamuin izanen da familia hau.

Horretarako, Aita eta honen Seme Jesus arnasten dituen Espiritua onartu beharra dute jarraitzaileek: «Zuen baitara etorriko den Espiritu Santuaren indarra hartuko duzue eta nire lekuko izango zarete». Jainkoaren maitasuna da Espiritu hau, Aitak eta Semeak partekatzen duten hatsa, Jesusen jarraitzaileak honen testigu eta Hirutasun Santuaren egitasmo handiaren zerbitzuan lankide egingo dituen bulkada eta bizi-energia.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Fiesta de la Trinidad

C (Juan 16,12-15)
Evangelio del 22/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

ABRIRNOS AL MISTERIO DE DIOS

A lo largo de los siglos, los teólogos han realizado un gran esfuerzo por acercarse al misterio de Dios formulando con diferentes construcciones conceptuales las relaciones que vinculan y diferencian a las personas divinas en el seno de la Trinidad. Esfuerzo, sin duda, legítimo, nacido del amor y el deseo de Dios.

Jesús, sin embargo, no sigue ese camino. Desde su propia experiencia de Dios, invita a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con Dios Padre, a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, y a dejarnos guiar y alentar por el Espíritu Santo. Nos enseña así a abrirnos al misterio santo de Dios.

Antes que nada, Jesús invita a sus seguidores a vivir como hijos e hijas de un Dios cercano, bueno y entrañable, al que todos podemos invocar como Padre querido. Lo que caracteriza a este Padre no es su poder y su fuerza, sino su bondad y su compasión infinita. Nadie está solo. Todos tenemos un Dios Padre que nos comprende, nos quiere y nos perdona como nadie.

Jesús nos descubre que este Padre tiene un proyecto nacido de su corazón: construir con todos sus hijos e hijas un mundo más humano y fraterno, más justo y solidario. Jesús lo llama «reino de Dios» e invita a todos a entrar en ese proyecto del Padre buscando una vida más justa y digna para todos empezando por sus hijos más pobres, indefensos y necesitados.

Al mismo tiempo, Jesús invita a sus seguidores a que confíen también en él: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí». Él es el Hijo de Dios, imagen viva de su Padre. Sus palabras y sus gestos nos descubren cómo nos quiere el Padre de todos. Por eso, invita a todos a seguirlo. Él nos enseñará a vivir con confianza y docilidad al servicio del proyecto del Padre.

Con su grupo de seguidores, Jesús quiere formar una familia nueva donde todos busquen «cumplir la voluntad del Padre». Esta es la herencia que quiere dejar en la tierra: un movimiento de hermanos y hermanas al servicio de los más pequeños y desvalidos. Esa familia será símbolo y germen del nuevo mundo querido por el Padre.

Para esto necesitan acoger al Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús: «Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y así seréis mis testigos». Este Espíritu es el amor de Dios, el aliento que comparten el Padre y su Hijo Jesús, la fuerza, el impulso y la energía vital que hará de los seguidores de Jesús sus testigos y colaboradores al servicio del gran proyecto de la Trinidad santa.

José Antonio Pagola

 

 

TEXTOS LITÚRGICOS DEL 15 MAYO 2016

Hechos de los apóstoles 2,1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Salmo responsorial: 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; / la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo; / envías tu aliento, y los creas, / y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre, / goce el Señor con sus obras. / Que le sea agradable mi poema, / y yo me alegraré con el Señor. R.

Juan 20,19-23

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

 

«DIOS ES ESPÍRITU», Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 20, 19-23

La liturgia remata el tiempo pascual con tres fiestas importantes. Pentecostés, Trinidad y Corpus. Las tres hablan de la realidad trascendente que llamamos Dios. Pero no desde el punto de vista filosófico o científico sino en cuanto se relaciona con cada uno de nosotros. De la realidad de Dios en sí mismo no sabemos absolutamente nada; pero podemos experimentar su presencia como realidad que fundamenta y sostiene nuestra realidad, no desde fuera, sino desde lo hondo del ser. Pentecostés propone la relación con Dios que es Espíritu y hasta qué punto podemos descubrirlo y vivirlo.

Pentecostés, es una fiesta eminentemente pascual. Sin la presencia del Espíritu, la experiencia pascual no hubiera sido posible. La totalidad de nuestro ser está empapada de Dios ESPÍRITU. Es curioso que se presente la fiesta de Pentecostés en los Hechos, como la otra cara del episodio de la torre de Babel. Allí el pecado dividió a los hombres, aquí el Espíritu los congrega y une. Siempre es el Espíritu el que nos lleva a la unidad y por lo tanto el que nos invita a superar la diversidad que es fruto de nuestro falso yo.

El relato de los Hechos, que hemos leído es demasiado conocido, pero no es tan fácil de interpretar adecuadamente. Pensar en un espectáculo de luz y sonido nos aleja del mensaje que quiere trasmitir. Lc nos está hablando de la experiencia de la primera comunidad, no está haciendo una crónica periodística. En el relato utiliza los símbolos más llamativos que se habían utilizado ya en el AT. Fuego, ruido, viento. Los efectos de esa presencia no quedan reducidos al círculo de los reunidos, sino que sale a las calles, donde estaban hombres de todos los países.

Por lo tanto, no se trata de celebrar un acontecimiento. El Espíritu está viniendo siempre. Mejor dicho, no tiene que venir de ninguna parte. (Lc narra en los Hch, cinco venidas del Espíritu). Las lecturas que hemos leído nos dan suficientes pistas para no despistarnos. En la primera se habla de una venida espectacular (viento, ruido, fuego), haciendo referencia a la teofanía del Sinaí. Coloca el evento en la fiesta judía de Pentecostés, que se había convertido en la fiesta de la renovación de la alianza. La Ley ha sido sustituida por el Espíritu. En Jn, Jesús les comunica el Espíritu el mismo día de Pascua.

