XIV. DOMINGO T.O., Mc. 6, 1-6, 8 de Julio de 2012

EL MIEDO A CAMBIAR ARRUINA CUALQUIER «BUENA NOTICIA»

Fray Marcos

FE ADULTA

CONTEXTO

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que Dios espera de ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida.

Viniendo al evangelio, con este texto concluye Marcos una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo (la mayoría) de las tesis de los dirigentes, nos vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando, pero al pueblo (los menos) oprimido, que quiere liberarse. Jesús se convence de que no hay nada que hacer con la institución, y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Juan y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Marcos no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su «pueblo». Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían corrido, jugado y trabajado con él, sabían perfectamente quién era. Lo encuadraban en una familia (requisito indispensable en aquella época para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario. ¿De dónde saca todo eso?

EXPLICACIÓN

Jesús vuelve a su pueblo (el texto griego y la Vulgata dicen «patria»). Ni nombra al pueblo ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores fijos. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto del sábado. Es Jesús el que, por su cuenta y riesgo, se pone a enseñarles sin que se lo pidan.

Marcos ya había advertido de la relación de Jesús con sus parientes. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. Quedan impresionados, como ya sucediera en la sinagoga de Cafarnaúm.

El texto griego no dice: «desconfiaban de él», sino «se escandalizaban» (exkandalizonto), que indica una postura mucho más radical. No se dignan pronunciar su nombre, se refieren a él despectivamente con el pronombre «ese». Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona.

Es curioso que Mateo corrige el texto de Marcos y dice: «hijo del carpintero». Pero Lucas va más lejos y dice: «el hijo de José». Estos evangelistas, que copian de Marcos, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Marcos, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación…

Fijémonos bien. Ese conocimiento, yo diría excesivo, de Jesús, es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro.

Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba demasiado segura de sí misma como para admitir novedades. Ya se encargaban los jefes religiosos de adoctrinar al pueblo para que no admitiera nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Precisamente por eso, la sabiduría que manifiesta tiene que venir de Dios (profeta) o del diablo (magia). Al hacer Jesús alusión al rechazo del «profeta», está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo.

La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.

Nos queda por aclarar un apunte muy interesante en el relato. Su desconfianza impide que Jesús pueda hacer allí milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: «tu fe te ha curado»; y a Jairo: «basta que tengas fe». La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un milagro.

¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el «hacer» como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad disponible en cualquier momento, ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

APLICACIÓN

El relato de hoy nos está hablando de la humanidad plena de Jesús. Nos está confirmando que es uno de tantos, sin privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta envidado de Dios.

También para nosotros sigue siendo difícil descubrir a Dios en aquel, que simplemente se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: «No nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?» Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si a alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe.

Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.

El profeta no es el que adivina el porvenir, sino el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras.

El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección total a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista (hoy diríamos un indignado). Lo más «antiprofético» y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

A pesar del rechazo de «muchos» queda siempre la esperanza de que «pocos» sigan abiertos a la enseñanza y a la acción de Jesús. El gran espejismo en que hemos caído en el pasado, fue pensar que «todos» tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta nuestra historia reciente, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por «decreto». La opción por el evangelio seguirá siendo cuestión de minorías.

Meditación-contemplación

 

El conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.

Todo lo aprendido sobre él, se convierte en prejuicio,

que nos impide abrirnos a su significado profundo.

Lo que es y significa Jesús, no se puede meter en doctrinas.

……………

También las «ideas» que tenemos sobre Dios,

impiden la apertura a lo que Él es en realidad.

Toda idea sobre Dios es un ídolo, que nos impide acercarnos a Él.

Si quieres conocer a Dios, abandona toda «idea» sobre Él.

……………

A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.

Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.

El conocimiento de Dios me ha venido de fuera.

La experiencia de Dios me llegará de dentro.

…………………

URTEAN ZEHAR XIV. IGANDEA, Mc. 6, 1 – 6, 2012ko uztailaren 8a

BEREEN ARTEAN UKATUA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus ez da Tenpluko apaiz bat, erlijioa zaintzera eta sustatzera emana. Ez du hartzen inork Lege-maisutzat ere, Moisesen Tora defenditzera emana. Galileako landa-jendeak, haren keinu sendatzaileetan eta haren suzko hitzetan, Jainkoaren Espirituak eragina den profeta baten jarduera ikusten du.

Jesusek badaki bizitza zaila eta gatazkatsua izango duela. Erlijio-buruzagiek aurre egin diote. Profeta ororen zoria da. Ez du barruntatzen artean, hain xuxen bereek egingo diotela uko, haurtzarotik hobekien ezagutzen dutenek.

Nazareteko herrian Jesusi egin zioten ukoa oso komentatua izan zen lehen kristauen artean. Hiru ebanjelarik xeheki jaso dute pasadizoa. Markosen arabera, ikasle-talde bat lagun duela iritsi da Jesus Nazaretera, eta profeta sendatzaile baten fama duela. Jesusen auzotarrek ez dakite zer pentsa.

Larunbata iristean, herriko sinagoga txikira doa Jesus. Eta «irakasten hasi da». Auzokoek eta familiartekoek doi-doi entzuten diote. Galdera-mota asko sortu zaizkie. Haurtzarotik dute ezaguna Jesus: auzotar bat gehiago da. Non ikasi du mezu harrigarri hori Jainkoaren erreinuaz? Nondik datorkio sendatzeko ahalmen hori? Markosek dio ezen dena «eskandalagarri gertatzen zitzaiela». Zergatik?

