ORAR CON EL EVANGELIO:Lc.18.1-8

•DOMINGO XXIX T.O.-C- 20 OCTUBRE

* Sigue Jesús “canino de Jerusalén” con sus discípulos. Y estos sin duda, porque han visto y oído mucho a Jesús que hay que orar, le dicen: “Maestro enséñanos a Orar.” Quizá nosotr@s tenemos que hacerle la misma pregunta y nos podemos preguntar: ¿Sabemos orar?…
Porque, cuando algo no funciona, puede ser que esté estropeado… o puede ser que lo estemos usando mal.
Zuriñe, no os va a enseñar a orar, solamente os comunica algo de lo que ella siente y vive, y que sin duda muchos los hacéis mejor que yo.
Orar es hablar con Dios de Tú a tú como le habla un hijo a un padre, un amigo a otro amigo íntimo… Y a Dios podemos decirle cualquier cosa: lo que vivimos, nuestras preocupaciones, lo que hemos logrado, en lo que necesitamos ayuda. Por supuesto las preocupaciones que nos rodean.
Santa Teresa nos decía: Es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.
Pero es el mismo Jesús quien nos lo enseña con su vida y de ahí brotó la pregunta de los discípulos.
Jesús se retiraba a rezar solo: Mt.14,23; Mc. 1,35; Mc. 6,46; Lc.5,16; Lc.6-12; Lc. 9,18; Lc.9,29; Jn. 6,15
La oración de Jesús es diálogo, es comunicación con el otro, con el Padre.. Pero también participa en la oración de la comunidad. Sin duda Jesús fue un hombre que oraba mucho para saber la voluntad del Padre y hacer su Voluntad. Por eso lo primero en la oración hay que “ESCUCHAR” y después darle respuesta a Dios que nos habla por medio de la Palabra, de los acontecimientos en el día a día. Así nos lo refleja hoy el evangelio por medio del método de Jesús: “la parábola”. La viuda está escogida como personaje desamparado. Un juez y una viuda marginada… ¡Cuántas situaciones de estas vivimos!… Y la viuda consigue que se la escuche por su insistencia…Es mujer de fe, confía, insiste. ¿Encontrará el Señor en nosotr@s esa fe? Aquí nos refleja la necesidad de perseverancia en la oración. Y el texto del evangelio, nos repite por lo menos cuatro veces una palabra que hace falta que todos la vivamos ahora: “JUSTICIA” y que trabajemos por conseguirla. Dios nos habla, tenemos que dar respuesta a nuestro alcance. La oración, nos lleva al COMPROMISO.
• Hoy, en toda la Iglesia, celebramos el día del DOMUND, FE+CARIDAD= MISIÓN. El día de hacer “PUBLICIDAD” (¿Por qué no?) de Dios entre aquell@s que no lo conocen. Esto es un misionero y… no olvidemos que desde nuestro Bautismo, somos misioneros, allí donde estemos para seguir construyendo el Reino, aquí y ahora.

ORACIÓN MISIONERA
• Jesús de Nazaret. Tú que guías a la Iglesia por medio de tu Espíritu para conducirnos al Padre: haz que, continuando fielmente tu misión, abramos tus puertas a nuestros hermanos y seamos la presencia de tu Amor. Que anunciemos de manera convincente, con las palabras y con la vida, que Tú eres el único Salvador del mundo; que demos testimonio de la fe con caridad, bondad y ternura, para que todos puedan encontrarte.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre tuya y nuestra y Reina de las Misiones.
Ayúdanos a estar convencidos de que, por nuestra fe y testimonio, debemos ser una Iglesia Misionera en todas partes, y empezando en casa y con los cercanos. AMÉN. ZURIÑE

28 DOMINGO T.O.,»LA SALVACIÓN LLEGA CON EL AGRADECIMIENTO», Fray Marcos

FE ADULTA
Lc 17, 11-19

Una vez más se nos recuerda el texto que Jesús va de camino hacia Jerusalén, donde se enfrentará al templo, lo que le llevará a la muerte y a la plenitud como ser humano en la entrega total. En esa subida se va haciendo presente la salvación, no solo al final del camino como nos han hecho creer.

Jesús sale al encuentro de los oprimidos y esclavizados de cualquier clase. Se preocupa de todo el que encuentra en su camino y tiene dificultades para ser él mismo. Sin la compasión de Jesús, el relato sería imposible.

Dice un proverbio oriental: cuando el sabio apunta a la luna, el necio se queda mirando al dedo. Al seguir empleando títulos de relatos como: la oveja perdida, el hijo pródigo, los diez leprosos, etc., nos quedamos en el dedo y no descubrimos la luna a la que apuntan. Hoy el relato lo deberíamos llamar: de diez leprosos curados uno se salva.

En el relato vemos con toda claridad que la fe abarca no solo la confianza, sino la respuesta, fidelidad. Es la respuesta que completa la fe que salva. La confianza cura, la fidelidad salva. Mientras el hombre no responde con su propio reconocimiento y entrega, no se produce la verdadera liberación. Una vez más queda cuestionada nuestra fe.

Los protagonistas son hoy la lepra, Jesús y un personaje no judío. Los nueve restantes hacen de contrapunto. La lepra era el máximo exponente de la marginación, porque obligaba a los afectados a vivir una marginación deshumanizadora, desde el punto de vista social y religioso.

La lepra es una enfermedad contagiosa que era un peligro para la sociedad entera. Pero al no tener clara la diferencia entre lepra y otras infecciones de la piel, se declaraba lepra cualquier síntoma que pudiera dar sospecha de esa enfermedad. Muchas de esas infecciones se curaban espontáneamente y el sacerdote volvía a declarar puro al enfermo. A esta manera de actuar tan lesiva, Jesús quiere oponer una fe-confianza que debe cambiar también la actitud de la sociedad.

Al tomar como referencia la salvación del samaritano, está resaltando la universalidad de la salvación de Dios; pero sobre todo está criticando la idea que los judíos tenían de una relación exclusiva y excluyente con Dios.

No tiene por qué tratarse de un relato histórico. Los exegetas apuntan más bien, a una historia encaminada a resaltar la diferencia entre el judaísmo y la primera comunidad cristiana. En efecto, el fundamento de la religión judía era el cumplimiento de la Ley. Si un judío cumplía la Ley, Dios cumpliría su promesa de salvación. En cambio, para los cristianos, lo fundamental era el don gratuito e incondicional de Dios; al que se respondía con el agradecimiento y la alabanza. «Se volvió alabando a Dios y dando gracias».

Tenemos datos más que suficientes para afirmar que la liturgia de las primeras comunidades estaba basada toda ella en la acción de gracias (eucaristía) y la alabanza divina.

