ASCENSIÓN (C) – Fray Marcos

celebramos un relato simbólico, no un acontecimiento histórico. Una gran metáfora.

Hemos llegado al final del tiempo pascual. La Ascensión es una fiesta que resume todo lo celebrado desde la muerte de Jesús el Viernes Santo. Lucas, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones muy distintas sin inmutarse: una al final del evangelio y otra al comienzo del los Hechos. Para comprenderlo, es necesario ponernos en su lugar.

El mundo dividido en tres estadios: el superior, habitado por la divinidad. El del medio era la realidad terrena y humanos. El tercer estadio es el inframundo donde mora el maligno. La encarnación era una bajada del Verbo, desde la altura a la tierra. Su misión era la salvarnos, por eso tuvo que bajar a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total.

No tiene sentido seguir hablando de bajada y subida. Si no intentamos cambiar la mente, estaremos transmitiendo conceptos que hoy no podemos comprender. Una cosa fue la predicación de Jesús y otra la vivencia de la comunidad, después de la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo encontrar la manera de trasmitir lo que había experimentado.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu apuntan a una misma realidad, pero no material sino la vivencial, pascual: El final de Jesús no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sala imagen. Lo desdoblamos artificialmente para ir analizándolo por partes y poder digerirlo.

Una vez muerto, Jesús pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio. Sin tiempo y sin espacio no puede haber sucesos. En los discípulos sí sucedió algo. Su experiencia de resurrección sí fue constatable y la vivieron con una gran intensidad. Sin esa experiencia que fue un proceso que doró muchos años, no hubiera sido posible la religión cristiana.

Los tres días para la resurrección, los cuarenta días para la ascensión, los cincuenta días para la venida del Espíritu, son tiempos teológicos. kairos. Lucas, en su evangelio, pone todas las apariciones y la ascensión en el mismo día. En cambio, en los Hechos habla de cuarenta días de permanencia de Jesús con sus discípulos y a continuación la ascensión.

Solo Lucas al final de su evangelio y al comienzo de los “Hechos”, narra la ascensión. Si los dos relatos constituyeron al principio un solo libro, se duplicó el relato para dejar uno como final y otro como comienzo. Para él, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los primeros seguidores.

Esa constatación de la presencia de Dios como Espíritu, primero en Jesús y luego en los discípulos, es la clave de todo el misterio pascual y la clave para entender la fiesta que estamos celebrando. Para visualizar esa presencia nos narra la venida del Espíritu.

La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Jesús participa de la misma Vida de Dios y por lo tanto, está en lo más alto del “cielo”. Las palabras son apuntes para que nosotros podamos entendernos, siempre que no las entendamos al pie de la letra.

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, el Padre. No se trata de movimiento alguno, sino de toma de conciencia. Como Jesús, la única manera de alcanzar la meta es descendiendo hasta lo más hondo de mí y ponerlo todo al servicio de todos.


Jaunaren Igokundea – C – José A. Pagola

Grupos de Jesús
(Lukas 24,46-53)

BEDEINKATU – BENDECIR

Lukasen kontakizun iradokigarriaren arabera, bere ikasleak bedeinkatuz itzuli da Jesus bere Aitagana. Bere azken keinua du. Jesusek bere ondoren bere bedeinkazioa utzi du. Jesusen keinu honi erantzun hau eman diote ikasleek: tenplura itzuli dira pozez blai, eta han egoten ziren Jainkoa «bedeinkatuz».

Bedeinkazioa jarduera errotua da kasik kultura guztietan, besteen alde esna dezakegun desio hoberentzat ematen da. Judaismoak, islamak eta kristautasunak beti eman izan diote garrantzi handia. Eta, gaur egun kasik erabiltzen ez den erritu izatera bihurtu bada ere, ez dira gutxi beraren eduki sakona eta bera berreskuratu beharra azpimarratzen dutenak.

Bedeinkazioa, beste ezer baino gehiago, ongia desio izatea da geure bidean aurkitzen dugun jendeari. Baldintzapekorik eta salbuespenik gabe desiratzen dugu ongia. Osasuna, ongizatea, alaitasuna…. desio izatea: duintasunez bizitzen lagundu diezaiokeen guztia desiratzea. Zenbat eta gehiago desiratu ongia guztientzat, are posibleagoa da agerian gelditzea.

Bedeinkazioa, bizitzen ikastea da bizia eta jendea maite izateko oinarrizko jarreratik. Bedeinkatzen duenak hustu egiten du bihotza, batere sanoak ez diren beste jarrerak kanporatuz, hala nola oldarkortasuna, beldurra, areriotasuna edo axolarik eza. Ezin da bedeinkatzen jardun eta aldi berean gaitzetsiz, uko eginez, gorrotatuz bizi.

Bedeinkazioa, norbaiti ongia desiratzea da norberaren hondo hondotik, nahiz ez izan gu geu bedeinkazioaren iturburu, soilik lekuko eta eroale baikara. Bedeinkatzen duenak ez du egiten iradoki baizik, desiratu eta on guztiaren Kreatzaile denaren presentzia onbera eskatu baizik. Horregatik, bedeinkatu, Jainkoari esker oneko jarrera agertuz bakarrik bedeinka dezakegu.

Bedeinkazioak on egiten die, bai hartzen duenari, bai eskaintzen duenari. Besteak bedeinkatzen dituenak bere burua bedeinkatzen du. Bedeinkazioa norberaren barruan ari ohi da hoska, erregu isila balitz bezala, bihotza eraldatzen diharduelarik, bihotza hobeago eta jatorrago bihurtzen. Ezin sentitu da inor ere pertsona on, bihotz hondoan bestea madarikatzen jarraitzen duen bitartean. Jesusen jarraitzaileok Jesusek munduari eman dion bedeinkazioaren eroale eta lekuko gara.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

BENDECIR

Según el sugestivo relato de Lucas, Jesús vuelve a su Padre «bendiciendo» a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús deja tras de sí su bendición. Los discípulos responden al gesto de Jesús marchando al templo llenos de alegría. Y estaban allí «bendiciendo» a Dios.