Landa-jende hark uste du dena dakiela Jesusez. Haurtzarotik moldatu dute hartaz beren ideia. Beren aurrean agertu zaien bezala onartu ordez, hartaz duten irudiak blokeatu egin ditu. Irudi horrek eragotzi egin die Jesusen baitan den misterioari bihotza irekitzea. Gogor egin diote harengan Jainkoaren hurbiltasun salbatzailea aurkitzeari.

Bada besterik ere. Profetatzat onartzeak Jainkoaren izenean agertu dien mezua entzuteko prest egotea eskatuko lieke. Eta horrek arazoak ekartzen ahal lizkieke. Beren sinagoga dute, beren liburu sakratuak eta beren tradizioak. Bakean bizi dute beren erlijioa. Jesusen presentzia profetikoak herrixkako bakea hausten ahal du.

Kristauek irudi aski desberdinak ditugu Jesusez. Denak ez datoz bat hurbiletik ezagutu eta jarraitu ziotenen irudiarekin. Nork bere irudia dugu Jesusez. Irudi honek baldintzatzen du fedea bizitzeko era. Jesusez dugun irudia pobrea, erdizkakoa edo desitxuratua bada, pobrea, erdizkakoa edo desitxuratua izango da gure fedea.

Zergatik saiatzen gara hain gutxi Jesus ezagutzen? Zergatik eskandalizatzen gaitu haren giza ezaugarriak gogoratzeak? Zergatik egiten diogu gogor Jainkoa Profeta batengan haragitu dela aitortzeari? Haren bizitza profetikoak haren Eliza sakon eraldatzera behartuko gintuzkeela barruntatzen dugulako ote?

14 Tiempo ordinario (B) Marcos 6, 1-6

RECHAZADO ENTRE LOS SUYOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,04/07/08.- Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

El rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de un grupo de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y “empieza a enseñar”. Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que todo “les resultaba escandaloso”. ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niños. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos, quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con las que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús? ¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos? ¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un Profeta? ¿Tal vez intuimos que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente su Iglesia?

 

XIII DOMINGO T.O., 1 de Julio de 2012, Mc. 5, 21-43

¿QUÉ SALVACIÓN BUSCAMOS EN JESÚS?

Fray Marcos

FE ADULTA

Del final del capítulo 4 de Marcos, pasamos al final del cap. 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdo, que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca.

Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del «poder» de Jesús sobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación de «poder» sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: «Poder» sobre la enfermedad (la hemorroísa); Y «poder» sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.

En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.

Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús.

La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy.

Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. Es muy interesante constatar que en los dos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de puesta en marcha de la curación-salvación.

Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice:

«La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o tenga hemorragias; todo lo que ella toque quedará impuro, así como también quien entre en contacto con ella».

Es muy difícil hacernos una idea de cómo quedaban limitadas las posibilida¬des de relaciones sociales y religiosas con esta ley. La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera¬ción de impura.

La hemorroísa tenía prohibido, por imperativo social y religioso, tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía le devuelve la salud.

Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta «¿Quién me ha tocado?», está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo.

Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo «impuro» de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto. Se da una complicidad total entre dos seres humanos que se relacionan desde lo más hondo de su ser. Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso.

La mujer obra saltándose la Ley, pero Jesús va aún más allá, y reacciona como si la Ley no existiera. Se seca la fuente de su hemorragia. Subjetivamente, nota que había sido curada. El milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús. Es la fe-confianza de la mujer la que desencadena los aconteci¬mientos.

También es interesante la alusión a una fuerza especial que sale de Jesús. La fuerza viene de Jesús, pero es la mujer la que pone en marcha esa energía. Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de «milagros».

No significa una acción que vaya en contra de las leyes de la naturale¬za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ley sin las trabas que le pone el ser humano. Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagro los procesos que serían los más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas que están siempre a nuestro favor.

Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir una piedra en pan. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.

Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante.

Coge de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate! (el mismo verbo que Marcos emplea para hablar de resurrección). En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar él contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.

APLICACIÓN

No nos engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos; y los resucitados volverán a morir sin remedio. Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas puntuales de aquí abajo.

La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados. Si no tenemos esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.

Ya en el AT queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte.

La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros.

No se trata de magia sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser o/y a los demás.

En los dos casos, la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo, el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello.

También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantas personas atrapadas por las interpretaciones aberrantes de Dios. La religión, mal entendida, seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.

Meditación-contemplación

«Tu fe te ha curado». «Basta que tengas fe».
En el orden espiritual, es imprescindible la fe.
Aunque sería cómodo, las seguridades son imposibles.
Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.

……………………

¡Despierta! ¡Resucita!
No permanezcas inerte en el cálido capullo,
Que tú mimo has tejido.
Atrévete a volar.
Si no afrontas el riesgo, no encontrarás la Vida.

…………………..

No te quejes de que estés apagado.
La culpa es tuya porque no acabas de conectarte.
Tu lámpara está capacitada para iluminarse.
Toda la energía está a tú disposición.
Solo tienes que tocar la fuente de energía.

………………..

Fray Marcos

URTEAN ZEHAR XIII. IGANDEA, Uztailaren 1a, Mc. 5, 21-43

EMAKUMEAREN FEDEA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da pasadizoa. Markos ebanjelariak emakume ezezagun bat dakarkigu fede-eredutzat, kristau-elkarteentzat. Harengandik ikasi ahal dute nola ibili Jesusen bila fedez, nola iritsi harekin harreman sendagarria izatera eta nola topatu Jesusengan biziera berri bati ekiteko indarra, bakezko eta osasungarri bati.

Jairo, «sinagogako buruzagi» eta Kafarnaumeko gizon ezaguna omen den hori, ez bezala, emakume hau ez da inor. Ezkutuko gaixotasuna, tipikoki femeninoa, duela dakigu soilik, emakume, emazte eta ama bezala osasuntsu bizitzea eragozten dion gaixotasuna.