El relato está muy resumido y escueto, por eso es muy importante distinguir los distintos pasos:

1º.- Súplica profunda y sincera. Son conscientes de su situación desesperada y descubren la posibilidad de superarla. «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

2º. – Respuesta indirecta de Jesús. «Id a presentaros a los sacerdotes». Ni siquiera se habla de milagro.

3º.- Confianza de los diez en que Jesús puede curarlos. «Mientras iban de camino»

4º.- En un momento del camino quedan limpios.

5º.- Reacción espontánea de uno. «Viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios y dando gracias».

6º.- Sorpresa de Jesús, no por el que vuelve, sino por los que siguieron su camino. «Los otros nueve, ¿dónde están?

7º.- Confirmación de una verdadera actitud vital que permite al samaritano alcanzar mucho más que una curación. «Levántate, vete, tu fe te ha salvado».

En este relato encontramos una de las ideas centrales de todo el evangelio: la autenticidad, la necesidad de una religiosidad que sea vida y no solamente programación y acomodación a unas normas externas. Se llega a insinuar que las instituciones religiosas pueden ser un impedimento para el desarrollo integral de la persona. Todas las instituciones tienden a hacer de las personas robots, que ellas puedan controlar con facilidad.

Si no defendemos nuestra personalidad, la vida y el desarrollo individual termina por anularse. El ser humano, por ser a la vez individual y social, se encuentra atrapado entre estos dos frentes: la necesidad de las instituciones, y la exigencia de defenderse de ellas para que no lo anulen.

Solo uno volvió para dar gracias. Solo uno se dejó llevar por el impulso vital. Los nueve restantes (se supone que eran judíos), se sintieron obligados a cumplir lo que mandaba la ley: presentarse al sacerdote para que les declarara puros y pudieran volver a formar parte de la sociedad.

Para ellos, volver a formar parte del organigrama religioso y social, era la verdadera salvación. Los nueve vuelven a someterse al cobijo de la institución; van al encuentro con Dios en el templo, en los ritos.

El samaritano creyó más urgente volver a dar gracias. Fue el que acertó, porque, libre de las ataduras de la Ley, se atrevió a expresar su vivencia profunda. Este encuentra la presencia de Dios en Jesús. Es más importante responder vitalmente al don de Dios, que el cumplimiento de unos ritos externos.

La verdadera salvación para el leproso llega en el reconocimiento y agradecimiento del don. Los otros nueve fueros curados, pero no encontraron la verdadera salvación; porque tenían suficiente con la liberación de la lepra y la recuperación del entramado religioso. Estamos ante la disyuntiva: salvación material o salvación espiritual.

Sin darnos cuenta nos sentimos inclinados a buscar la salvación en las seguridades y a conformarnos con ella. Incluso no tenemos ningún reparo en meter a Dios en nuestra propia dinámica y convertirle en garante de la salvación que nosotros buscamos, la material.

El cumplimiento de una norma solo tiene sentido religioso cuando estamos de verdad motivados desde el convencimiento. Jesús no dio ninguna nueva ley, solo la del amor, que no puede ser nunca un mandamiento. Ese valor relativo que Jesús dio a la Ley, le costó el rechazo frontal de todas las instancias religiosas de su tiempo. Jesús tuvo que hacer un gran esfuerzo por librarse de todas las instituciones que en su tiempo como en todo tiempo, intentaban manipular y anular a la persona. Para ser él mismo, tuvo que enfrentarse a la ley, al templo, a las instancias religiosas y civiles, a su propia familia. Incluso una institución tan básica como la familia puede anular a la persona e impedirle que sea ella misma.

El seguimiento de Jesús es una forma de vida. La vida escapa a toda posible programación que le llegue de fuera. Lo único que la guía es la dinámica interna, es decir, la fuerza que viene de dentro de cada ser y no el constreñimiento que le puede venir de fuera. La misma definición de Aristóteles lo expresa con toda claridad. Vida = «motus ab intrinseco». No basta el cumplir escrupulosamente las normas, como hacían los fariseos, hay que vivir la presencia de Dios. Todos seguimos teniendo algo de fariseos.

Un ejemplo puede aclararnos esta idea. Cuando se vacía una estatua de bronce, el bronce líquido se amolda perfectamente a un soporte externo, el molde; la figura puede salir perfecta en su configuración externa, solo le falta una cosa, la vida. Eso pasa con la religión; puede ser un molde perfecto, pero acoplarse a él, no es garantía ninguna de vida. Y sin vida, la religión se convierte en un corsé, cuyo único efecto es impedir la libertad. Todas las normas, todos los ritos, todas las doctrinas son solo medios para alcanzar la vida espiritual.

Al celebrar la misa, no sé si somos conscientes de que «eucaristía» significa acción de gracias. Además, en ella repetimos más de quince veces «Señor, ten piedad», como los diez leprosos. La gloria es reconocer y agradecer a Dios lo que Él es. El evangelio de hoy tenía que ser un acicate para celebrar conscientemente esta eucaristía. Que de verdad sea una manifestación comunitaria de agradecimiento y alabanza.

Antiguamente tenía gran importancia litúrgica la celebración de las Témporas en los primeros días de Octubre. Eran unos días de acción de gracias que tenían mucho sentido para la gente sencilla. Al finalizar la recolección de los frutos, se le daba gracias a Dios por todos sus dones.

Meditación-contemplación

«Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias».

Se trata del último paso del acto de fe.

La confianza produce la curación, pero la fidelidad produce la salvación.

Sería una pena que me conforme con la curación.

…………….

La respuesta interior al don personal de Dios,

produce el verdadero milagro de la liberación.

La identificación con el Otro, me libera de los otros.

En los demás puedo encontrar seguridades. En Dios encontraré libertad.

………………

Sin reconocimiento del don, no puede haber respuesta.

La principal tarea del ser humano es ese descubrimiento,

que nos llevará a una entrega incondicional en fidelidad.

Mi existencia depende en cada instante de Él.

…………………….