La bendición es una práctica arraigada en casi todas las culturas como el mejor deseo que podemos despertar hacia otros. El judaísmo, el islam y el cristianismo le han dado siempre gran importancia. Y, aunque en nuestros días ha quedado reducida a un ritual casi en desuso, no son pocos los que subrayan su hondo contenido y la necesidad de recuperarla.

Bendecir es, antes que nada, desear el bien a las personas que vamos encontrando en nuestro camino. Querer el bien de manera incondicional y sin reservas. Querer la salud, el bienestar, la alegría… todo lo que puede ayudarles a vivir con dignidad. Cuanto más deseamos el bien para todos, más posible es su manifestación.

Bendecir es aprender a vivir desde una actitud básica de amor a la vida y a las personas. El que bendice vacía su corazón de otras actitudes poco sanas como la agresividad, el miedo, la hostilidad o la indiferencia. No es posible bendecir y al mismo tiempo vivir condenando, rechazando, odiando.

Bendecir es desearle a alguien el bien desde lo más hondo de nuestro ser, aunque no somos nosotros la fuente de la bendición, sino solo sus testigos y portadores. El que bendice no hace sino evocar, desear y pedir la presencia bondadosa del Creador, fuente de todo bien. Por eso solo se puede bendecir en actitud agradecida a Dios.

La bendición hace bien al que la recibe y al que la practica. Quien bendice a otros se bendice a sí mismo. La bendición queda resonando en su interior como plegaria silenciosa que va transformando su corazón, haciéndolo más bueno y noble. Nadie puede sentirse bien consigo mismo mientras siga maldiciendo a otro en el fondo de su ser. Los seguidores de Jesús somos portadores y testigos de la bendición de Jesús al mundo.

José Antonio Pagola

Domingo 01 de Junio-Ascensión del Señor – Koinonía

Hechos de los apóstoles 1, 1-11

Lo vieron levantarse

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»

Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»

Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Efesios 1, 17-23

Lo sentó a su derecha en el cielo

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

O bien:

Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23

Cristo ha entrado en el mismo cielo

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres -imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.

Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces -como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio.

De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

Hermanos, teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura.

Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa.

Lucas 24, 46-53

Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:  

En primer lugar recomendamos vivamente revisitar un excelente texto de Leonardo BOFF, tanto para quienes han de preparar una homilía, como para quienes quieran utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal; puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí:

http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Además, les ofrecemos un comentario tradicional.

Lucas ha escrito dos libros: un evangelio y los Hechos de los apóstoles. En Hch 1,1-2 Lucas retoma la referencia a Teófilo que hizo al comienzo de su Evangelio (“oh ilustre Teófilo” Lc 1,3). «Teó–filo» significa “amigo de Dios”. El hecho de agregarlo aquí, después de separarse su obra en dos, refuerza la idea que Teófilo es una designación simbólica general. Todos los que leemos estos libros somos Teófilos, amigos, buscadores de Dios.

Su evangelio termina con «Jesús llevado al cielo» (Lc 24,51). Los Hechos comienzan con el relato de «Jesús yéndose al cielo» (Hch 1,6-11). En el evangelio se presenta a Jesús con su cuerpo. En los Hechos ya no está corporalmente. Actúa por medio de su Espíritu. La orden que Jesús da a los apóstoles en Hch 1,4 exige pasividad total: no ausentarse de la ciudad y aguardar. En Lc 24,49 es semejante: permanecer en la ciudad (con la connotación de esperar sin hacer nada). La permanencia y espera pasiva debe durar “hasta que sean bautizados en el Espíritu Santo” (Hch 1,5) o “hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lc 24,49). Lucas se está aquí refiriendo claramente a Pentecostés.

El misterio del resucitado se expresa de muchas maneras en el Nuevo Testamento: está vivo, se ha despertado, se ha levantado… En la Carta a los Efesios vemos un ejemplo de estas manifestaciones: Pablo hace un claro énfasis en la glorificación de Jesús a la derecha del Padre. Y es a partir de esa glorificación como nosotros y nosotras, sus discípulos, recibiremos la fuerza del Espíritu Santo, espíritu de sabiduría y de revelación, para conocerle perfectamente y conocer así su voluntad, asumiendo por completo el desafío de continuar su tarea a favor del Reino.

Lucas quiere mostramos también que Jesús ha sido «glorificado» por Dios: ha entrado en la gloria del Padre. Separa ambos eventos (resurrección y ascensión), para subrayar el carácter histórico que cada uno de ellos tiene. Jesús resucitado, antes de su ascensión-exaltación-glorificación, convive con sus discípulos: come con ellos y los instruye. La ascensión de Jesús señala, en Lucas, la tensión en la que entra la comunidad de los discípulos desde aquel momento, una vez que han terminado las apariciones del Resucitado: tensión entre la ausencia y al mismo tiempo la presencia del Señor. Jesús continúa su acción y enseñanza después de ser llevado al cielo; Jesús resucitado sigue actuando y enseñando en la comunidad después de su ascensión. Lucas (como también Pablo en el pasaje de la segunda lectura) une íntimamente la ausencia física con el Don del Espíritu Santo.

La insistencia de que los discípulos veían a Jesús subiendo hacia el cielo, podría considerarse alusiva a las escenas de asunción de Elías, cuando Eliseo tuvo asegurado el espíritu de profecía del maestro porque pudo verlo. Así, la comunidad de los discípulos queda configurada en la ascensión como la comunidad profética que hereda el Espíritu de Jesús para continuar su misión. En la ascensión Jesús no se va, sino que es exaltado, glorificado. La parusía no es el retorno de un Jesús ausente, sino la manifestación gloriosa de un Jesús que siempre ha estado presente en la comunidad. Esto aparece claramente en las últimas palabras de Jesús en Mt 28,19: “he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de este mundo”. La ascensión expresa el cambio en Jesús resucitado, una nueva manera de ser, gloriosa, glorificada, pero siempre histórica, pues Jesús glorificado sigue viviendo en la comunidad.

