Domingo 5 de julio – XIV del ordinario

Lecturas
Ez 2, 2-5  
Sal 122, 1-4  
2Cor 12, 7b-10  
Mc 6, 1-6
 

REFLEXIONES PRIMERAS

                El texto del evangelio de hoy recoge al completo la “familia” de Jesús. Recordemos, de entrada, que familia hoy y entonces a penas coinciden en su extensión, sus componentes y la forma de relación entre ellos. Contando con eso, los famosos “hermanos” de Jesús. La mayoría de exegetas coinciden en afirmar que estos son los nombres de quienes entonces, y ahora, han de ser considerados hermanos auténticos de Jesús. Pero otros, también hoy, mantienen la diferencia entre “la madre de Jesús” y “los hermanos de Jesús”. Señalan que este texto mismo busca con sutil precisión marcar esa diferencia entre madre de Jesús y madre de los otros hermanos. Un tema de estudiosos que quizá nunca se acabe de precisar o aclarar para todos. Habrá que huir, en primer lugar, de aplicar a estas afirmaciones los esquemas de progresistas y conservadores. A estas alturas, nadie olvida la afirmación plenamente científica de que la mente del investigador y la meta que él mismo sospecha encontrará condicionan la investigación y los resultados, investiguen partículas subatómicas o cómo entender “hermanos” de Jesús. En segundo lugar, prestar mayor atención, no minusvalorar, los problemas que genera una forma de proponer la fe, unida a detalles mínimos de las narraciones. Hoy llamaríamos a ese conjunto el “imaginario” cristiano. Cuando Juan Pablo II afirmó lo de que el infierno no es ningún lugar, la reacción de muchos fue la de “si esto no era así, ¿por qué no han de ser falsas también otras cosas que nos enseñan?” El problema principal y enorme es cómo transmitir un núcleo cristiano de suficiente solidez, que no dependa de aspectos concretos que se han ido enseñando como de la fe sin ser de ella. La investigación, su progreso, llevan a descubrir como falsos detalles o partes de los relatos evangélicos. Es  importantísimo que, cuando esto suceda, no se venga abajo lo fundamental de esa misma fe.  (Y asoma las orejas por aquí el tema difícil de verdad y error en el asentimiento humano) ¿Cómo hacer saber que Jesús no nació en Belén, que no hubo magos o inocentes, que no “dijo” los largos discursos del evangelio de Juan, que las palabras en la cruz ni son textuales, ni quizá palabras, sin que todo eso arrastre la fe misma? ¿Es posible desmontar con cuidado un ensamblaje, en el que todo se ha transmitido como de la misma categoría, retirando piezas falsas, sin que pierda sentido y coherencia el conjunto, aún más, lo aumente y consolide? Era mucho más fácil de la otra manera, pero pagamos ahora las consecuencias. Es muy difícil transmitir sin detalles coloristas que le prestan realismo. Todo esto, a propósito de si tenía Jesús hermanos y eran los nombrados hoy por el evangelio.

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Domingo 28 de junio – XIII del Tiempo Ordinario

Lecturas
Sap 1, 13-15. 2, 23-24  
Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-13  
2Cor 8, 7. 9. 13-15   Mc 5, 21-43
 

IDEAS PRIMERAS

                De nuevo, el tema de la sabiduría. No valoramos hoy, en general, a una persona sabia. Dicen que los pueblos antiguos sí y que se la vinculaba con la experiencia de la vida y la reflexión y  conclusiones sobre ella. El mayor acopio de las dos últimas, depende del paso de los años, que, en principio, le dan garantía. La sabiduría nos descubre las claves de interpretación del conjunto de la vida y de la muerte, ese punto de mira que nos hace comprenderlo todo y descubrir su coherencia final. Por eso la sabiduría exige colocarnos ante la vida y platicar con gusto y profundidad sobre ella. Dos cosas habituales en nuestro mundo nos la hacen casi imposible y, desde luego, poco interesante. Por un lado, las prisas, la urgencia y celeridad de cuanto vivimos y  emprendemos. Si algo nos urge, es claro que ya hemos descubierto la meta del vivir y morir y a ello nos dirigimos. Pudiera ser que no tengamos meta, pero convertimos el correr en todas direcciones como meta misma de la vida. Hay que correr mucho aunque no lleguemos a nada. “Hay que hacer algo”, aunque esté demostrada desde hace mucho la inutilidad de la propuesta. Hacer, y luego ya pensaremos. Con semejantes prisas, difícil y hermética cualquier sabiduría. Ni los sucesos pasarán a experiencias, ni la celeridad permitirá que nada nos asombre o interpele. Con las prisas, y el prestigio actual de todo lo que sea hacer, el menosprecio del pensar resulta inevitable. Abrumados, asfixiados, entre noticias y desgracias inasimilables por nuestra limitación, todo queda en la banalidad. Si algo repara nuestra atención, llega rápido algo que de manera inmediata nos reclama con fuerza y nos impide el reposo mínimo para asimilar lo anterior. Dificilísimo, si no imposible, construir así una sabiduría actual y eficiente. Corriendo, imposible salvarnos de la banalidad y, tan banales, qué otra cosa queda que seguir corriendo.