Sobre el Espíritu Santo, no es fácil superar una serie de errores que todos llevamos muy dentro. No se trata de ningún personaje distinto del Padre y del Hijo, que, por su cuenta anda por ahí haciendo de las suyas. Se trata del Dios UNO desmaterializado y más allá de toda imagen antropomórfica. No debemos pensar en él como un don que nos regala el Padre o el Hijo, sino en Dios como DON absoluto que fundamenta todo lo que nosotros podemos llegar a ser. No es una realidad que tenemos que conseguir a fuerza de oraciones y ruegos, sino el primer fundamento de mi ser, del que surge todo lo que soy.

También debemos tener mucho cuidado al interpretar la palabra “Espíritu” cuando la encontramos en la Biblia. Tanto el “ruah” hebreo como el “pneuma” griego, tienen una gama tan amplia de significados que es casi imposible precisar a qué se refieren en cada caso. El significado predominante se refiere a una fuerza invisible pero muy eficaz que se identifica con Dios y que capacita al ser humano para realizar tareas que sobrepasan sus posibilidades normales. Recordemos que el significado primero de la palabra es “viento”, o mejor, el espacio entre el cielo y la tierra de donde los animales sorben la vida. Este primigenio significado nos abre una perspectiva muy interesante para nuestra reflexión.

En los evangelios se deja muy claro que todo lo que es Jesús, se debe a la acción del Espíritu: «concebido por el Espíritu Santo”. «Nacido del Espíritu”. «Desciende sobre él el Espíritu”. «Ungido con la fuerza del Espíritu”. “Como era hombre lo mataron, como poseía el Espíritu fue devuelto a la vida”.Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse si no fuera por la acción del Espíritu. Pero no es menos cierto que no podríamos descubrir lo que es realmente el Espíritu si no fuera por lo que Jesús, desde su experiencia, nos ha revelado.

En esta fiesta se quiere resaltar que gracias al Espíritu, algo nuevo comienza. De la misma manera que al comienzo de la vida pública, Jesús fue ungido por el Espíritu en el bautismo y con ello queda capacitado para llevar a cabo su misión, ahora la tarea encomendada a los discípulos será posible gracias a la presencia del mismo Espíritu que les va a dar también energía para llevarla a cabo. De esa fuerza, nace la nueva comunidad, constituida por personas que se dejan guiar por el Espíritu para llevar a cabo la misma tarea. No se puede hablar del Espíritu sin hablar de unidad e integración y amor.

La experiencia inmediata, que nos llega a través de los sentidos, es que somos materia, por lo tanto, limitación, contingencia, inconsistencia, etc. Con esta perspectiva nos sentiremos siempre inseguros, temerosos, tristes. La Experiencia mística nos lleva a una manera distinta de ver la realidad. Descubrimos en nosotros algo absoluto, sólido, definitivo que es más que nosotros, pero es también parte de nosotros mismos. Esa vivencia nos traería la verdadera seguridad, libertad, alegría, paz, ausencia de miedo.

No se trata de entrar en un mundo diferente, acotado para un reducido número de personas privilegiadas, a los que se premia con el don del Espíritu. Es una realidad que se ofrece a todos como la más alta posibilidad de ser, de alcanzar una plenitud humana que todos teníamos que proponernos como meta. Cercenamos nuestras posibilidades de ser seres humanos cuando reducimos nuestras expectativas a los logros puramente biológicos, psicológicos e incluso intelectuales. Si nuestro verdadero ser es espiritual, y nos quedamos en la exclusiva valoración de la materia, devaluamos nuestra trayectoria humana y reducimos al mínimo el campo de nuestras posibilidades.

La experiencia del Espíritu es de la persona concreta, pero empuja siempre a la construcción de la comunidad, porque, una vez descubierta en uno mismo, en todos se descubre esa presencia. El Espíritu se otorga siempre “para el bien común”. Fijaros que, en contra de lo que se cuenta, no se da el Espíritu a los apóstoles, sino a los discípulos, es decir a todos los seguidores de Jesús. La trampa de asignar la exclusividad del Espíritu a la jerarquía se ha utilizado con demasiada frecuencia para justificar privilegios y poderes especiales. El más poseído del Espíritu es el que más dispuesto está a servir a los demás.

El Espíritu no produce personas uniformes como si fuesen fruto de una clonación. Es esta otra trampa para justificar toda clase de controles y sometimientos. El Espíritu es una fuerza vital y enriquecedora que potencia en cada uno las diferentes cualidades y aptitudes. La pretendida uniformidad no es más que la consecuencia de nuestro miedo, o del afán de confiar en el control de las personas y no en la fuerza del mismo Espíritu.

En la celebración de la eucaristía debíamos poner más atención a esa presencia del Espíritu. Un dato puede hacer comprender esta devaluación del Espíritu. Durante muchos siglos el momento más importante de la celebración fue la epíclesis, es decir, la invocación del Espíritu que el sacerdote hacer sobre el pan y el vino. Solo mucho más tarde se confirió un poder mágico a las palabras que hoy llamamos “consagración”.

La primera lectura de hoy nos obliga a una reflexión muy simple: ¿hablamos los cristianos, un lenguaje que puedan entender todos los hombres de hoy? Mucho me temo que seguimos hablando un lenguaje que nadie entiende, porque no nos dejamos llevar por el Espíritu, sino por nuestras programaciones y caprichos. Solo hay un lenguaje que pueden entender todos los seres humanos, el lenguaje del amor.

Meditación-contemplación

Toda vida espiritual es obra del Espíritu.
Que esa obra se lleve a cabo en mí, depende de mí mismo.
Yo necesito a Dios para ser.
Él me necesita para manifestarse.
……….

