5º Domingo de Pascua – Koinonía

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Apocalipsis 21, 1-5a

Dios enjugará las lágrimas de sus ojos

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Juan 13, 31-33a. 34-35

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS: 

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades viven enfrentamientos de unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo– aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, pero en su lugar podría escucharse, por ejemplo, el episodio del lavatorio de los pies, que es su contexto histórico; está en el capítulo 110 de la serie, que puede ser tomado del portal radialistas.net/11o-la-cena-de-pascua/

NADIE LAS ARREBATARÁ DE MI MANO-Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

Hay textos evangélicos de no fácil lectura. Pero si se los lee con detenimiento y sosiego, podremos sacar algo en limpio para alimentar nuestra vida cristiana.

En el breve pasaje del evangelio de Juan que hemos proclamado se dice que NADIE NOS ARREBATARÁ DE LA MANO DE JESÚS. Nosotros hemos pensado muchas veces que la fe era tener unas ideas religiosas, afirmar unos dogmas, acatar la autoridad religiosa, creer en la vida eterna y cosas similares.

Pero igual resulta que tener fe en Jesús, darle la adhesión, es algo tan antropológico como creer que nos lleva en sus manos. Ningún mandamiento ni de la ley de Dios ni de la Iglesia se formula así: “Creerás que Jesús te lleva en sus manos”. Nos parece infantil y, sin embargo, si uno llegara a tener eso por cierto, ese es persona de fe.

¿Cómo nos guarda Jesús en sus manos? A través de nuestras manos. Somos las manos de Jesús, los brazos de su Espíritu. Por eso:

  • Porque somos manos de Jesús para los demás, cuidémonos: si vamos aprendiendo que cuidar es el gran trabajo de Jesús con nosotros, seremos capaces de una creciente generosidad para cuidar a los frágiles.
  • Porque somos providencia de Dios para los demás, socorrámonos: la providencia es hacernos cargo de la situación del otro y echar una mano para que los pesos de la vida sean más livianos.
  • Porque somos caricia de Jesús para los demás, respetémonos: los abrazos que Jesús daba a niños, pecadores, amigos, son muestra de su enorme respeto. Respetémonos para que aprendamos el abrazo que Dios nos da en Jesús.

Dicen que cuando un niño pequeño coge el dedo de la mano de su madre, esta se halla ya para siempre atrapada en ese amor. Pues bien, nosotros hemos cogido la mano de Jesús o, más bien, el ha cogido la nuestra. Estamos atrapados en su amor. Nunca nos fallará. No tomemos esto como un fervorín espiritual sin contenido. La fe del corazón es de más calidad que la simple fe de la cabeza.

Muchas vidas son arrebatadas a diario en Gaza, Cisjordania, Ucrania, Yemen, Congo, etc. De alguna forma creemos que la mano de Jesús las sostiene. Y eso se puede decir con las palabras del Manifiesto contra la guerra y el rearme en Europa: “No nos resignamos a la guerra, porque no queremos la paz de los cementerios, porque la historia nos demuestra que el único camino realista para conseguir la paz no es militar, sino político”. El Jesús que nos lleva de su mano quiere que nos llevemos unos a otros con cuidado, socorro y respeto. Lo que no sea esto, nada tiene que ver con su evangelio.

 

DOMINGO 4º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 10,27-30)

Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús.

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimoento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.

No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes.  Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.

Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.

La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Pare no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de se ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí».

Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo:  si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada. 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.

Pazkoaldiko 4. igandea – C José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 10,27-30)

JESUSENGANA ITZULI – VOLVER A JESÚS

Era guztietako ikerketak eta diagnostikoak egin daitezke. Gauza segurua da munduak izerdi berria behar duela bizitzeko. Hats eta esperantza bila dabiltza Elizak. Planetako jendetza pobreak zuzentasuna eta ogia eskatzen ditu. Mendebaldeak ez daki jadanik nola irten inongo ongizatek ezkutatzea lortzen ez duen gaizki disimulatutako tristura horretatik.

