«EL VALOR SUPREMO ESTÁ EN LA PERSONA, NO EN SU MORAL», Fray Marcos


FE ADULTA
Lc 7, 36-8, 3

Este relato lo narran los cuatro evangelistas, aunque con detalles muy diferentes. Es un relato clave en los evangelios, porque nos demuestra la actitud de Jesús para con los pecadores; pero también la actitud de aquellos fariseos, que no eran capaces de ver más allá de sus narices o mejor, más allá de lo que manda la Ley. Los fariseos identificaban al pecador con su pecado. Jesús ve el valor de la persona humana más allá de sus fallos.

Hoy no se necesita mayores exégesis, porque el mensaje está muy claro. La clave está en analizar con cuidado los personajes que manifiestan sus actitudes a través del relato. La pecadora, Jesús, los fariseos y en los otros evangelistas, los apóstoles (Judas), que desde la superficialidad y raquitismo, desde la que solemos operar la mayoría de los mortales, no se enteran de nada y hablan, de despilfarro y de los pobres. Pero no debemos olvidar, que el verdadero protagonista es Dios o mejor, las ideas sobre Dios.

Es muy interesante descubrir que este relato y otros parecidos, no concuerdan con la idea que los cristianos hemos mantenido sobre los fariseos. No debían ser tan enemigos de Jesús, cuando le invitaban a comer, gesto que solo se tenía con las personas distinguidas y de cierto rango. Con frecuencia se invitaba a personajes que podían aportar opiniones diversas para animar la sobremesa. Aunque no estuvieran de acuerdo con muchas de las enseñanzas de Jesús, su oposición no debió ser tan tajante como nos cuentan.

“Evangelio” significa en griego, buena noticia. Pues la mejor de todas las noticias que podía recibir cualquier ser humano, es la que vamos a comentar hoy: Dios es perdón, porque Dios es amor. Tal vez sea el aspecto más original de todo el mensaje de Jesús. La experiencia de Dios le llevó a llamarle Abba (padre). Si no comprendemos y aceptamos este mensaje, todo lo demás carece de coherencia. La idea de un dios que premia a los buenos y castiga a los malos, convierte el evangelio en papel mojado e indirectamente nos invita a hacer lo mismo con los “malos”. Hoy podemos ver que seguimos tergiversando el evangelio.

Los judíos no fueron capaces de encajar el tema del perdón tal como lo predicaba Jesús. Claro que creían en el perdón de Dios, pero lo interpretaban a la manera del perdón humano. Después de dos mil años, seguimos sin aceptar el perdón que predicó Jesús. Seguimos escandalizándonos de que Dios ame a los malos. Aceptamos que Dios perdone a los buenos, pero eso de que ame al pecador antes de que se arrepienta, es algo que supera todo lo que pudiéramos aceptar de un Dios «justo». Es ésta una actitud muy sutil, que pone de manifiesto hasta qué punto aceptamos con sordina el mensaje del evangelio.

Nos distanciamos del evangelio cuando planteamos nuestras relaciones con Dios como si fuera un ser humano. Es más, nos atrevemos a decirle que tome ejemplo de nosotros (perdónanos como nosotros perdonamos). Dios no tiene actos. En Dios los verbos no se conjugan porque no está afectado por tiempos ni modos. Dios todo lo que hace, lo es. Pensar que Dios cambia de postura con relación a un pecador porque hace penitencia es descabellado, si lo entendemos literalmente. Es solo una manera de decir que el pecador, en un momento determinado, se da cuenta de lo que Dios sigue siendo para él.

Tus pecados están perdonados. El mismo evangelio presupone una mala interpretación de la frase cuando se pone en duda la potestad de Jesús para perdonar pecados. Jesús no dice: Yo te perdono. Sabe muy bien, que ni él ni Dios tienen nada que perdonar. La actitud de Dios es siempre la misma. Eternamente será amor. Por nuestra parte, siempre seremos limitados y fallaremos. Pero a pesar de lo que nos han repetido hasta la saciedad, no somos una mierda. Toda vida animal produce mierda, pero no es esa mierda.

Lo que dijo Jesús, lo puede decir cualquiera a cualquiera. Por parte de Dios, tus pecados están siempre perdonados. La pelota está siempre en tu tejado. Tú eres el que debes cambiar tu actitud vital para que descubras ese perdón y pueda significar algo esencial para cambiar tu vida. El descubrir que Dios sigue amándote, a pesar de tus fallos, tiene que llevarte a una confianza absoluta y total en Él. Esa confianza es el fundamento de todo futuro verdaderamente humano. Sin esa confianza, el futuro se oscurece definitivamente.

Esto es lo que Jesús quiso decirnos de Dios. Otra cosa es que nosotros lo hayamos aceptado. ¿En qué lugar queda la confesión, tal como se ha entendido durante siglos? Es un problema que tenemos que resolver, pero nunca a costa del mensaje evangélico. La confesión se ha utilizado muchas veces como instrumento de control. Esto es lo que tenemos que superar. Un vendedor de agua tenía su puesto muy cerca de una fuente, el éxito de su negocio consistía en que los transeúntes no descubrieran que la fuente estaba allí mismo, detrás de un arbusto. No os dejéis engañar, no aceptéis agua envasada y tasada. Id a la fuente.

Lo que acabamos de decir, no sólo no hace inútil la confesión, sino que le otorga su verdadera dimensión humana. Para mí, la confesión es el más maravilloso invento de nuestros dos mil años de cristianismo. El mayor bien que yo mismo he hecho nunca a una persona ha sido en la confesión. Dios no necesita la confesión, pero nosotros sí. Esto debemos tenerlo muy claro a la hora de utilizar el sacramento de una manera provechosa. La confesión es un signo que debe llevarme al descubrimiento de una realidad, el amor que es Dios. Es un proceso de iluminación que cambia la manera de verme.

Basta tomar conciencia de que alguien me ama para que todo cambie a mi alrededor. La mujer del evangelio mostraba un agradecimiento tan grande, porque era consciente de que el perdón que había recibido era signo de un gran amor. El amor es una realidad tan profundamente humana que nadie, que se sienta querido de verdad, puede seguir indiferente. Es más, solo si uno se siente amado, podrá descubrir su capacidad de amar.

El automatismo a la hora de celebrar los sacramentos no tiene sentido. La confesión no es un quitamanchas. La confesión es un proceso que me debe llevar de una conciencia de pecado a una conciencia de superación de los fallos; de una desesperanza a una total confianza, en lo que yo soy, y en lo que es Dios. Esta es la verdadera fe-confianza. El objetivo primero de la confesión debe ser el descubrir el amor incondicional de Dios. Una vez que nos sentimos amados, surgirá en nosotros el deseo de corresponder, amando. Tomar conciencia de que Dios no me falla, suscitará en mí el deseo de fallarle menos.

No podremos entender el tema del perdón si no tenemos claro el concepto de pecado. Pecado no es el incumplimiento de una ley. Una acción o una omisión, no son pecados porque esté mandada o prohibida. Al contrario, está mandado o prohibido porque es pecado. Esta sutileza no es fácil de captar, pero es imprescindible para aclararse. Si no descubro la razón de mal en lo que hago o dejo de hacer, nunca estaré motivado para la acción o la omisión. El pecado siempre es fruto de una falta de conocimiento. Si yo estoy convencido de que algo es malo para mí, la voluntad nunca podría apetecerlo. Si la voluntad quiere algo, es porque la razón se lo presenta como bueno. La clave está en un mejor conocimiento.

