*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.4,12.23)

• DOMINGO 3º T.O. –A- ENERO 26 de 2014

* Lo que recoge hoy el evangelio tiene especial significado para los cristianos de ahora y de siempre.
Jesús empieza su misión, anunciando la Buena Noticia de salvación, centrada en la llegada del Reino y en la urgente llamada a la conversión. Nos enseña que el Reinado de Dios se hace presente y actuante en la vida humana mediante la conversión, el cambio de mentalidad, de actitudes.
* Jesús se entera del encarcelamiento de Juan Bautista. Descubre que ha llegado su tiempo. Jesús se traslada a Galilea, encrucijada de caminos, de culturas y de pueblos; concretamente a la ciudad de Cafarnaún. Mateo nos dice que Jesús escoge esta ciudad, por su incredulidad. Esta consideración nos lleva a una reflexión, hay que predicar el Evangelio en los lugares difíciles, no solo en los templos y en los círculos cerrados. Debemos ir buscando los “cafarnaunes” donde la Palabra pueda resonar con novedad, difícil, si… allí fue Jesús.
* “CONVERTÍOS, PORQUE ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS”.
A Jesús le va a costar muchos quebraderos de cabeza para que allí y aquí se comprenda esto, ya que esperaban un reinado de triunfo, brillante con éxitos. En cambio Jesús nos presenta un Reino con comienzos humildes, un Reino escondido como una semilla en el corazón de las personas.
* Vivir el Reino de Dios es revivir en nosotros las actitudes de Jesús, sus gestos profundos y su relación con el Padre y los herman@s con la animación del Espíritu.
En el fondo, CONVERTIRSE es acoger a Dios en la vida. El, que nos quiere más humanos y más felices.
* Tenemos una 2ª parte del evangelio, que nos habla de la llamada. Jesús no quiere trabajar solo. Jesús pasea junto al lago de Galilea. Ve dos hermanos, luego otros dos… Jesús no está pasivo es El, el que sale al encuentro. Jesús, vio… Ese ver de Jesús es un modelo para nosotros para aprender a acercarnos a los demás con ojos misericordiosos. Los “vio”, (luego miró), “los llamó”. Y la llamada es para una finalidad primero “seguirle” y como consecuencia “una tarea”. “Inmediatamente, dejaron la barca y su padre, y lo siguieron”. (¡Qué tiempos aquellos!).
*Ahora es nuestro tiempo. Jesús nos dice “Yo soy la Luz del mundo” el que me sigue no camina en tinieblas. Jesús nos llama a no quedar pasivos, a “mirar”, “ver”, llamar, presentar el Reino que está cerca, en nosotros, pero para ello primero hace falta CONVERSIÓN PERSONAL.
* ORACIÓN

Contemplar a Jesús. Verle paseando, mirando, fijando su vista en el paisaje y en las personas…
Verle caminar con decisión, lleno de ilusiones, con mil proyectos en la mente y en el corazón…
Pensando en su camino, en cómo hacer… quizá se detiene junto a mí, me mira… Quizá me llama para “seguirle” en una “tarea” concreta. Pero en Cafarnaún, ciudad difícil. Es nuestra ciudad…
Acompañar a Jesús, mejor dicho el me acompaña a anunciar la Buena Noticia, consolar, curar, liberar, enseñar, devolver la alegría, la ilusión, la esperanza.
¿Qué respondo?…
ORAR, para recuperar la ilusión, ahora, aquí, para despertarse, animarse y ver que puedo seguir siendo discípulo como Simón y Andrés; como Santiago y Juan.
Que seamos capaces de decidirnos a caminar contigo para que cada día nuestra vida haga llegar tu Luz que muestra los valores de la vida, el valor de la persona.
Ayúdanos para ello a dejarnos CONVERTIR por Ti y a descubrir que el Reino de Dios está cerca, está en nosotros, porque ese Reino eres Tú, Jesús de Nazaret. Paseando por nuestro Calilea, nuestra vida. AMÉN – ZURIÑE

3º DOMINGO T.O., «TODO EMPEZÓ EN GALILEA», José E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Mt 4, 12-23

Galilea

Mateo hace una lectura de la historia en clave de ‘cumplimiento’. Fiel a este planteamiento general de su evangelio, sigue diciendo: «Éste es el que anunciaron los profetas». Aplica a Jesús la «profecía» de Isaías.

Lucas (4,16) pone en boca de Jesús esta misma interpretación cuando, en la sinagoga de Nazaret, lee a Isaías y se lo aplica a sí mismo.

(Marginalmente, es bueno recordar que la insistencia de los evangelistas en que Jesús es galileo es un dato fuerte en favor de su historicidad: Galilea es considerada medio pagana -Galilea de los gentiles-, es zona despreciada -¿de Nazaret puede salir algo bueno? – y no figura en los Profetas como cuna del Mesías… Es decir, nadie inventaría algo tan perjudicial para la figura del Mesías.)

Los cuatro evangelistas constatan el principio de la vida pública de Jesús en Galilea. Los discípulos, después de la Resurrección, se considerarán «testigos» de todo lo que hizo y dijo «desde el principio», desde Galilea.

Galilea viene a ser como la patria espiritual de la primera comunidad. Aunque esté en Jerusalén, Jesús resucitado les citará para Galilea. A pesar de las dificultades y las oposiciones, Galilea, el lago, serán una época dorada, de entrañable recuerdo… en contraposición a Jerusalén y el Templo, donde la oposición de «el mundo» acabará por llevar a Jesús a la cruz.

