GARIZUMAKO V. IGANDEA, GUZTIOK DUGU BARKAZIO BEHARRA – TODOS NECESITAMOS PERDÓN

Jn. 8, 1-11
2013ko martxoaren 17a

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 13/03/13.- Ohitura duenez, Oliamendin eman du Jesusek gaua, bakarrik, bere Aita kutunarekin. Jainkoaren Espirituaz beterik hasi nahi du egun berria; hark bidali du «gatibuei liberazioa hots egitera… eta zapalduak askatzera». Laster inguratuko zaio jendetza handi bat, tenpluaren zelaigunera hari entzutera etorria.

Bat-batean, idazkari- eta fariseu-talde bat etorri da, «adulterioan harrapatu duten emakume bat» dakartela. Ez zaie axola emakumearen zori izugarria. Emakumeari inork ez dio galderarik egin. Jada heriotzara galdua da. Salatzaileek argi utzi dute: «Moisesen legeak emakume adulteriogileak harrika hiltzeko agindua eman digu. Zuk, zer diozu?»

Dramatikoa da egoera: fariseuak urduri daude, emakumea estu, jendea zer gertatuko. Jesus isilik harrigarriro. Bere aurrean du emakume umiliatu hura, guztiek gaitzetsia. Laster hilko dute. Hau ote da Jainkoaren azken hitza bere alaba honetaz?

Jesus eseria dago, eta lurrerantz makurtu da, eta lurrean zirriborroak idazten hasi. Segur aski, argi bila dabil. Akusatzaileek erantzun bat eskatzen diote Legearen izenean. Jainkoaren errukiaz duen esperientziatik erantzungo die: emakumea eta akusatzaileak, guztiak dira Jainkoaren barkazioaren beharrean.

Alabaina, akusatzaileak, soilik, emakumearen bekatua dute buruan eta Legearen kondena. Jesusek aldatu egingo du ikusmira. Beren bekatua jarriko die begi aurrean akusatzaileei. Jainkoaren aurrean, guztiek aitortu behar dute bekatari direla. Guztiak dira haren barkazio-beharrean.

Gero eta gehiago eskatzen diotelako, zutik jarri eta esaten die Jesusek: «Zuetan bekaturik ez duenak, bola diezaiola lehen harria». Zein zarete zuek emakume hau heriotzara galtzeko, zeuen bekatuaz eta Jainkoaren barkazio- eta erruki-beharraz ahaztuz?

Akusatzaileek, orduan, «alde egin dute batak bestearen ondoren». Jesusek elkar bizitza iradokitzen du; hartan, pertsona bati dagokionez, azken hitza ez du izango heriotza-zigorrak. Geroago, goraki esango du: «Ni ez naiz etorri mundua juzgatzera, salbatzera baizik».

Jesusek emakumearekin izan duen solasak beste argi bat eskaini digu haren jardueraz. Akusatzaileak joan dira, baina emakumea ez da mugitu. Ematen du, Jesusen azken hitza entzun beharra duela. Artean ez da sentitu guztiz liberatua. Jesusek diotso: «Nik ere ez zaitut gaitzesten. Zoaz eta, aurrerantzean, ez gehiago bekaturik egin».

Bere barkazioa eskaini dio; aldi berean, gehiago bekaturik ez egitera gonbidatu du. Jainkoaren barkazioak ez du desegiten erantzukizuna, bihotz-berritzea eskatzen du. Jesusek badaki «Jainkoak ez duela nahi bekataria hiltzea, baizik eta bihotz-berritu eta bizi dadin nahi du».

5 Cuaresma (C) Juan 8, 1-11

TODOS NECESITAMOS PERDÓN

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 13/03/13.- Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a «proclamar la liberación de los cautivos… y dar libertad a los oprimidos». Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.

De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a «una mujer sorprendida en adulterio». No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: «La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?

La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?

Los acusadores «se van retirando uno tras otro». Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: «Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo».

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice «Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más».

Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que «Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

IV DOMINGO DE CUARESMA, 10 de Marzo de 2013, Lc 15, 1-32

EL PADRE USURPA EL ROL DE LA MADRE

JOSÉ ENRIQUE GALARRETA
FE ADULTA
Lc 15, 1-32

El evangelio de hoy nos ofrece la oportunidad de meditar la perla de las Parábolas de Jesús. Vamos a hacerlo a fondo. En primer lugar, ofrecemos unas notas al texto de la parábola que ayuden a su comprensión.

El contexto es la murmuración de los «justos». Estamos ante la mayor revolución de Jesús: que no te quiere Dios porque eres bueno, sino porque le necesitas.

El hijo menor se marcha. En esto consiste el pecado: preferir el mal engañados por su apariencia de bien. En el fondo «marcharse lejos del Padre». Y a esto conduce el pecado: a echar a perder la vida, a hacer del hombre algo miserable. Se arrepiente sólo por hambre: en casa estaba mucho mejor. No conoce a su padre: cree que tiene que convencerle para que le perdone. (Por eso se fue, porque no le conocía).

El padre no perdona, no razona, simplemente, se lleva un alegrón indecible. Y no piensa más que en celebrar, en tirar la casa por la ventana. «Porque ha vuelto a la vida».

El hijo mayor es «justo», cumple bien con sus obligaciones, respeta a su padre, pero no se alegra de que haya vuelto su hermano. «Aunque hable las lenguas de los ángeles, si no tengo amor, no soy nada». «No te das cuenta de que eres feliz, de que estás en casa, de que es tuyo todo lo de tu padre» «pero nuestra alegría no era completa, porque faltaba tu hermano»…

Diríamos que no hay nada que comentar, que no hay más que leer, admirar, y dejarse penetrar de la Palabra. Y es lo que debemos hacer: releer una y otra vez el texto evangélico y dejar que el Espíritu de Jesús nos vaya invadiendo. Sin embargo, es tanto el contenido y tan revolucionario, que necesariamente debemos explicarlo un poco.

Ante todo, Jesús es el mejor narrador de todos los tiempos. Es el Maestro de los maestros al inventar narraciones para hablar de Dios. Jesús es el que sabe hablar de Dios, porque le conoce. Jesús es el que sabe hablar del hombre, porque le conoce.

Lo primero que se nos ofrece es sin duda una preciosa definición del pecado y de la conversión.

¿Qué hay en la casa del padre? Trabajo, cariño, responsabilidad, sentirse bien, tener alimento, ser alguien, ser hijo.

¿Qué hay lejos de la casa del Padre? Engaño, apariencia de felicidad, todo insatisfactorio y perecedero. El hijo pequeño ha cometido un grave error. Le ha parecido que hay cosas mejores que trabajar en la Casa del Padre. Es una definición del pecado: un grave error, sentirse atraído por algo que, a la larga, te va a decepcionar, te va a hacer desgraciado. Y sobre todo, no ser nadie, haber perdido la dignidad y la identidad.