La narración de la ascensión es para Lucas, la culminación del itinerario de Jesús, y el tránsito entre el “tiempo de Jesús” y el “tiempo de la Iglesia”, inaugurada con el Espíritu Santo, prometido por Jesús. Al recibir el Espíritu la comunidad de los creyentes asume en sí la misión de continuar el trabajo inaugurado por Jesús, de manifestar el Reino del Padre.

Domingo 6º de Pascua. Ciclo C. José Luis Sicre y Enrique Martínez Lozano.

Domingo 6º de Pascua. Ciclo C. José Luis Sicre

¿SOMOS UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS?

Igual que el domingo anterior, la primera lectura (Hechos) habla de la iglesia primitiva; la segunda (Apocalipsis) de la iglesia futura; el evangelio (Juan) de nuestra situación presente. Comienzo por el evangelio, que da materia más que suficiente para la homilía.

Evangelio: La Iglesia presente (Juan 14, 23-29)

Este pasaje trata tres temas:

  1. a) El cumplimiento de la palabra de Jesús y sus consecuencias. 

Se contraponen dos actitudes: el que me ama ? el que no me ama.

A la primera sigue una gran promesa: “mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”.

A la segunda, un severo toque de atención: “la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

La promesa de que Dios y Jesús habitarán en nosotros se trata con poca frecuencia porque lo hemos relegado al mundo de los místicos: santa Teresa, san Juan de la Cruz, etc. Pero el evangelio nos recuerda que se trata de una realidad que no debemos pasar por alto. Generalmente no pensamos en el influjo enorme que siguen ejerciendo en nosotros personas que han muerto hace años: familiares, amigos, educadores, que siguen “vivos dentro de nosotros”.    Una reflexión parecida deberíamos hacer sobre cómo Dios está presente dentro de nosotros e influye de manera decisiva en nuestra vida. Y todo eso lo deberíamos ver como una prueba del amor de Dios: “mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”.

Por otra parte, decir que Dios viene a nosotros y habita en nosotros supone una novedad capital con respecto al Antiguo Testamento. Dios no es ya un ser lejano, que impone miedo y respeto, un Dios grandioso e inaccesible. Tampoco viene a nosotros en una visita ocasional. Decide quedarse dentro de nosotros. ¿Qué le ofrecemos? ¿Un hotel de cinco estrellas o un hostal?

  1. b) El don del Espíritu Santo

A la presencia en nosotros del Padre y de Jesús se añade la del Espíritu, con la doble misión de enseñar cosas nuevas y recordar las pasadas.

La enseñanza de ideas nuevas coincide con lo dicho por Jesús en otro pasaje de este mismo discurso: “Me quedan por deciros muchas cosas, pero no podéis con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.” Parece casi herético decir que Jesús no nos transmite la verdad plena. Pero así lo dice él. Y la historia de la Iglesia confirma que los avances y los cambios, imposibles de fundamentar a veces en las palabras de Jesús, se producen por la acción del Espíritu.

  1. c) La vuelta de Jesús junto al Padre

Estas palabras anticipan la próxima fiesta de la Ascensión. Cuando se comparan con la famosa Oda de Fray Luis de León (“Y dejas, pastor santo…”) se advierte la gran diferencia. Las palabras de Jesús pretenden que no nos sintamos tristes y afligidos, pobres y ciegos, sino alegres por su triunfo.

1ª lectura: la iglesia pasada (Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29)

Uno de los motivos del éxito de la misión de Pablo y Bernabé entre los paganos fue el de no obligarles a circuncidarse. Esta conducta provocó la indignación de los judíos y también de un grupo cristiano de Jerusalén educado en el judaísmo más estricto. Para ellos, renunciar a la circuncisión equivalía a oponerse a la voluntad de Dios, que se la había ordenado a Abrahán. Algo tan grave como si entre nosotros dijese alguno ahora que no es preciso el bautismo para salvarse.

En el fondo, lo que está en juego no es la circuncisión sino otro tema: ¿nos salvamos nosotros a nosotros mismos cumpliendo las normas y leyes religiosas, o nos salva Jesús con su vida y muerte?

Tiene entonces lugar lo que se conoce como el “concilio de Jerusalén”, que es el tema de la primera lectura de hoy. Para no alargarla, se ha suprimido una parte esencial: los discursos de Pablo y Santiago (versículos 3-21).

En la versión que ofrece Lucas en el libro de los Hechos, el concilio llega a un pacto que contente a todos: en el tema capital de la circuncisión, se da la razón a Pablo y Bernabé, no hay que obligar a los paganos a circuncidarse; al grupo integrista se lo contenta mandando a los paganos que observen cuatro normal fundamentales para los judíos: abstenerse de comer carne sacrificada a los ídolos, de comer sangre, de animales estrangulados y de la fornicación.

El tema es de enorme actualidad, y la iglesia primitiva da un ejemplo espléndido al debatir una cuestión muy espinosa y dar una respuesta revolucionaria. Hoy día, cuestiones mucho menos importantes ni siquiera pueden insinuarse. Pero no nos limitemos a quejarnos. Pidámosle a Dios que nos ayude a cambiar.

2ª lectura: la iglesia futura (Apocalipsis 21,10-14. 22-23)

En la misma tónica de la semana pasada, con vistas a consolar y animar a los cristianos perseguidos, habla el autor de la Jerusalén futura, símbolo de la iglesia.