El Reino

«Convertíos, que ya está aquí el Reino». Así empieza Jesús. Son sus primeras palabras, con dos centros: conversión y el Reino, que se pueden juntar: «cambiaos al Reino».

Primer planteamiento: lo de Jesús es para cambiar. Y para cambiar a mejor. Se sale de la esclavitud al reino, se sale de vivir como esclavos enfermos y ciegos a ser reyes, libres. Por eso hablamos de Buena Noticia, de una noticia (=novedad) y buena (=estupenda).

La llamada

«Venid y seguidme: inmediatamente dejaron sus redes y le siguieron»

Sabemos que los relatos de la elección de los doce están modificados. En el cuarto evangelio tenemos otros detalles muy distintos de esa misma «vocación». Por tanto, esto no sucedió exactamente así. Se trata aquí de mostrar «la elección y la respuesta», tema básico en el Reino. Dios ofrece un camino y el hombre acepta la propuesta de Dios.

«Seguir a Jesús» es consagrar la vida al Reino. «Vende lo que tienes y sígueme». Vender lo que se posee puede tener el significado real de dejarlo todo… Esta será una manera concreta de servir al Reino. Pero todo el que sigue a Jesús «lo vende todo», es decir, ya no tiene nada más que para el Reino. Aunque siga en su misma vida, todo lo que tiene habrá cambiado de significado. Ya no será para sí mismo, sino un medio para el Reino.

«Pescadores de hombres». Es un símil que hoy nos gusta poco, porque parece que entraña «engañar al pez y sacarlo de su medio natural». No es ése el sentido. En realidad no hay que buscar sentido teológico al símbolo de pescar. Simplemente Jesús se dirige a pescadores y les dice que van a ser algo mucho más importante, que su vida es para más que eso.

Una interpretación ingeniosa y verdadera: «dejaron las redes y le siguieron»: seguir a Jesús es una liberación. En realidad lo que se deja es sólo redes, lo que nos apresa, lo que no nos deja ser libre, Seguir a Jesús es liberarse de esas redes, en semejanza con la parábola del tesoro, con el episodio del joven rico… Es una interpretación estimable, pero no parece que exista tal intención en el relato del evangelista.

La actividad de Jesús

Es una descripción total de Jesús: cura y enseña: proclama la Buena Noticia y la hace presente con la salud que se devuelve a los necesitados.

El relato es como una síntesis global de la actividad futura de Jesús, incluido aquí como un «resumen programático», escrito por alguien que conoce cómo será su futuro.

Este texto es muy importante, y más aún colocado aquí, en la presentación del trabajo público de Jesús. Jesús está mostrando cómo es la acción de Dios en el mundo: proclamar la buena noticia, curar. Los dos símbolos básicos de Jesús, que revelan quién y cómo es Dios para nosotros: médico y luz.

Por eso adquieren tanta importancia simbólica los relatos de curación de ciegos, hasta el punto de que el cuarto evangelio convierte la curación del ciego de nacimiento en uno de los ejes del mensaje, conectándolo con el tema «la luz y las tinieblas» que es una de sus líneas temáticas fundamentales.

Luz y salud: palabra y curación. Es el oficio constante, exclusivo, de Jesús en Galilea.

Descubriremos que esta imagen de Jesús por Galilea es la revelación del Padre, si aplicamos consecuentemente las expresiones básicas de nuestra fe:

«Dios estaba con Él»
«El hombre lleno del Espíritu»
«El Hijo nos lo ha dado a conocer»

El Padre es luz y salud, palabra y curación. Es el corazón de la Buena Noticia. En ese Dios creemos. Creemos en un solo Dios, el Padre. Somos cristianos si creemos en el Dios de Jesús, en Dios para la salud, en Dios para la vida.

Se nos han presentado, en el principio de la vida pública de Jesús, los parámetros fundamentales de toda la existencia cristiana, las líneas básicas de la Buena Noticia: quién es Dios y quiénes somos nosotros.

La presentación de Jesús como «el Hijo», el «hombre lleno del Espíritu» quiere decir que viéndole podemos conocer a Dios. Esa es la primera piedra de la fe cristiana: acceder a Dios a través de Jesús, ver a Dios en Jesús.

Ver al Espíritu de Dios trasformando a Jesús en el Hijo significa que sabemos también cómo es el ser humano como Dios lo sueña. En Jesús podemos contemplar a Dios y contemplarnos a nosotros mismos.

Y Jesús empieza por invitarnos a cambiar, a convertirnos, a abrirnos al Reino. La predicación de Jesús es: «Ya está aquí el Reino, convertíos». Convertirse es cambiar, cambiar desde el fondo, mirar a otros objetivos, adoptar otros valores. Se ofrecen como valores y objetivos los del Reino, es decir, la Voluntad de Dios, la Salvación.

Y es éste uno de los tests más significativos de nuestra vida cristiana:

¿Cambias o estás siempre igual?
¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre?
¿Te estás convirtiendo constantemente en algo nuevo y mejor?

Una vez más las parábolas «vegetales» nos dan las pistas correctas.
¿Cómo va la semilla, va creciendo?
¿Cómo va la masa, va siendo fermentada por la levadura?
¿Hay frutos de tu árbol?

En resumen, y aplicando literalmente la palabra «conversión»:
¿en qué se está convirtiendo tu vida?