Fray Marcos

* ORAR CON EL EVANGELIO:Lc.17.11-19)

* DOMINGO XXVIII.T.O.-C-OCTUBRE 13

* El Evangelio de esta semana, no le sobra ni una coma… Es como continuación del domingo pasado que nos hablaba de la fe como confianza plena en el Dios que nos visita. Es el relato de los diez leprosos curados por Jesús, nueve desagradecidos y un extranjero bienaventurado por creyente y por agradecido.
* Iba Jesús por el “camino,” como de costumbre (Se ve que Jesús sólo se para, para rezar) y se encuentra a diez desgraciados leprosos, enfermedad rechazada en esa sociedad, y de lejos, se ponen a “gritar”. Lo de “gritar” llama la atención ya que en el evangelio encontramos muchos gritos: el ciego de Jericó grita, los endemoniados gritan. El verdadero sufrimiento genera griterío…
* Cuántas cosas que deberíamos gritar se quedan por decir. Cuanta denuncia de la injusticia, por nuestra parte y por parte de la Iglesia que deberíamos decir se tendría que oír hasta en los confines del mundo, en estos tiempos que vivimos.
* Los 10 desgraciados gritan y le piden al Maestro compasión. Podían haber pedido otra cosa, pero al COMPASIVO le piden compasión. Y por supuesto la reciben inmediatamente. Si le hubiesen pedido otra cosa quizá les hubiese hecho esperar. Pero piden compasión. Y el COMPASIVO se la da. La da siempre a quien la pide porque eso es lo que Él vive, eso es lo que Él es “COMPASIÓN”
Jesús no puede evitar compadecerse, padecer-con. Los 10 leprosos son curados, limpios y sanos. ¡Salvados!. Jesús no pide nada a cambio. No busca clientes. Pero solo uno vuelve agradecido. Y es el extranjero además de leproso. El extraño para el Galileo, el diferente. Jesús no ha hecho diferencias. Todos quedan limpios. Pero, ¿Dónde están los otros nueve? Ahora esta es la cuestión: ¿Somos del grupo de los nueve o somos el uno agradecido? ¿Qué pasa con los otros 9 (novecientas veces nueve) restantes? ¿Cuántas veces damos gracias a Dios? Nos quejamos y no sin razón de lo poco que nos agradecen las cosas los demás. Pero, ¿Cuándo encuentra Dios corazones agradecidos?
* ¿Cuántas personas, cuántos pueblos nos están pidiendo que tengamos compasión de ellos a gritos y desde lejos, porque no les dejamos que se acerquen a nosotros? Con dolor recordamos lo ocurrido esta semana pasada. Vemos los féretros… ¿Nos mueve a compasión?… otros están cerca…
No vienen de lejos.
* Es muy necesario que, contemplando la actitud de Jesús con los leprosos de su tiempo, nos dejemos convertir por su Espíritu a la solidaridad comprometida con los excluidos de nuestra sociedad, que son tant@s…
* Zuriñe quiere ser corta en la reflexión, pero es difícil. Quizá vosotr@s no sacáis tiempo para leerlo, pero ¿es cuestión de tiempo o porque nos cuestiona?…, Animo, y como Jesús, sigamos en camino y con con-pasión.
*ORACIÓN
Jesús de Nazaret: “diez leprosos se encontraron contigo” desde la necesidad. Sólo uno te buscó desde la gratitud. Diez encontraron la salud. Sólo uno se encontró contigo…
Has sido tú, Jesús de Nazaret, quien se ha compadecido de ellos:
Les has abrazado sin marginar a ninguno
Les has amado como el Padre del cielo ama.
Les has puesto en pie para que actúen como Tú
Les has asegurado que el amor del Padre les realiza como personas:
“tu fe te ha salvado” le dices al agradecido.
La escena con los leprosos nos dice que siempre estamos preparados para pedir y pocas veces nos acordamos de dar gracias.
Por eso hoy queremos agradecerte cuanto hemos recibido y recibimos gratuitamente:
Te damos gracias por la vida y la familia, por la fe y esta comunidad Parroquial en la que la celebramos.
Gracias porque tu amor nunca falla y porque cuanto somos y tenemos es don tuyo.
Ayúdanos a actuar cada día con COMPASION y AGRADECIMIENTO. AMÉN.
ZURIÑE

28. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «SINETSI ESKER ONIK GABE-CREER SIN AGRADECER»

SINETSI ESKER ONIK GABE

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 09/10/13.-Samaria inguruan hamar lepradunen talde bat sendatu izana kontatuz hasten da gaurko kontakizuna. Baina, oraingo honetan, Lukas ez da luzatu sendatzearen xehetasunak deskribatzen, baizik eta lepradunetako batek, sendaturik sentitzean, zein erreakzio izan duen agertu du. Arduratsu deskribatu ditu haren urrats guztiak; kristau ez gutxiren ohikeriazko fedeari astindu bat eman nahi dio horrela.

Jesusek eskatu die lepradunei apaizengana joateko, gizartean integratzeko baimena emango dien agiria lortzeko. Alabaina, haietako bat, sendatua sentitzean, apaizengana joan ordez, Jesusen bila itzuli da. Sentitu du bizitza berri bat hasi dela berarentzat. Aurrerantzean, desberdina izango da dena: era duinean eta zorionekoan bizi ahal izango da. Badaki zeini zor dion hori. Jesusekin topo egin beharra sentitzen du.

«Oihuka Jainkoa goratuz» itzuli da. Badaki, Jesusen indar salbatzaileak Jainkoagan bakarrik izan dezakeela bere jatorria. Orain gauza berri bat sentitzen du Jesusek hots egiten duen Aita On horretaz. Ez du hori sekula ahaztuko. Aurrerantzean Jainkoari eskerrak emanez biziko da. Bere indar guztiez goratuko du. Guztiek jakin behar dute Jainkoaren maitasuna sentitzen duela berak.

Jesusekin topo egitean, «haren aurrean belaunikatu da, eskerrak emanez». Lagunek beren bidean jarraitu dute apaizengana joateko; berak, ordea, badaki Jesus dela Salbatzaile bakarra. Horregatik dago hemen, Jesusen ondoan, eskerrak emanez. Jainkoaren erregalurik hobena aurkitu du Jesusengan.

Kontakizunaren bukaeran, Jesus mintzatu da eta hiru galdera egin ditu, gertatuaren aurrean bere harridura eta tristura agertuz. Ez doazkio bere oinetan duen samariarri. Lukasek, kristau-elkarteek entzutea nahi duen mezua biltzen dute.

«Ez al dira hamarrak garbi gelditu?» Ez al dira hamarrak sendatu? Zergatik ez dute aitortu Jesusengandik hartu dutena? «Beste bederatziak, non dira?» Zergatik ez daude hemen? Zergatik bizi da hainbeste kristau Jainkoari ia inoiz eskerrik eman gabe? Nolatan ez dute sentitzen esker on berezirik Jesusekiko? Ez ote dute ezagutzen? Ez al die ezer esaten?

«Ez al da itzuli atzerritar hau beste inor Jainkoari eskerrak emateko?» Nolatan gertatzen da, erlijioa betetzen ez duen hainbeste pertsonak Jesusen aurrean miresmena eta esker ona agertzea, eta kristau batzuek ezer berezirik ez sentitzea haren aurrean? Benedikto XVI.ak adierazi zuen duela urte batzuk: bila dabilen agnostiko bat hurbilago egon daitekeela Jainkoagandik, tradizioz eta ondarez den ohikeriazko kristau bat baino. Fededunengan poza eta esker ona eragiten ez dituen sinesmena fede gaixotia da.