¿Por qué quiere el hijo volver? Por hambre. Porque se acuerda de que en casa de su Padre se estaba mucho mejor. Ni siquiera por su Padre, ni por cariño. Porque se acuerda de lo bien que estaba en su casa.

Hasta aquí, Jesús nos ofrece todo un tratado de sicología del pecado y de la conversión. El pecado es error: pensamos que fuera de la Ley de Dios se está mejor. Buscamos la felicidad fuera de lo que Dios propone. Debilidad y error que conduce al ser humano a la indignidad y a la pérdida de identidad.

Pero el mensaje es mucho más amplio y profundo: el mensaje básico no es el hijo, sino el padre. El mayor de los errores del hijo es que no conoce a su padre. Piensa que tendrá que rogarle, que convencerle, que quizá consiga ser admitido como un criado… ¡Qué sorpresa, cuando empieza a recitar su cantinela «padre, he pecado contra el cielo y contra ti…» y se da cuenta de que su padre ni le escucha, sino que grita de alegría a todo el mundo, que traigan buena ropa, que maten el ternero, porque mi hijo ha vuelto!

Quizá hayamos olvidado que la parábola es paradójica. Tuvo que sonar muy mal ante aquel auditorio acostumbrado a que el «Paterfamilias» fuese ante todo «el amo», el que imparte justicia, el conservador de la hacienda. Para todos los oyentes, el que tiene razón es el hijo mayor, que es trabajador, fiel a su casa, justo. La misericordia esperable sería que el hijo que vuelve fuese admitido en casa como peón… por pura bondad. Entonces podríamos hablar de un padre justo y misericordioso… Pero el padre de la parábola es mucho más que eso.

Ese padre que destroza la herencia, perjudica los intereses del hermano justo y trata al hijo pequeño «como si no hubiese pasado nada» (y todavía mejor) no es un buen ejemplo para el orden ni para la educación de los hijos ni para el mantenimiento de la estabilidad de la hacienda familiar. El padre de esta parábola usurpa el rol de la madre, que debería estar ahí para interceder por el hijo descarriado; pero no hace falta, porque el padre no es el paterfamilias justo sino la madre emocionada por el regreso del hijo.

La parábola se inscribe pues junto a las otras en que el mensaje radica precisamente en «Dios no hace justicia», como los viñadores de la última hora o la invitación al banquete, y a los hechos de Jesús en que prefiere a los pecadores antes que a los justos. Los pecadores que se acercan a Jesús son acogidos inmediatamente, aunque no hagan nada por «merecer» el perdón, como la mujer adúltera.

Lo esencial en la parábola es sin duda que el hijo es restituido a su condición de hijo sin ningún mérito propio; solamente porque el Padre está deseando hacerlo así. En cuanto el hijo da pie para ello, recibe la plenitud del cariño del padre: no tiene más que acercarse, aunque sea sólo por hambre, y encontrará al Padre feliz de recuperarle como hijo.

Y éste es el secreto: no se trata de perdonar cosas pasadas y decir que no tienen importancia, sino de recuperarle como hijo. No estamos ante un tribunal «blando» que quita importancia a los errores o maldades anteriores. Esto deformaría esencialmente la imagen del padre. Se trata de que no estamos ante un tribunal, sino ante el estupendo milagro de que el cariño del Padre ha recuperado a un hijo.

Ha recuperado a un solo hijo. Al otro hijo no parece poder recuperarlo ni el cariño del padre: seguirá viviendo en el árido reino de la justicia. No olvidemos que estas parábolas las provocan los fariseos y escribas que murmuran porque Jesús acoge a los publicanos y pecadores que acuden en masa a Él.

Demasiadas veces seguimos viendo a Dios como Amo y como Juez. Jesús ha revelado lo más íntimo de Dios con otras imágenes: médico y papá.

Demasiadas veces seguimos pensando en nuestros pecados como delitos, ofensas cometidas contra Dios. Jesús ha revelado lo más íntimo del pecado: enfermedad y error.

Demasiadas veces hemos concebido esta vida como un lugar en que hemos de pasarlo lo mejor posible dentro de las molestas restricciones que nos imponen las leyes del Amo, esperando resignadamente la catástrofe final de la muerte. Jesús ha revelado que esta vida es trabajar por los hermanos esperando la vuelta a Casa, donde todo llegará a su plenitud (es decir, a la normalidad).

Dios es papá, que nos quiere porque es Él así, no porque seamos maravillosos. Las madres no quieren a sus hijos porque sean guapos. Les quieren, sin más. Así es Dios: nos quiere, sin más. La madre enseña al hijo lo que es bueno, informa, corrige, cura… No se trata de delitos, ni de perdones, ni de leyes. Se trata de que quiere la felicidad del hijo. Si el hijo hace mal, la madre no se indigna, se apena. Si el hijo «vuelve», la madre no perdona, se lleva un alegrón.

Jesús no ha pagado al eterno padre la deuda de nuestros pecados. Porque no hay deuda, sino enfermedades, porque el Padre no necesita ser pagado de nada, porque la Salvación no es iniciativa de Jesús, sino del Padre, porque Jesús no es el bueno que apacigua al juez, sino el Hijo en quien resplandece toda la bondad del Padre. Ya es hora de que cambiemos de religión, y nos fiemos de una vez de la Buena Noticia.

Y si alguien cree que esta manera de entender a Jesús es permisiva, que ancha es Castilla, que no hay que preocuparse por los pecados… es que no se ha enterado de nada. Porque nada hay más exigente que el amor. Porque todas las leyes y obligaciones del mundo se quedan pequeñas y ridículas ante la exigencia que supone el querer, porque la madre hace mil veces más que aquello a lo que está obligada, y lo hace disfrutando, y cuanto más tiene que esforzarse más disfruta, porque el amor sólo se satisface dando y esforzándose.

Y ésa es la vida y la religión a la que Jesús llama, infinitamente más exigente que todos los preceptos, infinitamente más satisfactoria que todos los premios, infinitamente más humana y más divina, porque Jesús conoce a Dios y al hombre, y ha establecido una relación entre ellos objetiva, no basada en lo que nosotros nos imaginamos de Dios y del hombre, sino en lo que Dios y el hombre son en realidad.

En resumen, un cristiano se define por haber aceptado la misión: ¿quieres trabajar en las cosas de tu padre? Decir que sí es vivir como hijo, metiéndose en todos los líos de los demás hijos, porque eso, los hijos, son «las cosas de mi padre». Si alguien piensa que esto es permisivo, hablamos diferente idioma.

Así que hemos dado con una hermosa descripción de «El Reino». El Reino es «estar en las cosas de mi padre». Y de aquí surge una sana, sencilla y comprometedora teología de la ecología y de la solidaridad, tan lejana de esas teologías trinitarias y cristológicas tan presuntuosas como estériles.