Problema ez da, ez aldaketa politikoena, ez berrikuntza teologikoena bakarrik, baizik eta bizitzearena. Behar duguna, Jesusek lurrean egin zuen ibilaldi laburrean piztu zuen «suaren» antzeko zerbait da: gizakiarekiko Jesusen mistika, beraren argitasuna, beraren irrika. Behar duguna, bera bezalako pertsonak dira, berarenak bezalako hitzak, esperantza eta maitasuna. Behar duguna, Jesusengana itzultzea da.

Hasieratik ikusi zuten kristauek Jesusek gizakiak gida zitzakeela. Bere hizkuntza ezagunaz, laugarren ebanjelioak «artzain» bezala aurkeztu du Jesus: artegian hesiturik dauden ardiak, bizitza eta duintasuna dituen lurralde berri batera, «kanpora ateratzeko», gai da. Aurretik doa bera, jarraitu nahi diotenei bidea markatuz.

Jesusek ez du ezer ezartzen. Ez du inor behartzen. Bakoitzari «bere izenaz» dei egiten dio. Jesusentzat ez dago jendetza-masarik. Bakoitzak bere izen eta aurpegi propioak ditu. Bakoitzak entzun behar du Jesusen ahotsa, kanpoan den inorenarekin nahasi gabe, zeinak ez baitira «lapur» baizik, herriari argia eta esperantza kentzen dizkiotenak.

Hau da gauza erabakitzailea: kasurik ez egitea kanpokoen ahotsari, ihes egitea Galileatik ez datozen mezuei. Elizak bere burua eraberritzera jo duen guztietan, Jesusengana itzultzeko mugimendua sortu izan da, berriro beronen urratsei jarraitzen hasteko. Hainbat aldiz gogoratu izan denez, Jesusek Pedrori esandako lehen eta azken hitza izanda «jarrai iezadazu» hori (Dietrich Bonhoeffer).

Alabaina, Jesusengana itzultzeko eginkizuna ez da aita santuaren eta gotzainen egitekoa bakarrik. Fededun guztiok gara erantzule. Jesusengana itzultzeko, ez du inork inolako aginduren zain egon beharrik. Asisko Frantzisko ez zen beraren garaiko Elizak auskalo zer erabaki hartu zain egon. Bera berez itzuli zen Ebanjeliora eta berak hasi zuen Jesusengana egiaz itzultzeko abentura. Zeren zain egon behar dugu Ebanjelioarekiko eta Jesusekiko irrika geugan esnatzeko?

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

VOLVER A JESÚS

Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

José Antonio Pagola

4º Domingo de Pascua – Koinonía

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52

Sabed que nos dedicamos a los gentiles

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: «Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra.»»

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.

Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Apocalipsis 7, 9. 14b-17

El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y uno de los ancianos me dijo:

– «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo.

El que se sienta en el trono acampará entre ellos.

Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.»

Juan 10, 27-30

Yo doy la vida eterna a mis ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

Yo y el Padre somos uno.»

Comentario a los textos bíblicos: 

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poético-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

  1. a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

  1. b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

 

  1. c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 86. El guión, el audio, y un comentario bíblico-teológico puede ser encontrado y recogido en el portal radialistas.net/86-la-sangre-de-los-galileos/ También ahí puede recogerse el libro completo (en pdf) con todos los guiones y comentarios de los 144 episodios de la serie.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 95, que se titula «¿Dios hace milagros?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en radialistas.net/95-cual-religion-fundo-jesus/ Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.

 

Pazkoaldiko 3. igandea – C- José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 21,1-19)

EDOZEIN BATEK EZ DU BALIO – CUALQUIERA NO SIRVE

Aintzira-ertzean bereekin otordua egin ondoren, solasaldi bat hasi du Jesusek Pedrorekin. Arduraz landua da solasa; izan ere, kristau-elkartearentzat garrantzi handia duen zerbait gogoraztea du helburu: Jesusen jarraitzaileen artean, beronekiko maitasunez nabarmentzen dena da gai eta gauza gidari eta artzain izateko.