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Domingo 21 de junio – XII del ordinario

Lecturas
Jb 38, 1. 8-11  
Sal 106 23-26. 28-31  
2Cor 5, 14-17  
Mc 4, 35-40
                

IDEAS SUELTAS

         Estamos en el llamado tiempo ordinario. Tras el tiempo pascual ha habido dos domingos dedicados a sendas fiestas, que les han privado de ser plenamente ‘ordinarios’. Hoy, sí. Surge, como siempre, la cuestión de cómo unir ordinario y extraordinario, pero esto es así en todos los ámbitos de la vida: en la salud, en el amor, en la política, en el desarrollo personal. Cualquier momento se nos convierte en extraordinario en medio de la rutina de los días con una mirada, una emoción, una desgracia, una lotería. Nada más extra-ordinario -fuera de todo lo normal y ordinario-, que la resurrección y vida perpetua del Señor. Pero nada más “ordinario” que vivir o estar vivo (aunque quizá sea la mayor y más olvidada sorpresa) y, en el vivir, recordar y tener presente lo “extraordinario” de la resurrección. Hacer de ese recuerdo el centro y el motor de la vida es lo no-ordinario de una vida que fluye sin alicientes extraordinarios. El secreto también de los “días del Señor” en tiempo ordinario. Bien, es el domingo XII del tiempo ordinario.

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Domingo 14 de junio – Cuerpo y Sangre de Cristo

Lecturas
Ex 24, 3-8  
Sal 115, 12-13. 15-18  
Hb 9. 11-15  
Mc 14, 12-16. 22-26
 

PRIMERAS IDEAS

                Otro domingo con fiesta especial, la del cuerpo y la sangre de Cristo. De origen medieval marca el inicio de la transformación de la eucaristía en objeto sagrado más que en “acción litúrgica”. Recordar también como algo más que una curiosidad otro cambio muy anterior: de llamar “cuerpo místico de Cristo” a la Eucaristía se denomina así a la congregación de la Iglesia, y de “cuerpo de Cristo” a la comunidad se desplaza a la eucaristía.

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Domingo 7 de junio – Santí­sima Trinidad

DOMINGO DE LA MUY SANTA TRINIDAD
Lecturas
Dt 4, 32-34. 39-40  
Sal 32, 4-6. 9. 18-19. 20-22  
Rom 8, 14-17   Mt 28, 16-20
 

PRIMERAS IDEAS

                Siempre Dios. No hablamos de otra cosa. Creo que, hablemos de lo que hablemos, siempre hablamos de Dios. Un texto del Eclesiástico nos dice: “Dios lo es todo” (Si 43, 27). Hablamos de la vida y sus cosas más nimias, o de si es amenaza tan sólo o promesa. De la muerte y del fracaso, de la soledad y la ausencia, de la compañía y el gozo, de la felicidad, la alegría, la plenitud. Para mí que todo eso encierra un último fondo de Dios y, si hablamos de Dios, hemos de poder nombrarlo en todo eso. Hoy -quizá nunca- no vale o no ha valido hablar de Dios en los términos del prefacio de esta fiesta. O llevamos a Dios absolutamente a todos nuestros ámbitos de experiencia, sin exceptuar ninguno por sucio o despreciable, o no estamos hablando de ningún Dios verdadero. Si estorba o no tiene sitio en algún lugar innombrable, no es Dios.

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ESPIRITUARI DEI EGINEZ

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Zatoz, Espiritu Santua. Esnatu gure fede ahul, arin eta dardarati hau. Egizu, konfiantza ezar dezagun Jainko gure Aita maitasun hondorik gabean, bere seme-alaba guztientzat, Elizaren baitako nahiz kanpoko, duen maitasunean. Izan ere, fede hori itzaliko balitz, laster itoko litzateke gure elkarteetan, elizetan ere.