“Todos hemos bebido de un mismo ESPÍRITU”.
Pero es que es el ESPÍRITU el que nos tiene que sorber.
Él es más que yo y me tiene que transformar en él.
No debo manipularlo, sino dejar que me cambie a su antojo.
……………………

Dios es amor, y el ser humano puede descubrir y vivir ese amor.
Siempre que amo de verdad, hago presente a Dios,
porque el amor con que yo amo, es el mismo amor que es Dios.
No soy yo el que amo, sino Dios que ama en mí.
……………………

 

Fray Marcos

 

 

Mendekoste – Pentecostés, José A. Pagola

C (Joan 14,15-16.23b-26)
Evangelio del 15/may/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

ESPIRITU SANTUARI DEI

Zatoz, Espiritu kreatzailea, eta isuri gu baitan Jesusen indarra eta hatsa. Zure eraginik eta laguntzarik gabe, ezin dugu harengan sinetsi; ezin ausartu gara haren urratsei jarraitzera: Eliza ez da eraberrituko; gure esperantza itoko da. Zatoz eta kutsa gaitzazu Jesusen bizi-hatsez!

Zatoz, Espiritu Santua, eta ekarri guri gogora Jesusek esan ohi zituen hitz onak. Zure argirik eta harekiko zure testigutzarik gabe, ahaztuz joanen gara Jainkoaren aurpegi ona; letra hil bihurtuko da Ebanjelioa; Elizak ezin hots eginen du albiste onik. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusi bakarrik entzuten!

Zatoz, Egiaren Espiritua, eta egizu Jesusen egian ibil gaitezen. Zure argirik eta gidaritzarik gabe, ezin izanen gara sekula geure erroretik eta gezurretik libratu; ez da ezer berririk eta egiazkorik gu baitan erneko; itsuaurreko izan nahi duen itsuaren antzeko izanen gara. Zatoz eta bihur gaitzazu Jesusen ikasle eta testigu!

Zatoz, Aitaren Espiritua, eta irakats iezaguzu Jainkoari «Abba» esaten, Jesusek egin ohi zuen bezala. Zure berotasunik eta zure alaitasunik gabe, beren Aita galdu duten umezurtzak bezalako izanen gara; ezpainez dei eginen diogu Jainkoari, baina ez bihotzez; gure otoitza hitz huts izanen da. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusen hitzez eta bihotzaz otoitz egiten!

Zatoz, Ontasun Espiritu, eta bihur gaitzazu Jesusek estreinatu zuen «Jainkoaren erreinuaren» egitasmora. Zure indar eraberritzailerik gabe, inork ez du bihurtuko gure bihotz nekatua; ez dugu ausardiarik izanen mundu gizatarragoa eraikitzeko, Jainkoak nahi bezala; zure Elizan azkenak ez dira sekula lehenengo izanen; eta guk erdi lo jarraituko dugu geure erlijio burgesean. Zatoz eta egin gaitzazu lankide Jesusen egitasmoan!

Zatoz, Maitasun Espiritua, eta irakats iezaguzu elkar maitatzen, Jesusek maite ohi zuen maitasunez. Zu gure artean bizitasunez bizi gabe, Elizaren komunioa zartatu eginen da; hierarkia eta herria urrunduz joanen dira gero eta gehiago; zatiketa handitu eginen da, elkarrizketa itoko eta intolerantzia haziko. Zatoz eta biziaraz ezazu gure bihotzean eta gure eskuetan Jesusen antzeko eginen gaituen haurride-maitasuna!

Zatoz, Espiritu Askatzailea, eta gogorazi guri aske izateko askatu gintuela Kristok eta ez esklabotzak berriro zapaldu gaitzan uzteko. Zure indarrik eta zure egiarik gabe, Jesusekiko gure jarraitze gozoa esklaboen moral bilakatuko da; ez dugu ezagutuko bizia dakarren maitasuna, baizik bizia hiltzen duen geurekoikeria; ito eginen da gu baitan Jainkoaren seme-alabak hazarazten dituen askatasuna eta, beste behin, beldurraren, koldarkeriaren eta fanatismoaren biktima izanen gara. Zatoz, Espiritu Santua, eta kutsa gaitzazu Jesusen askatasunez!

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pentecostés

C (Juan 14,15-16.23b-26)

Evangelio del 15/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

INVOCACIÓN

Ven, Espíritu Creador, e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y tu gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!

Ven, Espíritu Santo, y recuérdanos las palabras buenas que decía Jesús. Sin tu luz y tu testimonio sobre él, iremos olvidando el rostro bueno de Dios; el Evangelio se convertirá en letra muerta; la Iglesia no podrá anunciar ninguna noticia buena. ¡Ven y enséñanos a escuchar solo a Jesús!

Ven, Espíritu de la Verdad, y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu guía, nunca nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nada nuevo y verdadero nacerá entre nosotros; seremos como ciegos que pretenden guiar a otros ciegos. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús!

Ven, Espíritu del Padre, y enséñanos a gritar a Dios «Abba» como lo hacía Jesús. Sin tu calor y tu alegría, viviremos como huérfanos que han perdido a su Padre; invocaremos a Dios con los labios, pero no con el corazón; nuestras plegarias serán palabras vacías. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús!

Ven, Espíritu Bueno, y conviértenos al proyecto del «reino de Dios» inaugurado por Jesús. Sin tu fuerza renovadora, nadie convertirá nuestro corazón cansado; no tendremos audacia para construir un mundo más humano, según los deseos de Dios; en tu Iglesia los últimos nunca serán los primeros; y nosotros seguiremos adormecidos en nuestra religión burguesa. ¡Ven y haznos colaboradores del proyecto de Jesús!

Ven, Espíritu de Amor, y enséñanos a amarnos unos a otros con el amor con que Jesús amaba. Sin tu presencia viva entre nosotros, la comunión de la Iglesia se resquebrajará; la jerarquía y el pueblo se irán distanciando siempre más; crecerán las divisiones, se apagará el diálogo y aumentará la intolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús!