Sufrimendu fisiko eta moral handia du. Dena xahutu du medikutan, inork sendatu gabe. Halere, ez du amore eman emakume gaixo bezala bizitzera. Bakarrik dago. Inork ez dio lagundu Jesusengana hurbiltzen, baina aurkitu du harengana hurbiltzeko modua.

Ez dago planto eginik, Jesusek hurbildu eta eskuak noiz ezarriko. Berak jo du haren bila. Eragozpen guztiak gainditu ditu. Ahal duen eta dakien guztia egin du. Jesusek ulertu du bizitza sanoago baten bila dabilela. Konfiantza osoa jarri du Jesusen indar sendatzailean.

Ez da konformatu Jesus urrunetik ikustearekin. Harreman zuzenagokoa eta pertsonalagoa nahi du. Erabakitasunez jokatu du, baina ez eroa bezala. Ez du inor gogaitu nahi. Atzetik hurbildu, jende artean, eta soingainekoa ukitu du. Keinu samur horrekin zehaztu eta adierazi du Jesusengan duen konfiantza osoa.

Ezkutuan gertatu da dena, baina emakume horren fedearen berri guztiek izan dezaten nahi du Jesusek. Emakumeak, beldurti eta dar-dar, egin duena aitortzean, Jesusek diotso: «Ene alaba, zeure fedeak sendatu zaitu. Zoaz bakean eta osasuntsu». Emakume hau, Jesusengan Jainkoak eskaini digun salbazio bila ibiltzeko eta onartzeko azaldu duen ahalbidearekin, fede-eredu bihurtu da gu guztiontzat.

Zeinek laguntzen die gaur egungo emakumeei Jesusekin topo egiten? Zein ahalegintzen da, gaur egungo Elizan aurkitzen dituzten oztopoak ulertzen, Kristorekiko beren fedea «bakean eta osasuntsu» bizi ahal dezaten? Zeinek hartzen ditu aintzat emakume teologoen fedea eta ahaleginak?, kasik inolako sostengurik gabe eta era guztietako trabak eta ukoak gaindituz, emakumeari bideak irekitzen atsedenik gabe saiatzen direnean, Jesusen Elizan duintasun handiagoz bizi ahal izateko?

Emakumeek ez dute izaten gure artean Jesusek eskaintzen zien onarpenik, balio-aitorpenik eta ulermenik. Ez dakigu Jesusek begiratzen zien bezala begiratzen. Halaz guztiz, emakumeak dira, sarritan, gaur ere gure kristau-elkarteen sostengu Jesusekiko beren fedeaz eta beren ebanjeliozko arnasaz.

XII DOMINGO T.O., Mc. 4, 35 – 40, 24 de Junio de 2012

HACIA LA OTRA ORILLA

Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Jesús, quien ha visto, invita y anima a ir «más allá» de lo conocido y de lo trillado, hacia «la otra orilla».

El ser humano tiende a instalarse, acomodándose a aquello que va consiguiendo. Fácilmente nos acostumbramos a lo conocido y nos dejamos mecer por la rutina que evita sobresaltos y nos otorga una cierta sensación de seguridad.

Y esto suele ocurrir también con nuestras ideas, creencias o cosmovisiones. Acostumbrados a ver la realidad desde una determinada perspectiva, nos cuesta abrirnos a otros ángulos nuevos o desconocidos.

Preferimos, aun sin darnos cuenta, quedarnos instalados en «esta orilla», la conocida, habitual, acostumbrada. Es la preferida de nuestra mente y de nuestra sensibilidad, por la sencilla razón de que les resulta familiar y les aporta tranquilidad.

Es una actitud en principio comprensible, aunque comporta un riesgo importante: quedar reducidos a una visión estrecha y ahogados en una vida mortecina, una vez que nos hemos cerrado a cualquier posible salida…, sobre todo cuando hemos logrado un «bienestar» que se prolonga.

En realidad, cuando todo en la vida nos resulta fácil, es más probable que nos instalemos en nuestras seguridades. En ocasiones, solo cuando estas se conmueven, la persona conecta con otro anhelo más profundo.

Porque, si bien en los niveles mental y emocional, tendemos a instalarnos, en lo más profundo de nosotros, sin embargo, nos habita un Anhelo de «más», que nos empuja desde dentro en un despliegue abierto a horizontes cada vez mayores.

Tal anhelo podemos verlo también como la voz de nuestro «maestro interior» que nos da paz, pero que no nos deja en paz. Si no lo ahogamos con compensaciones ni lo acallamos con nuestro ruido, escucharemos su voz que nos anima a cruzar a «la otra orilla». Por eso, al escuchar estas palabras de Jesús, es probable que reconozcamos el «eco» que producen en nuestro interior, y que la invitación nos resulte conocida.

La «otra orilla» es la novedad del presente, el descubrimiento incesante, la amplitud sin límites. Pero solo podremos empezar a cruzarla si estamos dispuestos a dejar nuestros caminos trillados y nos entregamos con docilidad a la Vida –otro nombre de nuestro «maestro interior»-, en todo lo que tenga que enseñarnos.

Si «esta orilla» es la del yo –al identificarnos con la mente, nos habíamos reducido a él-, la otra es la de nuestra identidad profunda. Por eso, la primera es «cerrada» –tiene los mismos límites que el yo-, mientras que la segunda es ilimitada.

En aquella, pretendemos controlar todo desde la primacía del yo; en esta, nos reconocemos en la Vida misma que fluye y que se expresa en todo, incluido el propio yo, que ha «cedido» su protagonismo anterior.