Tu fe te ha salvado. No es lo que ha dicho Jesús lo que salva. Es el cambio de actitud de la mujer, reconociendo su pecado, y descubriendo que por parte de Dios está superado, lo que le ha traído la salvación. Se trata de una toma de conciencia de lo que Dios es, a pesar de lo que somos nosotros. Es reconocer que Dios, que me conoce mejor que yo mismo, me acepta como soy. Aquí “fe” significa confianza. La confianza salva siempre, porque no tiene en cuenta la calidad ni la cantidad de los fallos sino la calidad del amor de Dios.

Meditación-contemplación

“Tus pecados están perdonados”.
El mayor obstáculo para una experiencia mística,
es el creer que mis fallos me alejan de Dios.
Este sentimiento es fruto de un desconocimiento de Dios.
………………….

Si no somos capaces de aceptarnos tal como somos.
Nuestra relación con Dios estará falseada y no puede llevarnos a buen puerto.
Descubrir que Dios nos acepta como somos,
es el primer paso para que nos aceptemos también nosotros.
………………….

Si consigo ir más allá de mis fallos,
descubriré mi ser luminoso e intachable.
Esa parte de mi ser, no depende de mí, sino de Dios.
Es por tanto, amable, digno de ser amado, por Dios y por mí.
…………………..

Oración de entrada
Que descubramos que jamás puedes fallarnos
y de ese modo, tomemos la decisión de
fallarte cada vez menos.

Sobre las ofrendas
Que tu presencia en nosotros,
significada en la comunión,
nos lleve a la confianza absoluta.

Final
Gracias por ser como eres
Y no como nosotros somos y actuamos.
Que este descubrimiento nos anime
a ser nosotros como tú eres.

 

 

Urteko 11. igandea – 11º domingo T.O., José A. Pagola

C (Lukas 7,36–8,3)

Evangelio del 12/Jun/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

INOR EZ APARTATU JESUSENGANDIK- NO APARTAR A NADIE DE JESÚS

Lukasen kontakizunaren arabera, Simon izeneko fariseu batek gogo handia du Jesus bere etxera gonbidatzeko. Segur aski, otorduaz baliatu nahi da jendearen artean izen handia hartzen ari den galilear harekin zenbait arazoz mintzatzeko.Jesusek onartu du gonbita: guztiengana helarazi nahi du Jainkoaren Berri Ona.

Otordukoan, Simonek aurreikusi ez duen zerbait gertatu da. Herriko emakume prostituitu batek eten du bazkalondoa: Jesusen aurrean belauniko jarri eta negarrari eman dio. Ez daki nola eskertu bera bezala guztien mespretxuak markatua duen jendearentzat Jesus agertzen ari den maitasuna. Eta guztiak zur eta lur direla, Jesusen oinei musu eta musu ari da, urrin bikainez igurzten.

Bere onetik atera da Simon ikusia ikustean. Emakume bekatari bat Jesus ukitzen bere etxean! Ezin jasana: gizon hori oharkabea da, eta ez Jainkoaren profeta. Emakume lohi hori Jesusengandik apartatu beharra da bat-batean.

Jesusek, haatik, uki dezan uzten dio emakumeari eta maita dezan. Inork baino behar handiagoa du emakume horrek. Eta Jesusek, aparteko txeraz, Jainkoaren barkazioa eskaini dio; ondoren, emakumeak bere barruan duen eta salbatzaile duen bere fede apala aurkitzen lagundu dio. Bakean bizi dadin soilik opa dio Jesusek: «Barkatuak dituzu zeure bekatuak… Zeure fedeak salbatu zaitu. Zoaz bakean».

Ebanjelio guztiek azpimarratu dute gizarte-sail guztiek Jainkoaren bedeinkaziotik apartatu nahi izan dituzten guztiei ?prostituitu, zerga-biltzaile, lepradun…? Jesusek agertu dien harrera eta ulermena. Eskandalagarria da Jesusen mezua: jende erlijiosok mespretxatu dituenek leku berezia dute Jainkoaren bihotzean. Bakarra da horren arrazoia: halakoak dira harrerarik, duintasunik eta maitasunik handiena behar dutenak.

Egunen batean berraztertu beharra izanen dugu, Jesusen portaera honen argian, zein den gure jarrera kristau-elkarteetan gizarte-sail batzuekiko: prostituzioan bizi diren emakumeekiko, homosexualekiko, lesbianekiko; izan ere, nahiago izaten dugu Elizaren baitan halakoen arazoei, sufrimenei eta borrokei ezikusiarena egin, guretzat ez bailiran.

Ez dira gutxi egin genitzakeen galderak:

  • Non aurki lezakete gure artean Jesusenaren antzeko harrerarik?
  • Nori entzun liezaiokete Jainkoaz mintzo zaien hitz bat, Jesusek egiten zuen bezala?
  • Zer laguntza aurki lezakete gure artean beren sexu-izaera bizitzeko jarrera erantzukizunezkotik eta fedezkotik?
  • Zeinekin parteka dezakete Jesusekiko beren fedea bakez eta duintasunez?
  • Zein da gai intuitzeko erlijio guztiek bazter utziak dituztenekiko Jainkoak duen maitasun hondogabea?

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

11 Tiempo ordinario – C (Lucas 7,36–8,3)

Evangelio del 12/Jun/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

NO APARTAR A NADIE DE JESÚS

Según el relato de Lucas, un fariseo llamado Simón está muy interesado en invitar a Jesús a su mesa. Probablemente, quiere aprovechar la comida para debatir algunas cuestiones con aquel galileo, que está adquiriendo fama de profeta entre la gente. Jesús acepta la invitación: a todos ha de llegar la Buena Noticia de Dios.

Durante el banquete sucede algo que Simón no ha previsto. Una prostituta de la localidad interrumpe la sobremesa, se echa a los pies de Jesús y rompe a llorar. No sabe cómo agradecerle el amor que muestra hacia quienes, como ella, viven marcadas por el desprecio general. Ante la sorpresa de todos, besa una y otra vez los pies de Jesús y los unge con un perfume precioso.

Simón contempla horrorizado la escena. ¡Una mujer pecadora tocando a Jesús en su propia casa! No lo puede soportar: aquel hombre es un inconsciente, no un profeta de Dios. A aquella mujer impura habría que apartarla rápidamente de Jesús.

Sin embargo, Jesús se deja tocar y querer por la mujer. Ella le necesita más que nadie. Con ternura especial le ofrece el perdón de Dios, luego la invita a descubrir dentro de su corazón una fe humilde que la está salvando. Jesús solo le desea que viva en paz: «Tus pecados te son perdonados… Tu fe te ha salvado. Vete en paz».

Los evangelios destacan la acogida y comprensión de Jesús a los sectores más excluidos por casi todos de la bendición de Dios: prostitutas, recaudadores, leprosos… Su mensaje es escandaloso: los despreciados por los hombres más religiosos tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios. La razón es solo una: son los más necesitados de acogida, dignidad y amor.