28 Tiempo ordinario (C) Lucas, 17, 11-19
CREER SIN AGRADECER
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 09/10/13.- El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos.

Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús.

Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.

Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.

Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.

“¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús?“Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?

“¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: lc.17.5-10)

•DOMINGO XXVII. T.O-C-6 de OCTUBRE

“SI TUVIERÁIS FE COMO UN GRANITO DE MOSTAZA”…
* El evangelio de Lucas nos menciona muchas veces el “camino”. Jesús sigue recorriendo su camino hacia la meta.
El evangelio de hoy destacan dos actitudes: “fe y sencillez”
La fe, es palabra clave para el camino. Actitud fundamental para la vida. La fe, porque es relación de confianza con Alguien, se cultiva como la amistad, como el amor, como la esperanza. Y se cultiva y hace fuerte en las esperanzas de la vida, en las dificultades, en nuestra pequeñez y así dará fruto como el grano de mostaza.
* La fe es también “camino,” porque también la fe, como la vida, es un camino que hemos de recorrer sin detenernos. Quien se detiene en su proceso la descuida y la convierte en experiencia de un momento, es actitud propia de adolescentes. Quien la cuida, la mima termina descubriendo su profundidad, su energía, su importancia, la enorme confianza que genera. No es la cantidad moral lo que distingue al creyente sino su experiencia de Dios y la confianza en su Palabra la que le permite vivir con otro estilo, con otro aire, con otra esperanza y así pensar y vivir para otros horizontes más plenos para la humanidad.
* Vivir la fe conduce a asumir las mismas actitudes vitales de Jesús, dejándose guiar por su Espíritu. Jesús va delante en el camino de la fe, nos acompaña y nos llevará a la plenitud. El, que no vivió para ser servido, sino para servir y para entregarse por el bien de tod@s, nos invita a hacer lo mismo. Al confiar en Él, vamos aprendiendo a vivir con sencillez haciéndonos servidores de l@s demás especialmente del que más lo necesite. Pero tenemos que “abrir los ojos” con fe, para ver…
No creemos para acumular méritos y esperar recompensa, sino por el convencimiento de que este estilo de vida es el que más nos humaniza y más nos acerca al Padre. Tener fe, no es cuestión de “cantidad,” para Jesús, tener fe, es cuestión de “calidad de vida”.

• ORACIÓN
* Señor, como los discípulos te decimos: “auméntanos la fe”
• El evangelio nos dice que los apóstoles te lo pidieron en grupo, todos juntos, porque todos se sentían frágiles y sabían, Jesús se lo había ido enseñando, que la fe no se vive individualmente sino que es la razón de ser del grupo, de la comunidad en la que aprendemos a vivir como hermanos, que nos ayudamos unos a otros y como discípulos que queremos seguirte.
• Así descubrimos que la fe consiste en vivir unidos ayudando a los demás.
• Vivir como pequeños granos de mostaza que se convertirá en árbol frondoso si nuestra vida está al servicio de los demás, con sencillez.
• Pero para que la semilla de nuestra fe crezca y de frutos, necesita tierra buena y agua generosa. Y tu vida Jesús de Nazaret nos muestra que la mejor tierra es la realidad de todos los días y las necesidades de los otros. Nos llamas a plantar nuestra semilla en la vida que compartimos, en la tierra de hoy, aquí y ahora.
• Queremos ser semilla de cambio y Reino en el mundo en que vivimos con tanta desigualdad e injusticia.
• ¡Ayúdanos, Señor! ¡Aumenta nuestra fe! que es esperanza también. AMÉN.
• ZURIÑE

¿Somos creyentes? / Fededun al gara? José A. Pagola

¿Somos creyentes? / Fededun al gara?

José Antonio Pagola

Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es vuestra fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?

Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.

La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?

La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.

¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo.

Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.

No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.

Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.

 

José Antonio Pagola

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS 

Invita a creer en Dios y en Jesús. Pásalo.

6 de octubre de 2013 

27 Tiempo ordinario (C)

Lucas 17, 5-10

Fededun al gara?

Hainbat aldiz errepikatu izan zien Jesusek kexu hau: «Bai koxkorra dela zuen fedea!» Ikasleek ez dute protestarik egiten. Badakite arrazoia duela. Aski denbora daramate haren ondoan. Jainkoaren Egitasmoari erabat emanik dakusate; ez du buruan nola on egingo besterik; soilik, guztien bizitza duinago eta gizatarrago nola egingo bizi da. Jarraitu ahalko ote diote azkeneraino?

Lukasen arabera, une jakin batean, ikasleek diotsote Jesusi: «Handitu iezaguzu fedea». Sentitzen dute fede koxkorra eta ahula dutela. Jainkoagan konfiantza handiagoa izan beharra dute eta Jesusengan gehiago sinetsi beharra. Ez diote ulertzen oso ondo, baina ez diote dudarik agertzen. Hain juxtu, gauzarik garrantzizkoena dagite: laguntza eskatu beren fedea hazteko.

Gaur egungo krisi erlijiosoak ez ditu errespetatzen betetzaileak berak ere. Fededunez eta fedegabeez mintzatu ohi gara, bi talde guztiz zehazak bailiran: batzuek fedea dute, besteek ez. Izatez, ordea, ez da horrelakorik. Kasik beti, gizakiaren bihotzean bi hauek gertatu ohi dira batera: fededun bat eta fedegabe bat. Beraz, «kristau» izenekook galdera behar dugu egin: Zinez al gara fededun? Nor da Jainkoa guretzat? Maite al dugu? Hark al du gidatzen gure bizitza?

Fedea makaldu daiteke gugan, dudak inoiz jotzen ez bagaitu ere. Zaintzen ez badugu, pixkana-pixkana saretzen joan daiteke gure barnean, ohitura huts gertatzeraino, badaezpada uzten ausartzen ez bagara ere. Mila gauzaren inguruan zabarturik, ez gara iristen jada Jainkoarekin hitz egitera. Egitez, hura gabe bizi ohi gara.

Zer egin? Egia esateko, ez da behar gauza askorik. Alferrik izango litzateke asmo handiak hartzea, zeren segur aski ez baikenituzke beteko. Lehenengo gauza otoitz egitea da, egun batean Jesusengana hurbildu eta hau esan zion ezezagun hark bezala: «Sinesten dut, Jauna, baina zatozkit laguntzera neure fedegabetasun honetan». On da hitz horiek errepikatzea bihotz xumez. Jainkoak ulertzen digu. Esnatuko du hark gure fedea,

Ez dugu hitz egin behar Jainkoarekin, hura gure baitatik kanpo balego bezala. Geure barruan dugu hura. Hoberena, begiak ixtea da eta isilik gelditzea, haren Presentzia sentitu eta onartzeko. Ez dugu jardun behar hartaz pentsa eta pentsa, soilik gure buruan balego bezala. Gure izatearen barruenean dago hura. Geure bihotzean bilatu behar dugu hura.