José Enrique Galarreta

GARIZUMAKO IV. IGANDEA, BETI BESOSAK ZABALIK-CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

BETI BESOAK ZABALIK
Lukas 15, 1-3. 11- 32

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Hainbat jenderentzat, ez gutxirentzat, Jainko beste edozer gauza da, bizitzan poza ezartzeko gai izatea izan ezik. Hura gogora ekartzeak oroitzapen txarrak ekarri ohi dizkio: izaki mehatxari eta zorrotz baten ideia sortzen dio, bizitza are gogaikarriago, deserosoago eta arriskutsuago bihurtzen dion ideia.

Pixkana, hura alde batera utziz joan izan dira. Fedea halakoen baitan «hertsaturik» gelditu da. Gaur egun, ez dakite sinesten duten ala ez. Jainkoagana nola jo ezinik gelditu dira. Batzuek gogoan dute oraino «seme hondatzailearen parabola», baina ez dute entzun sekula beren bihotzean.

Aita da parabola horretako benetako protagonista. Bi bider errepikatzen du poz-oihu hau: «Ene seme hau hila nuen eta piztu zait; galdua nuen eta aurkitu dugu». Oihu honek agertzen du zer duen bihotzean aita honek.

Aita honi ez dio axola bere ohorea, ez bere probetxua, ezta bere semeari ematen dioten tratua ere. Ez darabil inoiz ere hizkuntza morala. Soilik, bere semearen bizia du gogoan: ez dadila suntsitu, ez dezala jarraitu hilik, ez dadila bizi galdurik bizi-poza ezagutu gabe.

Xeheki deskribatu du kontakizunak aitaren eta sutondoa utzi zuen semearen topo egitea. Artean urrun zela, goseak eta lur joa «ikusi zuen» aitak etortzen, eta hondo-hondoraino «hunkitu zen». Begiratu on hau, onbera eta errukitsu hau, da salbatzen gaituena. Jainkoak bakarrik begiratzen digu horrela.

Bat-batean, «korrika hasi zen». Ez da izan semea etxera itzuli dena. Aita da korrika irten eta haren besarkada bila joan dena, semeak berak baino su handiagoz. «Besarkatu eta musuka hasi zitzaion». Horrela ari da Jainkoa beti. Besoak zabalik doa beragana itzultzen direnengana.

Semeak bere aitorpena hasi du: luzaroan prestatu du bere bihotzean. Aitak, ordea, eten egin dio, umilazioa ez luzatzeko. Ez dio ezarri inolako zigorrik, ez dio eskatu inolako ordain-erriturik, ez dio ipini inolako baldintzarik etxean sartzeko. Jainkoak bakarrik onartzen eta babesten ditu horrela bekatariak.

Soilik, semearen duintasuna du aitak gogoan. Presaka jokatu beharra du. Jantzirik hobena ekartzeko agindu du, seme-eraztuna eta etxean sartzeko oinetakoak ekartzeko. Harrera hori egin diote beraren omenez ospatuko duten jai-otorduan. Aitagandik urruti ezin gozatu izan duen bizitza duin eta zoriontsua ezagutu behar du semeak aitaren ondoan.

Parabola hau kanpotik entzungo duenak, ez du ezer ulertuko. Bizitzan bide egiten jarraituko du Jainkoa gabe. Aldiz, bere bihotzean entzungo duenak, agian, negar egingo du pozez eta esker onez. Lehenengo aldiz sentituko du bizitzaren azken misterioan badela Norbait, onartzen gaituena eta barkatzen, soil-soilik poza opa digulako.

4 Cuaresma (C) Lucas 15, 1-3. 11- 32

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 06/03/13.- Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.

Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado «reprimida» en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía «la parábola del hijo pródigo», pero nunca la han escuchado en su corazón.

El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: «Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado». Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.

A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.

El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre «lo vio» venir hambriento y humillado, y «se conmovió» hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.

Enseguida «echa a correr». No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. «Se le echó al cuello y se puso a besarlo». Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.

El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.

El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.

Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* ORAR CON EL EVANGELIO. Lc.15,1-3;11-32)

* DOMINGO 4º -C- MARZO 10 de 2013
•PARÁBOLA DEL “PADRE MISERICORDIOSO”.
• Es difícil sintetizar la riqueza de esta parábola, tan actual para nuestro tiempo y tan rica en Bondad y Misericordia, cosa que tanto necesitamos.
Los pasos que sigo en la reflexión son: El hijo menor. El hijo mayor. El Padre misericordioso: Dios.
El hijo menor ya no quiere ser hijo en la casa del padre. Esto es según los evangelios el pecado.
El hijo menor, excluye a Dios y se marcha a una lejanía, quiere proyectar su vida según el antojo de su libertad.
¿Resultado?. Es la pérdida de la dignidad de hijo.. Pérdida de los bienes de la herencia paterna. Miseria, hambre, sometido a un amo despiadado, entre cerdos…
* El pecado nunca sacia, no alimenta una vida auténticamente humana. Al vacío del que abandona a Dios, busca llenarlo con algo, aunque sean las bellotas que comen los cerdos.
* El pecado toca el Amor de Dios por el hecho de herir a la persona que El tanto ama.
* Pero aquí actúa la MISERICORDIA DE DIOS QUE NO ABANDONA nunca la obra de sus manos.
El hijo Pródigo, el menor, tuvo la gracia del hambre, del dolor, de la humillación. Con ello, la experiencia de la necesidad de perdón,
La gracia de Dios, siempre está actuando, ilumina; otorga al mismo tiempo la fuerza para la vuelta.
Se levantó (signo de resurrección) y el hijo menor emprendió el camino a la casa del padre.
Se levantó: gesto de salvado, el ponerse de pié en la vida, resucitar.
(NADA MEJOR QUE PARARNOS EN EL SILENCIO Y CON ESTOS DATOS Y OTROS QUE RECORDAMOS DE ESTA EXTRAORDINARIA PARÁBOLA DE LA MISERICORDIA, REPASAR NUESTRA VIDA, MI VIDA…).
* El hijo mayor: si el pecado del menor fue rechazar a Dios Padre, el pecado del mayor es el del rechazo al hermano.
* EL PADRE MISERICORDIOSO: Es el centro de la parábola. Su actitud se expresa en dos gestos:
DAR Y PERDONAR.. Da la herencia, perdona el pecado..
Ningún resentimiento hacia el hijo ingrato. Una espera vigilante de padre que aguarda el día de la vuelta del hijo.. siempre mirando el camino…Un día ve venir a alguien hecho piltrafas. Sí, viene a la casa, ¡es el hijo!. Corre, lo abraza, lo besa, sin escuchar la confesión del pecado. Pronto, traigan un traje, calzado. ¡Hay que celebrar la vuelta a la vida!. Ese Amor de Misericordia tiene un nombre: se llama JESUCRISTO. El pasó por lo que pasó, para reconciliarnos a todos.
* Estamos en un tiempo apto para la reconciliación y encontrar la paz profunda y plena. que abramos el alma a una profunda CONVERSIÓN a los valores de Jesús.
* Leamos una y otra vez esta parábola, situándonos nosotr@s en los personajes. ¿Qué siento?.