Algún día tendremos que revisar, a la luz de este comportamiento de Jesús, cuál es nuestra actitud en las comunidades cristianas ante ciertos colectivos como las mujeres que viven de la prostitución o los homosexuales y lesbianas cuyos problemas, sufrimientos y luchas preferimos casi siempre ignorar y silenciar en el seno de la Iglesia, como si para nosotros no existieran.

No son pocas las preguntas que nos podemos hacer:

  • ¿Dónde pueden encontrar entre nosotros una acogida parecida a la de Jesús?
  • ¿A quién le pueden escuchar una palabra que les hable de Dios como hablaba él?
  • ¿Qué ayuda pueden encontrar entre nosotros para vivir su condición sexual desde una actitud responsable y creyente?
  • ¿Con quiénes pueden compartir su fe en Jesús con paz y dignidad?
  • ¿Quién es capaz de intuir el amor insondable de Dios a los olvidados por todas las religiones?

 

José Antonio Pagola

 

 

 

TEXTOS LITÚRGICOS, Domingo 11 T.O. 12-06-2016

2Samuel 12, 7-10. 13
Servicios Koinonia

El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás

En aquellos días, Natán dijo a David: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «Yo te ungí rey de Israel, te libré de las manos de Saúl, te entregué la casa de tu señor, puse sus mujeres en tus brazos, te entregué la casa de Israel y la de Judá, y, por si fuera poco, pienso darte otro tanto.

¿Por qué has despreciado tú la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal? Mataste a espada a Urías, el hitita, y te quedaste con su mujer. Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías.»»

David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»

Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás.»

Gálatas 2, 16. 19-21

Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí

Hermanos: Sabemos que el hombre no se justifica por cumplir la Ley, sino por creer en Cristo Jesús.

Por eso, hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la Ley.

Porque el hombre no se justifica por cumplir la Ley.

Para la Ley yo estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios.

Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.

Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

Yo no anulo la gracia de Dios.

Pero, si la justificación fuera efecto de la Ley, la muerte de Cristo sería inútil.

Lucas 7, 36-8, 3

Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»

Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»

Él respondió: «Dímelo, maestro.»

Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»

Simón contesto: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»

Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»

Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»

Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»

Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

 

LA VIDA PREVALECE SIEMPRE. LA MUERTE FÍSICA COMO SÍMBOLO, Fray Marcos

LA VIDA PREVALECE SIEMPRE. LA MUERTE FÍSICA COMO SÍMBOLO

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 7, 11-17

Celebrada la Ascensión, hemos retomado el tiempo ordinario, pero como los domingos siguientes tenemos las tres grandes fiestas de Pentecostés, Trinidad y Corpus, aún no habíamos retomado la celebración de los domingos de ese tiempo litúrgico. Se trata del periodo más largo del año litúrgico, que nos llevará hasta el nuevo año con el Adviento. Como sabéis, este año nos toca leer el evangelio de Lc. Este evangelio es el que más se preocupa de la vida cotidiana de Jesús, para Lc, Jesús predica más con lo que hace que con lo que dice. Refleja como ningún otro la reacción de Jesús ante el sufrimiento de la gente, sobre todo de los pobres y marginados; por eso se le suele llamar el evangelio de la misericordia.

El contexto general del evangelio que leemos, nos sumerge en la normalidad de lo que solía hacer Jesús. Acompañado de sus discípulos, recorre los caminos de Galilea, llevando a todas partes la palabra de Dios y la ayuda a la gente que se siente abandonada. En Lc se aprecia mejor esta manera de actuar, porque acompaña siempre los relatos con todo lujo de detalles, que nos permiten adentrarnos en el ambiente en que se producían los “milagros”. En el relato que leemos hoy, la gente que acompañaba a Jesús y la que acompañaba a la viuda se aúna en el reconocimiento de lo que es Jesús y con ello dar gloria a Dios.

En el evangelio de hoy se nos narra un episodio espectacular, la resurrección del hijo único de una viuda. Es muy difícil precisar en este texto qué es lo que pasó realmente. Sorprende que un acontecimiento como la resurrección de un muerto se narre en un evangelio y se ignore en otros. La única resurrección que se encuentra en los tres sinópticos es la de la hija de Jairo. Y en los tres se pone en boca de Jesús esta frase: “la niña no está muerte, está dormida”. También nos tiene que hacer pensar el paralelismo que existe entre este texto y la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por el profeta Elías, que hemos leído en la primera lectura. Con frecuencia se toma el AT como modelo para explicar lo que es Jesús.

En todo caso, lo que quiere resaltar el relato, no es el milagro en sentido estricto, sino el poder de Jesús de dar Vida trascendente, significada en esa vida fisiológica recuperada. De grandes profetas del AT se narraban resurrecciones. Es muy fácil que la tradición intentara con estos relatos potenciar la idea de que Jesús era un gran profeta, que no podía ser menos que lo más grandes del AT. Esta interpretación solo se dio después de una larga reflexión en las primeras comunidades sobre lo que Jesús significaba para ellas. De hecho el relato termina dando gloria a Dios porque ha visitado a su pueblo con el envío de una gran profeta.

Desde que existen los periodistas y los sucesos se narran según lo que pasó realmente no se ha vuelto a hablar de resurrecciones. Aunque es verdad que se ha constatado la vuelta a la vida de personas que se habían dado por muertas. El principal argumento para superar esta trampa no es que Dios tenga o no tenga poder para hacer tal cosa, sino el absurdo que supone obligar a Dios a entrar en nuestra dinámica y quedarnos tan contentos porque Él cambia de criterio y vuelve a hacer el mundo tal como nos gustaría a nosotros.

Para valorar este relato debemos tener en cuenta el ambiente en que se narra. Las mujeres no contaban en aquella época. Una viuda no tenía posibilidad de desenvolverse ni socialmente ni económicamente. La única salvación de una viuda era el hijo, por eso se resalta que era único, es decir la única esperanza de la viuda. La muerte del hijo de una viuda se consideraba un durísimo castigo de Dios. En el relato, Jesús quiere dejar claro que en ningún caso la actitud de Dios es la de castigar a nadie, y menos a una pobre viuda.

Debemos tener muy en cuenta que con frecuencia encontramos en los evangelios una profunda crítica de un mesianismo milagrero. Sin duda fue uno de los mayores peligros de interpretar equivocadamente a Jesús. En el c. 6 del evangelio de Juan, después de la multiplicación de los panes les dice a los que le buscaban para proclamarle rey: “Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros». El objetivo de la vida de Jesús no fue satisfacer las necesidades materiales de los judíos de su tiempo.

Esa tentación es todavía muy fuerte entre nosotros. No hay más que examinar nuestras oraciones litúrgicas o echar un vistazo por Lourdes o Fátima para comprenderlo. Intentamos a toda costa fabricarnos un Dios todopoderoso que acto seguido, intentamos poner a nuestro servicio. Él accederá a nuestras peticiones con tal de que nos comportemos como él quiere. Es la misma dinámica que tenían los hombres del Paleolítico. Aplacar a Dios, tenerle contento porque de esa manera no empleará su omnipoten­cia contra nosotros, sino contra otros.