Ven, Espíritu Liberador, y recuérdanos que para ser libres nos liberó Cristo y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Sin tu fuerza y tu verdad, nuestro seguimiento gozoso a Jesús se convertirá en moral de esclavos; no conoceremos el amor que da vida, sino nuestros egoísmos que la matan; se apagará en nosotros la libertad que hace crecer a los hijos e hijas de Dios y seremos, una y otra vez, víctimas de miedos, cobardías y fanatismos. ¡Ven, Espíritu Santo, y contágianos la libertad de Jesús!

José Antonio Pagola

 

 

«DURANTE SU VIDA JESÚS LLEGÓ A LO MÁS ALTO, NO DESPUÉS», Fray Marcos

Lc 24, 46-53
RELIGIÓN DIGITAL

Hoy debemos tener muy presente la oración de Pablo. “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de revelación para conocerlo; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama…” No pide inteligencia, sino espíritu de revelación. No pide una visión sensorial penetrante, sino que ilumine los “ojos” del corazón. El verdadero conocimiento no viene de fuera, sino de la experiencia interior. Ni teología, ni normas morales, ni ritos sirven de nada si no nos llevan a la experiencia interior y no van acompañados de una vida entregada a los demás.

Hemos llegado al final del tiempo pascual. La ascensión es una fiesta de transición que intenta recopilar todo lo que hemos celebrado desde el Viernes Santo. La mejor prueba de esto es que Lc, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones: una al final del evangelio y otra al comienzo del los Hechos. Para comprender el lenguaje que la liturgia utilizan para referirse a esta celebración, es necesario tener en cuanta la manera mítica de entender el mundo en aquella épocas y posteriores, muy distinta de la nuestra.

Desde una visión mítica, el mundo estaba dividido en tres estadios: el superior (arriba) estaba habitado por la divinidad. El del medio (el nuestro) era la realidad terrena en la que todos vivimos. El tercero (abismo) era el lugar del maligno y sus secuaces. Desde este esquema, la encarnación era concebida como una bajada del Verbo, desde la altura donde habita la divinidad a la tierra. Su misión era la salvación de todos. Por eso, después de su muerte tuvo que bajara a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total. Una vez que Jesús cumplió su misión salvadora, lo lógico era que volviera a su lugar de origen.

No tiene sentido seguir hablando de bajada y subida. Aunque cambiar las mentes es muy difícil. Si no lo intentamos, estaremos transmitiendo conceptos que la gente de hoy no puede comprender. Una cosa fue la predicación de Jesús terreno y otra muy distinta la tarea que tiene que acometer la comunidad, después de atravesar la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo encontrar la manera de transmitir lo que ya había experimentado. Nosotros tenemos que continuar esa obra, transmitir el mensaje, acomodándola a nuestra cultura.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu, son todas realidades pascuales. En todas ellas queremos expresar la misma verdad: El final de “este Hombre” Jesús, no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sola imagen, por eso tenemos que desdoblarlo para ir analizándolo por partes y poder digerirlo. Con todo lo que venimos diciendo durante el tiempo pascual, debe estar ya muy claro que después de la muerte no pasó nada en Jesús.

Una vez muerto pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio. Sin tiempo y sin espacio no puede haber sucesos. Todo “sucedió” como un chispazo que dura toda la eternidad. El don total de sí mismo es la identificación total con Dios y por tanto su total y definitiva gloria. No va más. En los discípulos sí sucedió algo. La experiencia de resurrección sí fue constatable. Sin esa experiencia que no sucedió en un momento determinado, sino que fue un proceso que doró muchos años, no hubiera sido posible la religión cristiana.

Una cosa es la verdad que se quiere trasmitir y otra los conceptos y fórmulas con los que intentamos llevar a los demás nuestra verdad. No estamos celebrando un hecho que sucedió hace 2000 años. Celebramos un acontecimiento teológico que se está dando en este momento. Los tres días para la resurrección, los cuarenta días para la ascensión, los cincuenta días para la venida del Espíritu, no son tiempos cronológicos sino teológicos. Lc, en su evangelio, pone todas las apariciones y la ascensión en el mismo día. En cambio, en los Hechos habla de cuarenta días de permanencia de Jesús con sus discípulos. Quiere decir que para él no tenía ninguna importancia el tiempo cronológico.

Solo Lc al final de su evangelio y al comienzo de los “Hechos”, narra la ascensión como un fenómeno constatable externo. Si, como parece probable, los dos relatos constituyeron al principio un solo libro, tendríamos que admitir que se duplicó el relato para dejar uno como final y otro como comienzo de sus dos obras. Para él, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los apóstoles. Esa constatación de la presencia de Dios, primero en Jesús y luego en los cristianos, es la clave de todo el misterio pascual y la clave para entender la fiesta que estamos celebrando.

El cielo en todo el AT, no significa un lugar físico, sino una manera de designar la divinidad sin nombrarla. Así, unos evangelistas hablan del “Reino de los cielos” y otros del “Reino de Dios”. Solo con esto, tendríamos una pista para no caer en la tentación de entenderlo materialmente. Es lamentable que sigamos hablando de un lugar donde se encuentra la corte celestial. Podemos seguir diciendo “Padre nuestro que estás en los cielos”. Podemos seguir diciendo que se sentó a la derecha de Dios, pero sin entenderlo literalmente.

Tenemos más pistas. Hasta el s. V no se celebró ninguna fiesta de la Ascensión. Se consideraba que la resurrección llevaba consigo la glorificación. Ya hemos dicho que en los primeros indicios escritos que han llegado hasta nosotros de la cristología pascual, está expresada como “exaltación y glorificación”. Antes de hablar de resurrección se habló de glorificación. Esto podía explicar la manera de hablar de ella en Lc. Lo importante de todo el mensaje pascual es que el mismo Jesús que vivió con los discípulos, es el que llegó a lo más alto. Llegó a la meta. Alcanzó su plenitud que consiste en identificarse totalmente con Dios.

La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Se trata de descubrir que la posesión de la Vida por parte de Jesús es total. Participa de la misma Vida de Dios y por lo tanto, está en lo más alto del “cielo”. Las palabras son apuntes para que nosotros podamos entendernos. Hoy tenemos otro ejemplo de cómo, intentando explicar una realidad espiritual, la complicamos más. Resucitar no es volver a la vida biológica sino volver al Padre. “Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre”.