Zatoz, Espiritu Santua. Egizu Jesus izan dadin zeure Elizaren erdigune. Ez dezala ezerk, ez inork, Jesus ordezkatu, ez lausotu. Ez zaitezela bizi gure artean gu haren Ebanjeliora erakarri gabe, guri haren ondoren bihozberritzera eragin gabe. Ez dezagula jo haren Hitzari ihes egitera, ez gaitezela desbideratu haren maitasun-agindutik. Ez dadila gal munduan haren oroitzapena.

Zatoz, Espiritu Santua. Ireki gure belarriak zure deia entzuteko, gaur egun egungo gizon-emakumeen galderetatik, sufrimenduetatik, gatazketatik eta kontraesanetatik iristen zaigun deia entzuteko. Egizu, bizi gaitezela zure ahalari irekirik, gizarte berri honek behar duen fede berria sorrarazteko. Zure Elizan, bizi gaitezela jaiotzen denari adiago, hiltzen denari baino; izan dezagula esperantza bihotzaren sostengu, eta ez haren hondatzaile den nostalgia.

Zatoz, Espiritu Santua. Garbi egizu zeure Elizaren bihotza. Ezarri egia gure artean. Erakutsi guztioi geure bekatuak eta mugak aitortzen. Gogorarazi guri beste guztiak bezalako garela: hauskor, erdipurdiko, bekatari. Libra gaitzazu geure harrokeriatik eta sasi-segurtasunetik. Egizu, ibil gaitezela gizartean egia eta apaltasun handiagoz.

Zatoz, Espiritu Santua. Erakutsi guri beste modu batean ikusten bizitza, mundua eta, nagusiki, jendea. Ikas dezagula begiratzen, Jesusek egiten zuen moduan, sufritzen ari direnei, negar dagitenei, erortzen direnei, bakarrik eta bazter utzirik bizi direnei. Gure begiratua kanbiatuko balitz, kanbiatuko lirateke zure Elizaren bihotza eta begitartea ere. Jesusen ikasleok bizikiago distiraraziko genuke haren hurbiltasuna, hark zuen ulertzeko era eta solidaritatea, premiarik handienekoen aurrean. Geure Maisu eta Jaunaren antzekoago izango ginateke.

Zatoz, Espiritu Santua. Egin gaitzazu ateak irekirik dituen Eliza, bihotz errukitsua eta esperantza kutsakorra dituen Eliza. Ez gaitzala ezerk, ez inork, oharkabetu edo desbideratu Jesusen egitasmotik: mundua zuzenago eta duinago, maitagarriago eta zoriontsuago egiten saiatzetik, Jainkoaren erreinurako bidea urratuz.

Domingo 31 de mayo – Pentecostés

Lecturas
Hch 2, 1-11  
Sal 103, 1 y 24; 29-31 y 34  
Gal 5, 16-25  
Jn 15, 26-27; 16, 12-15
 

PRIMERAS IDEAS

                La culminación del tiempo pascual es esta plenitud de Pentecostés. Es meta de este tiempo que hoy concluye, y motor que lo arrastra a esta finalización. Todos los signos que hayamos empleado para dar fuerza a este tiempo se han de mantener hoy y han de desaparecer para el próximo domingo. Podría hacerse visible todo esto, apagando el cirio pascual al final de las celebraciones del día y un breve canto pascual que haya caracterizado el tiempo de este año.

                Suele hablarse de la Pascua de Pentecostés. Quizá Pascua hay sólo una, la de Cristo salvado de la muerte y de la vida vieja, e instaurado Señor y fuente de la vida nueva. Cierra el tiempo de los ciclos y los astros e inaugura los tiempos últimos en los que el dominio es del Señor que es Espíritu (2Cor 3, 18).

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Domingo 24 de mayo – Ascensión del Señor

Lecturas
Hch 1, 1-11  
Sal 46, 2-3. 6-7. 8-9  
Ef 4, 1-13  
Mc 16, 15-20
 

PRIMERAS IDEAS

                Hasta la reforma litúrgica, se celebraba la ascensión en uno de los tres famosos jueves “que relucían más que el sol”. Se cumplía literalmente la distribución temporal de las Escrituras, pero se fragmentaba el misterio central de la fe que es una resurrección que puede llamarse igualmente ascensión del Señor o distribución universal del Espíritu. Tres formas de designar lo mismo: la vida nueva instaurada en Cristo y en nosotros por la acción salvadora de Dios sobre el muerto Jesús de Nazaret. La distribución tradicional de 40 días para la ascensión y 50 para Pentecostés es de Lc (1ª lec) que enlaza las dos partes de su obra con esta narración. Lc utiliza en su obra los antecedentes de Elías y Eliseo para describir al Profeta de Nazaret. La narración de la Ascensión está construida sobre la despedida de Elías, que deja su manto a Eliseo (2Re 2).