* ORACIÓN
* Un día Dios Padre de Misericordia, sentí que me faltaba el calor de tus brazos.
Sentí el frío de no contar con ellos. Un frío que enfría el alma.
Me creí libre de ti, Señor, y me encontré esclavo de mí mismo.
Sentí la soledad, aunque estaba con todos. Sentí la tristeza, aunque todos se reían.
Sentí el vacío y todos parecían felices.
Hoy vuelvo a Ti, Padre de Bondad y Misericordia.
Necesito que tus brazos me estrechen. Necesito que tu corazón me devuelva a la alegría.
Necesito que tu calor se lleve mi frío.
Necesito sentir que me llamas hijo.
Necesito sentir el calor de tu abrazo.
Necesito sentir el silencio del no reproche.
Necesito sentir que me invitas a tu mesa. Necesito sentir que me abres la puerta.
Necesito sentir que hoy me dices: “Entra, esta es tu casa. Ponte cómodo y hagamos fiesta”…
**********
La parábola del Hijo Pródigo ha tenido distintos títulos, porque todo depende de cómo la lee cada uno de cada una y de la resonancia que tiene en el corazón de cada uno. Porque, a diferencia de otras parábolas, ésta tiene mucho de personal, de retrato de cada uno de nosotros. Es la parábola de Dios Padre. Es la parábola del corazón de Dios.
Es la parábola del Dios de la Misericordia y Bondad.
Pero también es la parábola de cada uno de nosotros y nosotras.
Jesús de Nazaret nos dijo: quién me ve a mí, ve a mi Padre.
Que Jesús nos enseñe a mirar y confiar en el Padre de BONDAD Y MISERICORDIA. Nuestro DIOS. AMÉN
ZURIÑE

III DOMINGO DE CUARESMA, 3 de MARZO de 2013, Lc 13, 1-9

José Enrique Galarreta

Lc 13, 1-9

Se trata de dos sucesos de diferente tipo. Una insurrección de Galileos cruelmente sofocada por Pilato y un accidente laboral durante la construcción de una torre en Siloé. De esas noticias toma pie Jesús para una exhortación a no creerse mejor que otros y dar buenos frutos de conversión.

El final está directamente relacionado con lo anterior. Ante una sociedad satisfecha de ser el pueblo elegido, de ser hijos de Abraham, Jesús habla de frutos. Como siempre, por sus frutos los conoceréis. El relato es parabólico, no hay por qué buscar simbolismos a cada detalle. Es el mensaje global lo que importa: si no da frutos, para nada vale la higuera por muy hermosa que sea.

Pero es interesante repensar el significado de los personajes. Tendemos a identificar a Dios con el amo que está decidido a arrancar la higuera. Personalmente me gusta más identificar al amo con nuestro sentido común y ver una imagen de Dios en el viñador, en su paciencia, movida por su amor a la viña.

Los tres textos de hoy se ordenan en torno a un nivel de urgencia de la Palabra que nos importa extraordinariamente. Se nos plantea el tema básico: la conversión, vista desde un ángulo práctico y de exigencia: «Ya conocemos a Dios, ya sabemos cómo vivir; ahora ¿qué hacemos?».

Y en este contexto, las lecturas de hoy pueden «resumirse», de manera un tanto simple, así:

«Conocemos a Dios, pero esto puede no servir para nada»

Hemos visto cómo el texto del Éxodo presenta el encuentro de Moisés con Dios. Dentro de sus características bastante primitivas, (Dios inspira temor, su presencia delimita un espacio físico sagrado) es el comienzo de la fe de Israel en EL SALVADOR, la fuerza del pueblo, el que está empeñado en la liberación. Y ésta será, como bien conocemos, la más importante de las líneas de fuerza de la revelación, culminada espectacularmente en Jesús: «Tanto amó Dios al mundo…»

El tema se presenta desde el punto de vista de «conocer el nombre de Dios», que equivale a «conocer a Dios». El Antiguo Testamento lo resolvió con toda lógica: «No es posible conocer a Dios sin morir», «no es posible para el ser humano ver el rostro de Dios». Por eso, en La Morada, Yahvé permitirá que Moisés le vea «de espalda». Es preciosa la expresión de Agar, la esclava de Abraham expulsada al desierto con su hijo Ismael, cuando en un ángel le socorre proporcionándole agua y ella, aterrada, se pregunta: «¿Habrán visto mis ojos la espalda de Aquel que me ve?».

Todo esto es superado de manera inconcebible por Jesús. Nuestros ojos lo han visto. Nuestros oídos le han escuchado, nuestras manos han podido palpar. Y no han visto ni palpado terrores, nubes ardientes, lejanías temibles: han visto bondad, compasión, arriesgarse para curar, solidaridad con el pobre, capacidad de entrega incondicional: la revelación de Dios en Jesús pone patas arriba todas las fantásticas y temibles imaginaciones de la Antigua ley.

Pero Pablo retoma el tema desde una perspectiva mucho más personal y urgente: «no todos los israelitas que salieron de Egipto agradaron a Dios». Pertenecer al pueblo, salir de Egipto…. ¿Se creían seguros? ¿Pensaban quizás «somos el Pueblo elegido, somos superiores, estamos salvados, Dios está con nosotros», y esto era toda su religión? Si esto era así, cometieron el mayor error: pensar que «la salvación» es algo que viene de fuera, que religión es pertenecer a un pueblo, conocer a Dios, cumplir unos ritos… No agradaron a Dios.

Y el evangelio de Lucas lo plantea ya de manera polémica y «actual». Le cuentan a Jesús el fin desgraciado de unos «guerrilleros anti romanos» y de un accidente de la torre de Siloé. Jesús aprovecha estos sucesos para una «catequesis» doble:

En primer lugar, a la «gente bien», que ve con malos ojos a los guerrilleros y piensan que bien merecido tienen el castigo. En segundo lugar a los que, superficialmente, piensan que todo mal es «castigo de Dios».

Jesús desarrolla dos ideas: «¿Os creéis mejores que esos guerrilleros?» «¿Os creéis que los males del mundo son los castigos de los pecados?» Y aprovecha la oportunidad para decir: «Vosotros, que sois «los que conocéis a Dios», os creéis ‘justos’, pero sois como una higuera bien cuidada, en buena tierra, bien abonada…. Si no da fruto no vale más que para leña».