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, el Padre. Pero teniendo en cuenta que nuestro punto de partida es también, como en el caso de Jesús, el mismo Dios. No se trata de movimiento alguno, sino de toma de conciencia. Esa ascensión no puedo hacerla a costa de los demás, sino sirviendo a todos. Pasando por encima de los demás, no asciendo sino que desciendo. Como Jesús, la única manera de alcanzar la meta es descendiendo hasta lo más hondo de mi ser. El que más bajó, es el que más alto ha subido.

El entender la subida como física es una trampa muy atrayente. Los dirigentes judíos prefirieron un Jesús muerto. Nosotros preferimos un Jesús en el cielo. En ambos casos sería una estratagema para quitarlo del medio. Descubrirlo dentro de mí y en los demás, como nos decía el domingo pasado, sería demasiado exigente. Mucho más cómodo es seguir mirando al cielo… y no sentirnos implicados en lo que está pasando a nuestro alrededor.

En el relato que hemos leído, se encuentran todos los elementos que hemos manejado en el tiempo pascual: la identificación de Jesús; la alusión a la Escritura; la necesidad de Espíritu; la obligación de ser testigos; la conexión de la vivencia con la misión. Se contrapone la Escritura que funcionó hasta aquel momento y el Espíritu que funcionará en adelante. Al inicio de su vida pública, Jesús fue ungido por el Espíritu para llevar a cabo su obra. Los discípulos también tienen que ser revestidos de la fuerza de lo alto par llevar a cabo la suya.

 

Meditación-contemplación

“Os revestirán de la fuerza de lo alto”.
Este es el cambio que percibieron los apóstoles en la experiencia pascual.
Una nueva energía vital que les inunda y les transforma.
Es el “nacer de nuevo” que Jesús había propuesto a Nicodemo.
………………..

Esa energía tiene que iluminar todo mi ser.
Como una lámpara se transforma en luz cuando la atraviesa la corriente,
así mi ser se iluminará cuando conecte con lo divino.
Esa iluminación es el objetivo último de todo ser humano.
…………………

No se trata de un mayor “conocimiento” intelectual.
No es la mente la que debe iluminarse, sino el “corazón”.
Aquí está la verdadera batalla,
sobre todo, para nosotros los occidentales cartesianos.
……………….

Fray Marcos

 

Textos del Domingo 08 de Mayo de 2016: Ascensión del Señor

Hechos de los apóstoles 1, 1-11

Lo vieron levantarse

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»

Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»

Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Efesios 1, 17-23

Lo sentó a su derecha en el cielo

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Lucas 24, 46-53

Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

 

Jaunaren Igokundea – La Ascensión del Señor, José A. Pagola

Jaunaren Igokundea

C (Lukas 24,46-53)

Evangelio del 08/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

HAZKUNDEA ETA SORMENA – CRECIMIENTO Y CREATIVIDAD

Ebanjelioek hainbat giltza eskaintzen digute ulertzeko, nola hasi zuten beren ibilbide historikoa lehen kristau-elkarteek, Jesus beren begi aurrean jadanik ez zutela. Agian, ez zen izan dena batzuetan imajinatu ohi dugun bezalakoa. Nola ulertu eta bizi izan zituzten Jesusekiko harremanak, hura lurretik desagertu zenetik?

Mateok ez dakar ezer Jesus zerura igotzeaz. Bere ebanjelioa Galileako mendi bateko agur-pasadizo batekin bukatu du, zeinetan Jesusek promes solemne hau egin baitie: «Jakizue zeuekin izango nauzuela ni egunero munduaren azkena arte». Ikasleek ez dute zertan sentitu haren absentzia. Berekin izanen dute Jesus beti. Baina, nola?

Beste ikusmolde bat agertu du Lukasek. Bere ebanjelioko azken pasadizoan, Jesus «apartatu egin da haiengandik, zerura igotzeko». Ikasleek bere horretan onartu behar dute apartatze hori: Jesus jadanik Jainkoaren misterioan bizi da. Baina bereak «bedeinkatuz» igo da Aitagana. Jarraitzaileek bedeinkazio haren babesean hasiko dute beren ibilbidea; bedeinkazio berarekin sendatzen baitzituen Jesusek gaixoak, barkatzen bekatariei, ferekatzen txikiak.

Joan ebanjelariak beste giltza bat proposatzen duten hitzak ezarri ditu Jesusen ahoan. Bereei agur esatean, Jesusek diotse: «Aitagana noa eta zuek triste zarete…Alabaina, komeni zaizu ni joatea, Espiritu Santua har dezazuen». Ulertzekoa da ikasleen tristura. Jesus beti berekin izateak demaien segurtasuna opa dute. Maisuaren babesean  beti haur bizi nahi izatearen tentazioa da.

Jesusen erantzunak pedagogia jakintsua ageri du. Haren absentziak hazaraziko du haren jarraitzaileen heldutasuna. Bere Espirituaren zigilua utzi die. Jesusen absentzian, Espirituak eragingo du hareengan erantzulea eta heldua den bati dagokion hazkundea. Komeni da hau gogoratzea gure garai honetan, zeinetan ematen baitu gure artean sormenarekiko beldurra, immobilismoaren tentazioa edo beste aldi batzuetarako edo beste kultura baterako zen kristautasunaren nostalgia ari dela hazten.