Podemos descubrir un simbolismo profundo entre la muchedumbre que acompaña a la viuda identificados con la muerte y sin solución para esa situación extrema y Jesús y el gentío que le acompaña, que vienen transformados por la Vida que él mismo les está comunicando. La muerte y la Vida se encuentran pero la Vida es más fuerte que la muerte y termina por envolverles a todos. Todos proclaman la gloria de Dios que les ha llevado a la Vida.

Hay un dato en el relato muy interesante. Nadie le pide a Jesús que haga algo por la viuda. Es él el que se siente movido por la compasión (le dio lástima). Este hecho nos hace comprender la calidad humana de Jesús que a su vez, es reflejo de lo que sería Dios si pudiera actuar como nosotros. La compasión es, para mí, la manera más certera de hablar de una verdadera humanidad. Se ha dicho muchas veces que el mensaje cristianos se resume en el amor. Creo que mucho más acertada es la palabra compasión para hablar de la misma realidad.

No es preciso tener la capacidad de resucitar a un muerto par ser testigos de la vida y llevar vida a todas partes. Todos tenemos la obligación de llevar alegría y optimismo a donde vayamos. No son las carencias naturales (dolor, enfermedad, muerte) lo que nos impide ser felices. Es la actitud ante ellas lo que nos impide descubrir las inmensas posibilidades que todos tenemos a pesar de esas limitaciones. Solo si despliego esas posibilidades en mí, estaré preparado para ayudar a los demás a descubrir las suyas, a pesar de sus limitaciones.

La gran tentación es exigirle a Dios que nos saque de nuestras limitaciones. Muchas veces nos ha metido por este callejón sin salida la misma religión. Nuestras limitaciones no son accidentes, son completamente naturales. No es que a Dios le saliera mal la creación y ahora tiene que andar con parches. Ni el mismo Dios podía hacer una creación sin limitaciones. Por eso es ridículo creer en un Dios que pudiera sacarnos de esas situaciones que consideramos insufribles, pero no lo hace porque está encantado con vernos sufrir.

Por muchas y radicales que sean nuestras carencias, debíamos tomar conciencia de que es mucho más lo que tenemos que lo que podemos echar de menos. Lo que nos falta no puede anular lo que tenemos. La obsesión por lo que nos falta, sea de orden físico o moral, nos impide con mucha frecuencia apreciar y desarrollar nuestras posibilidades en ambos sentidos. Aceptar las limitaciones de todo orden, es el primer paso para descubrir el camino de nuestra verdadera salvación, siempre al alcance de la mano, aunque no nos enteremos.

Los dos comentarios finales del evangelista son muy importantes para la interpretación del relato. “Un gran profeta ha surgido entre nosotros” y “Dios ha visitado a su pueblo”. Esa es precisamente la intención de todo el evangelio, presentar a Jesús como enviado de Dios para bien de todos. La toma de conciencia de que Dios no abandona a su pueblo sino que sigue en medio de él para ayudarle a superar sus traumas. Recordemos la perspectiva mítica desde la que está escrito el evangelio. Hoy sabemos que Dios no actúa desde fuera sino que está siempre implicado en la marcha de todos y cada uno de los seres humanos.

 

Meditación-contemplación

La muerte no es nada, las limitaciones son ausencia de ser.
Lo real es lo que soy y puedo desplegar.
Si dejo de pensar en mis carencias,
me asombraré de la riqueza que tengo al alcance de la mano.
……………

También en el orden espiritual es verdad lo dicho.
Empeñarnos en no tener fallos es frustrante,
porque fallos los tendrás hasta la hora de morir.
Fíjate más en todo lo que puedes hacer bien cada día.
……………

Tampoco te dediques a mirar con lupa los fallos de los demás.
Todos son mucho más que esos fallos que puedes detectar.
Hacerles ver lo bueno que hay en ellos,
puede animarles mucho más a ser mejores.
……………

Entrada
A los que todavía caminamos envueltos en la sombra de la muerte,
Ayúdanos a descubrir la verdadera Vida ya a vivirla,
Como hizo Jesús el ungido, nuestro modelo humano y divino.

Ofrendas
Que descubramos en este pan y este vino, tu presencia como Vida-Amor,
Para que nos ayude a desplegar esa misma Vida.

Despedida
Hoy también te damos gracias
Porque sabemos que tu Vida nos atraviesa
Y nos das fuerza para vivirla y comunicarla.

 

Fray Marcos

 

 

Urteko 10. igandea – 10º domingo Tiempo Ordinario, José A. Pagola

C (Lukas 7,11-17)

Evangelio del 05/Jun/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

SUFRIMENDUA AINTZAT HARTU BEHARRA – EL SUFRIMIENTO HA DE SER TOMADO EN SERIO

Jesus Nainera iritsi da, herrixka horretan gertaera triste bat bizi dute. Honetan, Jesus bidez dator, ikasleak eta jendetza handi bat bidelagun dituela. Hileta-segizioa irten da herrixkatik hilerrirantz. Ama alargun bat, auzokoak lagun, bere seme bakarrari lur ematera doa.

Hitz gutxitan, emakume horren egoera tragikoa deskribatuko digu Lukasek. Alarguna da, ez du gizonezkoek kontrolatzen duten gizarte hartan zainduko eta babestuko lukeen senarrik. Seme bakarra zuen, baina hau ere hil zaio. Emakumeak ez du ezer esaten. Soilik, negar egiten du. Zer izango da hartaz?

Ustekabekoa izan da topo egitea. Nainen ere Jainkoaren Berri Ona hots egitera zetorren Jesus. Nola erreakzionatuko du orain? Kontakizunaren arabera, «Jaunak begiratu zion,hunkitu zen eta esan zion: Ez dezazula negarrik egin». Nekez deskriba daiteke hobeto Jainkoaren errukiaren Profeta.

Emakumea ez du ezaguna, baina astiro jarri zaio begira. Jabetu da haren minaz eta bakardadeaz, eta hezurretaraino hunkitu da. Emakume hura lur joa ikustea bihotzeraino iritsi zaio. Bat-batekoa izan da Jesusen erreakzioa: «Ez dezazula negarrik egin». Jesusek ezin ikusi du inor ere negarrez. Esku hartu beharra du.

Ez da hasi buruari jiraka. Hilkutxara hurbildu, segizioa geldiarazi eta hildakoari diotso: «Mutikoa, hiri ari natzaik, jaiki hadi». Gaztea zutitu eta hitz egiten hasi denean, Jesusek «amari eman dio», negar egiteari utz diezaion. Elkarrekin dira berriro ama-semeak. Ama ez da jada bakarrik egongo.

Gauza xume dirudi honek guztiak. Kontakizunak ez du azpimarratu Jesusek egin berria duenaren mirarizko alderdia. Soilik, hartan Jainkoaren errebelazioa ikustera gonbidatzen ditu irakurleak, errukiaren Misterio eta biziaren Indar den aldetik, herioaren beraren eskuetatik libratzeko gai den aldetik. Jainkoaren errukiak du bihurtzen Jesus hain sentibera jendearen sufrimenduaren aurrean.

Ahalik eta lasterren berreskuratu beharra dugu Elizan errukia, Jesusen jarraitzaileen biziera berezi bezala. Izen ona galarazi dion sentimendu- eta moraltasun-gexala darion ikusmoldetik liberatu beharra dugu errukia. Zuzentasuna berekin duen errukia da Jesusen agindu handia: «Izan errukitsu zuen Aitak duen errukiaz».