Una más de las «parábolas» vegetales, agrícolas, de Jesús. El sembrador, el grano de mostaza, la cizaña, la cosecha abundante, el árbol bueno y malo… Y prácticamente todas ellas apuntando a un mensaje: frutos.

Es la vertiente exigente, radical y práctica de la Buena Noticia.

«Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer»

Nosotros tenemos la tendencia a pensar que estamos salvados porque hemos tenido suerte, porque Dios nos ha querido más que a otros, porque estamos bautizados, porque tenemos el modo de que se nos perdonen los pecados… Son todo cosas exteriores, que nos vienen de fuera, que no suponen nuestra conversión. Pero pertenecer a la Iglesia, conocer a Dios, participar en la Eucaristía… son la buena tierra, la poda, el riego, el abono de la higuera. Si no dan fruto, no sirve para nada más que «para cansar la tierra». No estamos «salvados»; lo que estamos es bien cuidados, bien abonados, bien podados, bien alimentados… en espera del fruto. Y no podemos menos que recordar en este contexto otras palabras de Jesús: (Mt 23)

«Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de Dios; porque vosotros no entráis, y les impedís la entrada a otros.

«Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas que pagáis el diezmo de la menta y del comino y habéis descuidado lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad.

«Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis el exterior de la copa mientras el interior está lleno de rapiña y de intemperancia…….»

Y quizá la más expresiva de todas: (Mt 7,22)

«Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis. «No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y entonces les declararé: «¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!»

Es claro que nuestra situación es más de debilidad que de hipocresía. Pero no pocas veces resulta intolerable la desproporción entre nuestro conocimiento de Dios y la escasa transformación de nuestra vida.

Pienso que la fe sin obras es un tema teológico estéril. Pero pienso también que la mediocridad de nuestra vida, nuestro servicio a dos señores es una característica de nuestra religiosidad que la hace estéril. ¿Qué poder de transformación de la vida tiene de hecho la Palabra de Dios entre nosotros? Sin querer responder a esta pregunta, porque debe ser respondida personalmente, pienso que se debe plantear como test de sinceridad religiosa. Somos cristianos exactamente en la medida en que la Palabra tiene poder para cambiar nuestra vida.

De aquí se derivaría otra consideración más general sobre la Iglesia Católica Romana y su poder de transformación de la sociedad. Hay un texto estremecedor de Dibelius que me parece oportuno citar:

«En mi opinión, la causa del fracaso de la Iglesia en el siglo XIX… hay que buscarla ante todo en el hecho de que la Iglesia siempre estuvo tan estrechamente ligada a los poderes de este mundo que no se atrevió a desatar revoluciones espirituales. El Sermón del Monte es una «cámara del tesoro» de una radical energía espiritual, pero cualquiera que se hubiera atrevido a aplicar esas fuerzas a la civilización o a la existencia humana en el mundo moderno, habría aparecido como si quisiera echar a pique el mundo; y esto hizo que el cristianismo dudara en atreverse.

En esta situación, el cristianismo no era revolucionario, sino relativamente conservador, unas iglesias más que otras. Pero, en conjunto, las iglesias actuaron más bien como «buena conciencia» en lugar de actuar como «conciencia crítica». Prefirieron apoyar el orden reinante en el mundo, en vez de criticarlo: fortalecer a los poderes dominantes, en lugar de oponerse a ellos. La Iglesia, que antaño había sido de los predicadores del Evangelio para la Vida Eterna, se convirtió en un poder de este mundo, monstruosamente conservador.»

José Enrique Galarreta

GARISUMAKO 3 III. IGANDEA, BERANDUEGI IZAN AURRETIK-ANTES QUE SEA TARDE

BERANDUEGI IZAN AURRETIK

Lukas. 13, 1-9

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Aski denbora joana zen Jesus Nazaret bere herrian agertu zenetik profeta bezala, pobreei Berri Ona hots egiteko Jainkoaren Espirituak bidalitakoa bezala. Aspertu gabe jarraitzen du bere mezua errepikatzen: Jainkoa hurbil da jada, bidea urratuz, mundua gizon-emakume guztientzat gizatasun handiagoko bihurtu nahiz.

Baina errealista da. Jesusek badaki Jainkoak ezin duela mundua aldatu guk nahi izan gabe. Horregatik ari da jendeagan bihotz-berritu nahia esnatzen: «Bihotz-berri zaitezte eta sinetsi Berri On hau». Mundua gizatasun handiagoko bihurtzeko, Jainkoak ari duen ahalegin hori posible izango da, haren egitasmoa onartuz erantzuten badugu.

Denbora aurrera doa, eta Jesus ikusten ari da jendeak ez diola erantzuten bere deiari berak nahi izango lukeen bezala. Asko datoz berari entzutera, baina ez diote irekitzen bihotza «Jainkoaren Erreinuari». Dei eta dei jarraituko du Jesusek. Premia gorrikoa da aldatzea, beranduegi izan aurretik.

Halako batean, parabola labur bat kontatu die. Lur-jabe batek pikondo bat du bere mahastiaren erdian. Urtea joan urtea etorri, fruitu bila joaten da jabea, baina ez du aurkitzen. Arrazoizkoena ematen du haren erabakiak: pikondoak ez dakar fruiturik eta alferrik ari da lurra betetzen; hura botatzea da arrazoizkoena.

Baina mahastiko arduradunak espero ez zen moduan erreakzionatu du. Zergatik ez utzi oraino? Ezagutzen du berak pikondoa, hazten ikusi du, zaindu ere zaindu du, ez du ikusi nahi orain hiltzen. Berak eskainiko dio denbora eta ardura gehixeago, ea fruiturik ematen duen.

Bat-batean eten da kontakizuna. Parabolak irekirik jarraitzen du. Mahasti-jabea eta arduraduna ezkutatu egin dira eszenatik. Pikondoak erabakiko du bere azkena. Bitartean, inoiz baino arreta handiagoa eskainiko dio mahastiko arduradunak, gogora Jesus bera dakarkigun horrek: «galdua zegoenaren bila etorri baita eta salbatzera».

Gaur egun Elizan behar duguna, ez da erreforma koxkor batzuk txertatzea, «aggiornamentua» eragitea edota gure aldi honetara egokitzea. Behar duguna, bihotz-berritzea da maila sakonago batean, «bihotz berria», ihardeste erantzulea eta deliberatua Jainkoaren Erreinuaren dinamikan sartzeko Jesusek egiten digun deiari.

Beranduegi izan aurretik behar dugu erreakzionatu. Jesus bizirik da gure artean. Mahastiko arduraduna bezala, gero eta hauskorrago eta zaurigarriago diren gure kristau-elkarteez axolatzen da. Bere Ebanjelioaz janaritzen gaitu, bere Espirituaz sostengatzen.

Esperantzaz begiratu behar diogu geroari, aldi berean, hartaraino behar ditugun eta Vatikano II.a kontzilioaren dekretuek Elizan ezin sendotu izan dituzten bihotz-berritzearen eta berrikuntzaren giro berria sortzen goazelarik.