Kristauok behin baino gehiagotan jo izan dugu, historian barna, Jesusekiko jarraipena haur-eran bizitzera. Jesusen Igokundeak gogorarazten digu ezen, Jesusen presentzia historikoa amaiturik, «Espirituaren aldia» bizi dugula, sormenaren eta hazkunde erantzulearen aldia. Espirituak ez digu eskaintzen Jesusen jarraitzaileoi «betirauneko errezetarik». Argia eta hatsa dakarkigu beti berriak diren bideen bila ibiltzeko, gaur egun Jesusen jarduera berregiteko. Horrela gidatzen gaitu Jesusek egia betera.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ascensión del Señor – C (Lucas 24,46-53)

Evangelio del 08/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

CRECIMIENTO Y CREATIVIDAD

Los evangelios nos ofrecen diversas claves para entender cómo comenzaron su andadura histórica las primeras comunidades cristianas sin la presencia de Jesús al frente de sus seguidores. Tal vez, no fue todo tan sencillo como a veces lo imaginamos. ¿Cómo entendieron y vivieron su relación con él, una vez desaparecido de la tierra?

Mateo no dice una palabra de su ascensión al cielo. Termina su evangelio con una escena de despedida en una montaña de Galilea en la que Jesús les hace esta solemne promesa: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Los discípulos no han de sentir su ausencia. Jesús estará siempre con ellos. Pero ¿cómo?

Lucas ofrece una visión diferente. En la escena final de su evangelio, Jesús «se separa de ellos subiendo hacia el cielo». Los discípulos tienen que aceptar con todo realismo la separación: Jesús vive ya en el misterio de Dios. Pero sube al Padre «bendiciendo» a los suyos. Sus seguidores comienzan su andadura protegidos por aquella bendición con la que Jesús curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y acariciaba a los pequeños.

El evangelista Juan pone en boca de Jesús unas palabras que proponen otra clave. Al despedirse de los suyos, Jesús les dice: «Yo me voy al Padre y vosotros estáis tristes… Sin embargo, os conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo». La tristeza de los discípulos es explicable. Desean la seguridad que les da tener a Jesús siempre junto a ellos. Es la tentación de vivir de manera infantil bajo la protección del Maestro.

La respuesta de Jesús muestra una sabia pedagogía. Su ausencia hará crecer la madurez de sus seguidores. Les deja la impronta de su Espíritu. Será él quien, en su ausencia, promoverá el crecimiento responsable y adulto de los suyos. Es bueno recordarlo en unos tiempos en que parece crecer entre nosotros el miedo a la creatividad, la tentación del inmovilismo o la nostalgia por un cristianismo pensado para otros tiempos y otra cultura.

Los cristianos hemos caído más de una vez a lo largo de la historia en la tentación de vivir el seguimiento a Jesús de manera infantil. La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos «el tiempo del Espíritu», tiempo de creatividad y de crecimiento responsable. El Espíritu no proporciona a los seguidores de Jesús «recetas eternas». Nos da luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos para reproducir hoy su actuación. Así nos conduce hacia la verdad completa de Jesús.

José Antonio Pagola

 

«DIOS NO ES MI HUÉSPED, SINO LA ESENCIA DE MI SER», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe adulta

Jn 14, 23-29

Seguimos en el discurso de despedida. El tema del domingo pasado era el amor manifestado en la entrega a los demás. Terminábamos diciendo que ese amor era la consecuencia de una experiencia interior, relación con lo más profundo de mí mismo que es Dios. Hoy nos habla el evangelio de lo que significa esa vivencia intima. La Realidad que soy, es mi verdadero ser. El verdadero Dios no es un ser separado que está en alguna parte de la estratosfera sino el fundamento de mi ser y de cada uno de los seres del universo.

Este discurso de despedida que Juan pone en boca de Jesús nos habla de cómo entendía y practicaba aquella comunidad el seguimiento de Jesús. No se trataba de seguir a un líder que desde fuera les marcaba el camino, sino de descubrir la experiencia más profunda de Jesús, y repetirla en cada uno de los cristianos.

En estos siete versículos podemos descubrir las dificultades que encuentra el ser humano cuando trata de expresar la experiencia interior. Por cada afirmación que se hace en los versículos que hemos leído hoy, encontramos en el evangelio otra que dice exactamente lo contrario. Es la mejor prueba de que las expresiones sobre Dios no se pueden entender al pie de la letra porque nunca son apropiadas. Necesitan interpretación porque los conceptos no son adecuados para expresar las realidades trascendentes. En este orden puede ser verdad una afirmación y la contraria. El dedo y la flecha pueden apuntar los dos a la luna.

En Jn 15,9 dice: Como el Padre me ha amado así os he amado yo, permaneced en mi amor. Aquí dice: “si alguno me ama le amará mi Padre…” ¿Quién ama primero?

Jesús había dicho que iba a prepararles sitio en el hogar del Padre, para después llevarles con él (14.2). Ahora dice que el Padre y él mismo vendrán al interior de cada uno.

Les había advertido: “como me persiguieron a mí, os perseguirán a vosotros (Jn 16,2). Ahora nos dice: “la paz os dejo, mi paz os doy”.

Nos había dicho: yo y el Padre somos uno (10,30). Quien me ve a mí ve a mi Padre (14,9). Hora nos dice: El Padre es más que yo.

No os dejaré huérfanos, volveré para estar con vosotros (14,18). Y ahora nos dice que el Padre mandará el Espíritu en su lugar. Digerir estas aparentes contradicciones es una de las claves para entender la experiencia pascual.

Insisto, una cosa es el lenguaje y otra la realidad que queremos manifestar con él. Dios no tiene que venir de ninguna parte para estar en lo hondo de nuestro ser. Está ahí desde antes de existir nosotros. No existe «alguna parte» donde Dios pueda estar, fuera de mí y del resto de la creación. Dios es lo que hace posible mi existencia. Soy yo el que estoy fundamentado en Él desde el primer instante de ser. El descu­brirlo en mí, el tomar conciencia de esa presencia, es como si viniera. Esta verdad es la fuente de toda religiosidad.