Inoiz baino beharrezkoagoa dugu gaur egun erruki hau. Botere-mailatik, beste edozein gauza hartzen da kontuan biktimen sufrimendua baino lehen. Mindunik eta galtzailerik ez balego bezala jokatu ohi da. Jesusen elkarteetatik haserre handi baten garrasiak atera behar du: errugabeen sufrimendua aintzat hartu behar da; ezin onartu da gizartean gauza normala bailitzan, zeren onartezina baitu Jainkoak. Hark ez du ikusi nahi inor ere negarrez.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

10 Tiempo ordinario – C (Lucas 7,11-17)

Evangelio del 05/Jun/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

EL SUFRIMIENTO HA DE SER TOMADO EN SERIO

Jesús llega a Naín cuando en la pequeña aldea se está viviendo un hecho muy triste. Jesús viene del camino, acompañado de sus discípulos y de un gran gentío. De la aldea sale un cortejo fúnebre camino del cementerio. Una madre viuda, acompañada por sus vecinos, lleva a enterrar a su único hijo.

En pocas palabras, Lucas nos ha descrito la trágica situación de la mujer. Es una viuda, sin esposo que la cuide y proteja en aquella sociedad controlada por los varones. Le quedaba solo un hijo, pero también este acaba de morir. La mujer no dice nada. Solo llora su dolor. ¿Qué será de ella?

El encuentro ha sido inesperado. Jesús venía a anunciar también en Naín la Buena Noticia de Dios. ¿Cuál será su reacción? Según el relato, «el Señor la miró, se conmovió y le dijo: No llores». Es difícil describir mejor al Profeta de la compasión de Dios.

No conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro. Su reacción es inmediata: «No llores». Jesús no puede ver a nadie llorando. Necesita intervenir.

No lo piensa dos veces. Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: «Muchacho, a ti te lo digo, levántate». Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús «lo entrega a su madre» para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola.

Todo parece sencillo. El relato no insiste en el aspecto prodigioso de lo que acaba de hacer Jesús. Invita a sus lectores a que vean en él la revelación de Dios como Misterio de compasión y Fuerza de vida, capaz de salvar incluso de la muerte. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.

En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La hemos de rescatar de una concepción sentimental y moralizante que la ha desprestigiado. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

Esta compasión es hoy más necesaria que nunca. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie llorando.

José Antonio Pagola

 

Evangelio del domingo 5 junio 2016, Lucas 7, 11-17

¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.»

La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

La historia de la viuda de Sarepta y del profeta Elías, según la primera lectura, marcará profundamente la fe de Israel. La generosidad de una mujer, que comparte desde su pobreza lo poco que tiene, conmueve al profeta Elías y al mismo corazón de Dios, hasta el punto de compensarla con el regalo de la vida. Elías por su parte, es recordado como un gran profeta y, como vemos, su misión va más allá de las fronteras del judaísmo. Muchos creyeron que Juan Bautista, e incluso Jesús, eran el nuevo Elías. La historia de este milagro nos invita a confiar profundamente en Dios, pues la confianza traducida en fe posibilitará siempre el cumplimiento de las promesas.

El texto de Gálatas nos advierte que la Buena Nueva anunciada por Pablo viene del propio Jesús. Pablo reconoce sus errores cuando fue perseguidor de la Iglesia cristiana primitiva, pero también agradece el favor de Dios al revelarle a su Hijo Jesús para el anuncio del evangelio en medio de los gentiles. La misión se abre a nuevas fronteras, no hay excusas para seguir cerrados creyendo que la salvación es propiedad exclusiva de los judíos. Jesús insiste en abrir el Reino más allá de las fronteras del judaísmo.

El evangelio de Lucas nos narra hoy un milagro de resurrección por parte de Jesús. Naín era, y continúa siendo, una pequeña aldea cerca de Nazaret. Jesús iba con sus discípulos cuando se cruzaron con el entierro del hijo único de una viuda. Las viudas, según la tradición bíblica, eran vulnerables, y más aún si no tenían en la familia un hijo varón que les garantizara seguridad y dignidad. Sólo el hombre garantizaba para ellas un status dentro de la sociedad, pues eran consideradas de alguna manera «objetos de propiedad», primero del padre y luego de su marido. Eran valoradas especialmente por su condición de procreadoras. La viuda de Naín está pasando por una segunda dura prueba, porque la pérdida de su hijo suponía además la pérdida de dignidad y consideración en la sociedad donde vivía. El llanto de la viuda es el grito silencioso de una mujer que siente no sólo pérdida de su hijo sino también su destino de vulnerabilidad, exclusión y desigualdad. Es el llanto que denuncia el machismo y la discriminación social.

Jesús se conmueve por la suerte de esta mujer, se solidariza, la mira y la toma en cuenta, le pide que no llore, se acerca al féretro… y ordena al muchacho difunto que se levante. Finalmente, Jesús coloca al muchacho con vida en brazos de su madre. Jesús transgrede de nuevo las reglas excluyentes de aquella sociedad, devolviendo la vida y la dignidad a la mujer.

Este evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 38, titulado «Sucedió en Naim»; su audio, guión y comentarios pueden ser recogidos aquí: http://www.radialistas.net/category/un-tal-jesus)

– La serie Otro Dios es posible, de los mismos autores, tiene dos capítulos, el 29 «¿Curó enfermos?», y el 31 «¿Dios hace milagros?», que pueden ser trabajados en relación con el evangelio de hoy. Su guión, audio y documentación complementaria pueden ser recogidos en: http://www.radialistas.net/category/otro-dios-es-posible

 

 

«La plenitud humana consiste en darse», Fray Marcos

Religión Digital

Lc 9, 11-17

Es muy difícil no caer en la tentación de decir sobre la eucaristía lo políticamente correcto y dispensarnos de un verdadero análisis del sacramento más importante de nuestra fe. Son tantos los aspectos que habría que analizar, y tantas las desviaciones que hay que corregir, que solo el tener que planteármelo, me asusta. Hemos tergiversado hasta tal punto el mensaje original del evangelio que lo hemos convertido en algo totalmente ineficaz para llevarnos a una verdadera vida espiritual. Para recuperar el sacramento debemos volver a la tradición. Lo malo es que para algunos acaba en Trento.

Lo último que se le hubiera ocurrido a Jesús es pedir que los demás seres humanos se pusieran de rodillas ante él. Él sí se arrodilló ante sus discípulos para lavarles los pies; y al terminar esa tarea de esclavos les dijo: “vosotros me llamáis el Maestro y el Señor. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, vosotros tenéis que hacer lo mismo”. Esa lección nunca nos ha interesado. Es más cómodo convertirle en objeto de adoración que imitarle en el servicio y la disponibilidad para con todos los hombres.

Hemos convertido la eucaristía en un rito puramente cultual. En la mayoría de los casos no es más que una pesada obligación que, si pudiéramos, nos quitaríamos de encima. Se ha convertido en una ceremonia rutinaria, que demuestra la falta absoluta de convicción y compromiso. La eucaristía era para las primeras comunidades el acto más subversivo que nos podamos imaginar. Los cristianos que la celebraban se sentían comprometidos a vivir lo que el sacramento significaba. Eran conscientes de que recordaban lo que Jesús había sido durante su vida y se comprometían a vivir como él vivió.