3 Cuaresma (C) Lucas 13, 1-9

ANTES QUE SEA TARDE

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 27/02/13.- Había pasado ya bastante tiempo desde que Jesús se había presentado en su pueblo de Nazaret como Profeta, enviado por el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.

Pero es realista. Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: «Convertíos y creed en esta Buena Noticia». Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.

Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al «Reino de Dios». Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.

En cierta ocasión cuenta una pequeña parábola. Un propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla.

Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no la quiere ver morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto.

El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, «el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, promover el «aggiornamento» o cuidar la adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un «corazón nuevo», una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.

Hemos de reaccionar antes que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de nuestras comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.

Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta hora consolidar en la Iglesia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.13,1-9)

* DOMINGO 3º DE CUARESMA-C-MARZO 3-13

* En el evangelio de este Domingo podemos destacar dos mensajes, pero principalmente
ahondaremos en el 2º: Parábola de la higuera estéril. En ellos descubrimos una vez más, lo que es Dios Padre para nosotr@s.
* Dios nos habla por la vida: El anuncio de la Buena Noticia y el encuentro con Dios sucede en la misma historia que hacemos y padecemos día a día.
* Conversión. Cambio de actitudes: Es la primera lección de Jesús al comienzo de su Misión
* La paciencia de Dios: No sólo nos espera, sino que alienta nuestra vuelta y nos cuida y ayuda.
* LA PARÁBOLA DE LA HIGUERA que no da fruto, pero que no se arranca con la confianza de que dará… La parábola desempeña dos papeles: crítico y esperanzador; a su vez ilumina el sentido de la CONVERSIÓN, que no es sólo ruptura con algo mal hecho, sino el realizar algo nuevo para dar fruto, como dice Lucas. Dar la vuelta, un cambio total de rumbo.
El dueño de la viña ordenó cortar la higuera (Dios Padre), que por tres años no ha producido fruto, pero se interpuso el viñador (Jesús). En lugar de talar la higuera, apuesta por ella, y ruega al Dueño que la deje un año más, y se compromete seriamente a cultivarla con esmero para que de fruto.
* Pero eso depende de nosotr@s mism@s y no sólo del Viñador Jesús…
* Esto debe infundirnos una decisión radical de arrepentirnos de nuestras actitudes negativas y de aprovechar cada momento para dar mucho fruto.
* Jesús nos deja la puerta abierta a la esperanza. El labrador (Jesús) suplica (al Padre) para la higuera (nosotr@s) un tiempo de espera y de confianza.
* La parábola nos muestra la paciencia y misericordia de Dios Padre, que espera que demos frutos de buenas obras.
* Un fruto visible de la conversión es emprender de nuevo nuestro camino con Jesús hacia Jerusalén, hacia el misterio Pascual muerte y resurrección. rodead@s como estamos de signos de muerte (crisis, violencia, corrupciones…) hemos de colaborar para que nosotr@s, junto con l@s demás, demos en la Iglesia y en la sociedad frutos para el Reino. Esto nos dará felicidad.
* Nos podemos preguntar. ¿Qué clase de árbol frutal somos cada un@ de nosotr@s?
¿Damos los frutos que el agricultor espera?…
* ¡Ánimo!, Este tiempo de Cuaresma es el propicio para caminar y cambiar. Así daremos frutos.
* ORACIÓN
Jesús de Nazaret, mi Viñador, Déjame crecer en Ti.
Sé mi suelo, mi agua, mi luz.
Yo quiero ser tu árbol, regalarte frutos en abundancia.
Jesús de Nazaret, mi viñador. Mi protector contra todas las tempestades y de todo peligro.
Tú, eres el jardinero, que planta, me protege y me cuida.
Te regalo los frutos que quiero de mi vida a Ti que me has cuidado, cultivado, para que yo pueda crecer en Ti y ayudar a otr@s a dar frutos, como Tú me ayudas a mí. AMÉN

SEGUIMOS ORANDO
Jesús de Nazaret, los frutos que con justicia esperas, serán gozo en mí por habértelos dado, y en Ti, por recibirlos. No dejes que mis manos permanezcan vacías. Cuando llegues, Señor, a recoger cosechas, que desborden los frutos y si no hallas tantos como tu esperas es que por amor a Ti, los he ido dando a otr@s que los necesitaban. AMÉN
ZURIÑE

2º DOMINGO DE CUARESMA, 24 de Febrero de 2013, Lc 9, 28-36

QUIÉN ES JESÚS

Escrito por José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 9, 28-36

El texto de la transfiguración presenta paralelos en Mateo y Marcos, y falta completamente en Juan (uno de los tres testigos del hecho). Sobre el relato de un suceso, se ha montado una gran teofanía y una profesión de fe en Jesús.

Jesús se retiraba a menudo a orar al monte. Algunas veces se llevaba consigo a los discípulos, sobre todo a los más íntimos, como volveremos a ver en Getsemaní. Quizá en esos momentos Jesús les parecía a los discípulos transfigurado, como evidentemente lleno de Dios al que oraba… Sobre un suceso de ese tipo se ha construido el texto.

Parece claro que, sobre un relato histórico, se ha redactado una escenificación de la fe de los apóstoles en Jesús, presentada además con todos los signos de las «Teofanías» o manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento. El monte, Moisés y Elías, la nube, la voz, el resplandor de la Gloria del Señor, las mismas manifestaciones e incluso los mismos personajes que acompañan la revelación de Yahvé en el Sinaí, que en el AT. significan la presencia de la divinidad, y también las mismas palabras que acompañan la manifestación del Espíritu en el Jordán: «Este es mi Hijo… escuchadle».

Llama la atención la semejanza de estos recursos con los utilizados en el bautismo en el Jordán, e incluso en la Ascensión. El «suceso» tiene una profunda relación con el evangelio del domingo pasado (la cuarentena en el monte) y con la última noche de Jesús, la del Huerto de los Olivos. Estamos ante uno de los «discernimientos» de Jesús, que se producen en los momentos más cruciales de su vida. Ante las elecciones más determinantes de su vida, Jesús se prepara refugiándose en la oración: en la cuarentena del monte, Jesús tiene que optar por volverse a su carpintería de Nazaret o lanzarse a una vida de Profeta sanador y predicador ambulante; en Getsemaní, Jesús tiene que elegir entre esperar a los que lo van a detener o escaparse perdiéndose en la noche. En el relato de hoy, Jesús se enfrenta a la decisión de subir a Jerusalén, donde sabe que le espera la muerte. En los tres casos, se refugia en la oración.