Ez da unerik izan zeinetan ez dion agertu Pedrok Jesusi atxikimendu osoa, beste guztiek baina sakonagoa. Alabaina, egiaren orduan bera izan da lehena berari uko egiten. Zer da, ordea, egiarik Pedroren atxikimendu horretan? Izan al daiteke Jesusen jarraitzaileen gidari eta artzain?

Bere «artaldea» gomendatu baino lehen, oinarrizko galdera egin dio Jesusek: «Maite al nauzu hauek baino gehiago?». Ez dio galdetu: «Indartsu sentitzen al zara? Ondo ezagutzen al duzu nire doktrina? Nireak gobernatzeko gai zarela uste al duzu? Ez. Jesusekiko maitasuna da gai egin duena haren jarraitzaileak animatzeko, norabidetzeko eta elikatzeko, Jesusek berak egiten zuen bezala.

Pedrok apal erantzun dio, eta bere burua beste inorekin konparatu gabe: «Zuk badakizu maite zaitudala». Baina Jesusek beste bi aldiz errepikatu dio bere galdera, kasu bakoitzean era zorrotzagoan: «Maite al nauzu? Maite al nauzu egiaz?». Haziz doa Pedroren segurtasun-eza. Kasu bakoitzean epelago ausartu da bere atxikimendua aldarrikatzen. Azkenean tristura nagusitu zaio. Ez daki jadanik zer erantzun: «Zuk dena dakizu».

Pedro maitasunaren garrantziaz jabetzen doan heinean, Jesus bere artaldea gomendatzen ari zaio, zaindu eta elikatu dezan, eta bere jarraitzaileei bizia komunikatu diezaien, txikienak eta premiatsuenak direnetatik hasita: «bildotsak».

Sarritan erlazionatzen dira hierarkak eta artzainak, soilik, aginpidez gobernatzeko duten gaitasuna kontuan harturik edota egia predikatzeko duten bermeari dagokionez. Halaz guztiz, badira Kristorekiko atxikimendu sendo, segur eta erabatekoak, baina, maitasunik gabeko izanik, inor gai egiten ez dutenak Jesusen jarraitzaileak zaindu eta gidatzeko.

Faktore gutxi dira Elizaren konbertsiorako erabakitzaileagoak hierarkak, gotzainak, apaizak eta gidari erlijiosoak Jesus maitatzera konbertitu direla ikustea baino. Gu geu gara Jesusen galdera entzun behar dugun lehenak: «Maite al nauzu hauek baino gehiago? Maite al dituzu nire bildotsak eta nire ardiak?».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Pascua – C (Juan 21,1-19)

CUALQUIERA NO SIRVE

Después de comer con los suyos a la orilla del lago, Jesús inicia una conversación con Pedro. El diálogo ha sido trabajado cuidadosamente, pues tiene como objetivo recordar algo de gran importancia para la comunidad cristiana: entre los seguidores de Jesús, solo está capacitado para ser guía y pastor quien se distingue por su amor a él.

No ha habido ocasión en que Pedro no haya manifestado su adhesión absoluta a Jesús por encima de los demás. Sin embargo, en el momento de la verdad es el primero en negarlo. ¿Qué hay de verdad en su adhesión? ¿Puede ser guía y pastor de los seguidores de Jesús?

Antes de confiarle su «rebaño», Jesús le hace la pregunta fundamental: «¿Me amas más que estos?». No le pregunta: «¿Te sientes con fuerzas? ¿Conoces bien mi doctrina? ¿Te ves capacitado para gobernar a los míos?». No. Es el amor a Jesús lo que capacita para animar, orientar y alimentar a sus seguidores, como lo hacía él.

Pedro le responde con humildad y sin compararse con nadie: «Tú sabes que te quiero». Pero Jesús le repite dos veces más su pregunta, de manera cada vez más incisiva: «¿Me amas? ¿Me quieres de verdad?». La inseguridad de Pedro va creciendo. Cada vez se atreve menos a proclamar su adhesión. Al final se llena de tristeza. Ya no sabe qué responder: «Tú lo sabes todo».