El mayor problema de este sacramento hoy es que se ha desorbitado la importancia de aspectos secundarios (sacrificio, presencia, adoración) y se ha olvidado totalmente la esencia de la eucaristía, que es precisamente su aspecto sacramental. Con la palabreja “transustanciación” no decimos nada, porque la “sustancia” aristotélica es solo un concepto que no tiene correspondencia alguna en la realidad física. La eucaristía es un sacramento. Los sacramentos ni son ritos mágicos ni son milagros. Los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada.

El signo.- Lo que es un signo lo sabemos muy bien, porque toda la capacidad de comunicación que los seres humanos hemos desplegado se realiza a través de signos. Todas las formas de lenguaje no son más que una intrincada maraña de signos. Con esta estratagema hacemos presentes mentalmente las realidades que no están al alcance de nuestros sentidos. Ahora bien, todos los sonidos, todos los gestos, todos los grafismos que sirven para comunicarnos son convencionales, no se pueden inventar a capricho. Si me invento un signo que no dice nada a los demás, será solo un garabato.

El primer signo es el Pan partido y preparado para ser comido, es el signo de lo que fue Jesús toda su vida. La clave del signo no está en el pan como cosa, sino en el hecho de que está partido. El pan se parte para re-partirlo y comerlo, es decir, el signo está en la disponibilidad de poder ser comido de inmediato. Jesús estuvo siempre preparado para que todo el que se acercara a él pudiera hacer suyo todo lo que él era. Se dejó partir, se dejó comer, se dejó asimilar; aunque esa actitud tuvo como consecuencia última que fuera aniquilado por los jefes oficiales de su religión. La posibilidad de morir por ser como era fue asumida con la mayor naturalidad. Esto indica la calidad de su actitud vital.

El segundo signo es la sangre derramada. Es muy importante tomar conciencia de que, para los judíos, la sangre era la vida misma. Si no tenemos esto en cuenta, se pierde el significado. Tenían prohibido tomar la sangre de los animales porque, como era la vida, pertenecía solo a Dios. Con esta perspectiva, la sangre está haciendo alusión a la vida de Jesús que estuvo siempre a disposición de los demás. No es la muerte la que nos salva, sino su vida humana que estuvo siempre disponible para todo el que lo necesitaba. El valor sacrificial que se le ha dado al sacramente no pertenece a lo esencial. Se trata de una connotación secundaria que no añade nada al verdadero significado del signo.

La realidad significada.- Se trata de una realidad trascendente que está fuera del alcance de los sentidos. Si queremos hacerla presente, tenemos que utilizar los signos. Por eso tenemos necesidad de los sacramentos. Dios no los necesita, pero nosotros sí porque no tenemos otra manera de acceder a esas realidades. Esas realidades son eternas y no se pueden ni crear ni destruir; ni traer ni llevar; ni poner ni quitar. Están siempre ahí. En lo que fue Jesús durante su vida podemos descubrir esa realidad, la presencia de Dios como don. En el don total de sí mismo descubrimos a Dios que es Don absoluto y eterno.

El primer y principal objetivo al celebrar este sacramento es tomar conciencia de la realidad divina en nosotros. Pero esa toma de conciencia tiene que llevarnos a vivir esa misma realidad como la vivió Jesús. Toda celebración que no alcance, aunque sea mínimamente, este objetivo, se convierte en completamente inútil. Celebrar la eucaristía pensando que me añadirá algo (gracia) automáticamente, sin exigirme la entrega al servicio de los demás, no es más que un autoengaño. Nos hemos conformado con realizar el signo sin tener en cuenta que un signo que no nos lleva a lo significado, es un garabato.

En la eucaristía se concentra todo el mensaje de Jesús, que es el AMOR. El Amor que es Dios manifestado en el don de sí mismo que hizo Jesús durante su vida. Esto soy yo: Don total, Amor total, sin límites. Al comer el pan y beber el vino consagrados, estoy completando el signo. Lo que quiere decir es que hago mía su vida y me comprometo a identificarme con lo que fue e hizo Jesús, y a ser y hacer yo lo mismo. El pan que me da la Vida no es el pan que como, sino el pan en que me convierto cuando me doy. Soy cristiano no cuando “como a Jesús”, sino cuando me dejo comer, como hizo él.

El ser humano no tiene que liberar o salvar su «ego» a partir de ejercicios de piedad que consigan de Dios mayor reconocimiento, sino liberarse del «ego» y tomar conciencia de que todo lo que cree ser es artificial y anecdótico, y que su verdadero ser está en lo que hay de Dios en él. Intentar potenciar el “yo”, aunque sea a través de ejercicios de devoción, es precisamente el camino opuesto al evangelio. Solo cuando hayamos descubierto nuestro verdadero ser descubriremos la falsedad de nuestra religiosidad que solo pretende acrecentar el yo, y no solo aquí y ahora sino para siempre.

La comunión no tiene ningún valor si la desligamos del signo sacramental. El gesto de comer el pan y beber el vino consagrados es el signo de nuestra aceptación de lo que significa el sacramento. Comulgar significa el compromiso de hacer nuestro todo lo que ES Jesús. Significa que, como él, soy capaz de entregar mi vida por los demás, no muriendo sino estando siempre disponible para todo aquél que me pueda necesitar. Es una pena que en estos días en que se celebran tantas primeras comuniones hagamos pensar a los niños que lo importante es comulgar, sin hacerles ver que lo importante es celebrar la eucaristía en la que, por primera vez, van a participar plenamente.

Todas las muestras de respeto hacia las especies consagradas están muy bien. Pero arrodillarse ante el Santísimo y seguir menospreciando o ignorando al prójimo es un sarcasmo. Si en nuestra vida no reflejamos la actitud de Jesús, la celebración de la eucaristía seguirá siendo magia barata para tranquilizar nuestra conciencia. A Jesús hay que descubrirlo en todo aquél que espera algo de nosotros, en todo aquél a quien puedo ayudar a ser él mismo, sabiendo que ésa es la única manera de llegar a ser yo mismo.

 

Meditación-contemplación

La Única Realidad es el Amor (Dios) que está en ti.
Los signos son solo medios para llegar a la realidad significada;
Pero son indispensables para nosotros los humanos.
Lo esencial es descubrir esa Realidad y vivirla.
……………………

Si descubro que ese AMOR me identifica con Él,
mi verdadero ser ya no soy yo sino Él.
Mi actuar no será ya mío, sino el de Él.
Solo por ese camino entraré en la dinámica del amor.
………………

En cada eucaristía que celebre
debo sentir dentro de mí lo que se significa en el rito.
Al comulgar, manifiesto y fortalezco la intención
de ser como Jesús, pan que se deja comer.
………………

 

Fray Marcos

 

 

 

 

 

 

 

CORPUS – Textos litúrgicos del Domingo 29 de Mayo de 2016

Génesis 14,18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abran, diciendo: «Bendito sea Abrahán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos.» Y Abran le dio un décimo de cada cosa.

 

Salmo responsorial: 109

R/. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» R/.

Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. R/.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.» R/.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» R.