Pero el mensaje es claro: Jesús está a punto de tomar la decisión más grave de su vida: subir a Jerusalén. Mientras se limite a ser el profeta rural, al que sigue mucha gente en Galilea, producirá más o menos inquietudes. Pero si se atreve a predicar en Jerusalén, y más aún en el Templo, su enseñanza será una confrontación directa con las autoridades de Israel. Jesús sabe que esto puede llevarle a la muerte, pero afrontará ese riesgo porque considera que su misión es ofrecer La Buena Noticia a Israel en el mismo Templo. Y será rechazado y crucificado.

El evangelista sabe todo esto, sabe que Jesús sube a Jerusalén a morir, y prepara la pasión y la muerte con una Teofanía, para mostrar que ése que va a morir no es un falso profeta fracasado sino el Hijo rechazado por Israel.

El relato es por tanto fuertemente teológico y simbólico, aprovechando una escena sin duda real: las largas noches de oración que le costó a Jesús tomar esa decisión, acompañado – mal, como siempre – por sus discípulos más íntimos.

Y los personajes hablan con Jesús acerca de su muerte. No es casual este tema de conversación. Estamos en el capítulo 9 de Lucas, y muy poco después (9.51) Jesús se dirige ya a Jerusalén, habiendo anunciado su pasión en 9,43. Se trata por tanto de prevenir la crisis de fe que sobrevendrá con la muerte en cruz. Se trata de anunciar que el que va a morir en la cruz es el Hijo Predilecto, que aunque sus enemigos parecen poder con él, «Dios estaba con Él» (Hechos 10,38)

Por otra parte, no deja de ser sorprendente, casi cómico, que Pedro diga lo bien que se está allí, mientras Jesús, Moisés y Elías están hablando de su próxima muerte en Jerusalén. Una vez más, los evangelistas no disimulan la escasa comprensión de los doce.

La Revelación de quién es Jesús lleva consigo nuestra propia revelación. Quién es Él lleva consigo saber quién soy yo, quiénes somos nosotros. Y la revelación es paralela: Jesús es el Hijo, el Enviado. Yo soy el hijo, el enviado. La Iglesia somos los hijos, los enviados. Todos los humanos deben saber que son hijos, y para eso necesitan que los que lo saben sean enviados.

Jesús, el Hijo Enviado, está aquí para cambiar el mundo; cambiarlo desde dentro a fuera, naturalmente. El Reino de Dios es que todos sean hijos, lo sepan, vivan así: la gloria de Dios son sus hijos. El resplandor de la gloria de Dios no son lucecitas de neón sino la bondad, la fortaleza, la misericordia… de sus hijos. La gloria de un padre no es una lápida ni una condecoración ni una ceremonia: la gloria de un padre son muchos hijos adultos, logrados, realizados, felices… Ese es el Reino. Que se enteren todos de que ese mundo es posible, que se vaya realizando ese reino, desde dentro, como crecen las semillas, como actúa la levadura, es la Misión: a esa misión es enviado Jesús, a esa misión estamos enviados.

La primera misión de la iglesia, de nosotros la iglesia, es ser el reino, hacer visible el reino, hacerlo convincente, atrayente. La alta eclesiología suele afirmar pomposamente que la iglesia es el Reino de Dios en la tierra. Se equivoca: eso no es una definición sino una vocación, una misión: nosotros la iglesia nos hemos comprometido por el bautismo a esforzarnos por ser el reino, es decir, a vivir según los criterios y valores de Jesús… para que el reino sea creíble, atrayente.

Esa misión tropieza con la cruz, que fue y es una realidad, y es y fue un símbolo. El reino de Dios se construye haciendo y haciéndose violencia. Violencia por parte de las luces despistantes de otros reinos que atraen de modo más seductor e inmediato. Violencia por parte de los que sirven a otros reinos o a otros dioses… El reino de Dios se construye con esfuerzo. A Jesús le costó cruz.

Pero en el crucificado también vemos al hombre lleno del Espíritu. Y en el Resucitado vemos qué reino es verdadero.

La Cuaresma, la vida, el monte. Van ya dos montes en estos dos domingos de Cuaresma: el monte de la tentación vencida por la fuerza del Espíritu; el monte de la Revelación en el que se habla de la cruz. Nos faltan otros dos: el monte calvario, en que la cruz será escándalo y revelación; y el monte de la Ascensión, que será antes que nada el Monte de la Misión.

Y no podemos menos que recordar las palabras de Isaías (2)

«Sucederá en días futuros que el Monte de la Casa de Yahvé se asentará en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones y acudirán pueblos numerosos y dirán: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, para que Él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos»

Que son, insistamos una y otra vez, preciosas palabras simbólicas. Todas las palabras que hemos usado acerca de la transfiguración de Jesús y de la transfiguración de nuestra vida son simbólicas, son verdaderas como símbolos. Los excesos de algunas teologías consisten a veces en entender los símbolos como realidades, estar persuadidos de que están contemplando cara a cara el rostro de Dios, creer que Jesús caminaba por Galilea despidiendo resplandores. Nuestro conocimiento de Dios es lo que conocemos de Jesús de Nazaret, aquel hombre que se cansaba, dudaba, sentía tentaciones y se sintió desamparado de su Padre. Nuestra fe confiesa que ese hombre es el Hijo.

José Enrique Galarreta

 

GARIZUMAKO II. IGANDEA, JESUSI ENTZUN-ESCUCHAR A JESÚS

JESUSI ENTZUN
Lk. 9, 28 – 36

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 20/02/13. Aldi guztietako kristauek sentitu izan dute tradizioz «Jaunaren Antzaldatzea» deitu izan den eszenaren lilura. Alabaina, kultura modernoko garenoi ez zaigu gauza erraza gertatzen kontakizun horren esanahia atzematea; alegia, «teofania»ri edo Jainkoaren errebelazioari dagozkion irudiez eta baliabide literarioez idatzia dagoen horri.

Halaz guztiz, Lukas ebanjelariak xehetasun batzuk itsatsi ditu; jende askorentzat arrotz eta itxurarik gabeko gertatzen den pasadizo horren mezua errealismo handiagoz aurkitzen laguntzen diguten xehetasunak dira. Hasieratik adierazi digu Lukasek, Jesus, hurbilenak dituen ikasleekin, mendi baten puntara igo dela, soilik «otoitz egitera», eta ez antzaldaketa bat ikustera.

Jesus otoitzean ari dela gertatu da dena: «otoitzean ari zela,haren aurpegiaren itxura aldatu zen». Jesusek, sakon bere baitan bildurik, onartu du Aitaren presentzia, eta aurpegia aldatu zaio. Haren nortasun sakonena eta ezkutukoena den hartan zerbait atzeman dute ikasleek. Haren eguneroko bizitzan ezin atzeman izan duten zerbait.