El llamamiento a la conversión va unido al llamamiento a la misión, a ser, como Jesús, salvadores. Así queda definida la vocación de la iglesia, de nosotros la iglesia: pasar haciendo el bien, curar, ser luz, ofrecer salud y claridad…

Con la sencillez del que sabe que no da lo suyo, sino lo que ha recibido, con la urgencia del que sabe que no lo ha recibido por privilegio, sino para darlo.

No pocas veces hemos restringido el llamamiento a unos pocos, los sacerdotes, los religiosos: esos deben dejarlo todo, esos tienen una misión. Pero Jesús está llamando a todos.

Somos la Iglesia los que queremos aceptar la llamada de Jesús, los que queremos que toda nuestra vida sea Misión. Unos desde el matrimonio, otro desde el celibato; unos poseyendo, otros renunciando; unos dedicados a la vida contemplativa, otros trabajando en las faenas cotidianas… todos siguiendo a Jesús y trabajando por el Reino: por ser el Reino, por convertirse al Reino y por anunciar el Reino, convertir el sueño de Jesús en una realidad.

Hoy podríamos situarnos en el lago y sentirnos llamados por Jesús, personalmente. Quizá no estoy llamado a cambiar los modos exteriores básicos de mi vida: pero es seguro que Jesús me llama a cambiar de criterios, de valores y de estilo: es seguro que Jesús me ofrece que toda mi vida sea Misión, que todo tenga valor para el Reino.

José Enrique Galarreta

 

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ZERBAIT BERRI ETA ON-ALGO NUEVO Y BUENO, José A. Pagola

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ZERBAIT BERRI  ETA ON-ALGO NUEVO Y BUENO, José A. Pagola

ZERBAIT BERRI ETA ON

Mat. 4, 12-23

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 22/01/14.- Jesusen jarduera eta mezua bildu zituen lehen idazleak hitz hauekin laburbildu zituen: «Jainkoaren Berri Ona» hots egiten zuela Jesusek. Geroago, gainerako ebanjelariek grekozko termino bera (euanggelion) erabili zuten, konbentzimendu bera adieraziz: Jesusek hots egindako Jainkoagan, zerbait «berri» eta «on» sumatzen zuen jendeak.

Ba ote da Ebanjelio horretan, gaur oraino, gure gizarte axolagabe eta fedegabe honetan, gure egun hauetako gizon-emakumeentzat zerbait berri eta on bezala irakur litekeen zerbait? Jesusek iragarritako Jainkoagan suma daitekeenik, eta zientziak, teknikak edo aurrerapenak erraz eskain ez dezakeenik? Nola bizi daiteke Jainkoaganako fedea gure egun hauetan?

Jesusen Ebanjelioan fededunok Jainko hau topatzen dugu: bizia erregalu bezala, bere jatorria Maitasun den errealitatearen azken misterio bezala, sentiarazi eta biziarazten digun Jainkoa. Onuragarri dut neure existentzian neure burua bakarrik eta galdurik ez sentitzea, ezta zoriaren edo halabeharraren eskuetan ere. Badut Norbait, nori eskertu neure bizia.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: geure trakeskeriak eta guzti, adorea ematen diguna geure askatasuna defenditzeko, inolako idoloren esklabo gertatu gabe; behin ere ez bizitzeko, ez erdizka, ez berekoi; baizik eta molde berri eta gizakoiagoak ikasten joan gaitezen lanerako eta gozamenerako, sufrimenerako eta maitasunerako. Onuragarri dut eskura izatea Jainko horrenganako neure fede koxkorraren indarra.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: geure erantzukizuna esnatzen duena, gainerakoez axolagabe ez izateko. Ezin egingo ditugu gauza handiak, baina badakigu parte hartu behar dugula guztientzat bizitza duinagoa eta zoriontsuagoa egiten, gogoan nagusiki premiarik handiena dutenak izanik, defentsarik gabe bizi direnak. Onuragarri dut Jainko honengan sinestea: neure anai-arrebentzat zer egiten dudan sarri-sarri galdetzen didan honengan.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: ikusmiratzen didana azken hitza ez duela, ez gaitzak, ez zuzengabekeriak, ez heriotzak. Egun batean, mundualdi honetan ezinezkoa izan denak, erdizka gelditu denak, gure gurarik handienek, gure desiorik barnekoenek beren betea iritsiko dute Jainkoagan. Onuragarri dut neure heriotza konfiantza honekin bizi eta itxarotea.

Jakina, norberak erabaki behar du, bai nola bizi behar duen, bai nola hil nahi duen. Norberak entzun behar du norberaren egia. Niretzat ez dira gauza bera Jainkoagan sinestea eta ez sinestea. Onuragarri dut mundu honetako ibilbidea honela egitea: Jesusengan agertu den Jainkoak onartzen, indartzen, barkatzen eta salbatzen nauela sentituz.

Algo nuevo y bueno

3 Tiempo ordinario (A) Mateo 4, 12-23
ALGO NUEVO Y BUENO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 22/01/14.- El primer escritor que recogió la actuación y el mensaje de Jesús lo resumió todo diciendo que Jesús proclamaba la “Buena Noticia de Dios”. Más tarde, los demás evangelistas emplean el mismo término griego (euanggelion) y expresan la misma convicción: en el Dios anunciado por Jesús las gentes encontraban algo “nuevo” y “bueno”.

¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?

En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mi me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.

Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Jn.1.29-34)

• DOMINGO 2º T.O –A- ENERO 19-2014

* TESTIMONIO DE JUAN SOBRE JESÚS:
Juan nos anuncia, nos da testimonio de quién es Jesús sin duda brota de su experiencia personal.
Juan ha visto con sus propios ojos al Espíritu que bajaba y se quedaba en Jesús,
El título de “CORDERO DE DIOS”, hace referencia al cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de la muerte y cuya carne fue comida por el pueblo al comienzo de su éxodo. (Ex. 12, 1.4)
El símbolo del “cordero” se remonta a los tiempos de Moisés, con la liberación de Israel.
Juan nos describe la misión del Mesías: El será, con su muerte, el liberador y el alimento de los que le sigan, el verdadero CORDERO DE DIOS inmolado por nosotros.
* La expresión “EL QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO”. Nos refleja la liberación que Dios nos concede por medio de Jesús. Hay que tener en cuenta que el pecado ya existe antes de venir Jesús, por eso vemos que el pecado consiste en oponerse a la vida que Dios comunica, rompiendo así el proyecto creador. Jesús, es el Mesías, el Salvador enviado por el Padre, “Palabra encarnada”.
Por eso Juan cuando nos presenta a Jesús como “el que quita el pecado del mundo”, está anunciándonos que Dios está de nuestro lado frente al mal. Que en Jesús, Dios nos ofrece su amor, su apoyo, su alegría para liberarnos del mal y vivir en plenitud felices.
Y en la Eucaristía todos los días lo proclama el sacerdote: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ¡Dichosos los invitados al banquete del Señor”
* Jesús viene: a “quitar el pecado del mudo” a “ser bautizados en el Espíritu no en agua” Y Juan, da “testimonio” de ello.
La única razón de ser de una comunidad cristiana es dar “testimonio” de Jesucristo. Actualizar hoy en la sociedad el misterio del Amor salvador de Dios manifestado en Cristo.
La figura del Bautista, testigo verdadero de Jesucristo, nos obliga a hacernos la pregunta:
¿AYUDA MI VIDA A ALGUIEN A CREER EN DIOS?…

* ORACION

Dios y Padre nuestro:
Queremos vivir las actitudes que nos enseña Jesús:
“Aquí estoy, para hacer tu voluntad”
Te pedimos Dios nuestro, que estas actitudes nos acompañen durante todo este año que acabamos de comenzar, y siempre.
Ayúdanos a sabernos preguntar cada día:
¿Qué quieres de mí?
Sabemos que quieres que trabajemos para que vivamos en fraternidad, en paz y que todas las personas puedan vivir con dignidad humana.
Haznos, Padre, descubrir tu voluntad en la vida y en las ocupaciones de cada día. Y danos la fuerza para vivir el seguimiento de Jesús con valentía y dando, como el Bautista, TESTIMONIO con nuestra vida.
Haznos Comprender, que Jesús es el “cordero” tu enviado Padre nuestro, para liberarnos del pecado. Y que en cada Eucaristía el sacerdote pronuncia antes de la comunión:
“Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”
Que nuestra respuesta sea también en profundidad:
Señor, no soy digno, pero una Palabra tuya, bastará para salvarme.
Porque El, el CORDERO DE DIOS, Cristo, se inmola por nosotros. AMÉN
ZURIÑE

2º Domingo t.O.,CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER, Enrique Martínez Lozano

CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 1, 29-34

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un «cristiano», que «ha visto» y «da testimonio» de que Jesús es «el Hijo de Dios».

Sabemos que «ver» y «dar testimonio» constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que «ha visto» y, por ello mismo, puede «dar testimonio».

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: «Nosotros hemos visto y damos testimonio» (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que «ha visto» Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la «paloma».

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, «Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre«.

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona «transparente» –no «perfecta», sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, «ver» el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia «capacidad de ver», es decir un «saber mirar», que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos «divino». Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una «fotocopia» de lo real, sino únicamente su «interpretación», completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del «ojo de la carne», el «ojo de la razón» y el «ojo del espíritu» («ojo de la contemplación» o «tercer ojo»). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al «ojo de la carne» –en una especie de positivismo cientificista- y también al «ojo de la razón». Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, «es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo».

Necesitamos recuperar el «tercer ojo». O dicho de otro modo: además de la «inteligencia operativa», es urgente cultivar el desarrollo de la «inteligencia espiritual». Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta «¿quién soy yo?».

Solo la «inteligencia espiritual» –el «tercer ojo» de los clásicos- nos capacita para «ver» la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos «dar testimonio».

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos «ver» de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

2. IGANDEA URTEAN ZEHAR (A)-2º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO, José A. Pagola

ESPIRITUAREN SUAZ- CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

José Antonio Pagola. lagogalilea@hotmail.com
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Juan 1, 29-34

ECLESALIA, 15/01/14.- Lehen kristau-elkarteak ardura handia izan zuten Joanen eta Jesusen bataioak bereizteko: Joanek Jordan ibaiko uretan murgiltzen zuen jendea; Jesusek, bere bataioaz, bere Espiritua ematen zuen, bere jarraitzaileen bihotza garbitu, berritu eta eraldatzeko. Jesusen Espiritu hori gabe, Eliza itzali egingo litzateke eta agortu.

Jesusen Espirituak bakarrik egin dezake egiazkoago gaur egungo kristautasuna. Espiritu horrek bakarrik gida gaitzake geure zinezko nortasuna berreskuratzera, Ebanjeliotik behin eta berriz desbideratzen gaituzten bideak alde batera utzirik. Espiritu horrek bakarrik ematen ahal dizkigu argia eta adorea, gaur egun Elizak beharrezkoa duen berrikuntzari ekiteko.