El hecho de que no llegue a mí desde fuera ni a través de los sentidos, hace imposible toda mediación. Es más, todo intermediario, sean personas, sean instituciones, me alejan de Él más que me acercan. En el AT, la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo. La “total presencia” debía ser una de las características de los tiempos mesiánicos. Desde Jesús, el lugar de la presencia de Dios es el hombre. Dentro de ti lo tienes que experimentar; pero también descubrirlo dentro de cada uno de los demás seres humanos. Pero ¡ojo! La presencia surge de dentro, pero no será únicamente interna.

El Espíritu es el garante de esa presencia dinámica: “os irá enseñando todo”. Por cinco veces, en este discurso de despedida, hacer Jesús referencia al Espíritu. No se trata de la tercera persona de la Trinidad, sino de la divinidad como fuerza (ruja). “Santo” significa separado; pero no separado de Dios, sino separado de las actitudes del mundo. Si esa Fuerza de Dios no nos separa del mundo (opresión), no podremos comprender el amor.

«Os conviene que yo me vaya, porque si no, el Espíritu no vendrá a vosotros». Ni el mismo Jesús con sus palabras y acciones fue capaz de llevar a los apóstoles hasta la experiencia de Dios, que les ayudaría a descubrir al mismo Jesús. Mientras estaba con ellos, estaban apegados a su físico, a sus palabras, a sus manifestaciones humanas. Todo muy bonito, pero que les impedía descubrir la verdadera identidad de Jesús. Al no ver a Dios en Jesús, tampoco descubrieron la realidad de Dios dentro de ellos. Cuando desapare­ció, se vieron obligados a buscar dentro de ellos, y allí encontraron lo que no podían descubrir fuera.

El Espíritu no añadirá nada nuevo. Solo aclarará lo que Jesús ya enseñó. Las enseñanzas de Jesús y las del Espíritu son las mismas, solo hay una diferencia. Con Jesús, la Verdad viene a ellos de fuera. El Espíritu las suscita dentro de cada uno como vivencia irrefutable. Mientras el Espíritu no nos separe del mundo (egoísmo), no podremos comprender las enseñanzas de Jesús. Esto explica tantas conclusiones equivocadas de los discípulos durante la vida de Jesús. Las palabras (aunque sean las de Jesús) y los razonamientos no pueden llevar a la comprensión. El Espíritu les llevará a experimentar dentro de ellos la misma realidad que Jesús quería explicar. Entonces no necesitarán argumentos, sino que lo verán claramente.

“Paz” era el saludo ordinario entre los semitas. No solo al despedirse, sino al encontrarse. Ya el “shalom” Judío era mucho más rico que nuestro concepto de paz, pero es que el evangelio de Jn hace hincapié en un “plus” de significado sobre el ya rico significado judío. La paz de la que habla Jesús tiene su origen en el interior de cada uno. Es la armonía total, no solo dentro de cada persona, sino con los demás y con la creación entera. Sería el fruto primero de unas relaciones auténticas en todas direcciones. Sería la consecuencia del amor que es Dios en nosotros, descubierto y vivido. La paz no se puede buscar directamente. Es fruto del amor. Solo el Amor descubierto dentro y manifestado, lleva a la verdadera paz.

Deben alegrarse de que se vaya, porque ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es ninguna tragedia. Será la manifestación suprema de amor, por lo tanto, será la verdadera victoria sobre el mundo (mal) y la muerte. El Padre es mayor que él, porque es el origen. Todo lo que posee Jesús procede de Él. No habla la 2ª persona de la Trinidad; estaríamos poniendo en boca de Jesús una herejía. No olvidemos que Jesús, para el evangelista, es un ser humano a pesar de su preexistencia: “Tomó la condición de esclavo, pasó por uno de tantos…” También en Jesús Dios se manifiesta en lo humano, pero Dios no es lo que se ve ni lo que se palpa ni lo que se oye de Jesús. Dios está en Jesús, pero es más que Jesús.

“El Padre es más que yo». Dios se manifiesta y se vela en la humanidad de Jesús. La presencia de Dios en él, no es demostrable. Está en el hombre sin añadir ni obrar nada. El verdadero Dios es siempre un Dios escondido. Decía Pascal: «Toda religión que no afirme que Dios está oculto, no es verdadera». Un sufí persa de la Edad Media lo dejó bien claro: Calle mi labio carnal, / habla en mi interior la calma / voz sonora de mi alma / que es el alma de otra alma / eterna y universa. / ¿Dónde tu rostro reposa / alma que a mi alma das vida? / Nacen sin cesar las cosas, / mil y mil veces ansiosas /de ver tu faz escondida.

En la Biblia existe una tensión entre la trascendencia y la inmanencia de Dios. El hombre no puede ver a Dios sin morir. No puede ser represen­tado por ninguna imagen. No puede ser nombrado. Pero a la vez, se presenta como compasivo, como pastor de su pueblo, como esposo, como madre que no puede olvidarse del fruto de su vientre. En el NT, se acentúa el intento de acercar a Dios al hombre. Los conceptos de «Mesías», «Siervo», «Hijo de hombre», «Palabra», «Espíri­tu», «Sabiduría», incluso «Padre», son todos ejemplos de ese intento. No se trata de una simple cercanía, sino de una identificación absoluta de Dios con cada uno.

 

Meditación-contemplación

“Vendremos a él y haremos morada en él”.
Jesús descubrió esa presencia absoluta de Dios.
Todo lo que vivió y enseñó, fue consecuencia de esa experiencia.
Sabía que era la clave para que el hombre alcanzase plenitud.
……………….

Sin experiencia interior no hay posibilidad de salvación.
Sin identificación con lo divino no puede haber verdadera humanidad.
Sin descubrir el tesoro que hay dentro de ti,
nunca estarás dispuesto a vender todo lo demás para adquirirlo.
…………………..

Debo preocuparme mucho menos por los que hago.
Tengo que dedicar mis energías a descubrir lo que soy.
Lo que haga, será inevitablemente, consecuencia de lo que creo ser.
Una vez más estoy ante la alternativa: Programación o vivencia.
………………….