A medida que Pedro va tomando conciencia de la importancia del amor, Jesús le va confiando su rebaño para que cuide, alimente y comunique vida a sus seguidores, empezando por los más pequeños y necesitados: los «corderos».

Con frecuencia se relaciona a jerarcas y pastores solo con la capacidad de gobernar con autoridad o de predicar con garantía la verdad. Sin embargo, hay adhesiones a Cristo, firmes, seguras y absolutas, que, vacías de amor, no capacitan para cuidar y guiar a los seguidores de Jesús.

Pocos factores son más decisivos para la conversión de la Iglesia que la conversión de los jerarcas, obispos, sacerdotes y dirigentes religiosos al amor a Jesús. Somos nosotros los primeros que hemos de escuchar su pregunta: «Me amas más que estos? ¿Amas a mis corderos y a mis ovejas?».

José Antonio Pagola

 

DOMINGO III DE PASCUA (C) Fray Marcos

El relato es fantástico y simbólico. Lo importante no pasa en Jesús, sino en nosotros.

Se trata de una vivencia interior que, o se tiene, y entones no hay que explicar nada, o no se tiene y entonces no hay manera de explicarla. Esta simple constatación es la clave para afrontar los textos. No hay ni palabras para expresar la vivencia, por eso usan símbolos.

El objeto de estos textos no es explicar ni convencer, sino invitar a la misma experiencia que hizo posible la absoluta seguridad de que Jesús estaba vivo. Descubriremos la fuerza arrolladora de esa Vida y podremos intuir la profundidad del cambio operado en ellos. Las autoridades religiosas y romanas pretendieron borrarle de la memoria de los vivos.

En el relato que hoy leemos, nada es lo que parece. Todo es mucho más de lo que parece. Responde a un esquema teológico definido, que se repite en todas las apariciones. No pretenden decirnos lo qué pasó, sino transmitirnos la experiencia de una comunidad. En aquella cultura, la manera de transmitir ideas era a través de relatos elaborados ad hoc.

 

Se manifestó (ephanerôsen) significa “surgir de la oscuridad”. “Al amanecer”, cuando se está pasando de la noche al día, los discípulos pasan de una visión terrena de Jesús a través de los sentidos, a una experiencia interna que les permite descubrir en él lo que no se puede ver ni oír ni tocar. Sigue el esquema que  se da en todas las apariciones.

1º Situación dada. Habían vuelto a su tarea habitual. Lo que les va a pasar, ni lo esperan ni lo buscan. Los discípulos están juntos, forman comunidad. No se hace alusión a los doce sino los siete, signo de plenitud. Misión universal de la nueva comunidad. La noche significa la ausencia de Jesús. Sin él, la misión es estéril. Con él todo es posible.

2º Se hace presente. Toma la iniciativa, sin que ellos lo esperen. La primera luz de la mañana es señal de la presencia de Jesús. Continúa el lenguaje simbólico. Jesús es la luz que permite trabajar y dar fruto. No los acompaña; su acción se ejerce por medio de los discípulos. Cuando siguen sus instrucciones, encuen­tran pesca y le descubren a él mismo.

3º Saludo. Una conversación que pretende acentuar la cercanía. “Muchachos» (paidion) diminutivo de (pais) = niño. Es el “chiquillo de la tienda”. Al darles ese nombre, está exigiéndoles una disponibilidad total. Él tiene ya pan y pescado. Ellos tienen que seguir buscando y compartiendo el alimento. Jesús sigue en la comunidad, pero sin actuar.

4º Lo reconocen. Solo uno lo descubre, el que está más identificado con Jesús. Reconoce al Señor en la abundancia de peces, es decir, en el fruto de la misión. Solo el que tiene experiencia del amor, sabe leer las señales. El éxito, es señal de la presencia del Señor. El fracaso delataba la ausencia del mismo. Juan Comunica su intuición a Pedro.

No ven primero a Jesús, sino fuego y la comida, las expresiones de su amor a ellos. El alimento que les da se distingue del que ellos logran por su indicación. Hay dos alimentos: uno es don gratuito aportado por Jesús, otro lo deben conseguir con el esfuerzo.