Pero, aun oyendo la invitación y reconociendo la resonancia que produce en nuestro interior, el tránsito no suele ser fácil. Debido a nuestra identificación con la mente, que nos ha hecho creer que éramos el «yo individual» que ella misma ha plasmado, nos cuesta mirar la realidad desde otra perspectiva que no sea la del yo.

La dificultad del tránsito queda magníficamente expresada en el relato evangélico que estamos comentando. El yo (la barca), aun atreviéndose a salir de su mundo habitual, experimenta un oleaje (mental y emocional) amenazador en el que teme hundirse sin remedio.

Sin embargo, dentro de esa misma tempestad, hay alguien que duerme serenamente. No solo eso: es alguien que impone la calma con su sola palabra. De pronto, ante tal calidad de presencia, el mar (todo aquello que nuestra mente percibe y etiqueta como «mal») se torna apacible, y el miedo angustiante se convierte en confianza admirada y agradecida.

¿Ante quién estamos? Jesús, de quien había partido la invitación a cruzar a «la otra orilla» (nuestro maestro interior), es la expresión de quien «ha visto», conoce y vive su identidad profunda.

No se halla reducido a su «yo individual», sino que se sabe Consciencia y Vida sin límites, Presencia consciente y amorosa, que se nombra como «Yo Soy», sin otros añadidos.

Esa Presencia –otro nombre de nuestra identidad profunda- es paz, ecuanimidad y fuerza. Calma el mar embravecido y nos introduce en la paz que supera todo lo que podemos pensar.

En los niveles mágico o mítico de consciencia, Jesús era visto como alguien «exterior» o separado, cuya fuerza podía liberarnos «milagrosamente» de todos los males. La oración consistía, precisamente, en implorar su poder para sortear las dificultades.

En el nivel transpersonal, de la mano de la perspectiva no-dual, la liberación sigue ocurriendo, pero la explicación es distinta: Jesús es el «espejo» de lo que somos todos; en él nos vemos reflejados y en él podemos percibir y reconocer nuestra misma identidad.

Se trata de una identidad «compartida» (no-dual) que, sin negar las diferencias, reconoce que su fondo y nuestro fondo es uno y el mismo. En realidad, todo lo que existe «comparte» o participa de ese mismo Núcleo que constituye la Mismidad de todo lo que es.

Desde esta nueva perspectiva, por tanto, Jesús no aparece como un salvador «externo», sino como la referencia que, al abrirnos los ojos, nos hace tomar consciencia de que estamos ya salvados, en la Identidad que somos. El engaño consistía en nuestra propia ceguera, que nos había reducido a las dimensiones del yo mental.

De modo que las palabras del relato –»¿por qué sois tan cobardes?; ¿aún no tenéis fe?»- podrían «traducirse» por estas otras: ¿por qué estáis tan ciegos?, ¿todavía no veis? Despertad a vuestra verdadera identidad… Todo lo demás –la calma, la fuerza, el coraje…- se os dará por añadidura.

Necesitamos, para ello, activar nuestra «inteligencia espiritual», como la capacidad que nos permite acceder y conectar con esa dimensión profunda de lo real, a la que nos referimos con el término «espiritualidad».

(A quien esté interesado en todo ello, puedo sugerirle la lectura del último libro que he escrito, y que acaba de publicar la editorial PPC: «Vida en plenitud. Apuntes para una espiritualidad transreligiosa»).

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

IGANDEAN ZEHAR XII. T.O., Lc. 1,57-66.80, 24 de junio de 2012

ZERGATIK ZARETE HAIN BELDUR?

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus eta haren ikasleak doazen itsasontzia ekaitz batek jo du, Galileako aintziran udako egun batzuetan ezustean eta harro sortzen diren haietako batek. Markosek pasadizo hori deskribatu du, une zailak bizi dituzten kristau-elkarteen fedea esnatzeko.

Kontakizuna ez da istorio lasaigarri bat, gaur egungo kristauak kontsolatzeko, Jainkoaren babesa aginduz Elizari historian patxadan ibiltzeko aukera emateko. Jesusen dei erabakitzailea da, une zailetan berarekin itsasbidea egiteko: «Zergatik zarete hain koldar? Oraino ez al duzue federik?»

Hasieratik prestatu du Markosek pasadizoa. Esan digu «arratsa zela». Laster estaliko du aintzira gau ilunak. Jesus izan da itsasbide arraro horren eragilea: «Goazen beste ertzera». Esapidea ez da batere inozentea. Elkarrekin joatera gonbidatu ditu, ontzi berean, beste mundu baterantz, ezaguna dutena baino harago: Dekapolis lurralde paganorantz.

Bat-batean, urakan zakar bat jaiki da, eta uhinek gogor jotzen dute ontzia, urez betez. Patetikoa da eszena: brankan, ikasleak borrokan, ezinean, ekaitzaren kontra; txopan, txoko altuxeagoan, Jesus lo, kuxin baten gainean.

Izuturik, Jesus esnatu dute ikasleek. Ez dute sumatu Aitarekiko Jesusek duen konfiantza. Harengan ikusi duten gauza bakarra, beraietaz axolarik ez izatea da. Beldurrak jota ageri dira eta urduri: «Maisu, ez al dizu inporta gu hondoratzea?»

Jesusek ez du zuritu bere jarrera. Zutik jarri eta konjuru antzeko bat bota du: haizea gelditu eta dena bare-bare egin da. Bake eta isiltasun handi horietaz baliatuz, bi galdera egin dizkie Jesusek, guganaino iritsi diren hauek: «Zergatik zarete hain koldar?Oraino ez al duzue federik?»