El autor se inspira en textos proféticos de varios siglos antes. Por ejemplo, estos versos del c.54 de Isaías:

¡Oh afligida, venteada, desconsolada!
Mira, yo mismo te coloco piedras de azabache, te cimento con zafiros,
te pongo almenas de rubí, y puertas de esmeralda,
y muralla de piedras preciosas.

O esta visión de Zacarías: Por la multitud de hombres y ganados que habrá, Jerusalén será ciudad abierta; yo la rodearé como muralla de fuego y mi gloria estará en medio de ella oráculo del Señor (Zac 2,8-9).

Basándose en textos parecidos dibuja su visión el autor del Apocalipsis. La novedad de su punto de vista es que esa Jerusalén futura, aunque baja del cielo, está totalmente ligada al pasado del pueblo de Israel (las doce puertas llevan los nombres de las doce tribus) y al pasado de la iglesia (los basamentos llevan los nombres de los doce apóstoles). Pero hay una diferencia esencial con la antigua Jerusalén: no hay templo, porque su santuario es el mismo Dios, y no necesita sol ni luna, porque la ilumina la gloria de Dios.

José Luis Sicre

EL AMOR, NUESTRO MAESTRO INTERIOR

Enrique Martínez Lozano

VI Domingo de Pascua

25 de mayo

Jn  14, 23-29

En un comentario anterior traté de mostrar el amor como criterio de verdad. El amor constituye el test por antonomasia que nos permite verificar la verdad o no de lo que pensamos, decimos y hacemos.

Y lo es, no por un capricho arbitrario, sino porque solo cuando se vive en amor, se tiene la garantía de vivir en la verdad de lo que somos, no girando en torno al propio ego, en una imaginaria consciencia de separatividad, creada por la mente, sino anclados en la consciencia de unidad, sabedores de compartir el mismo y único fondo de lo real.

“Maestro interior” es otro de los nombres de lo que realmente somos, ese fondo único que se manifiesta a través de la intuición como guía certera de nuestra existencia. Sabemos que la intuición no yerra nunca. Sin embargo, podemos errar nosotros al tomar como intuición lo que fuera solo una idea, un deseo o un capricho de nuestra mente. Pues bien, junto con otros que nos permitan detectarlas con lucidez, a la hora de discernir la verdad de la intuición, encontramos un criterio en el amor. Eso que me parece ser una intuición, ¿nace del amor, es decir, de la consciencia de unidad o, por el contrario, persigo algún interés con ello?

La intuición -a diferencia del razonamiento- siempre nos sorprende, se halla dotada de un dinamismo que impulsa a la acción y tiene el signo de la gratuidad o desapropiación. Su objetivo no es alimentar el ego, sino trascenderlo. Si resumimos todos esos rasgos en un solo solo, podría decirse así: la intuición nace del amor, entendido como certeza de no-separación. De ahí que, cuanto más vivamos de manera consciente el amor que somos, con mayor claridad notaremos que somos conducidos por la certera luz interior.

Enrique Martínez Lozano

DOMINGO 6º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 14,23-29)

 Dios no es un Ser que ama, sino el amor. Él es el fundamento de mi amor.

Hoy podemos ver las dificultades que encontraron para expresar la experiencia interior. La Realidad que soy, es mi verdadero ser. El verdadero Dios no es un ser separado, sino el fundamento de mi ser. Cada frase que hemos leído tiene en el evangelio su contraria.

       El que cumple mis palabras ese me ama. Y: el que me ama cumplirá mi palabra. Si alguno me ama le amará mi Padre y le amaré yo. ¿Está su amor condicionado a nuestro amor? Voy a prepararles sitio. Aquí dice que el Padre y él vendrán al interior de cada uno. Os conviene que me vaya, si no el Espíritu no vendrá a vosotros, pero si me voy os lo enviaré.

Les había advertido: no he venido a traer paz. Ahora nos dice: “la paz os dejo, mi paz os doy”. Yo y el Padre somos uno. Hora nos dice: El Padre es más que yo. Unos versículos antes les había dicho: No os dejaré huérfanos, volveré para estar con vosotros. Ahora Jesús dice que el Padre mandará el Espíritu en su lugar. Las diferencias son siempre aparentes.

       Insisto, una cosa es el lenguaje y otra la realidad que queremos manifestar con él. Dios no tiene que venir de ninguna parte para estar en lo hondo de nuestro ser. Está ahí desde antes de existir nosotros. No existe «alguna parte» donde Dios pueda estar, fuera de mí y del resto de la creación. Dios es lo que hace posible mi existencia en cada instante.

El hecho de que no llegue a mí desde fuera ni a través de los sentidos, hace imposible toda reflexión racional. Todo intermediario, sea persona o institución, me alejan de Él más que me acerca. Desde Jesús, el lugar de la presencia de Dios es el hombre. Dentro de ti lo tienes que experimentar. habrá que superar la idea de Dios como una entidad separada.

      Os irá enseñando todo. Por cinco veces, en este discurso de despedida, hacer Jesús referencia al Espíritu. No se trata de la tercera persona de la Trinidad, sino de la divinidad como fuerza (Ruaj), como Vida, como sabiduría que todo los explica. Por eso dijo: «os conviene que yo me vaya, porque si no, el Espíritu no vendrá a vosotros.»

       El Espíritu no añadirá nada nuevo. Solo aclarará lo que Jesús ya enseñó. Las enseñanzas de Jesús y las del Espíritu son las mismas, solo hay una diferencia. Con Jesús, la Verdad viene a ellos de fuera. El Espíritu las suscita dentro de cada uno como vivencia irrefutable. Esto explica tantas conclusiones equivocadas de los discípulos durante la vida de Jesús.