 

Corintios 11,23-26

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

 

Lucas 9, 11b-17

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.»

Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.»

Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»

Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

 

 

Hacer memoria de Jesús – Jesusen oroitzapena egin, José A. Pagola

C (Lc 9, 11b-17)
Evangelio del 29/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

 

JESUSEN OROITZAPENA EGIN

Jesusek ikasleekin egindako Azken Afaria kontatzean, Maisuak berariaz aipatutako gogoa gogoratu ohi zuten lehen kristau-belaunaldiek: «Egizue hau nire oroigarri». Horrela dakarte Lukas ebanjelariak eta jentilen ebanjelizatzaile Paulok.

Bere jatorriaz gero, Jesusen oroitzapena burutzeko ospatu izan dugu kristauek Jaunaren Afaria, gure artean haren presentzia bizia gertaberritu eta harekiko, haren mezuarekiko eta azkeneraino gugatik eman duen biziarekiko geure fedea elikatzeko. Har ditzagun gogoan mezak, gaur eguneko egituran, dituen lau une esanguratsu hauek, barnetik eta elkartean bizitzeko.

Ebanjelioa entzutea, Jesusen oroitzapena burutzen dugu ebanjelioetan haren bizitzako kontakizuna eta mezua entzutean. Ebanjelioak, hain juxtu, Jesusen oroitzapena gordetzeko idatzi dira, ikasleen fedea eta jarraipena janaritzearekin batera.

Ebanjelio-kontakizunean ez dugu doktrinarik ikasiko, baizik, batez ere, Jesusen izateko eta jarduteko era, gure bizitza inspiratu eta moldatu behar duena. Horregatik, ikasle-jarreraz behar dugu entzun, Jesusek bezala pentsatzen, sentitzen, maitatzen eta bizitzen ikasi nahi duten ikaslek bezala.

Afariaren oroitzapena. Jesusen egintza salbatzailearen oroitzapena burutzen dugu haren hitz hauek fedez entzunez: «Hau nire gorputza da. Ikus nazazu ogi-puska hauetan, zuengatik heriotzaraino neure burua ematen… Hau nire odolaren kaliza da. Zuen bekatuak barkatzeko isuri dut. Horrela behar nauzue gogoratu beti. Azkeneraino maite izan zaituztet».

Momentu honetan Jesu Kristoganako geure fedea aitortuko dugu, geure salbamenaren misterioaren sintesia eginez: «Zure heriotza hots egiten dugu, zure piztuera aldarrikatzen. Zatoz, Jesus Jauna». Geure burua Kristo geure Jaunak salbatua dakusagu.

Jesusen otoitza. Jaunartu aurretik, Jesusek irakatsi zigun otoitza egingo dugu. Lehenik eta behin, bere bihotzean zeramatzan hiru desio handiekin bat egingo dugu: Jainkoarekiko errespetu osoa, haren zuzentasun-erreinua etortzea eta haren aitatasun-gogoa betetzea. Ondoren, Aitari eginiko lau eskariekin: ogia guztientzat, barkazioa eta errukia, tentaldia garaitzea eta gaitz orotatik aske izatea.

Jesusekiko komunioa. Behartsu bezala hurbilduko gara, eskua luzatuz: bizi-ogia hartuko dugu; fede-egintza burutuz jaunartuko dugu; isilik, abegi ona egingo diogu Jesusi geure bihotzean eta bizitzan: «Jauna, zurekin bat egin nahi dut, zure urratsei jarraitu, zure espirituak arnasturik bizi eta mundua gizatarrago bihurtzeko zure egitasmoan lankide izan».

 

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

C (Lc 9, 11b-17)
Evangelio del 29/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

HACER MEMORIA DE JESÚS

Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro: «Haced esto en memoria mía». Así lo recogen el evangelista Lucas y Pablo, el evangelizador de los gentiles. Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. Recordemos cuatro momentos significativos en la estructura actual de la misa. Los hemos de vivir desde dentro y en comunidad.

Hacemos memoria de Jesús cuando escuchamos en los evangelios el relato de su vida y su mensaje. Los evangelios han sido escritos, precisamente, para guardar el recuerdo de Jesús alimentando así la fe y el seguimiento de sus discípulos. Del relato evangélico no aprendemos doctrina sino, sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.

Hacemos memoria de la acción salvadora de Jesús escuchando con fe sus palabras: «Esto es mi cuerpo. Vedme en estos trozos de pan entregándome por vosotros hasta la muerte… Este es el cáliz de mi sangre. La he derramado para el perdón de vuestros pecados. Así me recordaréis siempre. Os he amado hasta el extremo». En este momento confesamos nuestra fe en Jesucristo haciendo una síntesis del misterio de nuestra salvación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús». Nos sentimos salvados por Cristo, nuestro Señor.

Antes de comulgar, pronunciamos la oración que nos enseñó Jesús. Primero, nos identificamos con los tres grandes deseos que llevaba en su corazón: el respeto absoluto a Dios, la venida de su reino de justicia y el cumplimiento de su voluntad de Padre. Luego, con sus cuatro peticiones al Padre: pan para todos, perdón y misericordia, superación de la tentación y liberación de todo mal.

Nos acercamos como pobres, con la mano tendida; tomamos el Pan de la vida; comulgamos haciendo un acto de fe; acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: «Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano».

José Antonio Pagola

 

 

 

«LA TRINIDAD ES UNA ÚNICA REALIDAD», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Religión Digital

Jn 16, 12-15

De Dios no sabemos ni podemos saber absolutamente nada. Ni falta que nos hace, porque tampoco necesitamos saber lo que es la vida fisiológica, para poder tener una salud de hierro. La necesidad de explicar a Dios es fruto del yo individual que se siente fortalecido cuando se contrapone a todo bicho viviente, incluido Dios. Cuando el primer cristianismo se encontró de bruces con la filosofía griega, aquellos grandes pensadores hicieron un esfuerzo sobrehumano para “explicar” el evangelio desde aquella arrolladora filosofía. Seguro que ellos se quedaron tan anchos, pero el evangelio quedó hecho polvo.

El lenguaje teológico de los primeros concilios, hoy no lo entiende nadie. Los conceptos metafísicos de “sustancia”, “naturaleza” “persona” etc. no dicen absolutamente nada al hombre de hoy. Es inútil seguir empleándolos para explicar lo que es Dios o como debemos entender el mensaje de Jesús. Tenemos que volver a la simplicidad del lenguaje evangélico y a utilizar la parábola, la alegoría, la comparación, el ejemplo sencillo, como hacía Jesús. Todos esos apuntes tienen que ir encaminados a la vivencia no a la razón.

Pero además, lo que la teología nos ha dicho de Dios Trino, se ha dejado entender por la gente sencilla de manera descabellada. Incluso en la teología más tradicional y escolástica, la distinción de las tres “personas”, se refiere a su relación interna (ab intra). Quiere decir que hay distinción entre ellas, solo cuando se relacionan entre sí. Cuando la relación es con la creación (ad extra), no hay distinción ninguna; actúan siempre como UNO. A nosotros solo llega la Trinidad, no cada una de las “personas” por separado. No estamos hablando de tres en uno sino de una única realidadque es relación.