Zer ari zaigu gertatzen kristauei? Zergatik gara hain beldur aldi erabakigarri hauei aurre egiteko?, zergatik hain konfiantza txikia Jesusengan? Ez ote da hondoratzeko beldur hori blokeatzen gaituena? Ez ote da segurtasun bila itsu-itsu ibiltzea, aldi hauen irakurketa buru argiz, erantzukizunez eta konfiantzaz egitea eragozten diguna? Zergatik gara hain uzkur ikusteko, Jainkoa dela Eliza gidatzen duena Jesusi eta haren Ebanjelioari leialago izatera? Zergatik bilatzen dugu segurtasuna iraganean ezaguna eta eraikia den hartan?, zergatik ez dugu entzun nahi «beste ertzera igarotzeko» Jesusen deia?, Jainkoaz axolagabe den, baina hartarainoko esperantza-beharra duen munduan Berri Ona apal-apal ereiteko.

DOMINGO XI T.O., 17 de Junio, Mc. 4, 26 – 34

DEJA CRECER LA SEMILLA QUE HAY EN TI

Fray Marcos
FE ADULTA

Todos los exegetas están de acuerdo en que el Reino de Dios es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en qué consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas, que nos van indicando distintas perspectivas para que podamos ir intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión aparentemente simple.

Podríamos decir que es un ámbito que abarca a la vez lo humano y lo divino. Todo el follón que se armó en el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir qué significa ser cristiano. El Reino es, a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad terrena que consistiría en su manifestación en nuestra existencia terrena. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

No debemos caer en la simplicidad ingenua de identificarlo con la Iglesia. Como dice el evangelio: «no está aquí ni está allí». Tampoco puede estar solamente dentro de cada uno de vosotros, porque si está dentro, se manifestará fuera. Esa ambivalencia de dentro y fuera, de divino y humano es lo que nos impide poder encerrarlo en conceptos que no pueden expresar realidades aparentemente contradictorias. Para nuestra tranquilidad debemos recordar que no se trata de comprender sino de vivir y ese es otro cantar.

Me habéis oído decir muchas veces que las parábolas no se pueden expli¬car. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada parábola. Como la postura espiritual de cada uno va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que voy profundizando en mi camino.

Creo que tampoco los elementos que constituyen las dos del evangelio de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y cómo se desenvuelve en su desarrollo hasta producir la planta completa. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Tal vez por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino, que tampoco se puede percibir.

La planta que va apareciendo lentamente no viene de fuera sino que es consecuencia de una evolución interna de los elementos que ya estaban ahí. Este aspecto es muy importante, porque nos obliga a pensar, no en algo estático sino en un proceso que no puede tener fin, porque su meta es el mismo Dios.

El Reino que es Dios está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez, pero su manifestación tiene que ir produciéndose paulatinamente a través del tiempo y del espacio. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Las dos parábolas tienen doble lectura. Se pueden aplicar a cada persona, en cuanto está en este mundo para evolucionar desde las increíbles posibilidades con las que nace hasta la plenitud que tiene que ir consiguiendo a través de su vida. Y también se puede aplicar a la humanidad en su conjunto.

Hoy estamos muy familiarizados con el concepto de la evolución y podemos entender que los seres humanos no hemos dejado de avanzar en nuestro caminar hacia una vida cada vez más humana. La advertencia para nosotros hoy es que no debemos conformarnos con un progreso material sino aspirar a mayor humanidad.

Otra reflexión interesante es que no podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a dónde le llevará la experiencia de vivir. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas a las que tienes que llegar. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque toda vida es, ante todo, respuesta a los condicionamientos del entorno. No pretendas ninguna meta, simplemente camina hacia delante.

En cada una de las dos parábolas que hemos leído, se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de la semilla. En la primera, su vitalidad, es decir, la potencia que tiene para desarrollarse por sí misma. En la segunda quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella sale. Parece imposible que de una semilla apenas perceptible, surja, en muy poco tiempo una planta de gran altura. En ambos casos, lo único que necesita la semilla es un ambiente adecuado para desplegar su vitalidad.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si le hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia fuerza. Si aún no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra, por impedírselo de alguna manera. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita un mínimo de humedad, de luz y de temperatura para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno. Solo espera una oportunidad.

Con demasiada frecuencia olvidamos que no somos nosotros los que desarrollamos el Reino, sino que él se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer, lo que hacemos es desarraigarla. O damos por perdida la semilla antes de que haya tenido tiempo de germinar.

También puede hundirnos en la miseria el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. También la vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Debemos tener paciencia. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos descubrir el fruto, aunque nos parezca que no llega nunca.

El Reino no es ninguna realidad distinta de Dios mismo. Es la semilla divina la que está sembrada en cada uno de nosotros. Ella es la que tiene que desarrollarse y hacerse visible externamente. El Reino de Dios no es nada que podamos ver ni tocar. Es una realidad espiri¬tual. Ahora bien, si está o no está en nosotros lo tenemos que descubrir a través de las obras. Si actuamos de una manera, demostramos que el Reino está en nosotros. Si actuamos de otra demostramos que el Reino aún no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida diaria. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros pero sin descubrirlo. Jesús hace referencia a esa realidad constantemente. Creo que aún hoy, nos empeñamos en identifi¬car el Reino de Dios con situaciones externas. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismos. Solo cuando lo hayamos dejado crecer dentro, se manifestará al exterior a través nuestro.

Estas dos parábolas desbaratan el afán moralizante que ya enseña la oreja en muchas partes de los evangelios. No nos dicen lo que tenemos que hacer, y mucho menos lo que no tenemos que hacer. Parece más bien que nos invita a no hacer y dejar que otro haga. Este aspecto me encanta, porque creo que nadie tiene derecho a decir a otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Lo importante está en descubrir lo que somos y actuar o dejar de actuar según las exigencias de nuestro verdadero ser. Decían los escolásticos que el obrar sigue al ser. Ser más y aparentar menos. Tal vez debemos olvidarnos de muchas normas que hemos cumplido mecánicamente y tratar de que lo que nos hace más humano surja de lo hondo de nuestro ser y no de las programaciones recibidas de fuera.