Frantzisko aita santuak ondo asko daki, etapa ebanjelizatzaile berri bat abian jartzeko oztoporik handiena, erdipurdiko espiritualitatea dela. Biribil-biribil mintzo da. Bere indar guztiaz arnastu nahi du etapa hau: «kartsuagoa, alaiagoa, bihotz-zabalagoa, ausartagoa, maitasunez beteagoa azkeneraino, eta bizitza kutsagarriagokoa». Dena, alabaina, alferrik izango da, «Espirituaren suak bihotza sutzen ez badu».

Horregatik nahi ditu gaurko Elizarako «Espirituaz ebanjelizatzen dutenak», haren ekintzari irekitzen zaizkionak, Jesusen Espiritu Santu horrengan aurkitzen dutenak «adorea, Ebanjelioaren egia hots egiteko ausardiaz, ozenki, beti eta nonahi, baita haize kontra ere».

Aita Santuak gaur egungo Elizan eragin nahi duen berrikuntza ezinezkoa da baldin eta «espiritualitate sakon baten falta ezkortasun, fatalismo eta konfiantzarik ez bilakatzen bada», edota pentsatzera eramaten bagaitu «ezin dela ezer aldatu» eta, ondorioz, «alferrik dela ahalegintzea», edota erabat amore ematen badugu, «pozgabetasun kroniko batek edota arima lehortzen duen apatiak mendean harturik».

Frantziskok ohartarazten digu «batzuetan gogo-berotasuna galtzen dugula, ahazten dugunean Ebanjelioak pertsonaren premia sakonenei erantzuten diela». Halere, gauzak ez direla horrela. Indartsu adierazi du Frantziskok bere konbentzimendua: «ez dira gauza bera Jesus ezagutu izana eta ezagutu ez izana; ez dira gauza bera hura bidelagun izatea eta noraezean ibiltzea; ez dira gauza bera hari entzun ahal izatea eta haren Hitza ez ezagutzea… ez dira gauza bera mundua haren Ebanjelioaz eraiki nahi izatea eta giza arrazoi hutsez eraiki nahi izatea».

Jesusekin izandako norberaren esperientziaz aurkitu behar dugu hau guztia. Bestela, aurkitu ez duenari, «laster faltako zaizkio adorea eta suharra; eta, jakina, konbentzitua, gogo-berotua, segurtatua, maitemindua ez dagoen pertsonak ezin konbentzitu ahalko du inor». Ez ote da hau oztoporik nagusienetako bat Frantzisko aita santuak nahi duen berrikuntza eragiteko?

 

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34

CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

ECLESALIA, 15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.

El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.

Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.

Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

EL BAUTISMO DE JESÚS: ¿QUIÉN ES ESTE HOMBRE? José E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Mt 3, 11-17

En el comentario de la Epifanía veíamos el esquema del evangelio de la infancia de Mateo y comprobábamos claramente la intención del evangelista.

Este esquema muestra con bastante claridad la intención de Mateo: se presenta Jesús, el Esperado, de la estirpe de David (genealogía) nacido «del Espíritu Santo» (concepción virginal, sueños de José), enviado como luz para las naciones (los magos), en quien se cumplen las promesas (Egipto, Nazaret).

Ahora, terminada esa presentación de Jesús, comienza la narración de su «vida pública», pero precedida también de una presentación: Jesús, el hombre lleno del Espíritu, al que el Espíritu arrastra a la misión, al anuncio de la Buena Noticia. Por tanto, estamos ante «la presentación de Jesús». Jesús, el hijo amado, el predilecto, aquél en quien reside el Espíritu del Padre.

Mateo nos ofrece aquí un ejemplo perfecto del «genero literario evangelio». Cuenta lo que sucedió y vieron los ojos (Jesús en el Jordán bautizado por Juan) y lo que sucedió aunque los ojos no lo vieron (Jesús lleno del Espíritu), empleando para ello símbolos, tomados del Antiguo Testamento (los cielos abiertos, la luz, la voz…)

Mateo no nos cuenta sólo que un nazareno fue bautizado por Juan sino también nos dice quién es ese nazareno. Lo primero lo vieron los ojos del cuerpo; lo segundo lo vieron los ojos de la fe.

El relato del bautismo en el Jordán muestra ante todo que los evangelios son fiables. Poner a Jesús como discípulo del Bautista, en la fila de los pecadores que van a recibir un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, no era nada oportuno para presentar a Jesús; aparte de los aspectos puramente teológicos (¿Jesús pecador?), esta presentación parecía dar razón a los que pensaban que el Bautista era el Mesías, puesto que Jesús se sometía a su bautismo.

Pero este es el acontecimiento del que parte el testimonio de los que, por eso mismo, se llamarán «los testigos», los que estuvieron con él desde el bautismo en el Jordán. Y los evangelistas no escamotean la escena, aunque necesitan explicar en esa misma escena quién es ese Jesús que se bautiza.

En otro orden de ideas, es tendencia habitual en algunos comentaristas actuales considerar el bautismo de Jesús como el momento en que toma conciencia de quién es y de su misión. Nos encantaría poder comprender la psicología de Jesús, lo que le pasaba «por dentro», cuál era su conciencia y cuándo la adquirió.