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KONFIANTZA ETA ERANTZUKIZUNA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Markosen jatorrizko ebanjelioari halako batean eranskin bat gehitu zioten, Jesusen azken agindu hau jasotzen duena: «Zoazte mundu osora eta hots egin ebanjelioa kreazio guztiari». Ebanjelioa ezin gelditu da ikasleen talde koxkorrera mugaturik. Irten beharra du eta lekualdatu beharra, «mundu osora» iritsi eta Berri Ona jende guztiari aldarrikatzeko, «kreazio guztiari».

Inondik ere, hitz hauek gogotsu entzun zituzten orduan, lehen kristauak bete-betean zabaltzen eta haien elkarteak Inperio osoan biderkatzen ari ziren hartan. Baina nola entzun guk gaur egun hitz horiek, geure eliztarrei, gure erlijioaren beharrik sentitzen ez dutelarik, eutsi ezinik gabiltzan honetan?

Lehenengo gauza, Jainkoaren egintzan konfiantza osoa izatea da. Jesusek berak esana dugu hori. Jainkoa maitasun muga gabeaz ari da bere seme-alaba guztien bihotzean, guk «galdutako arditzat» emanak ditugun arren. Jainkoa ezin blokeatu du inongo krisialdik.

Ez dago gure zain; ez dago guk Elizatik geure berregite-egitasmoak edo berrikuntza-asmoak noiz abian jarriko zain. Etenik gabe dihardu hark Elizan eta Elizaz kanpo. Jainkoak ez du inor bazter utzi nahi, ezta Jesusen ebanjelioaz hitz egiten entzun ez duenik ere.

Halere, horrek guztiak ez digu kentzen geure erantzukizuna. Geure galderak egiten hasi beharra dugu. Zein bidetan dabil Jainkoa kultura modernoko gizon-emakumeen bila? Nola nahi die begi aurrean jarri Jesusen Berri Ona gure egun hauetako gizon-emakumeei?

Are galdera gehiago egin beharra dugu: Zer dei ari zaigu egiten Jainkoa kristau-fedea pentsatzeko, adierazteko, ospatzeko eta haragitzeko dugun molde tradizionala eraldatzeari dagokionez, kultura modernoaren baitan Jainkoaren egintzari lur ona prestatu ahal izateko? Ez ote dugu bizi arrisku hau: geure zurruntasunaz eta mugigaiztasunaz, galga eta oztopo gertatzekoa Ebanjelioa gaur egungo gizartean haragitu dadin?

Inork ez daki nolakoa izango de kristau-fedea harrotzen ari den mundu berrian; edonola ere, nekez izango da iraganekoaren «klonazioa». Ebanjelioak badu barne-izerdi indar-emaile bat kristautasun berri bat abian jartzeko.

Domingo 17 de mayo – VI de Pascua

Lecturas
Hch 10, 25-26. 34-35. 44-48  
Sal 97, 1-4  
1Jn 4, 7-10  
Jn 15, 9-17
 

PRIMERAS IDEAS

                 No olvidemos mantener el ambiente festivo y alegre de la Pascua en medio de todas las crisis.

                El Ev concluye que todo lo que pidamos al Padre en nombre de Jesús nos lo dará. Textos similares en rotundidad y sin la precisión de hacerlo en nombre de Jesús encontramos en los sinópticos. La experiencia cristiana nos da a todos que ésto no es así, salvo que añadamos tantas condiciones que invaliden la afirmación primera. En el texto de Lc ya encontramos una matización importante y definitiva. El Padre del cielo, ¿cómo no dará el Espíritu Santo a quien se lo pide? Pero el texto anterior cita sin más “pedid y se os dará”, “qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez etc” (Lc 11, 9-13). Por tanto, la garantía en la oración cristiana es el Espíritu Santo, ese que sopla donde quiere y oyes su ruido, pero desconoces de dónde viene ni a dónde va. Sabemos todos las críticas, tan motivadas, al Dios tapa-agujeros. Que Dios no es algo a nuestro servicio y libre disposición. Que Jesús oró con gritos y lágrimas al que podía librarlo de la muerte, que fue escuchado (Hb 5, 7), y que tuvo que morir bajo Poncio Pilato. Que en la shoah, ¡cuantísimo se rezó!

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