 

Meditación- contemplación

El Reino de los cielos no se parece a nada.

Solo tú puedes crearlo y mantenerlo.

Dios en ti será siempre único e irrepetible.

La manera de manifestarlo será siempre original.

……………………..

El Reino nunca será el fruto de una programación.

No surgirá por muchas doctrinas que atesores.

No lo encontrarás en los ritos litúrgicos.

Tampoco es producto del cumplimiento de unas normas morales.

……………………

Surgirá de una intuición de lo que en realidad eres,

manifestada en tus relaciones con los demás;

cuando dejes de considerarte como un yo aislado

y descubras que eres uno con toda la Realidad.

URTEAN ZEHAR XI. IGANDEA, Ekainaren 17a, Mc. 4, 26-34

APAL-APAL ETA KONFIANTZAZ

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusek kezka handia bizi zuen bere jarraitzaileak halako batean etsipenean eroriko ote ziren pentsatuz; hain zuzen ere, mundua gizatarrago eta zoriontsuago egiteko beren ahaleginek arrakastarik ez zutela ikustegatik. Ahaztu egingo ote ziren Jainkoaren erregetzaz? Eutsiko ote zioten zeruko Aitarekiko konfiantzari? Nolanahi ere, hau izan beharko lukete gauzarik garrantzizkoena: ez dezatela sekula ahaztu nola lan egin.

Galileako nekazarien esperientziatik jasotako etsenpluez baliatuz, beti oinak lurrean izan ditzatela, pazientziaz eta konfiantza handiz lan egin dezatela eskatzen die. Ezinezkoa da Jainkoaren Erregetzari bidea nolanahi irekitzea. Kontu egin behar dute, hartan nola lan egin.

Lehenik eta behin, jakin behar dute, beren lana ereitea dela ez ez uzta biltzea. Ezin bizi dira emaitzak zein izango begira. Ez dute kezkarik izan behar ez eginkortasunez, ez berehalako arrakastaz. Ebanjelioa ereitea izan behar dute bere ardura nagusia. Jesusen lankideek ereile izan behar dute. Besterik ez.

Hedapen erlijioso eta ahalmen sozialeko mende askoren ondoren, ereilearen keinu apala berreskuratu beharko genuke Elizan kristauek. Beti fruituak jasotzera doan uzta-biltzailearen logikaz ahaztu, eta etorkizun hobea erein nahi duenaren pazientziazko logika besarkatu.

Ereite ororen hasierak apalak izan ohi dira beti. Askoz gehiago arazoa gizakiaren bihotzean Jainkoaren Egitasmoa ereitea baldin bada. Ebanjelioaren indarra ez da sekula gauza handios edo arranditsua. Jesusen arabera, «mostaza-hazia» bezalako gauza txiki eta ezdeus bat ereitea bezala da, fedea jendearen bihotzean ezkutuan ernetzen baita.

Horregatik, fedeaz bakarrik erein daiteke Ebanjelioa. Hori eman nahi die aditzera Jesusek bere parabola xumeen bidez. Mundua gizatasun handiagoko egiteko Jainkoaren Egitasmoak berekin du indar salbatzaile eta eraldatzailea, jada ereilearen esku ez dagoena. Jainko horren Berri Ona pertsona batengan edo gizatalde batengan sartzen denean, gure gainetik dagoen zerbait hasten da hazten han.

Elizan ez dakigu une honetan no jokatu, egoera berri eta besterik ez bezalako honetan, dogma erlijioso eta kode moralei dagokienez gero eta ez-axolago den gizarte honetan. Inork ez du errezetarik. Inork ez daki juxtu zer egin. Egin behar duguna, bide berriren bila jotzea da, apal-apal eta konfiantza Jesusengan jarriz.

Goiz edo berandu, funtsezkora itzuli beharra sentituko dugu kristauek. Konturatuko gara, Jesusen indarrak bakarrik biziberritu dezakeela fedea gure egun hauetako gizarte deskristautu honetan. Orduan ikasiko dugu Ebanjelioa apal-apal ereiten, fede berritu baten hasiera bezala, ez geure ahalegin pastoralez eskualdatua, baizik Ebanjelioak berak sortua.

 

KRISTOREN GORPUTZ-ODOL SANTUEN FESTABURUA, Ekainaren 10a, Mt. 14, 12-16

Eukaristia eta krisialdia

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Kristau guztiek dugu ezagutzen. Igandeko eukaristia aisa bihur daiteke «babes erlijioso», aste osoan bizi ohi dugun bizitza gatazkatsutik babesteko. Tentagarria da mezara joatea, esperientzia erlijioso bat partekatzeko, alde guztietatik estutzen gaituzten problemak, tirandurak eta albiste txarrak ahazteko.

Batzuetan sentibera izan ohi gara ospakizunaren duintasunari dagokionez; baina gutxiago kezkatzen gaitu Jaunaren afaria ospatzeak berekin dituen eskakizunez ahazteak. Ez dugu atsegin izaten apaizen batek erritu-araudia zorrotz ez betetzea; baina axola gutxi izan ohi diogu meza ohikeriaz ospatzeari, Ebanjelioaren deiei kasu egin gabe.

Bat bera da beti arriskua: Kristorekin bihotzaren hondoan elkartasuna egitea, sufritzen ari diren anai-arrebekin elkartzeaz arduratu gabe. Eukaristiako ogia partekatu, eta ogirik, justiziarik, etorkizunik ez duten milioika anai-arreben goseari ezikusia egitea.