5º La misión. Hoy se personaliza en Pedro. Con su pregunta, Jesús enfrenta a Pedro con su actitud. Solo él lo había negado, solo él tenía que rectificar. Jesús usa el verbo “agapaô” = amar, unidad. Pedro contesta con “phileô” =querer, amistad. Al preguntarle por 3ª vez, pone en relación este episodio con las tres negaciones. Espera una rectificación total.

3º Domingo de Pascua-Koinonía

Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. la diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Apocalipsis 5, 11-14

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»

Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos-, que decían: «Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.»

Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.»

Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

Juan 21, 1-19

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»

Ellos contestaron: «No.»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En el pasaje de Hechos, los apóstoles son llamados a rendir cuentas ante el Sanedrín o Tribunal Supremo de los judíos. Hay que caer en la cuenta de lo que significaba la fe en la resurrección de Jesús en aquel contexto cultural-religioso en que se escribe los Hechos de los Apóstoles, esto es, el testimonio de que él continúa vivo y actuando no ya físicamente, sino a través de la comunidad que ha asumido con el coraje y la valentía de su Maestro el proyecto del Reino. La Resurrección carece de pruebas históricas, y el creyente no las necesita. La prueba más segura y contundente nos la da, precisamente, la comunidad misma de creyentes que se fue formando alrededor de la fe en la Resurrección y que da testimonio de ella a través de una experiencia vital que ha evolucionado desde una total ignorancia e incapacidad para comprender a Jesús, hasta un cambio tan radical que ya nadie teme dar testimonio de que Jesús está vivo y que su proyecto sigue adelante. Con una valentía increíble, aquellos que habían huido abandonando al Maestro en su prendimiento, recalcan ahora que seguirán predicando porque “hay que obedecer a Dios antes que a los humanos”. Esta situación se repetirá innumerables veces en la historia de la Iglesia, cuando la autenticidad del mensaje entre en conflicto con los intereses que se le oponen.

En el evangelio Jesús se presenta a los apóstoles junto al lago Tiberíades, en medio de la vida ordinaria a la que ellos estaban acostumbrados. Habían dejado de ser los pescadores de personas a que los había llamado Jesús, y tras el supuesto fracaso del Maestro habían vuelto a su oficio de siempre. Allí se les presenta Jesús y aprovecha lo que les es familiar. Y allí Dios les manifiesta su poder y su gloria, a través del símbolo de la pesca y de la comida.

El Resucitado los invita a tirar la red, que recogerá una pesca «milagrosa»; una red que es símbolo de la Iglesia y de la pesca multitudinaria que harían los seguidores de Jesús después de este encuentro, cuando vuelvan a tomar el rumbo que habían perdido.

El discípulo a quien el Señor más amaba le reconoce en el milagro de la abundancia de peces, y Pedro se siente nada delante de aquel que le encomendó una tarea especifica que dejó de cumplir.

El capítulo 21 del cuarto evangelio fue agregado posteriormente. Es claro que Jn 20,30-31 era la conclusión original. Y es interesante que el capítulo 21 esté centrado en la figura de Pedro. En todo el evangelio los grandes protagonistas habían sido “el discípulo amado”, los discípulos en general y especialmente las discípulas, y entre ellas la madre de Jesús y María Magdalena. La figura de Pedro tiene relieve secundario; más aun, aparece siempre contrapuesta y subordinada a la del “discípulo amado”. Para Juan lo más importante es ser discípulo/discípula. Ahora, en el capítulo 21, se afirma a Pedro como pastor a partir de la inquietante pregunta triple de Jesús resucitado: “Simón, ¿me amas?… Apacienta mis ovejas”. Pedro es reconocido como pastor porque ahora cumple la condición de buen discípulo. Durante la Pasión negó tres veces ser discípulo de Jesús. Ahora el Señor le pide una triple confesión de su sincero amor como discípulo.