 

Fray Marcos

 

 

Pazkoaldiko 6. Igandea – 6º Domingo de Pascua, José A. Pagola

C (Joan 14,23-29)

Evangelio del 01/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

BAKEA ELIZAN – LA PAZ EN LA IGLESIA

Joanen ebanjelioan hitzaldi saila irakur dezakegu, zeinetan Jesus ikasleei agur esaten ageri baita. «Agurraren hitzaldia» deitzen diete iruzkingileek. Oso giro berezia nabari da hor: ikasleek beldurra diote beren Maisurik gabe gelditzeari; Jesusek, ordea, hau diotse: bera joan arren, ez dutela sumatuko bere absentziarik.

Bost alditaraino errepikatu die berekin izango dutela «Espiritu Santua». Hark defendituko ditu, zeren Jesusen mezuari eta egitasmoari atxikirik bizitzen eutsiko baitie. Horregatik, «egiaren Espiritua» deitzen dio. Une jakin batean, argiago azalduko die zein izango den haren egitekoa: «Defendatzaileak, Espiritu Santuak… irakatsiko dizue guztia, hark gogoraraziko dizue nik esan dizuedan guztia». Jesusen oroimen bizia izango da Espiritu hori.

Ikasleei eskaintzen dien mundu hori handiosa da. Espirituzko ikasle-mugimendu handia sortuko da Jesusengandik, Espiritu Santuak defendaturik jarraituko diotenen mugimendua. Jesusen egiari lotuko zaizkio, zeren Espiritu horrek irakatsiko baitie Galilean barna Jesusek agertu izan dien guztia. Espirituak defendituko ditu etorkizunean larritasun eta koldarkeria orotatik.

Jesusek gogo bizia du ikasleek atzeman dezaten zer esanahi duen beraientzat egiaren Espiritu horrek, elkartearen Defendatzaile horrek: «Bakea uztera noakizue: bakea ematera». Bakea ez die opa soilik. Erregalatu egin die bere bakea. Espirituaren gidaritzapean bizi badira, bere hitzak gogoratuz eta gordez, ezagutuko dute bakea.

Ez da edozelako bakea. Jesusen bakea da. Horregatik diotse: «Ez damaizuet nik munduak ematen duena bezalakoa». Jesusen bakea ez da gauzatzen gezurrean edo zuzengabekerian arnasturiko estrategiaz, baizik egiaren Espirituarekin jokatuz. Hura behar dute sostengu: «Ez dezala dar-dar egin  zuen bihotzak, ez dadila koldartu».

Elizan jasaten ari garen aztoratzearen eta izen-galtzearen aldi zail honetan, oker handia izango litzateke geure sinesgarritasuna eta aginpide morala Jesusek hitzemandako egiaren Espiritua alde batera utzirik defenditu nahi izatea. Beldurrak kristautasunean sartuz jarraituko du, geure segurtasuna eta bakea hark markatutako bidetik apartatuz finkatu nahi baditugu.

Elizan bakea galtzen denean, ezin da berreskuratu edonola, ezta edozein estrategiaz baliatuz ere. Bihotza erresumindurik eta itsu, ezin da eskuratu Jesusen bakea. Beharrezkoa da haren egiara umilki bihurtzea, geure indar guztiak pil-pil jartzea, oker burututako bidean atzera egiteko, eta Jesusen bizitza osoa arnastu zuen Espirituak gida gaitzan uzteko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Pascua – C (Juan 14,23-29)

Evangelio del 01/may/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

LA PAZ EN LA IGLESIA

En el evangelio de Juan podemos leer un conjunto de discursos en los que Jesús se va despidiendo de sus discípulos. Los comentaristas lo llaman «El Discurso de despedida». En él se respira una atmósfera muy especial: los discípulos tienen miedo a quedarse sin su Maestro; Jesús, por su parte, les insiste en que, a pesar de su partida, nunca sentirán su ausencia.

Hasta cinco veces les repite que podrán contar con «el Espíritu Santo». Él los defenderá, pues los mantendrá fieles a su mensaje y a su proyecto. Por eso lo llama «Espíritu de la verdad». En un momento determinado, Jesús les explica mejor cuál será su quehacer: «El Defensor, el Espíritu Santo… será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho». Este Espíritu será la memoria viva de Jesús.

El horizonte que ofrece a sus discípulos es grandioso. De Jesús nacerá un gran movimiento espiritual de discípulos y discípulas que le seguirán defendidos por el Espíritu Santo. Se mantendrán en su verdad, pues ese Espíritu les irá enseñando todo lo que Jesús les ha ido comunicando por los caminos de Galilea. Él los defenderá en el futuro de la turbación y de la cobardía.

Jesús desea que capten bien lo que significará para ellos el Espíritu de la verdad y Defensor de su comunidad: «Os estoy dejando la paz; os estoy dando la paz». No solo les desea la paz. Les regala su paz. Si viven guiados por el Espíritu, recordando y guardando sus palabras, conocerán la paz.

No es una paz cualquiera. Es su paz. Por eso les dice: «No os la doy yo como la da el mundo». La paz de Jesús no se construye con estrategias inspiradas en la mentira o en la injusticia, sino actuando con el Espíritu de la verdad. Han de reafirmarse en él: «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde».

En estos tiempos difíciles de desprestigio y turbación que estamos sufriendo en la Iglesia, sería un grave error pretender defender nuestra credibilidad y autoridad moral actuando sin el Espíritu de la verdad prometido por Jesús. El miedo seguirá penetrando en el cristianismo si buscamos asentar nuestra seguridad y nuestra paz alejándonos del camino trazado por él.

Cuando en la Iglesia se pierde la paz, no es posible recuperarla de cualquier manera ni sirve cualquier estrategia. Con el corazón lleno de resentimiento y ceguera no es posible introducir la paz de Jesús. Es necesario convertirnos humildemente a su verdad, movilizar todas nuestras fuerzas para desandar caminos equivocados y dejarnos guiar por el Espíritu que animó la vida entera de Jesús.

José Antonio Pagola