Garrantzizko gauza da behin eta berriz jardutea, lehenengo esperientzia izan arte, pobreena izanik ere, unetxo bakan batzuk irauten badu ere. Egunen batean sumatzen badugu ez gaudela bakarrik bizitzan, atzematen badugu Jainkoak maite gaituela guk merezi gabe, dena aldatuko da orduan. Ez du axola hartaz ahazturik bizi izana. Jainkoagan sinestea, beste ezer baino lehen, guretzat duen maitasunaz fidatzea da,

 

Jose Antonio Pagola

 

 

 

27º DOMINGO T.O. «LA FALTA DE FE, CONSTRUYE ÍDOLOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 17, 5-12

Sigue el evangelio con propuestas, aparentemente inconexas, pero Lucas sigue un hilo conductor muy sutil. Hasta hoy nos había dicho de diversas maneras que no pongamos la confianza en las riquezas, en el poder, en el lujo; pero hoy da un paso más y nos dice: no la pongas en tus «buenas obras» ni en la religión. Confía solamente en «Dios».

Los que se pasan la vida acumulando méritos no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio. Ésta era la actitud de los fariseos que Jesús criticó.

Los dos temas que nos propone hoy el evangelio están íntimamente conectados. Debemos confiar solamente en Dios y no en la obras. Es muy poco probable que los apóstoles hicieran esa petición a Jesús, porque presupone la conciencia de divinidad en Jesús, que solo después de la experiencia pascual alcanzaron. Lo importúnate es la respuesta de Jesús con el ejemplo de la higuera trasplantada. Esta imagen si puede remontarse al mismo Jesús, porque otros evangelistas, en otros contextos también la relatan con el mismo mensaje, aunque sustituyendo la higuera por la montaña.

La parábola del simple siervo cuya única obligación es hacer lo mandado sin mérito alguno, está en la línea de la crítica a los fariseos por confiar en el cumplimiento de la Ley como único camino de salvación. Se trata del eterno problema de la fe o las obras. Y es curioso que se haya planteado tan pronto en el cristianismo. ¡Cuántos problemas nos hubiéramos evitado si no hubiéramos olvidado el evangelio! Ni Dios tiene que aumentarnos la fe, ni somos unos siervos inútiles. Descubrir lo que realmente somos sería la clave para una verdadera confianza en Dios, en la vida, en la persona humana…

Jesús no responde directamente a los apóstoles. Quiere dar a entender que la petición –auméntanos la fe- no está bien planteada. No se trata de cantidad, sino de autenticidad. Jesús no les podía aumentar la fe, porque aún no la tenían ni en la más mínima expresión.

La fe es una vivencia de Dios, por eso no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque diminuto, contiene vida exactamente igual que la mayor de las semillas. Esa vida, es lo que de verdad importa.

La fe no se puede aumentar desde fuera, tiene que crecer desde dentro como el grano de mostaza. A pesar de ello, en la mayoría de las homilías que he leído antes de elaborar ésta, se termina pidiendo a Dios que nos aumente la fe. Efectivamente, podemos decir que la fe es un don de Dios, pero un don que ya ha dado a todo el mundo; viendo cada una de sus criaturas, podemos descubrir lo que Dios está haciendo en ellas en cada momento.

Recuerda que al hablar de la fe en «Dios» lo puse entre comillas. Lo contrario de la fe, es la idolatría. El ídolo es un resultado automático del miedo. Necesitamos el ser superior que me saque las castañas del fuego y en el que poder confiar cuando no puedo confiar en mí mismo. Pero del mismo modo que Dios no anda por ahí haciendo el ridículo con milagritos, tampoco nosotros debemos utilizar a Dios para cambiar la realidad que no nos gusta.

Durante mucho tiempo se interpretó la respuesta de Jesús como una promesa de poderes mágicos para hacer obras portentosas. La imagen de la morera trasplantada en el mar es absurda. Con esta hipérbole, lo que nos está diciendo el evangelio, es que toda la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. El que tiene confianza, podrá desplegar toda esa energía.

La fe no es un acto ni una serie de actos, sino una actitud personal fundamental y total que imprime una dirección definitiva a la existencia. Confiar en lo que realmente soy me da una libertad de movimiento para desplegar todas mis posibilidades humanas.

Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura, por eso no tiene nada que ver con lo que nos propone el evangelio. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias que esto conllevaría.

Tanto a nivel religioso como civil, cada vez se tiene menos confianza en la persona humana. Todo está reglamentado, mandado o prohibido que es más fácil que ayudar a madurar a la persona para que actúe por convicción desde dentro. Estamos convirtiendo el globo terráqueo en un inmenso campo de concentración. No se educa a los niños para que sean ellos mismos, sino para que respondan automáticamente a los estímulos que les llegan desde fuera. Todos los poderes están encantados, porque esa indefensión les garantiza un total control sobre la población. Lo difícil es educar para que cada individuo sea él mismo y sepa responder personalmente ante todas las propuestas de salvación que le llegan.

Para la mayoría de los cristianos, creer es asentimiento a una serie de verdades teóricas, que no podemos comprender. Esa idea de fe, como conjunto de doctrinas, es completamen¬te extraña tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo. En la Biblia, fe es equivalente a confianza en una persona.

Pero incluso esta confianza se entendería mal si no añadimos que tiene que ir acompañada de la fidelidad. La fe-confianza bíblica supone la fe, supone la esperanza y supone el amor. Esa fe nos salvaría de verdad. Esa fe no se consigue con propagandas ni imposiciones porque nace de lo más hondo de cada ser humano.

No se trata de esperar que Dios nos salve de las limitaciones, sino de encontrar a Dios y su salvación a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Persona que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y por lo tanto de nosotros mismos. Creer en Dios es apostar por la creación, es confiar en el hombre. Es estar construyendo la realidad material, y no destruyéndola, es estar por la vida y no por la muerte. Es estar por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. Tratemos de descubrir por qué tantos que no «creen» nos dan sopas con honda en la lucha por defender la naturaleza, la vida y al hombre.

Superada la idea de la fe como creencia, y aceptado que es confianza en…, nos queda mucho camino por andar para una recta comprensión del término. La fe que nos pide el evangelio no es la confianza en un señor poderoso por encima y fuera del mundo, que nos puede sacar las castañas del fuego. Se trata más bien, de la confianza en el Dios inseparable de cada criatura, que las atraviesa y las sostiene en el ser.