Antes que jerárquica, la Iglesia es una comunidad de discípulos. En la tradición de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) es una iglesia fundada y dirigida por los 12 apóstoles, llamados también comúnmente los 12 discípulos. El capítulo 21 de Juan expresa la armonización de las dos tradiciones: Pedro es reconocido como pastor, pero bajo la condición de que acepte su definición fundamental como discípulo. Una vez reconocido como pastor, Jesús le anuncia la clase de muerte con la que glorificaría a Dios: su crucifixión en Roma. Después el Señor le reiterará su consigna favorita: “sígueme”, es decir, lo urge formalmente a ser su discípulo.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 129. El guión, el audio, y un comentario bíblico-teológico puede ser encontrado y recogido en el portal: https://radialistas.net/129-ciento-cincuenta-y-tres-peces-grandes/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 31, que se titula «¿Dios hace milagros?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en https://radialistas.net/31-dios-hace-milagros/ Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan también a un debate-catequesis.

 

DOMINGO 2º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 20,19-31)

 A Jesús lo descubrieron dentro de ellos, porque empezaron a vivir lo que él vivió.

Lo que los textos quieren expresar con la palabra resurrección, es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es algo mucho más profundo que la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que va más allá de la vida biológica, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido. El relato fue la manera de trasmitir a los demás la vivencia pascual. Lo que quieren comunicar a otros es la experiencia de que seguía vivo porque ellos vivían lo que él vivió.

La cristología de resurrección no fue ni la única ni siquiera la primera forma de expresar la experiencia que de Jesús vivo tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron antes o al mismo tiempo que hablar de la resurrec­ción de Jesús. La primera fue Jesús juez escatoló­gico que vendría a juzgar a todos.

Otra cristología es la de Jesús taumaturgo, que manifestaba con su poder la fuerza de Dios. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la compren­sión de Jesús. Esta cristolo­gía es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que tenía.

Una tercera cristología, que tampoco se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro, que, conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría.

Ninguna de ellas hace referencia a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada como exaltación y glorificación del humillado, tomando como modelo el AT. Estas maneras de explicar su experiencia, fueros concentrándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para comunicar la vivencia pascual.

Ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe. Estos relatos se habrían elaborado poco a poco como un intento de comunicar con imágenes muy vivas y que entraran por los ojos la experiencia pascual. Esa vivencia Fue fruto de un proceso interior en el que tuvo mucho que ver la comunidad reunida, como expresan los relatos.

En Jesús, al morir,  no pasó nada, pero en los discípulos se dio una transformación que les hizo cambiar la manera de entender a Jesús. Ese proceso de “iluminación” de los primeros discípulos se ha perdido. No solo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque es ese mismo proceso el que tiene que realizarse en cada uno de nosotros.

La resurrección quiere expresar la idea de que su meta fue la Vida no la muerte. La misma Vida de Dios: Esto no supone la anulación de la “persona”, sino su máxima potenciación. Los relatos responden a un esquema judío que nos dan la clave de interpretación:

No dan ese paso alegremente, sino con dudas. Hoy la incredulidad se personaliza en Tomás. Tomás no era más incrédulo que los demás, insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptara la nueva realidad que les desborda.

En todas las apariciones se repite un esquema muy concreto. Todo apunta a que la experiencia no es buscada, sino que se impone. a) Una situación de la vida real. b) Jesús se presenta sin esperarlo. c) Jesús les saluda. d) Hay reconocimiento e) Reciben una misión.

Pazkoaldiko 2. igandea – C José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 20,19-3)

ATEAK IREKI – ABRIR LAS PUERTAS

Joanen ebanjelioak marra ilunez deskribatzen du kristau-elkartearen egoera, beronen baitan Kristo berpiztua falta denean. Kristoren presentzia bizirik gabe, Eliza gizon-emakumeen talde bihurtu da: «etxe batean ateak itxirik bizi dena, juduen beldurrez».

«Ateak itxirik» direla, ezin entzun da kanpoan gertatzen dena. Ezin atzeman da Espirituak munduan ari duen egintza. Ez da sortzen inorekin topaketarik eta elkarrizketarako eremurik. Itzali egiten da gizakiarekiko konfiantza eta ugaldu errezeloak eta aurreiritziak. Baina elkarrizketarako gai ez den Eliza tragedia bat da; izan ere, Jesusen jarraitzaileok deituak gara Jainkoak gizakiarekin betidanik ari duen elkarrizketa eguneratzera.