       La paz de la que habla Jesús tiene su origen en el interior de cada uno. Es la armonía total, no solo dentro de cada persona, sino con los demás y con la creación entera. Sería el fruto primero de unas relaciones auténticas. Sería la consecuencia del amor que es Dios en nosotros, descubierto y vivido. La paz no se descubre directamente. Es fruto de la unidad

       l Padre es mayor que él porque es el origen. Todo lo que posee Jesús procede de Él. No habla de una entidad separada, sería una herejía. Para el evangelista, Jesús es un ser humano a pesar de su preexistencia: “Tomó la condición de esclavo, pasó por uno de tantos.” Dios se manifiesta en lo humano, pero Dios no es lo que se ve en Jesús.

      Dios se revela y se vela en la humanidad de Jesús. La presencia de Dios en él, no es demostrable. Está en el hombre sin añadir nada, Dios es siempre un Dios escondido. «Toda religión que no afirme que Dios está oculto, no es verdadera» (Pascal).

Pazkoaldiko 6. igandea – C – José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Joan 14,23-29)

EZ DA GAUZA BERA – NO DA LO MISMO

Gertaera ukaezina da pluralismoa. Are gehiago: baiezta daiteke gizarte modernoaren ezaugarririk bereziena dela. Mila puska egin da duela urte batzuetako mundu monolitiko hura. Gaur egun bizikide dira gure artean mota guztietako jarrera, ideia edo balore.

Pluralismo hau ez da datu bat soilik. Gure kulturako dogma gutxietako bat da. Gaur egun den-dena eztabaida daiteke. Den-dena, hau salbu: bakoitzak duen eskubidea iruditzen zaion bezala pentsatzeko eta pentsatzen duen horretan errespeta dezaten eskatzeko. Egia esan, pluralismo honek eragin diezaguke bilaketa erantzuletsu bat egitera, bai elkarrizketa bai jarreren elkarketa edo konfrontazioa egitera. Baina eraman gaitzake ere atzerapen larri batzuetara.

Izatez, jende ez gutxi ari da erabateko erlatibismoan erortzen. Den-dena da gauza bera. G. Lipovetsky soziologo frantsesak dioen bezala, «feelings-en [sentipenen] orduan bizi gara». Jadanik ez da ez egiarik eta ez gezurrik, ez edertasunik eta ez itsustasunik. Ezer ez da ez on ez txar. Sentipen edo uste hutsez bizi gara, eta bakoitzak nahi duena pentsatzen du eta apetak eragindakoa egiten .

Erlatibismo-giro honetan, egoera benetan beheranzkora iristen da jendea. Sineskizun arraroenak defenditzen dira, zorroztasun txikienik gabekoak. Bizpahiru topikoz askatu nahi izaten dira gizakiaren bizi-arazo larrienak. Zerbait esan nahi du A. Finkielkrautek dionean: «basakeria ari da nagusitzen kulturaz».

Baztertu ezina da galdera. Esaten al diogu honi guztiari «aurrerapen»? Gauza ona al da pertsonarentzat eta gizadiarentzat burua edozein ideiaz edota bihotza edozein sinespenez betetzea, existentziari buruz egia handiagorik, ontasun eta zentzu biziagorik bilatzeari uko eginez?

Kristaua, gaur egun, deitua dago bere fedea bilaketa erantzulez eta partekatuz bizitzera. Ez da gauza bera biziaz edozein gauza pentsatzea. Gizakiaren azken egiaren bila jarraitu behar dugu; asko falta zaie hori era asegarrian argitzea teoria zientifiko, sistema psikologiko edo ikuspegi ideologikoei.

Kristaua deitua dago, orobat, kultura saneatuz bizitzera. Ez dira gauza bera inolako eskrupulurik gabe dirua irabaztea eta zerbitzu publiko bat ondraduki eskaintzea, ez dira gauza bera terrorismoaren alde oihuka aritzea eta pertsona bakoitzaren eskubideak defenditzea. Ez dira gauza bera abortatzea eta bizia onartzea, ez dira gauza bera «maitasuna nolanahi egitea» eta bestea benetan maitatzea. Ez dira gauza bera premian dagoenari ezikusia egitea eta beronen eskubideen alde aritzea. Lehenengoa txarra da eta kalte egiten dio gizakiari. Bigarrena esperantzaz eta promesaz betea dago.

Gaur egungo pluralismoan ere hoska ari zaizkigu Jesusen hitzak: «Maite nauenak beteko du nire hitza, eta maitatuko du nire Aitak».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Pascua – C (Juan 14,23-29)

NO DA LO MISMO

El pluralismo es un hecho innegable. Se puede incluso afirmar que es uno de los rasgos más característicos de la sociedad moderna. Se ha fraccionado en mil pedazos aquel mundo monolítico de hace unos años. Hoy conviven entre nosotros toda clase de posicionamientos, ideas o valores.

Este pluralismo no es solo un dato. Es uno de los pocos dogmas de nuestra cultura. Hoy todo puede ser discutido. Todo menos el derecho de cada uno a pensar como le parezca y a ser respetado en lo que piensa. Ciertamente, este pluralismo nos puede estimular a la búsqueda responsable, al diálogo y a la confrontación de posturas. Pero nos puede llevar también a graves retrocesos.

De hecho, no pocos están cayendo en un relativismo total. Todo da lo mismo. Como dice el sociólogo francés G. Lipovetsky, «vivimos en la hora de los feelings». Ya no existe verdad ni mentira, belleza ni fealdad. Nada es bueno ni malo. Se vive de impresiones, y cada uno piensa lo que quiere y hace lo que le apetece.

En este clima de relativismo se está llegando a situaciones realmente decadentes. Se defienden las creencias más peregrinas sin el mínimo rigor. Se pretende resolver con cuatro tópicos las cuestiones más vitales del ser humano. Algo quiere decir A. Finkielkraut cuando afirma que «la barbarie se está apoderando de la cultura».

La pregunta es inevitable. ¿Se puede llamar «progreso» a todo esto? ¿Es bueno para la persona y para la humanidad poblar la mente de cualquier idea o llenar el corazón de cualquier creencia, renunciando a una búsqueda honesta de mayor verdad, bondad y sentido de la existencia?