Cuando se habla con mucho énfasis de la importancia que tiene la Trinidad en la vida espiritual de cada cristiano, se está dando una idea falsa de Dios. Lo único que nos proporciona la explicación trinitaria de Dios es una serie de imágenes útiles para nuestra imaginación, pero nunca debemos olvidar que son imágenes. Mi relación personal con Dios siempre será como única realidad. Debemos superar la idea deque “crea” el Padre, “salva” el Hijo y “santifica” el Espíritu. Esta manera de hablar es metafórica. Todo en nosotros es obra del único Dios. ¿Qué sentido puede tener, dirigir las oraciones al Padre Creyendo que es distinto del Hijo y del Espíritu?

Lo que experimentaron los primeros cristianos es que Dios podía ser a la vez y sin contradicción: Dios que es origen, principio, fuente de todo (Padre); Dios que se hace uno de nosotros (Hijo); Dios que se identifica con cada uno de nosotros (Espíritu). Nos están hablando de Dios que no está encerrado en sí mismo, sino que se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo Él mismo. Un Dios que está por encima de lo uno y de lo múltiple. El pueblo judío no era un pueblo filósofo, si no vitalista. Jesús nos enseñó que, para experimentar a Dios, el hombre tiene que aprender a mirar dentro de sí mismo (Espíritu), mirar a los demás (Hijo) y mirar a lo trascendente (Padre).

Lo más importante en esta fiesta que estamos celebrando, sería el purificar nuestra idea de Dios y ajustarla cada vez más a la idea que de Él quiso transmitirnos Jesús. Aquí sí que tenemos una amplia tarea por hacer. Como buenos cartesianos, intentamos una y otra vez acercarnos a Dios por vía intelectual. Creer que podemos encerrar a Dios en conceptos, aunque sean los muy sublimes de la filosofía griega, es tan ridículo que no merece la pena gastar un minuto en demostrarlo. La realidad de Dios no podemos comprenderla, no por que sea complicada, sino porque es absolutamente simple y nuestra manera de conocer es analizando y dividiendo la realidad. Toda la teología que se elaboró para explicar la realidad de Dios es absurda, porque Dios ni se puede ex-plicar, ni com-plicar o im-plicar. Dios no tiene partes que podemos analizar por separado.

El entender a Dios como Padre, nos conduce por el camino del poder, de la omnipotencia y la capacidad absoluta de hacer lo que se le antoje. Todos los “poderosos de la tierra” han tenido mucho interés en desplegar esa idea de Dios. Según esa idea, lo mejor que puede hacer un ser humano es parecerse a Él, es decir intentar por todos los medios, ser más, ser grande, tener poder. Pero ¿de qué sirve ese Dios a la inmensa mayoría de los mortales que se sienten insignificantes? ¿Cómo podemos proponerles que su objetivo es identificarse con ese Dios? Por fortuna Jesús nos dice todo lo contrario, y el AT también, porque su Dios, empieza por estar al lado, no del faraón, sino del pueblo esclavo.

Un Dios que premia y castiga, es verdaderamente útil para mantener a ralla a todos los que no se quieren doblegar a las normas establecidas. Machacando a los que nos se amoldan, estoy imitando a Dios que hace lo mismo. Cuando en nombre de Dios prometo el cielo (toda clase de bienes) estoy pensando en un dios que es amigo de los que le obedecen. Cuando amenazo con el infierno (toda clase de males) estoy pensando en un dios que, como haría cualquier mortal, se venga de los que no se someten.

Pensar que Dios utiliza con el ser humano el palo o la zanahoriacomo hacemos nosotros con los animales que queremos domesticar, es hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza y ponernos a nosotros mismos al nivel de los animales. Pero resulta que el evangelio dice todo lo contrario. Dios es amor incondicional y para todos. No nos ama porque somos buenos sino porque Él es bueno. No nos ama cuando hacemos lo que Él quiere, sino siempre. Tampoco nos rechaza por muy malos que lleguemos a ser.

Un dios “que está en el cielo”, puede hacer por nosotros algo de vez en cuando, si se lo pedimos con mucha insistencia y lo merecemos. Pero el resto del tiempo nos deja abandonados a nuestra suerte. Pero ese miedo a que nos abandone a nuestra suerte es muy útil para que los que actúan en su nombre nos obliguen a obedecer sus directrices. El Dios de Jesús está en lo hondo de nuestro ser identificado con nosotros mismos. Siendo el AMOR en nosotros no puede admitir intermediarios. Esto no es útil para ningún poder o institución. Pero ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios que siendo Espíritu, tiene como único objetivo llevarnos a la plenitud de la verdad. Y aquí “Verdad”, en contra de lo que se piensa, no es conocimiento sino Vida. El Espíritu nos empuja a ser verdad, ser auténticos.

Un Dios condicionado a lo que los seres humanos hagamos o dejemos de hacer, no es el Dios de Jesús. Esta idea de que Dios solamente nos quiere cuando somos buenos, repetida durante tres mil años, ha sido de las más útiles a la hora de conseguir la docilidad del ser humano a intereses de jerifaltes o de grupos. Esta idea, radicalmente contraria al evangelio ha provocado más sufrimiento y miedo que todas las guerras juntas. Sigue siendo la causa de las mayores ansiedades que no dejan a las personas ser ellas mismas. Cada vez que predico que Dios es amor incondicional, viene alguien a recordarme: pero es también justicia. Y esa justicia quiere decir para ellos: ¿Cómo puede querer Dios a ese desgraciado pecador igual que a mí, que cumplo todo lo que Él mandó?

Lo que acabamos de leer del evangelio de Jn, no hay que entenderlo como una profecía de Jesús antes de morir. Se trata de la experiencia de los cristianos que llevaban setenta años viviendo esa realidad del Espíritu dentro de cada uno de ellos. Ellos saben que gracias al Espíritu tienen la misma Vida de Jesús. Es el Espíritu el que haciéndoles vivir, les enseña lo que es la Vida. Esa Vida es la que desenmascara toda clase de muerte (injusticia, odio, opresión). La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús. Lo que intentó Jesús con su predicación y con su vida, fue hacer partícipes a sus seguidores de esa vivencia.

Meditación-contemplación

Hoy lo mejor será recordar unas estrofas de S. Juan de la Cruz

Entreme donde no supe, / y quedeme no sabiendo, / toda sciencia trascendiendo.

Yo no supe donde entraba, / pero cuando allí me vi, / sin saber donde me estaba, /

grandes cosas entendí; / no diré lo que sentí, / que me quedé no sabiendo, /

toda sciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido, / tan absorto y agenado, / que se quedó mi sentido /

de todo sentir privado, / y mi espíritu dotado / de un entender no entendiendo. /

Toda sciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero / de sí mismo desfallece; / cuanto sabía primero /

Mucho bajo le parece, / y su sciencia tanto crece, / que se queda no sabiendo, /

Toda sciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo / es de tan alto poder, / que los sabios arguyendo /

jamás lo podrán vencer, / que no llega su saber / ano entender entendiendo, /

Toda sciencia trascendiendo.

Y si lo queréis oír, / consiste esta suma sciencia / en un subido sentir /

De la divinal esencia; / es obra de su clemencia / hacer quedar no entendiendo, /

Toda sciencia trascendiendo.

 

Fray Marcos