El ser humano puede experimentar esa presencia como personal. En el resto de la creación se manifiesta como una energía que potencia y especifica cada ser en sus posibilidades. Creer en Dios es confiar en las posibilidades de cada criatura para alcanzar su plenitud propia. Creer en Dios es confiar en el hombre y en sus posibilidades de alcanzar su plenitud humana.

La mini parábola del simple siervo nos tiene que llevar a una profunda reflexión. No quiere decir que tenemos que sentirnos siervos y menos aún, inútiles sino todo lo contrario. Nos advierte que la relación con Dios como si fuésemos esclavos suyos, nos deteriora y deshumaniza. Es una crítica a la relación del pueblo judío con Dios que estaba basada en el estricto cumplimiento de la Ley, y en la creencia de que ese cumplimiento les salvaba. La parábola es un alegato contra la actitud farisaica que planteaba la relación con Dios como del esclavo frente a su señor. Si ellos cumplían, Dios estaba obligado a cumplir.

Para Jesús, la tarea del discípulo es romper con la institución judía que produce esclavitud, pero no sirve de nada ante un Dios que no podemos entender como señor. Si seguimos siendo «esclavos» seguiremos siendo «inútiles». Los discípulos todavía no se habían despegado de la institución judía, por eso Jesús les hace ver que aún no tienen fe ni como un grano de mostaza.

Jesús no nos pide que «sirvamos» a Dios, sino que sirvamos al hermano. Dios no quiere esclavos, sino personas libres que se mueven, desde dentro, por amor-compasión. Las «obras buenas» no son un pagaré que podemos presentar a Dios. Son más bien la manifestación de que hemos acogido el amor de Dios.

 

Meditación-contemplación

«Si tuvieras fe como un granito de mostaza…»

Si la confianza no es absoluta y total no es confianza.

El mayor enemigo de la fe-confianza son las creencias,

Porque exigen la confianza en ellas mismas,

y así asesinan la posibilidad de anclar tu ser en Dios.

…………………

Tener fe no es esperar que las cosas cambien.

Tener fe es encontrar a Dios en las peores circunstancias.

Tener fe es ser capaz de bajar lo suficiente al fondo de mí mismo,

para anular el efecto negativo de cualquier limitación.

………………………

Descubrir lo que es Dios es confiar absolutamente.

Es descubrir mi propio ser y también el ser de los demás.

Es valorar la Vida más allá de sus límites.

Es desplegar lo más genuino de mí, conectado con Dios.

………………..

 

Fray Marcos

 

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.16,19-31)

•DOMINGO XXVI.T.O-C- 29 SEPT. 2013

* La parábola del mendigo Lázaro y el rico epulón que hoy nos recuerda el evangelio, es un vivo retrato de nuestro mundo. Las lecturas de este día, son un clamor contra los que se han enriquecido cerrando los ojos, las manos y el corazón a los más débiles de nuestra sociedad, de nuestro mundo.
¿Cómo conseguir cambiar esta situación? Los corazones se han hecho tan egoístas y duros… Que hasta el mismo Jesús no se ve en su tiempo muy optimista: “No harán caso ni aunque resucite un muerto”…
* La actitud de Jesús más importante –sin olvidar sus denuncias- fue su vida sencilla y austera, la predilección y cercanía a los últimos de la sociedad. Jesús nos llama a nosotr@s a ser como Él, amigo de l@s pobres. A denunciar con el estilo de vida sencillo y fraterno la ceguera y dureza de corazón que están convirtiendo en millones de nuestro mundo en “Lázaros”
* A l@s caminantes cristianos se nos invita hoy a revisar el valor que damos a la riqueza y ver la valoración que la da Dios; ayudándonos a pensar y vivir de otro modo, por medio de Jesús con sus palabras se nos ofrece luz, utopía, interpelación, exigencia de conversión, acogida y perdón. Nos hace ver a un Dios que nos empuja a bajarnos del “banquete” de la injusticia y a situarnos al lado de l@s que están tirad@s por las calles y portales de nuestras ciudades y pueblos. No para integrarlos en la sociedad opulenta que l@s expulsó, sino para crear una sociedad nueva donde Lázaro y Epulón, se encuentren en igualdad de oportunidades. Crear una nueva sociedad más justa, acogedora, solidaria.
* L@s creyentes cristianos estamos invitados, llamados a reflejar en nosotr@s y nuestra vida la misma sensibilidad de Dios. El Dios que se identificó en Jesús con Lázaro y con todas las victimas del mundo. El dios crucificado que nos recuerda a unos dónde está la tarea y a otr@s dónde tienen su esperanza.
* La riqueza no es mala y el disfrute de los bienes no es malo. Pero una cultura, un mundo que alimenta el disfrute no compartido, la ceguera ante la realidad de los otros seres humanos necesitados, es una cultura enferma, un mundo enfermo llamado a la insensibilidad y como consecuencia a lo que estamos viviendo, la deshumanización.
* ORACIÓN
* Señor, concédenos aceptar con gozo la salvación que nos das. Que sepamos expresarla con nuestra forma de vivir a través de una fe firme y una caridad sincera.
Haznos generosos y agradecidos; no dejes que nuestros bienes sean una barrera para nuestra fe en Ti.
Señor, necesitamos de Ti para hacer presente tu amor en nosotros, y así de esta manera no cerraremos nuestras entrañas a todo aquél que padezca necesidad.
Haznos testigos de aquella humanidad que vivió tu Hijo Jesús cuando pasó entre nosotros haciendo el bien.
Así tú reinarás en nosotr@s, y nosotr@s aprenderemos a vivir como hijos tuyos en igualdad y fraternidad.
Tú nos has alimentado en esta Celebración con el Pan que renueva la familia humana, y por eso ahora unid@s te damos gracias y te pedimos que la Caridad nos lleve a imitar a tu Hijo Jesús en su fidelidad a Ti, Dios Padre, y en su entrega a los hermanos en especial a los más necesitad@s. AMÉN. ZURIÑE
* SEGUIMOS ORANDO
* Jesús de Nazaret: Hoy en el evangelio, anuncias el Reino de Dios a los fariseos.
Con su propia doctrina les haces ver la contradicción de su vida.
Tú, Cristo nuestro, nos llamas a trabajar por el Reino ya, ahora mismo y para todos.
Dios, también “necesita que esta vida que ama sea más digna de ser vivida…”.Dios, quiere que los pobres sean dichosos ya, tengan consuelo ya. Su amor desbordante, es su justicia, “hace salir el sol para tod@s”.
Cristo Jesús, Tú no buscaste a Dios al margen de la vida.
Tu existencia estuvo centrada en el amor de Dios. Ese Amor te acercó a tod@s especialmente a l@s más débiles.
Tu Espíritu de amor nos mueve a cambiar las cosas.
Nuestra tarea de justicia y de paz, de libertad y de amor, de vida para tod@s, nace y se hace en esta tierra y en esta historia concreta, acogiendo a las personas, escuchando sus aspiraciones, compartiendo los gozos y pesares, sobre todo, con los más débiles, aportando soluciones a los problemas de la vida.
Cristo Jesús, que tu Espíritu nos ayude a romper el abismo que nos separa del@s más débiles.AMÉN
ZURIÑE