Jesusen jarraitzaileen bizitzan ez dira falta distira- eta ziurtasun-momentuak ere, poz- eta argi-uneak ere. Ez dakigu zer gertatu zen mendi haren puntan, baina badakigu otoitzean eta isiltasunean posible dela zerbait sumatzea, fedetik, Jesusen nortasun ezkutuko horretan. Otoitz hori liburuetan lortu ez daitekeen ezagupenaren iturria da,

Lukasek dio ikasleak doi-doi jabetu zirela ezertaz, zeren «logale baitziren», eta soilik «esnatzean» atzeman baitzuten zer edo zer. Pedrok dakien guztia, egoera hartan oso ondo sentitzen dela da eta ez lukeela nahi esperientzia hura bukatzea. Lukasek dio «ez zekiela zer esaten ari zen».

Horregatik, ahots batekin eta agindu nagusi batekin bukatzen da eszena. Ikasleak hodei batek harrapatu ditu. Izutu egin dira, zeren gertaera hark gainez egin baitie. Baina hodei hartatik ahots hau irten da: «Hau ene Semea da, nik hautatua. Entzuiozue». Entzutea izan behar du ikasleak bere lehen jarrera.

Gaur egungo kristauek premia gorrikoa dugu geure erlijioa «barneratzea», baldin eta geure fedea biziberritu nahi badugu. Ez da aski Ebanjelioa entzutea modu zabarrean, ohikeriazkoan eta higatuan, aditzeko batere gogorik gabe. Ez da aski soilik ulertzeaz kezkatua den arrazoizko entzute hutsa ere.

Jesus biziari entzun behar diogu, geure izatearen barruenean bizi den horri. Guztiok, predikari eta herri fededunak, teologo eta irakurleek: guztiok dugu Jainkoaren Berri Ona entzun beharra, ez azaletik, baizik geure barnetik. Haren hitzak geure burutik bihotzera jaisten utzi beharra dugu. Gure fedea indartsuagoa izango litzateke, gozagarriagoa, kutsagarriagoa.

2 Cuaresma (C) Lucas 9,28-36

ESCUCHAR A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 20/02/13.- Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente «La transfiguración del Señor». Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una «teofanía» o revelación de Dios.

Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente «para orar», no para contemplar una transfiguración.

Todo sucede durante la oración de Jesús: «mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió». Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.

En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.

Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues «se caían de sueño» y solo «al espabilarse», captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que «no sabía lo que decía».

Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: «Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle». La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.

Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente «interiorizar» nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.

Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.9,28b-36)

* 2º DOMINGO DE CUARESMA-C-
Febrero 24 de 2013

* En este segundo domingo de cuaresma, reflexionamos y profundizamos sobre el Mensaje de la transfiguración de “Cristo”, Maestro nuestro. Después de anunciar la muerte a sus discípulos les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria para testimoniar, de acuerdo con la ley y los Profetas, que la Pasión es el camino de la Resurrección. Aunque nos cueste aceptarlo también a nosotr@s.
El hecho de la Transfiguración se realiza en el camino de Jesús a Jerusalén, la ciudad que mataba a los Profetas, y donde El va a terminar su peregrinación terrena. Con esta idea vemos en los textos de este domingo que se acentúa el sentido de “éxodo”, peregrinación, disponibilidad y fe en camino como respuesta a la llamada que Dios nos hace. (Lo hizo a Moisés, Abraham, Elías etc.)
* Jesús va con sus amigos íntimos y se transfigura, es decir deja ver todo el misterio de Luz que hay en Él. En Jesús se cumple toda la Historia de la Salvación que dios pone a la humanidad. Y una voz lo confirma “Este es mi Hijo amado: escuchadlo” todo ocurre en un momento, pero es lo suficiente para levantar la esperanza, para no apartarse de El…
* Seguir a Jesús exige un Tabor en el camino, que nos permita encontrar el Camino, la Verdad y la vida. Tenemos que saber escuchar a Jesús que es la luz en medio de la oscuridad y de los avatares de nuestra vida.
* Cuando Cristo se transfiguró en el Tabor. “Su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la nieva”. Hoy día, Cristo se sigue transfigurando delante de nosotr@s; pero al revés, su rostro ya no resplandece como el sol, sino que se oculta bajo los rostros de nuestros pobres, abandonad@s. sus vestiduras ya no son blancas como la nieve, sino que tienen ese color indefinido de suciedad, de caminos rurales, de pueblos en pobreza…todo esto sigue siendo el mismo Cristo del Tabor; y la voz del Padre que aquél día se dejo oír en la cumbre del monte, sigue diciéndonos ahora “Estos son mis hijos muy amad@s… escuchadl@s”.Sí, escuchemos su sed de justicia, su sed de progreso, su sed de amor, su se de humanidad, su sed de salir de su pobreza.
* Nos podíamos preguntar: ¿Escuchamos estas voces? O queremos hacer tres tiendas como los discípulos… Pero jesús baja de la montaña y vuelve a su camino hacia Jerusalén, donde sabe lo que le espera. Y enseña a sus discípulos y a ti y a mí, a volver con esperanza al camino de la vida y actuar.

• ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS.

Te damos gracias, Dios Padre nuestro, porque nos has llamado a la tierra prometida de tu Reino y nos has mandado caminar hasta encontrarte.
Te elegiste un pueblo en Abrahám, que, confiado en tu Palabra, se puso en camino a través del desierto. Por medio de los Profetas hiciste que se conservase viva la esperanza de la salvación, y en ella esperamos.
Nos enviaste a tu Hijo amado, quien, después de anunciar su muerte, mostró en el monte santo que la Pasión es el camino de la Resurrección.
Despierta, Señor, nuestra fe, adormecida.
Haz que en esta cuaresma sepamos ponernos en marcha como Jesús al bajar del monte, para que lleguemos con gozo a la fiesta de la Pascua. Y con nosotr@s, tantos y tantas que necesitan que sus vidas se transformen y se llenen de luz rompiendo la sed de tantas necesidades, de hambre, humanidad, pobrezas…AMÉN

SEGUIMOS ORANDO
*
Contemplar hoy a Jesús en el monte orando con sus apóstoles, es una llamada para que revisemos en esta Cuaresma nuestra vida de oración, la importancia real que ocupa en el conjunto de nuestro plan de vida, si no queremos que nuestra fe como seguidores de Jesús se vaya apagando. ¡Animo! Y subamos al monte. Bajaremos con luz y fuerza.
* Venimos a pedirte, Jesús de Nazaret, que nos lleves a orar como llevaste a tus discípulos.
Que sea oración contemplativa, que te miremos fijamente con los ojos de la fe, hasta darnos cuenta que estás conmigo, con nosotr@s.. ¡Qué bien se está aquí!…
Pero Jesús, bajó del monte a seguir el camino y sus discípulos llenos de luz también.
Que sepamos subir. Y luego bajar llen@s después de “contemplarle y escucharle” para hacer un mundo más humano, más cercano más de Dios que quiere la salvación para tod@s. AMÉN.
*ZURIÑE