El cristiano está llamado hoy a vivir su fe en actitud de búsqueda responsable y compartida. No da igual pensar cualquier cosa de la vida. Hemos de seguir buscando la verdad última del ser humano, que está muy lejos de quedar explicada satisfactoriamente a partir de teorías científicas, sistemas sicológicos o visiones ideológicas.

El cristiano está llamado también a vivir sanando esta cultura. No es lo mismo ganar dinero sin escrúpulo alguno que desempeñar honradamente un servicio público, ni es igual dar gritos a favor del terrorismo que defender los derechos de cada persona. No da lo mismo abortar que acoger la vida, ni es igual «hacer el amor» de cualquier manera que amar de verdad al otro. No es lo mismo ignorar a los necesitados o trabajar por sus derechos. Lo primero es malo y daña al ser humano. Lo segundo está cargado de esperanza y promesa.

También en medio del actual pluralismo siguen resonando las palabras de Jesús: «El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará».

José Antonio Pagola

6º Domingo de Pascua-C- Koinonía

Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.

Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsaba y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.

Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

Apocalipsis 21, 10-14. 22-23

Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios.

Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido.

Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.

A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas.

La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

Juan 14, 23-29

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

El libro de los Hechos nos presenta la controversia de los apóstoles con algunas personas del pueblo que decían que los no circuncidados no podían entrar en el Reino de Dios. Los apóstoles descartaban el planteamiento judío de la circuncisión. Ésta se realizaba a los ocho días del nacimiento al niño varón, a quien sólo así se le aseguraban todas las bendiciones prometidas por ser un miembro en potencia del pueblo elegido y por participar de la Alianza con Dios. Todo varón no circuncidado según esta tradición debía ser expulsado del pueblo, de la tierra judía, por no haber sido fiel a la promesa de Dios (cf. Gn 17,9-12). El acto ritual de la circuncisión estaba cargado -y aún lo está- de significado cultural y religioso para el pueblo judío. Estaba ligado también al peso histórico-cultural de exclusión de las mujeres, las cuales no participaban de rito alguno para iniciarse en la vida del pueblo: a ellas no se les concebía como ciudadanas.

Es bien importante este episodio dentro de la elaboración literaria que Lucas hace del nacimiento de la primitiva Iglesia. Ésta fue capaz de intuir genialmente que aquel rito de la circuncisión discriminaba inevitablemente entre judíos y paganos, además de hombres y mujeres. Los dirigentes principales de la Iglesia central (por así decir), ratificaron la intuición que los misioneros de vanguardia pusieron en marcha al evangelizar en la frontera con el mundo pagano. En aquel contexto cultural diferente, el signo de la circuncisión no sólo no era significativo, sino que implicaba una marginación de la mujer, y una imposición incomprensible para quienes s convertían desde el paganismo. Fue una lección de sentido histórico, de comprensión de la relatividad cultural, y de aceptación de los signos de los tiempos.

No deberíamos reflexionar hoy sobre este tema de un modo arcaizante («cómo hicieron ellos»), sino preguntándonos qué otros signos, elementos, dimensiones… del cristianismo están hoy necesitados de una reformulación o reconversión, en esta la nueva frontera cultural que hoy atravesamos, probablemente mucho más profunda que la que se vivía en aquel momento que los Hechos de los Apóstolos nos relatan. Muchas cosas que hasta ahora significaban, se han vaciado de valor evocativo. En muchos casos, no sólo se han vaciado, sino que se han cargado de sentido contrario. Acabamos haciendo gestos que se quedan en simples ritos sin significado vivo, o repitiendo fórmulas que dicen cosas en las que ya no creemos –o en las que ya no podemos creer–.

Permítasenos evocar la publicación que el movimiento judío conservador de EEUU realizó hace unos pocos años (http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/02/actualidad/1456932458_958209.html) de una nueva edición del manual de oraciones, Sidur en hebreo, edición que puso todas las oraciones en un lenguaje que no distingue entre hombres y mujeres, entre personas y/o parejas hetero y homosexuales. Hay que recordar que el idioma hebreo –y otros– tiene formas verbales diferentes para el hombre y la mujer. «Yo rezo», por ejemplo, no utiliza la misma palabra, igual cuando la dice un hombre o cuando la dice una mujer. Lo cual quiere decir que cuando se reza juntos, normalmente la mujer ha tenido que quedar supeditada a rezar con expresiones masculinas. Este nuevo Sidur es un esfuerzo para acomodar a la sensibilidad actual símbolos religiosos tan importantes como los de un oracional. Lo que en siglos y milenios anteriores parecía intocable, hoy ya no nos lo parece a muchas personas y comunidades; las más intuitivas y clarividentes están reivindicando la necesidad de dar pasos adelante, y deberíamos apoyarlas.

También en otros idiomas persisten las diferencias discriminatorias de género, pero no tanto ya por las diferencias de las formas verbales y otras, cuanto por las desactualizaciones en términos culturales y epistemológicos: se trata de conjuntos completos de símbolos que ya no están culturalmente vigentes, fórmulas de fe que dicen cosas hoy realmente no creemos, creencias que ya todos sabemos que son mitos, pero que son repetidas ritualmente con toda seriedad como si de descripciones históricas se tratara, esperando que aparezcan por alguna parte los niños del cuento de Andersen que nos hagan caer en la cuenta a todos de que «el rey está desnudo». Por eso, es de profunda actualidad la lucidez de que hizo gala la Iglesia primitiva en torno a la práctica de la circuncisión.

El Apocalipsis nos presenta también una crítica a la tradición judía excluyente. Juan vio en sus revelaciones la nueva Jerusalén que bajaba del cielo y que era engalanada para su esposo, Cristo resucitado. Esta nueva Jerusalén es la Iglesia, triunfante e inmaculada, que ha sido fiel al Cordero y no se ha dejado llevar por las estructuras que muchas veces generan la muerte. Aquí yace la crítica del cristianismo al judaísmo que se dejó acaparar por el Templo, en el cual los varones, y entre éstos especialmente los cobijados por la Ley, eran los únicos que podían relacionarse con Dios; un Templo que era señal de exclusión hacia los sencillos del pueblo y los no judíos.