Estas interpretaciones se oponen frontalmente a aquellas que consideran que Jesús es plenamente consciente ya en el seno de su madre, que muestran una dudosa fe en la humanidad de Jesús y se acercan peligrosamente a la mentalidad de los apócrifos de la infancia.

Entender que es en el Jordán, oyendo la predicación del Bautista, cuando Jesús adquiere su plena conciencia de Hijo de Dios y, en consecuencia, cuando se siente llamado definitivamente a su misión, es algo que satisface a nuestra mentalidad actual.

Sin embargo, no podemos hacer que los evangelios digan lo que no quisieron decir. No es éste el mensaje. El evangelista nos dice quién es Jesús, no cuándo ni cómo adquirió la conciencia de serlo. Y aunque nos gustaría, y quizá sucedió así, no podemos atribuir este mensaje a Mateo, ni a ninguno de los evangelistas.

El mensaje es, por otra parte, claro y fundamental: Jesús es el Hijo, el predilecto, el hombre lleno del Espíritu. Es el final del mensaje de estas fiestas de Navidad, el resumen de lo que hemos celebrado estos días. Jesús, obra del Espíritu.

Esto significa la concepción virginal: que la aparición de Jesús no es solamente una obra de la biología sino una acción especialísima de Dios.

Éste es el significado profundo de todos los evangelios de la infancia: Jesús es el cumplimiento de la Promesa, la perfecta realización de la Alianza.

Y éste es la piedra angular de nuestra fe: creemos en ese hombre, creemos que en Él se muestra el Espíritu, que sus acciones y sus palabras son acciones y palabras del Espíritu.

Esto es motivo de fe, no de simple evidencia. Es bueno reflexionar sobre el itinerario de la fe de los testigos, de aquellas personas que, como se dice en los Hechos «anduvieron con nosotros desde el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado…» (Hechos 1,21)

Anduvieron con él, le admiraron, le siguieron incondicionalmente… pero fue el Domingo de Resurrección cuando nació la fe, es decir, cuando saltaron de la admiración por un hombre fascinante, al reconocimiento de «el hombre lleno del Espíritu», el hombre en el que podían ver y palpar la presencia del Espíritu.

Significativamente, la fe de los testigos no tiene ninguna tentación de entender la humanidad de Jesús como puro disfraz o apariencia. Han convivido con él tiempo y situaciones más que suficientes para no sentir semejante tentación.

Su tentación es la contraria: especialmente después de verle morir en la cruz, aparentemente vencido por sus enemigos, tienden a pensar que era simplemente un hombre, admirable, pero nada más. La gracia de la Resurrección consiste en hacerles descubrir en ese hombre precisamente lo que Mateo está proclamando ahora, en el principio de la vida pública: ese hombre es el hijo, el predilecto.

Ésta es la invitación que se nos hace: reconocer en ese hombre al hijo, al predilecto. Y este reconocimiento se hará a través del conocimiento de su humanidad, e incluso a pesar de su evidente humanidad, como nos sucede al verle sentir terror en Getsemaní o morir en la cruz. Pero esa es nuestra fe: reconocerle como el hijo.

Pablo completará el mensaje llamándole «el primogénito», extendiendo a todos la condición de hijos y herederos, condición inaugurada por Jesús, el Primero de los que se atreven a llamar a Dios «Abbá».

Los profetas tienen conciencia de enviados, Jesús tiene conciencia de Hijo. El antiguo Israel tenía conciencia de «pueblo elegido», nosotros, gracias a Jesús, tenemos conciencia de hijos.

Cerramos el tiempo de Navidad con la invitación a revisar la esencia de nuestra fe de cristianos. Hemos recibido importantes mensajes. La Palabra ha puesto su tienda entre nosotros, hemos contemplado cómo es las obra de Dios, hemos entendido a Dios como Salvador, se nos ha invitado a la condición de Hijos, sabemos que es en Jesús donde podemos conocer a Dios y donde podemos contrastar nuestros criterios y nuestros valores.

Este tiempo de Navidad resume todos los elementos de los evangelios de la infancia y del Prólogo del cuarto evangelio. En adelante, los otros tiempos, el de Pascua y el Tiempo Ordinario, completarán el mensaje.

Y a lo largo del año se nos mostrará completo, entenderemos mejor el amor de Dios contemplando la muerte de Jesús, creeremos mejor en él viéndolo resucitado, y podremos ver la obra del Espíritu en sus acciones, sus curaciones, sus parábolas.

Así, el año litúrgico se convierte en una larga meditación en la que, domingo a domingo, se nos va ofreciendo la Palabra, recibimos la Buena Noticia.

Pero los cimientos están sólidamente plantados. Todo lo que siga se entenderá bien desde esta fe proclamada en Navidad: Jesús, ese carpintero de Nazaret, Dios-con-nosotros-salvador. Creer en él es nuestro desafío, lo que nos constituye en seguidores suyos, lo que nos define como cristianos.