26º DOMINGO T.O., «EL AMOR NUNCA PUEDE DESLIGARSE DE LA COMPASIÓN», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

Lc 16, 19-31

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lucas de la riqueza. Yo también tengo claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos. Acaba de decir el evangelista: «Oyeron esto los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él». Jesús apoyándose en las creencias que ellos aceptaban, quiere hacerles ver que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola nos dice lo mismo que Mt 25,34-46: «Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber…» Las dos hay que entenderlas dentro de una visión mitológica del más allá: premio y castigo más allá, como solución de las injusticias del más acá.

Utilizar estos textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos en el más allá, no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que no se revelen contra la injusticia y poder así seguir disfrutando los ricos de sus privilegios. Aunque tengamos la obligación de superar el lenguaje de la época, el verdadero mensaje sigue siendo válido.

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al «hades» (no nuestro infierno), debemos explicar el concepto de rico y pobre en la Biblia. No existe en el AT un concepto puramente sociológico de rico y pobre, porque nada se podía desligar del aspecto religioso.

Para nosotros «rico» y «pobre» son conceptos que hacen referencia a una situación social. Rico es el que tiene más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidades vitales.

En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, sobre todo Amós, los que levantaron la liebre y denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple. La riqueza se amasa siempre a costa del pobre. El rico se erige en señor del pobre. Pero para un judío el único Señor es Dios, por lo tanto el rico usurpa el señorío de Dios y con ello está fallando religiosamente.

Pobres, en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo que no tenían nada en qué apoyar su existencia; no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Esta confianza era lo que les hacía agradables a Dios, que no les podía fallar (Lázaro, -´el ´azar en hebreo- significa Dios ayuda).

Ahora comprenderéis por qué el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin más matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas, simplemente las utilizaba a su antojo. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre, el que con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico. Tampoco Lázaro se propone como ejemplo moral de pobre, sino como contrapunto a la opulencia del rico.

Para comprender que no es fácil descubrir el verdadero sentido del evangelio, basta ver el comportamiento de Jesús. Sin duda ninguna, Jesús manifiesta una predilección por todos los que necesitaban liberación, entre ellos los pobres; pero también admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de un fariseo rico, etc.

No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús. Jesús descubrió que la riqueza acumulada y no compartida, impide entrar en el Reino de los cielos; así lo predicó sin contemplaciones. Pero su actitud no fue excluyente, sino abierta y de acogida para con los ricos.

La clave de todo el relato es que el rico no descubrió a Lázaro que estaba a la puerta con los perros (animal impuro); aunque parece que después si lo reconoce cuando lo ve en el «seno de Abrahán». Es aquí donde debemos ver el toque de atención de la parábola. Vivimos tan enfrascados en nuestro hedonismo, que no queremos ver la miseria que existe en el mundo. Y eso que hoy, ni siquiera tenemos que salir a la puerta para descubrirla, porque se está colando a todas horas, dentro de casa por la ventana de la televisión.

El mensaje del evangelio no pretende solucionar un problema social sino a denunciar una falsa actitud religiosa. Una correcta actitud religiosa solucionaría la injusticia social. El evangelio está a años luz del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el «Reino de Dios», que consiste en hacer de todos los hombres una comunidad de hermanos.

La diferencia es sutil, pero sustancial. El comunismo reparte los bienes, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús propone compartir como fruto del amor que nos une. La consecuencia sería la misma, que los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo, pero el camino recorrido humanizaría tanto al rico como al pobre.

Seguramente que el rico de hoy hacía favores e invitaría a comer a sus hermanos y a los amigos ricos como él. Esa actitud no garantiza humanidad alguna. El amor cristiano solo está garantizado cuando hago algo por aquel que no va a poder pagármelo de ninguna manera.

El amor que pide Jesús nunca se puede desligar de la compasión. Amor sin compasión es interés. Un niño no tiene compasión por su madre, por eso lo que siente por ella no es «amor» sino interés radical, porque en ello le va la vida. La inmensa mayoría de las relaciones que calificamos como amor, no superan el listón del interés egoísta.

Ahora podemos entender por qué refugiarse en la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre del mundo no puede ser excusa para no hacer nada.

Vuelvo a recordarlo, la denuncia no es de un problema social, sino religioso. Nuestra pasividad está demostrando que la religión no es más que una tapadera que intenta sumar alguna seguridad espiritual a las seguridades materiales que nos tranquilizan.

Jesús no te está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza como salvación. No se te pide que salves el mundo, sino que te salves tú. Ahora bien, si los ricos dejásemos de acaparar bienes, inmediatamente llegarían a los pobres.

Me daría por satisfecho si todos nosotros saliéramos de aquí convencidos de que la pobreza no es un problema que alguien tiene que solucionar, sino un escándalo en el que todos participa¬mos y del que tenemos la obligación de salir.

No es suficiente que aceptemos teóricamente el planteamiento y nos dediquemos a criticar las injusticias que se están cometiendo hoy en el mundo. Es lo que hacemos todos. Se trata de descubrir que aunque yo esté dentro de la más estricta legalidad cuando acumulo bienes materiales, eso no garantiza que mi relación con los hombres, y por lo tanto con Dios sea la correcta.

No basta con que los ricos sean despojados de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían inmediatamente su lugar. Eso ha pasado en todas las revoluciones sociales. La única solución es la que propone Jesús y pasa por superar todos el egoísmo y hacer un mundo de hermanos.

Es verdad que los ricos no se consideran hermanos de los pobres, pero no es menos cierto que los pobres tampoco se consideran hermanos de los ricos. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión.

No podemos desarrollar nuestra religiosidad sin contar con el pobre. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha desarrollado un individualismo absoluto. Lo que cada uno debe procurar es una relación intachable con Dios. La moral católica está encaminada a perfeccionar esta relación. Pecado es ofender a Dios y punto. El evangelio nos dice algo muy distinto. El único pecado que existe es olvidarse del hombre que me necesita. Mi grado de acercamiento a Dios es el grado de acercamiento al otro. Todo lo demás es idolatría.

Meditación-contemplación

«Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen».