La Nueva Jerusalén que Juan describe en su libro no necesita templo, porque Dios mismo estará allí, manifestando su gloria y su poder en medio de los que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Ya no habrá exclusión -ni puros ni impuros-, porque Dios lo será todo en todos, sin distinción alguna.

En el evangelio de Juan, Jesús, dentro del contexto de la Ultima Cena y del gran discurso de despedida, insiste en el vínculo fundamental que debe prevalecer siempre entre los discípulos y él: el amor. Judas Tadeo ha hecho una pregunta a Jesús: “¿por qué vas a mostrarte a nosotros y no a la gente del mundo”? Obviamente, Jesús, su mensaje, su proyecto del reino, son para el mundo; pero no olvidemos que para Juan la categoría “mundo” es todo aquello que se opone al plan o querer de Dios y, por tanto, rechaza abiertamente a Jesús; luego, el sentido que da Juan a la manifestación de Jesús es una experiencia exclusiva de un reducido número de personas que deben ir adquiriendo una formación tal que lleguen a asimilar a su Maestro y su propuesta, pero con el fin de ser luz para el “mundo”; y el primer medio que garantiza la continuidad de la persona y de la obra de Jesús encarnado en una comunidad al servicio del mundo, es el amor. Amor a Jesús y a su proyecto, porque aquí se habla necesariamente de Jesús y del reino como una realidad inseparable.

Ahora bien, Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo acompañando a sus discípulos; pero también sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos. Por eso los prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad. Les promete pues, el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo y a la comunidad.

Finalmente, Jesús entrega a sus discípulos el don de la paz: “mi paz les dejo, les doy mi paz” (v. 27); testamento espiritual que el discípulo habrá de buscar y cultivar como un proyecto que permite hacer presente en el mundo la voluntad del Padre manifestada en Jesús. Es que en la Sagrada Escritura y en el proyecto de vida cristiana la paz no se reduce a una mera ausencia de armas y de violencia; la paz involucra a todas las dimensiones de la vida humana y se convierte en un compromiso permanente para los seguidores de Jesús.

DOMINGO 5º DE PASCUA – Fidez Aizpurúa

FE ADULTA

El cristiano se nutre de la Palabra de Dios. A nada que la leamos con detención siempre podremos sacar alimento valioso para nuestra espiritualidad.

Hemos escuchado algo que sabemos de memoria: el mandamiento único de Jesús, el del amor, nos insta a amar COMO YO OS HE AMADO, con el peculiar modo con que él nos ha amado. ¿Cómo es ese modo?

El ideal máximo de amor entre los humanos es el que podríamos llamar “amor simétrico”: yo te amo y, en justa correspondencia, pido que tú me ames. Por eso, el amor no puede funcionar si una de las partes ama y la otra no. Pero resulta que Jesús nos ha amado con un “amor asimétrico”. Lo dice muy bien san Pablo (Rom 5,6) “Cuando estábamos si fuerzas, él murió por nosotros”. Jesús ama cuando no podemos devolverle amor, cuando no respondemos a su amor.

Por eso, hay que preguntarse no solamente si amamos a quienes nos aman, sino también si amamos a quien no nos devuelve amor. Hay que ver cómo funcionamos en esas situaciones de asimetría porque ese es el tipo de amor que pide el evangelio.

¿En qué situaciones de vida habría que amar asimétricamente?

  • Amar a quien está en debilidad: al enfermo, al frágil, al necesitado de amparo, al desorientado. Si tienes paciencia con él, si le escuchas amantemente, si le acompañas un poco ése es el amor asimétrico. Y todo ello sin esperar nada a cambio.
  • Integrar a quien viene de otras culturas:si no le miras por encima del hombro, si no lo menosprecias, si lo consideras en toda su dignidad, si promueves el reconocimiento de su derecho a vivir como persona. Eso es amar asimétricamente.
  • Animarte a participar en algún voluntariado social:porque esa es también una forma óptima de amor asimétrico: dar parte del tiempo como ofrenda de amor para construir una nueva sociedad sin pedir nada a cambio.

Puede parecer que, a veces, los trabajos de quien ama asimétricamente no sirven para nada. Pero son amores cargados de futuro. Así lo vemos en el manifiesto contra el rearme en Europa que se titula “No nos resignamos al rearme y a la guerra en Europa”. No olvidemos que el amor asimétrico es siempre algo contra corriente. Leamos ese manifiesto. Meditémoslo y tomemos partido. Eso es amor asimétrico.

No nos resistimos a repetir una frase del difunto papa Francisco que es cierta: “el verdadero amor a Dios se manifiesta en la humildad y la alegría de ayudar sin esperar recompensas”. Ese es el amor asimétrico que Jesús ha vivido y que nos propone. Hemos de pensarlo. Si entramos por estos caminos estamos en la senda del evangelio.Fidel Aizpurúa Donazar

DOMINGO 5º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 13,31-35)

El amor en la comunidad es solo el primer paso para que el amor llegue a todos

El domingo pasado nos hablaba de ser “unum” con Dios, con Jesús y con los demás. Hoy nos invita a manifestar esa unidad con nuestras obras. Si descubres esa unidad, no necesitas preceptos ni mandamientos para manifestarla. Sin no la descubres, lo que hagas será solo una programación que ni te enriquece ni enriquece a los demás.

“Que os améis unos a otros”, se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Eso se quedaría en egoísmo amplificado. Algunas formulaciones del NT, pueden dar pie a esta interpretación. Amar solo a los nuestros iría en contra del mensaje de Jesús. El texto nos invita a amar como Jesús amó. Está claro que él amó a todos sin distinción.

Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-agape. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora. No se trata de una programación sino de una vivencia que se manifiesta en la entrega.

El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al antiguo, ‘el amar a Dios’. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación externa con Dios. La nueva, basada en una relación de amor servicio a los demás.

Jesús no propone como ideal el amar a Dios, ni el amor a él mismo. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada ni nosotros le podemos dar nada. Dios es puro don. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa.

Jesús se presenta como “el Hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades de plenitud humanas. Amar es la única manera de ser plenamente hombre. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, sino que vive el amor y dice: ¡imitadme!

 En esto conocerán que sois discípulos míos. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos, o normas. El distintivo será el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús propone una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo suyo y hermano de todos los seres humano sin excepción.

La pregunta que debo hacerme hoy es: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros.

El amor del que habla el evangelio no es un precepto que puede imponerse, sino la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser. Si llegamos a tomar conciencia de lo que somos, el amor sería espontáneo y nadie podría dejar de amar. La Realidad en la que todos estamos identificados es lo que llamamos Dios y su agape nos saca de nuestra individualidad y nos integra en el Todo.

Pazkoaldiko 5. igandea – C – José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Joan 13,31-33a.34-35)

ADISKIDEEN ELKARTEA

Jesusek bere ikasleekin partekatu ditu azken momentuak, Aitaren misteriora itzuli aurretik. Joanen kontaerak arreta handiz bildu du Jesusen testamentua: Jesusek beraien bihotzean betiko irarririk utzi nahi duena: «Agindu berri bat eman nahi dizuet: maita dezazuela elkar nik maite izan zaituztedan bezala».

Joanen ebanjelioak bere arreta kristau-elkartean jarria du. Ez ditu gogoan kanpokoak. Jesus falta izango dutenean, beraren elkartean «adiskide bezala» maitatu beharko dute elkar, horrela maite izan baititu Jesusek: «Zuek nire adiskide zarete»; «jadanik ez dizuet zerbitzari esango, zuei adiskide deitu dizuet». Jesusen elkartea adiskideen elkarte izango da.

Irudi hau, kristau-elkartea «adiskideen elkarte» delako hau, ahazturik gelditu zen laster. Mende askotan, kristauek beren izaera «familia» bezala ikusi izan dute; familia, zeinetan batzuk «aita» (aita santua, gotzainak, apaizak, abadeak…) baitira; besteak «seme-alaba» leial dira, eta guztiek «anai-arreba» bezala bizi behar dute.

Kristau-elkartea, horrela, adiskideen elkarte bezala hartzeak senide artekotasuna sustatzen du, baina baditu bere arriskuak ere. «Kristau-familian» joera izan ohi da bakoitzari dagokion lekua azpimarratzeko. Desberdintzen gaituena nabarmentzen da, eta ez batzen gaituena; inportantzia handia ematen zaio agintaritzari, ordenuari, batasunari, mendekotasunari. Eta mendeko izatea, haurkeria eta askoren erantzukizun-eza sustatzeko arriskua bizi ohi da.

«Kristau-adiskidetasunean» oinarritutako elkarteak asko aberastuko eta eraldatuko luke gaur egun Jesusen Eliza. Batzen gaituena sustatzen du adiskidetasunak, eta ez desberdintzen gaituena. Adiskideen artean parekotasuna, elkarrekikotasuna eta elkarrekiko sostengua lantzen dira. Inor ez dago inoren gainean. Inongo adiskiderik ez da beste bat baino handiago. Desberdintasunak aintzat hartzen dira, baina hurbiltasuna eta erlazioa zaintzen direlarik.

Adiskideen artean errazagoa da erantzule sentitzea eta partedun izatea. Eta ez da hain zaila izaten kanpoko eta bestelako direnei, harrera eta adiskidetasun-beharra dutenei irekirik bizitzea. Zail da adiskideen elkarte batetik alde egitea. Elkarte hotz, ohikeriazko eta ezaxola batetik, jendea joan egiten da, eta gelditzen direnek doi-doi sentitzen dute.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)

COMUNIDAD DE AMISTAD

Jesús comparte con sus discípulos los últimos momentos antes de volver al misterio del Padre. El relato de Juan recoge cuidadosamente su testamento: lo que Jesús quiere dejar grabado para siempre en sus corazones: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. No está pensando en los de fuera. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como «amigos», porque así los ha querido Jesús: «Vosotros sois mis amigos»; «ya no os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos». La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Esta imagen de la comunidad cristiana como «comunidad de amigos» quedó pronto olvidada. Durante muchos siglos, los cristianos se han visto a sí mismos como una «familia» donde algunos son «padres» (el papa, los obispos, los sacerdotes, los abades…); otros son «hijos» fieles, y todos han de vivir como «hermanos».

Entender así la comunidad cristiana estimula la fraternidad, pero tiene sus riesgos. En la «familia cristiana» se tiende a subrayar el lugar que le corresponde a cada uno. Se destaca lo que nos diferencia, no lo que nos une; se da mucha importancia a la autoridad, el orden, la unidad, la subordinación. Y se corre el riesgo de promover la dependencia, el infantilismo y la irresponsabilidad de muchos.

Una comunidad basada en la «amistad cristiana» enriquecería y transformaría hoy a la Iglesia de Jesús. La amistad promueve lo que nos une, no lo que nos diferencia. Entre amigos se cultiva la igualdad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es superior a otro. Se respetan las diferencias, pero se cuida la cercanía y la relación.

Entre amigos es más fácil sentirse responsable y colaborar. Y no es tan difícil estar abiertos a los extraños y diferentes, los que necesitan acogida y amistad. De una comunidad de amigos es difícil marcharse. De una comunidad fría, rutinaria e indiferente, la gente se va, y los que se quedan apenas lo sienten.

José Antonio Pagola