José Enrique Galarreta

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Mt.3,13-17)

• FESTIVIDAD BAUTISMO DE JESÚS- A – 2014

* El tiempo de Navidad termina ya este domingo con la fiesta del Bautismo de Jesús. Veremos a partir de ahora aparecer abiertamente y trabajar en público al nuevo Maestro venido de Nazaret. Jesús de Nazaret ha tomado ya decididamente el camino que le lleva a entregarse de lleno a la tarea que se le ha encomendado: llevar a todos los pueblos la buena Noticia de la salvación de Dios. En estos días de Navidad, los evangelios nos lo han presentado cargado de misterio: “Palabra de Dios hecha carne”, “Dios-con-nosotros”. Y sin embargo es un joven judío como los demás, uno más entre tantos pero con una misión de largo alcance: salvar a su pueblo, a la humanidad entera, que camina en tinieblas…
* Por delante aparece Juan Bautista con su fina sensibilidad ante los que sufren por la injusticia y anima un movimiento de renovación religiosa. Y él mismo hace todo lo que puede con obras, palabras y gestos para mantener viva la esperanza de un pueblo con el ánimo decaído pero que sigue confiando en que Dios traerá la verdadera justicia.
* Los cuatro Evangelios, aunque con estilos diferentes, parece que tienen interés a que todos los cristianos asistamos a esa escena del Bautismo de Jesús. Nos invitan a ver y a escuchar Vemos ciertamente el gesto tembloroso del pobre Bautista asombrado, y descubrimos el modo de hace humilde del Hijo de Dios compartiendo la suerte de aquellos que le necesitan.
Para el propio Jesús es un momento clave: sumergido totalmente en el Amor de Dios, ve cómo el Padre acoge complaciente su opción de ponerse al servicio de la reconciliación y rehabilitación de todas las gentes.
Que falta nos hace descubrir de nuevo esta entrega. En esas “gentes”, estamos nosotros…
* Jesús, se puso en la fila de los pecadores… No se avergonzó de entrar en el agua. Él se ha hecho hermano de la humanidad pecadora y valora el camino de conversión predicado por Juan Bautista. Pero nuestro Bautismo no lo es sólo de penitencia, como el de Juan, sino un bautismo de agua en el Espíritu de Dios; nos lavamos en la muerte de Jesús y resucitamos a una vida nueva.
* Y el cielo se abre. Se oyó una voz:
“TÚ ERES MI HIJO AMADO, MI PREFERIDO”
Por lo tanto el centro del mensaje evangélico viene a ser:
“Éste es mi Hijo amado, el primogénito, el preferido, aquel en el que he puesto mis complacencias; ESCUCHADLE, HACED LO QUE EL OS DIGA”

* ORACIÓN

* Jesús de Nazaret: Hace unos días, te contemplábamos recién nacido, hoy, damos un salto de treinta años al celebrar tu Bautismo. Y al bautizarte, como gesto ejemplar, es el Padre, a través del Espíritu el que reconoce:
“Tú eres “El Hijo amado, el predilecto”
Aquí comienzas a realizar tu misión de “Pasar haciendo el bien “
Ayúdanos, Jesús, a ser cristianos de verdad, viviendo el bautismo con todas sus consecuencias, creciendo en el servicio y el amor, porque es la “misión” que nos encomiendas.
Te pedimos luz y discernimiento para que cada persona, cada comunidad y la Iglesia entera sepamos escoger los caminos que conducen a la construcción de tu Reino y sepamos ofrecer a la gente de hoy aquel testimonio de tu vida.
Jesús de Nazaret, que derramabas, bondad y paz,
que el Espíritu, tu Espíritu que recibimos en el Bautismo nos ayude a cultivar y hacer crecer todo lo que es bueno, amable y justo. AMÉN

*SEGUIMOS ORANDO
Te damos gracias, Padre Santo, por Jesús tu Hijo querido, por quien te hemos conocido.
Te damos gracias porque sin Él nuestra vida no sería lo que es. Te damos gracias porque es para nosotros luz para el camino, esperanza para el futuro. Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu le hizo Pastor, Semilla, agua, fuego, Pan.
Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu le hizo pobre, humilde, valeroso, compasivo.
Te damos gracias porque gracias a El trabajamos en tu Reino y sabemos esperar y perdonar.
Te damos gracias, Padre, por Jesucristo, tu Hijo, que nos muestra el camino, la verdad y la vida.
Ayúdanos a que lo sepamos vivir y contagiar. AMÉN
ZURIÑE

JAUNAREN BATAIOA: BESTE ETAPA BAT-UNA NUEVA ETAPA, José A. Pagola

BESTE ETAPA BAT

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jaunaren Bataioa, Mt. 3, 13-17

ECLESALIA,.- Jesusen profeta-jarduera kontatu aurretik, haren bizitza errotik aldatuko duen haren esperientzia batez mintzo zaizkigu ebanjelariak. Joanen bataioa hartu ondoren, Jesusek sentitu du Jainkoaren Seme maitea dela, goitik behera Espirituaz betea. Espiritu horrek arnasturik, Jesusek ibiliari eman dio guztiei hots egiteko, bere bizieraz eta mezuaz, gizakiaren adiskide eta salbatzaile den Jainko baten Berri Ona.

Ez da harritzekoa, Aita Santuak guztiok gonbidatzea datozen urteetan «beste etapa ebanjelizatzaile bat» bizitzera, eta guztioi gogoraztea Elizak behin ere baino beharrezkoagoa duela «Espirituaz ebanjelizatuko duen jendea». Ondotxo daki Jesusen Espirituak bakarrik ematen ahal digula indarra, Elizak behar duen errotiko konbertsioa abian ipini ahal izateko. Zein bidetan barna?

Elizaren berrikuntza hau Ebanjelioaren berritasunetik bakarrik etor daiteke. Hau nahi du Aita Santuak: jendeak entzun dezala Galileako bideetan barna Jesusek hots egiten zuen mezu hura bera, eta ez beste bat desberdina. «Sorburura itzuli behar dugu eta Ebanjelioaren jatorriko freskotasuna berreskuratu». Horrela bakarrik «hautsi ahal izango ditugu eskema aspergarriak, Jesu Kristori hesitzat ezarri nahi izan dizkiogunak».