«Beldurrak» gerarazi dezake ebanjelizazioa eta blokeatu gure energiarik hobenak. Beldurrak uko egitera eraman gaitzake eta gaitzestera. Beldurrez bizi garela, ezin maitatu dugu mundua. Baina, maite ez badugu, ez diogu begiratzen Jainkoak begiratzen dion bezala. Eta, Jainkoaren begiez begiratzen ez badiogu, nola hots egingo dugu Berri Ona?

Ateak itxirik bizi bagara, nork utziko du artegia, galdu den ardiaren bila joateko? Nor ausartuko da lepradun zokoratu bat ukitzen? Nor jarriko da mahaian bekatariekin edo prostituituekin batera? Nor hurbilduko da erlijioak ahaztuak dituenengana? Jesusen Jainkoaren bila ibili nahi dutenek ateak itxirik aurkituko gaituzte.

Gure lehen egitekoa Berpiztuari sartzen uztea da, beldurrez eraikitzen ditugun hainbat mugatan barna. Gure elizetako, taldeetako eta elkarteetako erdigunea bete dezala Jesusek. Bera bakarrik izan dadila gure biziaren, pozaren eta bakearen erdigune. Ez dezala hartu inork haren lekua. Ez dezala inork bere egin haren mezua. Ez dezala ezarri inork harena ez bezalako estilorik.

Jadanik ez dugu Elizan geure esku garai bateko botererik. Sakon sentitzen ditugu geure inguruan areriotasuna eta ukapena. Ahul gara. Inoiz baino behar handiagoa dugu Berpiztuaren hatsari garen guztia irekitzea, Espiritu Santuari harrera egiteko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Pascua – C (Juan 20,19-32)

ABRIR LAS PUERTAS

El evangelio de Juan describe con trazos oscuros la situación de la comunidad cristiana cuando en su centro falta Cristo resucitado. Sin su presencia viva, la Iglesia se convierte en un grupo de hombres y mujeres que viven «en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos».

Con las «puertas cerradas» no se puede escuchar lo que sucede fuera. No es posible captar la acción del Espíritu en el mundo. No se abren espacios de encuentro y diálogo con nadie. Se apaga la confianza en el ser humano y crecen los recelos y prejuicios. Pero una Iglesia sin capacidad de dialogar es una tragedia, pues los seguidores de Jesús estamos llamados a actualizar hoy el eterno diálogo de Dios con el ser humano.

El «miedo» puede paralizar la evangelización y bloquear nuestras mejores energías. El miedo nos lleva a rechazar y condenar. Con miedo no es posible amar al mundo. Pero, si no lo amamos, no lo estamos mirando como lo mira Dios. Y, si no lo miramos con los ojos de Dios, ¿cómo comunicaremos su Buena Noticia?

Si vivimos con las puertas cerradas, ¿quién dejará el redil para buscar las ovejas perdidas? ¿Quién se atreverá a tocar a algún leproso excluido? ¿Quién se sentará a la mesa con pecadores o prostitutas? ¿Quién se acercará a los olvidados por la religión? Los que quieran buscar al Dios de Jesús nos encontrarán con las puertas cerradas.

Nuestra primera tarea es dejar entrar al Resucitado a través de tantas barreras que levantamos para defendernos del miedo. Que Jesús ocupe el centro de nuestras iglesias, grupos y comunidades. Que solo él sea fuente de vida, de alegría y de paz. Que nadie ocupe su lugar. Que nadie se apropie de su mensaje. Que nadie imponga un estilo diferente al suyo.

Ya no tenemos el poder de otros tiempos. Sentimos la hostilidad y el rechazo en nuestro entorno. Somos frágiles. Necesitamos más que nunca abrirnos al aliento del Resucitado para acoger su Espíritu Santo.

José Antonio Pagola