No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Todos los que han tenido una gran experiencia de humanidad, nos lo advierten;

Pero nosotros sólo escuchamos las sirenas del hedonismo.

………………….

Intenta ir un poco más allá de los sentidos.

Instintos, apetitos y pasiones no son malos, pero son insuficientes.

Solo las exigencias de tu verdadero ser, te llevarán a la plenitud.

No tienes que renunciar a nada, sino elegir lo mejor para ti, aquí y ahora.

…………..

Deja de orientar tu vida bajo la perspectiva de un premio o de un castigo.

Dios te está dando unas posibilidades de plenitud aquí y ahora.

No desarrollar esa potencialidad, es la verdadera condenación.

Tú solito has malogrado tu existencia.

…………….

Fray Marcos

 

26. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «AXOLARIK EZA BAZTERTU-ROMPER LA INDIFERENCIA», Jose A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lucas 16, 19-31
Lukasen arabera, Jesusek «ezin izan zarete Jainkoaren eta diruaren zerbitzari» oihu egin zuenean, entzuten ari zitzaizkion eta diruaren adiskide ziren fariseu batzuek «barre zegioten». Alabaina, Jesusek ez du atzera egin. Handik gutxira, parabola bihotz-urratzaile bat esango du, aberastasunen esklabo direnek begiak ireki ditzaten.

Odola darion egoera bat deskribatu du Jesusek hitz gutxitan. Gizon aberats bat eta eskale behartsu bat elkarrengandik hurbil bizi dira; aberatsaren oparotasun iraingarriko bizitzaren eta behartsuaren mutur-muturreko miseriaren artean den leizeak bereizten ditu biak.

Kontakizunak, bi pertsonaiak deskribatzean, bien arteko kontrastea azpimarratzen du. Aberatsa purpuraz eta liho fin-finez jantzia da; behartsuaren gorputza, berriz, zauriz josia. Aberatsa banketez bankete bizi da, jaiegunetan bezala astegunetan; behartsua, berriz, haren atarian bizi da etzanik, aberatsaren mahaitik eroritako apurrak ahora eraman ezinik. Soilik, zakarrontzira zer jango datozen txakurrek miazten dizkiote zauriak.

Ez da esaten inoiz ere aberatsak behartsua esplotatu duenik edota tratu txarra eman edo mespretxatu duenik. Esango litzateke aberatsak ez duela ezer txarrik egin. Halaz guztiz, haren bizitza osoa da gizatasunik gabea, zeren bere ongizatea bakarrik baitu buruan. Harrizkoa du bihotza. Behartsua ez da ezer harentzat. Begi aurrean du, baina ez du ikusten. Aurre-aurrean du aberatsak behartsua, gaixorik, goseak eta bertan behera utzia, baina ez da gai atea ireki eta hartaz arduratzeko.

Ez gaitezen engaina. Jesus ez da ari salatzen hogeita hamargarren urteetako Galileako egoera hura bakarrik. Geure atarian, ordu batzuetako hegalaldira, miseriarik ikaragarrienean bizi eta hiltzen ari diren herri osoak ditugula, oparotasunean bizitzen ohituak gaudenon kontzientziari astindu bat eman nahian dabil Jesus.

Gizatasunik eza da «ongizatearen geure gizarte honetan» hesitu nahi izatea, «gaizkizatearen beste gizarte» horri ezikusiarena eginez. Jarrera krudela da «errugabetasun-ilusio ezkutuko» hori, kontzientzia lasai izateko aukera ematen digun ilusio hori alegia, elikatzen jarraitu nahi izatea, pentsatuz errua guztiena dela eta inorena ez dela.

Geure lehen egitekoa axolarik eza baztertzea da. Gogor egitea errukirik ez duen ongizateaz gozatzeari. Ez jarraitzea gogoz urruntzen munduan den miseria eta gosea urruntasun abstraktu baterantz, horrela bizi ahal izateko entzun gabe inolako deiadar, intziri edo lanturik.

Ebanjelioak erne eta azti bizitzen laguntzen ahal digu, gero eta gehiago eskastu gabe geure sentiberatasuna zokoratuen sufrimenduaren aurrean, anai-arreba arteko erantzukizunaren zentzua galdu gabe eta zerbait egin dezakegunean pasiboki bizitzen segitu gabe.

26 Tiempo ordinario (C) Lucas 16, 19-31
ROMPER LA INDIFERENCIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 25/09/13.- Según Lucas, cuando Jesús gritó “no podéis servir a Dios y al dinero”, algunos fariseos que le estaban oyendo y eran amigos del dinero “se reían de él”. Jesús no se echa atrás. Al poco tiempo, narra una parábola desgarradora para que los que viven esclavos de la riqueza abran los ojos.

Jesús describe en pocas palabras una situación sangrante. Un hombre rico y un mendigo pobre que viven próximos el uno del otro, están separados por el abismo que hay entre la vida de opulencia insultante del rico y la miseria extrema del pobre.

El relato describe a los dos personajes destacando fuertemente el contraste entre ambos. El rico va vestido de púrpura y de lino finísimo, el cuerpo del pobre está cubierto de llagas. El rico banquetea espléndidamente no solo los días de fiesta sino a diario, el pobre está tirado en su portal, sin poder llevarse a la boca lo que cae de la mesa del rico. Sólo se acercan a lamer sus llagas los perros que vienen a buscar algo en la basura.

No se habla en ningún momento de que el rico ha explotado al pobre o que lo ha maltratado o despreciado. Se diría que no ha hecho nada malo. Sin embargo, su vida entera es inhumana, pues solo vive para su propio bienestar. Su corazón es de piedra. Ignora totalmente al pobre. Lo tiene delante pero no lo ve. Está ahí mismo, enfermo, hambriento y abandonado, pero no es capaz de cruzar la puerta para hacerse cargo de él.

No nos engañemos. Jesús no está denunciando solo la situación de la Galilea de los años treinta. Está tratando de sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo junto a nuestro portal, a unas horas de vuelo, a pueblos enteros viviendo y muriendo en la miseria más absoluta.

Es inhumano encerrarnos en nuestra “sociedad del bienestar” ignorando totalmente esa otra “sociedad del malestar”. Es cruel seguir alimentando esa “secreta ilusión de inocencia” que nos permite vivir con la conciencia tranquila pensando que la culpa es de todos y es de nadie.

Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión. No continuar aislándonos mentalmente para desplazar la miseria y el hambre que hay en el mundo hacia una lejanía abstracta, para poder así vivir sin oír ningún clamor, gemido o llanto.

El Evangelio nos puede ayudar a vivir vigilantes, sin volvernos cada vez más insensibles a los sufrimientos de los abandonados, sin perder el sentido de la responsabilidad fraterna y sin permanecer pasivos cuando podemos actuar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).