Errotiko berrikuntza du buruan Aita Santuak; «gauzak dauden daudenean utzi ezin dituena; jada ez du balio administrazio soil batek». Horregatik eskatzen digu «bertan behera uztera “beti horrela egin izan da” delako irizpide pastoral erosoa»; behin eta berriz errepikatzen du: «Guztiak gonbidatzen ditut ausart eta kreatzaile izatera, birpentsatzera elkarteen beraien xedeak, egiturak, ebanjelizatzeko estiloa eta metodoak».

Eliza-mota honen bila dihardu Frantziskok: kezka bakarra, gaur egungo munduari Jesusen Berri Ona komunikatzea izango duena. «Beldurra, erratzeari baino gehiago, egitura hauei lotzeari izatea espero dut: atxikitze faltsu bat ematen digutenei, epaile gupidagabe bihurtzen gaituztenei, patxadan gelditzeko modua ematen diguten ohiturei, kanpoan jendetza-mundua goseak ikusi eta Jesusek esaten digularik: Emaiozue zeuek jaten».

«Ateak irekirik dituen Eliza bat» eraiki dezagun nahi du Aita Santuak; izan ere, Ebanjelioaren alaitasuna gizon-emakume guztiei dagokie eta ezin baztertu dugu inor ere. Zer poza entzutea Aita Santuaren ahotik Elizaren ikusmolde hau: Jesusen Espiriturik jatorrena berreskuratzen dituena, mendetan barna errotutako jarrerak hautsiz! «Sarritan portatzen gara graziaren kontrolatzaile bagina bezala, eta ez bide emaile bezala. Alabaina, Eliza ez da aduana bat, baizik eta Aitaren etxea da, non guztiek baitute nork bere lekua, bere bizitza lorrean duela».

 

Bautismo del Señor (A) Mateo 3, 13-17

UNA NUEVA ETAPA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA.- Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano.

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?

Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.

El Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide “abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.

Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.

El Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadotes. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

ORAR CON EL EVANGELIO

*EPIFANÍA Y 2º DE NAVIDAD.

* El segundo Domingo después de la Navidad nos da la oportunidad de contemplar esta fiesta pero de forma meditativa, desde el “silencio” y “contemplación” “Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros”, Debemos entender este “nosotros” de modo totalmente universal: Jesús no ha venido solamente para algunos, sino para todos, para toda la humanidad de todos los tiempos.
“La LUZ BRILLA” en medio de la oscuridad. Jamás Dios ha estado ausente del mundo. Él no abandona nada de lo que ha creado, y menos la humanidad a quien tanto ama.
* Celebramos también la EPIFANÍA o MANIFESTACIÓN del Señor y esta fiesta nos hace reconocer que Dios ha vencido la barrera de la exclusión y de la incomunicación con otros pueblos y otras culturas.
Dios siempre tiene la iniciativa y eso es lo más maravilloso de la fiesta de la Epifanía. Dios mismo sale al encuentro del otro, del diferente, y revela su plan de salvación a todos los pueblos de la tierra.
La Epifanía que celebramos junto con el Misterio de la Encarnación y Nacimiento del Hijo de Dios, nos debe recordar que Dios ha querido “acampar” en “nuestra tienda”. Jesús es presentado a todos los pueblos, en la figura de los sabios de Oriente, como el camino auténtico de salvación. El evangelio nos dice: Se marcharon a su tierra “por otro camino”…
Celebrar pues la Epifanía, tiene que exigirnos como cristianos seguidores de Jesús, compromisos concretos de vida. Dios, abrió las puertas de la gracia a todos. Tenemos que rechazar todo aquello que nos imposibilita el acercamiento a los demás.

* ORACIÓN

* Niño Dios.
Tú que siendo Dios te hiciste hombre, y que has venido a mostrarnos el Amor del Padre para que vivamos con alegría nuestra fe en ti, sabiendo que Tu has venido para darnos vida y vida en abundancia, te pedimos que nos ayudes, a buscarte sin cansarnos, como los Magos, a desinstalarnos para encontrarte, a seguirte sin desanimarnos, superando dificultades, hasta que nos postremos ante ti para adorarte y reconocerte como nuestro Dios y Señor, como el Hijo de Dios vivo y verdadero, en quien y de quien recibimos vida y salvación. AMÉN

* SEGUIMOS ORANDO.

* Hacemos silencio interior y exterior. Contemplamos el Misterio… Los magos en camino… Llegan… Ofrecen… Adoran… y… “Marchan por otro camino”…
Que nosotros después de este rato de Contemplación, Oración, seamos capaces de “MARCHAR POR OTRO CAMINO”, el que nos ha señalado la LUZ DEL NIÑO…
* Señor Jesús, te damos gracias porque tu LUZ está presente en el mundo y quienes la buscan pueden hallarla.
Te pedimos Jesús, que la luz de la fe nos haga creer que otro mundo – como tú lo propones- es posible y está a nuestro alcance: por esto te pusiste a nuestro lado.
Que la alegría de haberte encontrado, como te encontraron los Magos, sea la fuerza que nos haga colaborar contigo buscando tus caminos siempre nuevos, viviendo más evangélicamente, formando familias y comunidades fraternas. AMÉN
ZURIÑE