Datozen urteetan krisiaren ondorioak larriagotzen joango dira, uste genuen baino gehiago. Iragartzen ari diren erabaki atzeraezin eta errukigabeen zerrendak handiagotu egingo du zuzenaren kontrako desberdintasuna, gure artean. Ikusiko dugu nola doan gero eta pobreago bihurtzen geure ingurune hurbilagoko edo urrunagoko jendea, etorkizun ziur gabe eta ezin aurreikusiko batean koloka.

Hurbiletik ezagutuko dugu: etorkin-jenderik osasun-babesik gabe, gaixo-jenderik bere osasun- edo botika-arazoei nola aurre egin ez dakiela, familiarik erruki-egintzatik bizitzera behartua, pertsonarik etxea uztera mehatxatua, jenderik laguntzarik gabe, gazterik etorkizun argirik gabe… Ez dugu beste erremediorik. Edota betiko geure ohitura egoistak indartu edota solidarioago bihurtu.

Krisialdian bizi den gizarte honetan eukaristia ospatzeak kontzientzia hartzera eragin diezaguke. Soilik, nori bere onura kontuan hartzera eragin izan digun bakoizkeriaren kultura alde batera utzi beharra dugu, xinpleki gizatasun handiagoko izateko. Eukaristia oro dago bideratua anai-arreba artekotasuna eragitera.

Ez da zuzena igandero, urte osoan, Jesusen Ebanjelioa entzutea, haren deiaren aurrean erreakzionatu gabe. Ezin eskatu diogu Aitari «geure eguneroko ogia», lortzeko zailtasunak dituztenak kontuan hartu gabe. Ezin bizi dugu elkartasunik Jesusekin, lagun hurkoarekin eskuzabalago eta solidarioago bihurtu gabe. Ezin eman diogu bakea elkarri, krisiaren aurrean bakartiago eta babesik gabeago direnei eskua luzatu gabe.

Jose Antonio Pagola

FESTIVIDAD DEL CORPUS CRISTI, 10 de Mayo, Jn. 6, 51-58

LA PLENITUD CONSISTE EN DEJARSE COMER

Fray Marcos
Fe Adulta

Es sin duda ninguna, el sacramento más importante de nuestra religión. Pero si Jesús volviera hoy y asistiera a nuestras misas, sentiría la misma indignación que experimentó al ver los trapicheos que se traían los sacerdotes en el templo. Y es que seguimos olvidados de lo esencial, que es hacer presente en nosotros todo lo que significó Jesús con su vida de total entrega a los demás.

La mejor manera de expresar lo que quiero decir, es contaros el relato que he oído (en un vídeo, por supuesto) a Tony de Mello. El hombre más avispado de una tribu descubrió la manera de hacer fuego. Enseñó a todos, la manera de utilizar el fuego y, el pueblo entero, dio un paso de gigante en su evolución. No contento con eso, cogió los bártulos y se fue a la tribu más cercana para que pudieran ellos aprovechar también las ventajas del invento. Les enseñó el proceso y todos quedaron maravillados al ver aparecer el fuego ante sus ojos. Se marchó muy contento por haber ayudado a aquellos hombres. Mucho tiempo después volvió a ver lo que habían avanzado con la utilización del fuego. Cuando les preguntó, ellos muy orgullosos le sacaron del poblado a un lugar maravilloso. Allí había construido un altar donde habían guardado en una urna de oro y piedras preciosas, los instrumentos de hacer fuego. Todos los días iban a adorar aquellos útiles que tenían el poder de reproducir el fuego. Pero no había fuego por ninguna parte. El invento no les había servido para nada…

Para el que quiera entender, sobran los comentarios. Para el que no quiera entender, ningún comentario añadiría nada. Asistimos a misa porque está mandado y para no cometer un pecado mortal. Sin darnos cuenta que el verdadero pecado es asistir a misa sin que eso cambie en nada nuestra actitud vital.

Muchas veces me han protestado ante esta acusación: Yo no vengo a misa porque está mandado, vengo porque me apetece. Aún así es posible que te apetezca asistir a la magia de una celebración donde se realiza un «milagro» tan sorprendente que tranquiliza tu conciencia y te da ciertas seguridades.

He dicho muchas veces que no escribo para que penséis como yo, sino para que penséis. Cuando hace unos años me llamaron al orden, me dijo el vicario episcopal que me examinaba: «Tú tienes que ser como el farmacéutico, que despacha las pastillas a los clientes sin explicarles lo que han hecho en el laboratorio». Mi desacuerdo con esta propuesta es absoluto. El ácido acetilsalicílico produce su efecto en el paciente automáticamente, aunque no tenga ni idea de su composición. Pero los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada que no se puede dar si no contamos con una mente despierta. Sin esa conexión, el rito se queda en puro folclore.

Ya sabemos que, como sacramento, la eucaristía es un signo, no magia. Sabemos también que la eucaristía la celebra la comunidad reunida, aunque esto no está tan claro. La inmensa mayoría de los cristianos sigue pensando que la misa la celebra el sacerdote. Este despiste generalizado es consecuencia de creer que el sacerdote tiene poderes especiales para realizar un milagro. Mientras no superemos esta manera de entender la celebración y el sacerdocio estaremos incapacitados para entender el verdadero significado del sacramento. Jesús dijo: donde dos o más estés reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Nunca dijo: donde haya un sacerdote con poder para consagrar, en el pan me haré presente yo. Es la comunidad reunida la que recuerda a Jesús y le hace presente.

Es muy importante que tomemos conciencia clara de que el signo no es el pan, a secas, sino el pan partido y repartido, preparado para ser comido. El hecho de partir el pan forma parte de la esencia del signo. Jesús se hace presente en ese gesto, no en la materia del pan. Si comprendiéramos bien esto, se evitarían todos los malentendidos sobre la presencia real de Jesús en la eucaristía. El pan consagrado hace siempre referencia a una fracción del pan, es decir, a una celebración eucarística. Sin esa referencia no tiene entidad ninguna.

Lo mismo en la copa. El signo no es el vino, sino el vino bebido, es decir, compartido. Para los judíos la sangre era la vida, (no signo de la vida, como para nosotros, sino la misma vida). La copa derramada es la vida de Jesús puesta al servicio de todos, su vida se da para que todos participen de ella.

La realidad significada no es Jesús sino Jesús como don, es decir, es el AMOR que es Dios, manifestado en Jesús.

Empecemos por aclarar que la palabra hebrea que traducen los textos al griego por «soma», no significa exactamente cuerpo. En la antropología judía del tiempo de Jesús, el ser humano era un todo único, pero podían distinguirse distintos aspectos de ese todo: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Hombre cuerpo no hace referencia a la carne, sino a la persona como sujeto de relaciones.

El «soma» griego tiene varios significados pero al traducirlo al latín por «corpus», terminó por imponerse el significado material de cuerpo físico y esto distorsionó el mensaje original. Jesús no dijo: Esto en mi cuerpo (físico) sino esto soy yo, esto es mi persona que se ha entregado a los demás. Esta perspectiva nos abre a una nueva comprensión del sacramento.

La eucaristía resume la actitud vital de Jesús, que consistió en manifestar lo que es Dios. Como buen hijo hace presente al padre allí donde está él. Esa realidad significada, por ser espiritual, no está sometida al tiempo ni al espacio. Está siempre ahí, ni se trae ni se lleva, ni se pone ni se quita, ni se crea ni se destruye. Hacemos el signo, no para crearla, sino para descubrir su presencia, y poder así vivir conscientemente nuestra más impresionante profundidad de ser. Salir de la dinámica del milagrito y de la magia, no es tan fácil; exige un esfuerzo mental que muchos no están dispuestos a hacer.

Los primeros cristianos tomaron del griego, por lo menos, seis palabras para indicar distintas realidades que nosotros metemos en el mismo saco de la palabra «amor»:

Agape: sería Dios mismo como puro don de sí, pero sin darse, sino atrayendo hacia sí. Lo que llamamos su «amor» al hombre.

Caritas, síntesis del Eros informado por el Ágape. Sería el Amor cristiano.

Filia: amor amistad. Satisface deseos, apegos, ideales.

Eros: amor puramente humano. Placer en la cercanía.

Libido: placer sensible que sigue al Eros. Impulso sexual.

Nomos: relación con el otro a través del estricto cumplimiento de la ley.

El «amor» del que habla el evangelio, referido a Dios, sería el «ágape»; Referido al hombre sería la «caritas».

El amor humano es la relación entre dos personas; y mientras más profunda y estrecha es esa relación, más amor existe entre las dos. Ese amor no anula a las personas, sino que las potencia como tales; de tal modo que es más humana la que es capaz de amar más. Este amor no se puede dar en Dios, porque no hay nada fuera de Él con lo que pueda relacionarse como algo distinto a Él.

El «ágape» no es relación al modo humano, sino la misma realidad de Dios que funde sin confundir, que une e identifica en sí a todos los seres. Dios no es un ser que ama, sino el amor. Un ejemplo podría aclarar estas ideas, un poco difíciles de asimilar. Imaginemos que llamamos amor al calor. Dios no es un ser caliente, ni siquiera imaginado a millones de grados. Dios es el calor que funde todo lo que encuentra haciendo de lo diverso una sola realidad. Toda la creación es una en Dios.

En los evangelios, Jesús no hace hincapié en que ama mucho a su Abba, Padre; sino: «Yo y el Padre somos uno», y «el que me ve a mí, ve a mi Padre». Esa misma es la experiencia de todos los místicos de todas las religiones. S. Juan de la Cruz lo expresa muy bien: «¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada!»

Dios no puede hacerse presente en un lugar acotado, sencillamente porque no puede dejar de estar en todo lugar. Tampoco puede estar más presente aquí que allí. Nosotros, como seres humanos que somos, no tenemos más remedio que percibirlo en un lugar. Mas aún, tenemos que acotarlo en un lugar para poder tomar conciencia de su realidad.

Cuando Jesús propone el mandamiento nuevo, Jesús está hablando de las consecuencias que debería tener en nuestra vida, el amor (ágape) del Padre. El fin último de la celebración de una eucaristía, es hacer presente con los signos, este ágape que nos fundiría con Dios y nos abriría a los demás, hasta sentirlos fundidos en Dios también. El hombre tiene el privilegio de poder tomar conciencia de este hecho y vivirlo. El que lo descubre y lo vive no es que esté más fundido en Dios que el que no lo percibe. Simplemente descubre su verdadero ser y disfruta siéndolo.

Meditación-contemplación

Esto soy yo, pan que me parto y me reparto.
Esto tenéis que ser vosotros.
Todo el mensaje de Jesús esta aquí,
todo lo que hay que saber y hay que hacer.

………………

Celebrar la eucaristía no es una devoción.
Su objetivo no es potenciar nuestras relaciones con Dios.
Celebrar la eucaristía es comprometerme con los demás,
es aprender de Jesús, el camino de la entrega.

………………

Si la celebración es compatible con mi egoísmo;
si sigo desentendiéndome de los que me necesitan;
mis eucaristías no son más que un rito vacío.
El pan que Jesús da nos salvará,
si al comerlo, aprendo a dejarme comer como hizo él.

…………………..

Fray Marcos